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miércoles, 9 de octubre de 2013

Jorge Lanata fue traslado al hospital Británico para someterse a una intervención menor

Jorge Lanata fue traslado al hospital Británico para someterse a una intervención menor

El periodista permanecería internado hasta mañana y se espera que el jueves retome sus actividades; abandonó la Fundación Favoloro porque no había camas disponibles
El periodista Jorge Lanata. Foto: LA NACION / Santiago Filipuzzi
El periodista y conductor de Periodismo Para Todos (PPT) Jorge Lanata fue trasladado en la noche de hoy de la Fundación Favoloro al Hospital Británico, donde se le realizará una intervención menor debido a una insuficiencia renal.
Desde el entorno del periodista confirmaron a LA NACION que mañana el periodista permanecerá internado y que se prevé que el jueves retome a sus actividades normales.
Este mediodía, el conductor del programa de El Trece ingresó por una descompensación a la Fundación Favaloro, pero como no había camas disponibles fue traslado al Hospital Británico donde esta misma noche será intervenido, aunque las fuentes consultas aseguraron que es una "operación sencilla"
Los médicos le colocarán un catéter, para luego realizarle algunas sesiones de diálisis.
Fuentes allegadas al periodista informaron que el malestar está relacionado "a la ingesta de una gran cantidad de medicamentos, luego de la cirugía a la que fue sometido por una hernia inguinal".
Lanata fue sometido a intervención quirúrgica por una hernia a fines del mes pasado. El 25 de septiembre había manifestado: "Para desilusión del kirchnerismo estoy bien. Esta semana estoy acá y vuelvo el lunes a la radio".
Anoche, no obstante, el periodista comenzó a sentirse mal y hoy no hizo su programa radial en Mitre.
Lanata ya atravesó varias internaciones por diabetes, tratamientos de diálisis y también otras operaciones por otras complicaciones de salud.

martes, 8 de octubre de 2013

La salud de los presidentes, un asunto de Estado

La salud de los presidentes, un asunto de Estado

Desde Manuel Quintana a Cristina, pasando por Irigoyen, Perón, Menem y Kirchner, la historia de la salud en el sillón de Rivadavia.

Perón asumió su tercera presidencia con graves problemas de salud. Murió pocos meses después, el 1 de julio de 1974.
Perón asumió su tercera presidencia con graves problemas de salud. Murió pocos meses después, el 1 de julio de 1974. | Foto: Cedoc

 

Por primera vez desde la vuelta de la Democracia, un jefe de Estado argentino, Cristina Fernández de Kirchner, se toma licencia por problemas de salud. Sin embargo, no es la única mandataria de nuestro país a quien la salud le jugó una mala pasada en el ejercicio del poder: varios de sus antecesores tuvieron alguna internación o licencia por enfermedad que generó distintos grados de alarma. En varios casos, la enfermedad generó serios problemas institucionales.
Manuel Quintana (1835-1906) era un hombre enfermizo que llegó a ser el primer presidente argentino fallecido en el ejercicio de su cargo. Llegó a la presidencia a los 70 años, pero se sentía fuerte y saludable pese a muchos de sus allegados anunciaban la pronta llegada de “la parca” a la Rosada: “¡Ojo, que Quintana está viejo y enfermo!”, dijo un funcionario.
En diciembre de 1905, ya muy enfermo, Quintana siguió concurriendo a su despacho y atendiendo las tareas del Gobierno, llegando a gobernar durante 17 meses, en momentos dramáticos y de agitación social, y pese a que sus médicos le habían ordenado reposo absoluto. Murió en la madrugada del 12 de marzo de 1906, siete meses después de haberse salvado de milagro ante el atentado cometido por un anarquista catalán. Su vicepresidente, José Figueroa Alcorta, ocupó el “sillón de Rivadavia” hasta completar el período.
Su sucesor, Roque Sáenz Peña (1851-1914) tampoco gozaba de una buena salud cuando asumió la presidencia, el 12 de octubre de 1910, para un mandato de seis años. Su estado empeoró en 1913, año en que se vio obligado a solicitar varias licencias al congreso. En julio de 1914, una mejoría había esperanzado a la población y hasta se hicieron los preparativos para que reasumiera el cargo, pero lo venció la enfermedad, que lo postró hasta la muerte, el 9 de agosto de 1914, dos años antes de terminar su mandato. Su vicepresidente, Victorino de la Plaza, lo remplazó.
El 12 de octubre de 1928, Hipólito Yrigoyen (1852-1933) asumió el gobierno por segunda con 76 años de edad, y el peso de los años se notaba. Perdía la memoria fácilmente y su capacidad de concentración era pésima, por lo que sus funcionarios le ocultaban las malas noticias. El 5 de septiembre de 1930, a los 80 años, pidió licencia y cedió el poder al vicepresidente, Enrique Martínez, pero la situación política ya era indomable: un día más tarde se produjo el golpe de Estado que puso fin a su segunda presidencia.
Roberto Marcelino Ortíz (1886-1942) pagó muy caro sus excesos gastronómicos. Era diabético y su estado de salud, que no era bueno al llegar a la presidencia (el 20 de febrero de 1938) y su afección renal se agravó aún más, lo que finalmente lo obligó a renunciar a su cargo, el 24 de agosto de 1940. Para entonces, ya había quedado ciego.
“Ortíz intentó luchar contra la adversidad, aún cuando la ceguera avanzaba ya sobre un ojo”, escribe Cristina Galasso. “(...) Atendía las audiencias en la residencia, demostrando que podía ejercer las funciones de la presidencia. Sin embargo, cuando se esfumó la esperanza de una operación a cargo de un especialista internacional, Ortíz cayó en una profunda melancolía y dejó de pelear por su vida”. Murió el 15 de julio de 1942.
Perón, agonía y silencio. El 21 de noviembre de 1973, cuarenta días después de asumir su tercera presidencia, Juan Domingo Perón (1895-1974) tuvo una recaída de su enfermedad. Pronto el presidente sufrió un segundo ataque cardíaco pero respondió rápidamente al tratamiento para cortarle el edema de pulmón que lo asfixiaba.
Cuatro días más tarde, la Secretaría de Prensa distribuía fotos del General en bata, besando a su esposa, que el 12 de octubre había jurado como Vicepresidenta. “El general persiste en vivir y seguramente lo seguirá haciendo por décadas”, afirmaba la militancia peronista.
A principios de 1974, Perón continuaba ostentando la jefatura del Estado, habiendo cedido a Isabel la representación en asuntos protocolares y viajes. El círculo más íntimo del General -en el que estaba incluido “el Brujo” López Rega- y funcionarios del gobierno pensaban que no era necesario que cediera sus funciones por enfermedad. En junio, el presidente realizó un viaje a Paraguay, a pesar de las recomendaciones de sus médicos. “Cuando volvió, se descompensó, una afección respiratoria grave que se empezó a complicar con una insuficiencia renal y fiebre. Entonces ya no hubo forma de manejarlo. Estuvo enfermo como diez o doce días, realmente mal”, recordó el doctor Domingo Liotta, su médico personal.
El 28 de junio, al aterrizar en Ezeiza luego de una gira europea, Isabel de Perón se enteró de la gravedad del estado de su esposo. Desde hacía diez días que el presidente no podía ejercer sus funciones, se preparó el acto de transmisión de mando y la vicepresidentaordenó confeccionarse un vestido negro para las inminentes exequias.
El 13 de septiembre de 1975 la viuda y sucesora de Perón, Estela Martínez de Perón, pidió una licencia de poco más de un mes por problemas de salud, y, acompañada por las esposas de los comandantes de las tres armas -Videla, Massera y Fautario- viajó a descansar a la localidad cordobesa de Ascochinga. El Poder Ejecutivo quedó en manos del titular del Senado, Italo Lúder.
La licencia de "hasta 45 días" dio lugar a especulaciones acerca de la posibilidad de su renuncia definitiva y un adelanto de elecciones que nunca llegó. El 16 de octubre regresó a Buenos Aires para retomar sus funciones y, aunque se la vio físicamente desmejorada, y debió someterse a distintos estudios clínicos, no volvió a pedir licencia.
Los últimos presidentes. Los problemas cardíacos fueron casi una constante en los presidentes Ménem, De la Rúa y Kirchner. Mientras jugaba al golf en la Quinta de Olivos, el 14 de octubre de 1993, Ménem sintió un dolor, un cosquilleo incómodo que le impidió terminar el partido, siendo operado de urgencia, esa misma noche, en el Instituto Cardiológico de Buenos Aires.
Su sucesor, Fernando De la Rúa, fue internado en el Instituto del Diagnóstico un mes antes de asumir la presidencia, el 12 de noviembre de 1999, para someterse a una intervención pulmonar conocida como “neumotórax". El viernes 8 de junio de 2001, ingresó al Instituto Cardiológico de Buenos Aires donde se le realizó una angioplastía para liberarle una arteria.
“Me quieren matar, me quieren enfermar, pero gracias a Dios gozo de muy buena salud”, dijo Néstor Kirchner (1950-2010) cuando apareció públicamente luego de una descompensación gástrica, en enero de 2006. En abril de 2004, se descompuso en El Calafate y tuvo que permanecer internado durante una semana en Río Gallegos. Sus problemas cardíacos se hicieron evidentes tras dejar la presidencia, en diciembre de 2007.
El 7 de febrero de 2010, tras sentir falta de sensibilidad en su brazo y pierna izquierdos, Kirchner fue operado de urgencia en la carótida y le removieron una placa ulcerada de la arteria. El ex mandatario continuó con un ritmo frenético su vida política, y el 11 de septiembre del mismo año sintió un fuerte dolor en el pecho, tras lo cual le realizaron una angioplastia con la colocación de un “stent” en una arteria coronaria que se encontraba obstruida.
En enero de 2009, una lipotimia la obligó a permanecer una semana en reposo absoluto aCristina Fernández de Kirchner. A mediados de abril de 2011, un cuadro de hipotensión arterial la obligó a suspender un viaje oficial a México. Poco antes debió retirarse de la Casa Rosada por indicación médica tras sufrir una baja de presión, producto del calor que azotaba a Buenos Aires. Semanas después de iniciar su segunda presidencia, Cristina Fernández fue operada (el 4 de enero de 2012) luego de que le detectaran un “carcinoma papilar en el lóbulo de la glándula tiroides”.
Las especulaciones sobre la salud de la mandataria se acrecentaron luego de la muerte de su marido, el ex presidente Kirchner, en octubre de 2010. Entre la avalancha de documentos secretos que divulgó WikiLeaks figuró uno sorprendente, en el que la secretaria de Estado de EE.UU., Hillary Clinton, solicitaba información detallada sobre el estado de salud mental de Cristina.

lunes, 7 de octubre de 2013

Dudoso diagnóstico sobre CFK: su médico fue denunciado penalmente

Dudoso diagnóstico sobre CFK: su médico fue denunciado penalmente

octubre 7, 2013
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Manes con CFK
El diagnóstico firmado por el neurólogo Facundo Manes de la Fundación Favaloro estableció la existencia de una colección subdural crónica en la presidente. Es decir que el sábado pasado se detectó un coágulo entre la dura madre y el cerebro originado aparentemente de un golpe que sufrió el 12 de agosto pasado que le produjo un traumatismo en esa zona. Pero en realidad se habría internado el sábado debido a una arritmia, lo que derivó en otro estudio que le detectó el problema en el cerebro. De allí se pasó a la recomendación de un mes de reposo, que sería el comienzo de un tembladeral político. En una nota del 1° de septiembre pasado, señalamos que también, una semana antes, habría habido una interacción debido a otro golpe sufrido por CFK, que no se difundió. En la misma los médicos habrían avanzado en el diagnóstico del síndrome de Pick, o sea, una demencia frontotemporal que produce histrionismo y desinhibición. De acuerdo con esto, se trataría en realidad de dos pérdidas de conocimiento con caídas y golpes ocurridas, aparentemente, el 12 y el 24 de agosto.

Escándalo y denuncia

Da la casualidad que el Dr. Manes, que atendió a Cristina en la Favaloro, es el mismo que, en un episodio confuso, le detectó a la pintora y escritora de 88 años Natalia Kohen el síndrome de Pick. Manes ordenó la internación de ésta, que sirvió para desapoderarla judicialmente de sus bienes en beneficio de sus dos hijas mujeres. Por ese entonces, este neurólogo trabajaba en el sanatorio FLENI y utilizó la documentación de ese instituto para diagnosticar el síndrome de Pick.
“–Facundo Manes me endilgó una enfermedad que se llama enfermedad de Pick”, relató Kohen. “Pero yo estaba sana”, continuó, “me hizo internar en un neuropsiquiátrico y en sus declaraciones dijo que me hizo los estudios en FLENI, donde trabajaba antes, pero ahí ni siquiera tienen mi historia. Sólo usó los papeles de esa institución. Pero además, a una colega de él, la doctora Griselda Russo, le dijo que también me hiciera un diagnóstico y ella lo hizo, con unos términos muy científicos, sin haberme visto nunca. Yo no la conozco. Después admitió ante escribano que lo hizo para hacerle un favor al doctor Manes. Creo que todo esto tiene que servir para amparar a otra gente como yo, expuesta a estos médicos”.
Manes terminó denunciado por los abogados Ana Rosenfeld y Ricardo Gil Lavedra. Los cargos que éstos plantean son que se emitieron “certificados falsos que permitieron que se privara de su libertad a una persona y que se la medicara contra su voluntad” e “instigación sobre Russo para que emitiera un certificado falso”. Esto se debe a que la doctora Russo admitió ante un escribano que no vio a la paciente, sino que produjo el certificado “a requerimiento expreso” de su jefe, el doctor Manes, y exclusivamente sobre “manifestaciones clínicas y diagnósticas que el doctor Manes le refirió verbalmente en esa oportunidad” y un estudio tomográfico que le facilitó.
Manes fue echado del FLENI por usar la papelería sin permiso y después recaló en la Favaloro.
Cuando, en el final del acto de homenaje a Natalia Kohen, China Zorrilla subió al escenario con un ramo de flores, probablemente muchos pensaron en Elsa y Fred, esa película que protagonizó, donde a una pareja mayor se le daba por enamorarse y pasarla bien, para escándalo de la familia, que temía que dilapidaran sus bienes. La propia Zorrilla lo puso en palabras: “Si se filma tu historia –le dijo a Natalia– me gustaría hacer de vos”. No hay duda de que la historia de Kohen tiene aires de película. El acto que llenó la platea del Teatro Maipo pretendía rendir homenaje a esta artista plástica y escritora de 88 años, viuda de un poderoso empresario, en momentos en que enfrenta el juicio por insania iniciado por sus hijas, proceso que la llevó a estar casi un mes encerrada en un neuropsiquiátrico con el cuestionado diagnóstico de demencia frontotemporal firmado por Manes. “Aprovecho para decir que a esta altura de mi vida necesito que se haga justicia –dijo Kohen en el escenario–. Y que si llega cuando ya no estoy, ustedes me recuerden en este momento, en que soy muy feliz.”
Con estos antecedentes, hay elementos suficientes como para dudar de la precisión del nuevo diagnóstico sobre la presidente. Y más teniendo en cuenta que los médicos presidenciales Luis Bonomo y Marcelo Ballesteros y varios médicos del Hospital Austral le habían detectado un cáncer en la tiroides a fines del 2011, que luego de operación, se comprobó que no existía.
El caso es que la arritmia de CFK podría estar generada por el uso de la Lebotiroxina, la droga para estabilizarla luego de una operación de tiroides. Usada en demasía, permite bajar de peso, o sea los 10 kilos que perdió para usar las calzas y el viernes pasado en La Matanza un pantalón gris elastizado. En fin, todo indica que no ingresó a la Fundación Favaloro por un golpe pero en el diagnóstico se habla de caída y traumatismo craneal. Bastante confusión por cierto en el diagnóstico de un médico que viene de prestarse a una maniobra dolosa para traspasar una fortuna familiar.
Todas estas contradicciones hacen pensar en un relato para dar parte de enferma y no enfrentarse al espejo de la derrota del 27 de octubre. Pero también puede ser que se quiera conseguir un “efecto lástima” que aumente los votos del Frente para la Victoria y hasta un operativo clamor, para un regreso triunfal a la Casa Rosada. Parece raro que el viernes la presidente estuviera espléndida al mediodía en La Matanza luciendo su figura delgada, quizás extremadamente, porque nunca estuvo así, lo que podría hablar de un estado de debilidad. Esto seguramente no lo sabremos, no sólo por no ser médicos sino por el secretismo y los confusos y falsos partes médicos de Bonomo y Ballesteros sino también por el oscuro pasado de Manes. Sería conveniente que se aclare el panorama, ya que el país está al borde una grave crisis de falta de dólares.

PÁGINA 12 | Una batalla con varios frentes

“Es más fácil internar a una persona que volverla a la vida normal –sostiene la abogada Ana Rosenfeld, que representa a Natalia Kohen–. Ahora Natalia tiene que demostrarle a todo el mundo que está sana.” Rosenfeld asegura que el proceso fue viciado desde el momento de la internación: “Para hacerla por la fuerza, debería haber habido una orden judicial o bien ella tendría que haber estado sufriendo un brote psicótico”. Por el contrario, sostiene, fue la misma Natalia la que organizó, desde la clínica, la estrategia para que sus amigos se movilizaran para obtener su libertad.
Los pasos de la abogada incluyen su defensa en el juicio por insania, el reclamo de sus bienes, la revocación de una donación de cuadros a sus hijas y un juicio contra los médicos que firmaron los certificados que permitieron la internación.
- Juicio por insania: Aún está sin resolver. Según fuentes judiciales, en su informe, los peritos médicos Ricardo Beres, Carlos Díaz y Fabiana Zylber, designados por la jueza, diagnosticaron un “síndrome psicoorgánico” y hablaron de “peligrosidad por indefensión”. Allí aconsejan un “tratamiento psicoterapéutico y psicofarmacológico a cargo de un médico psiquiatra, con una frecuencia de una vez por semana” y no consideran necesaria al momento la internación. El informe fue cuestionado por ambas partes y se pidieron aclaraciones, que aún no han sido respondidas por los peritos. Sin embargo, hay un curador designado al que Kohen debe recurrir para resolver cualquier asunto.
- La disputa de los bienes: El estudio de Rosenfeld inició un proceso contra la hija mayor de Kohen por “simulación”. Esto se refiere al traspaso de acciones de la empresa Argentia, fechado “una semana antes del fallecimiento de Mauricio Kohen y firmado por un apoderado”, según explica la abogada. En ese acto “se decidió un aumento del capital de la hija mayor, Nora, quien pasó de tener el 3 por ciento de las acciones al 97 por ciento”, agrega. “Natalia no sabía nada de esto: el acuerdo entre ellas había sido siempre que todo era de las tres.” También iniciaron acciones para revocar la donación de una importante colección de cuadros que hizo Natalia a favor de sus hijas. “Pero el juez dijo que primero debe resolverse el juicio por insania, lo cual puede llevar mucho tiempo.”
- Proceso contra los médicos Facundo Manes y Griselda Ruso: Este proceso también se detuvo por la misma cuestión, pero tras la apelación la Cámara permitió que avanzara. En este caso, quien representará a Natalia será el abogado Ricardo Gil Lavedra. Los cargos que los abogados plantean son que se emitieron “certificados falsos que permitieron que se privara de su libertad a una persona y que se la medicara contra su voluntad” y en el caso de Manes, “instigación sobre Russo para que emitiera un certificado falso”. Esto se debe a que la doctora Russo admitió ante un escribano que no vio a la paciente, sino que produjo el certificado “a requerimiento expreso” de su jefe, el doctor Manes, y exclusivamente sobre “manifestaciones clínicas y diagnósticas que el doctor Manes le refirió verbalmente en esa oportunidad” y un estudio tomográfico que le facilitó.
Página/12 también intentó conocer la posición de las hijas de Kohen a través de su abogado, pero éste prefirió no hablar. No sólo eso: también se negó a que su nombre fuera mencionado en estas páginas.

PÁGINA 12 | Una mano para Natalia | Por Andrea Ferrari

Un Maipo repleto homenajeó a Natalia Kohen, una pintora y escritora de 88 años a quien sus hijas recluyeron contra su voluntad en un instituto neuropsiquátrico. La historia.
Cuando, en el final del acto de homenaje a Natalia Kohen, China Zorrilla subió al escenario con un ramo de flores, probablemente muchos pensaron en Elsa y Fred, esa película que protagonizó donde a una pareja mayor se le daba por enamorarse y pasarla bien, para escándalo de la familia, que temía que dilapidaran sus bienes. La propia Zorrilla lo puso en palabras: “Si se filma tu historia –le dijo a Natalia– me gustaría hacer de vos”. No hay duda de que la historia de Kohen tiene aires de película. El acto que el martes por la noche llenó la platea del Teatro Maipo pretendía rendir homenaje a esta artista plástica y escritora de 88 años, viuda de un poderoso empresario, en momentos en que enfrenta un juicio por insania iniciado por sus hijas, proceso que la llevó a estar casi un mes encerrada en un neuropsiquiátrico con un cuestionado diagnóstico de demencia frontotemporal. “Aprovecho para decir que a esta altura de mi vida necesito que se haga justicia –dijo Kohen en el escenario–. Y que si llega cuando ya no estoy, ustedes me recuerden en este momento, en que soy muy feliz.”
El abundante y variado público fue un reflejo de su actividad en el mundo de la cultura. Estaban la secretaria de Cultura del gobierno porteño, Silvia Fajre, el director Hugo Urquijo, el actor Jorge Luz y el poeta Fernando Noy –quien compuso para la ocasión un acróstico, poema donde la inicial de cada verso formaba el nombre de Natalia–, y llegaron adhesiones de personajes como Sandro, Bergara Leumann, Pinky y el diputado Norberto La Porta. También había caras reconocidas del mundo científico, como el neurólogo Ramón Leiguarda, director de Fleni, justamente la institución adonde pertenecía hasta hace algunos meses el médico que hizo el diagnóstico que permitió la internación forzosa de Kohen.
El apoyo expresado en el acto es seguramente un reconocimiento del que ella misma prestó a muchos artistas cuando dirigía la Fundación Argentia. Profesora de Letras, había ejercido muchos años la docencia antes de dedicarse a la pintura, carrera que empezó visitando museos cuando viajaba con su marido, el industrial Mauricio Kohen, dueño de la farmacéutica Argentia y de una cuantiosa fortuna.
La vida de Natalia Kohen sufrió un quiebre en uno de esos viajes, cuando su marido tuvo un infarto y murió mientras dormía en un hotel de Madrid. A partir de entonces, su hija mayor, Nora, se hizo cargo de la empresa y ella siguió al frente de la fundación diez años más, hasta que la farmacéutica fue vendida. Para entonces ya había expuesto muchas veces sus pinturas y había escrito también varios libros. El cuento El hombre de la corbata roja, que fue luego convertido en ballet, le da título a uno de ellos.
–Esa historia empezó cuando fui a buscar un cuadro de Antonio Seguí para regalarle a mi hija menor –le contó a este diario en una larga conversación, días atrás–. Hubo uno que me llamó mucho la atención, donde uno de los hombrecitos que él dibuja corría con una corbata roja volando. El día en que compré el cuadro soñé que el hombre de la corbata roja me perseguía y me quería matar. Le escribí a Seguí una carta diciéndole: “Hacé algo para exorcizar a este personaje que vos creaste porque aparece en mis sueños”. El, siguiendo el chiste, me mandó un grabado de dos gauchos enfrentándose con puñales: dijo que se preparaban para matar al hombre de la corbata roja. Después se me ocurrió escribir un cuento con esa historia y salió en el libro. Elio Marchi se lo leyó a Julio Bocca y lo adaptamos para el ballet que se dio en el Maipo.
Pero los gauchos de Seguí no llegaron a defenderla el día en que Natalia Kohen pidió auxilio porque unos hombres con guardapolvo blanco querían llevársela por la fuerza.

Hombres de blanco

Dice Kohen que con sus hijas siempre se había llevado bien, aunque “nunca estuvimos pegoteadas, cada una tenía su vida”. El punto de fricción se dio en 2005, cuando ella quiso aportar dinero a un proyecto dirigido por Clorindo Testa destinado a crear un centro cultural en el Paseo de la Infanta. Sus hijas manifestaron su desacuerdo.
–Mi hija mayor decía que otra gente me quería estafar y que yo no iba a tener ese dinero. Y entonces me enteré de que toda la fortuna estaba a nombre de ella, algo de que yo no sabía. Después de eso me empezaron a decir que me encontraban cambiada y querían que viera a algunos médicos. Primero fue un psiquiatra, que me encontró bien. No conformes, buscaron un neurólogo.
Al mismo tiempo, Natalia había decidido consultar a una abogada para discutir su situación.
–Esa abogada me dijo que si no tomaba una determinación rápida mis hijas me iban a encerrar. Yo me reí y dije “mis hijas jamás me van a hacer eso”.
Días más tarde, esperaba a una amiga para salir a pasear cuando se abrió la puerta.
–Entró Claudia, mi hija menor, con su llave, junto con su marido y seis enfermeros vestidos de blanco con una caja de inyectables y una silla de ruedas. Yo creí que me moría. Fue algo muy brutal. Mi hija estaba delante de mí, yo pidiéndole auxilio y ella sólo me miraba. Y mi yerno me gritaba “usted tiene que ir porque está muy enferma”. Los enfermeros se habrán dado cuenta de que no era una loca furiosa porque les pedí que me dejaran un ratito, que estaba muy nerviosa, y accedieron. Después me llevaron en una ambulancia a Ineba.
Por una curiosa vuelta del destino, Natalia Kohen ya había estado en esa clínica: allí había dictado un taller literario para los pacientes. De modo que sus propios libros estaban en la biblioteca. Ese día, recuerda, hacía frío.
–Mi llegada fue traumática. Me había puesto un saquito de piel, estaba bastante fresco. Me dejaron en un lugar sola, yo estaba terriblemente abatida y cansada. Escuchaba en otro cuarto las voces de mis hijas. Vino una enfermera, me dieron algo y se ve que me durmieron. A la mañana siguiente me desperté, todavía vestida con el saquito, en un dormitorio.
–¿Cómo fue su estadía allí?
–Era una vida bastante reglamentada, con horarios para levantarse, desayunar… Me medicaron como si estuviera enferma, pero yo estaba sana, de manera que me estaban idiotizando. Y uno convive con gente enferma. Había una muchacha de unos 35 años y una mentalidad de ocho que se pasaba llorando y pidiendo por la mamá, gente que gritaba de noche, una que se quería cortar las venas…
Fue ella misma quien empezó a moverse para conseguir dejar el lugar. Primero obtuvo –regalo de la visita de otra paciente– una tarjeta telefónica que le permitió hablar con algunos amigos. Luego les envió una carta, que también salió de la mano de una visita, sugiriéndoles estrategias para que el tema se hiciera público. Salió un artículo en este diario y tuvo repercusión en otros medios.
–Después de la nota me sacaron de Ineba, porque se vieron obligadas. Cuando salí se me trababa la lengua por la medicación. En mi casa colocaron redes en el balcón, sacaron los cuchillos y tijeras y me pusieron un acompañante terapéutico todo el tiempo.

La ira de Pick

Natalia vuelve a indignarse cuando habla del diagnóstico que permitió internarla en Ineba.
–Facundo Manes me endilgó una enfermedad que se llama enfermedad de Pick. Pero yo estaba sana. Me hizo internar en un neuropsiquiátrico y en sus declaraciones dijo que me hizo los estudios en Fleni, donde trabajaba antes, pero ahí ni siquiera tienen mi historia. Sólo usó los papeles de esa institución. Pero además, a una colega de él, la doctora Griselda Russo, le dijo que también me hiciera un diagnóstico y ella lo hizo, con unos términos muy científicos, sin haberme visto nunca. Yo no la conozco. Después admitió ante escribano que lo hizo para hacerle un favor al doctor Manes. Creo que todo esto tiene que servir para amparar a otra gente como yo, expuesta a estos médicos.
–¿Por qué cree que sus hijas tomaron esa actitud?
–Yo creo que ellas tenían miedo de que a mí se me ocurriera casarme. Habrán pensado que podía tener un marido que empezara a escarbar en los antecedentes, que viera cómo mi hija consiguió hacerse de las acciones de la empresa tras la muerte de mi marido.
–¿Y pensaba casarse?
–No –sonríe–, en ningún momento pensaría en volver a casarme. Yo viví con mi madre, que tenía un carácter fuerte. Después viví 38 años con mi marido, que también tenía un carácter fuerte. Y dije basta, no me caso más. Si he tenido algún compañero ha sido completamente libre.
Actualmente su abogada, Ana Rosenfeld, inició un proceso contra una de sus hijas por “simulación” en el traspaso de acciones de la empresa y otro para poder revocar la donación de cuadros que hizo Kohen a favor de ambas. También avanzaron en la demanda contra los médicos que permitieron su internación, juicio donde será representada por el penalista Ricardo Gil Lavedra. A ella le han hecho muchos estudios. Muchísimos, dice.
–Me estrujaron el cerebro. Me hicieron contar de atrás para adelante, dibujar… cincuenta mil tests. Salió todo bien, estoy bien. De modo que estoy esperando que la jueza me declare sana. Pero con el agregado de que dicen que tengo que tener un curador para que me controle. Yo quiero que mis bienes me sean devueltos.
Falta un buen trecho, sin embargo, hasta que Kohen pueda salir de ese laberinto de papeles y estudios en que ha quedado encerrada, ya que el juicio por insania está lejos de cerrarse (ver aparte). Por eso, el acto del Maipo fue una pequeña revancha donde recibió palabras afectivas, flores, aplausos de la platea de pie, un plato brillante con una inscripción y hasta una invitación de Jorge Luz a comer en ese mismo plato un guiso de lentejas. Que no dudó en aceptar.

El día en que el neurólogo de Cristina Kirchner confesó: "Mi corazón es radical"

El día en que el neurólogo de Cristina Kirchner confesó: "Mi corazón es radical"

Facundo Manes fue orador en un encuentro convocado por el senador Ernesto Sanz en Parque Norte
Facundo Manes, el médico que atendió a Cristina Kirchner en la Fundación Favaloro. Foto: Archivo

Desde el atril, Facundo Manes miró a los asistentes y lanzó: "Mi corazón es radical por tradición familiar y por principios". El neurólogo y neurocientífico argentino, a cargo de los estudiosque se realizó anteayer Cristina Kirchner en la Fundación Favaloro, participó en mayo pasado deun encuentro convocado por el senador nacional Ernesto Sanz (UCR) en Parque Norte, según reveló Carlos Pagni, en la edición de hoy de LA NACION.
Durante su discurso, Manes, de amplia trayectoria académica, se mostró "preocupado" por la realidad del país ante la cúpula radical. "Debo confesar con dolor que la Argentina muchas veces como país tiene una gran miopía de futuro. Estamos concentrados en lo inmediato y no miramos al largo plazo. Pensemos en la arrogancia, la prepotencia, en la inseguridad jurídica, en cerrar fábricas cuando hay un verano económico", apuntó, durante el almuerzo que compartió con Sanz, Gerardo Morales y Mario Barletta, entre otros.
 Manes, quien nació en Salto, provincia de Buenos Aires, es director del Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco) y presidente de la World Federation of Neurology Research Group on Aphasia and Cognitive Disorders (Rgacd). El sábado pasado, el neurólogo estuvo a cargo de la atención de la Presidenta, que estuvo internada durante nueve horas en la Fundación Favoloro. Los médicos le recomendaron un mes en reposo debido al hematoma craneal que padece, producto de un golpe sufrido el 12 de agosto pasado.

domingo, 6 de octubre de 2013

Hematoma subdural crónico

Hematoma subdural crónico

Es una acumulación "vieja" de sangre y de productos de la descomposición de la sangre localizada entre la superficie del cerebro y su capa más exterior (duramadre). La fase crónica de un hematoma subdural comienza varias semanas después del primer sangrado.

Causas

Un hematoma subdural se desarrolla cuando las diminutas venas que corren entre la duramadre y la superficie del cerebro (venas emisarias) se rompen y dejan escapar sangre, generalmente como resultado de un traumatismo craneal leve.
Luego se forma una acumulación de sangre sobre la superficie del cerebro. En una acumulación subduralcrónica, la sangre se escapa lentamente desde las venas con el tiempo o se deja que una hemorragia rápida se cure por sí sola.
Un hematoma subdural es más común en los ancianos debido al encogimiento normal del cerebro que ocurre al envejecer. Este encogimiento estira y debilita las venas emisarias, las cuales tienen más probabilidades de romperse en los ancianos, incluso después de un traumatismo craneal menor. Usted o su familia posiblemente no recuerden ninguna lesión que pudiera explicarlo.
Los riesgos abarcan:
  • Consumo prolongado y abundante de alcohol
  • Consumo prolongado de ácido acetilsalicílico (aspirin), antinflamatorios como el ibuprofeno o anticoagulantes como warfarina
  • Enfermedades asociadas con la disminución de la coagulación sanguínea
  • Traumatismo craneal
  • Edad avanzada

Síntomas

En algunos casos, es posible que no se presenten síntomas. Sin embargo, dependiendo del tamaño del hematoma y de dónde éste ejerza presión sobre el cerebro, se pueden presentar cualquiera de los siguientes síntomas:
  • Confusión o coma
  • Disminución de la memoria
  • Dificultad al hablar o deglutir
  • Dificultad para caminar
  • Somnolencia
  • Dolores de cabeza
  • Crisis epiléptica
  • Debilidad o insensibilidad en brazos, piernas, rostro

Pruebas y exámenes

El médico hará preguntas acerca de la historia clínica. En el examen físico, se evaluará cuidadosamente el cerebro y el sistema nervioso para verificar si hay problemas con:
  • Equilibrio
  • Coordinación
  • Funciones mentales
  • Sensibilidad
  • Fortaleza
  • Marcha
Debido a que los signos y los síntomas a menudo son sutiles, muy probablemente se hará una tomografía computarizada o una resonancia magnética de la cabeza para una evaluación adicional de los síntomas, si existe cualquier sospecha de un hematoma.

Tratamiento

El objetivo es controlar los síntomas y minimizar o prevenir un daño cerebral permanente. Los anticonvulsivos, como carbamazepina, lamotrigina o levetiracetam, pueden utilizarse para controlar o prevenir convulsiones.
Se puede requerir cirugía, lo cual puede involucrar la perforación de pequeños agujeros en el cráneo para aliviar la presión y permitir el drenaje de sangre y líquidos. Es posible que sea necesario extraer los hematomas grandes o los coágulos sanguíneos sólidos a través de una abertura más grande en el cráneo (craneotomía).
Es posible que los hematomas que no causen síntomas no requieran tratamiento.

Expectativas (pronóstico)

Los hematomas subdurales crónicos que causan síntomas generalmente no sanan por sí mismos con el tiempo. A menudo, requieren cirugía, especialmente cuando hay problemas neurológicos, convulsiones o dolores de cabeza crónicos.
Algunos hematomas subdurales crónicos reaparecen después del drenado y se pueden necesitar más cirugías.

Posibles complicaciones

  • Daño cerebral permanente
  • Síntomas persistentes
  • Convulsiones

Cuándo contactar a un profesional médico

Llame al médico o al personal de enfermería inmediatamente si usted o alguien más tiene síntomas de un hematoma subdural crónico. Por ejemplo, llame si observa síntomas de confusión, debilidad o entumecimiento semanas o meses después de una lesión en la cabeza en una persona mayor.
Lleve a la persona a la sala de urgencias o llame al número local de emergencias (como el 911 en los Estados Unidos) si ella:

Prevención

Evite traumatismos craneales utilizando cinturones de seguridad, cascos cuando monte bicicletas o motocicletas y siempre que sea apropiado.

Nombres alternativos

Hematoma subdural de tipo crónico; Higroma subdural; Hemorragia subdural crónica

Referencias

Stippler M. Trauma of the nervous system: craniocerebral trauma.In: Daroff RB, Fenichel GM, Jankovic J, Mazziotta JC, eds. Bradley’s Neurology in Clinical Practice. 6th ed. Philadelphia, Pa: Saunders Elsevier; 2012:chap 50B.
Ling GSF. Traumatic brain injury and spinal cord injury. In: Goldman L, Schafer AI, eds. Cecil Medicine. 24th ed. Philadelphia, Pa: Saunders Elsevier; 2011:chap 406.

Actualizado: 8/28/2012

Versión en inglés revisada por: David C. Dugdale, III, MD, Professor of Medicine, Division of General Medicine, Department of Medicine, University of Washington School of Medicine; Daniel B. Hoch, PhD, MD, Assistant Professor of Neurology, Harvard Medical School, Department of Neurology, Massachusetts General Hospital. Also reviewed by David Zieve, MD, MHA, Medical Director, A.D.A.M., Inc.
Traducción y localización realizada por: DrTango, Inc.

Se la debería haber dejado en observación Por Nelson Castro

Se la debería haber dejado en observación

La caída que tuvo Cristina Fernández de Kirchner en la Quinta de Olivos el 12 de agosto le produjo un fuerte golpe en la cabeza. Sin demoras, pues, fue trasladada al Sanatorio Otamendi, en donde se le realizó una Tomografía Computada de Cerebro que no mostró anomalías. Sus médicos se inquietaron por la magnitud del golpe y 
por sus posibles causas. De ese episodio nada se informó en su momento. En la internación que tuvo la Presidenta para su chequeo, en el mismo instituto médico, no hubo referencias a ningún estudio destinado a evaluar alguna posible complicación de ese golpe.
Estaba claro desde el comienzo que la admisión de la jefa de Estado en la Fundación Favaloro del día de ayer no era para un chequeo. Esa información no resistía el menor análisis. La verdad llegó con el comunicado que leyó Alfredo Scoccimarro.
El hematoma subdural es una colección sanguínea en el espacio del cerebro comprendido entre las menínges y la superficie del cerebro, producido entre otros causa, por un traumatismo de cráneo. Puede ser agudo o crónico. El cuadro crónico puede desarrollarse a lo largo de días o semanas. El cuadro clínico puede variar. Los síntomas más comunes son dolor de cabeza (cefalea), alteraciones del equilibrio y de la marcha, desmayos, alteraciones del lenguaje, etc.
El hematoma subdural puede constituir una situación de emergencia que obligue a una intervención de drenaje. En los casos crónicos, el pronóstico es más favorable. El tratamiento debe seguirse con extrema rigurosidad.
Las arritmias cardíacas no son causa de hematomas subdurales. Lo que sí puede haber ocurrido es que, por causa de la arritmia, la Presidenta haya perdido el conocimiento y, al caer, golpear su cabeza. Lo que no consigna la información es qué tipo de arritmia cardíaca sufre la jefa de Estado. Y lo que llama la atención es que no se la haya dejado en observación al menos por 24 a 48 horas.
Le deseo a Cristina Fernández de Kirchner un pronta recuperación.

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