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domingo, 31 de diciembre de 2017

Cambiemos, segunda temporada, Por Alejandro Borensztein/Clarin

Cambiemos, segunda temporada

Por Alejandro Borensztein/Clarin


Perón no era un arquitecto egipcio, era el General Perón. Se quedó piola en Madrid.

Cuando Macri basura vos sos la dictadura comenzó su segundo año de gobierno, la nafta súper costaba 18 pesos (hoy vale 22), la yerba 50 (hoy vale 70), el dólar 16,20 (hoy domingo vendo a 18,90) y en Ezeiza y Marcos Paz todavía quedaban unas 30 literas vacías (hoy estamos con ocupación plena y sólo queda disponible la suite presidencial, reservada por las dudas).

Por entonces, Larreta comenzaba la sana costumbre de tener que reparar todos las semanas el Cabildo, la Catedral Metropolitana y aledaños, Baradel se hacía el canchero con Vidal y el kirchnerismo repartía helicópteros de juguete en Plaza de Mayo mientras nos contaban que los Montos habían sido unos románticos incomprendidos.

A los dirigentes de la CGT los bajaban del palco a patadas por negarse a declarar un paro general de 600 días y los piqueteros se dedicaban diariamente a destrozar los nervios de los porteños.

Al gobierno lo corrían por izquierda con el ajuste y por derecha con la falta de ajuste. Aquellos días calientes de marzo parecían llevarnos derechito a la derrota electoral de Cambiemos.

Sin embargo, apareció el 1A (1 de Abril) y cientos de miles de argentinos marcharon por las calles del país para decirle al presidente: “Macho no aflojes, te bancamos” (bancamos moralmente, porque guita acá no pone nadie).

Envalentonado por esa movilización popular, el gobierno encaró hacia las PASO y puso en marcha una estrategia tan original como riesgosa: dado que los candidatos que tenía eran medio flojitos, decidió contratar a D’Elía, Sabbatella, Esteche, Aníbal, Moreno, De Vido, Boudou y otros kirchneristas prestigiosos para que entre todos le hicieran la campaña a Cambiemos y le aseguraran el triunfo.

Sólo faltaba lo más importante: que la candidata fuera Cristina. De haber tenido dos dedos de frente, Ella no hubiera mordido el anzuelo. Pero es sabido que a la hora de tomar decisiones políticas Doña Cristina Fernández de Kirchner no te decepciona nunca. Siempre elige la opción equivocada.

Hace 45 años, en 1972 el General Lanusse le quiso tender la misma trampa al General Perón cuando lo desafió a volver al país antes de agosto de ese año para habilitar su candidatura presidencial. Pero Perón no era un arquitecto egipcio, era el General Perón. Se quedó piola en Madrid, en el 73 lo puso de candidato a Cámpora, el Tío ganó en marzo, después lo sacó en julio, se presentó tranquilo en septiembre y fue presidente por tercera vez hasta su muerte. Algo de política, sabía.

Volviendo a nuestros chapuceros actuales, bajo la sabia mirada del popular Parrilli, cerraron el bodegón del Frente para la Victoria, abrieron la pizzería Unidad Ciudadana y probaron con una estrategia ingeniosa.

Contrataron a una actriz para que hiciera de Cristina durante la campaña de las PASO y vendieron la imagen de una señora amable, sencilla, que hablaba con cierta humildad, le sacaron las joyas, le compraron ropa usada en una feria americana, le escondieron a los espantapájaros que la rodeaban, le contrataron extras para que hicieran de amigas con las que se juntaba a tomar el te con scons, y de tanto en tanto sorprendía diciendo “muchas gracias”. Cuentan que una mañana dijo “perdón”.

Este cambio generó mucha preocupación en el gobierno y un gran entusiasmo en el kirchnerismo donde algunos eruditos como Artemio López preanunciaban un triunfo en las PASO por más de 10 puntos. Lo mismo decía el tipo de barba candado que actuaba en el canal de los dos convictos.

Sin embargo algo falló y lo que iba a ser un triunfo arrasador terminó siendo un humillante empate de local contra la dupla Bullrich/González.

Al grito de “¡fraude, fraude!” tomó la batuta Leopoldo Moreau, un muchacho que en 2003 llegó a ser el candidato presidencial de la UCR obteniendo un resultado histórico: sacó el 2,3% de los votos. Agrandado por semejante performance, se pasó al kirchnerismo, tomó el micrófono y encabezó una nueva estrategia rumbo a las legislativas de octubre.

Echaron a la actriz que hacia de Cristina, pusieron a la verdadera con su tonito, el dedito en alto, le abrocharon el Rolex y la largaron al ruedo, pero con una novedad: esta vez la pasearon por todos los programas de televisión para defender lo indefendible, desde el Indec trucho y la inflación, hasta el 4% de pobreza pasando por el Memorándum, De Vido, López, etc. en un intento por conseguir nuevos votos.

Tarde. La suerte ya estaba echada. Las tropas ya habían desembarcado en Normandía. El Enola Gay ya sobrevolaba el Instituto Patria con la compuerta inferior abierta y el resultado electoral era tan inexorable como el destino de la bocha impulsada por la zurda del Chango Cárdenas en su viaje hacia el ángulo superior derecho del arquero John Fallon para consagrar a Racing como el primer equipo argentino campeón del mundo en 1967.

La temeraria premonición de Randazzo se haría realidad: “Te va a ganar Glady González”. Y así fue nomás. La bocha infló la red.

Para los que disfrutan de la grieta, no había una manera más morbosa de terminar el año que con el discurso de una Cristina derrotada, sentada en el Senado y transmitido por virtual Cadena Nacional.

A esta altura cabe decir que la Excelentísima Señora Vicepresidenta de la Nación y Presidenta del Senado, Doña Gabriela Michetti no entiende nada. Creer que Cristina iba a respetar el reglamento que limita a 10 minutos los discursos por cuestiones de privilegio, es de una ingenuidad que da ternura. Nunca respetó la Constitución, mirá si iba a respetar un simple reglamento legislativo.

A favor de la Compañera Gaby cabe decir que en su primer cruce con Cristina, metió una frase que ya entró en la historia grande del Congreso Nacional.

Su “redondee señora senadora” con cara de “dale nena que no tengo todo el día para estar escuchándote a vos” ya está en el top five de la historia parlamentaria argentina, cerquita de “mi voto es no positivo” de Julio Cobos, aunque todavía bastante lejos del inolvidable “este viejo adversario despide a un amigo”. Para los lectores millenials que tal vez no lo sepan, fue la frase de Balbín en el velorio de Perón, en julio de 1974.

Paralelamente, a lo largo del año, la economía comenzó a mejorar de a poquito y el gobierno mantuvo el discurso de que la inflación no superaría el 17%. Se ve que el jueves cambiaron de opinión.

La buena noticia es que arrancamos el año con 39.000 palos verdes de reservas en el Banco Central y hoy tenemos 56.000. La mala es que hoy debemos 30.000 palos más que hace un año.

Así es la vida, lo que Dios te da por un lado, te lo quita por el otro. Ahora que lo tenemos a Juan Domingo Bergoglio, sería un buen momento para que Dios empiece a darnos un poquito más de lo que nos quita y vayamos achicando el déficit. Veremos que nos depara el 2018.

Se viene la tercera temporada de Cambiemos. Será otro año difícil que va a rematar en noviembre con la reunión en Buenos Aires del G-20.

Es un evento complicado pero creo que venimos bien. Al menos, la organización de disturbios, destrozos e incendios está bastante encaminada.

De hecho, la semana pasada jugaron un primer partido amistoso en la Plaza del Congreso y el equipo dejó una buena impresión. Es un plantel joven con una mezcla de troskos, lúmpenes y kirchneristas trasnochados que da para ilusionarse. Todavía les falta toque, velocidad y volumen de juego, pero gustó mucho la coordinación entre las bestias que destrozan afuera y las bestias que legislan adentro.

Igual habrá que mejorar bastante para poder demostrarle a esos alemanes pechofríos que incendiaron Hamburgo en el G-20 de este año, que nosotros somos capaces de eso y mucho más.

En fin, fue un año un poco agotador pero si lo piensa bien, amigo lector, terminó saliendo mucho mejor de lo que pintaba al principio. Relea esta nota y se va a dar cuenta.

En realidad, mejor no relea nada. Descanse. Nos lo merecemos. Usted y todos los argentinos.

Brindemos por un país mejor. Feliz año nuevo.

Fin de temporada.

sábado, 15 de julio de 2017

El arte de robar, según el kirchnerismo Por Carlos M. Reymundo Roberts, Diario La Nación

El arte de robar, según el kirchnerismo

Por Carlos M. Reymundo Roberts
Carlos M. Reymundo Roberts

Los Kirchner se lo quieren comer crudo a Lula. Lo creían un estadista, un populista casi a la altura de Cristina, y resulta que lo embocan por un departamento. De no creer (je). 

Dicen que no aprendió la primera lección de esa colectividad: el arte del choreo. 

Me permito disentir. Durante sus ocho años en el poder Lula cosechó mucho más que un tríplex en Guarujá. De Odebrecht, una ONG dedicada a sacar de apuros económicos a gobernantes de América latina, recibió un terreno en San Pablo de 3,5 millones de dólares. 

Que los Kirchner no se hagan los vivos: ellos fueron muy torpes en el afano. La única diferencia es que Brasil tiene al insobornable juez Moro. En la Argentina la confianza estaba depositada en Oyarbide, y no funcionó.

Da bronca que Cristina y su gente se pongan como ejemplo en este rubro. Miremos lo que pasó en sólo 72 horas. 

El domingo nos enteramos de que en Río Turbio compraron maquinaria mediante una triangulación irregular que les permitió hacer una adjudicación directa, sin licitación, por 53 millones de dólares. En el Manual del Buen Corrupto, el primer punto dice que si no hay licitación se labura más fácil. 

El lunes, Bonadio procesó a De Vido, acaso el mayor coleccionista de dólares después de sus patrones, como máximo responsable de un fraude multimillonario en los subsidios al transporte. Ese mismo día se le dictó el procesamiento a Sabbatella por la distribución dudosa de dinero durante su gestión en la Afsca. 

A De Vido lo embargaron por 1000 millones de pesos. A Sabbatella, por 10 millones. Lo ningunearon mal. Cristina dice que si un día le llegara a faltar Parrilli, ya tiene con quién reemplazarlo. 

Fernanda Vallejos, primera candidata a diputada de Unidad Ciudadana en Buenos Aires, fue imputada por ocultar empleos públicos. Estaba feliz: salió con foto en los diarios. Ese lunes negro se conoció que la Unidad de Información Financiera (UIF) denunció al presidente del PJ porteño, el kirchnerista Víctor Santa María, por transferencias sospechosas a Suiza de unos 4 millones de dólares. 

El Manual del Buen Corrupto, versión K, no da indicaciones para operaciones de tan bajo monto. Página 12 fue el único diario que no publicó una sola línea sobre el caso, y una posible explicación es que su dueño es Santa María....

El martes, la Cámara Federal reabrió otro expediente contra De Vido en el que lo acusan de sobreprecios por más de 1100 millones de pesos en la construcción de la usina térmica de Río Turbio. En cuestión de sobreprecios, a De Vido nunca le gustó quedarse corto. 

También el martes, un fiscal pidió la indagatoria (aceptada ayer por el juez) de la procuradora general, Gils Carbó, por la escandalosa compra del nuevo edificio del organismo. Públicamente ella admitió que la operación había sido "irregular"; en privado, que está en inferioridad de condiciones por no haber leído el Manual.

El kirchnerismo aduce que todo esto forma parte de una estrategia electoral. No le falta razón. Es llamativo que los adormecidos jueces y fiscales de Comodoro Py hayan puesto el despertador a la misma hora: cuando faltaban días para el comienzo oficial de la campaña. 

Si el Gobierno logró impulsar esta ofensiva mediante operadores de buena llegada en los tribunales, esa gente debería ser premiada. Good job. Pero también es cierto que los casos que ahora ventila de apuro el fuero federal, todavía con lagañas en los ojos, son reales. Tan reales que el propio De Vido, en la mayor confesión de culpabilidad por parte de uno de los jerarcas del régimen, declaró el lunes:

 "Muchos cercanos a mi espacio no resistirían un allanamiento de 15 minutos". Cristina, teléfono.

El martes se hizo en Washington el encuentro de una comisión de jueces y fiscales argentinos con el Departamento de Justicia, para recibir los nombres de los que cobraron las coimas que Odebrecht reconoció haber pagado. Los funcionarios norteamericanos pidieron un compromiso de confidencialidad total. Para mí, innecesario, porque si algo odian en Comodoro Py es que se sepa que tienen las pruebas. La comisión cumplió al pie de la letra: hasta ahora no ha trascendido nada. Bueno, en realidad algo se deslizó. Emisarios de Máximo les mandaron un whatsapp a dos de los jueces apenas terminada la reunión. El mensaje no era muy enigmático: "¿Qué tal, alguna novedad?" Yo creo que la duda no es quiénes, sino cuántos.

Otra noticia de esta semana de vértigo judicial y político es que el Papa hizo saber que no está dispuesto a venir al país mientras no afloje el clima de conflictividad. Muy lógico. No quiere que a su mensaje de amor y confraternidad se lo devore la grieta. Pero, claro, tampoco sería irrazonable pensar en una visita precisamente como prenda de paz, de reconciliación. En el fondo, Francisco tiene la misma prevención que los inversores, que condicionan su venida a que nos portemos bien. Así cualquiera.

Mientras tanto, a trabajar. Tenemos que hacer los deberes. Los que nos gobiernan, que gobiernen muy bien. Los jueces, que no se duerman. Los que resulten elegidos para el Congreso, a ponerse las pilas. Los que tienen que ir a la cárcel, que vayan. Si alguno, o alguna, tiene un conflicto de intereses entre el Congreso y la cárcel, siempre habrá una agrupación que le haga un lugar en sus listas.

LA NACION Opinión De no creer

sábado, 28 de mayo de 2016

Lo que somos y lo que queremos ser, por Jorge Lanata

Lo que somos y lo que queremos ser

La columna de Lanata

En su breve mensaje de la Quinta de Olivos el 25 de mayo, el presidente Mauricio Macri le pidió a los argentinos “cerrar la brecha entre lo que somos y lo que podemos ser”. Esa idea, que pasó desapercibida para los medios y mucho más para el público, encierra uno de los problemas argentinos fundamentales. Desde su origen, este país confunde lo que verdaderamente es con sus deseos: vivimos pensando que nuestros deseos son reales y presentes y –quizás por eso– no hacemos nada por conseguirlos. Nuestro “juego nacional” de naipes, el truco, lo sintetiza bien: en el ser permite el argentino ser en su mundo como el quiere ser. “En cualquier juego sucede más o menos lo mismo –anota con precisión el sociólogo Julio Mafud– pero en el truco la victoria o la derrota dependen más del hombre, del jugador frente al jugador, que del valor inamovible de los naipes (…) no está basado en la inteligencia del contrincante sino en su capacidad para “hacer entrar” al adversario, para engañarlo. La palabra “truco” tiene origen portugués y significa “trampa”. Para el filósofo español Ortega y Gasset “la pampa se mira comenzando por su fin, por su órgano de promesas”, y por eso observa que “lo esencial de la vida argentina es ser promesa”. “Todo aquí vive de lejanías, casi nadie está donde está sino por delante de sí mismo, y desde allí gobierna y ejecuta su vida de aquí, la real, la presente y efectiva”. De allí aquel famoso “Argentinos, a las cosas”. Leamos con detenimiento a Ortega: “El argentino vive atento, no a lo que efectivamente constituye su vida, no a lo que de hecho es su persona, sino a una figura ideal que de sí mismo posee. El argentino se gusta a sí mismo, le gusta la imagen que de sí mismo tiene. El argentino típico no tiene más vocación que la de ser ya el que imagina ser, vive, pues, entregado pero no a una realidad, sino a una imagen”. Nuestra historia ha sido testigo de esta vida en la cuerda floja: la decisión del rey de España de cerrar el puerto de Buenos Aires en 1602 transformó a la ciudad en el paraíso del contrabando, y lo hizo a punto tal que el propio rey debió autorizar seis contrabandos al año “para que se sacaran por su cuenta los frutos de sus cosechas”, sumadas al llamado “arribo forzoso” de barcos extranjeros que, debido a “tormentas” (que a veces existían pero la mayor parte de las veces no) buscaban refugio en el puerto de la ciudad y “remataban” sus mercaderías. El deseo: un puerto monopólico y rico, activo en el intercambio; la realidad: uno de los enclaves del contrabando en el Virreynato. ¿Pero no éramos argentinos “respetuosos de la ley”? ¿Qué hacer entonces con el contrabando? Comprar los cargos que lo controlarán: la venta de cargos de gobernadores, grados militares o municipales se hacía por remate o como “donativo gracioso” al Rey. Esta costumbre comenzó bajo el reinado de Felipe II: Manuel de Velazco y Tezada, por ejemplo, adquirió su empleo de gobernador y capitán general de Buenos Aires por tres mil doblones, el 9 de febrero de 1707. El primer garito de la ciudad comenzó a funcionar en el Cabildo, y era propiedad del Tesorero de la Real Hacienda, Capitán Simón de Valdez. También entonces una era la imagen de nuestra economía cotidiana y otra la forma que nos devolvía la real: el acta de acuerdo del Cabildo del 27 de febrero de 1589 lamenta que “jamás se haya logrado controlar el precio de los productos en venta al público. Hemos visto lo que pasó con el trigo y el maíz. Precios fijos, libertad de precios y así, según la época, se esconde, se retiene”. Nueve años después de la fundación de la ciudad se decidió que “habiendo visto los precios excesivos” se decidía fijarlos en productos básicos.
América era rica pero no TAN rica: había que acomodar la realidad al sueño, el único modo de hacerse tan rico era forzando el margen de la ley, viviendo fuera de nuestra capacidad real. Escribe Emilio A Coni en “El gaucho”: “Ni bien desembarcaba un español en Indias, por más modesta que fuera su alcurnia, su primera preocupación era tener uno o varios sirvientes que le evitaran el menor esfuerzo físico, hasta el mínimo de ir a buscar un poco de agua para tomar”. ¿Cómo lograr, entonces, que la riqueza deseada se transformara en tal sino por medio del trabajo? En 1888 escribe el sociólogo Daireaux: “A la época actual precede una larga tradición de menosprecio al trabajo. La inmigración no ha modificado profundamente ese rasgo de carácter general. La agricultura y las industrias que de ella derivan se han expandido enormemente pero no puede decirse que el trabajo sea una obligación social absoluta”. Mansilla lo dice de otro modo: “Nacer becado, vivir empleado, morir jubilado, plaga argentina. El no hacer nada, sino vivir, es un programa. ¿Trabajar? Que trabajen otros. El mundo camina solo”. El desfase entre vivir como “deseamos” hacerlo” y como “podemos” signó la historia argentina posterior; dos opiniones lapidarias de visitantes nos muestran, con una diferencia de casi cien años, la permanencia de los mismos problemas: “En las clases elevadas se advierten la sensualidad, la irreligiosidad, la corrupción más cínica, llevadas al grado más alto, escribe Charles Darwin en 1833. A casi todos los funcionarios puede comprárselos.(…) Los habitantes respetables del país ayudan invariablemente al delincuente a escapar, parecería que el hombre hubiera pecado contra el gobierno y no contra el pueblo”. Y remata Georges Clemencau, el estadista francés, en 1910: “La economía argentina sólo crece porque de noche los políticos y los empresarios están durmiendo y no pueden robar. Mientras tanto el trigo crece y las vacas fornican con lujuria”.
En 1911 el español José María Salvatierra escribió sobre Buenos Aires: “No hay ciudad del mundo donde resalte de tal modo la fiebre del llegar, del conseguir. La lucha por el dinero tiene aquí mayor vivacidad que en los pueblos del Norte, proyectos concebidos, explicados y fracasados en una misma conversación, ir sin plan, volver sin nada definitivo, concertar sociedades y deshacerlas enseguida, detallar sobre la mesa de bar un proyecto enorme y abandonarlo por el nuevo proyecto que trae el amigo, exagerar las ganancias, engañar, sorprender, manipular cosas imaginarias”. Rodolfo Rivarola, editor de la Revista Argentina de Ciencias Políticas, escribió en 1913: “Producir por dos y gastar por cuatro tomando un préstamo por la diferencia parece ser el lema de los argentinos. Son responsables de esto el gobierno y los gobernantes (…) en lo primero porque han olvidado que el gobierno educa al pueblo. La imitación corre de arriba abajo, el gobernante impone con su lujo personal la regla del lujo que estimula y excita a los que pueden y a los que no pueden gastarlo”.
Los ejemplos son infinitos y esa diagonal, la del desencuentro entre lo que somos y lo que queremos ser, cruza nuestra historia. Todos estos ejemplos, sus fuentes y cientos de ejemplos más, figuran en “Argentinos, quinientos años entre el cielo y el infierno. Edición definitiva”, publicado por Sudamericana.
¿Somos un país inmensamente rico? ¿Qué estamos dispuestos a hacer para que esas riquezas se concreten? ¿Dejaremos de ser, alguna vez, los eternos niños promesa?
Tal vez ya sea hora de convertirse en acto.

sábado, 21 de mayo de 2016

Los silbidos y los indiferentes, La columna de Lanata


Desde el escenario se escuchaba más fuerte y claro. Me dijeron, luego, que entre las mesas los silbidos eran casi imperceptibles.

Es probable que al aire, en la transmisión, nadie los hubiera notado, como cuando aparece una mosca en el estudio: la cámara no llega a verla pero el conductor mueve la mano para espantarla y sólo parece un conductor borracho.

Hay quienes se apresuraron a decir que yo los provoqué: los silbidos empezaron antes de que dijera una sola palabra.Y ahí estaba yo, en el medio del ring, peleándome otra vez.

Quienes silbaban eran un actor mediocre, empleados del canal estatal y, en otra mesa, un periodista deportivo con el coeficiente intelectual de una gallina que disfruta hoy de la fama efímera de un ganador de Gran Hermano. Eran menos de diez personas que, cuando la cámara se les acercaba, paraban de chiflar.

Había, también, seiscientas noventa personas que se callaban la boca y que asistían al incidente con indiferencia.

En febrero de 1917 Antonio Gramsci escribió en La Citta Futura un texto que devino en clásico, en el que explica su odio por los indiferentes: “La indiferencia es el peso muerto de la Historia, escribe. Opera pasivamente, pero opera. Es la fatalidad: aquello con lo que no se puede contar (…). Algunos lloriquean piadosamente, otros blasfeman obscenamente, pero nadie o muy pocos se preguntan: si hubiera tratado de hacer valer mi voluntad, ¿habría pasado lo mismo? Odio a los indiferentes porque me fastidia su lloriqueo de eternos inocentes. Pido cuentas a cada uno de ellos, cómo han acometido la tarea que la vida les ha puesto y les pide diariamente, qué han hecho y, especialmente, qué no han hecho”.

Gramsci propone una visión partisana de la vida como lo opuesto a la indiferencia. Personalmente creo que no es ésa la única posibilidad. Tampoco comparto su odio: a lo largo de la vida he tratado de no odiar a nadie.

“La vida es peligrosa –decía Albert Einstein– pero no lo es por las personas que hacen el mal, sino por los que se sientan a ver lo que pasa”.

El domingo pasado viví en ese sitio una síntesis de la Argentina, en la que los fanáticos son muy pocos pero se hacen escuchar, y su ruido suena más fuerte gracias al silencio de los demás.

Los días siguientes la prensa –gran parte de ella es, desde siempre, indiferente– insistió otra vez con la grieta. Es curioso: yo pronuncié aquella palabra en una entrega de Premios Tato y ahora se me acusa de crearla, en lugar de haberla señalado. La “idea” de la grieta en los medios supone que hay dos bandos: no me siento parte de ninguno de ellos.

¿Haber investigado la ruta del dinero K es ser parte de un bando?

La grieta surge de la idea revanchista y resentida de la política y el mensaje de odio al distinto fue desde arriba hacia abajo.

Primero con Néstor –que lo utilizó como estrategia para acorralar a su enemigo y comprarlo– y luego con Cristina, que lo fomentó en su visión más pura: la venganza de la hija del colectivero de Tolosa que actúa el estereotipo de una señora de Barrio Norte, con su Rolex modelo Cartel de Medellín intercalando –mal– algunas palabras en inglés.

Too much. A aquel odio respondió el odio histórico de los brutos que escribían Viva el cáncer, y acá estamos. Mi discusión con el kirchnerismo no es ideológica; soy un periodista que denunció su corrupción.

La secta responde siempre igual: o silba entre las sombras o me cuestiona desde lo personal, pero nunca hablan del fondo.

Ahora se puso de moda decir que no soy periodista. Creen que es un modo de “desaparecerme”.

Cuando a alguien le molesta verse, la culpa no es del espejo. Son eso que se ve.

–¿No se quiere abrazar con el Sr. Gallina como símbolo para cerrar la grieta?– me pregunta un cronista pensando que, en su canal, eso mediría unos diez puntos.

La manera de cerrar una parte de la grieta es la justicia:me abrazaría con Cristina pero si tengo que ir a visitarla a la cárcel de Ezeiza y una vez que haya devuelto el dinero.

Y le pido al cronista que se tranquilice: él va a tener las imágenes exclusivas.

El buen manual del procesado kirchnerista, Por Carlos Pagni

El buen manual del procesado kirchnerista


Por Carlos Pagni
Carlos Pagni

El kirchnerismo impuso una regla para interpretar la política: la adversidad es culpa de los otros. Esa ley es más rigurosa ahora, que hay que comparecer en los tribunales. Julio De Vido explicó que la compra de chatarra ferroviaria fue decidida por su subordinado, Ricardo Jaime. Y Jaime apunta contra De Vido. Y contra Néstor Kirchner, que no puede declarar. La masacre de Once, por la que ambos fueron procesados, se debió al maquinista. Ricardo Echegaray atribuyó a un subalterno, Ángel Toninelli, la tolerancia frente a las defraudaciones de Lázaro Báez.

Ante responsabilidades intransferibles, los argumentos son más disparatados. La venta de dólares futuros, por la que la ex presidenta fue procesada, se excusa en que "muchos dirigentes de Pro aceptaron el negocio". Y cuando se acusa a Báez de beneficiarse con licitaciones amañadas, los diputados de la ex presidenta responden: "Ángelo Calcaterra, el primo de Macri, también". Las coartadas son tan sistemáticas que merecerían un libro: el Manual del procesado kirchnerista.

LA NACION Opinión

domingo, 15 de mayo de 2016

Nadar en un mar de pirañas y conspiraciones Por: Jorge Fernández Díaz


Nadar en un mar de 

pirañas y conspiraciones

Por: Jorge Fernández Díaz



Un hombre de la mesa chica, veterano de cien batallas y afecto tanto a la relativización de los éxitos como de los fracasos, utilizó en el primer piso de la Casa Rosada una metáfora bíblica para caracterizar las chances y complicaciones de la hora. Después de la larga hegemonía peronista que liquidó las alternancias y por lo tanto la consolidación de una democracia republicana, sucedió de pronto un pequeño milagro: se abrieron las aguas del mar Rojo; a un lado quedó la muralla justicialista acechando, y al otro, el muro amenazante de una economía rota. "Nosotros tomamos a la gente y caminamos por el medio tratando de llevarla hasta la otra orilla -graficó-. El peronismo nos acusa de un ajuste brutal, y Broda y el CEMA de no hacer el ajuste y de tener una política netamente keynesiana. El océano ruge y flamea a izquierda y a derecha, pero no se cae y no nos traga, y entonces damos todos los días un pasito sin mirar atrás, contrariando la historia." El concepto es falsamente grandilocuente, porque se hace cargo del carácter prodigioso, accidental y precario del momento, del estigma que persigue a todo gobierno no peronista y del sesgo heterodoxo de la propuesta de Cambiemos. Pero también da cuenta de algo indiscutible: aquella sociedad decadente que hizo posible el kirchnerismo sigue intacta, aunque paradójicamente una parte de ella haya decidido apostar por un cambio.

Contra lo que se piensa, la peor corrupción no se relaciona con bóvedas, lavados de dinero y enriquecimientos ilícitos. La corrupción más grave consistió en crear una burbuja de gratuidad y de consumo irresponsable y sin respaldo, donde muchos argentinos se acomodaron a ese falso confort sin pensar que debían ahorrar y producir de manera genuina, y además creyendo que jamás se cortaría el chorro. El gobierno kirchnerista, como un jefe de familia complaciente y obsesionado únicamente por ser querido (y votado), repartió heroína y volvió adicto a su pueblo, que es esclavo una vez más de la plata dulce y atraviesa hoy un breve síndrome de abstinencia. Ese padre demagógico sacó créditos impagables y les regaló a sus hijos dinero para que lo gastaran en fiestas. No los indujo a que compraran casas, estudiaran carreras y abrieran sus propios negocios para desarrollarse y salir adelante. Sucedió entonces que la firma familiar, que tiraba manteca al techo, se fundió, y que para salvarla tuvo que ponerse a la cabeza un tío antipático: los chicos pasaron del dispendio a la seca, y ahora no quieren ni ir al trabajo en colectivo; por lo tanto algunos añoran al padre que quebró, y lanzan rayos y centellas contra el tío severo. Que sólo puede dar malas noticias. "¿Por qué me dicen que necesito más comunicadores si el anterior gobierno tenía sólo dos: la jefa de Estado y el jefe de Gabinete?", preguntó Macri hace unos días. Alguien le respondió: "Porque ellos tenían guita y vos no la tenés". El Presidente aceptó el argumento: "Nos colocaron al borde del colapso. Y no es lo mismo el colapso que el borde. El estallido te desata las manos; el borde exige mucha didáctica". Encuestas de la última semana, sin embargo, muestran que las aguas del mar Rojo siguen abiertas: después de un mes duro, la caída de popularidad del Gobierno se frenó, la aprobación del Presidente no baja del 60%, los indicadores económicos del presente son muy malos pero la expectativa de mejora es muy grande, una abrumadora mayoría entiende que los dolores de hoy son fruto de los descalabros de ayer, la imagen negativa de Cristina es la más alta de su historia y Massa es el político mejor posicionado del país, aunque dos de cada tres de sus votantes ven con buenos ojos los esfuerzos de Macri.

Esos datos no borran el hecho incontrastable de que la economía está dañada, y que en tres meses se verificará si realmente la inflación decrece y si se produce la reactivación, si el blanqueo de capitales insufla una contundente inyección al sistema financiero y si la obra pública pone en marcha el empleo. Mientras tanto el aumento de precios coloca en riesgo al segmento más vulnerable: sobre esas zonas ya se detectaron acciones intensas del camporismo que acercan todos los días fósforos al polvorín. Los cristinistas dejaron una bomba de tiempo y operan para que estalle, pero a la vez tienen bajo su propia cama un explosivo de relojería político y judicial: si el programa de Prat-Gay funciona y los jueces siguen adelante con las causas contra el estado mayor kirchnerista, el color pasará de marrón oscuro a negro azabache. La noche más cerrada. Por eso el Gobierno experimentará meses altamente delicados e inflamables, sembrados de cazabobos, conjuras desesperadas y contrao-fensivas leguleyas.

Estos 150 días permiten reflexionar sobre algunas novedades de fondo. Sin solución de continuidad, pasamos en la Argentina de un gobierno que presionaba a todos a un sistema donde todos presionan al Gobierno. ¿Está preparada la sociedad para un liberalismo político, respetará la poderosa corporación peronista un buenismo democrático sin decodificarlo como mera debilidad luego de tantos años de hiperpresidencialismo feroz? Cambiemos ha decidido prescindir de las armas que se encontró en los sótanos del palacio: presión centralista, persecución fiscal selectiva, compra de voluntades, manipulación de jueces, operaciones de inteligencia, pauta oficial y lapidación mediática. Atarse las manos resulta muy altruista, pero no se puede tratar con las fieras sin mostrar los dientes. La hipócrita y prematura escalada peronista y su dañino, aunque fragmentado, poderío parlamentario hacen inevitable una negociación permanente. Pero el oficialismo se ve obligado a reconfigurar vínculos: negociar sin fortaleza es tan equivocado como fortalecerse sin buscar acuerdos. Macri pareció intuir algo de esto: sacó las garras para luchar contra la doble indemnización y algunos dirigentes peronistas, que lo miden todo el tiempo, parecen haber tomado debida nota. Pero los semblanteos continuarán día y noche: los tiburones esperan oler la sangre; por eso los nadadores tienen la obligación de no sangrar.

El Gobierno la pifia fiero mucha veces, y en especial cuando no sale a discutir las semánticas. Permitió de manera indolente que se instalara como una especie de sentido común televisivo la idea de que es "un gobierno de ricos para ricos". El Presidente, en privado, se indigna cuando advierte su propio error: "Levantar las retenciones al campo no fue para beneficiar a Grobocopatel ni a la oligarquía vacuna sino para mejorar la vida de miles y miles de peones rurales, campesinos, pequeños productores, fabricantes de maquinaria agrícola -les dice enojado a sus asesores-. La minería (más allá de la cuestión medioambiental que debemos cuidar) es la soja sanjuanina. El aumento de los combustibles fue para que no perdieran el empleo miles y miles de obreros petroleros de Neuquén, Chubut y Santa Cruz, que estaban al límite del incendio". También yerra su equipo cuando no discute el concepto "ley antidespido": en verdad, un cepo laboral kirchnerista en el que ni el kirchnerismo cree. Los tecnócratas desprecian las palabras. Pero la lengua es el territorio esencial de la política. Pasamos también de un sistema de palabras sin técnica (los cristinistas) a otro igualmente equivocado de técnica sin palabras (el macrismo). Se verá de aquí a diciembre si el Gobierno logra eludir las maldiciones bíblicas y si las aguas se cierran sobre sus más enconados enemigos.


Un Presidente que juega a todo o nada, por Joaquín Morales Solá

Un Presidente que juega a todo o nada

por Joaquín Morales Solá
Joaquín Morales Solá

Rodeado de funcionarios que le suplicaban serenidad, Mauricio Macri entró el lunes pasado en la reunión con los principales dirigentes gremiales del país. No bien se sentó, le hizo saber al metalúrgico Antonio Caló que éste estaba agigantando el problema de los despidos. Caló insistió. Macri estalló: "¡No les permito que vengan a la Casa de Gobierno a decir pelotudeces delante del Presidente!". Silencio. Calmo y componedor, el sindicalista José Luis Lingeri ensayó palabras de pacificación. Los dirigentes sindicales no están acostumbrados a ese trato, mucho menos de parte de un presidente no peronista.

Poco después, oposición y oficialismo se entretenían especulando sobre cuánta popularidad perdería el Presidente si tuviera que firmar el veto a la ley de doble indemnización. Macri no pensaba en eso, sino en todo lo contrario: imaginaba con cierto entusiasmo el día en que firmaría ese veto y el discurso que daría en la Casa de Gobierno para descalificar a los autores de esa ley y a los que la votaron. Se terminó. No negociará nada con nadie. Ningún obstáculo debe interferir en su política económica, que considera la única capaz de sacar al país del atraso y la pobreza.

Se trata de un Macri inesperado. Decidido a llevar el gobierno sin los complejos de un presidente débil. Dispuesto a todo o nada. Convencido de que la derrota de Cristina Kirchner no debe ser sólo judicial, sino también, y sobre todo, política. Es cierto que no siempre las decisiones de los jueces significan un traspié político. Los dirigentes políticos juzgados tienen el recurso de argumentar que son víctimas de conspiraciones indemostrables. Macri aspira a derrotar al populismo y a su principal líder, Cristina Kirchner, en elecciones libres. Es una estrategia riesgosa, pero no suicida. En los dos casos señalados, sindicatos y Cristina, el Presidente se enfrenta con sectores políticos rechazados por una clara mayoría social.

La Justicia no condena políticamente, pero sus decisiones forman parte del contexto. Cristina Kirchner recibió el primer procesamiento por un caso de corrupción implícita por un juez infaltable en el momento de juzgar a la ex presidenta: Claudio Bonadio. Fue por la venta de dólares futuro que, según el magistrado, significó pérdidas para el Estado de entre 5000 y 17.000 millones de dólares. Otras instancias decidirán luego si se trató -o no- de una decisión política no justiciable. Es, de todos modos, la causa menos comprometida entre las muchas que ya tiene Cristina Kirchner. El propio Bonadio investiga otra mucho más grave: la de lavado de dinero en la empresa Los Sauces, propiedad de la familia Kirchner. El fiscal Carlos Rívolo imputó ante Bonadio en esa causa a Cristina y a su hijo Máximo por cohecho, es decir, por el cobro de coimas.

Macri cree que Cristina estará en libertad el año próximo y que será candidata a senadora nacional por la provincia de Buenos Aires, tal vez empujada por la necesidad de fueros. ¿Y si ganara y se convirtiera en una referencia inevitable del peronismo? ¿Y si después de eso se dedicara a desestabilizar al gobierno de Macri y se postulara para las elecciones presidenciales de 2019? Ése es el temor del peronismo, pero no de Macri.

El Presidente confía en que la mitad del electorado bonaerense, que es antikirchnerista, le dará la primera minoría en las elecciones legislativas (esto es, el triunfo), sobre todo si la candidata es Cristina.

sagrada flia
Las encuestas nacionales le dan la razón, por ahora al menos. La imagen negativa de Cristina creció siete puntos en el último mes. Está tocando el 60 por ciento de los encuestados. Es el resultado de la propia obra de Cristina y del macrismo que decidió enfrentarla. La imagen positiva de la ex presidenta bajó sólo un punto (de 29 a 28). Ella no pasa indiferente ante la sociedad: la aman o la odian.

La imagen de Macri se mantuvo en el mismo nivel del mes pasado. Venía de una caída en la penúltima medición, pero frenó la tendencia. La buena imagen de su gobierno está en el 60 por ciento y la buena imagen personal en el 55. Esas mediciones son especialmente relevantes en un mes en el que llegaron las facturas de todos los aumentos de tarifas y sucedieron las revelaciones de Panamá Papers.

Hay un dato curioso en las encuestas: la inmensa mayoría cree que la situación del país no está bien ahora, pero la misma mayoría cree que estará bien el año próximo. El liderazgo de Macri descansa en esa mayoría de optimistas que confían en él.

Ningún presidente desde 1983 accedió al poder tan convencido de sus verdades y de sus políticas. Incluso Menem, que introdujo políticas innovadoras para la historia del peronismo, sólo se convenció de la necesidad del cambio un año y medio después. Macri repite una y otra vez que nunca el mundo estuvo tan mal (de Europa a Estados Unidos, pasando por Brasil), con excepción de la Argentina. Es lo que escucha de sus interlocutores extranjeros. "Si recibiéramos sólo el 1 por ciento del capital internacional que no sabe dónde ir, el país estaría salvado por varias generaciones", suele decir. Se impuso la misión de crear las condiciones locales para esas inversiones. "Las inversiones ya empezaron. Todos los días hay una más. No habrá un día en que se inauguren las inversiones porque ese día ya empezó", asegura.

Decisiones, historias y enredos que rodean la pelea política por la ley sobre el empleo. Hay un aspecto en el que Macri no es una excepción: todos los presidentes no peronistas chocaron con una ley laboral.

Raúl Alfonsín intentó sancionar una ley de reforma del sistema sindical y resultó derrotado en el Senado por muy pocos votos. Fernando de la Rúa logró sancionar una reforma laboral, pero el escándalo posterior por los supuestos sobornos la debilitó absolutamente. Macri no mandó nada al Congreso sobre cuestiones laborales, pero el peronismo le impuso en el Senado un proyecto que penaliza los despidos por 180 días.

¿Se equivocó el Gobierno cuando no advirtió que esa ley sería i- nevitable si el macrismo no hacía nada?

El bloque de senadores peronistas le advirtió en privado a Macri que el proyecto era una idea que crecía entre ellos. Los máximos dirigentes gremiales del país ya habían estado con Sergio Massa en la Cámara de Diputados y luego fueron al Senado. Empezaron planteando su preocupación por una "ola de despidos", que después se transformó en un "extendido temor al despido". Lo que era una realidad terminó siendo una sensación. El jefe del bloque de senadores peronistas, Miguel Pichetto, advirtió sobre lo mismo en un precoloquio de IDEA en Cardales, delante del ministro Francisco Cabrera: "El proyecto será sancionado si no hay hechos nuevos".

El Gobierno produjo un hecho nuevo, pero después de que el proyecto fuera sancionado por el Senado y en las vísperas de su tratamiento en Diputados. Fue la firma de un documento por parte de 200 empresarios que se comprometieron a no despedir trabajadores durante 90 días. ¿Por qué el Gobierno no recurrió antes a esa convocatoria? "No podemos estar detrás de cada síntoma político", fue la única respuesta que se encontró.

La lentitud del Gobierno fue compensada por la ansiedad del cristinismo. La derrota política de los seguidores de Cristina fue otra prueba de la decadencia: juntaron sólo 109 diputados (20 menos que los necesarios) y no pudieron imponer el debate. Hace sólo cinco meses controlaban el Congreso con un solo dedo índice.

El peronismo se enoja no por las desventuras judiciales de Cristina, sino porque Macri le presta atención a Cristina.

Macri no quiere perpetuarla a Cristina; aspira a derrotarla. Si Cristina o cualquier otro populista lo sucediera en la presidencia, dice, habría fracasado y ningún éxito económico repararía esa derrota.

El doloroso rol que el Papa Francisco cumple en Argentina, Por Alfredo Leuco.

El doloroso rol que el 

Papa Francisco cumple 

en Argentina

Por Alfredo Leuco.

Al Papa Francisco, muchos de estos cuestionamientos ya se los hice a través de una carta abierta que me costó que los kirchneristas me atacaran en forma salvaje, pero que, me dio la máxima satisfacción profesional de mi vida: el Papa me llamó por teléfono y me escribió un correo valorando mi trabajo y agradeciendo mis críticas serenas y constructivas. Por vías distintas el Papa me hizo llegar dos bendiciones y su último libro dedicado especialmente. Todo eso lo agradezco. Pero para ser absolutamente honesto intelectualmente y para cumplir con el pedido del Papa de hacer lío, debo decir una vez más que me cuesta entender, me duele y me desilusiona profundamente el rol que Bergoglio está cumpliendo en la Argentina. En su momento, ya expresé que les había concedido demasiados privilegios políticos a Cristina y su séquito. Que les dio un trato preferencial y les permitió que lo utilizaran electoralmente cuando llevaron a un candidato para una foto que luego convirtieron en afiche y que exhibieran una camiseta de La Cámpora.
También manifesté varias veces la señal contradictoria que envía el Papa a los argentinos cuando predica contra los corruptos y simultáneamenterecibe a algunos mafiosos enriquecidos ilegalmente en la función pública. Y no hablo solamente de Cristina y parte de su gabinete. Hablo de varios dirigentes gremiales malandras pero, especialmente de Omar “El Caballo” Suárez, el preferido de Cristina que tiene su despacho tapizado de fotos de las muchas entrevistas que tuvo con el Papa mientras la justicia investiga extorsiones y estafas que hizo aprovechando su cargo. Tal vez la nostalgia de su juventud compartida en la agrupación peronista Guardia de Hierro haya empujado a Francisco a darle un trato de rey a Guillermo Moreno. Un patotero semejante que tiene una de las imágenes más negativas en todas las encuestas. Sin embargo Moreno tiene ingreso libre a la intimidad papal. Tanto que fue Moreno el que gestionó la entrevista que dentro de dos semanas Hebe de Bonafini va a tener con el Papa y que anticipó Clarín. Cuesta creer que el Papa tenga tanta misericordia jesuítica como para poner tantas veces la mejilla. La jefa de las Madres de Plaza de Mayo es quien más insultó groseramente al Papa y a sus fieles: lo trató de basura fascista. 
Hebe es la que encabezó aquella repugnante herejía de haber convertido al altar de la Catedral en un baño. Es la que se mostró más autoritaria con todos los que expresaron una mirada distinta y, como si esto fuera poco, manchó su pañuelo blanco con dos casos de corrupción: el vaciamiento de la Universidad de las Madres con una deuda monumental de la que nos tuvimos que hacer cargo todos y el tema de las pesadillas compartidas con fortunas que les dio Julio de Vido para que hicieran viviendas populares y que junto con Sergio Schoklender hicieron desaparecer en el aire como por arte de magia. Algo parecido pasó con la bendición que le envió a Milagro Sala, que está detenida por haberle robado el dinero a los pobres de Jujuy.
Los sucesos preocupantes se van acumulando. Margarita Barrientos una santa de la solidaridad popular contó con mucha tristeza que Francisco no la recibió y que en ese mismo momento estaba saludando a Estela Carlotto, la Abuela de Plaza de Mayo. Tal vez hubo un error de protocolo. Eso también sería grave. Pero ameritaría una disculpa formal del Vaticano que hasta ahora no llegó. Solamente hubo un trascendido anónimo y poco creíble.
El trato frío y distante que Francisco le dio al flamante presidente Mauricio Macri fue otro dato clave. En aquel momento titulé mi columna de radio Mitre: “Una sonrisa por el amor de Dios”. Macri fue despachado en 23 minutos, con caras estudiadamente serias pese a que se trataba de un jefe de Estado elegido democráticamente. Bergoglio como Arzobispo de Buenos Aires tuvo un trato respetuoso y cordial con Macri que fue durante 8 años fue jefe de Gobierno de la Ciudad. El contraste era muy fuerte con un gobierno nacional que persiguió a Bergoglio. Lo hicieron espiar por Antonio Stiuso, sacaron los festejos patrios de la Capital y lo definieron, como lo hizo Néstor Kirchner, como el jefe de la oposición que muchas veces se convierte en un diablo vestido con sotana.
El titular de la Pastoral Social, monseñor Jorge Lozano, recibió institucionalmente a Fernando Esteche, comandante de Quebracho, y a Luis D'Elía. Se trata de dos personajes que fomentan la violencia. Esteche lidera los escuadrones que desfilan con las caras tapadas y palos y bombas molotov y de hecho estuvo preso por incendiar la casa de Neuquén en Buenos Aires. D’ Elía tomó una comisaría, trompeó a un productor agropecuario y encima no se le cae la palabra fusilar de la boca. Ambos son los dirigentes que más defendieron a Hugo Chávez y su régimen autoritario y con presos políticos por los que el Papa nunca reclamó y a Ajmadinejad, el líder iraní que niega el holocausto.
Hace unas horas, el sacerdote católico Eduardo de la Serna propuso que el presidente Macri tenga la dignidad de renunciar pese a que asumió hace 150 días. La cúpula de la iglesia se entrevistó con Macri por otros temas y le dijo que De la Serna era un cura marginal, que no reflejaba el pensamiento oficial eclesiástico. Puede ser. Pero a expresiones públicas se les responde con expresiones públicas y no con secretos en reunión, que es mala educación.
A veces, medio en broma y medio en serio, pienso cuanto falta para que el Papa Francisco reciba a Lázaro Báez. O se estreche en un abrazo con Aníbal Fernández, al que bajo cuerdas acusaba de favorecer el narcotráfico o con Horacio Verbitsky, que fue el que denunció a Bergoglio por entregar curas a las catacumbas de una dictadura que los hizo desaparecer. ¿Qué dirá el Santo Padre que vive en Roma?, decía la vieja canción combativa de Quilapayún. Por lo pronto una antigua amiga del Papa como la diputada Elisa Carrió dijo que como cristiana siente vergüenza ajena de que el Papa no haya recibido a Margarita Barrientos y que gracias a Dios, siempre se negó a ir al Vaticano.
Yo me pregunto lo mismo. ¿Qué dirá el Santo Padre de todo esto? Por lo pronto, con todo respeto, me dedico a no callar estos temas inquietantes y a poner el grito en el cielo. Dios proveerá.

sábado, 2 de abril de 2016

Arrepentidos, por Enrique Pinti

Arrepentidos


por Enrique Pinti

Los grandes problemas que aquejan a la humanidad son de muy diversa índole y perjudican a millones de personas pertenecientes a diferentes etnias, clases sociales, oficios y profesiones. Pero parecería que las soluciones que proponen los gobiernos no logran paliar los efectos negativos de situaciones altamente conflictivas.

El narcotráfico y sus implicancias sociales, políticas y económicas es un problema de larguísima data que gobiernos de muy distinta ideología, raza, religión y región geopolítica no atinan a resolver no sólo para terminar con él sino ni siquiera para atenuar sus trágicas consecuencias. Se recurre a las leyes del arrepentimiento pero todos sabemos que nadie se arrepiente de verdad sino que negocia bajas de condenas cuando no absoluciones y amnistías a cambio de facilitar nombres, datos y ubicaciones de "cocinas" de drogas peligrosas.

"Los ciudadanos vemos, oímos y nos lamentamos y lo único que podemos hacer es luchar desde nuestro reducido círculo en poner el acento en los verdaderos logros de la vida: nuestros sueños"

Estos "arrepentimientos" acarrean venganzas y nuevos "arreglos" que no son más que chapuzas, remiendos y parches que no solucionan el problema sino que lo complican aún más. Ya sabemos que en la guerra vale todo y esto es una guerra sin lugar a dudas pero estas medidas no hacen más que demostrar la impotencia de los gobiernos cuando no una cierta complicidad o vista gorda para decirlo en lenguaje popular. Estos terribles fenómenos culturales tienen sus raíces en la vieja historia de la miseria en la que son sumergidos millones de seres humanos durante años y años, a veces siglos, miseria que desde lo material va minando la calidad moral de las personas hundiéndolas en la degradación, el delito, y la falta total de autoestima.

Ante las malas situaciones muchas personas luchan contra la adversidad y logran superarla pero otras muchas sucumben ante la injusticia social y son presa fácil de los que, a menudo surgidos del mismo sector social, se convierten en capos narcos y se ganan la gratitud de esos sumergidos a base de mejoras sociales (casa, comida, escuelas y salud) mejoras que los gobiernos no brindan dejando ese campo libre para que sea ocupado por esos magnates del horror. Esta combinación letal entre miserias y riquezas mal habidas con impericias, corrupciones y malas praxis gubernamentales fomenta esta lacra y la lleva a dimensiones muy difíciles de dominar y reprimir.

Nada es fácil en este mundo y nunca lo fue pero tampoco se notan demasiados esfuerzos para al menos atenuar los siniestros efectos de estos hechos tan luctuosos que arruinan tantas vidas. Todo se reduce a grandes titulares, procedimientos llenos de violencia, persecución a las víctimas de esas actividades y espectaculares detenciones de las caras más visibles, pintorescas, bizarras y mediáticas sin llegar jamás al hueso del conflicto.

Nosotros, los ciudadanos, desde el llano vemos, oímos y nos lamentamos y lo único que podemos hacer es luchar desde nuestro reducido círculo en poner el acento en los verdaderos logros de la vida que tienen que ver con la lucha por nuestros sueños e ideales, protegiendo a nuestros seres queridos y tratando de predicar con el ejemplo, pero muchas veces nos sentimos impotentes frente a tanta indiferencia por la miseria nuestra de cada día y reclamamos en marchas silenciosas por la existencia de métodos educativos que no dependan del "arrepentimiento" de delincuentes sino de las verdaderas ganas de luchar por un mundo más justo.

sábado, 13 de febrero de 2016

Guerras de hoy, por Enrique Pinti

Guerras de hoy


por Enrique Pinti

Las guerras no paran, los conflictos cambian de eje, de países, de regiones y de etnias pero se suceden sin cesar poniendo al mundo en perpetuo peligro y en interminables angustias que golpean al género humano en general y a los más desposeídos en particular.
Parecen muy lejanos aquellos tiempos en los que se hablaba en el siglo veinte de primera guerra mundial, guerra civil española, segunda guerra mundial dividida en lucha contra el nazi fascismo europeo y enfrentamiento y derrota Hiroshima mediante del enemigo japonés y guerra fría entre Estados Unidos y Unión Soviética. Eran tiempos de James Bond y misión imposible con buenos y malos sin matices y en los que la fantasía se mezclaba con la realidad con sofisticaciones visuales novedosas y psicodélicas como solía decirse. El muro de Berlín y las dramáticas consecuencias de fugas violentamente reprimidas era un monumento viviente de esa guerra definida como fría pero más que caliente aunque no tuviera las trincheras convencionales de las conflagraciones declaradas oficialmente.
Las guerras continuaban pero en regiones consideradas como patios traseros de las grandes potencias. África, Asia y Latinoamérica eran territorios convulsionados pero que no hacían temblar a los habitantes de un primer mundo regodeándose en unos estados de bienestar que parecían ser un paraíso y que les hacía olvidar los horrores de las guerras que habían traído hambre, locura, desempleo, emigración obligatoria y a veces desesperada y, a pesar de las continuas incursiones norteamericanas y soviéticas en territorios latinoamericanos, asiáticos y africanos, la sensación de "paz mundial" era considerada como una tangible realidad, ni siquiera las revueltas juveniles del Mayo Francés en 1968, ni las guerrillas de los sesenta y setenta siendo violentas como también lo eran las represiones lograban quebrar aquella virtual paz mundial.
Pero llegó el siglo veintiuno y al año de comenzar las torres gemelas dieron origen a los que algunos observadores acusados de exagerados pesimistas calificaron como tercera guerra mundial. pasada ya la primera década del nuevo siglo a nadie le parece exagerado afirmar que esa guerra existe aunque adopte una apariencia completamente distinta a las viejas guerras inmortalizadas en miles de películas que formaron la memoria histórica de la generación de los que hoy tenemos más de sesenta años.
El Papa Francisco lo ha dicho: "Es una guerra mundial en pedacitos". La humanidad enfrenta estas guerras con temor, asombro, incertidumbre y coraje mezclado con miedo y desconcierto.
Como ya ha ocurrido en otros siglos la religión es el estandarte y excusa para las peores iniquidades y excesos y esto nos retrotrae a épocas oscuras en las que la ignorancia de una gran parte de la humanidad que creía en demonios, brujas, hechizos y exorcismos, cosa que era comprensible y esperable ante las incógnitas y misterios que la falta de evolución de la ciencia no podían explicar racionalmente. Hoy en día esos fantasmas no deberían tener sentido. Sin embargo, siguen existiendo lo cual habla a las claras que la pobreza, la marginación, la intolerancia y la excesiva codicia de los grandes negocios siguen sumergiendo a la humanidad en abismos de terror y esto no se arregla con bombardeos y ataques, como mucho se remiendan, se patean para adelante pero jamás terminan por resolverse. Son las guerras de cada día en este siglo tan cambalachero como el anterior.

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