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domingo, 22 de febrero de 2015

La verdad detrás del nuevo relato Por Jorge Fernández Díaz | LA NACION

El escenario

La verdad detrás del nuevo relato

domingo, 21 de diciembre de 2014

Las otras víctimas del relato editorial del diario La Nación

Editorial I

Las otras víctimas del relato

Funcionarios de carrera, técnicos y hasta directivos de empresas privadas fueron y son hostigados por un gobierno que desprecia y castiga el disenso
Algunos están fuera del Estado por decisión propia, porque, a pesar de haber hecho carrera en la administración pública y tener una sólida experiencia en sus puestos, se negaron a soportar las presiones, los aprietes y las degradaciones que les impuso el kirchnerismo cuando comenzó a sospechar que las voces críticas podían multiplicarse y crearle más problemas.
Otros fueron separados de sus cargos por el simple hecho de haber gestionado contactos o fotos a precandidatos del propio riñón kirchnerista, pero que aún no fueron bendecidos por el índice presidencial, o porque -dicen, y a estas alturas de los hechos hay pocas razones para no creerles- lograron esos acercamientos antes de que los hubiera conseguido la Presidenta.
Y están también los que se fueron empujados por distintas acciones de la jefa del Estado: como un decreto rabioso, un inexplicable escrache público con datos incomprobables a simple vista o una suelta de "carpetazos", como suele llamarse al trabajo de inteligencia que sectores del Gobierno le preparan a la primera mandataria para que denuncie en cadena nacional lo que sus propios funcionarios deberían estar investigando si es que realmente existiera una fundada sospecha de culpabilidad.
Uno de los últimos casos conocidos, de repercusión pública, fue el de Silvina Martínez, echada de su cargo de directora del Registro Nacional de Sociedades de la Inspección General de Justicia (IGJ) por haber denunciado que ese organismo negó información sobre el caso Ciccone. El testimonio de Martínez resulta hoy clave en la causa que investiga los vínculos de la familia presidencial con el seudoempresario Lázaro Báez. En una reciente entrevista periodística, la ex funcionaria acusó al Gobierno de mentirle a la gente cuando dice que hay 47.000 empresas con irregularidades como las verificadas en los hoteles presidenciales. "Una cosa es que una sociedad deba balances, pero en el caso de Hotesur, adeuda eso y el pago de tasas, y la sede es ficticia, entre otras cuestiones. Son muchas fallas juntas", enfatizó.
Martínez no es la única mujer echada de su cargo estatal por pensar distinto, oponerse a las políticas oficiales o denunciar ilícitos. Un caso lejano, pero anticipatorio de todo lo que vino después fue el de Graciela Bevacqua, directora del Indec hasta que la desplazó Guillermo Moreno, en 2007. Si bien la funcionaria terminó presentando la renuncia, lo hizo luego de que fuera degradada laboralmente, según ella misma relató. La que comenzaba a ser la mayor manipulación estadística del instituto en toda su historia empezaba también a sumar una persecución política descarada. Junto con Bevacqua, fueron removidos Clyde Trabucchi, entonces directora de una de las áreas del Indec, y numerosos técnicos que alzaron sus voces para denunciar la falsedad de las mediciones y el constante hostigamiento por parte de la intervención.
Laura Haag, abogada, fue despedida de otra dependencia del Estado, la Secretaría de Energía, por las declaraciones de su esposo, Cristian Folgar, un ex funcionario del área, que marcó diferencias con la política energética del Gobierno. Otro tanto les ocurrió a Sandra Votta, María Córdoba y Griselda López Viegas, todas empleadas de la Cancillería hasta que fueron despedidas hace casi un año. López Viegas adjudica su despido a haberse negado a incluir a una ex pareja de Máximo Kirchner en el grupo de diseñadores argentinos que viajaron a Milán para participar de la Semana de la Moda. Votta, en tanto, había denunciado maltratos en el ministerio conducido en lo formal por Héctor Timerman, pero, en la práctica, por La Cámpora y otras agrupaciones kirchneristas que se han hecho fuertes en el manejo de la mayoría de las carteras nacionales. La Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN) fue depositaria de decenas de denuncias de empleados de la Cancillería sobre maltrato, acoso laboral, reducción de salarios, charlas obligatorias de adoctrinamiento político y persecución ideológica.
Si se compara al país con una familia, bien puede decirse que muchos de los jóvenes kirchneristas a los que temprana e indiscriminadamente se les ha otorgado poder de mando, tienen ejemplos muy poco edificantes para seguir, empezando por la Presidenta. Martín Redrado fue expulsado de la titularidad del Banco Central mediante un decreto de necesidad y urgencia, por haberse resistido a cumplir órdenes presidenciales, contrarias a la autonomía de la entidad. Más allá de las diferencias de criterio, su eyección fue escandalosa, como también lo fue la de Martín Lousteau del Ministerio de Economía. Éste se había trenzado en varias ocasiones con Guillermo Moreno, quien le dedicó en público un gesto difícil de olvidar: dio por concluida una conversación con Lousteau pasándose el índice de lado a lado del cuello. Señal clarísima del degüello al que podrían exponerse los que pensaran distinto de él.
Gustavo Beliz, ministro de Justicia de la presidencia de Néstor Kirchner, tuvo que irse a los Estados Unidos tras haber sido desplazado del Gobierno, entre otras cosas, por haber denunciado que la SIDE manejaba indebidamente partidas millonarias, fracasaba en sus operativos y daba información falsa a las autoridades.
Graciela Ocaña dejó de ser la ministra de Salud de la primera presidencia de Cristina Kirchner ciertamente en medio de una crisis sanitaria, pero también cuando comenzó a enfrentarse con los gremios por el uso de los fondos de las obras sociales y por la investigación que impulsó por la mafia de la medicamentos y los aportes de ese negocio ilícito a la política.
Como si no le bastase con esas maniobras dentro del propio Estado, el kirchnerismo también logró deshacerse de directores de empresas privadas, presionándolos de todas las formas posibles, incluso usando la fuerza, como ocurrió no bien tomada la decisión de expropiar la porción accionaria de Repsol en YPF.
Hubo también muchos casos en sentido inverso: los de aquellos funcionarios que debieron irse acorralados por la Justicia, a pesar de la fuerte protección del kirchnerismo, que se empeñaba obscenamente en mantenerlos en su redil como gesto de gratitud por no haber intentado sacar los pies del plato en medio de la tormenta política. Los más escandalosos fueron los de la ministra de Economía Felisa Miceli, en cuyo despacho se encontró una bolsa con dinero, hecho por el que fue juzgada y condenada; los de Ricardo Jaime y Juan Pablo Schiavi, el primero, con más de una decena de denuncias por corrupción, y el segundo, investigado por su responsabilidad en el trágico accidente ferroviario de la estación de Once. Y qué decir del vicepresidente Amado Boudou, doblemente procesado y con elevación a juicio oral en una de las causas en las que se lo investiga, a quien el kirchnerismo ha decidido mantener en el cargo contra toda lógica, desechando pedidos de juicio político y permitiéndole seguir al frente de las sesiones del Senado y del Poder Ejecutivo en ausencia de la Presidenta.
Otro caso paradigmático de las formas -o pésimas formas- del kirchnerismo, tanto para echar como para retener gente a toda costa en puestos estatales, lo representa el acto en que Cristina Kirchner embistió contra Juan Carlos Fábrega, entonces presidente del Banco Central, acusándolo en público de haber filtrado información privilegiada a los bancos.
También trascendió que la Presidenta echó a Víctor Ramos del área de Cultura por haber colaborado con el armado de la estrategia porteña del sciolismo, y que desplazó de su puesto al secretario de la Unidad Presidencial, Rafael Follonier, por haber gestionado sendos encuentros de Scioli con la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, y con el mandatario electo de Uruguay, Tabaré Vázquez.
La reacción presidencial frente a lo indeseado tiene un antecedente menos protocolar pero igualmente grotesco: fue el día en que por micrófono, ante un Museo del Bicentenario lleno de comensales para celebrar la visita del presidente paraguayo, Horacio Cartes, anunció que había decidido echar al electricista a cargo del mantenimiento del acto por las fallas en los micrófonos, que provocaron baches en los discursos.
Si de algo está convencido el kirchnerismo es de que no necesita ni guardar las formas ni respetar a quien no piensa igual. Enfrente quedan las víctimas del relato, que cada vez son más..

Crisis terminal en el Instituto de Revisionismo Histórico oficial

Crisis terminal en el Instituto de Revisionismo Histórico oficial

Creado por decreto en 2011
Pacho O´Donnell, su presidente honorario, pidió cerrar el organismo. Está enfrentado con el presidente de la entidad, Víctor Ramos, pero ambos apoyan la candidatura de Daniel Scioli. 
En un correo dirigido a los 33 miembros del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego, su presidente honorario Mario Pacho O’Donnell solicitó que en asamblea se decida la disolución del organismo, que tiene apenas tres años de existencia y un recorrido con mucha polémica. “Compañeras y compañeros: como fundador del Dorrego propongo que en la Asamblea tratemos la disolución definitiva del Instituto si convenimos con sinceridad que no estamos ya en condiciones de seguir cumpliendo con los objetivos que nos fijamos y que la Presidenta de la Nación avaló con su reconocimiento”, escribió Pacho.
“El Dorrego atraviesa una crisis muy grande, que es parte del proceso de desgaste de una institución por el paso del tiempo”, sostuvo ante Clarín O'Donnell sobre el instituto creado en noviembre de 2011 por Cristina Kichner. “Pero se han dejado de cumplir sus objetivos. No diría que fracasó porque hemos puesto en la superficie la batalla cultural. Diré que sufre un proceso de aburguesamiento, de achanchamiento”, intentó explicar quien fue titular del Dorrego hasta junio pasado. En su carta, además de reconocer la crisis, el ensayista dispara: “No eran Luis Alberto Romero ni Beatriz Sarlo nuestros peores enemigos”, en alusión a las críticas que estos intelectuales habían realizado cuando se creó el organismo. “Estaban adentro”, denuncia el historiador.
El que se dio por aludido fue Víctor Ramos, el dirigente barrial de la Villa 21-24, que fue despedido por la ministra Teresa Parodi del Museo del Cabildo. Ramos, en licencia por su cargo de presidente del Instituto Dorrego, había vertido críticas contra la funcionaria, La Cámpora y el hijo presidencial Máximo Kirchner. Y tras conocerse el pedido de cierre de O'Donnell no tardó en responder:“Es por una cuestión política. El enemigo de esta situación soy yo, por haber atacado a La Cámpora y a Parodi”, señaló el dirigente aLa Nación. Lo curioso es que los dos historiadores enfrentados comulgan en su fe sciolista. Y hasta un tuit de Ramos a favor de la candidatura del ex motonauta colmó la paciencia de la Casa Rosada. Pacho, por cierto, acude a todos y cada uno de los actos del gobernador y es su referente en materia cultural.
Sucede que en la Cartera que formalmente dirige Teresa Parodi manda La Cámpora. El militante y secretario de Políticas Socioculturales Franco Vitali -hijo del ex legislador K y gestor cultural Elvio Vitali- fue el verdugo de Jorge Coscia, el ex secretario de Cultura. Ramos, cuando fue separado del Museo del Cabildo, disparó con munición gruesa contra ambos sectores, pero resistió -con licencia- en el Instituto Dorrego. “Fue un golpe de Estado”, le dijo entonces Ramos a Clarín
En paralelo a esta situación, empezó a circular una propuesta de solicitada de algunos integrantes de la comisión directiva del Dorrego, donde se señala a Víctor Ramos como la manzana de la discordia.“Repudiamos las palabras, los métodos patoteriles y la recurrencia a la prensa hostil al gobierno utilizados por el señor Víctor Ramos ya que, pese a sus votos de lealtad a Cristina, su conducta lo enfrenta a la señora presidenta”, dice el texto. Por su parte, desde el Ministerio de Cultura expresaron que no recibieron "ninguna información formal ni informal sobre el tema".
Para 2015, el Dorrego tiene asignado un presupuesto de $ 15 millones, muy por encima de otros institutos históricos, como los de Juan Domingo Perón y Juan Manuel de Rosas. La creación del Instituto Dorrego apuntaba a rescatar a quienes "defendieron el ideario nacional y popular ante el embate liberal y extranjerizante". Provocó desde un principio una fuerte polémica entre reconocidos historiadores, que cuestionaron la meta de instaurar un "pensamiento único" respecto del pasado.
En sus tres años de vida, el aporte del Instituto fue muy polémico. El instituto oficial que buscaba paradójicamente revistar "la historia oficial", en cada una de sus intervenciones intentó acomodar los sucesos del país al relato kirchnerista. Durante un congreso, el año pasado, llegaron a firmar que la Ley de Medios contrarrestaba el "colonialismo cultural y mental".

domingo, 17 de agosto de 2014

San Martín, el gran prócer “olvidado” del revisionismo K

EL RELATO Y LOS USOS DE LA HISTORIA  

San Martín, el gran prócer “olvidado” del revisionismo K

Volver a contar el pasado y reivindicar a algunos de sus protagonistas se ha transformado en una de las obsesiones del gobierno kirchnerista.

 San Martín, el gran prócer “olvidado” del revisionismo K.

¿Sigue siendo hoy José de San Martín “el santo de la espada”? ¿Cuál es su rostro más recordado? ¿Qué tipo de debate se instala sobre la figura del libertador de Argentina, Chile y Perú, en este país dividido entre quienes aseguran que el kirchnerismo hace uso político de la historia y los que defienden el revisionismo de los hechos del pasado como un acto de justicia popular?
Seguramente, no fue casualidad que en 1970, en una sociedad dividida entre “rosistas y no rosistas” y “peronistas y antiperonistas”, Leopoldo Torre Nilsson haya estrenado con un éxito indiscutible la película basada en la obra de Ricardo Rojas. En El Santo de la Espada, San Martín fue un militar exitoso que sintetizó todos los debates de la sociedad dividida de los 70. La vieron 2,8 millones de espectadores –el 15% de la población del país en ese entonces– y la película entró en las escuelas como material didáctico. Según las críticas cinematográficas de época, no fue una gran creación, pero sí un éxito en las boleterías. El crítico e historiador Domingo Di Núbila la llamó una “costosa biografía, rigurosamente vigilada por los mecanismos de control durante su rodaje”. El Instituto Sanmartiniano tenía, por ley, todos los derechos de producción sobre la figura.
Un recurso nada novedoso. Ya en 1852, Karl Marx había escrito en El 18 brumario de Luis Bonaparte: “La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos. Y cuando éstos aparentan dedicarse precisamente a transformarse y a transformar las cosas, a crear algo nunca visto, en estas épocas de crisis revolucionaria es precisamente cuando conjuran temerosos en su auxilio los espíritus del pasado, toman prestados sus nombres, sus consignas de guerra, su ropaje, para, con este disfraz de vejez venerable y este lenguaje prestado, representar la nueva escena de la historia universal”.
Para decirlo en criollo, parece que la idea de traer la historia al presente es más antigua que Matusalén, y no es para nada un invento argentino ni, mucho menos, del kirchnerismo. Sin embargo, el tema sigue provocando polémica. “Cualquier gobierno tiene una mirada sobre el pasado: aun si elige no hacer nada, eso quiere decir que está haciendo algo. Rastreando la dictadura, vemos que tomó postura referenciándose con la organización nacional de 1880, y se proclamó como Proceso de Reorganización Nacional”, dice a PERFIL el doctor en HistoriaGabriel Di Meglio, uno de los creadores del personaje Zamba, del canal Paka Paka.
María Ernestina Alonso, profesora de Historia y escritora, señala que los historiadores llaman “uso público de la historia” a “las operaciones ideológicas con el pasado” que se hacen generalmente desde la política. “Uso público de la historia no es igual a la producción de conocimiento histórico”, aclara. En el uso público de la historia aparece el llamado “relato”, que la oposición hoy le endilga al kirchnerismo. “Con los mismos hechos, se puede construir más de un relato y más de un sentido”, admite Alonso.
“La historia es política y la política es historia”, asegura en diálogo con PERFIL Pacho O’ Donnell, escritor, político y médico, autor de una veintena de obras históricas y uno de los referentes del revisionismo histórico local. “Hay distintas versiones interpretativas de los hechos históricos. Es lógico que un gobierno peronista reivindique figuras que tienen que ver con la historia popular. El revisionismo es la historia contada desde los sectores populares”.
Di Meglio señala los “matices” en el Gobierno sobre la historia. “Hubo un cambio a partir de 2011, se inclinaron más hacia el revisionismo, con la reivindicación del Día de la Soberanía el 20 de noviembre y la creación del Instituto Dorrego. Pero al mismo tiempo, en el discurso de Cristina aparece Sarmiento. Y la discusión de si Colón o Juana Azurduy no es revisionista, tiene más que ver con reivindicar lo indígena y lo femenino”.
Para el investigador del Conicet Roy Hora, el Gobierno “se esfuerza por enfatizar la historia quitando importancia a las transformaciones previas. Sobre San Martín, por ejemplo, no se puso énfasis. ¿Cuánto vale San Martín hoy? Mi impresión es que para el Gobierno no tiene tanto para decirnos, no tiene significado como faro que nos oriente hacia el futuro. Los problemas que él enfrentó tal vez no son los que más preocupan hoy. Es lógico que aparezca Sarmiento, si la educación está mal; o que Néstor y Cristina, ambos abogados, traigan a Moreno, independientemente de la importancia que los historiadores le den a esa figura”. Al fin y al cabo, “toda historia es historia contemporánea”, como escribió el filósofo italiano Benedetto Croce.
De Alfonsín a Cristina. ¿Es el kirchnerismo el que más forzó las interpretaciones de la historia argentina, desde la recuperación de la democracia? Aquí las posiciones se dividen, aunque todos coinciden en que probablemente fue el gobierno que tomó las posturas más fuertes y que el bicentenario de la Revolución de Mayo, en 2010, fue un detonante que le jugó a favor para ascender a algunas figuras al panteón de la historia nacional.
Di Meglio cita el intento de intervención en la mirada histórica del país que hace el gobierno de Raúl Alfonsín, a partir de la película La república perdida: “Coloca a los gobiernos democráticos como buenos, hermana a Yrigoyen con Perón. Del otro lado, los dictadores, que son los malos”.
O’ Donnell recuerda que el ex presidente Carlos Menem repatrió los restos de Juan Manuel de Rosas, tras 137 años de exilio. “Sí, pero Menem repatria los restos de Rosas y lo señala como un signo de reconciliación nacional y, a la semana, saca el indulto”, agrega Di Meglio.
Frente a estas posiciones, el historiador Carlos Malamud se planta: “Este gobierno es claramente, desde la recuperación de la democracia, el que más operó sobre la historia. Es algo típico de los gobiernos populistas, donde la historia se convierte en un arma política, y de ahí la necesidad de contar con institutos de revisiones históricas y esas cuestiones. Es clara la manipulación política, y esto se vio durante los festejos del Bicentenario.
Es cierto que toda historia es historia contemporánea y cada generación de historiadores se repregunta, pero el problema está cuando las preguntas que se hacen no son sobre el pasado sino que se aprovechan en el futuro, utilizar la historia con fines partidarios, peor aun si se manipula desde el Estado”.
O’Donnell opina que lo que molesta es el intento de poner en cuestión “el orden establecido”. Y asegura que ése fue el principal motivo por el cual se criticó la creación del Instituto Dorrego, que presidió hasta principios de julio. “La historia oficial es una historia construida en base a un sistema de poder, de subsidios, de viajes, de empleos”, dijo.

Superhéroes nac & pop
En un episodio de Zamba, el niño dibujo animado que viaja al pasado para interactuar con personajes de la historia desde la pantalla del canal infantil Paka Paka, la excursión se detiene en la Batalla de Yapeyú. Allí, el niño formoseño venera a un San Martín que viste una capa roja, a modo de superhéroe, y le entrega su primera espada.
“Zamba es un dibujo animado creado para atraer a los chicos a la historia, con humor. No fue pensado como un recurso pedagógico. Está hecho en código de animación, donde siempre hay uno bueno y uno malo. No nació para que se use en la escuela, y si esto ocurre hay que pensar qué tiene que hacer el docente con eso”, dice Gabriel Di Meglio, uno de los creadores de Zamba, consciente de que el personaje no ha sido bien recibido por algunos sectores que le critican la “bajada de línea del revisionismo oficial”. Pero su popularidad ya saltó a las aulas y, además, se presenta como espectáculo en Tecnópolis. Pacho O’Donnell asegura que no vio Zamba nunca por TV, pero opina que, “habiendo leído las críticas que le hacen y quiénes las hacen, puedo afirmar que se trata seguramente de un proyecto muy interesante”.

¿Quién es dueño de la historia?
El debate entre historiadores liberales y revisionistas tiene ya muchos años. El revisionismo se inició en Argentina con la reivindicación de la figura de Rosas. Las primeras producciones fueron en la década de 1930 y 1940, y formaron parte de diversas vertientes del nacionalismo católico. Los más influyentes fueron Julio Irazusta, Carlos Ibarguren y Ernesto Palacio. La primera obra importante fue La Argentina y el imperialismo británico (1934), de Rodolfo y Julio Irazusta. Años después, pusieron el énfasis en el tema del imperialismo inglés, lo que creó un vínculo con los nacionalistas populares. Allí se destacó la obra de Raúl Scalabrini Ortiz Historia de los ferrocarriles argentinos.
El debate se actualizó con la puesta en marcha del Instituto de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego, por decreto del gobierno nacional. “Luis Alberto Romero se autoerigió en jefe de la indignación, ante la aparición del Dorrego, pero nunca propuso el debate, sino la diatriba y la injuria. Adujeron que la Presidenta quería modificar la historia, le adjudicaron lo que ellos vienen haciendo desde hace 150 años”, asegura, polémico, Pacho O’Donnell en La confesión (Aguilar), un libro de reportajes que le hizo Eduardo Anguita y que acaba de llegar a las librerías argentinas.

Una figura indiscutida y una faceta desconocida
San Martín es una de las figuras menos discutidas, reivindicado por unos y otros. Pero en los últimos tiempos se develaron nuevas facetas. El revisionismo destacó su condición mestiza y el historiador radical Rodolfo Terragno publicó Diario íntimo de San Martín, que se ocupa de sus actividades durante el exilio en Inglaterra.
Para el Bicentenario, se estrenó un corto de Juan Bautista Stagnaro en el ciclo 25 miradas/200 minutos. Se llamó El espía, y se detiene en el momento en que, en 1812, San Martín llega al país y casi no lo dejan entrar por considerarlo un espía inglés. El corto puede verse en YouTube. “Era masón, eso no está en discusión, pero de ahí a que fuera un espía inglés, me parece absurdo. No hay pruebas”, dice Di Meglio.
Bartolomé Mitre, militar como San Martín, fue quien escribió en 1887 la historia oficial de su vida, versión que marcó por años el imaginario popular y las investigaciones de la Academia. “Mitre le reconoció a San Martín que era el campeón, incluso destacó su mirada americanista, pero al mismo tiempo nos lo entregó mutilado de ideas”, dice O’Donnell. La reivindicación de su pensamiento, de su condición política, sigue siendo en estos días tarea pendiente. “Es que San Martín tuvo una disputa importante con los vencedores de las guerras civiles del siglo XIX, los unitarios, rebautizados liberales, que son quienes escribieron la historia”, agrega. Para Pacho, San Martín defendió a Rosas. “No sólo le dejó su sable, sino que él, que era un hombre muy prestigioso en Europa, escribió notas en diarios europeos contradiciendo la campaña en su contra que hacían sus enemigos”.
Perón, que también era militar, reivindicó a San Martín. Rebautiza como Avenida del Libertador la que era avenida Alvear. Pese a ello, no fue revisionista.

sábado, 19 de julio de 2014

Diego y Víctor Hugo, otros dos que ganan el premio al relato K

Diego y Víctor Hugo, otros dos que ganan el premio al relato K

Nueva distinción de la Facultad de Periodismo de La PlataMaradona y Morales recibirán un galardón que en los últimos años sumó polémicas.

  • Miguel Wiñazki

El Campeonato Mundial del Relato lo ganaron Diego Maradona y Víctor Hugo Morales.
Porque es “Mundial” (un sinónimo para decir inefable) que la decana de la Facultad de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata haya decidido otorgarle a la dupla que condujo el programa De Zurda, el premio Rodolfo Walsh a la comuinicación popular. Justo a ellos, dos millonarios, antagónicos a la austeridad y a la intransigencia de Rodolfo Walsh.
Maradona y Víctor Hugo se asociaron a gobiernos diversos, incluyendo la dictadura, aunque en ese punto con diferentes responsabilidades.
Cuando Diego Maradona debutó en Boca, debutó Víctor Hugo Morales como relator en el fútbol argentino. Era 1981, fue otra gran fiesta del fútbol de los militares genocidas. El 78 primero, el juvenil del 79 después y aquel Boca maradoniano más tarde. Maradona fue personalmente a visitar al genocida Guillermo Suarez Mason tras el mundial del 79 en Japón, le regaló un frasco de perfume. Mas tarde, Suarez Mason fue el artífice de su pase desde Argentinos Juniors a Boca. No convierte el asunto a Maradona en culpable de nada.
Pero eso fue lo que ocurrió.
Con un tono cercano en algún punto a Capitanich, protocolar y vacío, Florencia Saintout argumentó que “la distinción se encuadra en la labor periodística” y “el compromiso que asumen a la hora de realizar un análisis exhaustivo de la jornada mundialista”.
La decana ultra K, relatora, considera asimismo que “ De Zurdarecupera los sentidos por romper con viejas categorías y construir asimismo un nuevo camino de producción y circulación de la información y porque incorpora en una experiencia comunicacional televisiva, una visión latinoamericana”. Además, define a Víctor Hugo y Maradona como la “dupla perfecta”.
¿Pero de qué habla? Con qué bizantinismos se emboba en esa fraseología grandiculocuente: “La producción y circulación de la informacion...” y todo lo demás.
Por hacer circular la información, con ese tono monocorde y atravesado de baches, Maradona firmó un contrato millonario por dos años.
Ni él ni Víctor Hugo militaron para “romper con viejas categorías”. En todo caso, la categoría, “millones por propagandizar” continúa enarbolada.
Por supuesto, el presidente autocrático Nicolás Maduro realizó una apología del programa y garantizó su continuidad, porque consideró (mientras su país se hunde en las fracturas internas, la inflación y la represión al movimiento estudiantil) que “ De Zurda es más que fútbol, es cultura y todo lo bueno –se incluyó– que estamos realizando en éste continente ”.
En esa línea “cultural” según la concibe Maduro, habría que incluir la convicción de Víctor Hugo Morales quien "calificó a los jugadores de nazis asquerosos"
Semejante delirio le brotó por la levedad de una broma futbolera menor, que según el relator, los vuelve a convertir en nazis.
No sonó muy de zurda su propio neonazismo ampuloso y retórico revestido demencialmente de “progresismo” de Víctor Hugo.
La dupla ganadora del Premio Rodolfo Walsh, embolsando a raudales, sostiene como bien señaló Pablo Sirven, en Twitter, el “negocio de ser Bolivarianos”.
Y Saintout premia al negocio, y por eso es premiada con el afecto de la Presidenta. Y ella, la Decana, a la vez premió a la Presidenta en abril, también con el premio Rodolfo Walsh.
Y así el círculo de vicioso se vuelve más sólido y se “enriquece” de obsecuencia, de apariencias y de vilezas.

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