domingo, 25 de junio de 2017

Grandes mentiras peronistas de ayer y de hoy Por: Jorge Fernández Díaz, para La Nación

Grandes mentiras peronistas de ayer y de hoy

Por: Jorge Fernández Díaz, para La Nación
Jorge Fernández Díaz
"La memoria es un dedo tembloroso. 
Y es casi siempre, la venganza 
de lo que no fue".
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Los autócratas tienen alma de novelistas: suelen declinar hacia la ficción y les encanta corregir la historia. A Perón le complacía jactarse de combatir a los organismos de crédito y abominar de la deuda externa: "Cuando en 1946 asumí el gobierno de mi país, me apresuré a declarar en la Plaza de Mayo, ante una muchedumbre cercana al millón de argentinos, que me cortaría las manos antes de firmar un empréstito -declaró-. Y lo cumplí al pie de la letra". El relato tiene al parecer algunos problemas: cuando asumió el 4 de junio de 1946 no hubo discursos ni concentraciones, apenas un desfile militar; según el Boletín Oficial, 22 días después manifestaba la intención de incorporar la República al Fondo Monetario Internacional, y de acuerdo a documentos desclasificados luego por el Departamento de Estado, en 1950 "el gobierno de Washington alentó las esperanzas de Perón de obtener un préstamo de 125 millones de dólares". Los diarios señalaban que el ministro Cereijo ratificó personalmente la aceptación de ese crédito, y el encargado de negocios de la Embajada, Gus Rey, avisó por escrito a sus jefes lo que el General le había comunicado: la "tercera posición" no servía si Estados Unidos y la Unión Soviética entraban en guerra, puesto que la doctrina justicialista "no admite compromisos en ningún sentido con el comunismo". Muchos militantes gremiales de base pueden atestiguarlo; junto con socialistas, laboristas y radicales fueron torturados y, en algunos casos, hasta ejecutados durante ese período. El silenciamiento de esos hechos escabrosos llegó a su fin: Hugo Gambini (viejo refutador de mitos peronistas) y Ariel Kocik (joven investigador de los derechos humanos) acaban de publicar con nombre, apellido y filiación las víctimas mortales en un libro tragicómico llamado apropiadamente Crímenes y mentiras. Junto a las picardías criollas y las cuantiosas manipulaciones de Perón, que hoy llaman a risa, conviven en sus páginas revelaciones escalofriantes sobre la actuación de la policía peronista, la persecución a sindicalistas que hacían huelgas, los tormentos a opositores en las cárceles del régimen, y la miseria real que germinaba por debajo de una incipiente prosperidad económica que duró sólo cuatro años: después la literatura setentista transformó a Perón en un progresista y a aquella década en una falsa "edad dorada". Que a pesar de las indudables conquistas sociales, hoy no resiste una revisión seria ni el rigor de los números fríos.

Dos episodios para la historia de las "travesuras" políticas marcan la naturaleza de la investigación y la personalidad de su protagonista. Los autores recuerdan la célebre foto de Perón en el estribo del coche del general Uriburu camino a la Casa Rosada en 1930, tras haber derrocado a Yrigoyen, pero le agregan papers y cartas manuscritas donde Perón denostaba al yrigoyenismo y explicaba con orgullo su participación en esa primera dictadura militar. Sin embargo, en 1945, cuando un grupo de radicales lo vivaba, el entonces coronel se asomó al balcón de su departamento de la calle Posadas e hizo una reivindicación del Peludo. Ya en 1953, olvidando su propia actividad golpista, Perón decía: "Recuerdo que Yrigoyen fue el primer presidente argentino que defendió al pueblo". Algo similar, aunque aún más inquietante, sucedió con la pretendida reencarnación del emperador Augusto. En el exilio madrileño, bajo la protección del franquismo, Perón se reunió con periodistas españoles y se vanaglorió de haber conocido en persona al Duce: "No me hubiera perdonado nunca al llegar a viejo, el haber estado en Italia y no haber conocido a un hombre tan grande como Mussolini. Me hizo la impresión de un coloso cuando me recibió en el Palacio Venezia". A su biógrafo Pavón Pereyra le desmintió ese encuentro, pero en una posterior edición, volvió a confirmárselo. Y a precisar lo que hablaron: "Él levantó la vista y me miró a la cara, diciéndome que vamos a extender la mitología. Míreme a mí si no, ya soy un mito viviente". A continuación, Mussolini le recordó que "al cariño del pueblo" lo ayudaron con la propaganda en la calle y con su imagen en todos lados: practicando deportes, arengando masas, besando niños. Y el Duce agregó: "En fin, la publicidad, uno de los tantos recursos de las democracias liberales, pero tan útil". A esa influencia debemos el culto a la personalidad, una sucesión de siniestras e inmorales prácticas políticas, y muy especialmente el formateo de la burocracia sindical, que se rige aún hoy por los conceptos fascistas de la Carta del Lavoro.

Leer en casa la historia del siglo pasado mientras por la calle desfila la crónica viva y actual no sólo resulta analgésico, sino que permite reconocer los rescoldos y vicios nacionales, los hilos invisibles que a través de generaciones nos mantienen sujetos a las impunes falsificaciones de los hechos, a una negación cerril y a un atraso escandaloso. Dice Javier Marías: "Vivir en el engaño es fácil, y aún más, es nuestra condición natural, y por eso no debería dolernos tanto". Pero cómo nos duele.

La lectura se superpone con esa increíble operación según la cual, para algunos intelectuales kirchneristas, la inflación, el desempleo, la pobreza y la inseguridad no existieron en el curso de la "década ganada": son producto exclusivo del "presidente de facto" Mauricio Macri; así escribirán en sus ensayos divinizadores y así lo leerán incautos y analfabetos históricos por los siglos de los siglos. La díscola discípula de Perón también es una novelista: corrige la historia, crea una nueva ficción y, como suelen hacer los literatos mediocres, no copia de su maestro lo bueno sino puntualmente lo malo; no lo sigue en su positiva evolución democrática, lo cristaliza en su primigenio autoritarismo venal.

La profunda pesquisa de Carlos Roberts sobre La Matanza y los secretos develados de La Salada serán borroneados en esos futuros manuales, porque erosionan la fe. El primer caso ilustra una región postrada, desindustrializada, sin infraestructura ni cifras confiables ni Estado presente, cruzada por el barro, la pauperización, la resignación, la marginalidad, el clientelismo, la contaminación y el narcotráfico. Esa multitudinaria fábrica de pobres, que regentea desde hace 34 años el peronismo, sintetiza su más catastrófico fracaso: sólo ha sido eficiente en crear pobreza y en practicar asistencialismo; genera la enfermedad y vende caras las aspirinas. Que no curan, pero atenúan el malestar. La revolución de las migajas: allí el peronismo, sin disfraces progres, demuestra visceralmente su carácter retrógrado y conservador. En épocas de crisis, como las actuales, cuando pagar la hipoteca de Cristina trae consecuencias duras, parte de ese electorado votará por las migajas: cuando no se tiene nada, algo es muchísimo. De ahí a que estos intelectuales se hinquen frente a esa épica reaccionaria hay un largo trecho, ¿no?

En cuanto a La Salada, paradigma de la truchada reivindicado con entusiasmo por la más trucha de las versiones peronistas, resume también las palabras de una época: mafia, ilegalidad, esclavitud y demagogia pobrista en manos de millonarios. Los refutadores de mitos tendrán mucho que hacer para exhumar estas dos incómodas verdades del modelo nacional y popular. Que los timadores de la memoria, los exégetas de una revolución que no existió, intentarán escamotear o embellecer. Marías cita a su maestro Juan Benet: "La memoria es un dedo tembloroso. Y es casi siempre, la venganza de lo que no fue".

LA NACION Opinión

Como acabar con Durán Barba de una buena vez Por: Alejandro Borensztein, para Clarín

Como acabar con Durán Barba de una buena vez

Por: Alejandro Borensztein, para Clarín
Pongamos el tema en términos futboleros que es más fácil. Un marcador de punta es un tipo que juega de defensor bien pegadito a la raya y se ocupa de parar a los delanteros que vienen por las puntas. Su tarea es barrerlos, trabarlos, sacarles la pelota, girar (en lo posible para afuera) y resolver la jugada según las tres posibilidades clásicas:

1. Darle fuerte para arriba y después que los delanteros se las arreglen.

2. Amagar salir jugando y pasársela al 5 o al 8 para que el tipo arranque.

3. Salir jugando con elegancia y mandarse al ataque. Acá lo más importante es que cuando el cancherito pierde la pelota sepa volver rápido a su puesto para que no los emboquen.

Este es el caso de los grandes marcadores de punta como Marzolini, el chivo Pavoni, el negro Ibarra, el sapito Villar, el panadero Díaz, Hernán Díaz, Zanneti o Tarantini. Entre los extranjeros podemos recordar a Cafú, Roberto Carlos o Paolo Maldini. Pero son las excepciones. La mayoría de los marcadores de punta juegan de eso porque no saben jugar de otra cosa. Como dice Bilardo, nadie nace queriendo jugar de 4.
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Don Jaime Durán Barba es exactamente eso. Un marcador de punta que, a juzgar por la altura a la que lleva el cinturón, no da para andar exigiéndole demasiado.

Su misión es pensar estrategias electorales y punto. No le pidan que salga jugando con pelota dominada, avance en diagonal, tire una pared, llegue al área, enfrente al arquero y defina. Para eso están los otros. Los volantes ofensivos y los delanteros. Los que saben.

Para diseñar estrategias electorales, Durán Barba puede ser un fenómeno. Sin dudas, ayudó a hacer presidente al presidente. Posiblemente, un poquitito también ayudó la inútil mayor de la hotelería patagónica, pero no importa. Durán Barba fue el estratega de la campaña y la realidad es una sola: el Compañero Mauri es el presidente de la República.

Pero no le pidan al ecuatoriano que gobierne. Y más importante aún, no se lo permitamos. De eso no sabe. Es un marcador de punta. Un cuatro o un tres. Con todo respeto por los marcadores de punta, incluido mi querido Silvio Marzolini.

Ahora dejemos el tema de Durán Barba por un momento (ya vamos a volver) y vayamos al otro asunto importante que se conecta con esto: la guita.

Antes que nada yo lo conozco amigo lector, usted no quiere seguir leyendo sin que digamos algo de Ex Ella. Le dejo el datito para que se la toque por arriba al arquero kirchnerista y salga gritando el gol. Según un relevamiento del Estado Nacional con varias ONG y organizaciones barriales realizado entre agosto de 2016 y mayo del 2017, en la Argentina hay 4.200 villas miserias y asentamientos ilegales. De esos, 750 fueron creados por Cristina Elizabet Fernández a partir de 2010. Se ve que, a la hora de subir gente al escenario en Arsenal, esto se les traspapeló.

Sigamos. Vamos al tema guita y después veremos como se conecta con el tema Durán Barba. ¿Que hace usted amigo lector, cuando se queda sin mosca? Respuesta: lo llama al basura de su cuñado que tiene más guita que los ladrones y le tira el mangazo En cambio a los países, como no tienen cuñados con guita, no les queda más remedio que pedir plata emitiendo bonos.

El bono paga un interés que está relacionado con el nivel de riesgo del país. Hay distintas calificadoras y distintos formatos de calificación. Veamos uno simple que los combina a todos.

Digamos que los países del mundo se dividen en 4 categorías.

En primer lugar, los países recontraseguros, como EE.UU. que siempre devuelven los dólares que piden prestados básicamente porque son ellos mismos los que los fabrican. La tasa es bajísima: 1,5% o 2%. Cuando les agarra una ataque de generosidad te pagan el 2,7% a 30 años.

Después vienen los países que alcanzaron el “investment grade”. Salvo una catástrofe, seguro que te la devuelven. Pagan el 4%. Ahí están por ejemplo, Uruguay o Chile por nombrar a los cercanos. Brasil lo tuvo con Lula pero lo perdieron con Dilma, Oderbrecht y el 7 a 1 contra los alemanes en el Mundial 2014 (como para no perderlo).

Más abajo vienen los países “emergentes”, como Sudáfrica, Turquía, Filipinas o Malasia, que toman deuda al 5% o al 6%.

Finalmente está los países llamados “fronterizos” como Lituania, Kazajistán, Nigeria, Túnez o Bahrein entre otros. Ahí también está la Argentina. Nosotros estamos mangueando al 7% y venimos de Kicillof que lo hacía al 9%. A su vez veníamos de Kirchner que tomaba crédito de Venezuela al 15% mientras los boludos del Patio de las Palmeras gritaban “¡¡Patria si, Colonia no!!”.

Esta semana se suponía que salíamos de la condición de “fronterizo” y pasábamos a la de “emergente”. Descorchábamos todos y declarábamos feriado nacional. Pero falló. ¿Razones? Básicamente dos: Primera razón: el déficit que dejó el kirchnerismo, o sea la razón por la que pedimos plata prestada, no se está corrigiendo.

¿Cómo se resuelve el tema? Con medidas excepcionales que requieren un gran acuerdo político. Por ejemplo, y por decir una pavada: se juntan los principales economistas del país y proponen que todos los argentinos aceptemos trabajar los sábados por los próximos 3 años.

He aquí la pregunta del millón: ¿Quién es la voz cantante de los que no quieren hacer ningún acuerdo macro? Adivinó: el famoso marcador de punta. El inefable Durán Barba que sostiene, por ejemplo, que un Pacto de la Moncloa local no serviría para nada. Y agrega textualmente: “Si se hace un pacto de ese estilo en Argentina, debería tomar en cuenta una representación del porcentaje de ciudadanos que respalda a Cristina Kirchner, incluyendo en el gabinete a un canciller como Héctor Timerman, un ministro de Economía como Axel Kicillof o un ministro de Producción como Guillermo Moreno”.

Grosso error. Un gran acuerdo nacional no significa darle ningún ministerio a nadie. Eso es potestad de Macri que para eso fue elegido presidente. Hablamos de un acuerdo donde nadie saca nada y todos ponen. Si no, no hay acuerdo.

El otro argumento del marcador de punta que quiere jugar de 9, o sea que quiere definir las grandes políticas públicas, es aún peor: “Macri no se puede sacar la foto con la vieja política”. O sea con Pichetto, Urtubey, Massa, Schiaretti, Randazzo, los sindicalistas, los empresarios, etc, etc. Viejos o nuevos, nos gusten o no, eso es lo que tenemos. Además, como si Oscar Aguad o Patricia Bullrich fueran dos millennials. Si vamos a esperar que los dirigentes argentinos sean Justin Trudeau o Emanuelle Macrón resolveremos nuestros problemas el día del arquero. O el día del marcador de punta.

La segunda segunda razón por la que seguimos siendo “fronterizos” es aún más patética: volvió al centro de la escena la conductora del tren fantasma y, si bien desengancharon los vagones de Boudou y D’Elía, el resto del convoy no se suelta ni a palos. Básicamente porque sin la locomotora esos ñatos no van a ningún lado.

¿Quién es el principal responsable de la estrategia de mantener calentita la polarización? Adivinó otra vez: el marcador de punta. No solo eso, esta semana Durán Barba se dio el lujo de declarar: “Cristina puede sacar el 40% de los votos”. Ponele que sea cierto, ¿tenés que salir por televisión a decirlo siendo el asesor electoral de Cambiemos?

Desde el Primer Ministro japonés a Felipe González todos dijeron lo mismo: “Mientras exista la posibilidad de que vuelva el populismo berreta no vamos a invertir un sope”. Triste destino ser la mujer por la que espantamos al mundo.

Yo creo que no vuelven más, pero Durán Barba no estaría ayudando mucho.

¿Hay esperanza? Si. No es fácil pero la hay. Hoy Boca da la vuelta olímpica. Salió campeón jugando con uno de los marcadores de punta más flojitos de toda su historia.

El fútbol, siempre el fútbol. Eterna fuente de sabiduría.

sábado, 24 de junio de 2017

Otra vez la grieta, La columna de Lanata para Clarin

La columna de Lanata para Clarin

Otra vez la grieta
Por Jorge Lanata
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Hay grieta porque nadie discute argumentos,
 se discute fe. Y la fe siempre es una paradoja.

El domingo pasado –durante la entrega de los Martin Fierro- pude, finalmente, no provocar ningún escándalo sino ser víctima de uno. Y tuvo que ver, cuando no, con la famosa y puta grieta.La “grieta” es aquella división que nos marca desde hace décadas y que nos empeñamos en negar, o en superar con soluciones infantiles. Según el caso, la grieta es un abismo o una anécdota. Desde que se me ocurrió mencionarla en otro Martin Fierro, el del 2013, todo el mundo se ocupó de negar su existencia o decretar su final y ahí sigue aun, más viva que nunca. Hasta periodistas oportunistas han publicado instant books sobre la famosa grieta. La grieta aparece en chistes, en memes, en insultos, en cantitos, en debates de panelistas, en performances de panelistas, pero nadie cree en ella o sostienen que puede superarse en pocos días. La grieta es lo que queda cuando el discurso fanático se apropia del discurso político.Quien se llama a sí mismo el Pueblo, la Nación, es quien la construye, así como también la construye quien promueve monumentos en vida o se reclama como único poseedor de la Verdad. Hay grieta porque nadie discute argumentos, se discute fe.Y la fe es siempre una paradoja: permite milagros y potencia pequeñeces.

La política oscila hoy entre la repetición automática de consignas vacías (nadie las desarrolla en proyectos) y la puja animal por la suma de poder en estado puro. El kirchnerismo potenció la grieta cuando no supo depurarse frente a la corrupción propia: todos quedaron manchados aunque –es obvio- no todos deben estarlo. No es la grieta lo que me separa de De Vido,es el Código Penal. Lo que me separa de Cristina es el lavado de dinero, el cinismo, los hoteles. Pensar la grieta como una pelea que termina cuando dos nenes se dan la mano es absurdo.La grieta se termina con justicia y tiempo.

Como nadie repara, el odio persiste; la grieta se alimenta de injusticia. Dividido por el resentimiento es difícil que cualquier futuro se consolide. Por eso nos la pasamos discutiendo poder: porque nadie se siente seguro donde está. Hace más de doscientos años que discutimos el modelo de país: llevamos doscientos años en obra, viviendo en un carpa. La Argentina es provisoria, lo que significa que nadie,en el fondo, se hace cargo completamente de lo que hizo para que estemos así.

El kirchnerismo es un gran creador de escenografías. Aún hoy, en su proceso de descomposición, lo sigue haciendo. Son víctimas profesionales que nunca consideran los medios y apuntan a sus fines a cualquier costo. A veces, es cierto,el rol de víctimas les queda grande: son “perseguidos” con hoteles cinco estrellas, cuevas en Puerto Madero y cuentas en Suiza.

No creo que la grieta vaya a cerrarse hasta que decidamos como queremos vivir. Estoy seguro, eso sí,que no se cierra con la muñequita de Cristina que me regaló Diego Brancatelli.

El "rey de La Salada", un tipo sin suerte. Por Carlos M. Reymundo Roberts.Diario La Nación

 El "rey de La Salada", un tipo sin suerte.
Carlos M. Reymundo RobertsPor Carlos M. Reymundo Roberts/Diario La Nación






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Jorge Castillo, el "rey de La Salada", tiene una mansión en Luján, 10 cajas fuertes repletas de dólares escondidas en las paredes, se movía en la ilegalidad y lo acusan de lavar plata y liderar un Estado paralelo. Lo que no tiene es suerte. Aunque de origen radical, con esos pergaminos en cualquier momento le daban la credencial de socio vitalicio de Unidad Ciudadana, la agrupación despejotizada que acaba de crear Cristina Kirchner.

Se sabe también que es amigo de Guillermo Moreno, que lo llevó a Angola para exportar la fórmula mágica de talleres clandestinos/explotación de personas/reducción a la esclavitud/ropa barata. El kirchnerismo lo veía como un exitoso entrepreneur, prototipo de burguesía nacional y escudo frente al imperialismo textil. Además, sus dominios estaban en el conurbano más postergado, en el que acaba de sentar sus reales Cristina. La cárcel, de la que intentó zafar a los tiros, le pone fin a un futuro promisorio. Estaba para gran aportante a varias campañas y, por qué no, para candidato en alguna lista. Si alguien merecía (y necesitaba) los fueros era él.


¿Estuvo el benemérito Castillo en el estadio de Arsenal durante el lanzamiento de Unidad de Ciudadanos Procesados, como antes había ido al de Martín Lousteau? Desconozco. Habría que mirar bien las fotos. Me fijé y cerca de Aníbal Fernández no estaba. "Mi límite es Aníbal", solía decir.

Ojalá que haya podido ser testigo de ese día histórico. Cristina nos sorprendió a todos con un acto distinto. Por de pronto, no se vistió de reina ni de dama de la alta sociedad. Tuvo que salir a pedir ropa prestada para poder lucir un outfit casual, más propio del lugar y del momento. Una cosa es el corazón de Recoleta, donde vive cuando nos visita, y otra, sumergirse en las profundidades del conurbano, allí donde el diablo pierde el poncho y las abogadas exitosas, sus carteras Louis Vuitton. Personalmente creo que no le queda mal ese disfraz de ciudadana común. Sólo hay que acostumbrarse a verla con pilcha de calle. También fue llamativo que el escenario estuviese a la altura de la gente. Para ella, toda una experiencia de vida. Me gustaría preguntarle qué sintió al estar tan cerca del pueblo. ¿Turismo de aventura, Cris? Pero ojo con las emociones fuertes, el salto a lo desconocido: en los próximos actos deberían rodear el escenario con extras. Sin entrar en gastos excesivos. Un par de bondis más.

Con maldad manifiesta, muchos han dicho que fue una puesta en escena propia de Durán Barba. La explicación es otra. La señora sabe lo que son duras derrotas electorales del kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires: 2009 (De Narváez), 2013 (Massa) y 2015 (María Eugenia Vidal). Se imponía un cambio. Si para seguir con vida política necesita de los votos, no es mala idea acercarse a los votantes, aligerar su vestuario, hablar menos. Descristinizarse. Y vidalizarse. Yo le hubiese aconsejado exactamente eso. También fue una pegada hacer subir a víctimas del macrismo. Personas a las que les está yendo mal, que perdieron su trabajo o les quitaron subsidios. Tranquilamente pudieron haber subido De Vido, Boudou y media Cámpora. ¿Otros aciertos? Haber dicho que en la lucha que se avecina va a poner "el cuerpo, la cabeza y el corazón". Si incluía el bolsillo, nadie le iba a creer. Y que fijara como gran objetivo de las próximas elecciones ponerle límites a Macri, un dictador que pretende ir por todo.

Por cuestión de minutos Cristina se perdió lo que podría haber sido el boccato di cardinale de su discurso: el banco de inversión Morgan Stanley anunció que no mejorará la categorización financiera del país, que aspiraba a pasar de "mercado de frontera" a "mercado emergente". Digamos, de Guatepeor a Guatemala. Seguimos en la frontera, un golpe terrible para el Gobierno. El banco dio a conocer su dictamen poco después del acto de Cristina. Una interpretación posible es que postergó el anuncio para no regalarle ese boccato. Otra, que terminó de tomar la decisión después de escucharla. O quizá sólo quiso evitarle la siempre engorrosa pronunciación en inglés.

A la multitud congregada en Arsenal se le contrapuso una deshilachada concentración (sin bondis, eso sí) frente a los tribunales de Comodoro Py, para pedirles a los jueces que laburen. En realidad, lo que quieren es que alguno meta a Cristina en cana. Pero era feriado: no había un solo juez. Igual, yo creo que al día siguiente, tocados por el clamor popular, pusieron manos a la obra. En cualquier momento allanan un terreno baldío. Me lo imagino a Tortuga Casanello. Esa noche no debe haber pegado un ojo pensando en cómo recuperar el tiempo perdido. "No seré más Tortuga. ¡Me tendrán que llamar Speedy!", se prometió. Colegas de Comodoro Py ya se ocuparán de hacerlo entrar en razones.

El que obviamente está viviendo horas espantosas es Castillo. Todo el sustento policial y judicial se le vino abajo, y no te digo nada el político. No puede llamarlo a Moreno, ni a Insaurralde (el intendente kirchnerista de Lomas de Zamora), ni a Scioli, ni a Cristina, ni a los amigos radicales o de Cambiemos que le queden. Parece que su fortuna no le está sirviendo de nada, y todo indica que pasará muchos años entre rejas.

Por favor, que alguien se apiade y le acerque su credencial de Unidad Ciudadana.

domingo, 18 de junio de 2017

La renovación, te la debo, por Alejandro Borensztein para Clarín

La renovación, te la debo
por Alejandro Borensztein









Por este camino, el viejo y querido 
peronismo va a dormir a la intemperie, 
al menos hasta el 2023.

Año corto, amigo lector. Parece mentira, pero ya llevamos casi 6 meses discutiendo la rosca política de unas elecciones para las que todavía faltan casi 5 meses más, hasta fin de octubre.

Pasado el comicio, las consecuencias del resultado electoral van a rebotar, como mucho, una semana más. Después tenemos 20 días laborables de noviembre, un quincenita de diciembre (la segunda no se cuenta) y cuando te querés acordar perdimos un año entero. Completito.

Nada grave. Si desperdiciamos doce años de bonanza mundial con el kirchnerismo, por un añito más que tiremos a la basura no nos vamos a andar haciendo demasiado problema. Basta la salud.

No lo quiero deprimir, pero es así. Si quiere nos enganchamos y nos entramos a dar máquina con Cambiemos y su Durán Barba, o con el ego de Lousteau, o con Cristina y su Unión de lúmpenes políticos, o con Massa y Margarita. Toda la energía está puesta ahí. Inútilmente.

Aburre seguir dando vueltas alrededor de los egos y las candidaturas, o de las infinitas elucubraciones sobre el futuro del peronismo. Sólo me permito recordar una breve historia.

En 1983, Alfonsín le ganó al peronismo por 52 a 41. Paliza impensada por muchos. Completamente grogui, el peronismo resistió dos años bajo el mandato formal de Isabel desde Madrid, pero bajo la conducción real en el país de Don Vicente Leónidas Saadi, Herminio Iglesias y Lorenzo Miguel.

No conformes con la piña que se habían comido en el 83, insistieron con lo mismo y dos años después, en el 85, se la volvieron a pegar de frente contra los radicales en las legislativas de la provincia de Buenos Aires (41% a 10%). Sin embargo en esa oportunidad, apareció un grupo de peronistas más modernos que los desafiaron por afuera: Cafiero, Grosso, Manzano, De La Sota, Menem. Les fue razonablemente bien. Sacaron el 26%. Comenzaba la llamada “renovación peronista”.

Fue entonces cuando Herminio acuñó su histórica frase: “el peronismo va a volver conmigo o sinmigo”, y se fue a su casa junto a toda la vieja dirigencia de entonces dejándole el paso a los nuevos caciques. Dos años después, en 1987, el Compañero Cafiero le ganaba al radicalismo la gobernación de la provincia de Buenos Aires y en 1989 volvían al poder con el Compañero Carlos Menem.

Conclusión: salvo que Cristina Elizabet Fernández se presente ahora y vuelva a sacar el 54% (la veo complicada) con cualquier otro resultado lo único que va a lograr esta señora es postergar la renovación del peronismo. Por este camino y con ella en el medio diseñando estrategias en la cocina con Máximo, Zannini y Parrilli el viejo y querido peronismo va a dormir a la intemperie, al menos, hasta el 2023. Ella es el tapón perfecto. No permite que entre el aire pero, mientras siga firme ahí, no volvés a descorchar nunca más.

La historia va a ir demostrando que Herminio, Saadi y el Loro (así lo llamaban a Lorenzo Miguel) tenían mucha más inteligencia política que la líder hotelera. Y mucha más dignidad, por supuesto.

¿Cambiemos tiene que festejar por el lío en el que se metió la oposición, como dicen todos? No creo. El horno no está para bollos. Yo que ellos no andaría festejando nada. Inseguridad, malaria económica, los narcos que el gobierno anterior dejó entrar cordialmente al país y un Poder Judicial que le está tomando el pelo a los argentinos han elevado mucho los niveles de hartazgo. Y encima ahora nos damos cuenta que estas PASO terminan siendo una joda.

Nos vamos a gastar aproximadamente 2.600 palos para saber que Carrió en su interna va a sacar el 100% de los votos y que Lousteau en la de él también va a sacar el 100%. Ni te cuento Massa y Stolbizer. Van a arrasar: 100%. Es más, todavía no sabemos quienes van a ser los candidatos de Cambiemos en la Provincia y, sin embargo, ya sabemos que van a sacar el 100% de los votos. Y así con la inmensa mayoría de las fórmulas, los espacios, las alianzas y la mar en coche.

La única interna reconocida es la que va a sufrir Randazzo contra Ishii y tal vez alguno más. Una tristeza. Ya habíamos comprado plateas para ver en el Perón Stadium un partido de Copa Libertadores y vamos a terminar viendo un partidito del Nacional B.

Hay otra internita con gusto a algo en Capital donde el kirchnerismo porteño presenta tres listas. Curiosamente, en la Ciudad de Buenos Aires el kirchnerismo suele tener más candidatos que votantes porque es donde viven los principales dirigentes k pero también la mayor cantidad de ciudadanos que los detestan.

Aunque todavía no se confirmaron los nombres, encabezarían Filmus, Moreno y un tal Hagman que debe ser un buen muchacho pero no lo conoce nadie.

Tampoco entusiasma demasiado saber a quien van a elegir los chicos de Carta Abierta y algún que otro pariente más para que en octubre lo agarre Carrió, le ponga un pancito abajo, un poco de chimichurri, un pancito arriba y se lo devore en un minuto.

Como igual algún diputado siempre entra, preferiría que gane Moreno. Demócratas como Filmus hay muchos en el Congreso, pero un buen facho como el Guille siempre viene bien para que nadie se olvide. Mantiene vivo el recuerdo.

Como ve amigo lector, va a ser un invierno duro. Es un buen momento para bajar los decibeles y tomar un poco de distancia porque vamos a ver mucha pérdida de la realidad y mucha irracionalidad.

Basta con leer el documento de 20 páginas que publicó la ex presidenta para la fundación de su famoso “Frente Unión Ciudadana de no se que corno”. Insólito. El nombre ya estaba registrado, el logo lo chorearon, más improvisados no pueden ser.

El texto describe al gobierno de Macri como si fuera el Proceso Militar y a ella como si fuera Antonio Gramsci. Lo más desopilante es el capítulo dedicado a su plan para combatir la corrupción. Sin palabras.

En ningún lugar del documento explica por qué el 9 de diciembre de 2015 a la noche había 4% de pobres y el 10 de diciembre a la mañana ya había 30%. Macri gato.

Yo sé que usted quiere que tire del hilito y le escriba dos páginas más sobre esto, pero me aburre. Me cansa. Y le confieso que hasta me da vergüenza ajena.

Dejemos que ella siga liberando Latinoamérica con Parrilli y Zannini (Milani no está pudiendo participar momentáneamente) y preocupémonos por lo importante.

Balcarce, venga para acá. ¡Sit Balcarce! ¿Qué pasó, Balcarce? ¿Por qué tantas distracciones? Habíamos quedado en que a los inútiles que organizaron el primer ajuste de tarifas los ibas a pasar a retiro. Nunca te dije que los reacomodaras en el Ministerio de Desarrollo Social. ¿¿Hiciste eso, Balcarce??!! No hay otra explicación para esta burrada que se mandaron con las pensiones por discapacidad. No hay tantos boludos disponibles en la República, Balcarce. Tienen que haber sido los mismos tipos, Balcarce. Eran tuyos y les perdiste la marca, Balcarce. Me descuidaste a Carolina Stanley que es de lo mejor que tiene el famoso “mejor equipo de los últimos 50 años”. Balcarce, te dormiste y dejaste que a Stanley le cabecearan en el área chica. Dos grandotes sin marca entrando solos. ¿Te volviste loco, Balcarce? ¿Te quedaste levantando la mano pidiendo off side? ¿Qué pasa, Balcarce? ¿Te tiene distraído Larreta con el tema de los perros en los restaurantes y toda esa pelotudez?

Vamos Balcarce, ahora te me vas a la Comisión Nacional de Pensiones Asistenciales. Ahí está el director que dijo que “las personas con síndrome down no necesitan pensiones porque pueden trabajar”. ¡¡Qué necesidad, por favor!! Escuchame bien Balcarce: el colmillo directo al testículo, ¿ok? Y después te lo llevás arrastrando por la Plaza de Mayo hasta el despacho de Marcos Peña. Dejalo tirado ahí, él va a entender.

Es un laburo, Balcarce. No te podés descuidar ni un minuto.

domingo, 11 de junio de 2017

"Espejito, espejito, ¿quién es la más linda del PJ sin PJ?, por Alejandro Borensztein para Clarin

Humor Político

"Espejito, espejito, ¿quién es la más linda del PJ sin PJ?
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Lo único que no entraría dentro de este "frente peronista" es el mismísimo PJ.

Contrariamente a lo que mucha gente cree, los políticos extranjeros son tan o más burros que los nuestros. Y eso que, en ciertos casos, los nuestros son desopilantes. Y desopilantas.

El año pasado, el entonces primer ministro inglés David Cameron convocó a un plebiscito para ver si querían seguir en la Unión Europea o preferían hacer rancho aparte. La consulta había sido una promesa de campaña para las elecciones de 2015 en las que fue reelecto.

Cuando ya todos se habían olvidado de aquella promesa y nadie se la reclamaba, el tipo quiso demostrar que era un lord inglés y convocó al plebiscito con la tranquilidad de creer que lo ganaba de taquito, el Brexit sería ampliamente rechazado y él seguiría su carrera triunfal hacia la estatua de bronce, lo más cerquita de Churchill posible. Sin embargo algo falló, el Brexit ganó y hoy Cameron deambula por los pubs de los suburbios londinenses babeando cerveza sin todavía entender quién carajo lo mandó a hacer lo que hizo.

A Cameron lo sucedió Theresa May, que había apoyado el Brexit y que gobernaba con mayoría parlamentaria. Parece ser que una mañana de abril, esta señora se despertó con un poco de resaca y tuvo una idea: adelantar las elecciones generales para destrozar a sus opositores, aumentar su mayoría parlamentaria, acumular más poder y empujar un Brexit mucho más duro sin que nadie se lo cuestione.

La decisión sorprendió a todos ya que, en realidad, no había ninguna necesidad de adelantar nada. Pero la mina se hizo la canchera porque en ese momento le llevaba 20 puntos a su opositor, el laborista Jeremy Corbyn.

¿Cómo terminó la historia? El jueves Theresa May ganó por un pelito, lo cual es una derrota, ahora tiene menos parlamentarios que antes, Corbyn es el nuevo hombre fuerte de Gran Bretaña y ella anda de rodillas por el palacio de Buckingham pidiéndole a la Reina que le tire una anchoa para poder formar gobierno mientras en el pub de la esquina la espera Cameron para compartir la primera birra del comienzo del final de su carrera política.

¿A dónde vamos con este razonamiento? Aguánteme amigo lector.

Algo parecido hizo el año pasado el italiano Matteo Renzi, que había arrancado como un joven y promisorio alcalde de Florencia (lindo cargo si los hay) y rosqueó rápidamente hasta lograr ser en 2014, y con sólo 39 años de edad, el primer ministro de Italia.

Pero al muy chambón, agrandado por el éxito, se le ocurrió convocar a un plebiscito popular para modificar la Constitución, sin ninguna necesidad, pero dando por hecho que lo ganaba.

Como no podía ser de otra manera, todo salió mal, el inútil perdió el plebiscito, tuvo que renunciar en diciembre y hoy la única rosca política que le queda es un tenedor sobre una cuchara enroscando unos fetuccini con pomodoro e basílico, que deben estar buenísimos, pero que no pueden ni empezar a compararse con ser il capo della Repúbblica Italiana.

No se ponga ansioso amigo lector que ya vamos a llegar al kirchnerismo.

Del este lado del Atlántico, el año pasado el presidente colombiano Santos firmó un acuerdo de paz con las FARC. Armó una flor de ceremonia con bombos y platillos, rodeado por los presidentes latinoamericanos vestiditos todos ellos de pantalón y camisa blanca, incluido Macri al que le quedaba monísima. Todo muy cinematográfico y muy caribeño. Hasta el Papa lo apoyó.

No conforme con esto, Santos convocó a un plebiscito para reafirmar el éxito del acuerdo y… lo perdió!!! O sea, toda la maniobra sirvió para nada y ahora están viendo como remontan el papelón.

Ni hablar de Donald Trump. Para sintetizar su último logro, la cosa parece que fue así: “Che, Vladimir, ¿me ayudás a ganarle a Hillary?” “¿Te parece?”, le dijo Putin. “¿No se te va a armar quilombo?” “Olvidate”, le dijo el otro; “primero gano, después me siento con el capo del FBI y arreglo todo”.

Como era de prever, el capo del FBI James Comey se negó a taparle el chanchullo. Trump lo echó, el tipo le contó todo a los medios y este jueves testificó ante el Senado en una sesión que fue transmitida por televisión con récord de audiencia.

O sea, según los medios, el FBI y el grueso de la opinión pública, Trump siendo el candidato del Partido Republicano, se confabuló con los rusos para ganarle la elección presidencial al Partido Demócrata.

Los comediantes americanos se divierten insinuando que quizá Trump podría ser un espía de los rusos.

Por mucho menos, en junio de 1953, el matrimonio Rosenberg, Julius y Ethel, fueron ejecutados en la silla eléctrica de la cárcel de Sing Sing, en Nueva York, acusados de espionaje a favor de la URSS, pese a las multitudinarias protestas en todo el planeta reclamando clemencia. Los Rosenberg dejaron dos huérfanos: Robert, de 10 y Michael de 6 años.

Después de transmitir la audiencia en el Senado, las cadenas de televisión estacionaron sus camiones de exteriores en la puerta de la Trump Tower a la espera de que, de un momento a otro, Donald se arroje en palomita desde el último piso.

Cómo no recordar en esta breve síntesis de patapúfetes políticos recientes a nuestra inefable Ex Ella cuando en una noche de inspiración se miró al espejo y dijo: “Espejito espejito, tengo una idea genial: lo pongo al pelotudo de Zannini de vice, al pelotudo de Aníbal como gobernador así puedo controlar al pelotudo de Scioli y, de ese modo, seguir gobernando yo misma. Ahora lo llamo al pelotudo de Parrilli y le cuento el plan”. ¿Cuál fue el resultado de aquel pensamiento mágico? El dictador Mauricio Macri es el presidente de la República Argentina.

Podríamos seguir indefinidamente con estos ejemplos de estupidez política, pero guardemos lugar para una página memorable que estaría a punto de escribirse.

Cualquiera que tenga dos dedos de frente sabe que Ex Ella debería preservarse y dejar que en esta elección los peronistas se choquen entre ellos. Si te queda una sola bala, mejor usarla en la batalla final contra Macri en 2019.

Sin embargo, todos los diarios anticipan que la escena tan deseada por el gobierno ya ocurrió: “Espejito espejito, tengo una idea genial: me voy a presentar”. Yo hasta que no lo vea no lo creo.

El problema es cómo sacar de la cancha a Randazzo, que otra vez se le plantó.

Dicen que van a armar un Frente Ciudadano peronista, pero sin el peronismo para poder dejar afuera a Randazzo, porque ella no debate ni compite con nadie.

Sería un frente encabezado por Ex Ella, su familia, La Cámpora, la Kolina de Alicia Kirchner, el Partido Miles de D’Elía, Quebracho (era de Esteche), el PPT de Mariotto y Boudou, Nuevo Encuentro de Sabbatella y el simpático kiosquito radical que se choreó Leopoldo Moreau. Todavía no se confirmó la presencia de Ahmadineyah, pero se espera su adhesión de un momento a otro. Ni hablar de la de Maduro y el pajarito.

A todos estos piantavotos, a los que van a tratar de esconder no sé cómo, se le sumarían muchos dirigentes peronistas que nos les queda más remedio que agachar la cabeza y seguir obedeciendo. Lo único que no estaría adentro de este frente peronista es el mismísimo PJ, que sería la trampa legal para frenarlo al pesado de Randazzo.

Sabe Dios cómo van a hacer para explicarle esto al General el día que, tarde o temprano, se lo encuentren cara a cara.

Las PASO fueron un invento del Compañero CCK para complicarle la vida, la publicidad y la financiación a la oposición luego de que en 2009 De Narváez y sus millones le dejara el upite a la miseria.

La pensaron bien, pero se olvidaron de un pequeño detalle: algún día la oposición iban a ser ellos mismos. Esa nunca se la imaginaron.

Tampoco se lo imaginaron Cameron, May, Renzi, Santos o Trump.

Ya lo dijo Ruben Blades: “La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida”.

sábado, 10 de junio de 2017

Reveladores mensajes en el Día del Periodista, por Carlos M. Reymundo Roberts, para La Nación

Reveladores mensajes en el Día del Periodista, por Carlos M. Reymundo Roberts, para La Nación

Carlos M. Reymundo RobertsCuánto agradezco los cálidos mensajes que recibí el miércoles por el Día del Periodista. Mi emoción debe ser similar a la que viven Víctor Hugo Morales y Horacio Verbitsky, entre muchos otros, cuando los saludan en el Día del Militante. Es un honor, además, que te escriban los principales dirigentes del país, y que lo hagan en términos súper cariñosos. Cristina, por ejemplo, me puso: "Te felicito. Confío en que un día llegarás a ser periodista". Una divina.

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Hubo gente que brilló por su ausencia, lo cual también me honra. De Scioli, en otros tiempos tan atento a estos menesteres, no recibí nada. Tampoco de Ottavis, pero hay que entenderlo: fue echado del Bailando antes de debutar. Él lo considera un atentado a la libertad de expresión corporal. Y extrañé el habitual cumplido del presidente Maduro, que, claro, debe estar ocupadísimo mandando a matar opositores. En fin, no puedo quejarme. Comparto aquí algunos de los mensajes recibidos.

Macri. Carlos, ¡congratulations! Sabés cuánto respeto tu trabajo, si puede llamarse trabajo eso que hacés los sábados, jajaja. En serio, me gusta lo que hacés, te leo siempre, aunque me gusta menos cuando te la agarrás conmigo. El año pasado dije aquello del "segundo semestre" y me mataste. Sos jodido, eh. No perdonás una. Lo mismo con lo del Correo y, mucho peor, cuando inventaste eso de que hay un Macri bueno y uno malo. ¡Hay uno solo! Entendelo bien: uno solo. No estoy desdoblado, no tengo un conflicto de personalidades. Carlos, disfrutá de tu día. Con afecto, Mauricio, el bueno.

Cristina. En el Día de los Trabajadores de la Prensa Hegemónica dejame decirte que si alguien ayudó a tu gremio, fui yo. ¡Nadie compró tantos periodistas! Humildes escribidores o habladores pasaron a ganar fortunas. Y además les facilitábamos el trabajo: sólo tenían que repetir lo que nosotros les ordenábamos. Aprovecho este saludo para decirte que los medios se están equivocando al decir que presionamos a Randazzo para que se baje. Nosotros lo presionamos para que se suba a nuestra lista. El Flaco tiene que comprender que no puede competir conmigo. Es tu mach, no le da. Juega en otra liga. Ah, me olvidaba. Te felicito. Confío en que un día llegarás a ser periodista.

Randazzo. ¡Feliz día! Te llamará la atención que aparezca así, de sopetón, después de haberte ignorado durante tanto tiempo. De hecho, la última vez que nos vimos creo que fue hace unos seis años en el Happening de Puerto Madero. Discutimos toda la noche. En esa época yo era ministro de Cristina. Ultrakirchnerista. Ojo, no cambié. Sigo siendo kirchnerista, pero no cristinista. ¿Se entiende el matiz, no? Mirá, esto es como el juego de los espejos que distorsionan. Ella creó las PASO y ahora me amenazan con el infierno porque quiero ir a las PASO. Me manda decir que soy Gardel, que juntos haríamos una lista invencible, y después me atacan: "Flaco, andá al pie, ¿qué te creés, Gardel?" Y no te cuento otras cosas que me han dicho porque tengo miedo de que las publiques. Pero no me van a asustar. Tengo un gran equipo y lo sumé a Alberto Fernández, que viene de estar con Massa, y antes con Scioli, y antes con Cristina. Un caminante de la política. Un busca. Carlos querido, gran abrazo.

Enrique Senestrari (el fiscal cordobés que pidió que caiga Macri). Señor periodista, un gusto saludarlo en este día. La prensa es una institución fundamental de la democracia, aunque a veces, con respeto se lo digo, ustedes distorsionan declaraciones. A mí me sacaron de contexto cuando publicaron que había pedido la caída del presidente Macri. Yo lo que pedí fue que Macri se viniera abajo. Y después pedí perdón. ¿Qué más tengo que pedir, eh? No me dejan pasar una porque soy de Justicia Legítima, porque reconocí que soy kirchnerista, porque califiqué de aberrante la marcha que se hizo para pedir el esclarecimiento de la muerte de Nisman y porque soy más activo en Twitter que en la fiscalía. Che, ténganme consideración: a mí me recibió el Papa, y el Papa no recibe a cualquiera. Son de terror, no respetan a nadie. Sabe qué: en realidad no me importa nada el Día del Periodista. Ojalá que caiga Macri y que también caigan ustedes. Chau. Fueron.

Massa. En mi nombre y en el de Margarita Stolbizer, te hago llegar nuestras más sinceras felicitaciones. No interpretes esto como un gesto demagógico o de campaña. Estamos enviando el mismo mensaje a todos los periodistas del país. Para Margarita y para mí, pocas cosas son más importantes que la libertad de prensa. Muy pocas: la guerra al narcotráfico y que bajen los precios. Desde el Congreso, Margarita y yo vamos a seguir luchando por esos ideales. Un gran abrazo de Margarita y mío. De los dos.

Carta Abierta. Una efemérides como la de hoy sólo puede ser motivo de festejo en las redacciones de Página 12, C5N y alguna más, las únicas en las que late el fuego sagrado del compromiso con la emancipación de los pueblos oprimidos por el capitalismo salvaje. En los medios concentrados no tienen nada para celebrar.

En el dia del Periodista Vaya nuestro reconocimiento y tributo a los prohombres que día tras día ennoblecen esta profesión: Roberto Navarro, Diego Brancatelli, Orlando Barone, Gustavo Silvestre y tantos otros. La verdad los hará libres, sí. Pero el relato te hace millonario.

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