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domingo, 30 de diciembre de 2012

El kirchnerismo y una década perdida por Roberto Cachanosky

Politica

El kirchnerismo y una década perdida

2013: OTRO AÑO PARA VIVIR DE CHANGAS

 

 por Roberto Cachanosky


Hay dos razones para que, por ahora, el 2013 luzca similar al 2012, es decir un año para seguir viviendo de “changas”. Sin proyectos de largo plazo. Solo haciendo negocios de muy corto plazo.
La primera tiene que ver con el gobierno. El cristinismo ya ha dado tantas muestras de arbitrariedad, de violar impunemente la propiedad privada y de aplicar reglas de juego tan insólitas, que nadie se anima a invertir un dólar en Argentina. Lo máximo que la gente está dispuesta a hacer es poner algunos pesos para sostener la estructura productiva que tiene, pagar sus costos fijos para vivir y esperar a ver cuándo se acaba esta locura que va para 10 años desperdiciados. La década pérdida, con un contexto internacional extraordinariamente favorable para encaminar la economía argentina hacia el crecimiento de largo plazo. Tasas de interés bajas y abundante liquidez internacional buscando dónde invertir. Un verdadero pecado haber desperdiciado estos 10 años en aplicar un populismo barato, fabricando más pobres, destruyendo la infraestructura del país y generando un grado de conflictividad social que hay que remontarse varias décadas atrás para encontrar una situación similar o parecida.
Pero bueno, esto es lo que nos tocó o lo que una parte de la población eligió, apostando, al igual que el gobierno, a disfrutar de un corto plazo ficticio, de una falsa ilusión de prosperidad, que hoy da muestras de agotamiento.
El kirchnerismo y una década perdida
La segunda razón para pensar que, y Dios quiera que me equivoque, el 2013 es para vivir de “changas” tiene que ver con la política económica propiamente dicha.
Cualquier economista sabe que los precios son la expresión de las valoraciones subjetivas de los consumidores, que al comprar o dejar de comprar define los precios de los bienes y servicios que se ofrecen en el mercado. Ese sistema democrático económico por excelencia, en el que se vota todos los días, ha sido reemplazado por un grupo de personas que se considera superior al resto de los habitantes. Son ellos los que deciden qué y cuánto hay que producir, a qué precios hay que vender y en qué calidades hay que producir. Ellos, los seres “superiores” reemplazaron la democracia del mercado (y también la otra) por el autoritarismo económico. Como ellos, que se consideran “superiores” al resto de la sociedad, pueden cambiar de opinión en cualquier momento sobre qué hay que producir nadie puede arriesga su capital para invertir para ganarse el favor del consumidor. Se limita a hacer lo indispensable hasta que termine la dictadura del mercado, haya disciplina monetaria y fiscal y cada uno puede hacer el cálculo económico correspondiente para tomar una decisión de inversión, la cual puede resultar un éxito o un fracaso, pero eso forma parte del riesgo empresarial. Diferente es el riesgo que genera el burócrata de turno con sus caprichos, porque cualquier número que uno ponga en los papeles para evaluar una inversión pueden transformarse en el fracaso más rotundo por el simple capricho del burócrata.
Pero además de las violaciones a los derechos de propiedad que ya ejercer el gobierno sin ningún tipo de disimulo, y de las arbitrariedades intervencionistas de los burócratas “iluminados” que se arrogan el derecho a decidir qué tenemos que consumir, se agrega un tercer elemento de carácter económico. Me refiero a la distorsión de precios relativos que hoy existe en la economía.
¿Qué se entiende por distorsión de precios relativos? Que bienes y servicios que deberían tener un determinado precio en condiciones de libre competencia resultado de las valoraciones subjetivas de las personas, tienen otro diferente porque directamente el Estado así lo decide o bien porque los cambia indirectamente. Por ejemplo, el tipo de cambio no está sometido a valoraciones de la gente, sino a los dictados caprichosos del gobierno. Su precio, dado el actual contexto político y económico, está distorsionado. Otro precio distorsionado es el de las tarifas de los servicios públicos. O los precios de muchos bienes de consumo que, al estar cerrada la economía, son más caros y de menor calidad.
Quienes leyeron mi documento de trabajo 11, que titulé: “Fin de fiesta de consumo: qué hay que esperar con el nivel de actividad, la inflación y el dólar. Cómo protegerse ante lo que viene”, tuvieron una idea de lo que podía pasar y anticiparse a los acontecimientos para no perder, o perder menos o, en algunos casos ganar. ¿Qué quiero decir con esto? Que dada la distorsión de precios relativos uno tiene que tener mucho cuidado con las inversiones que hace. Ejemplo, si Ud. quiere comprar un local para alquilar para algún comercio, debe tener presente que la fiesta de consumo se acabó y que el alquiler que le podrá cobrar a su inquilino dependerá de cómo le vaya. Si en un momento los alquileres de los locales estaban por las nubes, hoy, con esta distorsión de precios relativos que tiende a corregirse por las buenas o por las malas, hacer una inversión de este tipo implica pensarlo varias veces. Estoy dando un simple ejemplo de los muchos que uno podría dar teniendo en cuenta, por ejemplo, la caída del salario real y de la ocupación que sufrirá la economía en los próximos meses y que afectará el consumo.
Las preguntas que nadie puede contestar al analizar un proyecto de inversión son: ¿Cuánto pagaré de impuestos, a qué precio me dejará vender Moreno, qué bienes estarán disponibles en el mercado y cuales faltarán por el cierre de la economía, tendré suficiente energía para producir si me embarco en un proyecto que requiere de ese insumo para mi actividad, y si hay energía, cuál será el precio que tendré que pagar por ella? Todas estas preguntas no tienen casi respuesta porque no dependen del análisis del sector que uno haga y de la macro, sino de cómo se levante de humor la presidente o del último capricho de Moreno.
Invertir hoy en Argentina no requiere de habilidades empresariales, sino de adivinar el próximo capricho de los “iluminados”. Y como nadie puede adivinar esos caprichos, todo se limitará a sobrevivir, a vivir de “changas” como decía al comienzo de la nota. Y cuando digo vivir de “changas” es levantarse todos los días para encontrarle la vuelta de generar ingresos bajo las condiciones que hoy impone el cristinismo.
Sin duda que vivir así es estresante, pero es mejor tomar conciencia del contexto en el que uno se mueve a ignorarlo y perder su capital de trabajo.
Es más, ni siquiera los amigos del poder pueden estar tranquilos con los “negocios” que consiguen gracias a su genuflexión, porque los caprichos de los “iluminados” pueden fulminarlos en cualquier momento.
Esto es lo que tenemos, y habrá que esperar a octubre para ver si la situación puede mostrar un horizonte del fin de la locura autoritaria o de empeoramiento. Pero eso dependerá del resultado electoral el futuro económico del país y esperar para ver qué pasa. Si es que doña Cristina no estrella antes el país.

Roberto Cachanosky


Precios y otros enigmas para 2013


En economía, los precios de los bienes y servicios suelen cambiar por diferentes motivos, algunas veces por razones propias del comportamiento del mercado y otras veces por intervenciones del Estado. Ejemplo, el precio de la energía en la Argentina es barato. ¿Es porque aumentó la oferta de energía en base a inversiones o porque el Estado mantiene artificialmente bajos los precios? Si la respuesta correcta es la segunda, en el momento de tomar una decisión de inversión, uno siempre tiene que preguntarse si el precio del bien que comprará es el reflejo del comportamiento del mercado y relativamente estable en el tiempo, o si está afectado por medidas económicas del Gobierno que pueden estar distorsionando los precios.
Mi visión es que tanto la construcción como la actividad inmobiliaria se vieron beneficiadas por causas macroeconómicas que llevaron a un aumento del precio del metro cuadrado construido de 2002 a la fecha. Una primera razón fue el corralito y luego el corralón de 2001 y 2002, que llevaron a la compra de inmuebles como una de las pocas opciones al retiro de depósitos de aquellos años.
Luego la devaluación hizo bajar fuertemente el costo en dólares de la construcción, lo cual llevó a un incremento de la actividad. El precio bajo en dólares y la desconfianza de la gente en el sistema financiero luego de la crisis hicieron que los ladrillos fueran vistos como cajas de seguridad. El fuerte de la actividad inmobiliaria estuvo más en la inversión que en la compra de propiedades para ir a vivir fruto de créditos hipotecarios.
Mirando hacia el futuro, la pregunta que conviene formularse es la siguiente: ¿siguen existiendo las mismas condiciones macroeconómicas que elevaron el precio de la propiedad en dólares a niveles récord?
En primer lugar, el tipo de cambio real oficial se encuentra en niveles muy cercanos a los de 2001, por lo tanto si uno toma como referencia ese tipo de cambio, el dólar vuelve a estar barato. Pero la referencia por tomar es el dólar marginal. Y ahí sí que tenemos una diferencia significativa. Con un dólar blue en $ 6,50 me parece que el precio del metro cuadrado en dólares no debería ser el mismo que con un dólar a $ 4,5. Es más, ese dólar a $ 4,5 no está disponible en el mercado.
Por otro lado, el costo de la construcción en pesos crece más rápido que el tipo de cambio, lo cual hace que el costo de la construcción en dólares crezca más rápido. Pregunta, ¿convalidará el mercado precios en dólares que cubran el costo de la construcción en dólares cada vez mayores? ¿Cuál es la rentabilidad que deja la inversión en ladrillos, la liquidez de la inversión y los costos de oportunidad?
Mi impresión es que 2013 será un año de alta tasa de inflación y el precio del metro cuadrado en dólares dependerá del tipo de cambio marginal, el cual debería subir y, por lo tanto, el precio del metro cuadrado en dólares debería bajar. Obviamente que no sé el cuándo, pero sí sé que cualquier manual de economía muestra que tenemos distorsiones de precios relativos en la economía, entre ellos el tipo de cambio y la tasa de interés real negativa, que son insostenibles en el largo plazo e impactan en el mercado inmobiliario.

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