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domingo, 7 de agosto de 2016

Alejandro Rozitchner: “Este no es un gobierno conservador: es transgresor y prioriza a los pobres”

Alejandro Rozitchner: 
“Este no es un gobierno conservador: 
es transgresor y prioriza a los pobres”
El filósofo y asesor Alejandro Rozitchner, en su despacho de la Casa Rosada.
Fotos Alfredo Martinez

Entrevista al filósofo y asesor de Mauricio Macri
Por Santiago Fioritti y Gustavo Bazzan

Dispara munición gruesa contra los intelectuales, a los que acusa de estar alejados de la realidad.

Santiago Fioritti

“Yo soy un intelectual que viene de rock y la marihuana. Y él es un ingeniero ligado a la empresa y al deporte” 

dice Alejandro Rozitchner. Profesión: filósofo. Ocupación: asesor del Presidente, con despacho en la propia Casa Rosada, a la que ingresó por primera vez en su vida el 10 de diciembre, cuando asumió la actual gestión. Rozitchner es un filósofo positivista, al que -admite- muchos sectores de la intelectualidad buscan dejar “como un boludo” por sus talleres de optimismo. Desde hace años, colabora en los discursos de Mauricio Macri y desafía: “Es un rasgo valioso que digan que el discurso presidencial es vacío”. Define a Macri como un “transgresor” y asegura que los cambios que están en marcha son tan grandes que necesitará ir por la reelección en 2019.

¿Cuál es su función?

-Mi cargo es ser asesor del presidente. Formo parte del equipo de discurso. Soy una especie de interlocutor del pensamiento, de temas de fondo. Los filósofos tenemos problemas para el trato directo con la realidad, pero uno puede curarse. Y si te curás todo eso que estudiaste te enriquece. Pero también podés terminar mal, como yo creo que terminan muchos intelectuales acá: aislados, creyendo que el mundo es una chanchada.

-Hablando de intelectuales, ¿No cree que la gente de Carta Abierta pensaría todo lo contrario a lo que usted dice?

-Creo que queda claro que ellos se mantuvieron apartados de la realidad, ¿no? Por el tono de sus discursos y por la distancia que tenían con los problemas reales del país.

-A propósito, ¿Macri necesita un grupo como Carta Abierta?

-No, para nada. No creo que un gobierno tenga que tener un grupo de intelectuales que defienda sus posiciones.

-Una intelectual notoria, Beatriz Sarlo, criticó duramente a Macri y su forma de gobernar y de hacer política. ¿Qué opina?

-Sarlo es un buen ejemplo de una intelectualidad muy lejana a la realidad, muy ignorante respecto de qué es la producción, la política. Habla desde muy lejos de toda la realidad. La verdad, me da lástima que una persona que se supone tiene una trayectoria académica no pueda darse cuenta de que está diciendo cosas que prueban una gran ignorancia.

-¿Macri tiene un relato? ¿Lo necesita? ¿Lo va a tener?

-Creo que eso proviene del hecho de que el llamado progresismo, que en realidad es un movimiento conservador y reaccionario, se cree que las cosas suceden en el nivel de las palabras. Si vos decís cosas correctas dentro de ese ambiente después podés hacer barbaridades.

-¿Es su descripción de los 12 años de kirchnerismo?

Sí, del kirchnerismo y de los intelectuales que sostienen ese discurso. Que es lo contrario a lo que busca este Gobierno. Nosotros creemos que las cosas suceden en la realidad. No se trata de algo que vos decís: se trata de algo que vos hacés. No hay que armar una ficción ni un relato. Este es un gobierno muy respetuoso que hace las cosas que cree que hay que hacer. Hace un montón de cosas a velocidad de un rayo, parece Batman, pero no pretende que le rindan pleitesías, no quiere tener a la gente vivándola.

-¿Cada cuánto lo ve al Presidente?

Rozitchner tiene despacho en el segundo piso de la Casa Rosada. Fotos Alfredo Martinez
Rozitchner tiene despacho en el segundo piso de la Casa Rosada. Fotos Alfredo Martinez
-Cada 15 días. Hablamos de lo que salga en el momento. Yo soy un intelectual ligado al rock, a la marihuana. El es un ingeniero ligado a la empresa y al deporte. Somos mundos distintos pero nos llevamos muy bien. Macri tiene una cualidad que es la sencillez y es capaz de trabajar, entender los temas, ser activo, delegar, armar buenos equipos.

-En el tema equipos, habrá escuchado las críticas a que fue un error no armar un gabinete con un ministro de economía fuerte.

-Lo charlamos. Me parece que esa idea del superministro de economía es de un país que queremos superar. El círculo rojo cree que el país funciona si hay un caudillo y que la economía se maneja con un rebenque. Acá el único líder económico es el Presidente.

-¿Forma parte de un Gobierno conservador, o neoliberal que gobierna para los ricos?

-Me causa mucha gracia porque es exactamente lo contrario. No somos conservadores sino transgresores, en el sentido de que se respeta al ciudadano, a la persona, que no sea todo una masa. Nosotros vemos gente con una vida, hombres, mujeres, jóvenes, mayores, ancianos, nenes, nenas, que tiene problemas, que quieren vivir, hacer su vida. Y la misión del Gobierno es trabajar para solucionarles los problemas. Es un proceso largo. Me da la impresión que la profundidad del cambio es tan contundente que va a dar para ocho años. Nos acusan los que hablaban de pobres y no hicieron nada para resolver la pobreza. Este es un gobierno que, para sorpresa de muchos, pero no para mí, gobierna para los pobres, para que dejen de ser pobres.

-¿Qué balance hace de lo que se hizo hasta hoy?

-Veo que desde afuera da la impresión de que el Gobierno está muy apretado, pasándola mal, padeciendo la situación, pero desde adentro se ve un gran entusiasmo. Yo veo en Mauricio a una persona que está disfrutando, como que por fin logró lo que quería. Disfruta de lo que hace.

-¿Usted dice que Macri la está pasando bien?

-Hay plena conciencia de las dificultades, de que hay mucha gente que la está pasando mal y de que eso no tiene que ver con lo que pasó en estos ocho meses. Es cierto que se tomaron medidas duras, pero el Gobierno tiene la mirada puesta en los que más lo necesitan. Somos un gobierno bienintencionado.
Rozitchner tiene despacho en el segundo piso de la Casa Rosada. Fotos Alfredo Martinez

-El tema del desempleo lo retomó Papa Francisco.

-Yo creo que el Papa no es tan relevante políticamente. Uno podría preguntarse ¿Por qué el Papa no lo decía antes cuando había un gobierno muy ineficaz y corrupto? Bueno, él sabrá por qué.

-Esta semana le preguntaron a Macri sobre el aborto y dijo estar a favor de la vida. Se anuló cualquier posibilidad de debate parlamentario?

-La línea del Gobierno es que se estimula o se permite que cada legislador vote en línea con su propia conciencia. Supongo que el debate va a llegar al Congreso, de hecho ya está vibrando en el aire el tema. Mi posición personal es que el aborto no es un derecho de la mujer, es una desgracia, pero que tiene que ser legalizado.

-¿No tiene la impresión de que una parte importante de la sociedad, y de las empresas, le tienen miedo al mercado, a la competencia?

-No generalizaría. Hay cierto nivel de la sociedad que es crítica al capitalismo, a mi gusto en un modo un poco ignorante. Las solemos pensar estas cosas como si el país fuera el circulo rojo. Yo no sé si la mayoría de los argentinos tiene esos problemas. Hay otra Argentina con gente de esta época que tiene otros valores, visiones, ganas ... y yo estoy convencido de que la Argentina clásica del fracaso se debilita día a día.

-En ese contexto hay que mirar al Macri que baila en público?

El sabe que hace el ridículo, le gusta jugar con eso, no le importa nada. Me parece bien que un líder haga eso, no corre ese riesgo. Es auténticamente así. Si un presidente como Macri baila, no me molesta. Si un psicópata corrupto lo hace sí me preocuparía, porque parece que me toma el pelo.

-¿Habla de alguien en especial?

-No. ¡Se me ocurrió al pasar!El filósofo y asesor Alejandro Rozitchner, en su despacho de la Casa Rosada.
Fotos Alfredo Martinez

domingo, 7 de diciembre de 2014

Retrato del más exasperante presidente de los argentinos Por Alejandro Rozitchner

Retrato del más exasperante presidente de los argentinos
Por Alejandro Rozitchner, Filósofo




Cristina se hace detestar. Tendrá algún partidario sincero, algún confundido, pero no debe tener admiradores, ni seguidores. El de los K es un mundo sin admiradores, es un espacio de súbditos. Y cómplices: o súbditos que dejan de serlo por un rato, se elevan y después vuelven a caer en la posición de entrega y renuncia. El mecanismo victimizador que usan políticamente es el mismo que debe operar como clave en sus situaciones personales. Es un mundo tenso, sin disfrute, sin amor, y no conviene imaginar mucho los detalles de una vida en ese estilo. Se imponen, logran meterse en la cosa, pero no impulsan su viaje con ningún combustible afectuoso ni positivo: destilan agresividad, ofensa, intolerancia. Vienen de un mundo viejo y se van quedando sin sustento, cada vez más lejos del piso, elevándose a una altura de inmolación e iluminaciones dementes.

Es una presidenta sin amor, sin ganas de ayudar, sin humildad, que no cree que tenga ya nada que aprender, encerrada en su mundo de modas y cremas, de delineadores y maquillajes, más dispuesta al enojo que a cualquier otra cosa, que siente siempre que la quieren joder y termina jodiendo ella. Mujer pretenciosa que quiere ser la más inteligente sin tener con qué, sin emotividad que la guíe en la construcción de una visión del mundo, mujer chata de mundo chato, acorralada por su espíritu empobrecido y empobrecedor. Apasionada por la negación y la negatividad, desesperada por quedar bien ante una exigencia desmedida, tan grande que no le permite autenticidad alguna, ni verdadero crecimiento.

Señora de nadie, para nadie, señora sola, que no inspira la piedad que podría, a fuerza de desplantes y caritas necias. Repetidora del Néstor, presidenta de todas las falsedades, mujer de hachas tomar. Sorda a todo llamado, muda de sentimientos y cercanías, ciega a toda verdad. Universitaria de esterilidades, con universidad atragantada, doctora de una cátedra irrespirable de resentimiento y obsesionada por una competencia sin competitividad, dueña de una arrogancia sin frutos, de pensamientos sin asideros, de displicentes mohines sin gracia, autoritaria crecida en el mundo del Proceso al que reproduce aunque intente y diga que lo combate, porque lo lleva adentro, porque lo mamó de joven, porque milita en su sensibilidad por más que diga oponérsele. ¿Será por eso que los K hablan tanto de ese tiempo ido, porque ellos viven todavía imaginariamente en ese contexto, que los traumatizó al punto de impedirles todo desarrollo de una visión superadora?

Mina jodida que prefiere la hecatombe a dar el brazo a torcer, que prefiere hundirse y hundir a todos antes de tratar de salvar algo. Imposible llevar una pareja con esa actitud arrogante, menos un país. ¿Cómo, no está casada? No, está sola de toda soledad, asociada a otro atragantado que escupe desprecio y no tiene donde ir a rascarse. Gente sin amigos, de intimidad sospechosa y amenazante, peligrosos, temidos pero no queridos, incapaces de matices y de inteligencias. Mienten, mienten y mienten. ¿En defensa de una verdad fanática o como ocultamiento de negocios indebidos? Probablemente ambas cosas a la vez.

Sonrisas que no ríen, sonrisas que gastan, que nos gastan a nosotros, que ya no las queremos ver más, que aspiramos a otros tratos, que nos hemos convencido de que merecemos otra consideración, otro respeto, otra realidad. Pelo sobre la cara, cejas y ojos subrayados, vendiendo mujer donde hay desierto, sequedad, páramo. Mujer sin calidez ni comprensión, mujer fanática, mujer todo que termina siendo mujer nada. Mujer yo yo yo yo que tiene que pasar por mucho él él él él y aun más por muchos vos vos vos vos, Néstor, pero incapaz de un nosotros abarcativo, incapaz de ir más allá de un ambiente de venganzas y cuentas a cobrar.

Mujer de relinchos y de mañas, inestable, furiosa apenas contenida, mal disimulada, agazapada y dispuesta al salto. Mujer de frases que enrollan y no saben para donde ir, porque en ellas se mezcla la bronca con la mentira, con el miedo, con el vacío, la chicana política con el desinterés absoluto por los otros, discursos de soledades, patagónicos, agónicos, cancheros, sobradores, palabras esquivas, altisonantes, sin densidad ni consistencia.

¿Cómo guardarle el respeto que ella no nos tiene? ¿Tendríamos nosotros que ejercerlo aun? ¿Hasta cuándo? Es duro decirlo, pero suponerle humanidad es un gesto de grandeza que no merece, una conjetura riesgosa. Además, vale más la pena tener claras estas cosas, porque en el intento de los K de llevarse puesto al país, y con él a nosotros, mejor sería que tuviéramos la astucia de impedirlo.
¿Te quedó claro ?

domingo, 9 de septiembre de 2012

¿Qué es la espiritualidad? Por Alejandro Rozitchner

¿Qué es la espiritualidad?

Por Alejandro Rozitchner | Para LA NACION
Twitter: @alejrozitchner    |  
 
 
La espiritualidad es la aprobación total de la vida, la aprobación completa, la afirmación sostenida de la existencia. Caben distintos modos de responder a esta pregunta. El autor de esta nota dará la suya, intentando aportar ideas y respetando, claro está, otras variables. Dado que la espiritualidad puede ser concebida como una forma del amor, lo espiritual sería, en el tratamiento del tema, integrar visiones más que volverse loco invalidando otras. Espiritual lleno de odio denunciando a otros espirituales como falsos es espiritual sospechoso.
El término admite además muchos usos. Puede sugerir religiosidad, sentimientos sublimes, elevación, música tranquila, meditación, paz, templos, orientalismos. Son asociaciones legítimas, pero el sentido de espiritualidad al que aludo en la primera frase de este artículo tiene un carácter distinto. Si la espiritualidad es el amor supremo, digamos, el amor por todo, no sería más espiritual la paz que la guerra, la meditación que el rugby, la religión que la embriaguez etílica, la abstinencia que el encuentro sexual.
La espiritualidad tiene que ver con el sentido pleno, con la visión elevada, pero esa plenitud y esa elevación convocan a una perspectiva que, si bien tiene su dificultad, no admite el cultivo del reparo, la objeción y el reproche que suele caracterizar a muchos planteos que se afincan en el campo de la espiritualidad buscando una pureza imposible. O una pureza mal comprendida, ya que pureza no significa necesariamente negación o alejamiento de la animalidad que somos, sino comprensión del carácter trascendente, elevado, de esa animalidad.



Espiritualidad no es esperar o desear un mundo en paz y sin problemas, o sea un mundo irreal e imposible, es más bien aceptar el valor de esta complejidad indomable en la que vivimos sin poder evitarlo

Sí, es difícil la espiritualidad, pero lo es porque es difícil la afirmación de la vida. Implica aceptarla de manera general, no descartar sus aspectos negativos, entender el fenómeno global y captar su necesidad y su valor. Si uno intenta el truco del descarte, es decir, la intención de dejar afuera lo que no nos colma o gusta, ese recorte supone también una incapacidad para la aceptación de lo real. Espiritualidad no es realidad recortada, es realidad plena y asumida, totalmente integrada, aceptada incluso al punto de constituir un desafío al que no resulta fácil responder. Espiritual es ver más allá de las divisiones propias de la posición existencial defensiva: esto no, aquello tampoco, lo otro de más allá menos. De tanto no querer partes, al final no queda nada. El mundo fue vaciado de sentido y el supuesto espiritual tiene que concebir una realidad imaginaria, inaccesible, en la que nunca nadie podrá vivir, porque no existe.
Espiritualidad no es esperar o desear un mundo en paz y sin problemas, o sea un mundo irreal e imposible, es más bien aceptar el valor de esta complejidad indomable en la que vivimos sin poder evitarlo, llegar a sentir un amor por el todo que reivindica aun las partes más difíciles. Espiritual es ser capaz de un más acá tan inmenso y cargado de sentido que elimina la necesidad de transformarse en fantasma y aspirar a un más allá sin cuerpo.


No me parece correcto caracterizar la espiritualidad en función del rechazo que suele describir: no es espiritual estar en contra del consumismo, de la frivolidad, de la violencia, de la vida moderna

Espiritualidad no es superación del cuerpo, de la sensualidad, de la vehemencia del deseo. Es precisamente ese cuerpo el que es espiritual, su comportamiento perfecto y problemático, su despelotado rumbo, su sobrenatural forma de ser sólo naturaleza. Es esa naturaleza la que, asumida, querida, plenamente abarcada, es espiritual. Es esa naturaleza la que retumba desde el big bang en una experiencia inexplicable y sobrenatural, la que nos coloca en una existencia constantemente lisérgica e incomprensible. Esa aceptación de lo irracional, esa comprensión de que hay un límite para la explicación de los fenómenos y de que así y todo la vida es maravillosa y no pierde sentido, es lo que me parece resume la posición espiritual. Se trata de una capacidad de aquí y ahora, no de un constante querer allí y antes o después.
No me parece correcto caracterizar la espiritualidad en función del rechazo que suele describir: no es espiritual estar en contra del consumismo, de la frivolidad, de la violencia, de la vida moderna. Esa posición crítica, descontenta, encarna una visión poco elevada de la existencia, expresa una incapacidad de vivir más que la aspiración a una vida superior, es propia de una mirada pequeña, descontenta, encerrada, enfurruñada, asustada. Espiritualidad es potencia, potencia tal que todo lo asume y lo encarna. Si hay vida superior está acá, junto a nosotros, en nosotros, es la vida cotidiana y corriente asumida como vida completa, apreciada, integrada.
No hace falta tampoco dios, para ser espiritual. Algunos opinan, y estoy de acuerdo, que toda versión de Dios en realidad limita esta captación llena de sentido. Que Dios regula y recorta la posibilidad de darnos a una vida insurgente y reivindicada. Lo mismo diríamos de todo gurú, y los buenos gurúes lo saben y lo dicen: no soy yo el que importa. Te servís de mi, al adorarme, como un paso a una autonomía que todavía no lograste y que te va a dar finalmente la posibilidad de esa afirmación que nuestro silencio busca. En palabras de Zaratustra: "Cuando hayas renegado de mi, estaré entre vosotros".
 

Lo valioso de la espiritualidad es que se define como un camino de búsqueda y crecimiento personal, que supera la habitual mirada de reproche y descontento frente a la existencia y la transforma en una posición de aceptación, comprensión, desarrollo y contento

O sea: para ser espiritual no hay un camino único, pautado. No hace falta hablar de espiritualidad ni meditar ni hablar pausado. No hay que escuchar voces trémulas ni teclados con cámara. Hay tanta espiritualidad en Led Zeppelin como en Enya, en el desborde del jazz como en el canto gregoriano o en el chamamé. Tampoco está contraindicada la música quietista, depende de uno. La respiración y la quietud concentrada pueden resultar recursos acertados para adquirir la perspectiva que nos hace ver, pero se trata tanto de pájaros y de flores como de asfalto y antibióticos, de la orilla del mar en el crepúsculo como del boliche del sábado a la noche o del asado con amigos. Espiritual es darse cuenta de que la verdad está en todas partes.
Lo valioso de la espiritualidad es que se define como un camino de búsqueda y crecimiento personal, que supera la habitual mirada de reproche y descontento frente a la existencia y la transforma en una posición de aceptación, comprensión, desarrollo y contento. En ese camino aparece alguien, ese es uno. Ese uno no debe fingir temblores, puede aceptarse en su especificidad contradictoria, entender que la trascendencia no proviene de aspirar a otro mundo sino de estar plena y tranquilamente (o no tan tranquilamente cuando tocan vicisitudes) en este.
La espiritualidad es la visión afirmativa plena y cada uno puede hacer su recorrido para llegar a ese punto de renacimiento en donde a su existencia ya dada suma la asunción y la mirada que reivindica todo, aun lo difícil, lo no querido, lo problemático del vivir como parte del valor increíblemente grande de la insólita vida de la que participamos. Aceptación, sorpresa, encuentro, maravilla de vivir y ser lo que no tiene explicación pero es consistente y hace sentido.
El aporte de la espiritualidad es el de situarnos en el eje de la vida concebida como una aventura y no como un problema, como una posibilidad incierta, desafiante y extraordinaria, que nos hace padecer y disfrutar y que la sabe ver como lo extraordinaria realidad que es.
La clave para esta visión me la dio el zen y también Nietzsche, que hablando de tradiciones indias explica que los más espirituales son aquellos cuyo instinto dice sí, los más fuertes, los que sienten de manera espontánea "el mundo es perfecto". Sí, es difícil, es raro. No neguemos lo que esta oleada espiritual nos ayuda a pensar y a elaborar. Sigamos conversando..

lunes, 6 de agosto de 2012

Cristina exaspera a Rozitchner por ALEJANDRO ROZITCHNER

Todo indica que Cristina exaspera a Rozitchner (¡...!)

"Señora de nadie, para nadie, señora sola, que no inspira la piedad que podría, a fuerza de desplantes y caritas necias. Repetidora del Néstor, presidenta de todas las falsedades, mujer de hachas tomar. Sorda a todo llamado, muda de sentimientos y cercanías, ciega a toda verdad": Demoledora la crítica del filósofo Alejandro Rozitchner a la presidente Cristina Fernández de Kirchner.

por ALEJANDRO ROZITCHNER
CIUDAD DE BUENOS AIRES (elEnciclopedista). Cristina se hace detestar. Tendrá algún partidario sincero, algún confundido, pero no debe tener admiradores, ni seguidores. El de los K es un mundo sin admiradores, es un espacio de súbditos. Y cómplices: o súbditos que dejan de serlo por un rato, se elevan y después vuelven a caer en la posición de entrega y renuncia. El mecanismo victimizador que usan políticamente es el mismo que debe operar como clave en sus situaciones personales. Es un mundo tenso, sin disfrute, sin amor, y no conviene imaginar mucho los detalles de una vida en ese estilo. Se imponen, logran meterse en la cosa, pero no impulsan su viaje con ningún combustible afectuoso ni positivo: destilan agresividad, ofensa, intolerancia. Vienen de un mundo viejo y se van quedando sin sustento, cada vez más lejos del piso, elevándose a una altura de inmolación e iluminaciones dementes.
Llama especialmente la atención en estos días, la actitud de la Presidenta, su inalterable convicción garquista, su pasión por exasperar a todos, su intento de imponerse malamente, a como dé lugar, justificada por… por… ¿por qué? ¿Qué ideología o marco de sentido le permite a tal mujer seguir impertérrita cuando la realidad muta, negar el movimiento, suplantarlo por sus emperradas imaginaciones? ¿Qué la lleva a suplantarnos, a los reales, por sus imaginarios?
Es una presidenta sin amor, sin ganas de ayudar, sin humildad, que no cree que tenga ya nada que aprender, encerrada en su mundo de modas y cremas, de delineadores y maquillajes, más dispuesta al enojo que a cualquier otra cosa, que siente siempre que la quieren joder y termina jodiendo ella. Mujer pretenciosa que quiere ser la más inteligente sin tener con qué, sin emotividad que la guíe en la construcción de una visión del mundo, mujer chata de mundo chato, acorralada por su espíritu empobrecido y empobrecedor. Apasionada por la negación y la negatividad, desesperada por quedar bien ante una exigencia desmedida, tan grande que no le permite autenticidad alguna, ni verdadero crecimiento.
Señora de nadie, para nadie, señora sola, que no inspira la piedad que podría, a fuerza de desplantes y caritas necias. Repetidora del Néstor, presidenta de todas las falsedades, mujer de hachas tomar. Sorda a todo llamado, muda de sentimientos y cercanías, ciega a toda verdad. Universitaria de esterilidades, con universidad atragantada, doctora de una cátedra irrespirable de resentimiento y obsesionada por una competencia sin competitividad, dueña de una arrogancia sin frutos, de pensamientos sin asideros, de displicentes mohines sin gracia, autoritaria crecida en el mundo del Proceso al que reproduce aunque intente y diga que lo combate, porque lo lleva adentro, porque lo mamó de joven, porque milita en su sensibilidad por más que diga oponérsele. ¿Será por eso que los K hablan tanto de ese tiempo ido, porque ellos viven todavía imaginariamente en ese contexto, que los traumatizó al punto de impedirles todo desarrollo de una visión superadora?
Mina jodida que prefiere la hecatombe a dar el brazo a torcer, que prefiere hundirse y hundir a todos antes de tratar de salvar algo. Imposible llevar una pareja con esa actitud arrogante, menos un país. ¿Cómo, no está casada? No, está sola de toda soledad, asociada a otro atragantado que escupe desprecio y no tiene donde ir a rascarse. Gente sin amigos, de intimidad sospechosa y amenazante, peligrosos, temidos pero no queridos, incapaces de matices y de inteligencias. Mienten, mienten y mienten. ¿En defensa de una verdad fanática o como ocultamiento de negocios indebidos? Probablemente ambas cosas a la vez.
Sonrisas que no ríen, sonrisas que gastan, que nos gastan a nosotros, que ya no las queremos ver más, que aspiramos a otros tratos, que nos hemos convencido de que merecemos otra consideración, otro respeto, otra realidad. Pelo sobre la cara, cejas y ojos subrayados, vendiendo mujer donde hay desierto, sequedad, páramo. Mujer sin calidez ni comprensión, mujer fanática, mujer todo que termina siendo mujer nada. Mujer yo yo yo yo que tiene que pasar por mucho él él él él y aun más por muchos vos vos vos vos, Néstor, pero incapaz de un nosotros abarcativo, incapaz de ir más allá de un ambiente de venganzas y cuentas a cobrar.
Mujer de relinchos y de mañas, inestable, furiosa apenas contenida, mal disimulada, agazapada y dispuesta al salto. Mujer de frases que enrollan y no saben para donde ir, porque en ellas se mezcla la bronca con la mentira, con el miedo, con el vacío, la chicana política con el desinterés absoluto por los otros, discursos de soledades, patagónicos, agónicos, cancheros, sobradores, palabras esquivas, altisonantes, sin densidad ni consistencia.
¿Cómo guardarle el respeto que ella no nos tiene, tendríamos nosotros que ejercerlo aun? ¿Hasta cuándo? Es duro decirlo, pero suponerle humanidad es un gesto de grandeza que no merece, una conjetura riesgosa. Además, vale más la pena tener claras estas cosas, porque en el intento de los K de llevarse puesto al país, y con él a nosotros, mejor sería que tuviéramos la astucia de impedirlo..

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