El medio es el mensaje
Como siempre, el pez por la boca muere
En la semana que pasó, todos parecieron ponerse de acuerdo para rezarle fatalmente a San Ictícola de los Peces. Fatalmente, porque se trata del santo equivocado.
Recordarán la historia: el desopilante tema de Les Luthiers recrea, a la manera de cántico religioso, los deseos de los pobladores de la misérrima Roca Póvera que, en busca de una buena pesca, dirigían sus oraciones al patrono de esos animalitos marinos sin percatarse de que San Ictícola en realidad los protegía, alejándolos de sus redes y anzuelos, lo que acentuaba paradójicamente la pobreza de sus confundidos feligreses.
En la Argentina de hoy pasa algo parecido: hay creyentes de todos los cultos (políticos) que les rezan a los santos indebidos y suelen cosechar tempestades. Tiempos preelectorales donde los candidatos, cual pescadores, se hacen a la mar en busca de llenar sus redes de votos. Nadie sabe todavía cómo llegará a puerto, y en qué condiciones. Unos creen que el triunfo será de ellos si se presentan combativos; otros suponen que hablar lo menos posible los acercará definitivamente a la victoria.
En este contexto, los cruces más filosos siguen registrándose entre el oficialismo y los medios. La pasión por tender peligrosos anzuelos y carnadas envenenadas para luego "freír" al otro está a la orden del día.
El inefable Luis D'Elía se llevó las palmas en esta disciplina al ufanarse de plantarle un "pescado podrido" a Jorge Lanata, en el mismísimo momento en que la estrella periodística del Grupo Clarín daba a conocer en su programa de TV que el ex piquetero reciclado en privilegiado vocero del kirchnerismo era dueño de una empresa de transporte de combustible, que cobra diez millones de pesos por mes. "Una bicoca", opinó sin titubear Nora Veiras en 6,7,8, de quien se desconocía que manejase con semejante precisión temas logísticos de ese calibre.
D'Elía montó una puesta en escena que a la postre resultó eficaz a sus móviles. Primereó a Lanata al mostrarse junto a su ex socio Mario Coradín, lo que dejó al informe de Periodismo para todos bajo un manto de confusión, por más que lo sustancial no hubiese sido desmentido.
En su sitio plazademayo.com, Gabriel Levinas, autor de la investigación, hizo una valiosa autocrítica, al reconocer que habían pecado de ingenuos al utilizar el testimonio de alguien que había compartido negocios con el denunciado. "Una investigación pormenorizada -reconoció- fue borrada de un plumazo mediante un ardid mediático cuyo fin no era otro que reducir los daños con un golpe de efecto. Y lo logró."
El activo cardumen de tuiteros K y las diatribas de 6,7,8 confluyeron en la misma dirección. En Canal 7 llegaron a caricaturizar a Lanata junto a un pescado hediondo.
Por su parte, fue suficiente que el diputado camporista Juan Cabandié sorprendiera al aseverar que había visto un "banco de peces" en el Riachuelo, para que estallasen de hilaridad las redes sociales.
La disparatada ocurrencia de Cabandié lanzó a los movileros hacia La Boca, donde se encontraron con las mismas pestilencias de siempre. Y aun cuando no habían cesado las risotadas provocadas por los humoristas radiales en torno del tema, el empecinamiento del relato por ver pececitos de colores donde sólo hay mugre espesa hasta hizo que un senador allegado a Daniel Scioli porfiara con lo mismo.
Con caprichosa grafía tuitera y uso alocado de las mayúsculas y minúsculas, Cabandié persistió: "Los Pescados qe se enojan x los peces que aparecen en el riachuelo gracias a la mejor oxigenación del agua, después votan a cualquier Bagre".
El episodio se puso más que interesante cuando el legislador puso el motor en reversa y empezó a negar que hubiese dicho tales cosas aun cuando sobraban pruebas tangibles en contrario.
Probó, como nunca, que el relato kirchnerista se construye sobre la marcha valiéndose de su propio énfasis y desligándose incluso, como en este caso, de acontecimientos generados por ellos mismos, si éstos se vuelven inconvenientes. Cinismo puro.
Fue más eficaz, al menos para embarullar, el dispositivo desplegado por D'Elía que hizo trastabillar a Lanata. Aplicó de manera inversa lo que sucedió en su momento con Leonardo Fariña. Tras verse en PPT la supuesta cámara oculta que se le hizo para hablar de sus servicios a Lázaro Báez, el marido de Karina Jelinek se desdijo en distintos programas. En el caso más reciente fue al revés: primero Coradín y D'Elía explicaron la maniobra que pensaban llevar adelante en lo de Lanata y a continuación la consumaron.
Así el arrepentido, que fue una figura rendidora periodísticamente en los menemizados 90, vuelve en la década kirchnerista con una vuelta de tuerca: el arrepentido que se vuelve a arrepentir.
El ruido mediático que hizo D'Elía tapó, asimismo, otra investigación, aún más grave, sobre la relación entre el ministro de Agricultura, Norberto Yauhar, y el hallazgo de 110 kilos de cocaína disimulados en cajas de langostinos para exportación.
Sólo falta ahora que algún langostino arrepentido salga a decir que sólo se trataba de azúcar impalpable.