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domingo, 17 de septiembre de 2017

Los oscuros trasfondos del caso Maldonado Por: Pablo Sirven/La Nación

Los oscuros trasfondos 
del caso Maldonado
Por: Pablo Sirven/La Nación
Pablo Sirvén

Por esas paradojas trágicas de la historia
argentina, los enigmas pendientes de 
Alberto Nisman y de Santiago Maldonado 
se cruzaron un par de veces en la semana 
que pasó.

Por un lado, trascendieron informalmente las conclusiones de la investigación de Gendarmería sobre el violento final del fiscal federal que prueban que se trató de un asesinato y no de un suicidio. Por el otro, ambos temas se entremezclaron en la comentada entrevista que el periodista Luis Novaresio le hizo a la ex presidenta Cristina Kirchner.

Aunque se trata de dos episodios bien diferentes -pero en el que la Gendarmería cobra significativos relieves protagónicos-, es el mismo Estado el que queda en un lugar bajo grave sospecha. La gran diferencia es que en el caso de Nisman surge fácil la respuesta a la pregunta de quién se podía beneficiar directamente con la muerte del primero, en tanto que no existe ningún móvil claro sobre a quién favorecería la desaparición de un simple artesano andariego, que solía participar en alguna protesta más por buena onda que por militancia.

Una creciente cantidad de versiones contradictorias entre sí se desarrollan en un tiempo muy particular y breve signado en sus dos puntas por sendos comicios nacionales (las PASO, el 13 de agosto pasado y las elecciones legislativas del próximo 22 de octubre). El Gobierno se ve obligado a distraer muchas de sus energías por ese asunto crucial: en una etapa inicial, coincidente con el secreto de sumario que tuvo la causa en las primeras semanas, con información reservada que circulaba más hacia adentro del elenco oficial, y en una segunda fase, aún en curso, en la que tomó una posición más proactiva, al liberarse mucha información que no había trascendido y las novedades que se vienen produciendo en estos días.

La persistencia del kirchnerismo y de la izquierda en convertir el episodio en un "cisne negro" que complique las expectativas electorales del oficialismo de mejorar los resultados de las PASO no se estaría constatando en los hechos, no sólo en el voto duro de Cambiemos (al que se sumará, seguramente, alguna parte del electorado de Massa/Stolbizer), sino también en sectores sociales más golpeados del conurbano. Jaime Durán Barba, que es un obsesivo de medirlo todo, mandó a hacer diez focus group en distintos distritos del Gran Buenos Aires y en ninguno salió espontáneamente mencionado Santiago Maldonado. El tema atrae mayoritariamente al "Círculo Rojo" (dirigencias, periodismo, intelectuales) aunque lo impacta de manera disímil: a la porción más grande lo induce a volcarse con más vehemencia todavía hacia el oficialismo porque sospecha que tras esa desaparición también se esconden maniobras y operaciones que tienden más a desprestigiar al Gobierno que a esclarecer el caso. Importó más instalar a Santiago como símbolo de la impunidad que su búsqueda concreta, rastrillando todas las hipótesis posibles y no aferrándose a una sola por conveniencia política. En cualquier momento podría trascender un video donde se vería a una abogada del CELS dándole instrucciones por gestos a una mujer de la comunidad mapuche mientras declaraba en sede judicial.

Surge así otra evidencia: todos los sectores involucrados en este enigmático drama -gendarmes, mapuches, Gobierno, organizaciones de derechos humanos, la Justicia y algunos medios de comunicación- reaccionan con egoísmo, al anteponer sus intereses de parte, que dificultan el esclarecimiento eficiente y honesto del caso. Se perdió un tiempo vital en las primeras horas y días al postergar varias semanas investigaciones elementales en el territorio donde sucedieron los hechos.

Hay dos datos contradictorios a tener en cuenta: 1) la ausencia de pruebas que verifiquen fehacientemente la presencia efectiva de Maldonado en la protesta del 1° de agosto; 2) en cambio sí hay una certeza cabal que ya nadie desmiente: "algo", en efecto, pasó en el río. Pero luego, el desenlace de esos acontecimientos vuelven a quedar en medio de una nebulosa de inquietantes versiones.

La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, debió tomar más distancia de la Gendarmería en los primeros momentos. Luego sobrevinieron un par de semanas en las que se le pidió que bajara el perfil al respecto. Pero hace unos días volvió a levantarlo para ratificar que ella estaba en lo cierto y que espera que se la reconozca en tal sentido. Es no conocer la idiosincrasia argentina ya que debería saber que eso no sucederá y que es algo completamente secundario y del orden narcisístico, al menos mientras sigamos sin saber nada sobre el paradero de Maldonado.

Entre fuerzas de seguridad de gatillo fácil o inermes (inoperantes para controlar la protesta callejera con profesionalismo, pero sin represión), la democracia sigue teniendo desde 1983 la asignatura pendiente de formarlas para que se desempeñen sin caer en excesos y en delitos. En cambio, parece haberse limitado solamente a sucesivas purgas y ambivalentes cambios de estilo que no mejoran el fondo de la cuestión.

Ocupación mediática. Eso es lo único concreto que por ahora, lamentablemente, arroja el caso Maldonado. El tema se expande en un lugar preponderante en la agenda de los medios y en las redes sociales. ¿Estará cerca su punto de saturación?

psirven@lanacion.com.ar

Twitter: @psirven

LA NACION Opinión
El caso Santiago Maldonado

domingo, 4 de diciembre de 2016

Con goles a favor y en contra, por Pablo Sirvén

Con goles a favor y en contra

por Pablo Sirvén
Pablo Sirvén

Fue uno de los grandes misterios de nuestra infancia. A todos nos pasó: el día que llevamos el germinador al colegio -el frasco con el secante y el poroto adentro- se representaba en nuestras caras, según como nos hubiese salido el experimento, una de las primeras aproximaciones existenciales al éxito o al fracaso.

Supuestamente, todos habíamos hecho lo mismo -humedecer un poco cada día el secante para que el poroto brotara-, pero las diferencias en los resultados entre uno y otro germinador solían ser notables: algunos lograban una vigorosa plantita; otros, apenas unos tímidos brotes verdes y, horror, no faltaban los que, con pesar, se avergonzaban de su poroto hinchado y ennegrecido que todos compadecíamos con cierta impresión.

¿Cuánto de azar había en esos resultados y cuánto de procedimientos mal realizados? ¿Habíamos regado de más o de menos? ¿O la culpa era del poroto? Misterios de la naturaleza.

La historia del germinador podría funcionar como una metáfora de este primer año del gobierno de Cambiemos, que se cumplirá el sábado. No es una asociación forzada porque en algún momento de estos meses incluso se habló de "brotes verdes" y hasta el presidente de la Nación se animó a autocalificarse como si fuera, al mismo tiempo, director y alumno de este revoltoso colegio llamado República Argentina.

Definitivamente, el generoso 8 que se puso el primer mandatario -nota con la que también pareció sentirse cómodo el ministro de Economía, Alfonso Prat-Gay- es todavía más preocupante que los muchos temas pendientes por resolver, la mayoría heredados del gobierno anterior, a los que se agregaron los generados por la actual gestión, porque estaría indicando que Mauricio Macri entiende que tiene muy poco por mejorar (apenas en su cálculo le faltan dos puntos para el sobresaliente). ¿No será mucho?

Es que por su mentalidad futbolera, el éxito y el fracaso para el primer mandatario están más cerca de lo que la mayoría pensamos. Hay una imagen a la que Macri recurre frecuentemente cuando piensa en el tema: pelota dentro del arco (éxito), pelota que pega en el palo (fracaso). Deduce que en la política no es muy diferente.

Para seguir con esa idea, se podría decir que el campeonato que juega Macri acaba de empezar: la cuarta parte de su mandato ya consumida equivale apenas a 22,5 minutos del primer tiempo de un partido (¿de ida solamente o habrá también otro de vuelta?).

¿Y cuántos goles convirtió el Presidente en estos meses? Varios e importantes: gracias al voto repartido del electorado, frente al hegemonismo asfixiante del gobierno anterior, lo que primó fue la búsqueda de consensos y la negociación para tomar las decisiones más trascendentales y el Gobierno sabe adaptarse -a veces mejor; a veces peor- a esa dinámica. También se salió del cepo sin grandes traumas, se resolvió el tema de los holdouts, el Indec volvió a funcionar, se restablecieron relaciones cordiales con los principales estadistas de Occidente, se dejó caer el oneroso y obsecuente aparato de comunicación K y en seis días se cumplirá un año sin cadena nacional.

¿Cuáles fueron los peores errores tácticos? La actual administración adoptó una discutible estrategia del juego, cuyos efectos nocivos padeció como un fiero gol en contra: al privilegiar al principio el reordenamiento macro de la economía (baja de retenciones, cepo, holdouts, ajuste de tarifas) dejó en un segundo plano lo micro.

Así, se pasó del consumismo artificioso del cristinismo -ya no le alcanzaban el carbón y las maderitas y empezó a tirar los muebles de la casa para alimentar ese fuego- al parate macrista, que terminó deprimiendo ventas y la mayoría de los índices económicos. Como si no fuese suficiente el pavoroso 30% de pobres que dejó el kirchnerismo tras la "década ganada", el gobierno de Cambiemos ensanchó esa dolorosa brecha en pocos meses 2,2 puntos más. La obra pública arranca en cámara lenta, los empresarios locales no reaccionan y crece el endeudamiento externo y la especulación financiera.

Al director técnico, al borde de la cancha, los jugadores no siempre lo escuchan bien (problemas de comunicación; sobrevaloran las redes sociales y los timbreos). Para colmo, peligrosos barras bravas (el kirchnerismo residual) tiran proyectiles de todo tipo al campo de juego (lo llaman "resistencia"; traducción: no aceptan el veredicto soberano de las urnas), aunque algunos de sus referentes más cuestionados ya están en la cárcel (Lázaro Báez, José López y Milagro Sala, por cuya liberación claman organizaciones internacionales), mientras la gran jefa de todos ellos, Cristina Kirchner baja y sube su perfil a piacere.

El plan A era hacer todos los deberes bien para que llovieran lo más pronto posible los ansiados capitales extranjeros. Y de puro ansiosos pusieron demasiadas fichas en un segundo semestre, en el que sólo se vieron unos mustios brotecitos que pronto se marchitaron. La promesa de mejora se sigue corriendo para adelante y la gente aguarda.

Hora de poner en marcha el plan B y, si es necesario, el C y el D. Quedarse petrificados mirando el germinador con el poroto remolón no tiene sentido. Mejor probar con otro.

psirven@lanacion.com.ar

Twitter: @psirven


domingo, 6 de noviembre de 2016

El insondable futuro del Capitán Frío, por Pablo Sirvén

El insondable futuro del Capitán Frío

por Pablo Sirvén
Pablo Sirvén

Si hay algo en lo que involuntariamente el kirchnerismo lo entrenó con rigor prusiano durante doce largos años es a recibir cascotes sin parar y no reaccionar. Nunca se le eriza el pelo, jamás le sube a su cara el más mínimo rubor y su tono monocorde no conoce de las más ínfima alteración por mucho que lo provoquen. En la mesa nocturna de Mirtha Legrand, Daniel Scioli volvió a hacer gala de su gélido temple de Capitán Frío al dejar simplemente resbalar por su blindada apariencia el duro cuestionamiento al que lo sometió otro de los comensales, Marcelo Salinas -el padre del chico que mató al ladrón que entró en su casa-, por su manifiesta inoperancia en materia de seguridad durante los ocho años que estuvo al frente de la gobernación bonaerense.

Acostumbrado a llegar muy lejos aún con tan extraordinaria economía de recursos -si Cristina Kirchner hubiese tratado tan sólo con un poco más de cariño su candidatura presidencial hoy muy probablemente ocuparía el lugar de Mauricio Macri- frizó el mal momento con ese circunstancial contendiente y preparó su fortaleza resiliente para el mucho más peligroso e inesperado combate de fondo, nada menos que con su poderosa anfitriona televisiva.

El fragmento de un documental autopromocional y de tono épico, cuya emisión en el transcurso del programa el mismísimo Scioli impuso como condición para concurrir, fue la piedra del escándalo.

El ex candidato presidencial sabe contrarrestar con su temperamento polar cualquier tipo de adversidad. Por eso, aunque una vez más fue debidamente cascoteado por la dinámica del episodio y sus infinitas repercusiones, se salió con la suya: no sólo el spot sciolístico se vio a los postres de la legranesca velada, sino que en la semana fue reproducido por distintas señales que se hicieron eco de los chisporroteos entre el ex motonauta y la diva nutricia. Crónica pasó entero el documental de casi 50 minutos y Scioli lo subió a la Web.

Con tal de tenerlo una vez más sentado a su mesa, Legrand le dio poder de veto y de selección a Scioli para el armado de la mesa, aunque le siguió haciendo ruido emitir su autoglorificación audiovisual. Ya estando en el set, el ex gobernador le dijo a la anfitriona que si le molestaba tanto no lo pasara.

Sin embargo, Lautaro Mauro -el operador que lo acompaña a todas partes y que el jueves previo a la segunda vuelta lo sacó abruptamente de Intratables para llevarlo al estudio de ShowMatch donde fue vivado como virtual presidente- se ubicó estratégicamente en el control del estudio y les taladró la cabeza a los técnicos para que el trailer fuera al aire, en tanto mascullaba por lo bajo contra Salinas por sus insolencias contra su poderoso amigo. Y aunque lo logró, se fastidió de que se emitiera después de la medianoche. Scioli, en cambio, más pragmático, quedó contento con que se pasara de todos modos. Pero a posteriori la chingó cuando dijo que había llevado ese material a pedido de la producción.

Chiquita Legrand -que le tiene paciencia y cariño por tantos años de amistad al punto de haberlo recibido en su casa antes de algún programa cuando un inseguro Daniel pretendía acordar el temario de lo que iba a hablar en público- estalló y salió a desmentirlo.

Nada se informó de los móviles que se esconden detrás de la difusión de ese documental: ¿acaso busca Scioli reinstalar su figura en el escenario político con vistas a conseguir una pole position en las elecciones del año que viene? ¿Procura ser bisagra entre el kirchnerismo residual y el pejotismo de buena letra que quiere dar vuelta la página cuanto antes y todavía no encuentra cómo? ¿O, al igual que Cristina Kirchner, pero en versión menos áspera y cero histriónica, abre su edulcorado paraguas -"con fe, con esperanza, con optimismo"- por si los negros nubarrones judiciales que se ciernen sobre su entorno se convierten en tormentón?

La mentada autoelegía del ex piloto acuático es funcional, además, a una operación mediática del kirchnerismo que ya circula por las redes sociales: la instalación del próximo 15 de noviembre como "Día Nacional de la Mentira", en conmemoración del primer aniversario del debate presidencial. La idea es escrachar al presidente Macri por todas aquellas promesas que hizo y no cumplió. La película de Scioli, que también proyectan algunos municipios K, contiene recurrentes imágenes de ese debate. En el Gobierno todavía piensan si conviene o no salir a neutralizar esa campaña con sus afilados equipos que se manejan como peces en el mar de las redes sociales.

Scioli, a su manera, cree haber ganado: su panfleto autobombo se viralizó y ayudó a instalar mejor el hash K #dianacionaldelamentira, reciclado de una vieja idea del mismo signo partidario. En 2011, cuando estaban en el poder, impulsaron el #diainternacionaldelamentira, pero el 28 de agosto, aniversario de la fundación del diario Clarín, al que tomaron como enemigo preferido sólo desde que estalló el conflicto con el campo, en 2008.

Con su estilo apocado de Chance Gardiner -el inefable jardinero encarnado en el cine por Peter Sellers, que con sus balbuceos y metáforas botánicas llegaba a influir hasta al presidente de los Estados Unidos-, Daniel Scioli vuelve a avanzar siempre en medio de misterios insondables.ß

psirven@lanacion.com.ar

domingo, 9 de octubre de 2016

Ni Heidi ni macho del conurbano, por Pablo Sirvén

Ni Heidi ni macho del conurbano

por Pablo Sirvén
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Pablo Sirvén
Pablo Sirvén
Faltan apenas 52 días para que comience diciembre, el período del año en el que las broncas acumuladas pueden estallar todas juntas si a alguien se le ocurre encender la mecha en lugares sensibles.

En el Gobierno, o no están preocupados o la procesión va por dentro. Para tranquilizar argumentan : "Será nuestro segundo diciembre, no el primero". En efecto, las dos terceras partes del último mes de 2015 ya transcurrieron bajo el poder de Cambiemos. Y a pesar de haber asumido sin la colaboración informativa de las autoridades anteriores (y hasta, incluso, con el insólito colmo de una presidenta que no quiso entregar los atributos del mando), con la obra pública parada desde agosto y los precios subiendo porque el gobierno saliente, ex profeso, ya había aflojado sus controles, en las fiestas los argentinos pudimos levantar las copas en paz.

La gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, tampoco parece alterarse cuando se le menciona el tema a pesar de tener en el enorme distrito a su cargo la bomba de tiempo del conurbano, arrasado por complejas y profundas precariedades y una insoportable ola de inseguridad que, ante la menor chispa, podría entrar en combustión.

En la semana que pasó, su nombre saltó a las primeras planas porque se aseguró el regreso masivo de fuerzas federales a la provincia, lo que le permitirá afrontar mejor ese inquietante tipo de eventualidades y porque anunció que no aplicará el revalúo, pero sí que subirá los impuestos.

Vidal pasa la mitad de su gestión en despachos y la otra mitad en la calle (actos, visitas acordadas e imprevistas, timbreos y recorridos de obras). No hay, como antes, un color que refiera al nuevo oficialismo (la gobernadora pide que el naranja obsesivo de los mobiliarios urbanos sean repintados con el más neutro gris para que interfiera menos con el entorno natural) y, obviamente, no quedan vestigios del repetitivo "gobernación Daniel Scioli". Sin embargo, la voz y la imagen de la mandataria están cada vez más presentes en acciones publicitarias. Mauricio Macri tampoco se despega de ella en timbreos y actos. No es para menos: María Eugenia Vidal es la dirigente política con mejor imagen del país.

¿Es un problema ganarle al Presidente en esas lides? "La verdad, nunca lo hablamos -ni se inmuta-, no es un tema. La imagen siempre es una foto. Lo importante es la película, los tres años que faltan. Además, no hay provincia de Buenos Aires sin país ni país sin provincia de Buenos Aires."

Para Vidal "poner el cuerpo" es vital para entender mejor la difícil tarea de manejar una provincia que es un país en sí mismo, con tanta riqueza y pobreza juntas. Reconoce que hacerlo (acompañar a la familia del policía del Grupo Halcón asesinado, aparecerse un sábado de sorpresa en una guardia nocturna hospitalaria, ver de cerca situaciones de miseria desesperantes) tiene un costo emocional que prefiere pagar "a que el escritorio me coma". Considera que estar en los lugares ayuda a entender mejor y hasta rectificar lo necesario que si alguien se lo contara.

Para llegar a un diciembre tranquilo piensa que lo peor que se puede hacer es empezar a ocuparse en noviembre. Por eso viene reforzando las ayudas sociales y mantiene un diálogo fluido con algunos intendentes. También el programa "El Estado en tu barrio", previsto para rotar por distintas zonas con el fin de relevar carencias, vacunar, emitir documentación y hasta registrar a mucha gente que, pudiendo percibir la Asignación Universal por Hijo, aún no cuenta con esa cobertura, se ha quedado de manera fija en algunos vecindarios con necesidades acuciantes, tanto en el conurbano como en Mar del Plata y Bahía Blanca.

Recientemente, Vidal y una veintena de sus colaboradores se retiraron un día y medio a Chapadmalal para tratar temas de política, comunicación y gestión. El gobierno provincial presta atención a las redes sociales, pero sin desatender a la prensa tradicional, en especial a unos cuarenta grandes medios bonaerenses. Sin embargo, ha disminuido su presencia publicitaria en la vía pública, a la que era más afecta la administración precedente. La más potente herramienta publicitaria de la provincia es y seguirá siendo la propia gobernadora en carne y hueso.

Desde agosto ya se empiezan a ver obras y consideran que en marzo próximo será el pico de la actividad. Vidal cree que cuando llegue diciembre los sectores más vulnerables van a sentir que el Estado está llegando. Pero que igual el contexto seguirá agitado porque han pateado varios "hormigueros" de la corrupción policial y de mafias relacionadas que se la cobran con amenazas y desestabilizaciones. Agrava el panorama cierta lentitud de la justicia provincial para llegar a sentencias en firme, algo que impacienta a la gobernadora.

Sólo sectores "muy minoritarios", suponen cerca de Vidal, que pueden llegar a intentar alguna "picardía", como cuando sucedieron las tomas de Merlo y Moreno. "Como entonces -advierten severos desde su entorno- nos encargaremos de dejarlos bien expuestos."

La gobernadora está convencida de que se puede ser firme sin dejar de ser femenina. Que no ser "macho del conurbano" no implica ser Heidi, que nunca lo fue y que Heidi es tan sólo el título de un bello cuento infantil.

psirven@lanacion.com.ar

Twitter: @psirven

domingo, 29 de mayo de 2016

La censura vuelve por el lado más inesperado, por Pablo Sirvén

La censura vuelve por el lado más inesperado

por Pablo Sirvén
Pablo Sirvén

El episodio que contaremos a continuación no se le puede aplicar otro rótulo que "censura". Se trata de una censura peculiar, perversa y embozada ya que no proviene del Estado. Algo insólito en plena democracia. Aunque acaso sea tan sólo una suerte de eco perdido y nefasto del régimen que el veredicto de las urnas decidió archivar en noviembre último.

La historia es así: el Consejo Profesional de Ciencias Económicas es una entidad con 75.000 matriculados que suele hacer de 15 a 20 encuentros abiertos al año sobre temas que van desde la actualidad económica hasta impuestos y contabilidad. Los lleva a cabo en el auditorio para mil personas que posee en su sede céntrica de la calle Viamonte. Sus mesas redondas, que convocan a expositores de primera línea y de distintas posiciones, con los que se garantiza debates muy ricos y amplios, gozan de indiscutible prestigio. Y son también abiertos al público, previa inscripción.

Para hablar sobre la ley del actor fueron invitados a participar en uno de estos encuentros el actor Luis Brandoni y el productor teatral Carlos Rottemberg. Gran sorpresa se llevaron unos días después cuando la prevista jornada de gestión cultural fue cancelada de manera abrupta.

¿Qué había pasado? La Asociación Argentina de Actores le expresó ásperamente al Consejo la inconveniencia de realizarlo. Sus autoridades le habían cursado una cordial invitación a sumarse a ese debate o a concurrir en otra fecha si se sentían más cómodos solos. No hubo caso.

"No fue un momento grato, nos vimos sobrepasados", comentó una alta fuente de esa entidad. Trascendió que el pedido extemporáneo pasó directamente a apriete cuando, para ser más convincentes, alguien habría deslizado la posibilidad de llevar adelante una protesta hasta las mismas puertas del Consejo Profesional si insistían en realizar el objetado encuentro. Los informales censores lograron su cometido: la jornada fue desactivada.

La ley del actor fue presentada el 15 de septiembre de 2015 por la entonces presidenta Cristina Kirchner y promulgada dos meses más tarde. Sirvió para animar una de sus estridentes cadenas nacionales, durante la que acusó a los empresarios privados del espectáculo de guardarse en los bolsillos la plata que debían recibir los actores, siendo que hasta el 10 de diciembre último el Estado fue el principal empleador de los artistas sin reconocer por ello el pago de ese aporte reclamado. La norma, tal cual salió, lejos de solucionar la jubilación de los intérpretes, vino a complicarlos más, por lo que merece una meditada revisión en su reglamentación. Pero la entidad actoral, cuya comisión directiva profesa el kirchnerismo con el fervor fanatizado de una secta religiosa, prefiere no mover las aguas públicamente tal vez para no importunar a su máxima deidad. Así, por ejemplo, para reclamar por pagos a más de mil actores y bailarines que participaron en diferentes actividades en el CCK antes del 10 de diciembre, resolvió hacerlo con discreto perfil bajo y sin el más mínimo reproche hacia las autoridades anteriores. Fácil es deducir que si la deuda hubiese sido contraída por la actual administración, la AAA habría saltado como leche hervida con uno de sus encendidos comunicados políticos.

sagrada flia
Como el anterior gobierno había atendido con especial devoción a este sector -que retribuyó con creces militando su causa con su participación activa en propagandas y actos políticos- se generó una artificiosa burbuja de "sensación" de pleno empleo, mediante la producción a destajo de cantidades de realizaciones televisivas, muchas de las cuales ni siquiera salieron al aire, y que significaron un costo multimillonario para las arcas públicas. Contrataciones vidriosas y dirigidas a favorecer, en particular, a aquellos artistas y productores que se mostraron más nac&pop.

Ahora resulta que el gremio actoral declara a su obra social "en situación de emergencia" por "el descenso abrupto de aportes y contribuciones genuinos a falta de trabajo en todas las ramas de la profesión" y convoca a un Congreso Nacional de la Multisectorial Audovisual para el mes próximo, bajo la consigna "Nuestra ficción cuenta".

Luis Brandoni, actual protagonista del éxito teatral Parque Lezama, fue víctima de una sospechosa escasez laboral en los medios audiovisuales en el período 2003-2015. Como sufrió persecuciones, amenazas de muerte, exilio y fue incluido en las oprobiosas "listas negras" de los oscuros años 70, contrapuso el término "listas blancas", en las que únicamente revistaban actores K, mientras otros, como el propio Brandoni, eran ninguneados por no comulgar con el "modelo".

Brandoni, quien fue justamente titular de la Asociación Argentina de Actores en épocas más riesgosas -y ad honorem, no como en la actualidad, cuyos directivos son rentados-, se enfrenta ahora a una paradoja singular: sus propios camaradas, que deberían defenderlo, al menos como agradecimiento a su desinteresada lucha en tiempos peores, en cambio propiciaron amordazarlo, una vez más, al abortar su presentación. Para la realización de esta columna se consultó a cuatro fuentes. Sólo una no respondió: la Asociación Argentina de Actores. Lamentable.

psirven@lanacion.com.ar

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domingo, 8 de mayo de 2016

Iluminar bien para evitar el incendio, por Pablo Sirvén

Iluminar bien para evitar el incendio

por Pablo Sirvén
Pablo Sirvén

No se comunica eficientemente cuando se grita, se construyen épicas extraviadas, se amenaza públicamente, se pronuncian discursos interminables, se vive colgado de la cadena nacional y se prometen paraísos inexistentes. Eso era Cristina Kirchner.

No se comunica eficientemente sólo por no gritar, ser educado y discreto, no utilizar la cadena, hablar corto y de los crudos hechos de la realidad sin maquillar y sin cuentitos. Eso es Mauricio Macri.

La disyuntiva planteada es falsa. O se está con un modelo de comunicar o se está con el otro. Como si esos puntos extremos fueran los únicos posibles. Así parecen creerlo de buena fe personalidades tan destacadas como el historiador Luis Alberto Romero, quien llegó a titular una de sus últimas notas "Lo malo de pedirle a Macri lo mismo que a Cristina". ¿Alguien, en su sano juicio, que no sea uno de sus fanatizados feligreses, puede acaso añorar regresar un solo segundo a tales estridencias?

Cuando se le reclama una comunicación gubernamental de mayor intensidad, más constante y menos desabrida, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, responde que "la comunicación kirchnerista está sobrevaluada, es un gran fracaso y lo único que hizo fue enajenar a los argentinos".

Es un error pensar que no hay nada entre el griterío inconducente del régimen anterior y la fría cordialidad de éste. El alto funcionario se conforma con llegar a "15 millones de personas de manera directa". Se refiere a las redes sociales, la plataforma preferida de las huestes de Pro. Suponiendo que fuese efectivamente así y suficiente para mantener óptimo ese canal de comunicación, ¿qué hay de los otros 25 millones de argentinos que no incluye esa lista?

¿Se equivoca el Gobierno en el diagnóstico y cree que son los sectores más acérrimamente contrarios al kirchnerismo los que sufren un "síndrome de Estocolmo", fenómeno que caracteriza el curioso "encantamiento" involuntario que suelen tener rehenes, presos y secuestrados con sus captores?

Es más: hasta intentan mostrarse comprensivos y nos compadecen a los periodistas críticos "por lo mucho que sufrieron" y que por eso estamos obsesionados en que comuniquen como los kirchneristas, pero con buenos modales, una contradicción disparatada en sí misma.

El Presidente tiene todo el derecho de acotar sus apariciones a lo que considere necesario. Debe ser preservado si no se siente a gusto en la vidriera para poder seguir trabajando tranquilo y centrado porque, eso es verdad, los problemas gravísimos que tiene la Argentina no se resuelven parloteando frente a un micrófono o una cámara.

Pero todo gobierno tiene su bastonero, alguien que explica desde un lugar más coloquial -Chacho Jaroslavsky, en el de Alfonsín; Carlos Corach, en el de Menem, y Alberto y Aníbal Fernández, en buena parte del kirchnerismo-. De a poco, Marcos Peña se va resignando a cubrir ese papel. Sin despeinarse, con su sonrisa atildada, sin exasperarse, el jefe de Gabinete supo devolver algunos estiletazos con picardía en su informe al Congreso y retrucarle a Brancatelli, en Intratables.

La sociedad argentina no sufre "síndrome de Estocolmo", aunque tal vez sí, "síndrome de abstinencia". Fueron doce años y medio con la propaladora oficial a full, mientras el crecimiento "a tasas chinas" y el "viento de cola" dejaban como fruto un tercio de la población sumido en la pobreza. Según advirtió Unicef, la semana pasada, la Argentina suma cuatro millones de chicos pobres. Un verdadero crimen en un país tan rico.

No sin costos sociales -la gente que queda en la calle-, el Gobierno tomó por lo menos 15 medidas para desarmar el demencial y oneroso aparato de comunicación K al reducir a la mitad la pauta. Aplausos. Pero, ojo, se puede interpretar como vacío, como nada o poco para comunicar en una etapa que debería ser promisoria, más allá de los dolores del ajuste. No alcanza con que los funcionarios lo digan al pasar. Es ahí donde no alcanza lo que se dice en forma circunstancial.

Las clases media alta y alta se ajustan fácil: no cambian el auto, viajan menos a Europa y a Punta del Este; la clase media debe hacer malabarismos, pero se la banca postergando consumos superfluos. En el "mientras tanto", del que habla con insistencia Macri, hasta que se generen puestos de trabajo genuinos, debe haber una atención sin dilaciones hacia la clase baja. No es suficiente anunciar un par de veces la tarifa social, la reducción del IVA (¿para cuándo la implementación, quiénes serán beneficiados y cómo?) y las oportunidades laborales que generará la obra pública que se pondrá en marcha (¿desde cuándo?, ¿dónde?, ¿qué operarios serán convocados?, ¿cuánto se les pagará?). Mucha información específica para comunicar que no llega.

Dormirse en los laureles es irresponsable. Los más humildes también bancan, pero tienen menos resto, porque se trata de comer o no. Una red social debe sostenerlos en la emergencia y explicarles hacia dónde se va. No hacerlo, y no comunicarlo, es dejarlos a tiro de los piromaníacos que apuestan al incendio de este gobierno.

psirven@lanacion.com.ar

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domingo, 3 de abril de 2016

Como Perón y Menem, CFK pierde los medios. por Pablo Sirvén

Como Perón y Menem, CFK pierde los medios

Pablo Sirvén
por Pablo Sirvén

El Grupo Vignatti le vendió a Cristóbal López el 60% de los diarios Ámbito Financiero y Buenos Aires Herald en cuatro cuotas y sólo habría cobrado una sola hasta el momento, lo que lo habilitaría a ejecutar ese contrato y salir en busca de un nuevo comprador. Es más: un megaempresario, que en el pasado tuvo un importante papel en el mundo de los medios locales, se mostró interesado en rescatar al centenario tabloide en inglés para devolverle sus viejos brillos perdidos. Pero ante la virtual hecatombe del Grupo Indalo, esa iniciativa se enfrió.

El sinceramiento en el mercado de medios de comunicación a partir del último 10 de diciembre evidencia que el andamiaje para crear una red de empresas periodísticas afines al régimen anterior, aunque muy oneroso, tuvo la fortaleza de una hojita al viento.

Durante el segundo gobierno de Cristina Kirchner se intentó por vías paralelas transformar ese sector: con la ley de medios y con permanentes ofensivas verbales y medidas arbitrarias se buscó horadar gravemente el patrimonio de los medios profesionales y minar su prestigio para ahuyentar a sus audiencias y anunciantes. Al mismo tiempo se alentaba a los amigos del poder a iniciar sus propios emprendimientos periodísticos, subsidiados con multimillonaria pauta oficial. Como ha quedado explícito, a partir de la documentada investigación de Hugo Alconada Mon en LA NACION, a Cristóbal López se le concedió, además, no pagar miles de millones de pesos en impuestos para invertir buena parte de ese dinero en la compra casi compulsiva del Grupo Hadad, en 2012; la productora Ideas del Sur (Marcelo Tinelli), en 2013; los mencionados Ámbito y el Herald, a fines de 2014, y, el año pasado, las productoras PPT (Diego Gvirtz) y La Corte (a cargo de las transmisiones de Fútbol para Todos).

Como el kirchnerismo, también durante su segundo mandato, el menemismo procuró con el CEI armar un holding propio de comunicación, aunque de poco le sirvió tras su extinción, en 1999. Cristina Kirchner superó a su predecesor y aún miembro de la bancada de su propia fuerza (FPV) en el Senado, Carlos Menem, porque avanzó mucho más allá en la misma materia: le concedió multimillonarios favores de pauta oficial al Grupo Szpolski-Garfunkel y a varios más. Pero aunque han pasado menos de cuatro meses desde su alejamiento de la presidencia, ese poder de fuego mediático también se va convirtiendo rápidamente en cenizas. Aunque ambiciosos, tanto Menem como Cristina no consiguieron alcanzar a su líder inspirador, Juan Domingo Perón, quien, a pesar de haber forjado un aparato de medios a su favor mucho más gigantesco, tampoco logró que tras su caída, en 1955, le sirviera de mucho.

Es que crear medios de prepo, y con un objetivo distinto del de atender a una audiencia determinada, no suele dar buen resultado.

La enorme movilización de recursos del gobierno anterior -que comprometió cantidades monumentales de dinero para alimentarlos y que cooptó voluntades de muchos periodistas que se volvieron obsecuentes del régimen a cambio de buena paga y pluriempleo- terminó mostrando su verdadera cara a partir del fin de la "década ganada": todos esos esfuerzos, sin raíces firmes, se diluyen sin remedio, cuando se corta el chorro del mecenazgo oficial y levanta en su lugar una enorme ola de frustración que pega de frente a los empleados que no cobran sus salarios desde hace meses y que quedan expuestos al fantasma de la desocupación.

Los medios también sufren algo similar al "efecto reality show": una cosa es una figura que va ganando genuina popularidad en el tiempo por su talento, simpatía y laboriosidad, y otra muy distinta es el destino efímero de aquellos que sólo trascienden de pronto y por un rato en ese tipo de programas. Al cabo de un tiempo, la gran mayoría de sus participantes son olvidados. Lo mismo sucede con los medios que crecieron rápido sólo por contar con una financiación temporal y se preocuparon más por conformar a ese patrón que por establecer una real conexión con un público determinado.

Un medio de comunicación no surge de la noche a la mañana. Depende de la inspiración de un hacedor, que además de contar con un capital, para llevar adelante y plasmar su idea, debe tener un instinto muy fino para captar la sintonía con la porción de público a la que aspira dirigirse.

Por eso suelen resultar poco exitosos los medios inventados exclusivamente a la medida de quien lo encarga. Termina siendo un producto afectado, mezquino y engañoso, una suerte de lastimoso "diario de Yrigoyen" que busca conformar a un solo lector.

Pero hay todavía un fenómeno mucho peor: el "efecto autito chocador", que consiste en comprar un medio exitoso con la ilusión de gozar de su audiencia e influencia. Los ejemplos sobran para demostrar que en manos inexpertas y sólo ávidas por hacer circular un proyecto de poder terminan más temprano que tarde chocándolos al convertirlos en una burda caricatura de lo que eran. Así, el daño no sólo se circunscribe a la creación de medios inviables, sino que también se lleva puestas grandes marcas que, tras esas inexpertas intervenciones, se vuelven irrecuperables.

psirven@lanacion.com.ar

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domingo, 27 de marzo de 2016

No más golpes a la memoria, por Pablo Sirvén

No más golpes a la memoria

por Pablo Sirvén Pablo Sirvén

Tuve la desgraciada "suerte" -perdóneseme la contradicción- de recorrer la Escuela de Mecánica de la Armada cuando el kirchnerismo no había comenzado todavía a convertir el principal centro de detención ilegal, tortura y desapariciones de la última dictadura militar en uno de sus botines de guerra predilectos, al ordenar parcelar sus instalaciones para distintos menesteres, y que terminó violentando aún más, al banalizarlo, con murgas, asados irreverentes y hasta clases de cocina, con la participación estelar de Hebe de Bonafini y Amado Boudou .

En aquella ocasión pude sentir por mí mismo la gélida opresión de la tragedia desatada en ese lugar, sin intermediaciones interesadas ni relatos distorsionados que sobrevinieron con sucesivas puestas en escena a partir de 2004 al querer hacer pasar como el hecho fundacional de la política de derechos humanos el retiro del Colegio Militar de un cuadro de Videla, cuando, en realidad, la había iniciado veinte años antes, en un contexto inquietante y aún peligroso, el padre de la democracia recuperada, Raúl Alfonsín .

No conocía, en cambio, el Parque de la Memoria, al que llegué por primera vez hace dos domingos. Allí, perplejo, no pude evitar incómodas sensaciones. Es imprescindible que la Argentina dedique un espacio a recordar a las víctimas del peor de todos los terrorismos: el que es organizado desde un Estado constituido. Pero eso no habilita a hacer un relato, por momentos, avieso y a mezclar los nombres de víctimas inocentes con los de "combatientes", muchos de los cuales, incluso, alzaron sus armas contra la democracia. Aun sumados unos con otros los nombres inscriptos en los muros, están muy lejos de ser 30.000, el número sacralizado por las organizaciones de derechos humanos que, incluso, para Horacio Verbitsky "quedó instalado como un lema, como un símbolo". Por decir algo parecido, casi le cuesta el cargo al ministro de Cultura de la Ciudad, Darío Lopérfido, al que artistas K y activistas intentaron darle un frustrado y patético minigolpe de Estado por el crimen de opinar distinto.

Es una verdadera paradoja que así como los militares trataron de imponer en dictadura el unívoco canon de subversivos a todos aquellos que se les opusieran, en democracia se quiera establecer con rigidez una única y estricta lectura de las violaciones de los derechos humanos que busca escrachar y perseguir a los que pretenden ampliar el tema a un foco menos idílico y más complejo.

Lo de Martiniano Molina desconociendo el Pozo de Quilmes es nada comparado con la gravedad de que Néstor Kirchner, siendo nada menos que presidente de la Nación, aseverase ex profeso, o por simple ignorancia, que la democracia había callado "tantas atrocidades" hasta su, supuestamente, redentora llegada.

Exageraciones inconcebibles, como la que pronunció días atrás el director cinematográfico Luis Puenzo, en el diario español El País: "En este momento, el poder de represión son los medios".

¿Cómo es posible que el antes lúcido realizador de La historia oficial, filmada en tiempos tanto más difíciles, banalice las atrocidades de épocas tenebrosas al equipararlas aun con el medio de comunicación más horrible que pueda llegar a imaginar?

¿No es demasiado cínico de su parte aceptar, al mismo tiempo, tantas entrevistas periodísticas para promocionar su reestreno en medios en los que él ve representados a represores secuestradores, violadores y asesinos de ayer?

Ir tan genéricamente contra los medios es parecido a rechazar la democracia porque hubo pésimos gobiernos elegidos en las urnas. Pero no es raro que Puenzo caiga en ese exabrupto: es una grave idea racista inoculada durante la "década ganada" que evidentemente ha prendido aun en cabezas que se suponía que sabían discernir.

La inspirada gira del presidente norteamericano, Barack Obama, por Cuba y la Argentina demostró que sin olvidar, una vez que la Justicia ha hecho su tarea y las penas impuestas se cumplen, hay que soltar lastre y romper amarras con aquello que nos mantiene atrapados, resentidos y vengativos por culpa de errores y horrores cometidos por generaciones anteriores. No es necesario para ello, pensar todos de idéntica manera. Por el contrario: vivir en democracia es el desafío de hacer convivir las ideas diferentes respetándose entre sí sin insultos y amenazas.

Después de ver en una de las concentraciones por el Día de la Memoria, montados en un colectivo, a Aníbal Fernández y a Guillermo Moreno, usando de escudo humano a la titular de Madres de Plaza de Mayo, a la cronista radial Mercedes Ninci escupida y a muchos manifestantes tergiversar el sentido de la marcha y gritar: "Vamos a volver" y "Macri, basura, vos sos la dictadura", ojalá que este 24 de marzo haya sido el último feriado en esa fecha (salvo que otro año vuelva a caer en Semana Santa). Es de desear que, en cambio, sea el 10 de diciembre, día de los derechos humanos y, desde 1983, fecha de asunciones presidenciales, el feriado que nos merecemos, una celebración luminosa hacia adelante por todo lo que ha quedado definitivamente atrás: los violentos y las lecturas orwellianas a medida de intereses sectarios. El futuro nos espera. No lo condenemos al pasado.

psirven@lanacion.com.ar

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domingo, 21 de febrero de 2016

Borrón y cuenta nueva para Radio Nacional, por Pablo Sirvén

Borrón y cuenta nueva para Radio Nacional

 por Pablo Sirvén
 

En lo único en que se parecen el gobierno actual y el anterior es en su coincidencia en poner al frente de Radio Nacional a mujeres periodistas que antes pasaron por la redacción del diario Clarín. María Seoane mandó en la etapa militante del kirchnerismo, como ahora es directora ejecutiva de esa emisora Ana Gerschenson, nombrada su sucesora, tras el abrupto giro macrista del poder.
Dato curioso: la primera emisora estatal en la historia argentina fue LS11 Radio Provincia, que, cuando salió al aire, dependía del Ministerio de Gobierno bonaerense, en tiempos de Roberto Noble. En 1945, Noble fundaría el diario de mayor circulación de la Argentina, que tantas consignas irritantes inspiraría al kirchnerismo cuando lo distinguió como su enemigo N° 1 desde el conflicto con el campo, en 2008.
Otra paradoja es que Radio Nacional -que nació como Radio del Estado y que en 2017 cumplirá 80 años- fue creada durante el gobierno conservador de Agustín P. Justo gracias a una donación no tan desinteresada de la Editorial Haynes, que entonces manejaba la muy escuchada Radio El Mundo, y su primera sede fue el Palacio de Correos, reinaugurado el año pasado como Centro Cultural Kirchner.
Estos y otros datos de gran interés se desprenden de La Radio Nacional. Voces de la historia 1937-2010, un minucioso e ilustrado libro que pasa revista de sus siete largas décadas de existencia gracias a la reconocida y entrañable impronta de Carlos Ulanovsky, secundado por un equipo de colaboradores.
El episodio que sufrió estoicamente la nueva directora a principios de este mes, cuando salió a la calle a parlamentar con conductores y columnistas que quedaron fuera de la nueva grilla de la programación, que saldrá al aire a partir del 1° de marzo, no es el primero incómodo en la vida de la emisora, que comenzó a agitarse en los años 90 del siglo pasado. No por casualidad, Gerschenson prefirió ceder a hablar en la vereda que hacer pasar a los visitantes: los sindicalistas de la casa no respondían por sus puños si entraban. No les perdonan a algunos de ellos que, grabación de programas mediante, hayan ninguneado un paro por reclamos salariales en 2015. Los gremialistas se asombraron de que la nueva directora los recibiera; la anterior no solía contestarles ni los mensajes.
Luego de haber sido por varias décadas líder en la transmisión de música clásica, ciclos culturales y un ejemplo en la sobriedad de las voces de sus conductores y artistas, durante el menemismo Radio Nacional mutó su grilla a una programación generalista de actualidad y abrió su aire a la publicidad comercial. El kirchnerismo militante de los últimos años despuntó, por su parte, un curioso patrón repetitivo con la presencia de conductores y columnistas de 6,7,8 esparcidos en sus programaciones, y plantó un rotundo enclave camporista en Nacional Rock.
Como antecedente hay que remontarse a los años 50, cuando la entonces Radio del Estado era frecuentemente atravesada por los discursos de Juan y Eva Perón, más los boletines y editoriales preparados por la Subsecretaría de Informaciones, que dirigía el temible mandamás Raúl Apold.
La programación que nacerá en unos días procurará no ser "monocromática", para decirlo con la misma palabra que utilizó la nueva directora en la reciente entrevista de Conversaciones que le hizo este periodista (http://tinyurl.com/hlb3pkk). También aseguró que se propone hacer "una radio que nos identifique a todos y no agreda a nadie", con la idea de "poder pensar distinto y convivir".
Si bien salieron del aire varios nombres emblemáticos de la programación anterior, persistirán voces que representan con matices ese mismo punto de vista (Eduardo Aliverti, Mario Wainfeld, Eduardo Anguita, José Pablo Feinmann y varios más). ¿Representan una suerte de kirchneristas tolerados frente a los que se fueron? ¿Por qué, por ejemplo, Jorge Dorio sí y Cynthia García no? Gerschenson responde que el coconductor de 6,7,8 tenía una trayectoria previa (es verdad, bien ecléctica: diario Convicción, Radio Belgrano, coequiper de Dolina, Gran Hermano, etcétera). Pero también se suman otras voces variadas y profesionales (Oscar Gómez Castañón, Román Lejtman, Romina Manguel, Osvaldo Bazán, María Julia Oliván, Diego Scott, Gustavo Noriega y otros).
También habrá fútbol -algunos cuestionan que se perderán valiosos ciclos de fin de semana- y varios especiales por el bicentenario de la Declaración de la Independencia y por los 40 años del asalto al poder de la última dictadura militar.
Radio Nacional tiene 1300 empleados en planta permanente, distribuidos en medio centenar de emisoras en todo el país, sus tres FM (Clásica, Folklórica y Rock) y RAE (Radio Argentina al Exterior). La nueva voz identificatoria de LRA será la del legendario Héctor Larrea, que merecía ser reivindicado.
Al ser concebida la ley de medios de manera tan sesgada, sólo para favorecer exclusivamente al oficialismo anterior, queda como asignatura pendiente que el Congreso y el gobierno actual trabajen en serio en un sistema público, no gubernamental, que haga definitivamente creíbles y respetables a los medios estatales para que sean motivo de orgullo y nunca más, como hasta ahora, objeto de vandalismo y bochorno ideológicos.
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domingo, 14 de febrero de 2016

Una brecha que no es grieta, por Pablo Sirvén

Una brecha que no es grieta


por Pablo Sirvén

Las audiencias contemporáneas piden a gritos contenidos cada vez más blandos, todo un dilema para el periodismo tradicional. "La brecha de las noticias podría poner en peligro el papel de los medios como enlace entre la elite de responsables de las decisiones y los consumidores", advierten Eugenia Mitchelstein y Pablo Boczkowski en su libro La brecha de las noticias (Manantial, 2015), que trata sobre los desencuentros entre las preferencias informativas de las empresas de comunicación y las del público. Llegaron a esa conclusión luego de comparar, en un lapso determinado, las diez noticias que veinte medios líderes norteamericanos, europeos y latinoamericanos privilegiaban en sus portales de la Web con otras tantas cliqueadas por la gente. Mientras en las elegidas por los editores dominaban los artículos de política nacional e internacional, los lectores se inclinaban hacia notas de espectáculos, ciencia y tecnología, deportes, policiales e información general.
Ahora, esos investigadores integran un equipo que elabora en forma permanente un índice de la agenda noticiosa de los medios y del público. El Centro de Estudios sobre Medios y Sociedad en Argentina (www.meso.com.ar), una iniciativa entre la Universidad de San Andrés y Northwestern University, compara lo que se produce con lo que efectivamente se consume en materia de medios de comunicación y bienes culturales.
De allí surge que hasta en los meses más agitados, electoralmente hablando, del año pasado, el índice de MESO detectó que aun habiendo subido el interés del público por las noticias políticas, dada la proximidad de las elecciones presidenciales, los lectores continuaban poniendo más atención en otro tipo de contenidos.
Del relevamiento efectuado entre más de 1600 noticias de siete sitios periodísticos argentinos líderes se desprende que, a pesar de que entre el 25 de agosto y el 30 de septiembre de 2015 el candidato presidencial más mencionado fue Scioli, eso no se tradujo ni de cerca con la misma fuerza en las noticias más consultadas por los usuarios.
En diciembre, con el recambio presidencial, hubo mayor interés del público en los temas políticos, pero volvió a caer en enero. Ni con el episodio de los prófugos del triple crimen de General Rodríguez modificaron esa apatía. En los momentos de mayor tensión, los diarios principales dedicaban más de un tercio de las noticias de sus portales a ese tema, y sin embargo, entre las más cliqueadas por el público, apenas una de cada ocho se relacionaba con ese asunto.
Las transformaciones se fueron cocinando a fuego lento a lo largo de las últimas décadas, gracias a una combinación de factores políticos, sociales, tecnológicos, cambios de costumbres y aparición de nuevas plataformas y dispositivos.
En el pasado, los diarios parecían hipertrofiados en un seguidismo sin pausa de las actividades oficiales, publicaban enteros los discursos presidenciales y las interminables crónicas de cada sesión legislativa. Con el tiempo se aligeraron aquellos contenidos, se "arrevistaron" y, desde los 90 para acá, los artículos se volvieron más filosos y cuestionadores. Con pesar, los políticos vieron cómo se abría paso con fuerza un periodismo de investigación implacable, aderezado por coberturas más punzantes e irreverentes.
Gastón Roitberg y Franco Piccato, compiladores de Periodismo disruptivo (La Crujía, 2015), plantean que "es tarea urgente contar con un plan de innovación disruptiva para los medios", cuestión de no perder esas "audiencias más fragmentadas y nómades".
En el anuario de Adepa, Julián Gallo, experto en nuevos medios, trae a colación el caso de Mike, el pollo que vivió un año y medio sin cabeza (ver http://tinyurl.com/jn4ydm), publicado por BBC Mundo y reproducido por medios de muchos países. A pesar de ser una noticia vieja (que habría sucedido, si realmente sucedió, en 1945), la historia de un pollo decapitado alimentado por la garganta durante un año y medio seguía subyugando a las audiencias, al punto de mantenerse al tope del ranking de los más leídos. Concluye que las noticias que atraen son las que despiertan emociones y curiosidad, o disparan conversaciones. Cuando "no pasa nada", explica Gallo, los medios sólo atinan a tomar "lista de las cosas, las declaraciones de los políticos, la formación de los planteles de fútbol, el clima, el tránsito, los pequeños robos, las inauguraciones de algo. No hay sorpresa, no hay atención". Tal vez siempre fue así, pero Gallo observa que antes era más fácil no hacerse cargo porque "los medios no competían contra nada y hoy compiten contra todo".
Y esto sucede en cualquier latitud de Occidente. The New York Times clasificó los cien artículos favoritos de sus lectores durante 2015 y el fenómeno vuelve a constatarse: se entremezclan entre las más vistas las noticias de última hora, con cautivantes historias personales y notas de servicio. Para Mario Vargas Llosa, "el periodismo, por desgracia, es también una de las víctimas de la civilización del espectáculo de nuestros días".
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domingo, 7 de febrero de 2016

Un relato que busca desmontar la cultura K, por Pablo Sirvén

Un relato que busca desmontar la cultura K


 por Pablo Sirvén


Mojada y en bikini, Elisa Carrió se cruzó anteayer con este periodista en una playa esteña. "¿Viste que tenía razón y que ganamos? Vamos bien, pero hay que corregir algunas cosas", dijo antes de seguir bordeando feliz la orilla del arroyo Maldonado.
En tanto que Cristina Kirchner concebía un poder exclusivamente centralizado en ella, el de Mauricio Macri se sirve de valiosos "auxiliares" externos (Sergio Massa, gobernadores, legisladores e intendentes opositores dispuestos a cooperar) y poderosas células para nada dormidas al mando de sus experimentados aliados electorales Ernesto Sanz (UCR) y Elisa Carrió (Coalición Cívica).
Este año se cumplirá un siglo exacto de la primera elección presidencial, en la que se aplicó la ley Sáenz Peña, que consagró el voto secreto y obligatorio. Desde entonces, hasta el 10 de diciembre último, sólo se han alternado en el poder tres fuerzas, o algunos de sus derivados: radicales, peronistas y militares. Cambiemos tiene algunas de sus raíces más remotas en expresiones conservadoras y liberales que estuvieron en el poder constitucional sólo hasta 1916 y que luego, al no contar con genuina fuerza electoral, sólo reaparecieron intermitentemente durante el período del llamado "fraude patriótico" (años 30 y 40 del siglo pasado) y en algunos gobiernos de facto. Ahora, el sistema democrático, por voluntad popular, se permite ensanchar su escueto menú ideológico. Si Mauricio Macri completa su mandato el 10 de diciembre de 2019, será el primer presidente no peronista que lo logre desde 1928, en elecciones libres y limpias. Y si eso sucede, además, con el éxito de la gestión, quedará atrás el peligroso sistema de partido único populista que intenta perpetrarse desde 1989 bajo distintas denominaciones.
Al menos, en sus primeras semanas, el nuevo gobierno aventó el fantasma de parecerse al de la Alianza/De la Rúa, al demostrar hiperactividad en distintos frentes y hasta en decisiones polémicas. En la posibilidad de volver sobre sus pasos cuando el Gobierno se equivoca demuestra Macri una flexibilidad que no supo tener su antecesora.
Cómo habrán cambiado las cosas que al ingresar en la Casa Rosada una de las empleadas que recibe el documento de los visitantes tiene en su escritorio, a la vista de todos, uno de los libros más demoledores de los últimos tiempos contra el kirchnerismo: Juicio y castigo, de Alfredo Leuco. En su tapa está, con gesto airado, Cristina Kirchner.
El clima de secretismo que dominó el palacio gubernamental hasta el 10 de diciembre empieza a ser parte del pasado, aunque también hay funcionarios escondedores que aburren e irritan con el "no pasa nada, todo está bien".
También el reclamo del "queremos preguntar" de la corporación periodística, que casi nunca concedió el kirchnerismo, que prefería administrar la información con cuentagotas, pierde energía en las concurrencias oscilantes a las conferencias de prensa implementadas como rutina por el nuevo gobierno. La mecánica es simple: el ministro del área informa de lo tratado a los cronistas acreditados en unos pocos minutos y contesta preguntas. Fin de la historia: no hay cadenas nacionales, ni aplaudidores, ni filípicas incendiarias. Todo módico, muy lejos de los oropeles cristinistas y encadenados. Cero épica.
No hay todavía un contrarrelato ostensible y propio más que el persistente desmonte, día tras día, de la cultura K en distintos frentes. Los integrantes del nuevo staff se caracterizan por los modales atildados, aun cuando puedan implementar rudas medidas. Es un equipo con escasas proteínas políticas y más preocupado por la macroeconomía que por resolver las tensiones crecientes de la economía doméstica. Gran energía para comunicar despidos, salida del cepo, baja de retenciones y ajustes tarifarios; nula o escasa consideración a informar de paliativos y defensa del ciudadano de a pie, asustado por la devaluación, la quita de subsidios y la inflación.
Todos los días, a las 8 de la mañana, en la Jefatura de Gabinete, en el primer piso de la Casa Rosada, su titular, Marcos Peña, lidera la reunión del equipo de comunicación. Asisten a ella funcionarios de los tres gobiernos principales de Cambiemos (nacional, bonaerense y porteño) relacionados con el tema. Allí se comenta lo que se hizo el día anterior, y cómo lo cubrieron los medios, y se decide quiénes, y en qué formato, presentarán las novedades oficiales de la jornada. Además de las conferencias de prensa o los actos cortos, otras noticias oficiales son comunicadas desde las redes sociales y abundan las consultas informales y los off the record entre funcionarios y periodistas.
Hasta ahora los estropicios recibidos del gobierno anterior se han conocido sólo de manera fragmentada. Debe saber convertir el presidente Macri su mensaje sobre el estado de la Nación, al inaugurar el período ordinario de sesiones en el Congreso, el próximo 1° de marzo, en una pieza magistral y minuciosa de la pesada herencia recibida, una suerte de "Nunca más" que, al mismo tiempo, pueda servir de acta refundacional de la democracia para no caer de vuelta en esos abismos.
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domingo, 31 de enero de 2016

El síndrome de abstinencia K. Por: Pablo Sirvén

El síndrome de abstinencia K       Por: Pablo Sirvén



La soberanía popular era digna de respeto para el kirchnerismo mientras las urnas le dieron la razón. Haber perdido les produce un desasosiego tan insoportable como el que sufre el adicto con síndrome de abstinencia. Suele expresarse en pulsiones y deseos destituyentes (para decirlo en la jerga que solía gastar Carta Abierta y otros fans del gobierno anterior). Como la mayoría que ganó no es la de ellos, aquel valor se deprecia; ya no vale lo mismo y, por eso, merece ser dinamitado.
Cuando estaban en la cresta del poder, la otra mitad de la población que no los había votado no valía nada y se la trataba con desconsideración. "Armen un partido y ganen las elecciones", ironizaban socarronamente ante la menor queja.
Fueron largos, larguísimos años donde los que pensaban distinto del discurso único oficial no podían aspirar a trabajar en los medios públicos. Ahora se dan por ofendidos y censurados cuando caen sus contratos en esas ondas porque la misión militante para la que habían sido convocados simplemente terminó. Reciclarse no les será fácil, pero no imposible: ya lo intenta Cynthia García, que pasó de tener pluriempleo -radios Nacional y Continental, y 6,7,8- a transfigurarse en youtuber por decisión propia, con amplia difusión, paradójicamente, en los que ella llama "medios hegemónicos".
Antes del 10 de diciembre, ni como invitados los disidentes del kirchnerismo solían ser convocados a enfrentar un micrófono o una cámara estatal: los señalaban, humillaban y difamaban desde sus espacios militantes y, como se dijo en las redes sociales, desde la cadena nacional se hacía "bullying" sobre quienes no asumían el discurso único de aquel poder. Los que se mofaban si alguien se llegaba a lamentar de esos evidentes maltratos ("a llorar a la Iglesia/al campito" era lo que menos decían) son los que desde el primer día del nuevo gobierno van en busca de la solidaridad que no supieron tener cuando se mostraban insensibles y ensoberbecidos, muy cómodos con la protección que les dio el kirchnerismo mientras estuvo en el poder.
En julio de 1958, desde su exilio en Ciudad Trujillo, el general Juan Domingo Perón reclamó a sus seguidores armar "una hostilidad organizada". Aparecieron entonces lo que Fernando Ruiz en su muy recomendable libro Guerras mediáticas llama "ejército de predicadores", en tanto que el líder justicialista se convertía en el "jefe del Estado Mayor de las operaciones del peronismo en guerra".
Las condiciones políticas de entonces eran bien distintas de las actuales: Perón había sido depuesto en 1955 y el decreto 4161 de la Revolución Libertadora proscribió su partido y hasta criminalizó la sola mención de cualquier palabra que evocara el exuberante folklore peronista. No contaban los enemigos acérrimos del caudillo con que el peronismo suele fortalecerse en la adversidad. Tras 18 años de exilios, represión, fusilamientos, prisión y silenciamientos, se convirtió en el árbitro de la política argentina hasta su regreso y entronización, por tercera vez, como presidente de la Nación, en 1973.
Pero hoy el kirchnerismo, que aspira a ser la voz más importante del peronismo, aunque en realidad sea sólo una parcialidad en retroceso, no está proscripto ni perseguido. Puede expresarse, pero lo hace en lenguaje bélico al exhumar la palabra "resistencia" que no corresponde usar contra una fuerza que ganó las elecciones por mayoría de votos. La mencionada Cynthia García habla a cámara desde sus videos caseros junto a un lapicero que dice: "Resistir es combatir".
Cuando a mediados del año pasado, Mirtha Legrand calificó en su programa de dictadura al gobierno de Cristina Kirchner, el oficialismo de entonces se rasgó las vestiduras repetidas veces. Pero ahora aplican con persistencia esa misma descalificación a la gestión de Mauricio Macri, en sus pasos iniciales, sin ningún tipo de complejo.
Si los personajes involucrados -los voceros más notables del kirchnerismo y sus seguidores anónimos en las redes sociales- no fueran tan desopilantes, el tema sería preocupante ya que se trata de persistentes llamados a resistir a las autoridades legítimamente constituidas, lo más parecido a una confabulación golpista. Sin embargo, hay mucho infantilismo en sus acciones, como lo demostró la reciente difusión del capusottiano manual de "Técnicas de Resistencia Activa-Micromilitancia" (imperdible, verhttp://tinyurl.com/h57ohql).
Arman actos continuos, sea en el Congreso, en el parque Centenario, en Rosario, en Villa Gesell o hasta en la mismísima Plaza de Mayo para quejarse desde los DNU presidenciales -aunque Néstor Kirchner los haya usado con intensidad- y la abolición de la Afsca hasta la detención de Milagro Sala y la rescisión del contrato de Víctor Hugo. Hasta convocaron a uno, anteayer, digno de la publicación humorística Barcelona con el hash #NoSomosÑoquis.
Desde su exilio en Madrid, Perón se hacía notar a la distancia con grabaciones, cartas y películas. Cristina Kirchner, desde El Calafate, apela a videítos (¿casuales?) que se viralizan rápido en las redes sociales y, como ayer a la tarde, a cataratas de tuits, para defender sus políticas y atacar a sus sucesores. Anuncian su regreso con un acto en el mes que ya comienza. Esta historia continuará.
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domingo, 3 de enero de 2016

Qué hará Macri con los artistas por Pablo Sirvén

Qué hará Macri con los artistas


El funcionario de altísimo rango recibe la inesperada llamada telefónica de un megaastro del rock nacional, muy identificado con el kirchnerismo que, sin asco, le propone, amistoso, compartir pronto un cafecito.
Nada que deba sorprender en una sociedad democrática y civilizada que admite el disenso. Menos de un artista que, a pesar de su fervorosa adhesión a las autoridades nacionales que dejaron de serlo hace 24 días, fue contratado en su momento por su innegable talento por el gobierno porteño.
Y está muy bien que así haya sido porque el arte y el espectáculo no tienen, o no deberían tener dueños ni banderías, ni es territorio para premiar a sumisos y castigar a díscolos.
Costará un tiempo volver a darle valor a lo que cantaba Enrique Pinti ("Pasan los gobiernos, quedan los artistas"). Es que el kirchnerismo les cobró muy caro el otorgamiento de derechos (Sagai, ley del actor) y convertirse en el principal empleador de sus recursos, al potenciar la realización de recitales, películas y ficciones televisivas. Más allá de la genuina adhesión de muchos artistas a esa fuerza, queda claro que el gobierno anterior tuvo un definido modus operandi para fidelizar a ese "colectivo" (tal como les gusta decir) que le servía de invalorable promoción. Supo sacarles intenso provecho, al incentivar a no pocas figuras a participar de sus actos, propagandas y hasta recorridas proselitistas.
Hoy, el nuevo gobierno se encuentra ante el desafío de abrir ese corralito en el que se metieron de buena fe, a conciencia, sin darse cuenta o interesadamente intérpretes muy prestigiosos, y otros no tanto, que el kirchnerismo manipuló a su favor, vampirizando parte de su popularidad.
El millonario presupuesto que repartía el ex Ministerio de Planificación Federal (entre 200 millones y 500 millones anuales) pasa ahora al Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos. ¿Acaso no es evidente que derramar plata sobre los artistas era para esa repartición mucho más estratégico que velar por el buen funcionamiento del sistema eléctrico y la recuperación del autoabastecimiento en combustibles, ámbitos que las actuales autoridades declararon en emergencia por su calamitoso estado?
El megaorganismo que preside Hernán Lombardi busca redefinir y sanear esa perversa relación de aparente mutua conveniencia, pero que terminó por perjudicar a la parte más débil: los sensibles (e hipersensibles) artistas. Mediante concursos, y también discrecionalmente, se encargaron centenares de producciones sin importar demasiado dónde y de qué manera serían exhibidas (de hecho, hay muchas sin estrenar o salieron al aire sin pena ni gloria) porque el negocio era encargarlas. Otra prueba más de que el móvil del anterior gobierno era claramente otro.
Y todas fueron políticamente correctas para la ideología derrotada en las urnas. Ni una sola producción se animó a arriesgar siquiera una velada crítica hacia los que mandaron hasta el 10 de diciembre.
Nadie debe hostigar a los actores por esto: era trabajo y cobraron por ello (más allá de algunos puntuales excesos registrados). Pero, ya desde el llano, el kirchnerismo, una vez más, volvió a manipularlos al malversar -desde el ahora fenecido 6,7,8 y entidades ultrakirchneristas como la Asociación Argentina de Actores- el sentido de la nota de José Crettaz sobre las producciones dispuestas por De Vido (ver http://tinyurl.com/znkjgqb). Contaba, además, con un valioso anexo documental, extraído de fuentes oficiales de la administración CFK, que inventariaba las realizaciones por productora, protagonista y director. Se la quiso hacer pasar por una lista macartista cuando, en realidad, allí se entremezclan nombres de figuras declaradamente kirchneristas con otras que no lo son, sin selección ni recorte alguno y sólo como soporte enumerativo del artículo principal.
Fue tal el éxito del avieso fogoneo K contra LA NACION, que no pocos artistas, pública o discretamente, condenaron esa nota periodística. Incluso, una conocida pareja de exitosísimos actores, que está muy lejos de simpatizar con el cristinismo, se comunicó con la redacción de manera destemplada para reclamar un pedido de disculpas porque la mujer figuraba en esa lista, por haber trabajado en una de las producciones subsidiadas por el Estado. ¿Disculpas de qué?
Ahora, un equipo liderado por Gabriela Ricardes, a cargo de los contenidos del Sistema, revisa el amplio stock de programas heredados y los que están todavía en etapa de producción, mientras que se redefine qué es lo que el Gobierno debe hacer en esa materia y para qué usuario. La idea principal es desarmar el anterior mecanismo de cooptación de voluntades y simpatías. Se procurará, por eso, apostar a contenidos más libres que se aparten, incluso, de lo políticamente correcto, con los riesgos y malestares que eso pueda producir en el nuevo poder.
Otro punto en el que pondrán especial hincapié es en la descentralización de la ficción ya que incentivarán la promoción de polos de producción provinciales, en contraste con el kirchnerismo que prefirió concentrar todas sus atenciones y presupuestos sólo sobre las figuras conocidas, funcionales -lo quisieran o no- a su buscada hegemonía del relato.
Twitter: @psirven

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