jueves, 5 de enero de 2017

Sobre la "imputabilidad de menores" Por Yayo Rossi


Sobre la "imputabilidad de menores"
Por Yayo Rossi


Se debate en estos días, gracias a la "instalación" del tema por parte del gobierno nacional, la edad de "imputabilidad de los niños" en caso de cometer delitos, entre otros temas afines.

Voy a dar mi parecer en este tema:

En la Argentina la edad mínima para ser juzgado y condenado es la de 16 años.Ahora se intenta bajar a 14...
¿Qué diferencia hay entre 14 y 16? Hay niños que maduran antes, hay niños que quedan "desamparados" o mal influenciados por el entorno y salen a delinquir a temprana edad.

Considero que la edad no es lo importante, lo importante es darles, como sociedad, protección a esos niños, tengan 5 o 17 años.

Propongo una gran ley de protección a la minoridad, antes que "bajar la edad de imputabilidad". Una ley que controle y proteja a los niños desde su nacimiento, que el estado sepa de los riesgos de cada niño, y si alguno, a pesar de los cuidados llega al delito, el mismo estado tenga potestad para separarlo del entorno y "re-educarlo".

Si hubiera que juzgarlos por cualquier delito, que se los juzgue a cualquier edad, no para condenarlos y separarlos de la sociedad, sino para saber cuáles fueron los motivos que lo llevaron a delinquir, ningún niño nace delicuente y merece tener otra oportunidad diferente a la que le tocó.

Y una vez conocidos esos motivos, -generalmente los niños delinquen influídos por el entorno, familiares o vecinos son los que inducen a los niños a delinquir-
El estado y la justicia son los que deben darle un "nuevo alojamiento", un lugar para que puedan aprender que hay otro modo de vivir, además del que le enseñó su entorno.

Ahora los niños menores de 16 años que cometen delitos son entregados a sus padres, volviendo al ámbito que los llevó al delito, un verdadero "círculo vicioso".
Otra cosa no se puede hacer, en estos momentos, no hay "reformatorios" (fea palabra), y los mayores de 16 van a "institutos" que son verdaderas "escuelas del crímen".

Conclusión:
Que se cambie la frase: "imputabilidad de menores" por "Protección de Menores", que la edad baje hasta 0 años, y que el estado invierta lo que haya que invertir para construir todos los establecimientos que fueran necesarios. 
Esos "alojamientos", deberían ser un nuevo hogar, no una cárcel, un lugar acogedor y seguro en donde se pueda planear un futuro diferente.
Se que es una utopía, pero las utopías, que son sueños practicamente irrealizables, a veces se trasforman en realidad, no podemos seguir haciéndonos los distraídos, la inseguridad y la deseducación que padecemos hoy, es porque por generaciones nos venimos haciendo los distraídos.

lunes, 2 de enero de 2017

¿Para quién juega Nelson Castro? por Yayo Rossi


¿Para quién juega
 Nelson Castro?
Por Yayo Rossi














Lo escucho a Nelson Castro haciéndose eco de una nota en la revista Perfil, escrita por Carlos Claa, que lleva por título: 

Quién es Dujovne, el ministro “quemado” antes de asumir.

Esa nota habla de los antecedentes del reemplazante de Prat-Gay en Hacienda, de un supuesto "Contrato fantasma en el Congreso", "dichos polémicos".... y las razones por qué lo resisten en el canal TN.

Las críticas a Nicolás Dujovne, en principio partieron del kirchnerismo que le achacaba, "trabajar en medios opositores" cuando ellos eran gobierno, y haber sido director de "papel prensa" en el último año de la presidencia de Menem como si alguna de estas dos cosas tuviera algo de malo, no es malo haber trabajado en medios opositores durante el "kirchnerato",todo lo contrario,es un mérito. Y dirigir Papel Prensa es un antecedente importante, ya que esa gran empresa es en parte estatal.

En cuanto al "contrato fantasma en el congreso", no es tal, se trata de una asesoría en el senado, colaboraba en lo económico con el senador Luis Naidenoff, y ganaba 35 mil pesos que pagaba la bancada Radical. La crítica era porque Dujovne no quiere que los números de desocupación se acomoden con empleo público.. y suponen que un especialista en economía que trabaja para un partido político es un empleado público, sin ponerse a pensar que el empleo al que se refiere el ahora ministro, es a los ñoquis innecesarios que contrataba la anterior administración.Dicho sea de paso, Nicolás Dujovne renunció a su cargo en el senado el mismo día que supo que iba a ser ministro.

Dichos polémicos no encontré muchos, y ninguno digno de reproducir por su "polemicidad".
Y las razones por la que es resistido en Tn, se acota a que usa un lenguaje bastante técnico y pausado y por ese motivo lo tildan de "no-televisivo", o sea cuestiones de rating nada más que eso.

Nelson Castro muchas veces juega el papel de imparcial, siempre quiso ser crítico de todos los gobiernos, pero a la vez ser escuchado y atendido por integrantes de los gobiernos. De esa manera lo escuchábamos hace pocos años hablar todas las semanas con Aníbal Fernández o con Capitanich diciéndoles algunas verdades, pero nada tan profundo como para que el entrevistado se vaya y guardándose repreguntas obvias que haría cualquier periodista principiante.

De igual manera actuó durante la campaña del 2015 cuando entrevistaba a Daniel Scioli o a Sergio Massa, siempre sobándole el lomo tiernamente...
No hacía lo mismo con por ejemplo, Elisa Carrió, de la que se burló muchas veces diciendo que nunca probaba sus denuncias o que sufría de "Hubris" igual que CFK.



Lo respetaba a Nelson Castro, ahora no lo soporto, no lo soporto como periodista acomodaticio, ni como conductor con sus risas fingidas y lisonjeos a los políticos con poder o con proyección.

Tampoco me gusta su devoción por el Papa. Pero la frutilla del postre fué cuando pidió la libertad de Milagro Sala.

No sé... no se si es exceso de progresismo o de pelotudismo o si trabaja para CFK o Scioli o Massa..
Lo que si sé, es que no apoya lo que votó la mayoría, critica cuando no hay qué criticar..
Por lo tanto colabora con el peronismo/kirchnerismo/Kassismo en la desestabilización de Cambiemos.

                  Yayo Rossi

sábado, 17 de diciembre de 2016

Misterios aeronáuticos de un motonauta, por Carlos Pagni

Misterios aeronáuticos de un motonauta

por Carlos Pagni












Carlos PagniLa identificación de Daniel Scioli con el kirchnerismo se está reafirmando hasta el último detalle. Ese grupo siempre tuvo problemas con los aviones. Desde la droga de Southern Winds y la valija incautada a Antonini Wilson en Aeroparque hasta el insólito allanamiento de Héctor Timerman a una aeronave norteamericana.

Scioli tiene el mismo drama. Debe explicar de quién es el avión que parece ser de Luis "Chiche" Peluso, su hombre en el negocio del juego; también las giras de campaña en un Lear del importador de electrodomésticos Rubén Cherñajovsky, y el viaje a Punta Cana con su novia de los últimos dos años, Gisela Berger, que es mayor de edad. Anoche, Rodis Recalt, en Noticias, identificó dos traslados de la pareja, pagados por los contribuyentes, a la estancia La Estrella, en Tandil, cuya propiedad es tan misteriosa como la del avión de Peluso.

Las travesías plantean incógnitas más delicadas a los investigadores. Llama la atención que a muchos acompañantes jamás les hayan pedido el documento, ni revisado el equipaje. Sospechosas distracciones aeronáuticas de un motonauta.


Los goles de Mauricio que ya van a venir, por Carlos M. Reymundo Roberts

Los goles de Mauricio que ya van a venir

por Carlos M. Reymundo Roberts
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Carlos M. Reymundo RobertsMacri es un jugador para los segundos tiempos. En los primeros no hay caso: no la mete. En Boca fue de fracaso en fracaso hasta que acertó con Bianchi y consiguió la más gloriosa racha ganadora de la historia del club. En la Ciudad, igual. Pasaron algunos años hasta que pudo aprenderse el nombre de las calles y de los barrios, formar un equipo confiable y entender de qué iba la cosa. Y le pasó en las elecciones del año pasado: ganó en la segunda vuelta. Por eso no quería ni hablar del primer semestre y apostó todo al segundo. ¿Le está ocurriendo lo mismo ahora con Ganancias? La rutilante alianza Mamá (Massa-Máximo) le propinó una goleada en Diputados. Pero el tipo, al que el círculo rojo siempre da por muerto antes de tiempo, parece que se está rehaciendo y acaso va, otra vez, camino de ganar o de empatar heroicamente en tiempo de descuento. Conclusión: no hay que ver los partidos de Macri porque son horribles; hay que esperar que terminen y leer el resultado en los diarios.

Al Presidente tampoco lo ayuda su equipo. Cuando en una reunión de mesa chica le preguntaron al presidente de la Cámara de Diputados, Monzó (perdón, Emilio: tercera columna seguida que me tengo que ocupar de vos; de onda, juro que no es nada personal), si estaba bien mandar la reforma del impuesto a sesiones extraordinarias, contestó que sí. Pronosticó "un triple empate" entre oficialismo, kirchnerismo y massismo, lo cual le daba al bloque de Cambiemos todas las posibilidades de imponer su proyecto. Le hicieron caso porque el blondo se había mostrado hasta entonces como un jugador de toda la cancha. No contaba con la astucia de Mamá, y además algunos lo acusan de no haber puesto la pierna fuerte. Lo concreto es que a Macri en Diputados le llenaron la canasta. Su reacción en el vestuario fue extemporánea: "¡Tráiganme a Bianchi!"

Paradójicamente, su Bianchi vino a ser el propio proyecto y sus impulsores. El triunfo en la Cámara baja fue pírrico. La estrella del equipo, Kicillof, le pifió al cálculo del costo fiscal de la reforma por 40.000 millones de pesos. Mandó una fe de erratas al Senado y a cambio le llegaron dos regalitos: una calculadora y un libro que ya puso sobre su mesa de luz: Rudimentos de economía para principiantes. Se ve que Cristina no quería ser menos que Néstor: "El verdadero ministro de Economía soy yo. Pongan a cualquiera". Pero no fue sólo un problema de hacer mal las cuentas. Lo que parecía una jugada maestra de Massa, alinear al PJ en contra de Macri, quizá pecó de excesiva audacia. Su aventura desató la tormenta, y desde entonces asistimos a un espectáculo fenomenal, único: defenestración del proyecto que aprobó el peronismo en Diputados por parte del bloque peronista del Senado, que preside Pichetto, por considerarlo un "mamarracho"; amenaza de Pichetto a Macri: o aflojan con la guita o seguimos adelante con el mamarracho; defenestración de Macri a Massa, al que calificó de "impostor"; envío de una calificada misión de Macri a negociar con el impostor; temblor en el bloque de senadores peronistas, que está virtualmente quebrado y a punto de estallar (curiosidad: el peronismo, que en rigor nunca fue un partido, está partido); pases de facturas en Cambiemos, y urgente recalculando en el GPS de Massa. En el medio, un senador del PJ hace mohínes por los pasillos y los que lo conocen dicen que eso significa que recibe ofertas hasta tres minutos antes de la votación del miércoles. Me resisto a creerlo. La verdad, no me surgen sesudas reflexiones, sino latiguillos futboleros: "Esto es obra de los inadaptados de siempre", "la pelota no se mancha" y "¡la hora, referí!"

Hasta anoche las negociaciones estaban abiertas y seguirán en los próximos días. No con ese senador, aclaro antes de que me tiren a los leones. Pichetto siempre dice que él tiene dos patrones: los gobernadores y la CGT. Los gobernadores, cuyo único credo son las realidades conducentes, fueron los que pararon el proyecto de Mamá. Ahora falta que se expida la CGT. El Gobierno confía porque le puso enfrente a dos figuras en ascenso del Gabinete: Mario Quintana, sobre el que todos coinciden en que defiende, ataca, tira el centro y va a cabecear, y Jorge Triaca, Jorgito, que se ríe y tiene una cara redonda y simpática, pero que, como buen hijo y nieto de sindicalistas, conoce muy bien el credo de la central obrera, que es, vaya casualidad, las realidades conducentes. El tema es sencillo: el gobierno de los CEO está discutiendo sobre guita con el sindicalismo, y en las pujas salariales empresas y trabajadores casi siempre terminan entendiéndose. El resultado final probablemente será una reforma de Ganancias que no es la que quería el Gobierno, tampoco la que auspiciaba Massa y tampoco la que soñaba la CGT. El triple empate profetizado por Monzó. Si todo termina así, harán sangrar un poquito más la caja. Al déficit fiscal. Que es lo que impulsa la inflación. Inflación que es el flagelo de la gente. De la gente a la que se quiere beneficiar con la reforma de Ganancias. Entonces la reforma se vuelve contra sus beneficiarios. No sé, quizás hice mal las cuentas, como Kichi, o me perdí en el camino.

Según mi amigo Sergio Rubin, el Papa está llamando en estas horas a "cuidar a Mauricio". No sabemos si cuidar es ayudarlo o, volviendo al fútbol, marcarlo de cerca.

domingo, 11 de diciembre de 2016

Hola, Balcarce, por Alejandro Borensztein

Hola, Balcarce

por Alejandro Borensztein

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Sos el perro del Presidente, con perdón de la expresión. Ya te vimos sentado en el sillón de Rivadavia.

Por lo tanto, querido Balcarce, me imagino que ya te movés cómodamente por toda la Casa Rosada, accedés a los despachos, los granaderos te acarician y, aunque sos un perro, debés tener alguna influencia en el gobierno de Cambiemos. Más que los radicales, seguro.

Leí tu historia. Te rescataron de un baldío y te llevaron a vivir a la sede del PRO. No egresaste del Newman, no fuiste a la universidad, no hiciste un master, no dirigiste una empresa ni tenés ninguno de los méritos que tienen los funcionarios del gobierno. Pero me parece que tenés más calle que todos ellos juntos.

Por eso creo que podrías darles una patita en aquellas cosas en las que andan medios flojos por falta de potrero. ¿Me entendés, Balcarce?

Por ejemplo. Como vos bien sabés, en el Congreso ahora están las famosas sesiones extraordinarias en las que sólo pueden tratarse iniciativas enviadas por el Poder Ejecutivo. O sea por tu amo.

Pero los chambones que lo rodean (a tu amo) no tuvieron mejor idea que mandar una ley para bajar el impuesto a las Ganancias sin tener negociados los votos para aprobarla. Diciembre. Iban 40 del segundo tiempo. ¿Hacía falta, papi?

Yo entiendo que ahora todos somos muy democráticos, amplios, dialoguistas, buscamos los consensos y todo eso. Pero tampoco comamos Dogui de vidrio, Balcarce.

Vos sabés de lo que estamos hablando. Vos pasaste noches a la intemperie. Tuviste hambre. No sos un Prat-Gay ni un Lopetegui. Sos Balcarce, el de las pulgas. El que se bancó el moquillo y ahora llegó a la cima. Vos entendés. ¿Qué necesidad tenían de arriesgar esa bocha en el área?

Ya te habrás enterado por los gritos en los pasillos de la Rosada que la oposición tiró a la basura el proyecto oficial, se abrieron las puertas del tren fantasma y aparecieron Kicillof, Recalde y todos los perros que se fueron hace un año, abrazados con Sergio Massa y su gente. Todo juntitos con un proyecto que reduce aún más el alcance del impuesto a las Ganancias y le hace un boquete al presupuesto de Macri que ellos mismos ya habían aprobado.

¿Te das cuenta, Balcarce? Los mismos tipos que durante doce años se negaron a discutir el tema Ganancias y la modificación de las escalas, ahora les agarró un ataque de sensibilidad social. Se lo descontaban hasta a las maestras de primaria. Posta.

Obviamente, todo esto no lo hicieron para ayudar a la gente sino para joderlo a Macri. Imaginate que si el tipo se pasó la campaña prometiendo al pedo la eliminación de Ganancias, si ahora pudiera lo haría. No es tan chambón. Pero sabés perfectamente cómo es lo del déficit fiscal, no te lo voy a andar explicando a vos, Balcarce.

Sin embargo, el punto clave para arreglar esto es que, como es un impuesto coparticipable, si se aprueba como lo escribió Kicillof las provincias dejaría de percibir 20.000 millones de mangos. ¿Me seguís, Balcarce?

O sea que lo que es lindísimo para los diputados peronistas pasa a ser espantoso para los senadores peronistas que representan a las provincias y ahora se enfrentan a un dilema: ¿aprobamos la ley y nos quedamos sin guita o la rechazamos y nos repartimos los 20.000 palos?

Pero mientras los senadores se mataban pensando cómo la iban a resolver, salió tu Vicepresidenta Michetti por televisión avisando que si la ley se aprueba, Macri la va a vetar. O sea, le resolvía el problema a los senadores: podían aprobar la ley, quedar bien con el peronismo a sabiendas de que después el presidente la iba a vetar. O sea que las provincias iban a salvar los 20.000 palos gracias al veto y todo el costo político de la maniobra lo pagaba el malo de Macri. Tu amo, ¿entendés Balcarce?

¡¡Hay que buscar un perro callejero para Gaby, urgente!! Y vos tenés que estar más atento, Balcarce. Eso le puede pasar a un tiernito del PRO, pero no a un Balcarce que supo andar en el barro. Ahí tenías que estar vos para ladrar, macho. ¿Qué pasó? ¿Te quedaste parado pensando que iba afuera? Con todo el potrero que tenés, te dejaste cabecear en el área chica.

A partir de ahora, cada vez que escuches que Michetti está por ir a un canal de televisión, vas y le meás los tobillos. O te me vas a ladrar a la oficina de Marcos Peña hasta que el tipo te entienda. Ese es tu aporte al cambio, Balcarce. Tenés que avivarlos. Si hace falta, salís al balcón de la Rosada y aullás toda la noche. Para eso sos el perro fiel de Cambiemos. No tengas vergüenza. Después de que tu amo y Gaby cantaron y bailaron frente a la Plaza, un perro aullando en el balcón del General no va a asombrar a nadie.

Ahora escúchame bien, Balcarce. El plan es el siguiente: vas y le decís al Compañero Mauri que anuncie que él no piensa vetar la ley. Así, enérgicamente. Y que si los senadores la aprueban, entonces que se banquen los 20.000 palos menos de recaudación para sus provincias.

Los tipos van a estar desesperados. Santa Fe pierde 2.500 palos, Tucumán se pierde 1.000, Entre Ríos 900, Formosa 700 y así con todas. Demasiada guita para hacerle la campaña a Massa.

La gobernación de Santa Cruz, que no tiene ni para pagar la cuenta del diariero, se queda sin 300 palos. Ahí gobierna Alicia Kirchner. ¿Sabés quién es? Es la cuñada de la dueña de Simón, el perro de raza mucuchíes que el hermano de Hugo Chávez le regaló a Ex Ella.

Entró al Guinnes: es el primer perro de la historia en ser presentado por Cadena Nacional. Fue el 17 de noviembre de 2013. Otro de los tantos hits de la comedia kirchnerista con la que nos distraíamos mientras José López recaudaba. Y repartía.

Simón, como vos, también zafó de la miseria. Si en Venezuela la gente la está pasando como el orto, imagínate cómo la deben estar pasando los perros. De haberse quedado allá hoy Simón sería mortadela. Es el único venezolano al que el chavismo le salvó la vida.

Por suerte está acá y ahora es la mascota de la cadena hotelera. Mirá cómo es la vida. Balcarce y Simón. Parece una de Disney.

Como viene la mano, yo creo que Simón ya se está bajando. No te digo que se cruce al Frente Renovador, pero no sería raro que en cualquier momento lo veas llevándole el Clarín y las pantuflas a Randazzo, a Bossio o a algún otro.

La fidelidad de un perro termina cuando un Juez te llama y te dice “venga para acá y explíqueme lo que hicieron con Nisman”.

Corré Balcarce. Andá a ladrarle al Presidente antes de que empiece el Superclásico porque después no te va a dar bola.

Contamos con vos. Yo sé que no es fácil discutir con ladridos la ley que modifica el impuesto a las Ganancias, pero dale, ponele onda. No es para tanto. No te estoy pidiendo que le expliques un texto de Carta Abierta.

Tampoco le des mucha vuelta ni se la hagas lunga porque el Compañero Mauri se aburre. La dialéctica política dejala para cuando tengas que intercambiar ideas con Rozitchner. Al Presi hay que hacérsela futbolera para que le sea más fácil.

Te le parás enfrente, movés la cola y la cantás: “Giunta, Giunta, Giunta, huevo, huevo, huevo”. Te va a entender enseguida. Después le hacés un guau guau cariñoso, le chupeteas un poco la cara y lo mandas a dormir.

Vamos Balcarce. No me falles. Unidos triunfaremos.

sábado, 10 de diciembre de 2016

Massa, Maxi y Perón, un solo corazón, por Carlos M. Reymundo Roberts

Massa, Maxi y Perón, un solo corazón

 por Carlos M. Reymundo Roberts
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Carlos M. Reymundo RobertsAllá por junio me pregunté en esta columna cuál sería la foto final del kirchnerismo, esa imagen que ilustrara su paso al más allá. ¿El baúl del auto de José López desbordado de dólares? ¿Los bolsos en el convento? ¿El obsceno arqueo en La Rosadita? ¿Alguna del álbum de las más de 300 propiedades de la multinacional Kirchner & Báez Sociedad del Estado? La verdad, son todas buenas, y además aparecerán otras, porque la agonía de lo que fue un movimiento popular de masas es una fuente inagotable de escenas que van de lo ridículo a lo trágico. Tipo Scioli, que para mitigar su preocupación por los índices de pobreza en la Argentina se fue con una rubia a Punta Cana. Por lo tanto, la pregunta sigue en pie. En cambio, podemos estar seguros de que ya tenemos la foto del renacimiento del PJ. Es el histórico retrato familiar del martes en el Congreso, durante el anuncio del proyecto de la oposición para modificar el impuesto a las ganancias. Fue un momento grandioso, aunque no sorpresivo. Entre los soldados de Perón puede haber muchas diferencias y hasta enfrentamientos que terminen a los tiros, pero si algo los une y los iguala son las ganancias.

La foto del martes es como esos cuadros que resultan extraordinarios tanto por lo que muestran como por lo que sugieren. El arte siempre ha celebrado la comunión entre lo explícito y lo implícito, el proceso mágico y misterioso de una obra que se completa con lo que no tiene o apenas se vislumbra. Todavía nos preguntamos qué expresa la mueca de La Mona Lisa. En la foto vemos, sentaditos (y perdón por saltar de La Gioconda al Apocalipsis) a Oscar Romero (del peronismo peronista), a Héctor Recalde (peronismo kirchnerista) y a Graciela Camaño (peronismo massista). También había un par de extras, invitados a ver el espectáculo desde el escenario. Y, paraditos, a Kicillof y Marco Lavagna. Mucha tela para cortar. Donde leemos Romero-Recalde-Camaño podríamos leer Menem-Duhalde-Scioli, o De la Sota-Moyano-Rodríguez Saá, o Felipe Solá-Capitanich-Aníbal Fernández. Todos los peronismos. Un solo peronismo. El de antes, el de ahora, el de mañana. El de siempre. El PJ que no modifica Ganancias en sus 14 años de gobierno y seis presidentes consecutivos (Puerta, Rodríguez Saá, Camaño, Duhalde, Néstor y Cristina), sino cuando es oposición. Digamos, no cuando tiene el poder, sino cuando le molesta que lo tenga otro. La foto es arbitraria, fruto de un momento. Ahí no se ven, pero están, Gioja y Barrionuevo, Caballo Suárez y Alperovich, Alberto Fernández e Insfrán, Randazzo y Curto. Todos quieren dar el presente y gritar que si se necesita poner una piedra en el camino, cuenten con ellos. No hay nada que hacer: los tipos son laburadores.

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Les decía que de pie aparecen Kicillof y el hijo de Lavagna, juntos y cómplices. Se hablan al oído, se sonríen. Otra vez: miremos más allá de lo que está a la vista. Kichi es como decir Cristina, y Lavagnita es como decir Roberto Lavagna. Qué bueno que los hijos enmienden la guerra de sus padres, que las nuevas generaciones unan lo que parecía irreconciliable. Kichi también es Máximo Kirchner, y Lavagnita también es Massa. Maxi y Massa vuelven a abrazarse. El tiempo cura las heridas. Re dulce. Ellos son las cabezas del acuerdo urdido como para que Macri vaya sabiendo lo que le espera de aquí a las elecciones del año próximo. El Frente Comodoro Py y el Frente Renovador, aliados en pos de un fin superior. Ir al frente. Destruir al que se les ponga enfrente.

En el macrismo no están muy preocupados. No olvidemos que acaban de llegar del retiro espiritual de Chapadmalal, y de los retiros uno siempre sale optimista y con buenos propósitos. Un ministro me dijo que ya disfruta pensando en otras fotos que podrían empezar a verse a partir del histórico acuerdo Mamá (Massa-Máximo, bendecido por mamá Cristina). ¿Le pedirá Sergio a Margarita que vaya a visitar a Milagro Sala? ¿Se volverá a reunir con Scioli -acá o en Punta Cana- para cerrar lo que dejaron abierto en 2013? Ese ministro cree que Massa se equivocó abrazando al kirchnerismo justo la semana en que se supo que durante la década truchada también trucharon los resultados de las pruebas PISA. Educadores que mienten. Qué maleducados. Y justo la semana en que agrupaciones de base, varias de extracción kirchnerista, festejaron con piquetes las conquistas que le arrancaron a Macri con la emergencia económica, convirtiendo la ciudad en un caos. Los bocinazos de los autos se sumaron así a la celebración. Y agrego yo: justo días después de que el peronismo frustrara las reformas que impulsaba el Gobierno para terminar con el fraude electoral. Adujeron que la reforma era fraudulenta. Me inclino con respeto. Son geniales.

Vuelve al primer plano lo que dijo hace días Monzó, el peronista rubio y de ojos celestes importado por Macri: o Cambiemos llega a un acuerdo con el peronismo o no va a poder cambiar nada; como que con los radicales y con Lilita no alcanza. OK, Emilio, me convenciste, y seguro que por estas horas, sobre todo después de lo de Ganancias, habrás convencido también a unos cuantos de los tuyos. OK. Hay que arreglar con el PJ. Pero te pregunto: ¿y al PJ quién lo arregla?



Raro: Carlotto con problemas de memoria, por Carlos Pagni

Raro: Carlotto con problemas de memoria

por Carlos Pagni









Carlos PagniEstela de Carlotto se indignó porque el Gobierno, con un criterio turístico, declarará al feriado del 24 de marzo, aniversario del último golpe militar, como un feriado móvil. Carlotto tiene razón: ese asueto debe servir a la reflexión, no ser un día de paseo.

La líder de las Abuelas de Plaza de Mayo cree que, con este cambio, Macri pretende desalentar las marchas contra la dictadura. Se equivoca. La que convirtió al 24 de marzo en un "día de paseo" fue su amiga, Cristina Kirchner. En 2010, emitió un DNU para impedir la aprobación de un proyecto de ley de la diputada Vilma Ibarra que prohibía que esa conmemoración fuera utilizada como feriado puente. En 2011, la legisladora insistió con otra iniciativa, pero el kirchnerismo no la acompañó. Los organismos de derechos humanos se molestaron, pero en silencio.

Es llamativo que Carlotto, que hace de la memoria una política, haya olvidado la defección de Cristina. Salvo que mida a Macri con un estándar distinto. Cuesta pensar que alguien consagrado a los derechos humanos ejercite esa doble moral.

Mauricio Macri, ¿ganó de casualidad?, por Jorge Lanata

Mauricio Macri, 

¿ganó de casualidad?

por Jorge Lanata






¿Macri, ganó de casualidad? En todo caso, aún pensando esa hipótesis, habrá que tener en cuenta que se debe estar abierto a las casualidades: acordó con Carrió, consiguió al radicalismo, sostuvo la candidatura de Vidal y desconfió de una alianza con Massa.

Todo esto sucedió en un país en el que el kirchnerismo, convencido de su propia mentira, actuó como si el poder fuera un bien inmueble. Cristina, ensimismada y megalómana, armó listas mediocres frente al espejo: moldeó a Scioli, desafió a los propios con la candidatura de Zannini y se dedicó -en vano, claro- a tutearse con la Historia.

El peronismo tropezó con el error de siempre: no sirven las coimas del sesenta por ciento. En la avidez, los miembros de la manada ya llevaban años mordiéndose entre ellos.

El cambio era, entonces, la vuelta a la normalidad. Pero el kirchnerismo ya había construido un sistema de exageraciones que llevó las enfermedades argentinas al paroxismo: el Estado como caja que garantiza el poder, el gasto infinitamente superior al ingreso, los maestros contra los exámenes, los estadísticos contra los números, el clientelismo más cruel: el del hambre de agua, y todo mezclado en el vodevil de una Revolución con la burguesía nacional representada por Lázaro Báez, Cristóbal López, Gerardo Ferreyra y Sergio Spolszky.

Macri subió prometiendo una lluvia de inversiones, corrupción y hambre cero y un país dentro del mundo.

Temeroso de afectar la llegada de inversiones evitó contar un estado real de la Nación; lo hizo, tarde y mal, con un informe en abril que nadie leyó. ¿Si el país no estaba tan mal, por qué había, entonces, que aumentar las tarifas una vez que ejercimos durante una década el derecho al fútbol, al agua, la luz, el gas y la electricidad?

El trámite menor y casi administrativo de ajustar una factura subvaluada generó una de las principales crisis políticas del año. El sacudón de algunos miles de despidos militantes en los primeros meses se compensó con rapidez tomando casi la misma cantidad. Pero claro, existían los gobernadores y el Congreso y la chequera comenzó a funcionar a pleno.

El gobierno dio tarde el diagnóstico con el cual debería haber asumido: la necesidad de un cambio cultural. El problema es que los cambios verdaderos nunca suceden rápido y un cambio cultural trasciende por mucho el período de un gobierno solo. Argentina lleva más de un siglo sumida en la emergencia; muchas veces esta emergencia es real y otras ha sido la excusa para que las corporaciones mantuvieran su cuota de poder en el río revuelto.

Al contentarse con mantener el statu quo, nuestras enfermedades se potencian. Veamos las más comunes: –A lo largo de este año, cinco o más personas dispuestas pueden cortar durante horas cualquier vía de acceso. Muchas veces esto sucede con personas que, en una democracia, se manifiestan con palos y las caras cubiertas.

–Cada acto de gobierno se ha enfrentado con la extorsión de desórdenes para las Fiestas.

–El gobierno insiste en ajustar Ganancias -un impuesto que paga una parte mínima de la población- en lugar de lograr mayor progresividad, por ejemplo, en el IVA, que pagan todos.

–Un empleado estatal que trabaja bien gana exactamente lo mismo que un empleado estatal que trabaja mal o no trabaja.

–Cada medida que apunta a premiar el mérito es desechada por aristocrática. Pero quienes lo hacen buscan el mejor médico cuando están enfermos.

–La cantidad de familiares en la función pública disminuyó, pero aún se mantiene.

–También a la Justicia le nacieron, tarde, algunas excepciones, pero el resto se mantiene lento y venal como en la época anterior.

–Argentina sigue gastando más de lo que gana; el gobierno anterior se endeudó con la ANSeS y el Central, el actual con la banca extranjera y los organismos de crédito. Esa es una estrategia de corto plazo.

Este año Macri se ha mantenido atento a las demandas sociales, en un cúmulo de marchas y contramarchas. No creo que el liderazgo sólo deba ser un tester de popularidad. Puede suceder que no todos los cambios necesarios conformen a todos. El impuesto al juego, por ejemplo, tiene a la Ciudad sitiada hace días con los trabajadores de los casinos y los bingos.

Macri, entonces, ¿ganó de casualidad? No creo.

Expresó a una mayoría del país que siente que la crisis de valores en la convivencia es cada vez más alta y ya no se soporta. Pero esa Argentina necesita, a la vez, sentir que alguien encabeza los cambios y no sólo los formula, y sentir –también– que está dispuesto a mantenerlos.

(El autor volverá con la continuidad de esta columna el próximo sábado 4 de febrero de 2017)

domingo, 4 de diciembre de 2016

Con goles a favor y en contra, por Pablo Sirvén

Con goles a favor y en contra

por Pablo Sirvén
Pablo Sirvén

Fue uno de los grandes misterios de nuestra infancia. A todos nos pasó: el día que llevamos el germinador al colegio -el frasco con el secante y el poroto adentro- se representaba en nuestras caras, según como nos hubiese salido el experimento, una de las primeras aproximaciones existenciales al éxito o al fracaso.

Supuestamente, todos habíamos hecho lo mismo -humedecer un poco cada día el secante para que el poroto brotara-, pero las diferencias en los resultados entre uno y otro germinador solían ser notables: algunos lograban una vigorosa plantita; otros, apenas unos tímidos brotes verdes y, horror, no faltaban los que, con pesar, se avergonzaban de su poroto hinchado y ennegrecido que todos compadecíamos con cierta impresión.

¿Cuánto de azar había en esos resultados y cuánto de procedimientos mal realizados? ¿Habíamos regado de más o de menos? ¿O la culpa era del poroto? Misterios de la naturaleza.

La historia del germinador podría funcionar como una metáfora de este primer año del gobierno de Cambiemos, que se cumplirá el sábado. No es una asociación forzada porque en algún momento de estos meses incluso se habló de "brotes verdes" y hasta el presidente de la Nación se animó a autocalificarse como si fuera, al mismo tiempo, director y alumno de este revoltoso colegio llamado República Argentina.

Definitivamente, el generoso 8 que se puso el primer mandatario -nota con la que también pareció sentirse cómodo el ministro de Economía, Alfonso Prat-Gay- es todavía más preocupante que los muchos temas pendientes por resolver, la mayoría heredados del gobierno anterior, a los que se agregaron los generados por la actual gestión, porque estaría indicando que Mauricio Macri entiende que tiene muy poco por mejorar (apenas en su cálculo le faltan dos puntos para el sobresaliente). ¿No será mucho?

Es que por su mentalidad futbolera, el éxito y el fracaso para el primer mandatario están más cerca de lo que la mayoría pensamos. Hay una imagen a la que Macri recurre frecuentemente cuando piensa en el tema: pelota dentro del arco (éxito), pelota que pega en el palo (fracaso). Deduce que en la política no es muy diferente.

Para seguir con esa idea, se podría decir que el campeonato que juega Macri acaba de empezar: la cuarta parte de su mandato ya consumida equivale apenas a 22,5 minutos del primer tiempo de un partido (¿de ida solamente o habrá también otro de vuelta?).

¿Y cuántos goles convirtió el Presidente en estos meses? Varios e importantes: gracias al voto repartido del electorado, frente al hegemonismo asfixiante del gobierno anterior, lo que primó fue la búsqueda de consensos y la negociación para tomar las decisiones más trascendentales y el Gobierno sabe adaptarse -a veces mejor; a veces peor- a esa dinámica. También se salió del cepo sin grandes traumas, se resolvió el tema de los holdouts, el Indec volvió a funcionar, se restablecieron relaciones cordiales con los principales estadistas de Occidente, se dejó caer el oneroso y obsecuente aparato de comunicación K y en seis días se cumplirá un año sin cadena nacional.

¿Cuáles fueron los peores errores tácticos? La actual administración adoptó una discutible estrategia del juego, cuyos efectos nocivos padeció como un fiero gol en contra: al privilegiar al principio el reordenamiento macro de la economía (baja de retenciones, cepo, holdouts, ajuste de tarifas) dejó en un segundo plano lo micro.

Así, se pasó del consumismo artificioso del cristinismo -ya no le alcanzaban el carbón y las maderitas y empezó a tirar los muebles de la casa para alimentar ese fuego- al parate macrista, que terminó deprimiendo ventas y la mayoría de los índices económicos. Como si no fuese suficiente el pavoroso 30% de pobres que dejó el kirchnerismo tras la "década ganada", el gobierno de Cambiemos ensanchó esa dolorosa brecha en pocos meses 2,2 puntos más. La obra pública arranca en cámara lenta, los empresarios locales no reaccionan y crece el endeudamiento externo y la especulación financiera.

Al director técnico, al borde de la cancha, los jugadores no siempre lo escuchan bien (problemas de comunicación; sobrevaloran las redes sociales y los timbreos). Para colmo, peligrosos barras bravas (el kirchnerismo residual) tiran proyectiles de todo tipo al campo de juego (lo llaman "resistencia"; traducción: no aceptan el veredicto soberano de las urnas), aunque algunos de sus referentes más cuestionados ya están en la cárcel (Lázaro Báez, José López y Milagro Sala, por cuya liberación claman organizaciones internacionales), mientras la gran jefa de todos ellos, Cristina Kirchner baja y sube su perfil a piacere.

El plan A era hacer todos los deberes bien para que llovieran lo más pronto posible los ansiados capitales extranjeros. Y de puro ansiosos pusieron demasiadas fichas en un segundo semestre, en el que sólo se vieron unos mustios brotecitos que pronto se marchitaron. La promesa de mejora se sigue corriendo para adelante y la gente aguarda.

Hora de poner en marcha el plan B y, si es necesario, el C y el D. Quedarse petrificados mirando el germinador con el poroto remolón no tiene sentido. Mejor probar con otro.

psirven@lanacion.com.ar

Twitter: @psirven


Milagro Sala, un serio problema en la política exterior, por Joaquín Morales Solá

Milagro Sala, un serio problema en la política exterior

por Joaquín Morales Solá
Joaquín Morales Solá

Podrá decirse que el kirchnerismo (o el cristinismo, para ser precisos) conserva importantes resortes de influencia en organismos internacionales de derechos humanos y que, en parte por eso, tiene tanta repercusión en el mundo el caso de la prisión de Milagro Sala . Y es cierto. Podrá agregarse que la líder del movimiento Túpac Amaru es una figura polémica, prepotente y arbitraria en el manejo de los recursos públicos. Y también es cierto.

Nada debería ocultar, con todo, que el gobierno de Mauricio Macri se encuentra ante un serio problema de política exterior. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) acaba de pronunciarse reclamando su inmediata libertad. Ya antes habían exigido lo mismo el Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias de las Naciones Unidas; el propio secretario general de la OEA, Luis Almagro, y Amnistía Internacional. No es un problema menor. El Presidente necesita conservar la autoridad moral para, por ejemplo, seguir reclamando la libertad del líder opositor venezolano Leopoldo López. No debería ser Sala quien la ponga en duda.

La CIDH podría avanzar aún más en sus decisiones en los próximos meses. La causa de Sala es defendida en ese tribunal por Jorge Taiana, ex canciller de Cristina Kirchner, y por el CELS, un centro argentino de defensa de los derechos humanos.

Funcionarios argentinos dijeron que los pronunciamientos de la CIDH y el de las Naciones Unidas no son vinculantes. La afirmación es relativa. "Todo es vinculante y obligatorio", aceptó otro funcionario. Se refería a que las convenciones, pactos y acuerdos sobre derechos humanos de las Naciones Unidas y del sistema interamericano fueron incorporados a la Constitución en la reforma de 1994. La Corte Suprema argentina tiene jurisprudencia al respecto: las resoluciones sobre derechos humanos de las Naciones Unidas, de la CIDH y de la Corte Interamericana de Derechos Humanos son de cumplimiento obligatorio en el país. El gobierno nacional le pedirá a la justicia de Jujuy que ponga inmediatamente en libertad a Sala. Los jueces jujeños podrían negarse, pero el caso llegará a la Corte Suprema. Todos conocen de antemano cuál será su decisión.

¿Está la CIDH influida por el cristinismo? Vale la pena consignar un ejemplo. En marzo pasado convocó a una urgente audiencia para analizar la derogación de la ley de medios por parte de Macri. Por primera vez en su historia, la CIDH examinó a un gobierno apenas cuatro meses después de haber asumido. El Gobierno ganó ese debate de marzo, pero sumó varios enemigos empecinados en derrotarlo.

Milagro Sala fue detenida el 16 de enero pasado por un acampe frente a la Casa de Gobierno de Jujuy, acusada, entre otros delitos, de sedición. Varios días después fue puesta en libertad, pero en el mismo acto se la notificó que quedaba presa de nuevo por delitos más graves, como asociación ilícita y defraudación al Estado. La primera prisión fue arbitraria y vició de legitimidad a todo el proceso judicial posterior. El respetado constitucionalista Roberto Gargarella escribió al respecto: "Cada paso que se tomó desde entonces (la primera prisión) mostró la misma marca de origen: mantenerla detenida primero, ver de qué modo se justifica después". Gargarella, que es muy crítico con la historia de Sala, calificó de "arbitraria" su prisión.

El Presidente detesta estar en la situación en que está. De hecho, se sintió muy incómodo durante la reciente visita del primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, a quien Amnistía Internacional le había pedido que intercediera ante Macri por la libertad de Sala. Macri y Trudeau fueron interpelados por la prensa, en una aparición conjunta, por el caso Sala. Pocos días más tarde, el Presidente convocó a una reunión de la que participaron la canciller Susana Malcorra; el ministro de Justicia, Germán Garavano, y el gobernador de Jujuy, Gerardo Morales. "No quiero que sigan preguntándome en el mundo por Milagro Sala", los conminó.

Al problema lo tenía sentado en la reunión: Gerardo Morales cultiva el odio a Sala desde hace diez años. Ella no se privó de darle motivos: llegó, en tiempos del cristinismo, a destruir las oficinas privadas de Morales en Jujuy, que es una de las causas por las que se la juzga ahora. No es sólo Morales. Es también la dirigencia política y judicial de Jujuy y del Norte la que quiere ver presa a Milagro Sala, porque ella desafió al Estado y disputó el control territorial con esos jefes políticos de la región.

Gran parte de los jueces y fiscales que juzgan a Sala fueron nombrados por el ex gobernador peronista de Jujuy Eduardo Fellner. Es lo que Garavano les recordó a los parlamentarios peronistas del Parlasur que fueron a pedirle por ella. "Hablen con Fellner antes de venir aquí", les dijo. Estaba en la delegación de parlamentarios José López, el que luego revoleó bolsas con dólares en un convento, lo que le valió su posterior destitución como miembro del Parlasur. Sala es también parlamentaria del Parlasur.

Macri quedó encerrado en una ingrata situación. Entre la insistencia internacional para que liberen a Milagro Sala y la obstinación de la política y la justicia jujeñas para mantenerla presa. Ahí está el Presidente, sin solución por ahora.

Seguramente influyen en la enorme presión internacional tres condiciones de Sala: es mujer, indígena y parlamentaria. Sabemos aquí que el Parlasur fue un invento cristinista para conseguir fueros para algunos (no para todos), pero eso no se ve desde el lejano atalaya del mundo. Los cristinistas que militan a favor de Sala (o en contra de Macri, no se sabe) son Taiana, el ex juez de la Corte Suprema Eugenio Zaffaroni y el ex secretario legal y técnico Carlos Zannini. Un amigo de Zannini, Gustavo Cinosi (uno de los dueños del hotel Sheraton de Pilar), fue nombrado en la OEA con el cargo de asesor de Asuntos Institucionales. Fue el modo como el secretario general de la OEA, el uruguayo Almagro, agradeció el voto y las gestiones argentinas para su designación durante el gobierno de Cristina.

La carta de Almagro a Milagro Sala fue un desastre sin atenuantes. Como jefe de un organismo internacional, Almagro debió hacer primero gestiones reservadas ante el gobierno argentino y, en todo caso, advertirle que podría hacer pública su posición si la situación no cambiaba. Hizo todo lo contrario: se solidarizó con Sala sin siquiera avisarle al embajador argentino en la OEA. La OEA parece condenada a la mala suerte. El chileno José Miguel Insulza se fue criticado el año pasado de la OEA, pero lo cierto es que su gestión fue mucho más seria que la de Almagro. Almagro tiene una increíble facilidad para oscilar entre lo correcto y lo incorrecto. El torpe pronunciamiento de Almagro tuvo, sin embargo, su influencia. Aunque la CIDH es autónoma en sus decisiones, depende orgánicamente de la OEA, cuyo jefe es, precisamente, Almagro.

A pesar de todo, al Gobierno le preocupó, tanto como el pronunciamiento de la CIDH, la declaración de José Miguel Vivanco, director de la División Américas de la prestigiosa organización Human Rights Watch, quien suscribió la posición del constitucionalista Gargarella. Vivanco no tiene ninguna vinculación con el cristinismo y, al contrario, defendió a los perseguidos durante la larga década del cristinismo. A los periodistas, entre ellos. En los primeros días de la detención de Milagro Sala, Vivanco pidió, en un artículo publicado en LA NACION, la derogación del delito de sedición porque es incompatible con un Estado democrático.

Desde el primer reclamo de las Naciones Unidas, políticos argentinos criticaron la gestión de Malcorra. Es injusto. Ya hizo mucho logrando frenar durante casi un año el importante problema de política exterior que existe ahora. Malcorra y Garavano le venían anticipando a Gerardo Morales desde abril pasado que el caso Sala terminaría mal.

¿Cómo terminará? Debería terminar, al menos, con soluciones realistas. No hay solución buena para la pertinacia de los dirigentes jujeños mientras las cosas estén como están. Es evidente que Milagro Sala ejerció violencia contra sus adversarios y manejó discrecionalmente los fondos públicos. Sin embargo, la figura de la prisión preventiva debe ser usada con mucha prudencia. Le niega la libertad a una persona que no fue condenada (cuyos presuntos delitos deben probarse) y puede violar el principio de inocencia (todas las personas son inocentes hasta que se demuestre lo contrario). En el caso de Sala, el delito está probado, pero no quién lo cometió. Astuta, Milagro Sala rechazó la prisión domiciliaria por la que trabajó Garavano. En la cárcel es una perseguida política; en su casa la aguarda el olvido.

Políticos y jueces de Jujuy deberían ser conscientes de que el problema se les fue de las manos. Milagro Sala no tiene fueros (no los tiene el Parlasur) y debe ser investigada con todas las garantías del debido proceso, más aún porque es un personaje polémico y controvertido. Deberían evitar, en fin, que se convierta en mártir quien no lo es ni merece serlo.


Deben ser los caranchos, deben ser... por Jorge Fernández Díaz

Deben ser los caranchos, deben ser

por Jorge Fernández Díaz
Jorge Fernández Díaz

A la mordaz jungla de la política, donde anidan desde hace tiempo los "gusanos" anticastristas y los "gorilas" del antiperonismo, se agrega ahora un ave autóctona de larga tradición: el "carancho". Injustamente olvidada en el catálogo de la decadencia, esta especie carnívora se ha dedicado durante años a depredar el Estado cuando su facción gobierna y a cobrar protección cuando corretea en el llano; a justificar su rapiña en nombre de pobres y ausentes, y a aprovechar que su víctima queda exangüe para desplegar su furibundo escarnio y preparar su suicidio asistido. El carancho tiene predilección por picotearte los ojos; necesita verte caído y fuera de juego. El caranchismo es un virus pedigüeño y extorsivo, pero también destituyente -aunque el plumífero puede adoptar distintas tácticas temporales - puesto que hay en la pajarera vernácula caranchos urgentes y caranchos con paciencia. Todos, sin embargo, conciben a la democracia republicana como una sandez neoliberal, a las presidencias no peronistas como una intrusión intolerable, y a cualquier coalición que no sea la propia como una partidocracia cipaya con destino de helicóptero.

La verdad sea dicha, estas últimas ideas son la primera materia que te enseñan cuando entrás en el peronismo, aunque no deberían confundirse de ninguna manera los tantos: así como por suerte hay cada vez más peronistas modernos y republicanos, también pernoctan caranchos en otras fuerzas políticas. Es que por imitación y didáctica, caranchear ha sido una práctica transversal y contagiosa dentro y fuera del jaulón movimientista. Resulta cierto, no obstante, que el dirigente peronista debe luchar particularmente con esa tara de origen, con el pequeño carancho que le han inoculado y todavía lleva adentro. Para algunos ser peronista implica, aún en la actualidad, creer esa infamia según la cual únicamente ellos encarnan la patria y el pueblo, mientras los demás somos inexorables gerentes del imperialismo y la oligarquía. En parte el peronismo se ha alejado de esa superstición soberbia y ha evolucionado (hoy su renovación resulta esencial para la democracia), el sindicalismo hace lo que puede en medio de una recesión y las organizaciones sociales son actores ineludibles en un país que precisamente los justicialistas dejaron con altísima inflación, 30 por ciento de pobreza estructural y un boom del narcotráfico. A propósito, al cierre de esta edición no se ha oído una autocrítica profunda y sincera acerca de estas hecatombes. Sí se escuchan todos los días declaraciones destempladas y se ven dedos levantados. Y se registran cómicos zigzagueos como cuando peronistas parlamentarios acompañan responsablemente los proyectos del gobierno constitucional, y de repente giran en el aire e imponen ocurrencias demagógicas y carísimas, para al día siguiente salir bien temprano por la radio y denunciar el peligroso aumento del déficit fiscal. Que ellos mismos engordaron. O cuando gremialistas deslizan en voz baja: "Quiero estar cerca de Macri para manotearle fondos". O cuando líderes de base revelan entre amigos su gran estrategia: "Sacarle todo lo que le podamos sacar". Ciertos gobernadores e incontables intendentes, matándose de risa, refieren lo mismo cuando los micrófonos están apagados. Como bien señala el sociólogo Rolo Villar, qué lindo es hacer beneficencia con la plata ajena. Y yo agrego: qué cómodo es exprimir a la vaca para después tirarla a la parrilla.

El caranchismo no exime de responsabilidad, por supuesto, a los chicos del Excel. Que son vulnerables al vuelo del carancho y que muchas veces actúan como víctimas perfectas: recibieron la empresa quebrada y un inesperado viento de frente, repartiendo raciones se fueron quedando sin torta, ahora revientan la tarjeta y calman los ánimos, pero no tienen ni siquiera la chance de pegar un puñetazo en la mesa y aplicar castigos, puesto que su propia grey no toleraría semejante "autoritarismo kirchnerista": lo votaron para las antípodas, desde un buenismo reparatorio que todavía pinta bien en las encuestas. Pasa que muchas veces los pueblos encumbran candidatos con modales de señorita, y cuando la economía no despierta, añoran líderes con lenguaje de puerto.

Visto en perspectiva, su modelo de gobernabilidad fue demasiado oneroso y nunca conectó con el plan de estabilización. El Gobierno pagó lo que no tenía, complicó así una economía ya destrozada y no logró desarmar la bomba más peligrosa de todas: la Argentina sigue viviendo por encima de sus posibilidades. Pero por favor no despierten al soberano; por lo menos hasta que comience a consumir y vuelva a entrar en el cuarto oscuro. ¿Tenía Macri alguna alternativa? El shock se lo hubiera llevado puesto, pero el gradualismo lo está quemando vivo. Evitó vetos, paros generales e incendios callejeros, pero la cuenta que trajo el mozo al final de la comilona da vértigo. Históricamente, y como ya se dijo, en este país el que paga la fiesta organiza su propio funeral. Pero no pagar también puede llevarte a la tumba. El diagnóstico íntimo del macrismo resultó de algún modo simplista: el mal desempeño de quienes nos precedieron tuvo que ver con la incapacidad y la corrupción; por lo tanto, con transparencia y ejecutividad el problema argentino se soluciona. Se descuenta que el cambio ha tenido el rumbo correcto, pero también que es insuficiente: el nudo del gran fracaso nacional es mucho, mucho más complejo. ¿Se habría podido evitar el chantaje semanal de los caranchos si Cambiemos hubiera aceptado la oferta de Pichetto? ¿Se hubiera podido firmar un acuerdo de gobernabilidad que ahorrara déficit y sorpresas? ¿Habrá tiempo todavía para realizarlo o la inminente campaña electoral ya lo hace imposible? ¿Sería utópico rubricar ese pacto patriótico y colocarlo bajo un paraguas? A Macri le encanta armar rompecabezas todas las noches con su hija en Olivos; toma esa gimnasia como un desafío a la autoestima. Le hará falta toda su energía mental para descifrar estas encrucijadas mayores de la República. Porque es alérgico a los acuerdos integrales, porque Durán Barba le recomienda (tal vez acertadamente) seguir dividiendo entre "lo nuevo y lo viejo", porque algunos funcionarios sostienen que la combinación entre el caranchismo cultural de los otros y la caja propia garantiza la paz social, y porque intuyen que el cristinismo está furioso precisamente a raíz de que Macri actúa una sorpresiva faceta de Néstor: billetera y expectativas, sin tanto rigorismo económico. Y que todo eso puede retardar el esperado "estallido" y hasta hacerle ganar las elecciones de medio término. Macri se comporta como peronista, algo que inquieta a ciertos caranchos, y hace presuntos convenios bajo la mesa con Bergoglio. Los caranchos más radicalizados anhelan que gire a la derecha. La derecha también.

Estos dilemas y paradojas no se debatieron en Chapadmalal, aunque simultáneamente el jefe de Gabinete le reconoció a LA NACION algo relevante: "El déficit no es sostenible a mediano plazo". El país, agregó otro ministro, pasó de terapia intensiva a intermedia. Toda esa sinceridad tranquiliza porque descarta la ceguera y la negación, pero es imposible que calme a las aves carroñeras. El oficialismo se debe un retiro en serio y un rediseño, y la oposición, un autoexamen honesto sobre su larga historia de trastadas y sobre su caranchismo inercial. Y a nosotros, los ciudadanos de a pie, nos asiste en tanto el derecho a la indignación. Es un derecho humano e irrenunciable.


Ahora sí, arranca Cambiemos, por Alejandro Borensztein

Ahora sí, arranca Cambiemos

 por Alejandro Borensztein







Bueno, ahora sí. Finalmente arrancó el gobierno de Cambiemos y comenzó una nueva etapa en la Argentina.

El próximo sábado se cumplirá un año desde la salida del viejo gobierno y la llegada del nuevo. Doce meses desde que el pueblo recibió con entusiasmo al presidente entrante Mauricio Macri y despidió con todos los honores al presidente saliente Federico Pinedo.

Sin embargo, aunque los gobiernos asumen en una fecha determinada, eso no quiere decir que arranquen ese mismo día. Los gobiernos no empiezan cuando se supone que empiezan sino que lo hacen bastante tiempo después.

En principio, tienen que aprender dónde quedan los despachos, si hay que pintarlos, en qué cajones guardaban las cosas los que se fueron, dónde les dejaron los papeles, los controles remotos, los números de teléfonos, desconectar micrófonos, desactivar las bombas que les dejaron, etc etc. Todo eso lleva tiempo.

Además tienen que conocerse entre ellos.

-“Hola, mucho gusto, soy la ministra Carolina Stanley - dice Carolina Stanley - y necesito que antes de irte me dejes en la cocina unos 30.000 palos para que Emilio Pérsico y sus muchachos no me incendien el Conurbano”.

-“Ah, un placer… yo soy Prat Gay - dice Prat Gay - , me olvidé la billetera pero llamame la semana que viene y vamos viendo”.

Y así, de a poco, van entrando en confianza hasta que llega un día en que se van todos juntos de campamento a Chapadmalal y hacen la primera partuza ministerial.

Entre paréntesis y al respecto, pregunta: cuando el presidente, la vicepresidenta, el jefe de gabinete, los ministros y principales funcionarios de un gobierno se van todos juntos a meditar, quién se queda gobernando? No sé, lo dejo para que lo piensen.

Volviendo al punto, quiere decir que desde la asunción del mando hasta la partuza hay un período inicial de estupor, también conocido como “ur dió, mirá el bolonqui en el que nos metimos”, durante el cual las cosas suelen ser muy confusas y cuesta poner al gobierno en velocidad crucero y nivelado. De esto no se ha salvado ningún gobierno, por lo menos en los últimos 100 años.

Algunos atraviesan este período más rápido que otros. Unos se toman un añito, otros dos, y otros se quedan ahí trabados como le pasó a De la Rúa, que nunca pudo salir de la confusión inicial. Hasta el día de hoy.

Por ejemplo, todos recordamos la hiperinflación de 1989 en el final de Alfonsín pero pocos recuerdan que en el primer año de Menem hubo otra híper, con Erman González como ministro, que llevó la inflación al 2.314% anual en 1990, fuente INDEC AM (Antes de Moreno).

Al año siguiente, en 1991, el Compañero Menem bajó la inflación a un módico 84% anual, y a partir de 1992 la cosa se estabilizó y todo anduvo fenómeno, como así lo testifica el discurso que pronunció el entonces gobernador de Santa Cruz Néstor Carlos Kirchner junto a su excelentísima señora esposa cuando recibieron a Menem en Río Gallegos y lo definieron como “el mejor presidente para la Patagonia después de Perón”. Está en Youtube. Se los ve muy lindos, jóvenes, entusiastas. Preciosos. El hecho de que el acto, las sonrisas, los aplausos y los sandwichitos hayan sido obsequiados por esta simpática pareja cinco minutos después de que Menem indultara a Videla y a Massera, es un detalle que no debe enturbiar el análisis.

En otras palabras, Menem necesitó más de dos años para arrancar a gobernar como Dios manda y hacer todas esas cosas lindas que tanto elogiaron aquellos peronistas que luego se transformaron en kirchneristas para desembocar ahora en esto que todavía no sabemos muy bien qué es, pero que seguramente nos lo van a hacer saber a la brevedad.

Salteando a De La Rúa de quien ya hablamos, Ramón Puerta duró 3 días, entró el 20 de diciembre e hizo el check out el 23 a la mañana.

Adolfo Rodríguez Saá duró siete y Eduardo Camaño tres. Ninguno de ellos estaba para andar perdiendo tiempo con períodos iniciales de confusión y acomodamiento. No llegaron ni a ensuciar las toallas del despacho presidencial. Si me apuran un poco, me animaría a decir que Rodríguez Saá se secó las manos con la misma toallita que le dejó Ramón Puerta.

Es fácil imaginar la secuencia: “Disculpe Sr. Presidente Camaño” -dice el mozo de la Rosada- “quiere un cafecito?, acá tengo el que me pidió el ex Presidente Rodríguez Saá, que todavía está caliente” (el cafecito, obvio).

Lo mismo les pasó a los Kirchner. Arrancaron de una manera tan confusa que durante un tiempo todos nos comimos el amague de que eran buena gente, honestos y preparados.

Pero con el tiempo fueron ganando confianza hasta que se consolidaron como esta batucada de impostores que en diez años recibieron 560.000 millones de dólares más que en la década anterior y sin embargo dejaron 30% de pobres y un páramo de velas y linternas.

Que aquel noble impulso inicial de Lavagna, Ginés, Bielsa, Filmus haya terminado en esta simpática kermesse de Sabbatella, Moreno, D’Elía y Larroque es una prueba contundente de la profunda confusión que suelen tener los gobiernos cuando arrancan.

No me olvido de Duhalde. Lo que pasa es que su período de reacomodamiento fue demasiado breve: un día. Pasó el dólar de 1 a 3 y chau. El estupor quedó del lado de los ahorristas. Para ser honestos, el tipo hizo lo que pudo y la historia le tiene reservado un lugar especial.

Todo esto es para recordarle, amigo lector, que un gobierno nuevo o con poco rodaje, amerita cierta piedad inicial. Obviamente, a esta altura ya no es el caso. La piedad ha prescripto. Sólo queda la gauchada.

¿En qué estamos ahora con esta gente nueva? Muy simple: dejando atrás el período de estupor y acomodamiento, y entrando de lleno a gobernar. Se supone.

Aquí se plantea la pregunta del millón: ¿este gobierno de Macri es tan malo que no puede terminar de salir de la crisis o es tan bueno que pudieron pilotear el desastre que les dejaron y evitar una nueva implosión de la Argentina?

La respuesta bien podría ser aquella del General Perón, pero al revés: “No es que el gobierno sea bueno, sino que los que vinieron antes eran peores”.

Los pobres están contenidos por un sistema de planes sociales como nunca se vio. La clase media putea, pero se la banca porque le cabe la famosa frase de Perón sobre los gobiernos peores, y los ricos son los mismos amargos de siempre que dicen querer vivir en una República seria, pero no están dispuestos a poner un sope hasta que no estén dadas las condiciones. O sea nunca.

¿A qué apuesta Macri? A lo de siempre. Al fútbol. Sabe que en política, como en Boca, lo único que sirve es traer la Copa.

El país no tiene ni autopistas, ni energía, ni trenes, ni señal de celular, ni seguridad, ni hospitales dignos, ni nada. El 50% de La Matanza no tiene cloacas. Con arreglar una sola de estas se terminó la discusión. Esa es la Copa Libertadores de Cambiemos.

En fin, habrá que tener paciencia. Un par de semestres más y arranca el segundo semestre.

Mensaje para el Presidente: mantengan la calma, pero apurate macho.



sábado, 3 de diciembre de 2016

La futura "cumbre" entre Macri y Trump, por Carlos Pagni

La futura "cumbre" entre Macri y Trump

por Carlos Pagni
Carlos Pagni

Los desarrollos inmobiliarios se han convertido en un factor decisivo de la relación bilateral con los Estados Unidos. No sólo por la memoria de aquella frustrante incursión de los Macri en el West Side, hace más de 30 años. Tampoco por la mención que hizo Donald Trump , todavía poco acostumbrado a su nuevo rol, sobre las demoras de uno de sus emprendimientos porteños. El próximo nudo en el lazo Macri-Trump seguirá relacionado a los ladrillos.

El próximo 12 de enero, como ocurrió en los últimos años, Eric Trump visitaría Punta del Este para promover su lujosa torre, sobre la Brava.

La llegada del menor de los hijos del presidente electo impulsó gestiones para que se encuentre con el hijo de otro developer: Macri. Hablan de reunión. Decir "cumbre" sería irreverente. El contacto con Eric Trump lo cultiva José Torello. Íntimo amigo de Macri, hay quienes lo suman a la lista corta de los candidatos a reemplazar a Martín Lousteau como embajador en Washington. Para eso hay tiempo: es una sucesión que, se calcula, ocurrirá en marzo.


¡Señores, así no se despide a Fidel!, por Carlos M. Reymundo Roberts

¡Señores, así no se despide a Fidel!

por Carlos M. Reymundo Roberts
Carlos M. Reymundo Roberts

Como saben o se imaginan, no soy castrista, ni comunista, ni revolucionario. Pero una buena parte de América latina llevaba cinco décadas rendida a los pies de Fidel , y me parece que, si tanto lo amaba y veneraba, debería haberlo despedido de otra manera. Sospecho que él había soñado con unos funerales en los que estuviese, en cuanto a la región, más y mejor acompañado. No me refiero a las previsibles ausencias de Macri y de Michel Temer, dos ultraderechistas, neoliberales y progringos. El problema es que tampoco fue Bachelet, ocupada como está, en su segundo mandato, en tratar de que le funcione un sistema más socialista. Pobre: o no funciona ella o no funciona el sistema. Y un problema aun mayor es que el Triángulo de las Bermudas bolivariano -Maduro/Correa/Evo-, falla geológica en la que desaparecen las democracias, se presentó en la Plaza de la Revolución con sus dramas a cuestas. Como veremos, Correa y Evo están para atrás. No tan para atrás como Maduro, que aprovecha cada viaje para llenar la bodega del avión con un producto de máxima necesidad que en su Venezuela no se consigue: papel higiénico.

Cuando Maduro era joven, cuando todavía no había madurado, durante un año fue alumno en Cuba de la escuela de cuadros del Partido Comunista. Para él fue un año inolvidable, aunque se ve que no aprendió nada. Los buenos regímenes comunistas, como el de los Castro, persiguen a los opositores hasta hacerlos callar, exiliar, morir o desaparecer. En cambio, en Venezuela a Maduro la oposición lo persigue a él: le ganó el Congreso, le copó las calles y lo está tratando de destituir. Cuando llegó a La Habana para participar de las exequias, Raúl Castro le preguntó cómo estaba evolucionando la crisis. "Mal -se sinceró-. Como sabes, no tenemos comida ni remedios, faltan insumos básicos, tuvimos que recurrir a cortes de luz cada vez más amplios, el Estado está quebrado, aumenta la deuda, la inflación es astronómica, millones de personas viven en la pobreza y, lo peor, el pajarito de Chávez ya no me habla. Pero no vine a despedir al Comandante con malas noticias. No hemos perdido la dignidad y todavía nos queda el discurso." A Raúl le supo a poco.

Aunque muy lejos de esa catástrofe, tampoco son buenos tiempos para Correa. La prosperidad y las altas tasas de crecimiento que tuvo Ecuador durante años estaban atadas al precio del petróleo, que representa el 50% de sus exportaciones. Con el crudo a 120 dólares el barril, hasta yo me animo a abrazar el populismo. Desde que se derrumbó a 40 o 45 dólares, las cuentas no cierran. El PBI lleva dos años sin crecer -en realidad, achicándose-, y el FMI ha pronosticado que no volverá a repuntar hasta 2020. Correa le contestó que son "astrólogos, no economistas". Muy gracioso. En cambio, se puso serio cuando el Indec ecuatoriano informó que en el último año se perdieron 340.000 empleos formales, una pésima señal. Amonestó a los técnicos y les dijo que estaban midiendo mal. En cualquier momento convoca a Guillermo Moreno. Del modelo kirchnerista/bolivariano ya ha seguido otras cuatro recetas: déficit creciente, endeudamiento a tasas altísimas (Ecuador coloca hoy sus bonos al 11%; sus vecinos Perú y Colombia, al 3%), persecución a la oposición y a la prensa, y grandes escándalos de corrupción que involucran a funcionarios muy cercanos al presidente. Uno de ellos había escondido 300.000 dólares no declarados en el cielo raso de su casa. Insólito, habiendo tantos conventos. Antes de que muriera Fidel, Correa le tributó un postrer homenaje. En febrero habrá elecciones y el candidato del oficialismo se llama Lenin Moreno.

También Evo Morales llegó a Cuba tristón y contrariado, no sólo por la muerte del viejo líder. Es otra víctima del derrumbe del crudo, que arrastró al gas, principal producto de exportación del país (más del 50%). Con ingresos que cayeron 3000 millones de dólares, le está costando una enormidad sostener su revolución indigenista. En los tiempos de bonanza pagó doble aguinaldo. Este año se disculpó: dijo que la plata no le alcanza. Un ajuste, qué cosa fea. Evo alterna sinsabores económicos y políticos. Su popularidad está en baja, también acosado por casos de corrupción que lo tienen como principal protagonista. Y en febrero perdió el referéndum que le abría las puertas a una nueva reelección, en 2019. Pero Evo es Evo, y también es Kirchner, Chávez, Maduro y Correa: atribuyó ese traspié a una "conspiración de los medios", a los que llama "el cartel de la mentira". Diarios que mienten. La acusación me suena, y no sé de dónde. Lo cierto es que con ese argumento está intentando que la justicia le permita hacer un nuevo referéndum. Mientras, la oposición trata de sobrevivir. Sus principales candidatos sufren un acoso judicial jamás visto: cada uno de ellos acumula entre 20 y 30 juicios promovidos por el gobierno. 

"Hasta la victoria, siempre -proclamó Evo en La Habana-. Siempre que no haya opositores."

Se sabe que Cristina no pudo ser de la partida. El malo de Bonadio la entretuvo en Buenos Aires. Sí fue a dejar sus condolencias a la embajada cubana, donde declaró que con Fidel se había ido "el último líder moderno". En la embajada estaban felices, y también sorprendidos: lo de "moderno" francamente no lo esperaban. 

"Nunca le hubiésemos pedido tanto", dijeron.


Fidel Revolution, by GAP, por Jorge Lanata

Fidel Revolution, by GAP

por Jorge Lanata






No hay remeras de Fidel. Sí las hay del Che, y quizá tenga que ver con aquello de morirse a tiempo.

El Che fue un militar desastroso y peor estratega. Llegó a Bolivia en el peor momento climático del año. En aquel país ya habían intentado una reforma agraria y fue denunciado por aquellos campesinos que se disponía a liberar. Pero el poder no llegó a mancharlo.

Fidel, en cambio, es una sombra inaccesible, un titiritero atento a los mínimos detalles. Un niño-viejo en un cuarto lleno de juguetes mortales.

Estuve cinco o seis veces en La Habana, pero sólo pude ver a Fidel la primera: fue en un congreso sobre Juventud y Deuda Externa, en los ochenta.

Mido 1,84 y Fidel era bastante más alto que yo. Como Julio, Cortázar, “tenía los ojos separados como los de un novillo” y su figura de basquetbolista jubilado sobresalía en el Palacio de la Revolución junto a la de García Márquez: cada uno reunía, a su alrededor, grupitos de acólitos que iban siguiéndolos a todos lados.

Esa noche aprendí que no todas las casas de La Habana estaban en estado de terremoto: había también “casas de protocolo”, chalets confortables con aire acondicionado para algunos visitantes y funcionarios del Partido. Esa noche, en el Palacio de la Revolución, probé los langostinos más grandes que comí en mi vida.

Creo que fue en aquel viaje o en uno posterior cuando, en la terraza del hotel Habana Libre (ex Hilton) mientras sonaba una orquesta con músicos vestidos de blanco, escuché a una chica haciendo la mejor crítica política al sistema de la isla: me decía que quería cursar un posgrado en medicina en el exterior pero que no la dejaban salir. Ella no quería irse, quería salir y volver. Pero era en vano.

–Parece que no nos tuvieran confianza, dijo.

La Cuba oficial y la paralela se me aparecieron a la vez: en la Plaza, frente al hotel, chicos de veinte años cambiaban dólar paralelo (la diferencia de cotización de aquellos años era sideral, uno a cuarenta o más), vi por primera vez las “diplotiendas” –que en Rusia se llamaban “berioshkas”–, en las que solo los turistas podían comprar todo lo que le estaba vedado a los locales; vi chicas prostituyéndose por un shampoo o un jean que podían vender luego a cincuenta dólares en un país donde 24 es el salario promedio. Conocí también la “diplotienda” más grande de La Habana, mucho más grande que las demás, y allí casi no había turistas, todos eran funcionarios del Partido.

Volví otras veces: fui jurado del Festival de Cine y del premio de Periodismo de Prensa Latina. Me molestaba aquello de los CDR, la vigilancia política en cada manzana, o los niños pioneros con su pañuelito rojo al cuello gritando “Seremos como el Che”, las librerías eran muy limitadas y muy militantes, sólo algunos pocos autores extranjeros en ediciones truchas (los cubanos no pagan derechos de autor) y los libros eran muy baratos. La persecución a escritores –Virgilio Piñera, Guillermo Cabrera Infate, Heberto Padila, Jose Lezama Lima, Reinaldo Arenas– o la vigilancia constante del G2 (así se llama el servicio de inteligencia cubano. Les decíamos “gerardos”) se diluía con el argumento de siempre: hay medicina y educación, como si una cosa justificara la otra, o fuera necesario no poder salir para ser justos.

Es curioso todo lo que uno está dispuesto a aceptar cuando quiere convencerse de algo: la fe es torpe y generosa. Leí entre aquellos viajes, de un tirón, “Antes que anochezca”. El testamento de Reinaldo Arenas es un libro urgente, bello y triste que no puede leerse de otro modo. Arenas, homosexual, se mató en Nueva York, enfermo de SIDA, a los 47 años. “La Revolución no necesita peluqueros”, sentenció Fidel.

En su “Elogio a Fidel Castro” Arenas escribe: “A lo largo de más de treinta y un año de poder absoluto ha sido siempre fiel a sí mismo, gobernando con tan maquiavélica habilidad que hoy por hoy es uno de los únicos herederos de Stalin que se mantiene en el trono”.

Arenas escribió estas líneas en 1990. Fidel completó 49 años en el poder.

“Castro pone en práctica purgas políticas y retractaciones públicas. Ejemplos: el juicio público de Marcos Rodríguez, fusilado en 1964; el juicio del general Arnaldo Ochoa, fusilado en 1989 o la confesión de Heberto Padilla donde delataba además de a sus amigos más íntimos y a su esposa, en 1971”.

Hoy los organismos de derechos humanos argentinos olvidan datos elementales: en la web Desclasificación de la Cancillería se publican 70 oficios de la embajada en La Habana que prueban las relaciones entre Fidel y Videla.

La mayoría están firmados por el embajador argentino Raúl Medina Muñoz y se refieren al apoyo de Videla a Fidel en la ONU para que Cuba ingrese al Concejo Ejecutivo de la OMS; a cambio La Habana apoyó a Argentina para que fuese reelecta en el Consejo Económico y Social.

Los representantes cubanos en el Comité de Derechos Humanos de la ONU jamás denunciaron a la dictadura argentina y los argentinos tampoco lo hicieron contra Cuba.

En la cumbre de la ignorancia, Estela Carlotto declaró: “Fidel reivindicaba nuestra lucha, ofrecía su ayuda, sobre todo para difundir nuestro trabajo, consustanciado en la defensa de nuestro derecho a seguir pidiendo justicia, encontrar a nuestros nietos, cultivar la memoria. Su recuerdo, su historia y su presencia será permanente. Estará junto al Che, junto a Chávez y desde algún lugarcito seguirá mirando nuestras patrias y empujándolas al sueño de la patria grande”.

¿La Historia lo absolverá? Si es así la industria textil tomará nota y ya saldrá el modelo de GAP: “Fidel Revolution”.

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