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miércoles, 25 de diciembre de 2013

El patrimonio de Cristina: El año termina como empezó y Darín tenía razón

EL PATRIMONIO K

El patrimonio de Cristina: El año termina como empezó y Darín tenía razón

En enero de este año, el actor Ricardo Darín se preguntó: “Quisiera que alguien me explicara el tema del crecimiento patrimonial de los Kirchner. ¿Cómo no se les cae la cara de vergüenza? ¿Cómo puede ser?". Cristina Fernández le respondió a través de una carta y todo quedó allí. Pero meses después salieron a la luz nuevas inconsistencias sobre el incremento patrimonial y el 2013 termina con la revelación de que Lázaro Báez garantizaba la compra del 90% de los lugares de alojamiento del hotel Alto Calafate lo que lleva a justificar el aumento del patrimonio K. Darín, al final, tenía razón y el ex Juez Galeano pagó con su desplazamiento en 2004 haberse negado a cerrar la investigación sobre Néstor Kirchner cuando existían irregularidades tan evidente que aún hoy, 9 años después, trascienden a la opinión pública.
 
Ricardo Darín y Cristina Fernández, en otros tiempos
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24).- El 2013 empezó con una polémica insólita entre el actor Ricardo Darín y la presidente Cristina Fernández, pero el correr de los meses terminaría dando la razón al artista. El 04/01 el multipremiado Darín se refirió al Gobierno de Cristina durante una entrevista a la revista Brando donde cuestionó, entre otros aspectos, la división de la sociedad pero hizo hincapié específicamente en el incremento patrimonial de los Kirchner: “Quisiera que alguien me explicara el tema del crecimiento patrimonial de los Kirchner. ¿Cómo no se les cae la cara de vergüenza? ¿Cómo puede ser?".
Los dichos de Darín motivaron la respuesta de Cristina a través de una carta dirigida al actor, este es un fragmento: “Nadie parece preocuparse por ninguna otra Declaración Jurada que no sea la de “Los Kirchner” (sic). Sólo se conocen fotos de las casas en que vivíamos nosotros, y ahora habito solamente con mi hija. ¿Se publican fotos de las casas de gobernadores, jueces, altos magistrados, intendentes, concejales, legisladores actuales o de mandato cumplido? Sin embargo todo el país conoce mi casa, la de Rio Gallegos, y a pesar de que a pocas cuadras y en el mismo barrio viven dos legisladores de la oposición en casas mucho más importantes que la mía, nunca se vió una foto. ¿No le parece raro, Ricardo? Ni hablar de mi casa de El Calafate. Vió que los medios nunca van al Delta, Punta del Este, Miami. ¿Es extraño verdad? (...)".
Meses después, en junio, el programa Periodismo Para Todos de Jorge Lanata volvió sobre el tema y reveló que el patrimonio de Néstor Kirchner creció 46 veces desde 1995 hasta 2010.
Además, el matrimonio adquirió 22 propiedades en tan sólo cinco años.
Se trata de datos del expediente de la primera causa de enriquecimiento ilícito que se abrió en la Justicia Federal en junio del 2004. Esa causa recayó en el ex juez Juan José Galeano, y luego de que éste fuera destituido, pasó a manos de Julián Ercolini, quien sobreseyó a Néstor en 2005 en un procedimiento tan apresurado como irregular.
Vale recordar lo ocurrido con el juez Juan José Galeano a la luz de los últimos hechos, porque el 2013 termina igual que comenzó: las irregularidades en el patrimonio presidencial, especialmente después de conocerse la información publicada por el diario La Nación según la cual la empresa Austral Construcciones, de Báez, garantizaría la compra del 90% de los lugares de alojamiento del hotel Alto Calafate. Una maniobra para justificar que cuando se presenta la declaración jurada de Cristina ésta creció en forma exponencialmente.
El caso AMIA fue la excusa para despedir a Galeano, a quien echaron porque se había negado a cerrar de inmediato la investigación judicial sobre el patrimonio de Néstor Kirchner, quien debía viajar al extranjero, unos meses antes, y ordenó tener cerrada la causa para cuando iniciara su viaje al exterior. Cuando Galeano no acató, con la excusa de la causa AMIA, fue desplazado. Pero las inocultables inconsistencia del incremento de los bienes de los Kirchner siguen saliendo a la luz.
 

domingo, 8 de septiembre de 2013

Darín habló de su polémica con Federico Luppi

NOCHE DE ZAPPING

Darín habló de su polémica con Federico Luppi


Por Adriana Schettini

 

Ricardo Darín en "Tiene la palabra".
Pasaron ocho meses desde que Federico Luppi opinó en duros términos acerca del pedido de explicaciones que hizo Ricardo Darín sobre el patrimonio de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner quien, como recordarán, le respondió a Darín a través de una carta en Facebook. Anoche, en “Tiene la palabra” (TN) le preguntaron a Darín por qué en aquel momento no le contestó a Luppi, “que te dijo pelotudo”. Lorena Maciel —co conductora del ciclo junto a Luis Otero— señaló que ella había considerado “sabia” la actitud de Darín de no subirse al ring de los insultos. “Alguno de los dos tenía que tratar de ser un poco sabio”, dijo el protagonista de “Séptimo”, el filme de Patxi Amezcua, estrenado anteayer.

 “Lo conozco desde hace muchos años —manifestó Darín en referencia a Luppi—. Y trato de no dejarme llevar demasiado por lo que la sensación térmica indica sobre una persona más allá de lo que yo conozco de él. A Federico, lo conozco, sé cómo es su manera de hablar y de expresarse. Y él se tomó un mínimo de atención antes de decir eso, que para mí es tan importante como lo que dijo. No soy yo quien va a juzgarlo ni a cortarle la cabeza por un exabrupto. Es un exabrupto, pero antes tomó la precaución de decir ‘con todo lo que lo quiero, con todo lo que lo respeto, para mí, es un pelotudo’. Ok, se lo perdono. Se lo entiendo”, declaró Darín. Y no descartó la posibilidad de que cuando la vida los cruce, puedan charlar tranquilamente.

Ante las preguntas de Silvia Fesquet y Fernando Cerolini (ayer estuvo ausente Cecilia Absatz), Darín se explayó sobre la necesidad de frenar las agresiones: “Si uno se preguntara ‘¿por qué?’ en el momento anterior a la reacción impulsiva frente a lo que considera un injusticia, la cadena de agresiones se cortaría. Si vos me insultás y yo te insulto y vos me pegás y yo te pego, esto no se termina nunca”.

“La violencia y los generadores de violencia me dan miedo”, indicó. Convencido de que “de todos lados se tira cada vez más carne sobre la parrilla”, aconsejó que “acariciar el freno no está mal”. “Ya no necesitamos más confrontaciones ni peleas innecesarias”, opinó. Luego, describió el círculo de las discrepancias que terminan en enfrentamientos. “La intolerancia que viene en el combo de la conformación humana debería estar primera en nuestra orden de lucha, junto con  el ego y la soberbia. Nuestra primera tendencia es pensar que uno tiene razón y que el que no está de acuerdo con uno está equivocado. Entonces, el que no está de acuerdo con uno, es el enemigo. Y si es el enemigo, hay que eliminarlo”.

Mientras lo escuchaba, pensé en la seguidilla de agresiones que se habría generado si Darín, en vez de pensar por un instante en el Federico Luppi que conoce desde hace años, se hubiera concentrado sólo en el exabrupto de su colega y hubiera redoblado la apuesta. ¿Qué habría pasado? Imagino que unos cuantos días de festival mediático, animado por la pirotecnia verbal entre dos excelentes actores argentinos. No más que eso. Nada que pudiera enriquecer a nadie. Las visiones encontradas sobre cualquier asunto favorecen el debate de ideas. Pero el cruce de insultos se agota en la catarsis. El debate abre nuevas perspectivas, acerca posiciones; si se sostiene con honestidad intelectual, al final del camino, todos salen ganando, porque siempre habrá algo en la visión ajena que a uno le permita reconsiderar la propia. La batalla de los insultos, en cambio, es estéril, incapaz de generar algo que no existiera antes de comenzarla, es decir, una serie de vocablos lanzados como municiones.

Tal vez con esa idea de pensar antes de hablar esté relacionado el proyecto que Ricardo Darín y su hijo Chino está planeando. Según contó Ricardo anoche, quieren “diseñar, armar y cranear desde cero una historia para llevar al cine”. ¿Cómo será esa historia?, le preguntaron. “Será una película callejera —respondió—. Una historia que habla de los prejuicios heredados, de cuánto nos cuesta comunicarnos con las personas a nivel emocional”. “El 85 por ciento de los prejuicios que nos integran —siguió diciendo— los hemos heredado de la familia, la escuela, el barrio. Somos parte de la gilada cuando respondemos con esos prejuicios y decimos una estupidez discriminatoria. Después, cuando te ponés a pensar y a buscar dentro tuyo, descubrís que vos no sos eso, que no hablaste desde lo que sos sino en función de los prejuicios que heredaste”.

Confieso mi fascinación por el género periodístico de la entrevista. Me gusta verlas por televisión, escucharlas en la radio, leerlas y hacerlas. Siento que al final de una entrevista, quedás  enriquecido. Sencillamente, porque la entrevista te lleva al mundo de Otro. Y el Otro siempre es distinto de uno. Siempre habrá algo en los dichos del  entrevistado que te muestre algún hecho que no habías advertido, una manera diferente de mirar al mundo, una experiencia de vida que es ajena a la tuya. Anoche, me quedé pensando en la certeza de Ricardo Darín acerca de que si uno reflexionara antes de contestar un exabrupto con otro, “se cortaría la cadena de agresiones”. Al fin y al cabo, él lo aplicó con Federico Luppi y el resultado está a la vista: nos ahorró a todos el triste show de dos actores insultándose como chicos. No es una mala idea para aplicar en nuestras vidas, ¿verdad?

 

domingo, 2 de junio de 2013

Ricardo Darín: "El entorno de Cristina nunca me conformó"

Ricardo Darín: "El entorno de Cristina nunca me conformó"

A días de estrenar Escenas de la vida conyugal, el actor habla de la controversia protagonizada junto a la Presidenta y opina sobre la actualidad del Gobierno

 
El actor Ricardo Darín volvió a hablar sobresu cruce con la presidenta Cristina Kirchner, calificando a la respuesta de la mandataria como "conmocionante", en una entrevista con el diario Perfil. Aclaró que su intención no es la de atacar personalmente a la Presidenta o al modelo, sino interrogarse sobre "el tratamiento de ciertas cuestiones" que no lo conforman, como "el surgimiento de algunos sujetos", en referencia al caso Lázaro Báez. Además, criticó a un sector del oficialismo que tiene "facilidad para ofenderse".
"Nunca me había pasado que un jefe de Estado me contestara", afirmó Darín, que se encuentra a días del estreno de Escenas de la vida conyugal , junto a Valeria Bertuccelli. "Es conmocionante, tenés unas horas o unos días en los que estás conmocionado y todo tu entorno se conmociona. Algunos dicen: Wow, que bárbaro que Cristina le conteste a un ciudadano. Otros piensan que es un desatino. cada uno tiene su versión", agregó.
Darín había declarado en una entrevista a Brando: "Quisiera que alguien me explicara el crecimiento patrimonial de los Kirchner", ante lo que la Presidenta indicó en su cuenta de Facebook que el actor "fue investigado por el delito de contrabando de una camioneta".
El protagonista de películas como El secreto de sus ojos explicó que su comentario no era un ataque personal, simplemente una reflexión "en voz alta". "Tristemente, a meses de distancia, veo que muchos se hacen las mismas preguntas, ante la aparición de ciertos sujetos", comentó en referencia implícita a las acusaciones por supuesto lavado de dinero contra Lázaro Báez.
"Yo valoro muchas cosas que tiene esta administración y me parecen muy buenas, y hay otras que quisiera discutir", indicó, y luego explicó: "El tratamiento de ciertas cuestiones nunca me terminó de conformar. Ni siquiera me refiero a la Presidenta, sino al tratamiento de un entorno que tiene mucha facilidad para ofenderse o que tiene la necesidad de exaltarse cuando en realidad lo que necesitan es que quienes gobiernan bajen la temperatura y digan: Ok, vos pensás distinto, opinás tal cosa, charlemos, abramos el debate. Mis reflexiones siempre giran en torno a eso".

domingo, 6 de enero de 2013

Darin,reportaje completo

 La entrevista completa de Darín con la revista Brando

Este es el reportaje, titulado "Somos un país niño", que el actor le concedió a la publicación perteneciente al diario La Nación.



Ricardo Darín: "Somos un país niño"
A los 55 años y alejado de cualquier bandera política, el gran actor argentino repasa este momento social convulsionado y lanza algunas pistas de las que para él son las falencias del Ser Nacional. Amor escepticismo y prudencia en la era del fanatismo ideológico.
Por Pablo Perantuono
Producción: Pía Rey
Eran agitados esos días de diciembre del encuentro con Ricardo Darín. El 7D, como una suerte de Y2K -¿se acuerdan del colapso del mundo por el cambio de milenio?-, estaba a la vuelta de la esquina. Nadie sabía demasiado qué consecuencias traería para el hombre común ese día, esa ley, ese cambio, pero la presencia omnímoda de esa fecha les daba a aquellas horas frenéticas un hálito de inminencia inquietante. En ese panorama, posterior al cacerolazo del 28N, Darín se paraba como quien quiere observar y opinar sobre dos ejércitos gritones que van a estrellarse de frente.
Y no era muy optimista.
Darín: Están pasando cosas rarísimas. No se nos permite pensar fuera de lo establecido. Te dicen lo que tenés que pensar y en qué dirección, y si no estás de acuerdo, sos un hijo de puta.
Brando: El que disiente es enemigo.
Darín: ¡Están todos locos! La locura y el enojo no dejan ver con claridad. El comienzo del camino al fanatismo es este. Creer que todo lo que no se alinea o no está en armonía con su pensamiento se construye casi como el enemigo. No para vencerlo, para eliminarlo. Y eso me asusta.
A mediados de 2012, Darín fue como invitado al programa televisivo TVR. El espacio, alineado con el Gobierno y cuya temática es la televisión misma, presentó un informe en el que el periodista Jorge Lanata era demonizado, caricaturizado y demás. Sereno y poco complaciente, cuando a Darín le tocó intervenir, dejó bien en claro que lo que había en el aire era una suerte de batalla entre dos grupos de poder (Gobierno y Clarín) y que parecía que todos querían empujarnos a que nos alineáramos con algún sector. "En cuanto a Lanata, bueno. Yo creo que él debe estar muy dolido, debe estar enojado".
Bastó esa frase, y esa equidistancia, para que Darín, el popular Darín, el gran actor, el presidente de jurados de festivales internacionales, el carismático, el benefactor, cayera en la consideración implacable y crítica de algunos comisarios de la verdad oficial.
"La historia de nuestro país está dividida entre Boca y River", dice Darín mientras hunde su cuchillo en una entraña a punto. En Buenos Aires se acaba de caer el cielo, y como suele ocurrir cuando las tormentas duran horas, Palermo se convierte por un rato en Venecia. "Eso está estrechamente en relación -sigue Darín, desatado- con el pensamiento de que siempre va a haber alguien que nos va a salvar. Somos un país niño: necesitamos un papá. Necesitamos a alguien que nos diga cómo se tienen que hacer las cosas. Cuando vino la democracia en el '83, después de toda esa serie de frustraciones, la esperanza siempre fue con cierta prudencia. Parece que no aprendimos un sorete, porque es tan loco plantear, como planteaban algunas minorías, ciertas actitudes intempestivas y anacrónicas como del otro lado creer que porque te votó el 54%, te la mandé a guardar, bancátela, y te la tenés que fumar".
Brando: El que no te vota es enemigo.
Darín: Eso termina en quilombo. En las culturas más civilizadas, cuando detectan a alguien que no te vota, lo primero que hacen es seducirlo. No eliminarlo ni desacreditarlo.
Brando: Y, en el mejor de los casos, escucharlo.
Darín: Nooo, para eso falta mucho. Nosotros no nos escuchamos entre nosotros. Yo no sé si van a escuchar lo que pasó el otro día (por el cacerolazo), pero fue una cosa muy grosa. Fue mucha gente, mucha.
Sentado en un bodegón de la calle Humboldt -de esos pocos que sobreviven con mozos de 75 años, flan casero recargado y mantel de hule-, a punto de ponerse en la piel de un abogado (otro más) para una película que se estrenará a fin de año - Séptimo, de Patxi Amezcua- y con otro film recién estrenado en cartel - Tesis sobre un homicidio, un thriller psicológico en el que también interpreta a un hombre de ley obsesionado con un alumno-, Darín pertenece a una generación de la que no se siente muy orgulloso. Nacido en 1957, el actor no está conforme con el mundo que les deja a sus hijos.
Darín: Los chicos se llevan la peor parte. Yo no les he dado un buen ejemplo a mis hijos. Mi generación no lo ha dado.
Brando: ¿La anterior a la tuya sí lo dio?
Darín: Nuestros padres fueron heroicos.
Hijo de un actor que además de bohemio y austero también era poeta, Darín está desencantado. Su padre, con una larga trayectoria en radio y teatro, lo trataba de usted y siempre le repetía una frase que para él era inaprensible, tal vez inexplicable, pero que cuando murió, el enorme significado que tenía cayó con todo su peso sobre él: "No tenga nada, porque todo esto es mentira". El día que falleció, Darín y sus hermanas fueron a retirar sus pertenencias de la pieza en la que vivía. Allí, atravesado por el dolor, en medio de un cuarto austero y con aroma a muerte, Darín se dio cuenta de que su padre había tenido para sí esa frase como máxima: "No tenía nada, pero no tenía nada en serio. Dos pares de zapatos, dos sacos, dos camisas. Había sido íntegro hasta las últimas consecuencias. Me quedé sentado en su cama mirando todo. Fue una lección tremenda".
¿Qué brecha es la que se abre, qué abismo aparece adelante cuando un padre da un ejemplo de vida -y de muerte- como ese y el mundo no solo no le va en saga, sino que viaja a toda velocidad hacia las antípodas de esa heroicidad moral? En algún lugar, Darín cree que hay un agotamiento y un declive inapelables, y que si dentro de un tiempo nadie hace nada, no nos van a reconocer ni por la dentadura. Como si habitáramos un país que nunca pierde la oportunidad de perder una oportunidad.
Darín: ¿Cómo puede ser que nosotros, que tenemos un país de la gran puta con gente fantástica, salvo algunos diseminados por ahí que son unos boludos o unos mierdas, cómo puede ser que estemos parados sobre este suelo cuando la gente que vino acá -los inmigrantes- pensó que estaba en el paraíso? ¿Cómo puede ser que nosotros no nos pongamos de acuerdo para administrar con corrección? ¿Qué es esto de que yo te gané y me agarro los huevos y me cuelgo del alambrado? Es ridículo. Eso es como desconocer que la bocha siempre está girando: va y viene.
Brando: Como si el clima de rivalidad no pudiera dejarse de lado nunca.
Darín: Claro, está planteado con un infantilismo terrorífico. Porque solo los niños pueden ser tan crueles. A mí me preocupa esto de que tenés que ser de uno o de otro. No tener derecho a tener una posición diferente. ¿Pero quién sos? ¿Qué te pasa?
Brando: En ambos lados son iluminados.
Darín: Hay que ser muy claros y muy lúcidos para no dejarse engañar. Estamos viviendo un momento bisagra. Creo que este gobierno tiene la oportunidad histórica de decir, porque creo que todavía la sigue teniendo: "Bueno, muchachos, tenemos este país, terminemos con los prejuicios heredados, saquémonos la careta y vamos para adelante". Un plan. Ideas. Tiene la oportunidad histórica de hacer un gobierno de convocatoria. De decir: "Vení".
Brando: El tema es tolerar lo distinto, ¿no?
Darín: Mirá, ¿sabés por qué hice doce años ART? Porque, contrariamente a lo que todo el mundo creía -que hablaba de la amistad-, yo siempre fui un convencido de que ART hablaba de algo que nunca va a desaparecer: la intolerancia. No admitir que el otro puede pensar distinto. Es una obra que tiene una vigencia que nunca va a perder.
Brando: Habla de la condición humana.
Darín: Como si hubiera gente que quiere una cosa distinta de la que quieren otros. Si todos queremos lo mismo: vivir en paz, trabajo, educación. Todos hablan de Cristina, pero yo no sé si el tema es Cristina. Yo creo que ella tiene un grupo de asesores que están todo el día laburando, o haciendo que, y son los que le llevan la comida predigerida; me parece que a esos hay que hablarles, pero no estoy seguro de que ellos quieran escuchar a nadie.
Brando: Hay mucho fanatismo ahí también.
Darín: Desde afuera se ve que estamos en el fondo del mar. Yo quiero que le vaya como los dioses. Yo quiero que timonee, que convoque, que baje la adrenalina, que llame a una reconciliación. ¿Cómo puede ser que entre la gente común haya amigos que no se dirigen la palabra? ¿Sabés hace cuánto que no pasaba eso?
Brando: Eso también está ocurriendo en las familias.
Darín: Claro, no se pueden juntar porque se agarran a trompadas.
Brando: La soberbia del hombre.
Darín: Diferencias siempre existen. Siempre. Pero lo que hay que preguntarse es cuáles son los otros objetivos. Hay que ponerse de acuerdo con eso, y ahí hay muchas divergencias, porque hay gente a la que le interesa todo un sorete y de verdad le chupa un huevo que haya pibes con los ojos hasta las rodillas a las cuatro de la mañana en las esquinas. Creen que desentendiéndose de eso y atendiendo su casa están protegiendo su quinta. No entendieron que el axioma funciona exactamente al revés. Pero hablás de eso, del amor, y te ponen unas caras. Como que dicen: "Bueno, lo perdimos".
Aun cuando no es muy afecto a promocionar esas iniciativas, Darín tiene una larga trayectoria de compromiso social y solidaridad. Desde hace ya varios años que estableció una amistad con Juan Carr, líder de Red Solidaria, con quien, al menos una vez al año, organiza festivales para recaudar fondos que sirvan para la ayuda humanitaria. Hilarantes pero no por eso menos efectivas, son ya históricas sus participaciones en el programa Tenis por la vida, en las que empuñaba una raqueta junto a Emilio Disi, José Luis Clerc o Martín Jaite. Hasta no hace mucho, enfrente de su casa, una pintada anunciaba: "Gracias, Ricardo Darín, por ayudar a los wichis". Esa hospitalidad silenciosa es parte indisoluble en la vida de Darín. Todo el tiempo, a toda hora. Enterados de esa sensibilidad, pero sobre todo considerando los altísimos niveles de aceptación y de buena imagen que tiene el actor, no fueron pocos los políticos que se le han querido acercar. Él se sentó con algunos de ellos, pero la mayoría de las veces se levantó espantado.
Brando: ¿Qué te dicen tus amigos o allegados cuando les hablás de recuperar el amor?
Darín: Se me cagan de risa en la cara. ¡Obvio! Pero ojo, yo hablo del amor en el sentido más primitivo del término. No quiero odiar al tipo que piensa diferente, que se viste diferente, que hace todo diferente a lo que hago yo. Tengo que intentar entenderlo, porque estoy seguro de que tenemos algo en común, pero no nos lo permiten.
Brando: Hay un desprecio que estuvo macerándose en la gente, pero también parece que hay algo perverso en la condición humana. El escritor español Juan José Millás dice algo interesante: "Al ser humano no le alcanza con ser feliz, para que su dicha sea completa tiene que ver la desgracia del otro".
Darín: Es lo mismo que el dicho ese: "Siéntate en la puerta de tu casa y verás pasar el cadáver de tu enemigo". A mí me llama mucho la atención ese fanatismo. ¿Qué pasó con las mentes abiertas?
Brando: En las redes sociales, eso se exacerba.
Darín: Hay una estigmatización, con un nivel de violencia increíble. Las redes tienen una condición de anonimato que protege. Una vez, Pedro Almodóvar dijo en una marcha contra la guerra en España: "Tenemos que tener mucho cuidado con el odio. Nosotros no podemos inspirar ni fomentar el odio, porque el odio es la única cosa que nunca se olvida. El amor pasa, todo pasa, pero lo único que no pasa es el odio. Y nosotros, al enviar soldados a una guerra que no es nuestra, estamos fomentando un odio a nuestro país que no nos pertenece". Esto es un poco lo mismo.
Brando: El dolor es un sentimiento más profundo que la dicha que genera la felicidad.
Darín: Yo soy esa clase de boludos que, por mi generación, me la pasé esperando que llegara el tan famoso año 2000, porque todos imaginábamos que ese año se iba a cumplir lo que decía Perón: "O unidos o dominados". Yo esperaba en términos de especie humana, dándonos cuenta de todos los errores, que nos iba a ayudar a mirar para adentro, a reflexionar. Yo, con mi espíritu un poco renacentista y un poco hippie, esperaba que nos miráramos y dijéramos basta. No solo no pasó, sino que al haberse desordenado el tablero con la caída del Muro, que en un punto aquel contrabalance era saludable, el 2000 nos agarra más en bolas: no hubo una puta sana idea globalizadora en ninguna dirección. Los países más industrializados, que son los que más aportan a la contaminación, son los que deciden no formar parte de la discusión. ¿Me estás jodiendo? Es ridículo. Ya no es Argentina. La bajada de línea es que la salvación es individual.
Brando: Sos un iluso.
Darín: Porque hablo del amor en términos institucionales. Yo, para querer a mi ciudad, tengo que sentir que la ciudad me quiere a mí. Para sentir que yo pertenezco a ella, tengo que estar en sintonía, y así con el país.
Brando: ¿Es como predicar sobre Jesús en un cabaret?
Darín: Y sí, pero aun a riesgo de ser considerado un pelotudo, creo en serio que si no bajamos la adrenalina con eso de que soy el más vivo, el que se las sabe todas, y no nos empezamos a escuchar, especialmente a los que piensan distinto, no funciona. Escuchar solo a los que piensan como nosotros es como hacerte la paja. Pero el ejemplo es siempre verticalista: vos tenés que tirar una onda desde arriba. No podés ofrecer confrontación. Un funcionario público que forma parte de un gobierno democrático no puede salir a cagarse en un ciudadano porque piensa distinto, tiene la obligación de coserse el culo con hilo de matambre, tratarlo como si fuera una señorita y dar un ejemplo de cómo se debe hablar en un medio de comunicación. Porque, entonces, para que yo aprenda, que soy una bestia, que a pesar de que existen tipos que opinan todo lo contrario, hay una manera de que la cosa funcione.
Brando: ¿Qué cosas te irritan?
Darín: Yo quisiera que alguien me explicara el tema del crecimiento patrimonial de los Kirchner. ¿Cómo no se les cae la cara de vergüenza? ¿Cómo puede ser?
Brando: Es violento.
Darín: Eso es violento. Y, además, les estamos pidiendo a los mismos de siempre, o sea, a los pobres, que sigan soportando.
Brando: Por un lado, un crecimiento patrimonial obsceno y, por otro, viajamos como sardinas en los trenes.
Darín: El otro día se dieron cuenta de que las llaves que había que cambiar en los rieles eran de 1931. Con cables que están enfundados en tela.
Brando: Lo curioso es que señalar esto no significa desaprobar otras cosas positivas, pero la reacción, a veces, es tan virulenta que termina desalentando cualquier crítica hecha con buena leche.
Darín: Claro, lo raro es que probados intelectuales, que en el pasado se dedicaron a investigar el crecimiento patrimonial de muchos funcionarios, hoy en día no estén para medir lo que pasa. Es sospechoso. Igual, me alejo del facilismo de que es por guita.
Brando: Vos decís que son solamente grupos de poder los que se pelean.
Darín: Esta es una guerra entre poderes. Yo creo que está bien que haya una ley de medios, yo creo que está bien que no haya un pulpo que se quede con todo. Lo que no comparto tanto es que esté todo direccionado a combatir un aspecto nada más y no se considere el resto del panorama. O que se esté beneficiando a otro sector para convertirlo en el sustituto del monopolio que vos querés combatir. Lo que no me gusta es la demonización, la caza de brujas.
Brando: Pareciera que el microclima no permite mirar en perspectiva, sino todo lo contrario.
Darín: ¿Sabés qué pasa? Vos te podés mandar una cagada, se aprende mucho de eso. Pero no te creas nunca el más vivo. Yo me pregunto si no hay nadie que vaya y le diga: "Oiga, no diga esto. Va a herir susceptibilidades, va a dañar a mucha gente. Es mejor decirlo de otra forma". Cobran sueldos monumentales. Tienen secretarios. Son gente que se dedica a asesorar.
Brando: Bueno, vos pedís amor, pero eso es precisamente lo que son incapaces de dar. El amor solo aparece esporádicamente en situaciones de solidaridad.
Darín: Sí, y los primeros que salen a ayudar son los tipos que menos tienen. De ellos hay que aprender.

 

Entrevista a Ricardo Darín

El director, el callejero, el seductor, el hombre sensible, el que llegó a Cannes: una vuelta completa por la vida del gran actor argentino. 

Todos absolutamente narcotizados mirando a través del ojo de la cerradura la vida de otros, y le hemos restado una inmensa cantidad de horas a mirarnos a nosotros mismos. Vivimos una suerte de hipnosis colectiva".  
Escena cuatro. Ricardo hace chistes entre foto y foto. Toma el megáfono y hace el gesto de orinarlo dentro. Se lo lleva a la boca y anuncia: "El señor Iván de Pineda es un flor de guanacooo". Todos reímos. Luego remata el pequeño número con un chiste desbordante de porteñidad: "¿Sabés la diferencia entre un vampiro y un abogado? Que cuando se acaba la sangre el vampiro deja de chupar".  
Bienvenidos a tres horas –o 20 mil caracteres– de la vida y la palabra de Ricardo Darín (50), el mejor actor de su generación, el hombre que caminó por la alfombra roja del Oscar y por las veredas de Cannes y que dice, asegura, te convence, que por poco le dio asco. El tipo que no estudió actuación, pero que llegó más lejos que nadie. El hombre sensible que se alarma por el deterioro casi irreversible del tejido social del país. El hombre al que, por más que parezca una frase que se le escapó a una tía gorda en un té canasta, quiere todo el mundo.  
Darín acaba de terminar de filmar La señal, un proyecto que heredó del fallecido Eduardo Mignogna. Empezamos hablando de sus sueños, entonces, ahora que un film lleva su rúbrica. 
Brando ¿Nos vamos al Oscar con esta película? 
Darín No, ni a palos. 
Brando ¿Por qué? ¿No te imaginás yendo ahí? 
Darín No, ya pasé por eso. 
Brando ¿Pero no fantaseás nada? 
Darín No, no me mueve un pelo. No me divierte en lo más mínimo. Es lo menos. Lo que pasa es que yo tuve una experiencia de mierda. Nosotros fuimos al toque del 11 de septiembre. Fuimos con El hijo de la novia en marzo y todos tenían un tremendo nivel de paranoia encima. No sabés lo que era: no había quién te mirara a los ojos. Nadie de la organización te miraba. Eran todos gurkas esperando a ver en qué momento explotaba la bomba, y nosotros pisando la alfombra roja… Lo del Oscar está muy claro: es un mercado. No estoy negando su importancia, pero últimamente para mí no es una señal de calidad. 
Brando ¿Cuáles son tus estándares de calidad? 
Darín Los Festivales de Berlín y Venecia, donde me parece que están mirando otra cosa, una mirada que puede estar más enfocada a lo artístico. Salvo contadas excepciones, me parece que ahí se cocina otra cosa. En Cannes te caés de culo y te quedás shockeado porque el auto más berreta que se ve en la calle es un BMW. Y vos te preguntás: "¿Desde qué parámetro esta gente analiza las cosas para dar un premio?". De lo que te das cuenta es que todo se cocina en los cafés, que están todos de acá [Darín hace el típico gesto de un "saque" de cocaína], que están en otra. Yo veía a la gente pasar en Ferrari, en Rolls, y después iban y premiaban a Las tortugas también vuelan. ¿Y entonces? ¿Estos qué saben? ¿Habrán pasado hambre alguna vez? ¿Habrán pasado frío? Es un contraste tan guaso que te desconcierta. 
Brando Sin embargo premian películas de temática social y sensible. 
Darín Es que la temática los mata. Y es algo de lo que adolece el cine mundial. Entonces aparece una película como la de Lucía Puenzo (XXY) y los tipos se caen de culo. Después deben pensar: "¿Cómo no se me ocurrió a mí?". Hoy todo es un reciclaje, remakes, etcétera. Cuando aparece alguien original, con un tema potente tratado con delicadeza, los mata, que es lo que pasó. 
Brando ¿Y qué lugar o festival te gusta a vos? 
Darín El festival que más me gusta de todos es el de La Habana, porque lo que pasa ahí es todo lo contrario a lo que pasa en Cannes o en los Oscar, pero no lo digo por una cuestión política o ideológica, sino por una cuestión de sensibilidad humana. Es tal el ataque de locura de cine que le agarra a la gente que te volvés loco. Es el festival más grande del mundo: van 700 mil personas a ver cine. No podés no contagiarte. 
Brando Pura efervescencia cinéfila. 
Darín Claro, vas de una sala a otra, y la gente habla, comenta, corre de un lado a otro. Me tocó ver el estreno de El hijo de la novia en La Habana. En una escena de la película, mi personaje está con su hija en un McDonald’s a punto de comer una hamburguesa doble. En el momento en que mi personaje se lleva la comida a la boca, el plano de la película muestra entera la hamburguesa doble. En ese instante las 2.500 personas que estaban en el cine hicieron: "Guauuuuuu". 
Brando Por la hamburguesa… 
Darín Sí, claro. Esos son los cachetazos que te pegás en lugares así. Para nosotros había pasado desapercibido, y había 2.500 personas diciendo "qué pedazo de hamburguesa". 
Brando Un choque cultural. Darín Claro, por eso digo que todo depende del lugar desde dónde mirás las cosas. 
Brando Ahora que dirigiste, ¿descubriste cosas nuevas del cine? 
Darín Y, por lo pronto, estoy en un lugar que nunca pisé: el de la edición y la posproducción. En cuanto a si me di cuenta de cosas nuevas, me pasó de reafirmar cosas que ya creía, como la interdependencia que hay dentro de un equipo en el cine. El cine tiene una metodología de laburo muy complicada, muy parcializada, muy episódica, donde necesitás que la gente esté atenta. No hay posibilidades de desconcentración. El sistema de trabajo es muy perverso; de golpe estás en el medio del campo a las 5 de la mañana y tenés setenta personas a cargo que están cagadas de frío, y si no están subidos a la misma balsa que vos es muy difícil que salgan bien las cosas. 
Brando Sos el capitán de un barco que navega acompañado por setenta locos que tienen que creer en vos y seguirte. 
Darín Exactamente. Además, yo no tenía un background que me respaldase, ya que nunca había filmado. Tenés que aprender a pedir las cosas. 
Brando ¿Te sentiste presionado por tu trayectoria como actor? 
Darín No, por distintos motivos. Yo había hablado mucho con Mignogna sobre esta historia. El tuvo la amabilidad de invitarme a formar parte del proyecto. O sea: me dio a leer su novela y a partir de ahí empezamos a hablar sobre una posible película. En realidad eso fue lo que me llevó a aceptar, porque si no, nunca me hubiera atrevido a meterme en un cuento de otro. Como empecé tan temprano, eso me abrió el camino y fue lo que me empujó a que, a pesar de todo, aceptase seguirlo. Además, no siento que esto sea mi ópera prima, porque ópera prima es cuando vos te mandás solo con algo que escribiste vos. 
Brando ¿Qué directores con los que trabajaste te influenciaron? 
Darín (Juan José) Campanella y (Fabián) Bielinsky. Por otro lado son con quienes establecí casi una relación de amistad, y ambos me invitaron a participar de la cocina del asunto. 
Brando E hicieron papeles pensados para vos. 
Darín Campanella sí: los tres papeles que hice para él fueron pensados especialmente para mí. Con Bielinsky, El aura fue pensado para mí. Nueve reinas, no. Iba a ser hecha por otros dos actores, que no aceptaron el papel. 
Brando No fueron muy perspicaces. 
Darín Bueno, te puede pasar. 
Brando Nueve reinas fue un fenómeno único en España, ¿no? 
Darín La tienen como película de culto. Un día estando allá me encontré con un pibe en la calle que venía de comprar seis. 
Brando ¿Seis? 
Darín Sí, cuando se encontró conmigo se quedó duro, porque las tenía en una bolsa. Me contó que tenía una cena con amigos y que les iba a regalar a cada uno de ellos una. Me dijo [Darín imposta el acento español]: "Me parece un regalo de puta madre". 
Brando Es increíble que la gente se haya identificado con ese personaje tan nefasto, ¿no? 
Darín Es una cosa muy curiosa, porque lo esperable es que todos queramos que a los cagadores les vaya mal. Sin embargo, la gente se lamentó cuando al final lo cagan. En realidad yo no tengo nada que ver con ese personaje, salvo lo que puse de mi costado callejero. 
Brando Eso de algún modo es lo que te acerca a la gente. 
Darín Sí, bueno, yo con la gente siento identificación. Incluso con tipos con los que yo no me identifico, con quienes, si los escarbo, me doy cuenta de que no me llevaría nada bien. Una cosa que me pasa es que a mí la gente nunca me molestó. Nunca. Aun cuando estoy apurado y voy caminando y alguien me detiene, paro. Son 25 segundos, que seguro que los tengo. Me hago cargo de lo que se genera, porque si después lo que vuelve te molesta y sos una diva que decís "ay, no", bueno, jodete. 
Brando ¿A qué te referís concretamente cuando decís "callejeando"? 
Darín Desde pendejo fui muy callejero. Muy callejero. Lo disfruto. Ahora lamento que la calle esté tan densa. Los chicos están encapsulados. Yo recuerdo que antes la calle era una gloria. A las 5 de la mañana era un gloria, porque hablabas con todo el mundo. Hoy los chicos y los ancianos corren peligro. 
Brando ¿En esa época eras ganador? 
Darín No, nunca fui galán. Galán se nace, no se hace [risas]. Me tocó mucho hacer de canchero, me tocaba el rol de galancito. 
Brando ¿Y a dónde ibas a bailar? 
Darín No puedo declarar. Si no tengo un abogado acá no puedo declarar [más risas]. Tampoco me gustan esos giles que dicen: "No sabés lo que levantaba". Además, siempre depende de con quién se hacen las comparaciones. 

Primer alto de la charla. Darín no se siente cómodo cuando es interpelado por su pasado donjuanesco. Sabemos que lo fue, claro. Y sabemos que papeles como el que interpretaba en Mi chanta favorito (y otros de ese estilo en los años 80) conformaron la mitología del tipo advenedizo y canchero que con un guiño consigue un cheque volador, maneja un descapotable y se va acompañado por una rubia venenosa y vanidosa, sea Susana u otra. Ese Darín, que por poco cae en la caricatura, era un Darín estereotipado que, de persistir en la comodidad de ese rol, luego de ser exprimido hasta el tuétano, hubiera sido deglutido y arrojado al costado del camino por la máquina procesadora del entretenimiento. Hay ejemplos de actores de su generación que han quedado sepultados bajo el asfalto de ese camino o que han sufrido más de un tropiezo importante tras quedarse sin frenos. Darín, en algún momento, pegó un volantazo, bajó un cambio y apuntó su norte hacia otro lado. Nació el Darín actor, el que, con el paso del tiempo, se convirtió en el mejor de la escena local, ese que, aseguran, hasta despertó la admiración de Robert De Niro.  
Brando ¿Qué papel creés que funcionó como un quiebre en tu carrera? 
Darín Más que un papel en el cine fue un ciclo de televisión: Nosotros y los miedos, con protagónicos rotativos. Ese fue el primer papel con el que yo sentí que empezaban a tratarme de otro modo. Eran programas muy vistos, que generaban polémica. Me empecé a sentir reconocido.
Brando ¿Sos un obsesivo con la actuación? 
Darín No estoy todo el día pensando en la actuación. En una época, por los 20, sí, porque como yo no tengo formación académica, no me quedaba otra que mirar y tratar de anotar; entonces estaba todo el tiempo viendo de dónde sacaba información. 
Brando ¿Te condicionó eso de no tener formación académica? 
Darín Es más difícil hacerte respetar, por eso creo que la educación, en el amplio sentido del término, es lo único que puede ser realmente tuyo. El resto es efímero. La educación no: es lo que te forma, es lo que no te puede robar nadie. La casa, el auto, la guita pueden desaparecer, pero la formación no. Por eso creo que el caldo de cultivo de todo lo malo que nos pasa tiene que ver con la involución de la educación. Que un pibe no respete la vida de otro pibe de su edad tiene que ver con eso, y que por un par de zapatillas le pegue dos cohetazos por la espalda no es un problema económico, es problema de la degradación que se produce a través de la falta de educación y de perspectiva, de alguien que no puede mirar para adelante. Nadie respeta la vida, no tiene valor. 
Brando La educación como valor universal. 
Darín En todo el sentido de la palabra, porque la degradación tiene que ver con todo. Un pibe que no ve trabajar ni a su padre, ni a su madre no mama la cultura del esfuerzo, sino que mama otra cosa, mama resentimiento. Y si encima no va al colegio, no tiene un contrapeso. Entonces tiene un horizonte negro. 
Brando En ese cuadro social, qué responsabilidad tiene la televisión hoy. 
Darín Muchísima, si todo es una competencia para ganarte una luca. Es la cultura de "vení y ganate una luca en quince minutos". No hay un elemento más masivo de penetración que la televisión. Es una bajada de línea permanente, que dice que lo importa es cuánto podés acortar el camino para llegar al éxito, porque de acuerdo a eso sos más vivo. 
Brando Es como una cultura de competencia deportiva, donde sólo importa el ranking. 
Darín Claro. No importa si ganás con un gol con la mano, importa si ganás. A lo mejor alimentado por mi falta de fanatismo, disfruto de lo bello, no del éxito. Prefiero perder jugando bien que ganar jugando mal. 
Brando Estás para hacerte amigo de Bilardo… 
Darín Sí, justo. 
Brando Encima esos tipos se convirtieron en gurúes de la vida. Ellos y los economistas. 
Darín Son gurúes. [Darín imita la voz de Bilardo.] "Esto es muy fácil, se hace así y listo." No, así estamos en el horno, porque los modelos de opinión son los equivocados. Encima ahora estamos todos absolutamente narcotizados mirando a través del ojo de la cerradura la vida de otros, con lo cual le hemos restado una inmensa cantidad de horas por semana a mirarnos a nosotros mismos.
Brando Incluso el último Gran Hermano tuvo más adherentes que los anteriores. 
Darín Yo creía que se iba a reabsorber como un grano, pero cuando volvió lo hizo con más fuerza. Porque perfeccionaron el sistema. 
Brando Lo hicieron más perverso. 
Darín Claro, mucho más perverso. Ahora está focalizado. Ellos dicen: "Hay gente a la que no le interesa, ¿qué hacemos? Y, hagamos la de los gordos". Y van y lo hacen. Esto se parece mucho a la Alemania nazi: son procesos de experimentación con seres humanos. 
Brando Igual, es un fenómeno universal. 
Darín Sí, pero lo que pasa es que los socios locales conocen mejor los resortes de la sociedad en la que viven, entonces dicen: "¿A ver qué podemos poner? Y... pongamos a alguien violento, cosa de que en cualquier momento haya un quilombo y no quede nadie". Se va perfeccionando la maquinaria. Son tipos que, como no tienen un carajo que hacer en todo el día más que contar billetes, la perfeccionan. 
Brando Es la industria del entretenimiento animalizando gente. 
Darín El tema es: ¿qué es lo que te entretiene? Porque si vos estás haciendo zapping y te detenés un segundo en un canal donde la cámara fija enfoca a cuatro tipos que están durmiendo, bueno, si te detenés ahí, necesitás ayuda. Ojo, yo me he detenido, eh. 
Brando ¿Estás yendo al psiquiatra? 
Darín No, bueno, yo me habilito para hablar de esto porque no es algo que le pasa a otros. Me he descubierto preguntando: "¿Che, salió Diego de la casa?". O sea, te descubrís adentro de la telaraña, porque es tan perfecta que en algún momento te atrapa. Para donde vayas hay alguien hablando de eso, porque encima todos los programas hablan de eso. 
Brando El problema no es quedarte diez segundos o diez minutos, el problema es cuando eso es lo único que llena tu día, ¿no? 
Darín Y, sí... Estamos viviendo una suerte de hipnosis colectiva. 
Brando ¿Hoy no volverías a la televisión, no? 
Darín No, hasta que se haga una casa de Gran Hermano de famosos de verdad, no vuelvo [risas]. No... bueno, no veo el panorama. 
Brando Sin embargo hubo buena ficción… 
Darín No, sí, hay gente que está preocupada por hacer bien las cosas, por sentirse orgullosa de hacer algo bueno. 

Personajes como los que interpreto Darín en El hijo de la novia o en Luna de Avellaneda llamaron la atención de la crítica internacional, que comenzó a ubicarlo en el olimpo de la actuación hispanoparlante. Esos personajes provocaron, además, la inmediata identificación con una parte del público, que estableció con esos sujetos de clase media –fatigados y a punto de claudicar– una corriente de identificación de índole afectiva. Los personajes de Darín eran tipos vulnerables y urgidos, a quienes la década del 90 no había tratado demasiado bien. "Nuevo costumbrismo" llamaron a ese cine. Una gran parte del ambiente lo aplaudió de pie.  
Brando ¿Cuál de todos esos papeles los terminaste y dijiste: "Me salió bárbaro"? 
Darín Es raro, porque me ha pasado de no sentirme del todo conforme con algún papel, pero la opinión de la gente me fue conformando una impresión más acabada. Me sentí muy bien con el personaje que hice en El hijo de la novia, me parece que me metí a hacerlo. Nueve reinastambién. El aura, a full, estaba hasta el cuello. 
Brando ¿La construcción de esos personajes fue placentera o traumática? 
Darín Siempre es un poco traumática. Yo debo tener un método, pero no lo puedo definir. EnNueve reinas no hice ningún esfuerzo, al contrario, lo que hice ahí fue tener la rienda corta, muy corta. Lo que no quería Bielinsky era causar gracia. De hecho, a nosotros nos sorprendió mucho que la gente se riera en algunos momentos. No lo esperábamos. No queríamos que el personaje fuera querible. Fue muy curioso observar cómo construimos un personaje que era definitivamente una lacra humana –porque un tipo que entrega a su hermana es una lacra humana– y sin embargo, precisamente por mostrar sus vísceras a cara descubierta, logró, sólo por eso, una corriente de identificación con la audiencia. Es raro, es algo para que lo analice un sociólogo. 
Brando A pesar de todo fue querible. 
Darín Bielinsky me había dicho que no quería que el personaje tuviera una sola sonrisa en toda la película. No hice ninguna fuerza, me salió muy fácil, porque a ese personaje lo había visto un montón de veces en la calle. No subrayan nada, son como linces que están en la calle y que no te muestran nada. Me sentí cómodo. 
Brando ¿El de El aura fue difícil, no? 
Darín Sí, ni hablar. Imagínense que hacer un personaje que tiene un corte eléctrico cerebral sin preanuncios –de hecho el preanuncio es el aura–, o sea que cuando viene lo único que puede hacer es dejarse ir y dejarse ir, y no sabe dónde va a despertar... Fue muy complicado. Hay que convivir con eso, eh. La gran pregunta que nos hacíamos fue: este tipo, ¿qué hace cuándo le viene esto? ¿Se sienta? ¿se queda parado? Si se queda parado, se rompe el mate. Ahí empezamos la investigación. A mí lo que me ayudó un poco es que soy de presión muy baja y soy bradicárdico, o sea, tengo pocas pulsaciones, entonces cuando me bajan las pulsaciones, me baja la presión en forma abrupta, y generalmente me voltea. De hecho me desmayé muchas veces. Entonces yo trasladé eso a este personaje (me ha pasado de caerme y romperme la cabeza). Entonces ahora, cuando sé que me va a pasar, me acomodo y me dejo ir sin ponerle resistencia. A veces estoy charlando y te digo: "Me voy, eh, me voy". Y me fui nomás.  
Y se va Ricardo. Tres horas después y muchos chascarrillos más tarde, el tipo se sube a su Audi, ofrece el último guiño y se hunde en el fondo de la jungla. En el aire queda flotando una imprecisa sensación de vacío, ese duelo que se produce cuando todos terminamos una pequeña aventura.  

Por Pablo Perantuono e Iván De Pineda / Fotos de Fernando Gutiérrez / Produccion de Laura Saint Agne

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