El medio es el mensaje
El poder paralelo de Tinelli
Marcelo Tinelli mantiene desde hace años relaciones de amistad y onda generacional con Sergio Massa, Mauricio Macri y Daniel Scioli. Con este último, además, intercambia algunos sugerentes guiños públicos: es la imagen del Banco Provincia, fue la primera imitación, y hasta ahora la única, en el regreso de su programa(mañana se verá la de Jorge Capitanich); el jueves estuvo en piso Pepe Scioli, el hermano operador del gobernador, y para hoy está previsto que el animador visite la quinta de Scioli y juegue al fútbol con él (que anoche ya lo gastaba por Twitter).
El preciso "sismógrafo" Tinelli acaba de prenderse. ¿Ya olfatea hacia dónde va la Argentina? Por si acaso, tampoco descuida las menciones al "amigo" Massa y tampoco se olvidará del "amigo" Macri. En cambio, amigos, lo que se dice amigos, en el Gobierno no tiene, ni tampoco en FAU. Cómo influirá ShowMatch en el inconsciente electoral de los televidentes nadie lo sabe. Pero influirá.
Hacer de lo insignificante un show es la principal y más poderosa arma, hasta ahora indestructible, de Marcelo Tinelli, el pilar fundamental que lo ha mantenido en la cresta del rating desde 1990 para acá. Como el peronismo, como Maradona, su vigencia, más allá de furibundas críticas y adhesiones incondicionales, habla más de cómo somos los argentinos que de él mismo. Tal vez la pregunta, todavía sin respuesta, es por qué nos gusta reflejarnos tan persistentemente en su espejo repleto de mujeres despampanantes con lenguas envenenadas, humor muchachista, pequeños entuertos conventilleros y modos futboleros. Por qué atrae tanto su exótica fauna circense y por qué cada comienzo de temporada de su ciclo se convierte en un megaevento del que está pendiente buena parte de la audiencia. Los millares de fans declarados de Tinelli conviven con televidentes vergonzantes que lo critican o no reconocen verlo, como nadie votó a Menem en los 90 y como después de 2015 quizá dirán que nunca nadie se inclinó en las urnas por los Kirchner. Cinismo veleidoso, marca nacional.
La apertura mundialista, colosal y grandilocuente, una suerte de Bicentenario personal, como autohomenaje que se da a sí mismo el showman N° 1 de la TV argentina cada vez que vuelve a la pantalla, dice menos que el trabajo minucioso que emprende después a lo largo del año como árbitro y dosificador de escándalos mediáticos, creador de la nada de insólitos personajes microscópicos y gran animador de momentos de humor bizarro pensados para una audiencia vasta y popular que celebra ahora también imitaciones muy distintas de las del programa de Lanata, donde se baja línea y se politizan al máximo. En ShowMatch, en cambio, se buscan caricaturas más ingenuas que subrayan tics de los personajes para llevarlos al delirio sin abusar de lo ideológico, que a su programa, si abusa, podría jugarle en contra.
De alguna manera, ahora Tinelli materializa un nuevo gran acuerdo nacional al amalgamar en una misma pantalla al Grupo Clarín y a Indalo, compañía de Cristóbal López, empresario amigo del Gobierno, a quien pertenece Ideas del Sur desde el año pasado en un 81% y que, en agosto próximo, si Tinelli gatilla una cláusula contractual a su favor, podría convertirlo en su exclusivo dueño.
El hijo dilecto de Bolívar se convirtió en una celebridad durante el menemismo; capeó a De la Rúa, la crisis de 2001 y a Duhalde, y está dejando atrás la década larga del kirchnerismo, sin que los cambios de época lo hayan afectado demasiado. Está blindado. Es un poder autónomo que se planta de igual a igual frente a sus patrones, se llamen Clarín o López, y también ante los gobiernos de turno. Es que responde, antes que a nadie, a sí mismo. Como factor de poder que es, intenta tener relaciones cordiales con las demás "fuerzas", pero se fastidia, y no lo oculta, si lo maltratan o le hacen alguna zancadilla. Así le respondió fuerte a Alberto Fernández, cuando era jefe de Gabinete, en 2007, y lo rotuló como el "López Rega de Kirchner" porque lo había involucrado en presuntas maniobras de evasión impositiva en la contratación de publicidad en programas de su productora. Ni Cristina ni Néstor Kirchner pudieron convencerlo de que fuera a Olivos a grabar una entrevista con el ex presidente en la campaña por las legislativas de 2009 y sólo aceptó una conversación telefónica mientras su programa estaba en el aire.
El kirchnerismo detecta los bolsones de audiencia y va tras ellos con dos estrategias: o los "coopta" (Radio 10, C5N, Telefé, etcétera) o los hostiga (Clarín, la nacion, etcétera). Tinelli demostraba una simpatía pasiva hacia el oficialismo, que a veces se destacaba en 6,7,8 o en la contratación para su ciclo de una figura claramente embanderada con el Gobierno como Florencia Peña. Pero como la rana que ayuda a cruzar el río al escorpión y termina atacada antes de llegar a la otra orilla, deparándoles una muerte segura a ambos porque estaba en su naturaleza, el Gobierno buscó un enfrentamiento innecesario con el animador al convocarlo a producir Fútbol para Todos para dejarlo enseguida afuera sólo porque exigió no seguir politizando las tandas y los relatos.
¿Habrá imitación de Cristina Kirchner? Tinelli sólo lo quiere a Martín Bossi en ese papel, algo improbable que suceda. De los hijos presidenciales no habrá clones..