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domingo, 31 de diciembre de 2017

Cambiemos, segunda temporada, Por Alejandro Borensztein/Clarin

Cambiemos, segunda temporada

Por Alejandro Borensztein/Clarin


Perón no era un arquitecto egipcio, era el General Perón. Se quedó piola en Madrid.

Cuando Macri basura vos sos la dictadura comenzó su segundo año de gobierno, la nafta súper costaba 18 pesos (hoy vale 22), la yerba 50 (hoy vale 70), el dólar 16,20 (hoy domingo vendo a 18,90) y en Ezeiza y Marcos Paz todavía quedaban unas 30 literas vacías (hoy estamos con ocupación plena y sólo queda disponible la suite presidencial, reservada por las dudas).

Por entonces, Larreta comenzaba la sana costumbre de tener que reparar todos las semanas el Cabildo, la Catedral Metropolitana y aledaños, Baradel se hacía el canchero con Vidal y el kirchnerismo repartía helicópteros de juguete en Plaza de Mayo mientras nos contaban que los Montos habían sido unos románticos incomprendidos.

A los dirigentes de la CGT los bajaban del palco a patadas por negarse a declarar un paro general de 600 días y los piqueteros se dedicaban diariamente a destrozar los nervios de los porteños.

Al gobierno lo corrían por izquierda con el ajuste y por derecha con la falta de ajuste. Aquellos días calientes de marzo parecían llevarnos derechito a la derrota electoral de Cambiemos.

Sin embargo, apareció el 1A (1 de Abril) y cientos de miles de argentinos marcharon por las calles del país para decirle al presidente: “Macho no aflojes, te bancamos” (bancamos moralmente, porque guita acá no pone nadie).

Envalentonado por esa movilización popular, el gobierno encaró hacia las PASO y puso en marcha una estrategia tan original como riesgosa: dado que los candidatos que tenía eran medio flojitos, decidió contratar a D’Elía, Sabbatella, Esteche, Aníbal, Moreno, De Vido, Boudou y otros kirchneristas prestigiosos para que entre todos le hicieran la campaña a Cambiemos y le aseguraran el triunfo.

Sólo faltaba lo más importante: que la candidata fuera Cristina. De haber tenido dos dedos de frente, Ella no hubiera mordido el anzuelo. Pero es sabido que a la hora de tomar decisiones políticas Doña Cristina Fernández de Kirchner no te decepciona nunca. Siempre elige la opción equivocada.

Hace 45 años, en 1972 el General Lanusse le quiso tender la misma trampa al General Perón cuando lo desafió a volver al país antes de agosto de ese año para habilitar su candidatura presidencial. Pero Perón no era un arquitecto egipcio, era el General Perón. Se quedó piola en Madrid, en el 73 lo puso de candidato a Cámpora, el Tío ganó en marzo, después lo sacó en julio, se presentó tranquilo en septiembre y fue presidente por tercera vez hasta su muerte. Algo de política, sabía.

Volviendo a nuestros chapuceros actuales, bajo la sabia mirada del popular Parrilli, cerraron el bodegón del Frente para la Victoria, abrieron la pizzería Unidad Ciudadana y probaron con una estrategia ingeniosa.

Contrataron a una actriz para que hiciera de Cristina durante la campaña de las PASO y vendieron la imagen de una señora amable, sencilla, que hablaba con cierta humildad, le sacaron las joyas, le compraron ropa usada en una feria americana, le escondieron a los espantapájaros que la rodeaban, le contrataron extras para que hicieran de amigas con las que se juntaba a tomar el te con scons, y de tanto en tanto sorprendía diciendo “muchas gracias”. Cuentan que una mañana dijo “perdón”.

Este cambio generó mucha preocupación en el gobierno y un gran entusiasmo en el kirchnerismo donde algunos eruditos como Artemio López preanunciaban un triunfo en las PASO por más de 10 puntos. Lo mismo decía el tipo de barba candado que actuaba en el canal de los dos convictos.

Sin embargo algo falló y lo que iba a ser un triunfo arrasador terminó siendo un humillante empate de local contra la dupla Bullrich/González.

Al grito de “¡fraude, fraude!” tomó la batuta Leopoldo Moreau, un muchacho que en 2003 llegó a ser el candidato presidencial de la UCR obteniendo un resultado histórico: sacó el 2,3% de los votos. Agrandado por semejante performance, se pasó al kirchnerismo, tomó el micrófono y encabezó una nueva estrategia rumbo a las legislativas de octubre.

Echaron a la actriz que hacia de Cristina, pusieron a la verdadera con su tonito, el dedito en alto, le abrocharon el Rolex y la largaron al ruedo, pero con una novedad: esta vez la pasearon por todos los programas de televisión para defender lo indefendible, desde el Indec trucho y la inflación, hasta el 4% de pobreza pasando por el Memorándum, De Vido, López, etc. en un intento por conseguir nuevos votos.

Tarde. La suerte ya estaba echada. Las tropas ya habían desembarcado en Normandía. El Enola Gay ya sobrevolaba el Instituto Patria con la compuerta inferior abierta y el resultado electoral era tan inexorable como el destino de la bocha impulsada por la zurda del Chango Cárdenas en su viaje hacia el ángulo superior derecho del arquero John Fallon para consagrar a Racing como el primer equipo argentino campeón del mundo en 1967.

La temeraria premonición de Randazzo se haría realidad: “Te va a ganar Glady González”. Y así fue nomás. La bocha infló la red.

Para los que disfrutan de la grieta, no había una manera más morbosa de terminar el año que con el discurso de una Cristina derrotada, sentada en el Senado y transmitido por virtual Cadena Nacional.

A esta altura cabe decir que la Excelentísima Señora Vicepresidenta de la Nación y Presidenta del Senado, Doña Gabriela Michetti no entiende nada. Creer que Cristina iba a respetar el reglamento que limita a 10 minutos los discursos por cuestiones de privilegio, es de una ingenuidad que da ternura. Nunca respetó la Constitución, mirá si iba a respetar un simple reglamento legislativo.

A favor de la Compañera Gaby cabe decir que en su primer cruce con Cristina, metió una frase que ya entró en la historia grande del Congreso Nacional.

Su “redondee señora senadora” con cara de “dale nena que no tengo todo el día para estar escuchándote a vos” ya está en el top five de la historia parlamentaria argentina, cerquita de “mi voto es no positivo” de Julio Cobos, aunque todavía bastante lejos del inolvidable “este viejo adversario despide a un amigo”. Para los lectores millenials que tal vez no lo sepan, fue la frase de Balbín en el velorio de Perón, en julio de 1974.

Paralelamente, a lo largo del año, la economía comenzó a mejorar de a poquito y el gobierno mantuvo el discurso de que la inflación no superaría el 17%. Se ve que el jueves cambiaron de opinión.

La buena noticia es que arrancamos el año con 39.000 palos verdes de reservas en el Banco Central y hoy tenemos 56.000. La mala es que hoy debemos 30.000 palos más que hace un año.

Así es la vida, lo que Dios te da por un lado, te lo quita por el otro. Ahora que lo tenemos a Juan Domingo Bergoglio, sería un buen momento para que Dios empiece a darnos un poquito más de lo que nos quita y vayamos achicando el déficit. Veremos que nos depara el 2018.

Se viene la tercera temporada de Cambiemos. Será otro año difícil que va a rematar en noviembre con la reunión en Buenos Aires del G-20.

Es un evento complicado pero creo que venimos bien. Al menos, la organización de disturbios, destrozos e incendios está bastante encaminada.

De hecho, la semana pasada jugaron un primer partido amistoso en la Plaza del Congreso y el equipo dejó una buena impresión. Es un plantel joven con una mezcla de troskos, lúmpenes y kirchneristas trasnochados que da para ilusionarse. Todavía les falta toque, velocidad y volumen de juego, pero gustó mucho la coordinación entre las bestias que destrozan afuera y las bestias que legislan adentro.

Igual habrá que mejorar bastante para poder demostrarle a esos alemanes pechofríos que incendiaron Hamburgo en el G-20 de este año, que nosotros somos capaces de eso y mucho más.

En fin, fue un año un poco agotador pero si lo piensa bien, amigo lector, terminó saliendo mucho mejor de lo que pintaba al principio. Relea esta nota y se va a dar cuenta.

En realidad, mejor no relea nada. Descanse. Nos lo merecemos. Usted y todos los argentinos.

Brindemos por un país mejor. Feliz año nuevo.

Fin de temporada.

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