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sábado, 8 de octubre de 2016

La ley de la selva, por Jorge Lanata

La ley de la selva

por Jorge Lanata











Enviar gendarmes a Rosario o Buenos Aires es idéntico a tomar deuda externa para pagar salarios en las provincias o mayor déficit en la Nación: mantiene intacta la enfermedad y -quizá- alivia un poco la fiebre.

Un repaso superficial de las cifras de robo, drogas, inseguridad, e ineficiencia judicial y policial es más que suficiente para entender que plantear soluciones parciales a un problema global es inútil.
El narcotráfico corrompe verticalmente todos los organismos que lo controlan, la inseguridad está íntimamente vinculada con la parcialidad política de la justicia, el sistema de puertas giratorias, y la complicidad de los sistemas de control en el establecimiento de zonas liberadas.
Si nos despertáramos mañana con un gendarme por cada cuadra de la Argentina el problema no sería distinto: la Gendarmería se corrompería del todo y las fronteras dejarían de ser un colador para transformarse en una alfombra roja.
Un solo dato alcanza para demostrar la indolencia -¿incapacidad? ¿estupidez? ¿complicidad?- policial y judicial: en Argentina hay 100.000 prófugos. Cien mil prófugos.
De ese total, 25.000 son prófugos con condena. Mil prófugos puede ser una cifra normal, diez mil una mala gestión, pero cien mil -una cancha y media de River llena de prófugos- muestra el último grado de la decadencia.
Se denuncian 85 delitos por hora, de los cuales treinta son robos.
Las cifras oficiales indican dos millones de armas en la población. Las reales precisan nueve millones, una cada cuatro habitantes.
Hay unos sesenta mil presos en el país, de los cuales 33 mil están en la provincia de Buenos Aires y unos dos mil quinientos en comisarías -algo irregular, que se supera porque los presos pagan a los comisarios para estar allí.
Según el Barómetro del Narcotráfico y las Adicciones en Argentina se observó en 2016 un incremento del 50% de venta de drogas a nivel barrial. “El nivel -dice el informe- experimenta un incremento abrupto entre los años 2010 y 2011 para luego seguir una senda ascendente progresiva”.
Tomando el período entre 2010 y 2014 el Barómetro señala que los incrementos más intensos tuvieron lugar en la Patagonia 87%, NEA 85% y AMBA 35%. “El incremento en el registro de venta de drogas en el barrio se produce haya o no presencia policial. Se observa que en algunas regiones urbanas el incremento es proporcionalmente mayor en las zonas que tienen presencia policial. En AMBA el registro de venta de drogas se incrementa un 43% en barrios con presencia policial y un 34% en barrios sin presencia policial, algo similar ocurre en la región pampeana”.
Eso sucede abajo, en la Argentina de las cocinas, de la marihuana envuelta en celofán. Arriba, en el mundo del dinero que la droga produce no sucede nada. En “Criminalización del lavado de activos” Juan Félix Marteau, Coordinador Nacional para el Combate del Lavado de Activos y la Financiación del Terrorismo, reseña cuántas condenas por lavado hubo en Argentina durante los últimos quince años en los que el país ingreso al GAFI: siete.
De esas siete, sólo en tres se identificó el famoso “delito precedente”. Hubo, en quince años, 17 condenados a prisión, pero sólo ocho debieron cumplirla de manera efectiva. Ninguna de las causas se originó por un reporte de operación sospechosa analizado por la Unidad de Información Financiera.
Si el sistema estuviera diseñado para que nada funcione, habría que contratar al que lo hizo: es perfecto.
Todos los puntos se vinculan o mantienen la relación entre causa y consecuencia. El resultado es que, azarosamente, puede conseguirse algo de justicia que de todos modos no sirve porque terminan en un laboratorio de monstruos denominado sistema penitenciario. Los jueces, mientras tanto, firman “será justicia” sin que les tiemble el pulso.
Cada miembro de la cadena, el victimario, el policía, el fiscal, el juez actúan un rol que saben impostado, todos hacen como sí.
El muerto, la víctima, no participa.
Arreglar este entuerto parece imposible, y tal vez lo sea. Pero ¿qué otra cosa podría proponerse el gobierno que sea sino arreglarlo? ¿Cómo podemos seguir viviendo así?
¿Cambiar la policía? Sí, cambiar la policía, condenar a los corruptos, capacitar a los demás, tarde lo que tarde.
¿Cambiar la Justicia? Sí, cambiar la justicia, sacar a los jueces y fiscales que anteponen su ideología a la propia ley, destituir a los venales y a sus padrinos políticos, con independencia de los compromisos que tenga el partido que gobierne o el que se oponga. Hace falta liderazgo político y coraje y tiempo.
Lo otro es esto, lo que tenemos: la selva; estamos perdidos en ella, y buscando la salida podemos perder la vida.

sábado, 20 de diciembre de 2014

Camino a ser Colombia: Sicarios del narcotráfico en Rosario asesinaron por venganza

Rosario: asesinaron al padre de una mujer vinculada al narcotráfico y sospechan de una venganza

Aldo Acosta, de 60 años, recibió seis disparos; su hija había denunciado al acusado de matar al jefe de la banda Los monos, el año pasado
SANTA FE.- Otra venganza narco en el Gran Rosario. Esta tarde, fue asesinado por al menos 6 disparos, Aldo Acosta, de 60 años, padre de Norma Acosta, condenada a seis años de prisión por tenencia de drogas, quien denunció a Luis "El Pollo" Bassi, también detenido y acusado de asesinar a Claudio "El Pájaro" Cantero, jefe de la banda "Los Monos", el año pasado.
Norma Acosta es la viuda de Miguel Ángel "Japo" Saboldi, asesinado luego de un incendio que se originó en la Alcaidía de Rosario, en abril del año pasado, hecho que no ha sido aclarado debidamente.
A media tarde, según los primeros informes que se conocen, dos personas llegaron en un vehículo a la vivienda de Acosta, en Villa Gobernador Gálvez, al sur de la ciudad de Rosario, y tras una breve discusión le efectuaron al menos 6 disparos. En el lugar, los investigadores hallaron al menos 10 vainas servidas, calibre 9 milímetros.
El hijo de Acosta y hermano de Norma, recibió un disparo en el abdomen y fue internado en grave estado en el Hospital Anselmo Gamen, de esa ciudad. Horas después, ante las complicaciones que comenzaron a aparecer, los facultativos ordenaron su traslado al hospital Provincial de Rosario, donde será estabilizado e intervenido quirúrgicamente.
Por disposición del fiscal Adrián Spelta, el cuerpo de Aldo Acosta fue trasladado al Instituto Médico Legal, para ser sometido a autopsia.
Las autoridades policiales realizaban operativos y allanamientos en distintos puntos de Villa Gobernador Gálvez, aunque se aclaró que hasta las 20 no se habían producidos detenciones.
Con el de hoy ya suman cuatro los padres de vinculados al narcotráfico que mueren en forma trágica: Miguel Ángel Damario, padre de Milton y José, dos presuntos sicarios arrestados por asesinatos vinculados con las disputas territoriales por la venta de drogas. Los hermanos Damario están acusados del asesinato de Lucas Espina, ocurrido el 27 de enero de 2013. Fueron procesados en marzo de este año. Espina era el hijo de Norma Bustos, quien denunciaba desde 2008 la penetración narco en el barrio rosarino de La Tablada. El mes pasado Bustos también fue asesinada. El restante es Luis Bassi, quien recibió una ráfaga de tiros en la calle. Su hijo, "El Pollo", está detenido por el asesinato del Pájaro Cantero. Bassi también perdió otros dos hijos, ejecutados por venganza.
 

sábado, 21 de junio de 2014

20 de junio: el día que Cristina dejó en "orsai" a toda la militancia

20 de junio: el día que Cristina dejó en "orsai" a toda la militancia

Por Nicolás Lucca (*) | Protestaron bajo el lema "La Patria no se negocia", pero CFK prometió arreglar "con el 100%". 

 Cristina, en Rosario, donde prometió negociar con los buitres.

Ambas amanecieron soleadas y en las dos ciudades se movilizó la militancia. Los simpatizantes del oficialismo en Buenos Aires y Rosario hoy vivieron dos jornadas diametralmente distintas desde lo discursivo, a tan sólo 299 kilómetros. 
Bajo la consigna "Patria sí, buitres no" y "La Patria no se negocia", el conglomerado de agrupaciones de Unidos y Organizados -La Cámpora, Tupac Amaru, Nuevo Encuentro, Movimiento Evita, MILES, Actores por Cristina, entre otras- encaró en Buenos Aires una protesta ambiciosa, tanto por ser feriado, como por centrarse en dos lugares al mismo tiempo y por llevarse a cabo en simultáneo con el acto de Presidencia en Rosario el acto por el Día de la Bandera. 
 Cristina, en Rosario, donde prometió negociar con los buitres.
Pasado el mediodía las concentraciones se repartieron entre el Cabildo de Buenos Aires, símbolo del inicio de la revolución independentista de 1810, y la Embajada de los Estados Unidos. Los líderes de las distintas agrupaciones también participaron de las distintas concentraciones:Juan Cabandié, Andrés "Cuervo" Larroque y Milagro Sala dieron el presente y la jujeña brindó un encendido discurso frente a la embajada norteamericana. 
Cristina, en cambio, se mostró acompañada por Amado Boudou​, Florencio Randazzo, Héctor Timerman y Agustín Rossi. Ajena a la patriada militante porteña, la Presidente inició su discurso a las 15 horas -meditadamente después del partido en el que Costa Rica dio un doble batacazo al vencer a Italia y dejar afuera a Inglaterra del Mundial de Brasil- y, si bien todo parecía indicar que fogonearía el nacionalismo al que apela cada vez que se avecina un frente adverso, el tono del discurso no acompañó el mensaje. 
Los militantes de las distintas vertientes que nutren al kirchnerismo convocaron a la movilización a través de sus páginas y redes sociales. Incluso La Cámpora hizo un video que promocionaron en su sitio online con la consigna "No a los fondos buitres" y "Defendamos la patria". 
La confusión resultó lógica. En la Cadena Nacional del lunes, horas después de conocida la negativa de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos a tratar la cuestión Argentina, Cristina no brindó un mensaje claro y aseguró que no quiere ser extorsionada. El martes,Kicillof dijo que encomendaría a los representantes del país para que se reunan con Griesa, lo cual sucedió el miércoles. Ese mismo día, uno de los abogados argentinos afirmó que Argentina negociaría con los tenedores de bonos ante el Juez Federal de Nueva York. El jueves, Capitanich desmintió lo que el miércoles dijo el abogado luego de una reunión ordenada el martes por el ministro de Economía. Mientras tanto, la ciudad amaneció empapelada con afiches de "Equipo de Comunicación" y de "Nuevo Encuentro", aludiendo a los buitres, la soberanía y la Patria. 
Así las cosas, las protestas organizadas para el día de hoy buscaban formar un combo con el acto de Cristina: ella desde Rosario, los militantes desde el Cabildo y la Embajada de Estados Unidos. 
Sin embargo, los planes de Cristina resultaron distintos a los que, evidentemente, esperaban los seguidores kirchneristas. Y así sucedió que, mientras la militancia porteña vitoreaba que "la Patria no se negocia", Cristina dijo que se negociará con los buitres, aunque se cuidó de no llamarlos de este modo. Combativamente criticó a los holdouts y a la legislación norteamericana, pero pidió condiciones para negociar el pago. 
Por si no quedaba claro que la negociación es el camino elegido por "La Jefa" de la militancia, Cristina se preguntó "¿Quiénes son los que no quieren negociar? Los argentinos queremos negociar". Para disipar toda duda, aclaró que tiene la obligación de negociar porque es "una presidenta responsable".
A tan sólo 299 kilómetros de allí, en la Embajada de Estados Unidos, Milagro Sala instaba "a los gobiernos de la región a no claudicar frente a fallos judiciales de estas características que benefician a muy pocos y perjudican a muchos".
Pero Cristina la dejó en posición adelantada, al igual que a todos los que se movilizaron en contra de los fondos buitre y a favor de "no negociar la Patria". 

(*) De la redacción de Perfil.com

Andrés

domingo, 1 de junio de 2014

Rosario: en las tinieblas del narco

Rosario: en las tinieblas del narco

Tema del domingoClarín pasó una madrugada en los barrios tomados por las bandas. Destruyeron los búnkers y la cocaína se vende por delivery. Se extienden la veneración a San La Muerte y la cultura de las drogas.
Sombras. Pintada con el rostro del “Pájaro” Cantero, uno de los jefes de la banda de Los Monos,  asesinado en mayo del 2013. Ahora, un sitio custodiado por la Gendarmería./ RUBEN DIGIGLIO.
Sombras. Pintada con el rostro del “Pájaro” Cantero, uno de los jefes de la banda de Los Monos, asesinado en mayo del 2013. Ahora, un sitio custodiado por la Gendarmería./ RUBEN DIGIGLIO.

Por Gustavo Sierra
“¡Precaución!, se está acercando a una zona peligrosa”, dice la voz femenina castiza del GPS de la camioneta de la Gendarmería que conduce el comandante Walter Zurita mientras avanza por la avenida Avellaneda de Rosario, a lo largo de la Villa Banana. “¡P….Madre!, si hasta el programador del GPS y la “gallega” sabían que esta era una zona peligrosa porque está tomada por los narcos. ¿Cómo es posible que no lo supiera la policía provincial?”, grita con impotencia el funcionario de Seguridad que viaja en el asiento de atrás. Estamos dentro del Operativo Rosario implantado el 9 de abril cuando 2.000 gendarmes, prefectos, policías federales y provinciales tomaron la ciudad más violenta del país para intentar desbaratar a las bandas del narcomenudeo que dominan todos los barrios de la periferia de la tercera ciudad argentina. Ahora, la información llega por la radio, no por la voz latosa del mapa satelital. “Procedimiento en barrio Las Flores. Incautación de estupefacientes”, dice un gendarme. Zurita enciende la sirena y salimos a toda velocidad hacia el lugar. Está preocupado. Es la zona más caliente, a la vuelta de la casa de los Cantero, los líderes de la poderosa banda de Los Monos. Cuando llegamos ya hay decenas de gendarmes y una patrulla de Prefectura. En la esquina, por delante de la pintada en honor a Newell’s Old Boys y Marcos, uno de los lugartenientes de los Cantero caído en ese lugar en una reyerta con otra banda hace apenas unos meses, ya hay dos gendarmes con sus fusiles preparados para cualquier cosa. Como siempre, decenas de vecinos curiosos aparecen de todos lados a pesar de que ya es la medianoche y que la llovizna finita y persistente no deja de caer desde hace horas. En el centro de la escena, una moto medio desarmada, un pibe con la capucha del buzo tapándole la cabeza y una mujer de mediana edad, grandota y de un rubio platinado dando órdenes a los gritos. Es la madre del “soldadito” que estaba haciendo un delivery de cocaína. El chico tiene 19 años y antecedentes por el mismo delito. Esta vez lo agarraron con 14 paquetitos cerrados con un moñito hecho con cinta roja. “Eso indica que es de la mejor calidad”, explica uno de los peritos que vino a hacer la prueba de pureza de la droga. “¡Tapate la cara! ¡Vo apurate, no ve que el pibe está tomando frío! ¡Y vo que filmá, pelotudo!”, grita la madre mientras se mueve alrededor de la escena. Los gendarmes siguen haciendo su trabajo con cara de nada. Finalmente, al pibe se lo llevan a una comisaría local. En dos o tres días regresará a la calle Cantuta de Las Flores, allí frente a la “Casa Amarilla” de los capos del barrio, los Cantero, una residencia terminada en piedra al estilo de las de los countries más lujosos, levantada en el corazón de la villa de chapas y cartones. Atrás, a 50 metros de donde agarraron al pibe del delivery y a apenas tres cuadras del imponente casino City Center del empresario Cristóbal López, está la famosa pintada en honor a Claudio “Pájaro” Cantero, el líder de la banda asesinado hace un año. Está su rostro delineado con cierta maestría callejera y la inscripción “Ciudad de Dios”. El autor probablemente no lo sepa, pero ese episodio que intenta inmortalizar en esa pared está más ligado a otra ciudad de un siglo atrás. Las Flores es hoy el epicentro de “la nueva Chicago argentina”.
El boulevard Oroño, que atraviesa la ciudad desde la costanera sobre el Paraná hasta la circunvalación que deriva en la ruta 9 a Buenos Aires, es el paisaje preservado de la antigua ciudad que en los primeros 30 años del siglo pasado (1900/30) vivió una prosperidad extraordinaria acompañada por una enorme violencia. “Hay una similitud. En aquella época se vivía una explosión de dinero de la exportación de granos. Y lo que vemos ahora es, en cierta manera, la consecuencia de la fortuna creada desde fines de los noventa por el boom de la soja. Ambas épocas están manchadas por la sangre de los hampones”, explica el historiador y periodista Rafael Ielpi, presidente del Centro Cultural Roberto Fontanarrosa, mientras conversamos en el mítico café El Cairo. La escritora Angélica Gorodischer reflexiona sobre la raíz de esta segunda ola de violencia que ataca Rosario mientras toma un té en su chalet de la calle San Martín. “El flujo de dinero de la soja facilitó la entrada de la droga. La enorme miseria que hay en todos los barrios alrededor de la ciudad es la vena por donde circulan los narcos. Y la corrupción de la pequeña burguesía le facilita el camino. De la misma manera se hicieron muchos de los enormes palacetes levantados en los años 30 y que aún están en pie en la ciudad”, cuenta moviendo los brazos.
El contraste más claro está hoy en los 200 metros que separan las torres Dolfines, en Puerto Norte, de la villa miseria del barrio Refinería. Ahí, entre el barro y bajo una lluvia helada, aparece Manuel, un tipo de unos 30 años que aparenta 60. “Eh, tené un 10 pa’l yogur”, me pide y se ríe mostrando sus pocos dientes. Me lleva hasta lo que era uno de los 300 o 400 bunkers de venta de drogas que proliferaron en toda la ciudad en los últimos cinco años. Son apenas unos escombros que tiraron a mazazos dos gendarmes forzudos. Hasta hace dos semanas era una construcción de ladrillos dobles con una puerta de hierro con un candado exterior. Allí encerraban hasta 10 horas por día a uno de los chicos del barrio, siempre menor de 16 años para que no pueda ser imputado, y lo dejaban vendiendo sobrecitos de cocaína y marihuana a 10, 20 y 30 pesos, dependiendo del tamaño. “Eso es la impunidad total. No hay lugar en el mundo en que la droga se venda en lugares fijos. Se mueven todo el tiempo para no ser detectados. Pero acá estaban protegidos por la policía local”, es la explicación de un funcionario nacional. Manuel es más simple y directo: “ahí se ve el caminito que hicieron en el pasto. Bajaban de la torre y venían a comprar todo el día. Eran todos muy grosos ¿quién iba a abrir el culo?”.
Avanzamos hacia el pasaje Puelches, en el barrio Ludueña, para ver al padre Edgardo Montaldo. Tiene 84 años y es el cura párroco de la capilla de la zona desde hace más de 40. Sufrió un ACV hace 8 años y tiene dificultades para caminar pero encontró un buen método para seguir andando el barrio, un triciclo que maneja con habilidad. “Esto era un barrio obrero. Nos levantábamos todos muy temprano. Yo me quedaba en la puerta recibiendo a los chicos que venían a la escuela y los padres seguían hacia el trabajo. Había mucho laburo en los frigoríficos, el puerto, los ferrocarrilles. Cuando todo eso empezó a desaparecer, la gente ya no tenía dónde ir. Algunas mujeres salían a limpiar casas pero los hombres se quedaban chupando. En aquella época habían venido unos chilenos que se dedicaban a punguear en el centro. Pero era todo muy tranquilo. Hasta que llegó el paco, después la marihuana y ahora, directamente la coca. Y con eso las muertes”, resume el padre Montaldo. “Y, ahora, les quitamos las drogas ¿pero qué les damos a esos chicos que no tienen nada?”, se pregunta. En la puerta me encuentro a un chico de 12 años que espera aburrido bajo un alero a que amaine la lluvia. ¿Cómo es vivir acá?, le pregunto. “Y, hay que tener cuidado. En cualquier momento se agarran a los tiros”, responde. Los tres prefectos que están de guardia tomando mate bajo el mismo alero asienten con la cabeza. “Les bajamos tres bunkers que tenían por acá y se están matando entre ellos”, me dice uno de los prefectos.
Cuando las bandas locales vieron que los bunkers ya no estaban garantizados se volcaron masivamente a la modalidad del delivery. El mismo chico que antes estaba encerrado vendiendo por una rejilla, ahora anda en una moto repartiendo por las casas. Esta noche la Gendarmería y unos policías de tránsito requisan motos sin papeles en la avenida Uriburu y las vías del tren. Ya se llevaron un furgón con más de 20 motitos. Hay otro camión lleno por partir. “Reclaman apenas el 10% de las motos. El 90% no está en regla o ya se usaron en deliverys o enfrentamientos y no se atreven a ir a buscarlas”, explica Pablo Suárez, el director provincial de Seguridad Comunitaria. Avanzamos con los gendarmes por un pasillo del barrio Flamarión, frente a Fuerte Apache. La oscuridad es total. Unas linternas alumbran un camino de barro y basura mezclada. Lo único que se distingue son las pintadas por todos lados del rojo y negro de Newell’s y el amarillo y azul de Central, los dos equipos que apasionan a los rosarinos y que son una constante en toda la periferia de la ciudad. Es muy tarde pero en las esquinas hay varios grupitos de chicos tapados detrás de sus gorritas. Desaparecen apenas ven los uniformes. Es cuando se atreven a salir algunos vecinos. Una chica de unos 15 años me cuenta de Miriam, su prima de cinco años que fue asesinada en enero de un tiro en la cabeza ahí mismo donde estamos parados. Enfrente, un mural la recuerda. Su carita es tierna y sus ojos rasgados de soñadora. “Así era, exactamente. Fue un ajuste de cuentas con el padre que se quedó con un vuelto”, se atreve a contarme una vecina mientras mira la pintada con los ojos llenos de lágrimas.
De regreso al centro, el monumento a la bandera está magníficamente iluminado esperando el 20 de junio. A sus pies se levanta el Rosario Vip, el restaurante de Leo Messi. El ídolo está hoy en la ciudad y todo se mueve a su alrededor. El pibe de oro va a desayunar a ese lugar con su familia y la cola de cholulos llega hasta el Paraná. Por el río se deslizan enormes cargueros. Son los que llevan la cosecha 2013 hacia China, África y Europa. También los grandes cargamentos de cocaína que traen desde Bolivia y Paraguay los grandes carteles internacionales. No pierden tiempo en un mercado pequeño como el rosarino. Apenas si les dejan algunos kilos a las bandas locales. El grueso pasa por los puertos privados y públicos y lo suben de alguna manera a los barcos. Un agente de la DEA, la agencia antidrogas estadounidense, me dijo hace poco que esperan a que los buques lleguen a las islas de enfrente de la ciudad y le acercan la carga en lanchas rápidas. En pocos minutos tiene mil kilos arriba, lo que en Europa puede llegar a valer hasta 100 millones de euros. “Este es el medio ambiente perfecto para la entrada de los carteles mexicanos y colombianos”, cuenta Adriana Rossi, una ítalo argentina, profesora de la Universidad Nacional de Rosario y especialista en narcotráfico. “Tienen una ciudad de consumo, una fantástica hidrovía, circulan enormes capitales provenientes del campo y hay demasiado `dinero gris´, medio en blanco medio en negro. Es perfecto para que vengan a lavar lo que ganan en Estados Unidos y enviar grandes cargamentos al segundo mercado del mundo que es el de Europa”.
Si bien todos aquí coinciden en que la llegada de los gendarmes trajo alivio, también hay miedo a lo que suceda cuando se vayan y a los posibles excesos que puedan cometer. Frente a los tribunales, en Balcarce y Pellegrini, hay un acto en busca de justicia por un hecho que conmovió a los rosarinos y al país entero que tiene que ver con este clima. Piden que se castigue a los responsables del linchamiento de David Moreira, un chico de 18 años que fue a robarle la cartera a una mujer que caminaba con su bebé en brazos por la calle Marcos Paz del barrio Azcuénaga. Un grupo de vecinos vio lo sucedido, lo atrapó y comenzó a golpearlo. Cuando llegó la policía lo encontró con la cabeza destrozada. Agonizó en el hospital dos días antes de morir. “No se puede seguir protegiendo a los que hicieron esto. La policía tiene los medios de saber quiénes hicieron justicia por mano propia. No pueden estar sueltos. Son unos asesinos”, asegura Alicia Bernal de la Comisión Antirrepresiva por los DD.HH.”. “Eso sí que fue una aberración. Pero muestra la profunda división que estamos padeciendo en nuestra sociedad a raíz de esta violencia del narco. Nos inyectaron el miedo. Y el miedo es muy traicionero. Podemos cometer los peores errores por miedo”, analiza la escritora Gorodischer. Cuando se lo contaron al papa Francisco dijo: “sentí las patadas en el alma”.
“Por mucho tiempo creíamos que éramos la Barcelona de América. Una ciudad de gran empuje marcado por los inmigrantes y comerciantes. Somos muy fenicios, en ese sentido. Pero, en realidad, lo que vemos hoy es que hay dos ciudades diferentes, la de la costa, la que mira al río, la próspera; y la otra, la del interior, la de la miseria”, dice el historiador Ielpi. Y lo que comienza a verse con mayor claridad es que la cultura de la ciudad comienza a ser traspasada por el narco. La mayoría de los chicos adoptaron la moda del gueto. Usan botines de alta gama y gorritas futboleras hasta de noche. Las charlas en el mítico café El Cairo donde se juntaban Fontanarrosa y sus amigos rondan sobre el narco. Las librerías de la peatonal Córdoba venden los libros de la telenovela de Escobar Gaviria tanto como los de autoayuda. Y la religiosidad popular adopta “santitos protectores” de los narcos.
El periodista Claudio Berón del diario “La Capital” me guía por los pasillos de Viahonda, al fondo de la calle Avellaneda. Frente a una casilla toman mate varias mujeres. A un costado se levanta un pequeño santuario en honor del Gauchito Gil, el santito popular argentino, y a su lado aparece la figura de la calavera y la guadaña de San La Muerte, el santito que invocan los narcotraficantes de México, Colombia y el resto del continente. “Es que le pedimos al Gauchito por mi nieto que se moría y lo salvó. Pero a él y a otros chicos del barrio les gusta la parca, así que los juntamos. Ellos vienen acá antes de hacer sus trabajos”, me cuenta la señora Felipa Robledo. Doblando por el pasillo y cruzando las vías hay otro altar similar. Lo cuidan Juana Riquelme y “Gauchito” López. Dicen que los 15 de agosto, el día de los santos, se les llena la casa y cada tanto aparece algún chico que viene a agradecer porque le fue bien. ¿En que?, le pregunto a Juana. “Y, en lo que ellos hacen…”.

domingo, 23 de febrero de 2014

Droga y crímenes mafiosos: La historia de “Los Monos”, la banda que aterroriza a Rosario

Droga y crímenes mafiosos: La historia de “Los Monos”, la banda que aterroriza a Rosario

POR MAURO AGUILAR

Llevan 10 años como el principal grupo narco de la ciudad. Ganan 100.000 pesos al día. Saltaron al centro de la escena tras una serie de feroces asesinatos. Y esta semana procesaron a 35 de sus hombres.
Escándalo. Juan Ramírez, el sicario que se fugó a las 7 horas de caer preso.
 
La mansión. Entre los bienes que la Justicia le descubrió a “Los Monos” está esta propiedad: tres hectáreas a todo lujo en las afueras de Rosario./DIARIO PERFIL
 
 
ROSARIO. CORRESPONSAL - 23/02/14
Mutilado, al cadáver de Fernando Corso –o El Gordo Pel , como lo conocían en el barrio de la zona sur de Rosario donde vivía– lo hallaron enterrado en un descampado. La Policía logró dar con él por un llamado que reveló la ubicación precisa del cuerpo. Quienes filtraron el dato tenían claro por qué estaba allí: su jefelo había pasado por una sierra de carnicero y lo había hecho sepultar en un baldío.
El asesino accedió a revelar el lugar donde estaba por un pedido muy especial, el de la madre de Corso. La mujerimploraba para que le devolvieran el cadáver de su hijo, “en el estado en el que se encontrara”.
Aquel crimen cumple 10 años: fue cometido en 2004 con una ferocidad que remite a las películas de gángsters y mafias, y fue un eslabón clave de la sangrienta disputa que desde fines de los años noventa protagonizaban dos bandas de Rosario: Los Monos y Los Garompa . Otra pandilla, Los Colorados , ya había quedado fuera de juego. La guerra dejó, por aquellos años, entre 20 y 30 víctimas.
El Gordo Pel era líder de Los Garompa . Ariel Máximo Cantero, a quien se investigó por el crimen de Corso aunque finalmente no se reunieron pruebas suficientes contra él, avanzaba para apoderarse de los negocios ilícitos del barrio. Con aquel asesinato feroz, consiguió la supremacía. Un año antes había tomado el poder de Los Monos , la banda que debe el nombre al apodo de su antiguo cabecilla, Juan Carlos Fernández, “El Mono grande” .
La principal tentación era el comercio de droga, iniciado a partir de una organización familiar que importaba y comercializaba marihuana.
Los Monos terminaron por ganar la cruenta batalla y se convirtieron en la mayor banda ligada al narcotráfico de Rosario.
La parábola que incluye el crecimiento económico, sus relaciones con la Policía, el surgimiento durante dos décadas de rivales y aliados, el asesinato y la caída de sus líderes, atraviesa la historia del narcotráfico en la ciudad y explica muchas de las muertes cometidas en Rosario en los últimos años.
Y en los últimos meses.

Esta semana 35 de sus miembros –entre ellos, 13 integrantes de fuerzas de seguridad– fueron procesados por asociación ilícita, cohecho, tenencia de armas de guerra, encubrimiento agravado e incumplimiento de los deberes de funcionario público. Se espera que la Justicia Federal inicie ahora un proceso similar pero sobre el delito de narcotráfico, por el que la banda aún no fue investigada a fondo.
Allegados a la organización aseguran que su recaudación orilla por estos días, cuanto menos, 100.000 pesos diarios de ganancia neta. Ese dinero incluiría no sólo el comercio ilegal de drogas –rubro dondehace rato se sumaron la cocaína y el paco –, sino también la “protección” pagada por otras bandas dedicadas al negocio en otras zonas de Rosario. Luis Medina, el empresario acribillado junto a una modelo el domingo 29 de diciembre pasado, manejaba una de ellas y les abonaba un canon.
El crimen de uno de los líderes de Los Monos , Claudio PájaroCantero, el 26 de mayo pasado, aceleró una investigación judicial que desnudó los enormes dividendos económicos que genera el grupo. Como parte de los allanamientos se secuestraron autos de alta gama y lanchas, que podrían ser utilizadas para trasladar mercadería en el río. También se allanaron mansiones que pertenecen al grupo en Rosario y en Funes y hasta una de tres hectáreas en Pérez que incluye una caballeriza, siete habitaciones –tres de ellas con jacuzzi privado– y una pileta diseñada con la silueta del ratón Mickey.
La banda diversificó su dinero en una pequeña flota de taxis y hasta en futbolistas: sería dueña de una parte del pase de Angel Correa, estrella de San Lorenzo. Se sospecha que el dinero era blanqueado en el circuito legal por Mariano Ruiz, un hombre que fue detenido en agosto pasado en Buenos Aires, en un lujoso departamento de Recoleta. En la investigación que desarrolla el juez Juan Carlos Vienna hay referencia de inversiones en propiedades por 40 millones de pesos.
El crecimiento de Los Monos fue apoyado por sectores de las fuerzas de seguridad. Once policías santafesinos, además de un miembro de la Federal y otro de la Prefectura ya fueron detenidos y procesados en el marco de la causa que se inició por el crimen de Martín Paz, en septiembre de 2012. Esa muerte fue clave para comenzar a desentrañar los secretos de la banda.
El Fantasma Paz estaba de novio con una hermana de los Cantero. Participaba de la operatoria para blanquear el dinero de la organización, pero cometió un pecado imperdonable para los Cantero: intentó utilizar los aportes para iniciar un emprendimiento propio vinculado con el narcotráfico. Uno de los más experimentados sicarios de Los Monos lo asesinó.
La relación entre la Policía tiene cientos de episodios. A mediados de enero, por ejemplo, cayó preso Juan Ramírez, sicario y testaferro del grupo: siete horas después se fugó de la Jefatura de Policía de Rosario. Por su escape fueron detenidos cinco policías,sospechados de haber cobrado por su fuga.
A Los Monos les atribuyen un poder de fuego como a ningún otro operador de la droga en Rosario. Lo demostraron tras la muerte delPájaro . Pocas horas después de ese crimen, tres asesinatos regaron de sangre las calles como represalia.
El Pájaro tenía una educación formal precaria, pero se lo señala como el hombre que expandió los negocios y dotó de organización a la banda. Uno de sus hermanos, Máximo Ariel Cantero, alias Guille, fue detenido por la causa iniciada con el asesinato de Paz. En el expediente se dice que “a quien se le tiene miedo es a Guille” , al que“no le gustan los policías” ; y que en cambio “El Pájaro era conciliador; para ser violento tenía que suceder algo extremo”.
Los testigos también comentan que “El Pájaro no hacía nada todo el día, era dependiente de la madre, incluso se hizo la casa atrás de la casa de la madre, era como un chico” .
Hoy permanecen prófugos el padre de los Cantero, Ariel Máximo – El Ariel, único de la familia que tuvo una condena por narcotráfico–, y su hijastro, Ramón Monchi Machuca. Entre otras cosas, este último es quien trabaja los contactos con la Policía y es “el más ambicioso” , de acuerdo a los testigos.
“Monchi nunca agarró una pistola. El paga y hace matar” , dijo un testigo de identidad reservada en el expediente.
La banda fue golpeada por la muerte del Pájaro , la detención de varios de sus integrantes y la fuga de parte de la cúpula. Sin embargo, en la Policía y en la Justicia admiten que se regenera permanentemente. Esta semana, después del procesamiento a 35 de sus hombres, el fiscal Guillermo Camporini aceptó que apenas se desmembró “un brazo de la organización”, a la que el juez Juan Vienna definió como una maquinaria dedicada “al negocio de la violencia” para generarse beneficios económicos. Nadie sabe aún cómo la detendrán.
 

miércoles, 15 de enero de 2014

Narcotráfico : Rosario, ¿un posible futuro para la Argentina?

Rosario, ¿un posible futuro para la Argentina?

La ciudad santafecina vive desde hace dos años una oleada criminal asociada con los negocios de narcotraficantes, que contaminan a las fuerzas policiales
 

Dos años atrás comenzó a aflorar en Rosario una ola de violencia criminal vinculada con las bandas de narcotraficantes que se transformó en una marea siempre creciente, caracterizada por ajustes de cuentas, venganzas y feroces luchas para conquistar territorios -o defenderlos- con el fin de vender en más de 300 búnkeres una cocaína barata y adulterada con sustancias de alta toxicidad, aunque también se comercializa cocaína de alta calidad.
El año pasado se supo que parte de la cúpula de la policía santafecina estaba infiltrada por el narcotráfico y, luego de que el gobierno de la provincia comenzó una depuración en la fuerza, el gobernador socialista Antonio Bonfatti y sus familiares fueron atacados en su casa con 14 balazos, atribuidos a policías resentidos con la depuración, que afortunadamente no hirieron a nadie. Hay tres efectivos detenidos por ese hecho.
Al observar la violencia rosarina, coronada por ajusticiamientos de líderes de bandas en pugna, y al reparar en la poca importancia que el gobierno nacional concede a la lucha contra el narcotráfico, es difícil dejar de plantearse si la pujante ciudad de Rosario no constituye una posible foto del futuro que le aguardaría al resto del país si las autoridades nacionales, en coordinación con las provinciales y locales, no encaran de una buena vez por todas una lucha en serio contra la droga y sus mercaderes.
Algunos casos rosarinos parecen sacados de las viejas crónicas de Medellín, cuando el narcotraficante Pablo Escobar comenzaba a crecer. Por ejemplo, el 29 de diciembre del año pasado, Luis Medina cayó asesinado con su novia en la zona sur de Rosario. En los últimos cuatro años, la venta de drogas lo había convertido en un muy poderoso empresario. Por eso, y porque temía que sus colegas lo asesinaran, se estaba retirando del negocio ilícito y se había mudado a un country de Pilar con su novia y evitaba regresar a Rosario. La firma de una escritura lo forzó a regresar a esa ciudad, y allí fue acribillado.
Como informó la nacion, a diferencia de otros personajes del ambiente del narcotráfico, Medina había blanqueado una parte de su actividad y, con su ex esposa, había conformado dos SRL dedicadas al ca tering para fiestas y al préstamo de dinero. Poseía, además, una agencia de automóviles importados. Medina había crecido tras el apresamiento de Roberto Padilla, poseedor de la primera cocina de cocaína desbaratada en Rosario.
Para vender droga sin inconvenientes, Medina habría comprado su impunidad corrompiendo a la policía santafecina, mediante el pago de un millón de pesos por mes. También tendría que efectuar pagos a la importante banda de Los Monos, que actúa en el sur de la ciudad, para gozar de su protección. Es decir, para que no lo mataran.
De los cuatro integrantes originales de la cúpula de Los Monos, dos se encuentran prófugos, uno está preso y el cuarto fue asesinado. Su crimen dio inicio a una serie de venganzas que, en una semana, arrojó cuatro asesinatos. Ex integrantes de Los Monos abandonaron la banda para competir con ella en la venta de droga en el sur rosarino.
El poder del negocio narco es enorme y contamina a los organismos e instituciones que deben combatirlo. Además de pagarle a la policía, los narcotraficantes suelen hacer lo mismo con la Justicia y con el mundo de la política, siempre necesitado de financiamiento. Otras veces, les basta con hacer valer el miedo que inspiran para desactivar persecuciones policiales o judiciales.
En Rosario, los asesinatos de Medina y su novia mostraron dos episodios muy preocupantes. Poco después de ocurridos, tres suboficiales de la División Judiciales de la Policía de Santa Fe pretendieron allanar el domicilio de Medina en el country de Pilar, sin orden judicial, por lo cual el procedimiento ilegal fue impedido por la guardia privada del country. Los tres efectivos se encuentran en situación de disponibilidad.
La noche del crimen, la jueza que se encontraba de turno no sólo no se presentó en el lugar del hecho, sino que ni siquiera atendió las llamadas telefónicas judiciales, como es obligación de los magistrados que se encuentran de turno. El crimen ocurrió el 29 de diciembre. Al día siguiente, la jueza presentó su renuncia. El gobernador Bonfatti consideró que la actitud de la magistrada amerita la conformación de un jury.
Tanto el gobierno nacional como el de Santa Fe deben comprender que no puede haber medias tintas en la lucha contra el narcotráfico, y que, cuando esa lucha se libra con franqueza, al comienzo produce muchas bajas en ambos lados, así como la necesidad de continuas limpiezas dentro de las fuerzas de seguridad y en la propia Justicia.
Forzado por las circunstancias, el gobierno santafecino parece decidido a enfrentar el desafío. El tiempo dirá si lo hace con la convicción necesaria. En cambio, el gobierno nacional parece indiferente ante el crecimiento de este delito federal. Si no se actúa ahora, mañana será demasiado tarde y Rosario podría anticipar lo que le espera al resto del país.

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