sábado, 17 de septiembre de 2016

Lo que nadie contó del mini-Davos, por Carlos M. Reymundo Roberts

Lo que nadie contó del mini-Davos

por Carlos M. Reymundo Roberts
Carlos M. Reymundo Roberts

El mini-Davos de esta semana en Buenos Aires fue una fiesta extraordinaria. A ver: 2500 inversores, 500 CEO -una suerte de reunión de gabinete ampliada-, algunas de las principales multinacionales del mundo, 67 países, clima de negocios, el Gobierno en pleno a disposición de los visitantes y consenso sobre las increíbles oportunidades que se abren a partir de los cambios políticos y económicos que está viviendo la Argentina. En fin, todo bien. Todo bien hasta que, en uno de los animados corrillos del CCK, habló un sciolista (todavía queda alguno) resentido: "Es más fácil traer inversores que inversiones".

Nada sorprendente: siempre hay una mano traviesa que le mete sal al dulce de leche. Lo mismo el ministro Lombardi. Aunque elogió las bondades del magnífico CCK, cuyo reciclado costó dos mangos y no se pagó una sola coima (según alguien tan creíble como De Vido), andaba contando por los pasillos que había tenido que echar agua bendita para expulsar los demonios.

Pude conversar con muchos de nuestros ilustres visitantes y no salían de su asombro. ¿Por el nuevo rumbo institucional, por los esfuerzos de Macri para reinsertar al país, por el clima democrático que dejó atrás 12 años de discurso único? Bueno, no tanto. Eso ya lo sabían. También sabían que en Ezeiza el Gobierno los esperaba con alfombra roja y trámite migratorio exprés. Antes los recibía Timerman con un alicate y Moreno con gases lacrimógenos. Hay que pensar que los CEO globales sólo piensan en términos de rentabilidad. Miradas desde su óptica, algunas cosas no terminan de cerrar. Por ejemplo, la detención del "Caballo" Suárez, el gremialista amado por Cristina, supone para los que exportan a la Argentina un cambio brusco en las reglas de juego: ellos sabían que pagándole un peaje de 50.000 dólares a las patotas del Caballo tenían garantizada la entrada y salida de los barcos. Qué va a pasar ahora -se preguntan- con la operatoria en el puerto y con este señor que no deja de ser un colega: es dueño de 16 empresas. Además, el llamativo silencio de la CGT, del PJ y del Frente Comodoro Py (ex Frente para la Victoria y ex Contrafrente para la Resistencia) sobre la detención del Caballo alimentó las sospechas: si tres espacios tan identificados con la transparencia no aplaudieron que alguien salido de sus filas fuera a parar a la cárcel es porque no les debe parecer mal eso de cobrar peajes en el río.

También la inhibición de los bienes de Cristina Kirchner dispuesta esta semana por Ercolini fue vista con inquietud por los ejecutivos: quieren saber cómo va a repercutir en el mercado el congelamiento de semejante volumen de dinero. ¿Caerá el consumo? ¿Habrá iliquidez? ¿Cerrarán bancos? ¿Entrará en crisis la industria hotelera de la Patagonia? La gran duda es ésta: qué seguridad jurídica tienen en una Argentina donde la Corte fija las tarifas de la luz y el gas y donde un juez paraliza una de las mayores fortunas del país.

La venta forzada de las acciones que tenía Aranguren en Shell fue interpretada por los asistentes al foro en el mismo sentido: una persecución al inversor. Gracias a que no tuvieron tantos escrúpulos con el conflicto de intereses, los Kirchner lograron convertir a su socio y amigo Lázaro Báez, un humilde empleado bancario, en el más próspero empresario de la construcción del país. En el CCK se comentó mucho el caso de Aranguren, pero porque lo meneaba el macrismo, orgulloso de que un ministro, para dar el ejemplo, siguiera la sugerencia que le había hecho la Oficina Anticorrupción. Algunos funcionarios del gobierno anterior quizá hubiesen hecho algo parecido, pero cuando les hablaban de una oficina que combatía la corrupción creían que era una broma.

¿Qué opina el kirchnerismo de los bombos y platillos con que anunció Macri la decisión del ministro de Energía? En La Cámpora están indignados: "El rey del tarifazo se desprendió de 16 millones de pesos en acciones de una multinacional y lo presentan como la gran noticia. El pobre José López de desprendió de 9 millones de dólares en un convento y lo metieron en cana".

A propósito, otra cuestión que apareció recurrentemente en el CCK es la situación de los bancos en la Argentina. Los visitantes internacionales creen que si el país tuviese un sistema financiero confiable, los grandes inversores locales no optarían por dejar sus depósitos en cuevas, pozos, bóvedas, conventos y, según nos enteramos el miércoles con el allanamiento a la casa de un ex funcionario de Scioli, en la estatua de un dragón. Una explicación posible es que, como se vio en el monasterio de General Rodríguez, estas cajas de seguridad del circuito financiero informal tienen un horario de atención más amplio que el de los bancos.

De todos modos, no es aventurado decir que las estrellas de los negocios que vinieron al mini-Davos se llevaron una gran imagen del país, que reordena su economía y muestras síntomas de crecimiento. Muchos CEO se quedaron con ganas de escuchar a Massa, el dirigente opositor de mayor proyección. Pero, ¿qué tenía que hacer en un foro de inversores globales alguien que propone cerrar las importaciones? Por eso el Gobierno no lo invitó. En mi opinión, un error. Las rarezas forman parte de nuestro paisaje y no hay que esconderlas. Yo incluso hubiese organizado un tour a la pancita del ya célebre dragón.

Los Eskenazi y el retorno de los buitres, por Carlos Pagni

Los Eskenazi y el retorno de los buitres

por Carlos Pagni
Carlos Pagni

La UIF denunció que Cristina Kirchner y su esposo cobraron por sus ahorros tasas de hasta el 47%. Se las pagaba la familia Eskenazi, dueña del Banco de Santa Cruz. El matrimonio agradeció con creces. En 2007 Néstor Kirchner forzó a Repsol a ceder a Enrique Eskenazi 25% de YPF. A cambio Repsol recibiría los dividendos que Eskenazi cobraría en YPF. Esta deliciosa maniobra, desconocida en la historia del capitalismo, le valió a Eskenazi el título de "experto en mercados regulados".

Murió Kirchner y cambió todo. La viuda creyó que el 25% de YPF le pertenecía. Por eso rompió con los Eskenazi y estatizó las acciones de Repsol. Las de Eskenazi quedaron para los acreedores. Quizá Cristina Kirchner, enojada y todo, les haya hecho otro regalo incalculable: como estatizó de mala manera, los Eskenazi iniciaron un reclamo judicial en los Estados Unidos a través del fondo Burford Capital, que pretende cobrar más de U$S 3000 millones. Exponentes de un tipo de empresario que sólo hace negocios sin plata, los Eskenazi reintrodujeron en el país una especie que se creía extinguida: los buitres.

¿Por qué Rosario sangra?, por Jorge Lanata

¿Por qué Rosario sangra?

por Jorge Lanata


“Dejen de inventar, se sigue denostando a Rosario y Santa Fe”. “Se nos acusa de muchas cosas a los santafesinos, en particular a los rosarinos”.
La reacción del ex gobernador Antonio Bonfatti a la última edición de Periodismo para Todos no fue muy distinta a la del kirchnerismo cuando estaba en el poder: el programa no habló de “Rosario y Santa Fe”, ni de “los rosarinos”, sino de personas y gestiones puntuales.
Los políticos no son el Estado que administran. Bonfatti no es Rosario o Santa Fe, y tampoco es “los rosarinos”. Transformar las denuncias en una discusión nacionalista no es nuevo: ya la dictadura hablaba de la campaña anti Argentina, o Cristina se veía a si misma como representación de la Nación o el Pueblo.
Quien ataca a Rosario y Santa Fe es el narcotráfico o las políticas ineficientes del gobierno local, no el periodismo que lo cuenta.
La instalación del narcotráfico en la provincia de Santa Fe cuenta con un elemento adicional: sucede durante las distintas reelecciones del socialismo y es ahí donde el estereotipo hace corto circuito: ¿cómo los socialistas con los narcos? Es imposible.
Habría que observar que el narcotráfico no ha distinguido nunca entre derecha e izquierda a la hora de hacer negocios (los ejemplos de la FARC en Colombia y el propio gobierno en Cuba sobran) y convenir, a la vez, que es imposible la venta de drogas sin una complicidad vertical de todas las autoridades (las fuerzas de seguridad, los políticos, los organismos de control).
Nadie está planteando esta historia como fruto de una complicidad global: el narcotráfico no se instaló con ayuda del socialismo sino, probablemente, de algunos dirigentes partidarios de mayor y menor entidad, con gran parte de la policía y con la indolencia o complicidad de parte del sistema judicial.
En su descargo Bonfatti afirmó que entrevistamos a su abogado y que luego la nota fue censurada: es mentira. Luciana Geuna mantuvo con Héctor Superti una conversación telefónica en off pedido por él, el domingo pasado a la mañana. Nunca se grabó ninguna entrevista.
Bonfatti miente en este punto, lo que me permite preguntarme si lo hará también en otros.
Lo que queda en esta historia son un montón de preguntas sin respuestas. Habiendo sufrido uno de los atentados más importantes durante la democracia, Bonfatti retiró, un mes antes de dejar la gobernación, la querella contra Pimpi Sandoval, el acusado de disparar contra su casa, nunca fue personalmente a declarar sino que lo hizo por escrito y nunca respondió pregunta alguna. Un mes más tarde Sandoval aceptó su culpabilidad durante un juicio abreviado y quedó libre.
El denominado Caso Medina es, también, un enjambre de preguntas: hace tres años que ni avanza ni cierra una causa en la justicia federal por los vínculos políticos de Medina con el gobierno de Bonfatti. Luis Medina, alias El Gringo, para la PSA “El Hombre Marlboro”, para la policía de Santa Fe “El señor de los anillos”, cayó preso en 1999 a los 28 años como miembro de una banda narco, acusado de tráfico y falsificación de monedas. Cayó luego preso varias veces pero nada evitó que las autoridades locales le habilitaran en Rosario la disco Esperanto. Medina y su novia terminaron acribillados a balazos. El celular de su novia desapareció durante el procedimiento; el suegro de Medina fue asesinado en un carrito de comidas días antes de declarar como testigo, y al cadáver le cortaron una oreja. El policía que estuvo a cargo del operativo la noche de la muerte de Medina fue asesinado en un asalto dudoso; una casa en Pilar donde vivía Medina fue allanada en circunstancias confusas. La causa estuvo un día y medio sin juez a cargo, ya que la jueza de turno no respondía los llamados y alegó luego tener el celular apagado. Cuando finalmente asumió la jueza Alejandra Rodenas se enteró que los objetos personales de Medina estaban en una división informática del Poder Ejecutivo. A medianoche del asesinato -luego de que la policía allanara la habitación de Medina en el Citycenter, precintara una netbook y la llevara a la Jefatura- aparecieron en el lugar Javier Echaniz y Martin Degrati, Secretario y Sub de Tecnologías para la Gestión de la provincia de Santa Fe y, afirmando tener una orden judicial que nunca fue librada -ellos dirían más tarde que era oral, algo que en Tribunales desmienten- se llevaron la computadora. Echaniz -que en 2015 fue despedido por contar mal los votos del escrutinio de las PASO provinciales- es hoy mano derecha de Bonfatti en la Cámara de Diputados y Degrati fue ascendido a Secretario. Nunca pudo peritarse si la computadora fue comprometida.
-Un día vino mi hijo a mi casa y me dijo: “Mamá vos sabes que si yo pongo plata con tres o cuatro amigos ayudamos a un político que quiere ser gobernador”, declaró la madre de Medina ante la Comisión Investigadora de la Cámara de Diputados provincial.
-La noche de inauguración de Esperanto estaba toda la crema narcosocialista -agregó.
Alcanza para preguntarnos porqué Rosario sangra.

domingo, 11 de septiembre de 2016

Cambiemos, ante su máximo desafío: la mafia, por Jorge Fernández Díaz

Cambiemos, ante su máximo desafío: la mafia

por Jorge Fernández Díaz
Jorge Fernández Díaz

En algunos templos católicos y evangélicos hay cadenas de oración por su vida, y cientos de mujeres humildes le piden al paso que se cuide, la besan y le estrechan la mano: "Cuando la abro, muchas veces encuentro un rosario", dice ella, reconfortada e inquieta. Durante la campaña electoral, esas mismas mujeres le explicaban que estaban muy agradecidas por los planes sociales del kirchnerismo, pero también que aquel insumo les resultaba insuficiente, sobre todo si luego a sus hijos los asesinaban en las calles, caían en la droga o ingresaban en el narco. Ese inconformismo dramático y popular, tan difícil de entender desde los razonamientos pequeñoburgueses de Palermo Progre, cambió precisamente la historia: empujó el triunfo de Vidal, derrumbó la corporación peronista y le prestó el sillón de Rivadavia a Mauricio Macri. La secuencia demuestra algo que tal vez la co- alición gobernante no ha internalizado: fue votada principalmente para combatir a las mafias. El macrismo y sus socios radicales tienen especialistas de altísimo nivel en macroeconomía, pero carecen de la misma cantidad y calidad de expertos en materia de seguridad y en lucha contra el crimen organizado. Podemos intuir que, por imposición de la realidad internacional y por algunas impericias propias, la recuperación tardará y desdichadamente no será explosiva. Es muy probable que el macrismo sea juzgado entonces por un tema de agenda para el que no se ha preparado muy bien y que sólo ha encarnado plenamente la dama en peligro por la que rezan los pobres en las parroquias del conurbano.

La gran pregunta es: ¿de qué hablamos cuando hablamos de mafia? Y la respuesta todavía produce escozor y una cierta incredulidad: en los últimos treinta años, la Argentina fue consolidando progresiva y silenciosamente una cultura mafiosa y violenta, cruzada por el tráfico, la coima y el delito amparado; un fenómeno de mil cabezas unificado por el Estado, ese preciado botín, ese gran articulador de bandas internas y externas. La caricatura reduce la mafia a los distribuidores de drogas peligrosas; la inseguridad, a la pobreza extrema, y la corrupción, a los cristinistas encausados. Pero se trata de un régimen mucho más complejo. Hay un vínculo directo entre mafia, corrupción, inseguridad y déficit fiscal. "La mafia es mafia por sus relaciones con los políticos", aporta el sociólogo e historiador italiano Francesco Forgione, que conoce nuestro país porque somos uno de los principales exportadores de cocaína del mundo, y el presidente Macri acaba de revelar que Abad y Gómez Centurión descubrieron una sobrefacturación de 14.000 millones dólares. Por supuesto que no es lo mismo un narcopolicía que un funcionario coimero, pero se trata de dos criaturas de la misma cadena alimentaria: ambas fabrican dinero ilícito, lavan en las mismas cuevas y utilizan el refugio estatal para uso privado, algo que fue tolerado y protegido por el otrora gran partido de poder. Arriba cunde entonces la cleptocracia, y abajo hay gente haciéndose su agosto o mirando para otro lado. Son un ejército de ocupación con miles y miles de generales, sargentos y reclutas. Y el Estado como organización está infestado por esa milicia orgánica: la nueva administración tendría que hacer tantas denuncias judiciales que esa tarea le consumiría toda la energía y el tiempo; no habría horas para gobernar ni para dormir. Existen personas probas y eficientes en la función pública, pero llama la atención la cantidad impresionante de ventanillas armadas para el robo, oficinas dedicadas al financiamiento partidario, entramados históricos y bien aceitados, y múltiples redes de venalidad en las que participan jueces, fiscales, espías, policías, sindicatos, laboratorios. Y empresarios eminentes, algunos incluso que se rasgan las vestiduras pidiendo "reglas de juego claras" y después sobornan burócratas sin el menor escrúpulo. Báez y Jaime sólo son la punta del iceberg, un pedacito de hielo con una montaña oscura y abismal que acecha bajo la superficie. "El Estado estaba loteado -admitió Macri el lunes-. Vialidad, por ejemplo, se transformó en un ámbito dominado por una mafia."

Los nuevos habitantes de la gestión pública se sienten de algún modo usurpadores: la fuerza política que prohijó esta catástrofe pudo gobernar en parte gracias a su capacidad para pactar, administrar y a veces servirse de las prácticas mafiosas. Los comisarios corruptos de la bonaerense esperan todavía que Vidal se rinda y pida una tregua, como hicieron tantos antecesores, y que les devuelva la autonomía de los negociados a cambio de una paz ficticia. Tantas veces escucharon la siguiente frase: "Hacé lo que quieras, pero no me pidas plata y no me incendies el distrito". Muchos de esos comisarios a lo largo de su carrera han visto hocicar a los machos alfa, y decenas de cabecillas del paco van presos (se duplicó el decomiso), pero de inmediato son reemplazados por otros jefes: la distribución no se cortó y, por lo tanto, el comercio sigue produciendo una renta extraordinaria. "No lucho contra un grupo de personas, sino contra un sistema", dice la dama de los rosarios, que no sólo combate a la policía corrompida y a sus socios narcos, sino también a los carteles de la obra pública y de los proveedores truchos, a las mafias penitenciarias y a otros rebusques millonarios: el "rey del juego clandestino" fue allanado la semana pasada en Morón por un grupo de élite; le encontraron 15 sobres con más de 770.000 dólares, confesó que eran para la policía y se quejó porque "el poder político anterior nos dejaba actuar" (sic).

La gran duda que asalta a Vidal en la alta noche es si la sociedad tendrá la paciencia necesaria para una mutación de largo aliento. Porque si prima la tentación cortoplacista, volverá a tomar las riendas la Asociación Parches y Purgas, y habrá de nuevo improvisación constante y la falsa creencia de que más cámaras y patrulleros solucionarán este problemita, y entonces continuarán subterráneamente los usos y costumbres que hacen posible la extorsión, el miedo, la adicción y la muerte. La gobernadora admite que cuenta con algo a favor: los intendentes del nuevo peronismo ("renovado" y renovador) han depuesto, en esta materia inflamable, sus tensiones y discrepancias, y la están acompañando en su guerra personal.

La conflictiva provincia de Buenos Aires no está aislada; situaciones endémicas y similares perviven en muchos otros conurbanos del país. Por eso el gobierno nacional debería liderar de algún modo esta perestroika, que aún no ha comenzado. Los servicios de inteligencia siguen produciendo todos los días acontecimientos turbios y sospechosos, perviven en la Justicia bolsones de deshonestidad y connivencia, y más allá de algunos planes no aparece todavía un programa integral. El sugestivo desplazamiento de Gómez Centurión en medio de una maniobra opaca, y el inexplicable bochorno de los 250 kilos de pseudoefedrina "encontrados" en Ezeiza sugieren que el Ministerio de Seguridad, la AFI y la Aduana no sólo no actúan en línea, sino que participan en presuntas internas de una gravedad inusitada. Esos tres organismos son cruciales para la batalla contra los gangsters de camisa y corbata, y este escándalo conspira, por lo tanto, contra la imagen de Cambiemos, algunos de cuyos gerentes tienen más vocación para los números que para la limpieza. Les convendría recordar aquella vieja sentencia de Joan Báez: "Si no peleas para acabar con la corrupción y la podredumbre, acabarás formando parte de ella".

Macri y Massa, en medio de un debate crucial, por Joaquín Morales Solá

Macri y Massa, en medio de un debate crucial

por Joaquín Morales Solá
Joaquín Morales Solá

Sergio Massa le ha hecho un favor a la política argentina. Su promesa inicial de "prohibir las importaciones", atenuada luego en la redacción de un proyecto de ley, permite abrir un debate crucial que el país se debía. La Argentina es la nación con la economía más protegida del hemisferio occidental. ¿Debe seguir siéndolo? Primero hay que formular otras preguntas: ¿existe ahora, acaso, un masivo desembarco de importaciones comparable a lo que sucedió en los años 90, tal como lo describe Massa? ¿Cómo conciliar un país con una dirigencia mayoritariamente aislacionista y el proyecto unánime de hacer un "país exportador"? ¿En qué medida el aislacionismo económico afecta a la sociedad en general y a los trabajadores en particular?

Es cierto que hay en el mundo corrientes sociales que repudian el aperturismo y la globalización. Sobre esas mareas llegaron a la cima de la política, por ejemplo, Donald Trump y los partidos xenófobos de Europa.

La diferencia con la Argentina es que esos dirigentes extranjeros pertenecen a países con economías muy abiertas y que también ellos expresan el antisistema político. Aquí, donde el proteccionismo ya existe, es gran parte del propio sistema el que se refugia en el aislacionismo. Una realidad comprobable es que los resultados del aperturismo y la globalización son excelentes en muchos aspectos de la vida económica, pero producen, al mismo tiempo, insatisfacción en algunos sectores sociales.

Massa es un exponente destacado del sistema argentino, como Mauricio Macri representa, de alguna manera, el antisistema. Tanto el peronismo como el radicalismo han sido históricamente partidos proteccionistas, con la excepción de los años menemistas que los peronistas aceptaron sólo por su rating electoral. En esa corriente se inscriben también muchos empresarios (salvo los competitivos) y casi todos los sindicatos. Partidos históricos, empresarios y sindicatos son, en cualquier lado, la personificación del sistema. El Presidente debe nadar, incluso, contra su propia biografía, porque su padre fue una expresión cabal del empresariado proteccionista.

Una característica del debate es su antigüedad intelectual. El proteccionismo o la apertura se discutían con argumentos racionales hace cincuenta años. La globalización, el monumental progreso en las tecnologías de la comunicación y las experiencias mundiales en materia de integración convierten en rancio aquel viejo debate. Massa señaló que su prioridad es el consumo de la sociedad. No se trata de una novedad; es el proyecto de cualquier político. La pregunta que no respondió es qué clase de consumo quiere. Puede ser un consumo subsidiado e inconsistente en el tiempo (que es el que propuso siempre el populismo latinoamericano) o puede ser el consumo al estilo de las economías más avanzadas del mundo, que se respalda en la producción de bienes y en la capacidad exportadora. Este último modelo requiere de cierta apertura. No existe un estándar de comercio internacional para alguien que se propone vender y se niega rotundamente a comprar.

¿Está la economía argentina en condiciones de abrirse a la competencia con el mundo? No. El propio Macri suele decir que el país no puede, hoy por hoy, competir ni siquiera con Brasil. El ministro Alfonso Prat-Gay les aconsejó a los empresarios que hicieran "dieta y gimnasia" durante cuatro años, porque después tendrán que competir. Macri, entre tanto, apura el tratado de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea, y dio los primeros pasos para la futura integración del país con la Alianza del Pacífico (Chile, Colombia, México y Perú). Competir no significa, desde ya, la apertura indiscriminada de la economía. Todos los países tienen algún filtro en su sistema aduanero, y aun los más aperturistas protegen ciertos sectores de su industria. Pero administrar el comercio exterior es una cosa y cerrarlo es otra.

La economía argentina tiene un enorme problema de precios relativos (es también uno de los países más caros del hemisferio occidental), sobrelleva un monumental déficit en sus cuentas públicas, padece muy altos índices inflacionarios y, encima, muchos empresarios están acostumbrados a aumentar los precios por las dudas. La economía cerrada permite esos desvaríos de los precios en tanto la presión sindical esté satisfecha con importantes aumentos salariales. El resultado es una economía chica, protegida e inflacionaria. Todos contentos, mientras el 30 por ciento de los argentinos se hunde bajo la línea de la pobreza. En rigor, gran parte del sistema se sentía más cómodo con el modelo de los Kirchner que con cualquier otro.

Massa, otros políticos peronistas y muchos empresarios clamaron al cielo en días recientes por la "ola importadora" que destruiría la industria y el trabajo. Primero: ¿qué hay de verdad en todo eso? Poco. Entre enero y julio de este año las importaciones cayeron un 11,8 por ciento. En julio, la caída de las importaciones fue del 17% con respecto a julio de 2015. El gobierno de Cristina dejó 100.000 expedientes sin resolver con autorizaciones para importaciones (DJAI), que incluían insumos básicos para la industria. La Organización Mundial del Comercio fijó el 31 de diciembre pasado como plazo para que dejaran de existir esas trabas aduaneras. El gobierno de Macri debió aprobar a las apuradas aquellas autorizaciones morosas para no frenar la industria por falta de insumos. A pesar de aquellas caídas en las importaciones, éstas tuvieron hasta junio un peso mayor por la influencia de las autorizaciones que hubo en diciembre.

Massa se limitó a pedir en su proyecto una autorización especial para cinco productos: motos, bicicletas, caucho, juguetes y zapatos. "Una cuestión aduanera", la redujo el ministro de la Producción, Francisco Cabrera, quien calificó al dirigente renovador de "irresponsable". El tan mentado sector textil tendrá este año importaciones de menos del 6% sobre el consumo total. El último año de cierta normalidad, 2012 (después, la falta de divisas cerró a cal y canto las puertas de la Aduana legal), las importaciones de textiles fueron del 6,8%. En quesos, aceites, carne de vaca, dulce de leche, manzanas, peras y pollos, las importaciones serán en 2016 de menos del 1% sobre el total del consumo. El único salto en el porcentaje es de la zanahoria (10,50% del consumo), porque la producción local fue muy afectada por las lluvias.

Las licencias no automáticas vigentes en el gobierno de Macri (significan una revisión detallada y precisa de las importaciones) comprenden el 85% de las importaciones de juguetes; el 64% de motos; el 94% de calzado; el 57% de línea blanca; el 62% de maquinaria agrícola, y el 90% de artículos de vestir. Es verdad que hay, además, una sensibilidad especial con las importaciones por la recesión de la economía. A la caída del consumo (comenzó a remontar en agosto, según el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, y el economista Miguel Bein, antiguo asesor de Scioli) se sumaron nuevos, aunque pocos, oferentes. La piel del sistema se erizó.

La sensibilidad aparece con cualquier dato nuevo del extranjero, ya sea por la compra "puerta a puerta" en el exterior o por la adquisición de 120 kilos de dulce de leche chileno para un mercado argentino de 48 millones de kilos. Algunos pidieron el cierre inmediato de las importaciones de dulce de leche. Los argentinos deberían preocuparse por el dulce de leche chileno, pero por otras razones. Chile logró colocar en el mundo 3000 toneladas de dulce de leche en el primer semestre de 2015. La Argentina vendió sólo 2000 toneladas con una mayor capacidad de producción.

El único problema serio que existe aquí y en el mundo tiene nombre y apellido: China. No es una economía de libre mercado; las condiciones de trabajo en China son más que pésimas; no existen protocolos para el cuidado del medio ambiente, y hay créditos y subsidios del Estado para las exportaciones. La competencia es desigual para cualquier actor mundial. América y Europa podrían ser, en cambio, oportunidades para la Argentina cuando esté en condiciones de competir.

Cerrarse al mundo significa correr el riego de represalias internacionales que destruirían el trabajo argentino y la propia industria nacional. Pero la solución no es sencilla, porque es mucho más que un problema político: es un conflicto cultural. Hay un sistema político, económico y social convencido de que le están pisoteando un paraíso que nunca existió.

Mientras tanto, en algún lugar del peronismo…, por Alejandro Borensztein

Mientras tanto, 

en algún lugar del peronismo…

por Alejandro Borensztein








De nada nos sirve seguir añorando aquel feliz malentendido llamado “década ganada”. El 50% de los hogares argentinos gana menos de 11.500 pesos.

Mientras De Vido trata de demostrar que no tuvo nada que ver con el choreo en la obra pública ni con la destrucción energética, la Vía Láctea sigue expandiéndose en el Cosmos como si nada.
Mientras Aníbal Fernández sigue discutiendo con cada narcotraficante que agarran y nos quiere convencer de que no sabe como fue que los carteles de la droga se instalaron en el país, el sistema solar sigue moviéndose cómodamente a través la galaxia.
Mientras Ex Ella nos explica que no tuvo nada que ver con esas cosas y muchísimo menos con el accidente doméstico que sufrió el fiscal Nisman en el baño, el planeta Tierra sigue girando alrededor del Sol como lo viene haciendo hace 4.500 millones de años.
Con la misma lógica del Universo, de a poquito pero sin pausa, el país va entrando en una nueva era.
De nada nos sirve seguir añorando aquel feliz malentendido llamado “década ganada” que anunció haber bajado la pobreza al 4%, cuando la cruda realidad nos muestra que, tras diez años de la mayor bonanza regional de la historia, el 50% de los hogares argentinos gana menos de 11.500 pesos (fuente: Consultora W). Por mucho que lo intenten, no hay manera de endosarle este caramelito al gobierno de Macri.
¿En que estuvimos hasta ahora? Ni más ni menos que en tratar de salir de aquel zafarrancho y de ver si la cuenta la pagamos entre todos o la paga el mismo 50% de siempre.
Mirado desde el espacio y salvando el quilombito de las tarifas, el gobierno parece estar haciendo bastante bien aquellas cosas que, más o menos, todos coincidían en que debían hacerse(para más información, llamar a Bein, Blejer y todo el equipo que venía con el dúo Scioli/Zannini).
La oposición, salvo alguna que otra escaramuza de esta semana, acompañó razonablemente. Desde Pichetto a Stolbizer y de Massa a los gobernadores e intendentes del PJ, todos se han portado como si la democracia les hubiera encantado siempre (bocadillo que excluye a Margarita, obviamente). De los sindicatos ni hablemos. Parecen noruegos.
Finalmente, el pueblo se la banca y no le queda más remedio que ajustarse el cinturón, mantener derechos los asientos y bancarse la maniobra de despegue de la herencia.
Sólo los restos del kirchnerismo quedaron afuera del sistema, entre otras razones porque nunca estuvieron del todo adentro. Ni el traspaso del mando se bancaron.
Estaría faltando que la burguesía nacional rompa el chanchito y haga la apuesta que el momento reclama. El famoso “les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo” de Juan Carlos Pugliese en el final del gobierno de Alfonsín no aplica en estos tiempos. Aquel radicalismo ya se iba, este Cambiemos recién llega.
Suele escucharse entre los empresarios que “vamos a ver como evolucionan las cosas y después haremos las inversiones”. Error. Si van a esperar a ver como le va al gobierno, ya les anticipo que le va a ir mal. O hacen la apuesta ahora o al final del camino los va a estar esperando Moreno y su pistola. Después no se quejen.
Para ser justos, hay sectores como el campo y otros, que están apostando fuerte. No se si alcanza.
Así como el Universo no es estático, tampoco lo es la Argentina que sigue en constante movimiento. Pero como hace años que no hay datos confiables (recién ahora están apareciendo los primeros del INDEC), no sabemos si nos estamos moviendo para mejor, igual, peor o mucho peor.
Daría la impresión que mejor, lo que se dice mejor mejor, por ahora no estamos. Pero tampoco estaríamos tan mal como dicen los antepasados del homo sapiens, también conocidos como núcleo duro kirchnerista.
Si baja la inflación como así parece y la cosa empieza a reactivarse como andan diciendo por ahí, no estaríamos tan mal.
En ese caso, la oposición que hasta ahora se venía portando muy bien, se va a empezar a portar muy mal. Es lógico. El verso opositor de que “todos queremos que al gobierno le vaya bien porque entonces al país le irá bien” no se la cree nadie. Cuatro años de peronismo a la intemperie puede ser. Ocho en situación de calle ya es mucho.
Sin embargo, por ahora la prioridad del peronismo y del sindicalismo es sacarse de encima al kirchnerismo.
La gran duda es saber si la reactivación de país llegará antes de que el peronismo termine de hundir a los K, se acomode, vire rápidamente su flota imperial unificada, y empiece a bombardear al gobierno. Reactivación macrista o unificación peronista es la cuestión. El que llega primero gana.
De ahí el apuro por lanzar la nueva renovación peronista cuya primera función se representó esta semana. Digamos que arriba del escenario, el elenco daba raro.
Al mismo tiempo, los sindicatos van dejando de ser noruegos y amagan con un paro bien argento. Por ahora, sin apuro porque nadie quiere endurecerse ante el gobierno sin antes asegurarse que Máximo, Larroque, D’Elía, Esteche, Boudou y otros estadistas hayan quedado a la deriva en un bote salvavidas timoneado a los gritos pelados por Ex Ella. No sea cosa que alguno se cuele de polizonte en el nuevo crucero del amor justicialista.
Al menos esto es lo que expresan en los medios las distintas voces del peronismo. Desde Massa a Urtubey, pasando por Insaurralde, Bossio, Facundo Moyano, Graciela Camaño, Felipe Solá, Marangoni, la Intendenta de La Matanza o los trillizos Pignanelli (está confirmado que son trillizos, de otra manera no se explica como hace el tipo para estar en todos los programas al mismo tiempo).
En estos días que se homenajeó a la Renovación Peronista de 1985, cabe recordar que Antonio Cafiero abandonó el PJ y formó el Frente Renovador (¿les suena?). Luego, en 1987 ganó la gobernación de Buenos Aires y cuando el camino a la Rosada parecía imparable, chocó contra las patillas y el poncho de Carlos Menem. Fue entonces que el PJ, la Renovación y la mar en coche se transformaron en el inolvidable “menemismo”. Avísoles.
Mientras tanto, en algún lugar de esta Ciudad Gótica, el Guasón y los funcionarios del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires siguen adelante con el plan de vender espacios verdes. La barbaridad del Tiro Federal ya está en marcha. Se vienen otras. Me parece que ya es tiempo de que Batman empiece a alinear los planetas. Vayamos preparando el Batimóvil.
PD: Hoy ponen Boca a la 18:00 y River a las 20:00. La fecha pasada fue igual.
Hey macho, acuerdensé que íban a terminar con la manipulación de los horarios del fútbol. Antes era por la propaganda neofascista, ahora es por el rating. No me hagan enojar. Así Batman no va a dar abasto.

sábado, 10 de septiembre de 2016

Massa, un grosso, pide un nuevo cepo, por Carlos M. Reymundo Roberts

Massa, un grosso, pide un nuevo cepo

por Carlos M. Reymundo Roberts
Carlos M. Reymundo Roberts

Antes de sentarme a escribir esta columna tuve muchas dudas sobre cuál había sido el hecho más importante de la semana. ¿Los barriles de efedrina descubiertos en Ezeiza? ¿El fallo de la Corte que autorizó los aumentos de la luz? ¿Que De Vido vaya a juicio por la tragedia de Once? ¿La presentación del libro El grito de la Victoria, de la Xipolitakis?

Son noticias de gran relevancia, sin duda. Vamos a la primera. El hallazgo de los barriles provocó un choque entre la ministra Bullrich y Gómez Centurión, desplazado de la Aduana. Discutieron sobre quién avisó primero. Durante el kirchnerismo, Aníbal Fernández y José Granero, de la Sedronar, también se peleaban por la efedrina, pero para ver quién controlaba el negocio. La segunda noticia. Como el Gobierno ha demostrado que el tema de las tarifas le queda grande, está bueno que la Corte, re gauchita, le dé una mano. Hay mucha gente -acaso el propio Macri- que se va a sentir más cómoda con una política energética diseñada por los jueces y no por Aranguren. La tercera. El agravamiento de la situación judicial de De Vido viene a demostrar que, así como no hay mal que dure 100 años, tampoco hay poderoso que sea inmune a 100 casos de corrupción. O 140, o 750, vaya uno a saber: Julio se tentaba fácil. Siento lástima por el gran arquitecto: tantos años juntando guita para tener que dilapidar parte de su fortuna en el pago de abogados carísimos. Suerte que se atrincheró en el Congreso, protegido por los fueros. A De Vido lo necesitamos libre, asesorando a la Corte en temas energéticos. La cuarta. El lanzamiento del libro de Vicky es un revulsivo en un panorama editorial previsible y monocorde. Si queremos que nuestros chicos lean, ¿qué los va a atraer más, el Yo acuso, de Margarita Stolbizer, o sentencias viscerales de la Griega como "los corpiños me dan claustrofobia y las bombachas las uso de vez en cuando"? Quizás por frases de ese tenor, muchos se toman a la ligera esta incursión literaria de Vicky, una chica que después de su amorío con Ottavis ha quedado asociada a la lucha por la liberación de los pueblos oprimidos.

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En esas cavilaciones estaba cuando otra novedad me hizo cambiar el foco. Sergio Massa propuso, mediante un proyecto de ley, cerrar por cuatro meses las importaciones de bienes de consumo. La iniciativa puede sonar extraña porque, según el economista Nicolás Dujovne, en ese rubro la Argentina es una de las cinco economías más cerradas del mundo. Comparte cartel con Omán, Kazakhstán, Azerbaiyán y Rusia. Massa, Massita, un grosso, no hizo este aporte ultra proteccionista en cualquier momento, sino mientras el CEO Macri pactaba en Pekín la llegada de oleadas de baratijas chinas. Con su avanzada populista, Sergio bajó tres pájaros: se diferenció del Gobierno, le recordó al PJ que sigue siendo peronista y brindó su tributo a una política central del modelo K. El cepo que impulsa tiene una vigencia de 120 días, prorrogables. ¿120 días? A Massita le encanta ponerles número a las cosas. Como que una cifra redonda, precisa, te tunea cualquier verdura: "Hay que mandar 5000 soldados a las fronteras", "prometo derrotar la inflación en 14 días", "a los corruptos habría que castigarlos con 120 años de prisión"... Además, los cepos son como los nuevos impuestos: siempre hay que decir que van a regir por un tiempito.

Puede que algunos no estén de acuerdo con ideas como ésta, pero tienen la virtud de estimular el debate. Por eso, se me ocurrió pedirles a líderes políticos, sindicales y empresarios del país (y dos del exterior) que me dieran sus opiniones. Recibí respuestas muy interesantes. Adrián Kaufmann (UIA): "Leímos con mucha atención el proyecto y coincidimos totalmente: hay que cerrar las importaciones por 120 años". Hugo Yasky (CTA): "Lo que deberíamos cerrar por cuatro meses es el gobierno". Lilita Carrió: "¿Un nuevo spot de campaña de Massa? Sorry, no lo vi". Lázaro Báez y Josecito López: "Más que cerrar las importaciones, nosotros abriríamos las cárceles". Máximo Kirchner: "No tengo idea, pregúntenle a Kicillof". Kicillof: "Sergio, querido, los K estamos contigo". Donald Trump: "La Argentina tiene una sola forma de frenar la invasión de productos chinos: construir una gran muralla". María Eugenia Vidal: "Este tema tenemos que abordarlo todos juntos. Juntos podemos, podemos". Boudou: "Cero importaciones. Cero. Cuando yo necesito algo de otro país, viajo". Scioli: "Mi propuesta en esta materia es muy clara: hay que actuar con mucha responsabilidad". Maduro: "Nosotros no resolvimos el problema con recetas del Fondo Monetario, sino con el modelo bolivariano: no compramos nada afuera porque no nos quedó un dólar".

La polémica está lanzada, y ya se ve que son mayoría los que prefieren un país cerradito, protegido. Una Argentina bien argentina. ¿Qué nos puede dar el mundo, eh? ¿Un iPhone, una camperita Uniqlo, un Black Label? Chucherías. Nada que no pueda reemplazarse por algo nuestro. El desafío es equilibrar la balanza comercial. Un país que exporta un papa, una reina y al mejor futbolista del mundo tiene que pensar en vender así, con valor agregado, y no en llenarnos de cosas hechas por otros.

El problema es Macri, al que por algo Maradona llamaba cartonero: quiere ir a Once a comprarle a Antonia, por dos mangos, una Barbie made in Taiwán.

Macri y una generosidad poco conocida, por Carlos Pagni

Macri y una generosidad poco conocida

por Carlos Pagni
Carlos Pagni

La relación con Sergio Massa es motivo permanente de debate en Cambiemos. Están los que creen que el veleidoso apoyo de Massa implica costos inevitables y quienes sienten que el líder de Tigre se burla de ellos como de niños.

Los segundos acaban de desempatar gracias a las declaraciones de Daniel Arroyo, ex ministro de La Acción Social de Kirchner y Scioli, al portal La Política On Line. Arroyo, que es presentado como experto social del massismo y consultor internacional, afirmó que "el Gobierno tiene un modelo de país al que le sobran 20 millones de argentinos". Y que, entre otras calamidades ocurridas en los últimos ocho meses, entre los desamparados del conurbano hay un boom de endeudamiento con el prestamista del barrio.

Resultado de imagen para daniel arroyo frente renovadorEsta última observación es curiosa porque Arroyo dirige una institución financiera. Por un acuerdo de Massa con Vidal es director del Banco Provincia, que le provee un sueldo envidiable, secretaria, oficina, auto y otros beneficios. De Macri se sabían muchas cosas, pero no que era tan generoso.

¿Justicia Legítima cumple la ley?¿Justicia Legítima cumple la ley?, por Jorge Lanata

¿Justicia Legítima cumple la ley?

  por Jorge Lanata











La agrupación creada por el kirchnerismo para cooptar el sistema judicial representa alrededor del 30 por ciento del mismo.

Es legítima Justicia Legítima? O, mejor: ¿Justicia Legítima cumple la ley?
Hoy la agrupación creada por el kirchnerismo para cooptar el sistema judicial representa alrededor del 30 por ciento del mismo: básicamente en Capital y Buenos Aires, con pequeñas sucursales en todo el país. Su nombre es una exégesis del kirchnerismo clásico: así como Cristina y Néstor son el Estado, el Pueblo y la Patrea (no es error, debe leerse/decirse Patrea) también son la Señora Ciega que nos recibe en Tribunales.
Cuando, días atrás, la Corte se pronunció respecto de las tarifas de la luz (Disgresión: llevamos meses en los cuales las tarifas de luz y gas son el principal problema político de la Argentina, algo esta fuera de foco) la sentencia incluyó una novedad: un reproche duro e inusual contra una “jueza legítima”, Martina Isabel Forns. La Corte dijo que la jueza se movió “a extramuros de las normas constitucionales y legales”, y se la acusó de un “desarrollo contradictorio de las actuaciones”. “(Usted) Esta comprometiendo el prestigio de todo el Poder Judicial”, dijeron los jueces del Supremo.
El miércoles por la mañana el esposo de la jueza –ex funcionario de la IGJ durante el kirchnerismo– gritaba ante los micrófonos de Radio Nacional en el programa de Romina Manguel: “Somos víctimas de una persecución política!!”. Gabriel Macaggi denunciaba también su situación personal: según él, había sido despedido de la IGJ por el macrismo, “acusado de socialista”. Juro que dijo eso. De inmediato busqué frenéticamente en Internet: ningún otro de los 781.472 votantes de Progresistas (que fue en alianza en 2015 con el Partido Socialista) ha sido despedido hasta el cierre de esta columna. Si se trata de una purga ideológica, estaría fracasando. Creo que lo que la Corte le estaba diciendo a la esposa de Macaggi es que no antepusiera su ideología particular a la ley que le tocaba contemplar.
La idea de persecución política es tan cara al kirchnerismo como a sus jueces legítimos: es romántica y sirve para ratificar sus falacias, como se los persigue, creen ellos, eso demuestra que tienen razón. Y en verdad sucede todo lo contrario: el Gobierno ha sido más que prudente a la hora de evaluar el trabajo de los jueces y fiscales. Muchos de ellos no soportarían ni siquiera una investigación liviana, y han sido cómplices de los mismos delitos que se desarrollaron en el campo del Ejecutivo; cómplices necesarios, unos y otros se necesitaron para que el desfalco se llevara a cabo. Hicieron falta jueces corruptos para que políticos corruptos llevaran a cabo su objetivo en libertad y con impunidad.
No me importa si Casanello es vegano, vota al kirchnerismo o colecciona bonsai: hizo y hace todo lo posible por no investigar a Cristina. Los legítimos han tenido y tienen conductas ilegítimas. Veamos sólo algunos ejemplos: –El fiscal de Cámara Javier de Luca buscó frenar la investigación contra el ex vicepresidente Boudou en la causa Ciccone: dijo que no estaban claros los hechos en los que se lo investigaba. “No se lograron definir con precisión los delitos investigados”, dijo. También afirmó que “no había negociaciones incompatibles porque la AFIP no depende de Economía”.
–El fiscal Carlos Gonella está procesado por no investigar al empresario Lázaro Báez (aquel “olvido” en la caratula de la ruta del dinero que descubrió Marijuan al volver de vacaciones). Por otro lado, Gonella asumió en la Procelac aunque había jurado ante el Senado para el cargo de fiscal en Formosa, sitio que no visitó ni siquiera como turista.
–El fiscal Pedro Zoni, designado para una fiscalía en el Chaco terminó en la que era la fiscalía de Gerardo Di Masi y, a horas de ser designado, pidió la indagatoria de la madre y hermana de Alberto Nissman.
–El devenir de la causa Nisman registra también el insólito pronunciamiento de Casación; lo firman María Laura Garrigós de Rébori, Mario Magariños y Daniel Morín que afirman desconocer si la muerte de Nisman es un hecho vinculado a un delito, lo que les permite sacar la causa del ámbito federal y devolverla al fuero ordinario.
–Apartar a Bonadio de la causa Hotesur, a sola firma de Ballesteros y Eduardo Freiler. Este último cuestiona el hecho de que hubiera intervenido la Policía Metropolitana para allanar empresas vinculadas a la ex familia presidencial, todas ellas sospechadas de ser pantallas para el lavado de dinero.
–Benjamín Sal Llargues, ex integrante de la Cámara de Casación bonaerense que redujo la pena al abusador de un chico de seis años: consideró que el delito no era tan grave porque antes el menor había sido violado por su padre. El escándalo de la sentencia llegó a Naciones Unidas y Sal Llargues presentó su renuncia.
–La denuncia del juez federal Alfredo López a cargo de la pesquisa por la agresión sufrida por Macri y Vidal en Mar del Plata; Lopez denunció al fiscal general Daniel Adler y a sus colegas Laura Mazaferri y Nicolas Czizikl por demorar injustificadamente la investigación de los hechos.
–La denuncia de la Asociación de Fiscales y Funcionarios del Ministerio Público Fiscal, que representa a la mitad de los 400 fiscales nacionales y federales contra Gils Carbó. El texto tiene cuatro carillas y señala: “El exorbitante aumento en la cantidad de empleados designados en la Procuración en forma directa, sin concurso ni evaluación; haber tomado juramento a fiscales designados para ocupar cargos en Formosa, Santiago del Estero, Posadas, Goya, Corrientes y General Pico que en lugar de ejercer en los cargos donde fueron designados “han actuado como oportunistas” y fueron trasladados a Comodoro Py 2002, lo que constituye una burla al sistema de designaciones y al Senado; el intento de destituir al fiscal José María Campagnoli; los sumarios contra los fiscales para presionarlos; la peligrosa designación de fiscales subrogantes sin necesidad o urgencia que lo justifique; las maniobras para limitar la actuación del fiscal German Moldes, etc.
–La hija de la procuradora Alejandra Gils Carbó y el fiscal federal Miguel Ángel Osorio denunciados por la tramitación ilegal de una causa en la que aparece Lázaro Báez. Osorio fue denunciado por omitir una investigación contra la hija de Gils Carbó, Damiana Alonso, que administra el sitio de Internet Mercados y Transparencia en el que se publicó información sensible sobre el caso Báez. Alonso fue denunciada por haber accedido de manera irregular a esa información, pero Osorio desestimó la imputación y poco después fue propuesto por Gils Carbó como fiscal de Cámara subrogante. Curiosidades: Osorio no llegó a asumir ya que su designación fue frenada por la Justicia pero la denuncia de Monner Sans quedó radicada en el juzgado de Lijo y recayó sobre el propio fiscal Osorio, que se morderá la cola.
–El propio Lázaro Báez luego de declarar la existencia de reuniones entre Cristina y Casanello en Olivos amplió la recusación a la Sala II y mencionó como integrantes de un plan para proteger a la ex presidente, a Alejandra Gils Carbó, sus ayudantes Gonella y Omar Orsi y a Ricardo Etchegaray.
Importa poco, en esta serie, si creen en la Asignación Universal por Hijo, o quieren desarrollar el canal de televisión de los pueblos originarios y después dejarlos colgandos del bananero, o si su eje de política exterior es Irán-Venezuela-Bolivia-su ruta. Este problema es legal. Y como tal debe ser tratado.

domingo, 4 de septiembre de 2016

El peronismo, ese no-lugar sin ideas, ni domicilio fijo, por Jorge Fernández Díaz

El peronismo, ese no-lugar sin ideas, ni domicilio fijo

por Jorge Fernández Díaz
Jorge Fernández Díaz

El peronismo es una dama indecisa frente a un placar lleno de disfraces. Algunos de esos exóticos vestidos le permitieron, hace tiempo, destacarse en el gran baile de máscaras de la política argentina, pero hoy esos trajes parecen imprudentes o anacrónicos. La confusión por esta inesperada derrota no le permite a la bailarina elegir cabalmente el disfraz adecuado y entonces se revela una verdad última: por este accidentado camino lleno de bandazos y de metamorfosis oportunistas la identidad se ha extraviado, y tal vez haya que tomarse un tiempo y reflexionar en el diván acerca de quién es uno y cuál es el rumbo que debe tomar para no oxidarse. Hasta hace 10 meses, el peronismo marchaba triunfalmente a su destino de corporación todopoderosa y partido único; ahora es una diáspora, una nada desteñida en busca de un color. Fuera del Estado, el peronismo es un no-lugar y nadie sabe muy bien dónde queda su domicilio. Los sucesivos y cambiantes uniformes del General ya son piezas de museo, y los ropajes de Menem y Kirchner pasaron rápidamente de moda. En la desesperada, algunos miran a Roma y ruegan instrucciones celestiales, pero para el papa Francisco la política local es apenas un hobby de las tardes lúdicas de Santa Marta. Otros líderes juegan tenis o golf para aflojar las tensiones.

Cada vez más "compañeros", con criterio razonable, invocan entonces el fantasma de Antonio Cafiero, que fue el más radical de los peronistas y que supo civilizar el partido después de la barbarie: "Somos la muerte", pintaban los muchachos en las calles de 1983. ¿Se acuerdan? Cafiero tendió un puente con Alfonsín, que era el más peronista de los radicales, lo apoyó frente a los intentos destituyentes y lo venció lealmente en las urnas. Luego fueron grandes amigos. La idea de ambos consistía en generar un bipartidismo entre socialdemócratas y socialcristianos, y abandonar las zanjas irreconciliables. Es lo más cerca que estuvimos de construir una democracia republicana. También esa chance se nos resbaló de las manos.

Cafiero, escaldado por el viejo desprecio de las clases medias y altas, siempre advertía: "La experiencia histórica demuestra que se puede gobernar sin el peronismo, se puede gobernar con el peronismo, pero no se puede gobernar contra el peronismo". El actual intendente de Tres de Febrero es un militante del Pro y un historiador heterodoxo que reivindica a Yrigoyen y a Perón, y que a la vez es capaz de escribir apasionadamente a favor de Sarmiento. Acaba de convocar a una peronista histórica para manejar el área de educación y a las manzaneras de Chiche para el trabajo social, y arregló con los sindicatos condiciones laborales que Hugo Curto les negaba. "No se trata de un operativo de cooptación partidaria, es simplemente que no quiero perderme los actores y los valores positivos del peronismo", explica Diego Valenzuela. Ese pequeño ejemplo, ese microcosmos en el corazón del conurbano refleja lo que resulta una práctica más amplia y quizás inédita: jamás un gobierno no peronista fue tan poroso a las ideas de sus adversarios lógicos, tan desprejuiciado y abierto a ese sector, tan poco gorila, para decirlo en los términos que usaba don Antonio. La coalición gobernante no es rígida sino flexible, y se plantea como la contracara del cristinismo residual, pero no quiere ninguna grieta con el resto del peronismo, con el que dice tener afinidades. Y esa actitud reduce las tensiones (se necesitan dos para una pelea) y produce, en consecuencia, un reacomodamiento insólito de todo el tablero. Incontables cuadros peronistas se han incorporado a Cambiemos, y varios dirigentes piensan hacerlo si no los convence otro candidato competitivo. Algunos, en secreto, ya argumentan incluso que aunque no lo sepa "Macri es bastante peronista". La caracterización viene de la mano del recuerdo: tanto Menem como Duhalde identificaron ese mismo physique du rôle en el ingeniero y quisieron convencerlo dos veces de ser el candidato presidencial por el PJ. La ortodoxia económica, que hoy está profundamente desencantada con el Gobierno, siente algo parecido: el macrismo es un kirchnerismo educado, porfía. La impresión se refuerza porque Macri quiere sacudirse de encima el estigma de la "derecha", y se resiste a privatizar, recortar planes sociales y renunciar al rol activo del Estado, estandartes peronistas que no siempre el peronismo mantuvo en alto.

La pregunta, sin embargo, sigue siendo la misma y es acuciante: tras la caída del Muro de Cristina, ¿qué quiere decir hoy ser peronista? Y no vale aquí un declaracionismo de buenas intenciones; esa obviedad hay que dejarla para Unicef. Además, durante estos setenta años la sociedad entera ha ido metabolizando sus banderas, y por lo tanto ha vaciado de contenido al Movimiento.

La maximización teatral del kirchnerismo, su impostación paroxística, intentaba con malas artes otorgar carácter donde ya no lo había. Esa teatralidad rozó la parodia, resultó un viaje al pasado y condujo a este fracaso: la Pasionaria del Calafate fue Ahab, y el peronismo la ballena blanca. Al final uno se llevó al otro al fondo del mar, y ahí permanecen todavía.

Uno de los padres de esta renovación declamada, Julio Bárbaro, responde la gran pregunta: "El peronismo es apenas un recuerdo que da votos". Otra de las estrellas de aquella generación renovadora fue José Manuel de la Sota: hace 20 años que ya no forma parte del partido, pero admite que lo asiste "un espíritu justicialista" (sic). ¿Será eso al fin el peronismo, un espíritu más que un cuerpo? En todo caso habría que recordar a Montaigne: "Las arrugas del espíritu nos hacen más viejos que las de la cara". Tanto Bárbaro como De la Sota acompañan a Sergio Massa, quien no tiene ningún apuro en tender puentes de plata hacia justicialistas en situación de calle: teme que se le cuelen sujetos con más prontuario que votos y lo manchen en vísperas de una campaña donde la transparencia será crucial. Algunos "cerebros" de su espacio tienden a pensar que se está gestando lentamente una coalición espejo: un frente renovador y progresista donde el peronismo ocupe el lugar del radicalismo en Cambiemos y Stolbizer el trono de Carrió, y que también sea un arca para socialdemócratas, desarrollistas, liberales e independientes. En ese caso avanzaríamos en la Argentina hacia una democracia de personas, pero sobre todo de alianzas: una de ellas más propensa a las inversiones y al desarrollo; la otra más inclinada hacia el Estado y el asistencialismo. En definitiva, una traducción argenta de las derechas e izquierdas de las naciones desarrolladas, que suelen alternar acumulación y reparto en dosis sensatas, sin renunciar a los otros objetivos y tejiendo políticas de Estado permanentes. Hay quienes creen que el proletariado sigue siendo peronista, pero las encuestas demuestran lo contrario. También que los economistas de ambas veredas tienen diferencias abismales. Puede ser que entre Kicillof y Broda eso sea cierto, pero con una mano en el corazón, ¿no existen más coincidencias que desacuerdos entre Prat-Gay, Pignanelli, Redrado, Sturzenegger, Lavagna y Miguel Bein? Esos parecidos facilitan pactos de centro; esos matices habilitan pulseadas electorales sin cuestiones de vida o muerte en una república compartida. Quizás el peronismo no deba elegir esta vez ningún disfraz. Y pueda salir al ruedo sin máscaras, dispuesto a integrarse al baile colectivo bajo la premisa de Borges: nadie es la patria, pero todos lo somos.

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