El medio es el mensaje
Cristina y una cadena de desaciertos
Una noticia trascendental se abre paso por sí misma y gana la primera plana de los diarios y los espacios principales en los noticieros más vistos. Los periodistas amamos ese tipo de informaciones inusuales que inyectan adrenalina en las redacciones y que a cada uno de sus integrantes nos hacen vibrar y renovar el pacto de amor con nuestra profesión.
Como decía Jorge Luis Borges, tal vez los periódicos -y, agregamos, por añadidura, los noticieros- deberían salir sólo cuando suceden ese tipo de novedades excepcionales, como lo fue en la semana que pasó la histórica reanudación de relaciones entre Cuba y los Estados Unidos. Pero los diarios y los noticieros renuevan sus ediciones cada día y entonces para dar cuenta de lo ordinario (como lo indica la palabra, lo contrario a lo extraordinario) debe pesar el criterio de selección de cada editor para evaluar qué es lo importante, qué se destaca en tapa y qué no, y con qué relieve se da una noticia y otra.
Éste es un trabajo estrictamente privado, en el que nada tiene que hacer el Estado. El Gobierno, claro, puede comunicar temas de importancia institucional mediante avisos distribuidos equitativamente por la pauta oficial en los diversos medios, sus funcionarios deben estar dispuestos a recibir a los periodistas y organizar periódicas conferencias de prensa, así como tener sus organismos de estadísticas al día, ajenos a cualquier tipo de distorsión y abiertos a todo tipo de consulta.
¿Qué debe hacer el Estado cuando sucede o genera por sí mismo una de esas noticias trascendentales que tanto nos gusta a los periodistas dar en enorme tipografía en las primeras planas o vociferar en los noticieros radiales y televisivos? La respuesta es sencilla: apelar a la cadena nacional.
La ley de medios, en su artículo 75, no deja librado al azar o al capricho del mandatario de turno su uso y es muy clara sobre su funcionamiento estricto. Leamos: "Cadena nacional o provincial. El Poder Ejecutivo nacional y los poderes ejecutivos provinciales podrán, en situaciones graves, excepcionales o de trascendencia institucional, disponer la integración de la cadena de radiodifusión nacional o provincial, según el caso, que será obligatoria para todos los licenciatarios".
Si nos atenemos al espíritu y a la letra de este artículo, está más que claro que se lo viene violentando hace rato y constantemente porque no sólo muchas veces se conecta con ella para dar novedades de escasa o media trascendencia que podría dar un funcionario de menor rango o, simplemente, con una gacetilla de prensa, sino que la mayoría de las veces es para monsergas autocelebratorias de la Presidenta, combos de noticias varias (teleconferencias) y hasta la actuación de artistas y cómicos afines desde, por ejemplo, Tecnópolis.
Ahora, Cristina Kirchner acaba de anunciar una modalidad si cabe aún más polémica: compactos de los anuncios oficiales para darlos en cadena en horario prime time. ¿El motivo? Según anunció la propia jefa del Estado es una manera de cubrir lo que ella considera un déficit informativo. No conforme con las primeras planas de diarios oficialistas ni con el coro dócil y creciente de voces zalameras en radios, canales de TV y sitios de Internet que militan para su causa, se queja de que los diarios y noticieros críticos (ya, a estas alturas, una inmensa minoría, aunque de gran influencia porque el público los elige) no publican sus anuncios.
Eso es inexacto porque siempre hay referencias (también cuando anuncia o inaugura dos o tres veces lo mismo). Lo que sucede es que a la señora le fastidia que esos anuncios no ganen las primeras planas ni tengan gran desarrollo en el interior de las ediciones, algo que está totalmente fuera de su órbita.
No sólo que la cadena nacional no es para conformar el grado de insatisfacción que la Presidenta pueda tener sobre cómo los medios que la gente prefiere consumir la reflejan, sino que ya los contribuyentes sostenemos suficientemente esa obsesión ególatra con las largas tandas en los preparativos y entretiempos del más que oneroso Fútbol para Todos.
Hay una agravante más: al asaltar los espacios centrales de medios privados, los somete a fuertes quebrantos de rating y facturación, al dislocar los horarios de sus programaciones, poner en fuga a sus espectadores y reducirles sus espacios para pautar publicidad privada, con la que se sostienen. No está de más recordar que algunos de estos medios líderes ya sufren la discriminación por parte de la publicidad oficial, derivada hacia los órganos periodísticos dóciles, de mínimas audiencias, y en los que ya ni la propia Presidenta confía en su eficacia para comunicar, como se desprende de su drástica decisión de imponer estas cadenas nacionales programadas.
Hasta la llegada al poder de Cristina Kirchner, el anuncio de una cadena nacional (incluso durante el gobierno de su marido) producía expectativa, interés, incertidumbre o traía la salutación presidencial por una fecha patria o por las Fiestas, que estamos por transitar.
La Presidenta ya había desvirtuado en demasía la naturaleza de la cadena nacional. Ahora la acaba de destrozar por completo.