domingo, 4 de diciembre de 2016

Con goles a favor y en contra, por Pablo Sirvén

Con goles a favor y en contra

por Pablo Sirvén
Pablo Sirvén

Fue uno de los grandes misterios de nuestra infancia. A todos nos pasó: el día que llevamos el germinador al colegio -el frasco con el secante y el poroto adentro- se representaba en nuestras caras, según como nos hubiese salido el experimento, una de las primeras aproximaciones existenciales al éxito o al fracaso.

Supuestamente, todos habíamos hecho lo mismo -humedecer un poco cada día el secante para que el poroto brotara-, pero las diferencias en los resultados entre uno y otro germinador solían ser notables: algunos lograban una vigorosa plantita; otros, apenas unos tímidos brotes verdes y, horror, no faltaban los que, con pesar, se avergonzaban de su poroto hinchado y ennegrecido que todos compadecíamos con cierta impresión.

¿Cuánto de azar había en esos resultados y cuánto de procedimientos mal realizados? ¿Habíamos regado de más o de menos? ¿O la culpa era del poroto? Misterios de la naturaleza.

La historia del germinador podría funcionar como una metáfora de este primer año del gobierno de Cambiemos, que se cumplirá el sábado. No es una asociación forzada porque en algún momento de estos meses incluso se habló de "brotes verdes" y hasta el presidente de la Nación se animó a autocalificarse como si fuera, al mismo tiempo, director y alumno de este revoltoso colegio llamado República Argentina.

Definitivamente, el generoso 8 que se puso el primer mandatario -nota con la que también pareció sentirse cómodo el ministro de Economía, Alfonso Prat-Gay- es todavía más preocupante que los muchos temas pendientes por resolver, la mayoría heredados del gobierno anterior, a los que se agregaron los generados por la actual gestión, porque estaría indicando que Mauricio Macri entiende que tiene muy poco por mejorar (apenas en su cálculo le faltan dos puntos para el sobresaliente). ¿No será mucho?

Es que por su mentalidad futbolera, el éxito y el fracaso para el primer mandatario están más cerca de lo que la mayoría pensamos. Hay una imagen a la que Macri recurre frecuentemente cuando piensa en el tema: pelota dentro del arco (éxito), pelota que pega en el palo (fracaso). Deduce que en la política no es muy diferente.

Para seguir con esa idea, se podría decir que el campeonato que juega Macri acaba de empezar: la cuarta parte de su mandato ya consumida equivale apenas a 22,5 minutos del primer tiempo de un partido (¿de ida solamente o habrá también otro de vuelta?).

¿Y cuántos goles convirtió el Presidente en estos meses? Varios e importantes: gracias al voto repartido del electorado, frente al hegemonismo asfixiante del gobierno anterior, lo que primó fue la búsqueda de consensos y la negociación para tomar las decisiones más trascendentales y el Gobierno sabe adaptarse -a veces mejor; a veces peor- a esa dinámica. También se salió del cepo sin grandes traumas, se resolvió el tema de los holdouts, el Indec volvió a funcionar, se restablecieron relaciones cordiales con los principales estadistas de Occidente, se dejó caer el oneroso y obsecuente aparato de comunicación K y en seis días se cumplirá un año sin cadena nacional.

¿Cuáles fueron los peores errores tácticos? La actual administración adoptó una discutible estrategia del juego, cuyos efectos nocivos padeció como un fiero gol en contra: al privilegiar al principio el reordenamiento macro de la economía (baja de retenciones, cepo, holdouts, ajuste de tarifas) dejó en un segundo plano lo micro.

Así, se pasó del consumismo artificioso del cristinismo -ya no le alcanzaban el carbón y las maderitas y empezó a tirar los muebles de la casa para alimentar ese fuego- al parate macrista, que terminó deprimiendo ventas y la mayoría de los índices económicos. Como si no fuese suficiente el pavoroso 30% de pobres que dejó el kirchnerismo tras la "década ganada", el gobierno de Cambiemos ensanchó esa dolorosa brecha en pocos meses 2,2 puntos más. La obra pública arranca en cámara lenta, los empresarios locales no reaccionan y crece el endeudamiento externo y la especulación financiera.

Al director técnico, al borde de la cancha, los jugadores no siempre lo escuchan bien (problemas de comunicación; sobrevaloran las redes sociales y los timbreos). Para colmo, peligrosos barras bravas (el kirchnerismo residual) tiran proyectiles de todo tipo al campo de juego (lo llaman "resistencia"; traducción: no aceptan el veredicto soberano de las urnas), aunque algunos de sus referentes más cuestionados ya están en la cárcel (Lázaro Báez, José López y Milagro Sala, por cuya liberación claman organizaciones internacionales), mientras la gran jefa de todos ellos, Cristina Kirchner baja y sube su perfil a piacere.

El plan A era hacer todos los deberes bien para que llovieran lo más pronto posible los ansiados capitales extranjeros. Y de puro ansiosos pusieron demasiadas fichas en un segundo semestre, en el que sólo se vieron unos mustios brotecitos que pronto se marchitaron. La promesa de mejora se sigue corriendo para adelante y la gente aguarda.

Hora de poner en marcha el plan B y, si es necesario, el C y el D. Quedarse petrificados mirando el germinador con el poroto remolón no tiene sentido. Mejor probar con otro.

psirven@lanacion.com.ar

Twitter: @psirven


Milagro Sala, un serio problema en la política exterior, por Joaquín Morales Solá

Milagro Sala, un serio problema en la política exterior

por Joaquín Morales Solá
Joaquín Morales Solá

Podrá decirse que el kirchnerismo (o el cristinismo, para ser precisos) conserva importantes resortes de influencia en organismos internacionales de derechos humanos y que, en parte por eso, tiene tanta repercusión en el mundo el caso de la prisión de Milagro Sala . Y es cierto. Podrá agregarse que la líder del movimiento Túpac Amaru es una figura polémica, prepotente y arbitraria en el manejo de los recursos públicos. Y también es cierto.

Nada debería ocultar, con todo, que el gobierno de Mauricio Macri se encuentra ante un serio problema de política exterior. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) acaba de pronunciarse reclamando su inmediata libertad. Ya antes habían exigido lo mismo el Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias de las Naciones Unidas; el propio secretario general de la OEA, Luis Almagro, y Amnistía Internacional. No es un problema menor. El Presidente necesita conservar la autoridad moral para, por ejemplo, seguir reclamando la libertad del líder opositor venezolano Leopoldo López. No debería ser Sala quien la ponga en duda.

La CIDH podría avanzar aún más en sus decisiones en los próximos meses. La causa de Sala es defendida en ese tribunal por Jorge Taiana, ex canciller de Cristina Kirchner, y por el CELS, un centro argentino de defensa de los derechos humanos.

Funcionarios argentinos dijeron que los pronunciamientos de la CIDH y el de las Naciones Unidas no son vinculantes. La afirmación es relativa. "Todo es vinculante y obligatorio", aceptó otro funcionario. Se refería a que las convenciones, pactos y acuerdos sobre derechos humanos de las Naciones Unidas y del sistema interamericano fueron incorporados a la Constitución en la reforma de 1994. La Corte Suprema argentina tiene jurisprudencia al respecto: las resoluciones sobre derechos humanos de las Naciones Unidas, de la CIDH y de la Corte Interamericana de Derechos Humanos son de cumplimiento obligatorio en el país. El gobierno nacional le pedirá a la justicia de Jujuy que ponga inmediatamente en libertad a Sala. Los jueces jujeños podrían negarse, pero el caso llegará a la Corte Suprema. Todos conocen de antemano cuál será su decisión.

¿Está la CIDH influida por el cristinismo? Vale la pena consignar un ejemplo. En marzo pasado convocó a una urgente audiencia para analizar la derogación de la ley de medios por parte de Macri. Por primera vez en su historia, la CIDH examinó a un gobierno apenas cuatro meses después de haber asumido. El Gobierno ganó ese debate de marzo, pero sumó varios enemigos empecinados en derrotarlo.

Milagro Sala fue detenida el 16 de enero pasado por un acampe frente a la Casa de Gobierno de Jujuy, acusada, entre otros delitos, de sedición. Varios días después fue puesta en libertad, pero en el mismo acto se la notificó que quedaba presa de nuevo por delitos más graves, como asociación ilícita y defraudación al Estado. La primera prisión fue arbitraria y vició de legitimidad a todo el proceso judicial posterior. El respetado constitucionalista Roberto Gargarella escribió al respecto: "Cada paso que se tomó desde entonces (la primera prisión) mostró la misma marca de origen: mantenerla detenida primero, ver de qué modo se justifica después". Gargarella, que es muy crítico con la historia de Sala, calificó de "arbitraria" su prisión.

El Presidente detesta estar en la situación en que está. De hecho, se sintió muy incómodo durante la reciente visita del primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, a quien Amnistía Internacional le había pedido que intercediera ante Macri por la libertad de Sala. Macri y Trudeau fueron interpelados por la prensa, en una aparición conjunta, por el caso Sala. Pocos días más tarde, el Presidente convocó a una reunión de la que participaron la canciller Susana Malcorra; el ministro de Justicia, Germán Garavano, y el gobernador de Jujuy, Gerardo Morales. "No quiero que sigan preguntándome en el mundo por Milagro Sala", los conminó.

Al problema lo tenía sentado en la reunión: Gerardo Morales cultiva el odio a Sala desde hace diez años. Ella no se privó de darle motivos: llegó, en tiempos del cristinismo, a destruir las oficinas privadas de Morales en Jujuy, que es una de las causas por las que se la juzga ahora. No es sólo Morales. Es también la dirigencia política y judicial de Jujuy y del Norte la que quiere ver presa a Milagro Sala, porque ella desafió al Estado y disputó el control territorial con esos jefes políticos de la región.

Gran parte de los jueces y fiscales que juzgan a Sala fueron nombrados por el ex gobernador peronista de Jujuy Eduardo Fellner. Es lo que Garavano les recordó a los parlamentarios peronistas del Parlasur que fueron a pedirle por ella. "Hablen con Fellner antes de venir aquí", les dijo. Estaba en la delegación de parlamentarios José López, el que luego revoleó bolsas con dólares en un convento, lo que le valió su posterior destitución como miembro del Parlasur. Sala es también parlamentaria del Parlasur.

Macri quedó encerrado en una ingrata situación. Entre la insistencia internacional para que liberen a Milagro Sala y la obstinación de la política y la justicia jujeñas para mantenerla presa. Ahí está el Presidente, sin solución por ahora.

Seguramente influyen en la enorme presión internacional tres condiciones de Sala: es mujer, indígena y parlamentaria. Sabemos aquí que el Parlasur fue un invento cristinista para conseguir fueros para algunos (no para todos), pero eso no se ve desde el lejano atalaya del mundo. Los cristinistas que militan a favor de Sala (o en contra de Macri, no se sabe) son Taiana, el ex juez de la Corte Suprema Eugenio Zaffaroni y el ex secretario legal y técnico Carlos Zannini. Un amigo de Zannini, Gustavo Cinosi (uno de los dueños del hotel Sheraton de Pilar), fue nombrado en la OEA con el cargo de asesor de Asuntos Institucionales. Fue el modo como el secretario general de la OEA, el uruguayo Almagro, agradeció el voto y las gestiones argentinas para su designación durante el gobierno de Cristina.

La carta de Almagro a Milagro Sala fue un desastre sin atenuantes. Como jefe de un organismo internacional, Almagro debió hacer primero gestiones reservadas ante el gobierno argentino y, en todo caso, advertirle que podría hacer pública su posición si la situación no cambiaba. Hizo todo lo contrario: se solidarizó con Sala sin siquiera avisarle al embajador argentino en la OEA. La OEA parece condenada a la mala suerte. El chileno José Miguel Insulza se fue criticado el año pasado de la OEA, pero lo cierto es que su gestión fue mucho más seria que la de Almagro. Almagro tiene una increíble facilidad para oscilar entre lo correcto y lo incorrecto. El torpe pronunciamiento de Almagro tuvo, sin embargo, su influencia. Aunque la CIDH es autónoma en sus decisiones, depende orgánicamente de la OEA, cuyo jefe es, precisamente, Almagro.

A pesar de todo, al Gobierno le preocupó, tanto como el pronunciamiento de la CIDH, la declaración de José Miguel Vivanco, director de la División Américas de la prestigiosa organización Human Rights Watch, quien suscribió la posición del constitucionalista Gargarella. Vivanco no tiene ninguna vinculación con el cristinismo y, al contrario, defendió a los perseguidos durante la larga década del cristinismo. A los periodistas, entre ellos. En los primeros días de la detención de Milagro Sala, Vivanco pidió, en un artículo publicado en LA NACION, la derogación del delito de sedición porque es incompatible con un Estado democrático.

Desde el primer reclamo de las Naciones Unidas, políticos argentinos criticaron la gestión de Malcorra. Es injusto. Ya hizo mucho logrando frenar durante casi un año el importante problema de política exterior que existe ahora. Malcorra y Garavano le venían anticipando a Gerardo Morales desde abril pasado que el caso Sala terminaría mal.

¿Cómo terminará? Debería terminar, al menos, con soluciones realistas. No hay solución buena para la pertinacia de los dirigentes jujeños mientras las cosas estén como están. Es evidente que Milagro Sala ejerció violencia contra sus adversarios y manejó discrecionalmente los fondos públicos. Sin embargo, la figura de la prisión preventiva debe ser usada con mucha prudencia. Le niega la libertad a una persona que no fue condenada (cuyos presuntos delitos deben probarse) y puede violar el principio de inocencia (todas las personas son inocentes hasta que se demuestre lo contrario). En el caso de Sala, el delito está probado, pero no quién lo cometió. Astuta, Milagro Sala rechazó la prisión domiciliaria por la que trabajó Garavano. En la cárcel es una perseguida política; en su casa la aguarda el olvido.

Políticos y jueces de Jujuy deberían ser conscientes de que el problema se les fue de las manos. Milagro Sala no tiene fueros (no los tiene el Parlasur) y debe ser investigada con todas las garantías del debido proceso, más aún porque es un personaje polémico y controvertido. Deberían evitar, en fin, que se convierta en mártir quien no lo es ni merece serlo.


Deben ser los caranchos, deben ser... por Jorge Fernández Díaz

Deben ser los caranchos, deben ser

por Jorge Fernández Díaz
Jorge Fernández Díaz

A la mordaz jungla de la política, donde anidan desde hace tiempo los "gusanos" anticastristas y los "gorilas" del antiperonismo, se agrega ahora un ave autóctona de larga tradición: el "carancho". Injustamente olvidada en el catálogo de la decadencia, esta especie carnívora se ha dedicado durante años a depredar el Estado cuando su facción gobierna y a cobrar protección cuando corretea en el llano; a justificar su rapiña en nombre de pobres y ausentes, y a aprovechar que su víctima queda exangüe para desplegar su furibundo escarnio y preparar su suicidio asistido. El carancho tiene predilección por picotearte los ojos; necesita verte caído y fuera de juego. El caranchismo es un virus pedigüeño y extorsivo, pero también destituyente -aunque el plumífero puede adoptar distintas tácticas temporales - puesto que hay en la pajarera vernácula caranchos urgentes y caranchos con paciencia. Todos, sin embargo, conciben a la democracia republicana como una sandez neoliberal, a las presidencias no peronistas como una intrusión intolerable, y a cualquier coalición que no sea la propia como una partidocracia cipaya con destino de helicóptero.

La verdad sea dicha, estas últimas ideas son la primera materia que te enseñan cuando entrás en el peronismo, aunque no deberían confundirse de ninguna manera los tantos: así como por suerte hay cada vez más peronistas modernos y republicanos, también pernoctan caranchos en otras fuerzas políticas. Es que por imitación y didáctica, caranchear ha sido una práctica transversal y contagiosa dentro y fuera del jaulón movimientista. Resulta cierto, no obstante, que el dirigente peronista debe luchar particularmente con esa tara de origen, con el pequeño carancho que le han inoculado y todavía lleva adentro. Para algunos ser peronista implica, aún en la actualidad, creer esa infamia según la cual únicamente ellos encarnan la patria y el pueblo, mientras los demás somos inexorables gerentes del imperialismo y la oligarquía. En parte el peronismo se ha alejado de esa superstición soberbia y ha evolucionado (hoy su renovación resulta esencial para la democracia), el sindicalismo hace lo que puede en medio de una recesión y las organizaciones sociales son actores ineludibles en un país que precisamente los justicialistas dejaron con altísima inflación, 30 por ciento de pobreza estructural y un boom del narcotráfico. A propósito, al cierre de esta edición no se ha oído una autocrítica profunda y sincera acerca de estas hecatombes. Sí se escuchan todos los días declaraciones destempladas y se ven dedos levantados. Y se registran cómicos zigzagueos como cuando peronistas parlamentarios acompañan responsablemente los proyectos del gobierno constitucional, y de repente giran en el aire e imponen ocurrencias demagógicas y carísimas, para al día siguiente salir bien temprano por la radio y denunciar el peligroso aumento del déficit fiscal. Que ellos mismos engordaron. O cuando gremialistas deslizan en voz baja: "Quiero estar cerca de Macri para manotearle fondos". O cuando líderes de base revelan entre amigos su gran estrategia: "Sacarle todo lo que le podamos sacar". Ciertos gobernadores e incontables intendentes, matándose de risa, refieren lo mismo cuando los micrófonos están apagados. Como bien señala el sociólogo Rolo Villar, qué lindo es hacer beneficencia con la plata ajena. Y yo agrego: qué cómodo es exprimir a la vaca para después tirarla a la parrilla.

El caranchismo no exime de responsabilidad, por supuesto, a los chicos del Excel. Que son vulnerables al vuelo del carancho y que muchas veces actúan como víctimas perfectas: recibieron la empresa quebrada y un inesperado viento de frente, repartiendo raciones se fueron quedando sin torta, ahora revientan la tarjeta y calman los ánimos, pero no tienen ni siquiera la chance de pegar un puñetazo en la mesa y aplicar castigos, puesto que su propia grey no toleraría semejante "autoritarismo kirchnerista": lo votaron para las antípodas, desde un buenismo reparatorio que todavía pinta bien en las encuestas. Pasa que muchas veces los pueblos encumbran candidatos con modales de señorita, y cuando la economía no despierta, añoran líderes con lenguaje de puerto.

Visto en perspectiva, su modelo de gobernabilidad fue demasiado oneroso y nunca conectó con el plan de estabilización. El Gobierno pagó lo que no tenía, complicó así una economía ya destrozada y no logró desarmar la bomba más peligrosa de todas: la Argentina sigue viviendo por encima de sus posibilidades. Pero por favor no despierten al soberano; por lo menos hasta que comience a consumir y vuelva a entrar en el cuarto oscuro. ¿Tenía Macri alguna alternativa? El shock se lo hubiera llevado puesto, pero el gradualismo lo está quemando vivo. Evitó vetos, paros generales e incendios callejeros, pero la cuenta que trajo el mozo al final de la comilona da vértigo. Históricamente, y como ya se dijo, en este país el que paga la fiesta organiza su propio funeral. Pero no pagar también puede llevarte a la tumba. El diagnóstico íntimo del macrismo resultó de algún modo simplista: el mal desempeño de quienes nos precedieron tuvo que ver con la incapacidad y la corrupción; por lo tanto, con transparencia y ejecutividad el problema argentino se soluciona. Se descuenta que el cambio ha tenido el rumbo correcto, pero también que es insuficiente: el nudo del gran fracaso nacional es mucho, mucho más complejo. ¿Se habría podido evitar el chantaje semanal de los caranchos si Cambiemos hubiera aceptado la oferta de Pichetto? ¿Se hubiera podido firmar un acuerdo de gobernabilidad que ahorrara déficit y sorpresas? ¿Habrá tiempo todavía para realizarlo o la inminente campaña electoral ya lo hace imposible? ¿Sería utópico rubricar ese pacto patriótico y colocarlo bajo un paraguas? A Macri le encanta armar rompecabezas todas las noches con su hija en Olivos; toma esa gimnasia como un desafío a la autoestima. Le hará falta toda su energía mental para descifrar estas encrucijadas mayores de la República. Porque es alérgico a los acuerdos integrales, porque Durán Barba le recomienda (tal vez acertadamente) seguir dividiendo entre "lo nuevo y lo viejo", porque algunos funcionarios sostienen que la combinación entre el caranchismo cultural de los otros y la caja propia garantiza la paz social, y porque intuyen que el cristinismo está furioso precisamente a raíz de que Macri actúa una sorpresiva faceta de Néstor: billetera y expectativas, sin tanto rigorismo económico. Y que todo eso puede retardar el esperado "estallido" y hasta hacerle ganar las elecciones de medio término. Macri se comporta como peronista, algo que inquieta a ciertos caranchos, y hace presuntos convenios bajo la mesa con Bergoglio. Los caranchos más radicalizados anhelan que gire a la derecha. La derecha también.

Estos dilemas y paradojas no se debatieron en Chapadmalal, aunque simultáneamente el jefe de Gabinete le reconoció a LA NACION algo relevante: "El déficit no es sostenible a mediano plazo". El país, agregó otro ministro, pasó de terapia intensiva a intermedia. Toda esa sinceridad tranquiliza porque descarta la ceguera y la negación, pero es imposible que calme a las aves carroñeras. El oficialismo se debe un retiro en serio y un rediseño, y la oposición, un autoexamen honesto sobre su larga historia de trastadas y sobre su caranchismo inercial. Y a nosotros, los ciudadanos de a pie, nos asiste en tanto el derecho a la indignación. Es un derecho humano e irrenunciable.


Ahora sí, arranca Cambiemos, por Alejandro Borensztein

Ahora sí, arranca Cambiemos

 por Alejandro Borensztein







Bueno, ahora sí. Finalmente arrancó el gobierno de Cambiemos y comenzó una nueva etapa en la Argentina.

El próximo sábado se cumplirá un año desde la salida del viejo gobierno y la llegada del nuevo. Doce meses desde que el pueblo recibió con entusiasmo al presidente entrante Mauricio Macri y despidió con todos los honores al presidente saliente Federico Pinedo.

Sin embargo, aunque los gobiernos asumen en una fecha determinada, eso no quiere decir que arranquen ese mismo día. Los gobiernos no empiezan cuando se supone que empiezan sino que lo hacen bastante tiempo después.

En principio, tienen que aprender dónde quedan los despachos, si hay que pintarlos, en qué cajones guardaban las cosas los que se fueron, dónde les dejaron los papeles, los controles remotos, los números de teléfonos, desconectar micrófonos, desactivar las bombas que les dejaron, etc etc. Todo eso lleva tiempo.

Además tienen que conocerse entre ellos.

-“Hola, mucho gusto, soy la ministra Carolina Stanley - dice Carolina Stanley - y necesito que antes de irte me dejes en la cocina unos 30.000 palos para que Emilio Pérsico y sus muchachos no me incendien el Conurbano”.

-“Ah, un placer… yo soy Prat Gay - dice Prat Gay - , me olvidé la billetera pero llamame la semana que viene y vamos viendo”.

Y así, de a poco, van entrando en confianza hasta que llega un día en que se van todos juntos de campamento a Chapadmalal y hacen la primera partuza ministerial.

Entre paréntesis y al respecto, pregunta: cuando el presidente, la vicepresidenta, el jefe de gabinete, los ministros y principales funcionarios de un gobierno se van todos juntos a meditar, quién se queda gobernando? No sé, lo dejo para que lo piensen.

Volviendo al punto, quiere decir que desde la asunción del mando hasta la partuza hay un período inicial de estupor, también conocido como “ur dió, mirá el bolonqui en el que nos metimos”, durante el cual las cosas suelen ser muy confusas y cuesta poner al gobierno en velocidad crucero y nivelado. De esto no se ha salvado ningún gobierno, por lo menos en los últimos 100 años.

Algunos atraviesan este período más rápido que otros. Unos se toman un añito, otros dos, y otros se quedan ahí trabados como le pasó a De la Rúa, que nunca pudo salir de la confusión inicial. Hasta el día de hoy.

Por ejemplo, todos recordamos la hiperinflación de 1989 en el final de Alfonsín pero pocos recuerdan que en el primer año de Menem hubo otra híper, con Erman González como ministro, que llevó la inflación al 2.314% anual en 1990, fuente INDEC AM (Antes de Moreno).

Al año siguiente, en 1991, el Compañero Menem bajó la inflación a un módico 84% anual, y a partir de 1992 la cosa se estabilizó y todo anduvo fenómeno, como así lo testifica el discurso que pronunció el entonces gobernador de Santa Cruz Néstor Carlos Kirchner junto a su excelentísima señora esposa cuando recibieron a Menem en Río Gallegos y lo definieron como “el mejor presidente para la Patagonia después de Perón”. Está en Youtube. Se los ve muy lindos, jóvenes, entusiastas. Preciosos. El hecho de que el acto, las sonrisas, los aplausos y los sandwichitos hayan sido obsequiados por esta simpática pareja cinco minutos después de que Menem indultara a Videla y a Massera, es un detalle que no debe enturbiar el análisis.

En otras palabras, Menem necesitó más de dos años para arrancar a gobernar como Dios manda y hacer todas esas cosas lindas que tanto elogiaron aquellos peronistas que luego se transformaron en kirchneristas para desembocar ahora en esto que todavía no sabemos muy bien qué es, pero que seguramente nos lo van a hacer saber a la brevedad.

Salteando a De La Rúa de quien ya hablamos, Ramón Puerta duró 3 días, entró el 20 de diciembre e hizo el check out el 23 a la mañana.

Adolfo Rodríguez Saá duró siete y Eduardo Camaño tres. Ninguno de ellos estaba para andar perdiendo tiempo con períodos iniciales de confusión y acomodamiento. No llegaron ni a ensuciar las toallas del despacho presidencial. Si me apuran un poco, me animaría a decir que Rodríguez Saá se secó las manos con la misma toallita que le dejó Ramón Puerta.

Es fácil imaginar la secuencia: “Disculpe Sr. Presidente Camaño” -dice el mozo de la Rosada- “quiere un cafecito?, acá tengo el que me pidió el ex Presidente Rodríguez Saá, que todavía está caliente” (el cafecito, obvio).

Lo mismo les pasó a los Kirchner. Arrancaron de una manera tan confusa que durante un tiempo todos nos comimos el amague de que eran buena gente, honestos y preparados.

Pero con el tiempo fueron ganando confianza hasta que se consolidaron como esta batucada de impostores que en diez años recibieron 560.000 millones de dólares más que en la década anterior y sin embargo dejaron 30% de pobres y un páramo de velas y linternas.

Que aquel noble impulso inicial de Lavagna, Ginés, Bielsa, Filmus haya terminado en esta simpática kermesse de Sabbatella, Moreno, D’Elía y Larroque es una prueba contundente de la profunda confusión que suelen tener los gobiernos cuando arrancan.

No me olvido de Duhalde. Lo que pasa es que su período de reacomodamiento fue demasiado breve: un día. Pasó el dólar de 1 a 3 y chau. El estupor quedó del lado de los ahorristas. Para ser honestos, el tipo hizo lo que pudo y la historia le tiene reservado un lugar especial.

Todo esto es para recordarle, amigo lector, que un gobierno nuevo o con poco rodaje, amerita cierta piedad inicial. Obviamente, a esta altura ya no es el caso. La piedad ha prescripto. Sólo queda la gauchada.

¿En qué estamos ahora con esta gente nueva? Muy simple: dejando atrás el período de estupor y acomodamiento, y entrando de lleno a gobernar. Se supone.

Aquí se plantea la pregunta del millón: ¿este gobierno de Macri es tan malo que no puede terminar de salir de la crisis o es tan bueno que pudieron pilotear el desastre que les dejaron y evitar una nueva implosión de la Argentina?

La respuesta bien podría ser aquella del General Perón, pero al revés: “No es que el gobierno sea bueno, sino que los que vinieron antes eran peores”.

Los pobres están contenidos por un sistema de planes sociales como nunca se vio. La clase media putea, pero se la banca porque le cabe la famosa frase de Perón sobre los gobiernos peores, y los ricos son los mismos amargos de siempre que dicen querer vivir en una República seria, pero no están dispuestos a poner un sope hasta que no estén dadas las condiciones. O sea nunca.

¿A qué apuesta Macri? A lo de siempre. Al fútbol. Sabe que en política, como en Boca, lo único que sirve es traer la Copa.

El país no tiene ni autopistas, ni energía, ni trenes, ni señal de celular, ni seguridad, ni hospitales dignos, ni nada. El 50% de La Matanza no tiene cloacas. Con arreglar una sola de estas se terminó la discusión. Esa es la Copa Libertadores de Cambiemos.

En fin, habrá que tener paciencia. Un par de semestres más y arranca el segundo semestre.

Mensaje para el Presidente: mantengan la calma, pero apurate macho.



sábado, 3 de diciembre de 2016

La futura "cumbre" entre Macri y Trump, por Carlos Pagni

La futura "cumbre" entre Macri y Trump

por Carlos Pagni
Carlos Pagni

Los desarrollos inmobiliarios se han convertido en un factor decisivo de la relación bilateral con los Estados Unidos. No sólo por la memoria de aquella frustrante incursión de los Macri en el West Side, hace más de 30 años. Tampoco por la mención que hizo Donald Trump , todavía poco acostumbrado a su nuevo rol, sobre las demoras de uno de sus emprendimientos porteños. El próximo nudo en el lazo Macri-Trump seguirá relacionado a los ladrillos.

El próximo 12 de enero, como ocurrió en los últimos años, Eric Trump visitaría Punta del Este para promover su lujosa torre, sobre la Brava.

La llegada del menor de los hijos del presidente electo impulsó gestiones para que se encuentre con el hijo de otro developer: Macri. Hablan de reunión. Decir "cumbre" sería irreverente. El contacto con Eric Trump lo cultiva José Torello. Íntimo amigo de Macri, hay quienes lo suman a la lista corta de los candidatos a reemplazar a Martín Lousteau como embajador en Washington. Para eso hay tiempo: es una sucesión que, se calcula, ocurrirá en marzo.


¡Señores, así no se despide a Fidel!, por Carlos M. Reymundo Roberts

¡Señores, así no se despide a Fidel!

por Carlos M. Reymundo Roberts
Carlos M. Reymundo Roberts

Como saben o se imaginan, no soy castrista, ni comunista, ni revolucionario. Pero una buena parte de América latina llevaba cinco décadas rendida a los pies de Fidel , y me parece que, si tanto lo amaba y veneraba, debería haberlo despedido de otra manera. Sospecho que él había soñado con unos funerales en los que estuviese, en cuanto a la región, más y mejor acompañado. No me refiero a las previsibles ausencias de Macri y de Michel Temer, dos ultraderechistas, neoliberales y progringos. El problema es que tampoco fue Bachelet, ocupada como está, en su segundo mandato, en tratar de que le funcione un sistema más socialista. Pobre: o no funciona ella o no funciona el sistema. Y un problema aun mayor es que el Triángulo de las Bermudas bolivariano -Maduro/Correa/Evo-, falla geológica en la que desaparecen las democracias, se presentó en la Plaza de la Revolución con sus dramas a cuestas. Como veremos, Correa y Evo están para atrás. No tan para atrás como Maduro, que aprovecha cada viaje para llenar la bodega del avión con un producto de máxima necesidad que en su Venezuela no se consigue: papel higiénico.

Cuando Maduro era joven, cuando todavía no había madurado, durante un año fue alumno en Cuba de la escuela de cuadros del Partido Comunista. Para él fue un año inolvidable, aunque se ve que no aprendió nada. Los buenos regímenes comunistas, como el de los Castro, persiguen a los opositores hasta hacerlos callar, exiliar, morir o desaparecer. En cambio, en Venezuela a Maduro la oposición lo persigue a él: le ganó el Congreso, le copó las calles y lo está tratando de destituir. Cuando llegó a La Habana para participar de las exequias, Raúl Castro le preguntó cómo estaba evolucionando la crisis. "Mal -se sinceró-. Como sabes, no tenemos comida ni remedios, faltan insumos básicos, tuvimos que recurrir a cortes de luz cada vez más amplios, el Estado está quebrado, aumenta la deuda, la inflación es astronómica, millones de personas viven en la pobreza y, lo peor, el pajarito de Chávez ya no me habla. Pero no vine a despedir al Comandante con malas noticias. No hemos perdido la dignidad y todavía nos queda el discurso." A Raúl le supo a poco.

Aunque muy lejos de esa catástrofe, tampoco son buenos tiempos para Correa. La prosperidad y las altas tasas de crecimiento que tuvo Ecuador durante años estaban atadas al precio del petróleo, que representa el 50% de sus exportaciones. Con el crudo a 120 dólares el barril, hasta yo me animo a abrazar el populismo. Desde que se derrumbó a 40 o 45 dólares, las cuentas no cierran. El PBI lleva dos años sin crecer -en realidad, achicándose-, y el FMI ha pronosticado que no volverá a repuntar hasta 2020. Correa le contestó que son "astrólogos, no economistas". Muy gracioso. En cambio, se puso serio cuando el Indec ecuatoriano informó que en el último año se perdieron 340.000 empleos formales, una pésima señal. Amonestó a los técnicos y les dijo que estaban midiendo mal. En cualquier momento convoca a Guillermo Moreno. Del modelo kirchnerista/bolivariano ya ha seguido otras cuatro recetas: déficit creciente, endeudamiento a tasas altísimas (Ecuador coloca hoy sus bonos al 11%; sus vecinos Perú y Colombia, al 3%), persecución a la oposición y a la prensa, y grandes escándalos de corrupción que involucran a funcionarios muy cercanos al presidente. Uno de ellos había escondido 300.000 dólares no declarados en el cielo raso de su casa. Insólito, habiendo tantos conventos. Antes de que muriera Fidel, Correa le tributó un postrer homenaje. En febrero habrá elecciones y el candidato del oficialismo se llama Lenin Moreno.

También Evo Morales llegó a Cuba tristón y contrariado, no sólo por la muerte del viejo líder. Es otra víctima del derrumbe del crudo, que arrastró al gas, principal producto de exportación del país (más del 50%). Con ingresos que cayeron 3000 millones de dólares, le está costando una enormidad sostener su revolución indigenista. En los tiempos de bonanza pagó doble aguinaldo. Este año se disculpó: dijo que la plata no le alcanza. Un ajuste, qué cosa fea. Evo alterna sinsabores económicos y políticos. Su popularidad está en baja, también acosado por casos de corrupción que lo tienen como principal protagonista. Y en febrero perdió el referéndum que le abría las puertas a una nueva reelección, en 2019. Pero Evo es Evo, y también es Kirchner, Chávez, Maduro y Correa: atribuyó ese traspié a una "conspiración de los medios", a los que llama "el cartel de la mentira". Diarios que mienten. La acusación me suena, y no sé de dónde. Lo cierto es que con ese argumento está intentando que la justicia le permita hacer un nuevo referéndum. Mientras, la oposición trata de sobrevivir. Sus principales candidatos sufren un acoso judicial jamás visto: cada uno de ellos acumula entre 20 y 30 juicios promovidos por el gobierno. 

"Hasta la victoria, siempre -proclamó Evo en La Habana-. Siempre que no haya opositores."

Se sabe que Cristina no pudo ser de la partida. El malo de Bonadio la entretuvo en Buenos Aires. Sí fue a dejar sus condolencias a la embajada cubana, donde declaró que con Fidel se había ido "el último líder moderno". En la embajada estaban felices, y también sorprendidos: lo de "moderno" francamente no lo esperaban. 

"Nunca le hubiésemos pedido tanto", dijeron.


Fidel Revolution, by GAP, por Jorge Lanata

Fidel Revolution, by GAP

por Jorge Lanata






No hay remeras de Fidel. Sí las hay del Che, y quizá tenga que ver con aquello de morirse a tiempo.

El Che fue un militar desastroso y peor estratega. Llegó a Bolivia en el peor momento climático del año. En aquel país ya habían intentado una reforma agraria y fue denunciado por aquellos campesinos que se disponía a liberar. Pero el poder no llegó a mancharlo.

Fidel, en cambio, es una sombra inaccesible, un titiritero atento a los mínimos detalles. Un niño-viejo en un cuarto lleno de juguetes mortales.

Estuve cinco o seis veces en La Habana, pero sólo pude ver a Fidel la primera: fue en un congreso sobre Juventud y Deuda Externa, en los ochenta.

Mido 1,84 y Fidel era bastante más alto que yo. Como Julio, Cortázar, “tenía los ojos separados como los de un novillo” y su figura de basquetbolista jubilado sobresalía en el Palacio de la Revolución junto a la de García Márquez: cada uno reunía, a su alrededor, grupitos de acólitos que iban siguiéndolos a todos lados.

Esa noche aprendí que no todas las casas de La Habana estaban en estado de terremoto: había también “casas de protocolo”, chalets confortables con aire acondicionado para algunos visitantes y funcionarios del Partido. Esa noche, en el Palacio de la Revolución, probé los langostinos más grandes que comí en mi vida.

Creo que fue en aquel viaje o en uno posterior cuando, en la terraza del hotel Habana Libre (ex Hilton) mientras sonaba una orquesta con músicos vestidos de blanco, escuché a una chica haciendo la mejor crítica política al sistema de la isla: me decía que quería cursar un posgrado en medicina en el exterior pero que no la dejaban salir. Ella no quería irse, quería salir y volver. Pero era en vano.

–Parece que no nos tuvieran confianza, dijo.

La Cuba oficial y la paralela se me aparecieron a la vez: en la Plaza, frente al hotel, chicos de veinte años cambiaban dólar paralelo (la diferencia de cotización de aquellos años era sideral, uno a cuarenta o más), vi por primera vez las “diplotiendas” –que en Rusia se llamaban “berioshkas”–, en las que solo los turistas podían comprar todo lo que le estaba vedado a los locales; vi chicas prostituyéndose por un shampoo o un jean que podían vender luego a cincuenta dólares en un país donde 24 es el salario promedio. Conocí también la “diplotienda” más grande de La Habana, mucho más grande que las demás, y allí casi no había turistas, todos eran funcionarios del Partido.

Volví otras veces: fui jurado del Festival de Cine y del premio de Periodismo de Prensa Latina. Me molestaba aquello de los CDR, la vigilancia política en cada manzana, o los niños pioneros con su pañuelito rojo al cuello gritando “Seremos como el Che”, las librerías eran muy limitadas y muy militantes, sólo algunos pocos autores extranjeros en ediciones truchas (los cubanos no pagan derechos de autor) y los libros eran muy baratos. La persecución a escritores –Virgilio Piñera, Guillermo Cabrera Infate, Heberto Padila, Jose Lezama Lima, Reinaldo Arenas– o la vigilancia constante del G2 (así se llama el servicio de inteligencia cubano. Les decíamos “gerardos”) se diluía con el argumento de siempre: hay medicina y educación, como si una cosa justificara la otra, o fuera necesario no poder salir para ser justos.

Es curioso todo lo que uno está dispuesto a aceptar cuando quiere convencerse de algo: la fe es torpe y generosa. Leí entre aquellos viajes, de un tirón, “Antes que anochezca”. El testamento de Reinaldo Arenas es un libro urgente, bello y triste que no puede leerse de otro modo. Arenas, homosexual, se mató en Nueva York, enfermo de SIDA, a los 47 años. “La Revolución no necesita peluqueros”, sentenció Fidel.

En su “Elogio a Fidel Castro” Arenas escribe: “A lo largo de más de treinta y un año de poder absoluto ha sido siempre fiel a sí mismo, gobernando con tan maquiavélica habilidad que hoy por hoy es uno de los únicos herederos de Stalin que se mantiene en el trono”.

Arenas escribió estas líneas en 1990. Fidel completó 49 años en el poder.

“Castro pone en práctica purgas políticas y retractaciones públicas. Ejemplos: el juicio público de Marcos Rodríguez, fusilado en 1964; el juicio del general Arnaldo Ochoa, fusilado en 1989 o la confesión de Heberto Padilla donde delataba además de a sus amigos más íntimos y a su esposa, en 1971”.

Hoy los organismos de derechos humanos argentinos olvidan datos elementales: en la web Desclasificación de la Cancillería se publican 70 oficios de la embajada en La Habana que prueban las relaciones entre Fidel y Videla.

La mayoría están firmados por el embajador argentino Raúl Medina Muñoz y se refieren al apoyo de Videla a Fidel en la ONU para que Cuba ingrese al Concejo Ejecutivo de la OMS; a cambio La Habana apoyó a Argentina para que fuese reelecta en el Consejo Económico y Social.

Los representantes cubanos en el Comité de Derechos Humanos de la ONU jamás denunciaron a la dictadura argentina y los argentinos tampoco lo hicieron contra Cuba.

En la cumbre de la ignorancia, Estela Carlotto declaró: “Fidel reivindicaba nuestra lucha, ofrecía su ayuda, sobre todo para difundir nuestro trabajo, consustanciado en la defensa de nuestro derecho a seguir pidiendo justicia, encontrar a nuestros nietos, cultivar la memoria. Su recuerdo, su historia y su presencia será permanente. Estará junto al Che, junto a Chávez y desde algún lugarcito seguirá mirando nuestras patrias y empujándolas al sueño de la patria grande”.

¿La Historia lo absolverá? Si es así la industria textil tomará nota y ya saldrá el modelo de GAP: “Fidel Revolution”.

Después que los K mintieran en sus medios, Elisa Carrió explicó por qué viajó a EE.UU.

Después que los K mintieran

en sus medios, Elisa Carrió 

explicó por qué viajó a EE.UU. 

Elisa Carrió viajó a Miami para dar conferencias
Carrió viajó a Miami para dar conferencias
y mantener reuniones con funcionarios.

Elisa Carrió salió hoy a aclarar las razones de su viaje a Estados Unidos en medio del retiro espiritual del presidente Mauricio Macri y su Gabinete y en la previa del debate de un amplio paquetes de leyes solicitadas por el Ejecutivo en sesiones extraordinarias.
Su equipo de prensa difundió su itinerario de viaje, que durará 10 días, y argumentaron que era una actividad programada hacía tiempo. "El viaje se encontraba programado desde hace más de dos meses en razón a las invitaciones que durante todo el año recibió Elisa Carrió", afirmaron en un comunicado.
El cronograma del viaje de "Lilita" se conoció luego de que varios sitios informaran que la diputada había viajado anoche de vacaciones a Miami para defender el blanqueo de capitales. En esos medios, además se difundió una llamativa captura de pantalla detallando los vuelos de la líder de la CC-ARI y hasta un hotel.

 
Diputados pagó su pasaje y viáticos por cuatro días (US$ 1062), el viaje fue realizado clase ejecutiva debido a razones de salud

La información fue levantada por el sitio El Destape, del periodista ultrakirchnerista Roberto Navarro, y otros portales afines, y replicada en redes sociales. Es más, el diputado K Juan Cabandié afirmó que Carrió se iba de vacaciones mostrando la pantalla con los datos. 



Carrió se fue de vacaciones a Miami en medio de las sesiones extraordinarias, con pasajes que otorga el http://bit.ly/2fTzEvx 
"La diputada Nacional Elisa Carrió viajó a los Estados Unidos donde cumplirá con una serie de actividades institucionales durante la próxima semana", afirmó un comunicado enviado por la diputada, en el que se detallan sus actividades con horario y lugar. 
Es más, hasta se incluye el vuelo de regreso de Lilita, que será a pesar de las superticiones el martes 13 de diciembre, en el vuelo 1305 de Aerolíneas Argentinas desde Miami a Buenos Aires. 
Otro dato que agrega la información oficial es que parte del viaje es costeado por la Cámara de Diputados."La Cámara de Diputados de la Nación pagó su pasaje y viáticos por cuatro días (US$ 1062), el viaje fue realizado clase ejecutiva debido a razones de salud. No habiendo desde el año 2001 utilizado pasajes de la Cámara siendo a la fecha presidenta de la Comisión de la Relaciones Exteriores", aclararon.



La diputada @elisacarrio se fue 10 días de vacaciones a Miami y no estará para las sesiones extraordinarias en el Congreso.
Según pudo corroborar Clarín, esa captura de pantalla pertenece al sistema de reservas de OPTAR, la agencia de viajes del Gobierno creada por Cristina Kirchner durante su mandato, que aún sigue funcionando tras la asunción de Macri.
Optar era uno de los tantos espacios colonizados por La Cámpora en su paso por el Estado, al igual que Aerolíneas Argentinas. La agencia, además, despierta críticas entre funcionarios del Gobierno de Macri:"Es muy incómodo estar limitado a Optar. Además, era un quiosco de La Cámpora", dijo uno hace poco al diario La Nación.


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