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domingo, 31 de enero de 2016

Volveremos Por: Beatriz Sarlo

Volveremos

Por: Beatriz Sarlo

Uno de los verbos más utilizados por el justicialismo. "Volver", en los labios de Cristina Kircnher. 


“Volver” ha sido uno de los verbos que más combinaciones produjo en las consignas que el justicialismo cantó durante décadas. La primera es una frase que pasó a la historia: “Volveré y seré millones”, escrita por José María Castiñeira de Dios en un poema donde hace hablar a Evita. Castiñeira de Dios la toma de una tradición que llega a las rebeliones indígenas en el Alto Perú. Los historiadores ya iluminaron la cuestión, pero la frase vale por el uso que se le dio en la propaganda política de comienzos de los años setenta. Antes, “Perón vuelve” fue la pintada de la Resistencia en los muros de fábricas y barrios. Mucho después, las fracciones juveniles cantaron en todas las plazas: “Volveremos, volveremos, volveremos al poder, volveremos, volveremos como en el ’73”.

Durante casi dos décadas, el peronismo cantó con la furia de los irredentos. Tuvo razón en sentirse expulsado del sistema político fundado después de 1955. Hasta 1972 se impidió que Perón pisara suelo argentino. Los diarios de la época y los libros de historia muestran la laboriosa negociación con el general Lanusse para que Perón finalmente aterrizara en Ezeiza, en medio de una batalla campal protagonizada por facciones de su propio movimiento que entendían de modo distinto cuál debía ser la función del viejo líder. Evita no volvió ni fue millones. Perón volvió para comprobar que los Montoneros le disputaban la conducción.
Nadie quería que volviera Menem. El peronismo parecía haber perdido para siempre su potencial mitológico
Por suerte, el irredentismo peronista hoy no tiene ni escenario ni protagonistas. Algunas cosas pasaron en estas décadas, entre ellas los dos períodos de Menem como presidente. Después de 1998, ni quienes lo sirvieron en el gabinete estaban dispuestos a solicitar su regreso; tampoco eran hombres habituados a la movilización callejera ni a las consignas retornistas. Nadie quería que volviera Menem. El peronismo parecía haber perdido para siempre su potencial mitológico, o se lo conjugaba solamente en tiempo pasado.
Como en un principio quiso Néstor Kirchner, la Argentina podía ser un país normal. Sin embargo, en el corazón mismo del kirchnerismo palpita el deseo del Regreso. Si se atiende a las (pocas) declaraciones de Máximo Kirchner y de algunos de La Cámpora, hoy se ocupan en diseñar el regreso de Cristina. Enfrentan varios obstáculos. En primer lugar, la ex presidenta no fue desalojada ni por un golpe de Estado ni por una proscripción. Cumplió dos períodos y su candidato, Daniel Scioli, perdió las elecciones que le habrían permitido a Cristina ser una especie de cardenal Richelieu, en el caso de que Scioli hubiera seguido siendo el político timorato que fue hasta el 10 de diciembre (y después). Nadie recurrió a manejos despreciables para impedir que Cristina siguiera brillando.
Como ha sido costumbre en el pasado, se buscarán culpables que la liberen de cualquier responsabilidad política en la derrota
Con esto queda borrado el factor irredentista del escenario político. El cristinismo y La Cámpora no pueden acusar a nadie, y más bien todas las críticas deberían tener como objeto lo que hicieron antes de las elecciones y no lo que otros les hicieron a ellos. Este es el problema de la ex presidenta. Como ha sido costumbre en el pasado, se buscarán culpables que la liberen de cualquier responsabilidad política en la derrota (en cualquier momento Lázaro Báez o De Vido pueden caer en un episodio judicial que afecte a Cristina y ella se vea obligada de decir que El Calafate no es su lugar en el mundo).
Esto queda perfectamente claro, sobre todo para los justicialistas que quieren tener un futuro y no simplemente un túmulo donde ir a venerar recuerdos de cuando eran gobierno. Esos justicialistas son los que hoy tienen poder territorial: gobernadores e intendentes. Unos y otros necesitan del presupuesto nacional que, a falta de una ley de coparticipación, depende de los manejos de Macri que, a falta de otro poder político, usará el presupuesto como forma de disciplinamiento de la oposición, como lo hizo la presidenta que lo antecedió.
Despojados de cualquier mística del regreso, estos gobernadores e intendentes no dicen “volvé Cristina” ni salen a pintar paredes con esa consigna. El peronismo es realista, y no es la primera vez que piensa que si un líder no se adecua a las necesidades presentes debe ser desplazado.
Eso fue el vandorismo, y Perón le ganó la partida a ese conato de peronismo sin Perón porque reunió a casi todos, sucesivamente, en su exilio madrileño. El justicialismo tiene una larga historia de respetar a su dirigente máximo en la medida en que éste no sea un obstáculo para las ambiciones políticas de su estado mayor. Cristina enfrenta este problema: va a haber peronismo sin Cristina bajo la forma de gobernadores e intendentes que aprecian sus bases territoriales tanto como dijeron apreciar el poder concentrado que ella ejerció mientras estuvo en condiciones de hacerlo.
Nota al pie. Probablemente el que mejor entienda esta situación sea Pichetto. Fiel espada del gobierno anterior en el Senado, ahora sabe que su función es seguir allí tratando de que cada negociación consolide un espacio para su partido. El macrismo no tiene muchos cuadros legislativos con la experiencia de Pichetto y podría pedirle que dictara un curso de formación. Seguramente Michetti estaría de acuerdo.

sábado, 20 de junio de 2015

La toma del poder por Beatriz Sarlo

La toma del poder

Zannini. ¿Podrá o logrará Scioli transformarlo en otro Mariotto?
Zannini. ¿Podrá o logrará Scioli transformarlo en otro Mariotto? |Foto: Cedoc Perfil
El liderazgo carismático es fastuoso, colorido, escenográfico. Tiene más que lo que la República ofrece como simbolismo abstracto o panteón nacional. Roberto Rossellini, el gran director italiano, filmó La toma del poder por Luis XIV, una película cuyo título ya es significativo: por herencia, Luis XIV era sucesor indiscutido, pero debió construirse como figura para tomar realmente el poder. En una escena inolvidable, el joven rey decide los detalles de las ropas que vestirá en la Corte, singularidades estilísticas de una majestad nueva y personal. Seguramente, la Presidenta aprende estas cosas en Game of Thrones, no en Rossellini.
El poder puede heredarse. El carisma, en cambio, sólo se traspasa si se cumplen condiciones que han sido vastamente explicadas por la teoría política. El pasaje de un gobernante carismático a un gobernante legítimo, pero despojado de los sortilegios del carisma, implica dificultades y rituales. Cuando murió Néstor Kirchner, muchos nos preguntamos si su esposa renovaría el aura del jefe desaparecido. Nos preguntamos también si conservaría la potencia de mandar y ser obedecida.
Cristina hizo una prolongada ceremonia del luto: velorio con miles de fieles (incluyendo jefes de Estado, Tinelli y Maradona), Ave María de Schubert cantado a capella por el hermano de un funcionario de los medios públicos, multitudes en la Plaza, bóveda en Río Gallegos. En el centro, Cristina, cubierta de paños negros, el color que la protegía como heredera y la engalanaba.
Tuvo éxito. Se convirtió en una figura doble: Viuda y Líder. Habría podido suceder que las dos caras de esa figura doble no coincidieran de modo tan impecable. Sin embargo, dosificó el dolor y la decisión de modo tal que la supuesta debilidad de la Viuda potenció la fortaleza demostrada por la Líder, y la soledad de una multiplicó la fortaleza de la otra. Una mezcla de tragedia y marcha triunfal.
Es cierto que tuvo un séquito de seguidores fieles que, como no estaban en condiciones de disputar el  liderazgo, consideraron que la fidelidad les daba más ventajas. Además, el derecho de sucesión fue confirmado, como se confirma el carisma en sociedades modernas, por  las elecciones de 2011. Hasta allí la sucesión carismática tenía bases que habían sido construidas antes de la muerte de Néstor y, muy probablemente, sin pensar en tal eventualidad. Se trataba simplemente de un anillo de Moebius, sobre el cual marido y mujer planearon sucederse indefinidamente, respetando la forma de la letra constitucional. Mezclaban la sucesión por traspaso de los atributos del poder con la sucesión por elección democrática. Esa mezcla no nos gusta nada a quienes valoramos el espíritu republicano, seamos de derecha o de izquierda (empleo estas denominaciones no para irritar a los asesores amarillos, sino copiando los adjetivos que se usan en casi toda Europa y algunos países de América Latina: son abreviaturas políticas).
Pero la cinta de Moebius fue cortada por la muerte de Néstor y, desde entonces, Cristina estuvo obsesionada por una sucesión que le permitiera conservar el poder, una vez que fracasó el electrizante proyecto que la instalaba como “eterna”. Es interesante que los kirchneristas que llegan del Partido Comunista a calentarse bajo el sol sean los que han demostrado un desprecio tan cínico ante la palabra eternidad, cuyo ejemplo está en la isla de Cuba, donde también la sucesión pasó por el derecho de sangre de hermano a hermano.
Los teóricos señalan una forma especial de traspaso del carisma que es a la vez simbólico y refrendado por el voto de los súbditos (o ciudadanos). Se asegura la cualidad al nuevo líder, pero este reconocimiento, en vez de provenir de la gracia de Dios, proviene de la gracia del pueblo. Nada asegura que ese pueblo refrende una segunda sucesión carismática, simplemente por portación de documento de identidad. Tampoco es seguro que el carisma no se pulverice al estar separado del poder. Carisma y poder se necesitan, aunque la supervivencia carismática de Juan Domingo Perón indica otras, muy difíciles, alternativas.
La Presidenta, que es inmediatista, para evitarse estos problemas, resolvió estar material y simbólicamente presente en la fórmula presidencial que une a Daniel Scioli y a Carlos Zannini.
Si Scioli fuera capaz de “mariottizar” a Zannini, es decir, de neutralizar su tarea de convertir al presidente en un delegado de la ex presidenta, la batalla la ganaría la paciencia fría y estólida del gobernador. Si Zannini convierte a Scioli en el representante indispensable pero poco significativo de la Señora y de La Cámpora, estamos frente a una aventura personalista, carismática y autoritaria que adhiere formalmente a las instituciones, para transformarlas o reemplazarlas. Un paso hacia Venezuela.
Con característicos golpes de efecto, el peronismo armó el tinglado y apuró a la oposición. En el PRO, la estrategia ecuatoriana era amarillo canario, pero Cristina cantó antes el falta envido. Macri se equivocó cuando el miércoles dijo: “Lo que ellos hagan tiene que ver con su realidad”, refiriéndose a la fórmula diseñada por la Presidenta. Hasta que las cosas no cambien mucho, lo que hagan los peronistas tiene que ver con “la realidad” de todos. Por eso Macri perdió escenario. El viernes al mediodía eligió a Michetti. Jugó con lo que ofrecía pureza amarilla y algo más según las encuestas.
La decisión de Stolbizer también pierde, porque lo que sucede con el kirchnerismo tiene un malsano poder expansivo. Lo cual es una verdadera desgracia para el escenario donde  se representa la política ante los ciudadanos. Stolbizer tendrá que triplicar esfuerzos frente al miedo de que gane Scioli bajo la tutela del lugarteniente de Cristina. Tendrá que triplicar esfuerzos para que sus votantes elijan una perspectiva de futuro y crean que vale la pena plantearse una pregunta: ¿tiene futuro el progresismo?

sábado, 16 de mayo de 2015

Estrellas de la desfachatez post política Por Beatriz Sarlo

LOS CANDIDATOS Y LA IGUALDAD DE OPORTUNIDADES  

Estrellas de la desfachatez post política

Beatriz SarloPor Beatriz Sarlo | Mientras la campaña presidencial va a electrificarse a la TV, los candidatos no hablan de grandes ideas, como la inclusión social.

 Show sí, debate de ideas fundamentales, no. En esta Argentina sin discusiones de fondo, resulta lógico que los políticos estén pendientes de Tinelli.

La campaña electoral se prolongará varios meses, como una especie de campeonato con diferentes sedes. Sergio Massanos propone leer un e-book, que se distribuye gratis. Sanz dijo que quiere construir un espacio socialdemócrata, sin más precisiones y sin aclarar por qué, con tan alto objetivo, no se quedó en UNEN. Macri lanzó el aventurero desafío de que iba a terminar con el cepo al dólar en un día (teléfono a sus expertos).
Pero la campaña va a electrificarse en los programas de Tinelli, donde los candidatosparticiparán como estrellas de la desfachatez post política. Me parece del todo lógico que el encuentro de Macri y Scioli consus imitadores genere expectativas. Hasta ahora, las idas y vueltas de las alianzas son confusas hasta para los expertos. Todos los días se rifa el botín de una foto con fulano o mengano en algún distrito. Macri mata el punto viajando a Europa para una foto con Messi y Mascherano (eso es plata y convicción).
Intelectuales profundamente comprometidos con la alianza PRO-UCR se preguntan por qué no hay ciudadanos entusiasmados. Sería un milagro que la gente se interesara con pasión en un abigarrado abanico de fórmulas construidas sólo para ver si se gana una elección local.
Al contrario de lo que creen los políticos que recalculan y vuelan bajo, el entusiasmo no se despierta arrojando al voleo cifras sobre viviendas a construir o planes para equipar escuelas con las nuevas tecnologías. Alfonsín generó una oleada con el preámbulo de la Constitución, un texto que cualquier asesor de imagen habría juzgado demasiado complejo para recitar en la tribuna.
El entusiasmo que se echa de menos proviene de la renuncia a grandes ideas, especialmente a una reflexión sobre lo que las grandes ideas significan en la Argentina actual. Ninguno de los candidatos abandonaría una bandera barata de llevar y dificilísima de honrar: la de la igualdad de oportunidades. Pero ningún candidato reflexiona en público sobre sus dificultades y sus límites. Veamos.
La igualdad de oportunidades es una fórmula de compromiso, por la cual ciudadanos y políticos acuerdan que puede alcanzarse si a todos se les garantiza el acceso a bienes públicos. Sin embargo, incluso en el caso de que la escuela de una villa y la de un barrio de capas medias sea idéntica (cosa que no sucede en la realidad, pero dese por hecha), no hay igualdad de oportunidades para los chicos de la villa y los de capas medias. Todo depende de cómo transcurrieron sus primeros años de vida, cuál fue la alimentación que recibieron, cuál es el medio donde crecieron.
Una lista infinita de diferencias impide hablar con franqueza sobre igualdad de oportunidades.
Dificultades. Una lista infinita de diferencias impide hablar con franqueza sobre igualdad de oportunidades. Lo que puede conseguirse es lo que todavía no se ha conseguido en la Argentina: que los bienes públicos destinados a ricos y a pobres sean iguales. Estamos lejos de tal cosa y basta escuchar media hora a un médico de un hospital público para ver que existe una trinchera infranqueable entre la salud de los pobres y la de las capas medias. La guardia de un hospital no es lo mismo que la de un servicio médico: esto es tan evidente que no vale la pena detenerse.
No hay igualdad de bienes públicos y por eso, donde se puede elegir, se elige comprar salud o educación en el mercado. En la ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, sólo va a escuelas de gestión estatal el 50% de la matrícula. El otro 50% va a la privada (que, por otra parte, está crudamente estratificada). El gobierno nacional, que dice defender la educación, tributa a la industria del turismo haciendo que proliferen los feriados: el mercado vence al Estado.
De esto no se habla, aunque la palabra educación se repita como un mantra. ¿Qué quiere decir educación como bien público? Significa, en primer lugar, que ese bien exista de modo asequible y geográficamente próximo (que no sea necesario migrar para obtenerlo, como migran hacia dos o tres grandes centros urbanos y suburbanos argentinos de todas las provincias). Significa, luego, que quienes son los usuarios de un bien público estén en condiciones relativamente iguales para aprovecharlo. Por lo tanto, desde esta perspectiva, la verdadera igualdad de oportunidades obliga a hacerse cargo de un tema mayor: la igualdad a secas. Sin abrir la discusión sobre igualdad, es imposible referirse de buena fe a la igualdad de oportunidades.
Esto no sucedía del mismo modo en la primera mitad del siglo XX, donde el país necesitaba mano de obra bien entrenada y la escuela actuaba sabiéndolo e interviniendo como fuerte elemento nivelador en una sociedad que no hubiera sido viable sin ese intervencionismo público que operó sin prisa y sin pausa. La escuela era más eficaz porque había condiciones sociales y económicas para su eficacia, comenzando en las mismas familias, muchas veces analfabetas, de origen inmigratorio, que llegaban no con un proyecto de supervivencia sino de ascenso.
Hoy la escuela ha perdido esa eficacia y, por lo tanto, no es distribuidora de igualdad de oportunidades sino de un simulacro de acceso universal, que ni siquiera está garantizado a los pueblos originarios y a otras minorías muy pobres. Se declara formalmente la igualdad de oportunidades, que no conduce jamás a la construcción de un horizonte social igualitario, que está muy lejos pero que nunca debería olvidarse si la igualdad de oportunidades no es solamente una forma de administrar las diferencias sino un camino hacia su abolición.
Estupideces. No basta decir que es necesario ingresar al capítulo global de la sociedad del conocimiento. ¿Quién sería tan estúpido como para afirmar en una tribuna que la sociedad del conocimiento le interesa poco y nada? Pero tal “nueva” sociedad (las sociedades, desde la modernidad, son sociedades del conocimiento, basta hojear un poco la bibliografía) presupone, de modo creciente, que todos puedan integrarse en ella, no sólo la elite de académicos. Todos quiere decir los que hoy están subalfabetizados, a quienes la mirada populista tecnológica considera que se salvan porque los más jóvenes son nativos digitales, que es como haber afirmado en 1930 que todos eran nativos conductores por el hecho irrefutable de que nacían en una cultura cuya comunicación ya había sido modelada por el transporte automóvil. Lo que existe, sin duda, es nativos en la pobreza, nativos en un bienestar pasable o en la riqueza obscena.
No es necesario haber leído las obras completas de Pierre Bourdieu para entender quelas sociedades se diferencian culturalmente de manera cruel y que ese proceso de diferenciación es implacable con los que reciben la oportunidad de la igualdad pero no los medios para ejercerla realmente. Tampoco es necesario ser marxista para observar que no hay igualdad de oportunidades para quienes enfrentan, en todos los demás aspectos de su vida, en el cotidiano donde se forma el cuerpo y la mente, la dura cara de las desigualdades materiales.
Al contrario de lo que piensan muchos, falta entusiasmo porque no se dibuja un horizonte en el cual identificar el futuro y verse incorporado. Sin horizonte ideal, ganan Tinelli y el mercadeo político.

sábado, 18 de abril de 2015

Celebrity politics por Beatriz Sarlo

APUESTA CONSTANTE  

Celebrity politics

Beatriz SarloEl intercambio entre el Papa y Leuco evidencia confusiones y exageraciones muy argentinas.

El periodismo, del que formamos parte los periodistas profesionales y los que publicamos regularmente en la prensa (por tanto quien esto escribe no se excluye), se ha salido de madre. Pero, por una vez, la responsabilidad no la tienen los medios críticos u opositores, consuetudinarios culpables según los kirchneristas, sino el estilo actual de lo político.
En la celebrity politics (definida por Mark Wheeler en un libro de 2013), las apuestas se elevan de manera constante. Hace diez años, un periodista como Alfredo Leuco habría leído su editorial en la radio y quizás habría publicado una nota, con observaciones y, eventualmente, sugerencias. Hoy le escribe al Papa una carta abierta, que difunde varias veces por radio, por televisión y sube a su blog. La cuestión no pasa por un gesto enfático, que el Papa recompensa, sino por el reconocimiento de que la escena ha cambiado. Imposible resistir los retuiteos en cascada y la gloria del trending topic.
Por razones religiosas, históricas y políticas, el Papa no forma parte de nuestro mundo de ciudadanos. Pero a Francisco le gusta presentarse como uno de nosotros, un pecador que recibió como destino el Vaticano. Navega en las aguas de la nueva esfera pública como si hubiera nacido allí, lo cual informa sobre su plasticidad y sentido de la época. Crea la ilusión de horizontalidad y hace olvidar que ningún Papa es como nosotros, nunca.
El Papa no es un interlocutor a la par sino un miembro de la liga de los superpoderosos. Por eso, una interlocución pareja es una fantasía. El Papa se presenta con humildad; sin embargo, para dirigirse a él, es de rigor recordarle todas sus virtudes. Hay que decir que es el hombre más distinguido de la historia americana (¿Fray Bartolomé de las Casas, Bolívar, Martí, Sarmiento?). El atrevimiento de hablarle paga el precio de la exaltación.
El Papa llamó por teléfono a Alfredo Leuco después de que él leyó en los medios una carta pública. Mientras hablaban, cuenta Leuco, se estaba desarrollando la histórica cumbre de Panamá, más importante para el futuro de América Latina que las ocurrencias fotográficas de la Presidenta y los puntos de la política local en el tablero vaticano. En los medios las noticias compiten.
Desesperación. Leuco quizá tenga razón cuando se desespera por una foto más de la Presidenta con el Papa. La publicidad política descubrió que, así como las celebrities servían en campaña, también sirven los jefes de las religiones. Son las nuevas celebrities, y Jorge Bergoglio, para sorpresa de muchos, se muestra bien entrenado. Es un populista. Esa veta de su ideología no desaparece porque sea el jefe de los católicos. Esto no habla ni bien ni mal de él, sino que caracteriza la persistencia de la ideología, incluso en los papas: tal fue el caso de Wojtila y de Ratzinger que, por ser elegidos, no se transformaron ideológicamente sino que concentraron poder para sus ideas (Wojtila fue extraordinariamente activo e intervino sin cesar en Polonia y Europa oriental).
Los ateos o agnósticos no estamos unidos al papado. El jefe del Vaticano es, para un laico, el jefe de una religión histórica y de un pequeño Estado. El Papa puede ser sometido a crítica tanto como Obama. Lo diferencia de Obama que su poder no se apoya sobre portaaviones nucleares. Eso es una ventaja enorme: nadie teme una invasión del Vaticano. Aunque es de temer su presión sobre los gobernantes que encaren cuestiones como la contracepción, el aborto y la libertad de género (sobre la que Francisco acaba de pronunciarse con severidad).
Para los que no somos creyentes, la autoridad de un papa depende de lo que diga y a quién apoye; depende de su juego en la arena pública. Sin duda, debe ser extraordinariamente inteligente y hábil, porque en caso contrario no llegaría a ser elegido, venciendo en una competencia cerrada, difícil y secreta. Lo que lo diferencia es la inteligencia y la astucia para dirigir el Estado más opaco de Occidente. Por supuesto, como a todo político, también lo diferencia la suerte.
Marcos distintos. La primera gran carta abierta de un intelectual a un político fue el “Yo acuso” de Zola, dirigida al presidente de Francia. Es un texto muy duro: Zola denunció lo que el Estado y el Ejército perpetraron sobre la persona y el honor de un militar de origen judío. No es un ruego, sino el discurso de un fiscal. En la Argentina, está la carta de Rodolfo Walsh a la Junta Militar: un “yo acuso”, que su autor intenta repartir y lo lleva directamente a la muerte. Ha pasado la época de intervenciones de esta eléctrica y peligrosa tensión. Pero imposible olvidar que, en 1979, dos viejos enemigos, Sartre y Raymond Aron, se dirigen al presidente de Francia exigiéndole que auxilie a los que huyen de Vietnam.
¿Cuál es el marco de la carta escrita por Leuco? Francisco es un componedor, si no se tocan cuestiones fundamentales de dogma y se atiende con cierta consistencia a los pobres. Fue (sigue siendo) peronista y no es un novato ingenuo. Sabe por qué concedió una nueva audiencia a la Presidenta y, habiendo vivido en Argentina hasta hace dos años, no le faltó oportunidad para enterarse de la corrupción del kirchnerismo. Tiene un diseño de cómo debe llegar este gobierno a su fin y se sienta en la mesa del juego político y mediático.
Además es un hombre de su época y no se escabulle frente al ruido de los medios, sino que los utiliza con astucia y estilo propio. Participa en la política de celebridades.
Cabeza de una organización de proyección gigantesca en Occidente, da la impresión de que no puede ser juzgado según las normas con que se juzga a otros en el mundo. Por eso, Leuco se ve obligado a exagerar su respeto y su admiración. La humildad papal enciende la hipérbole.
Esta nota caerá mal. Pero el Santo Padre ha solicitado que “hagamos lío”, que hablemos y actuemos sin hipocresía.
Yo obedezco.

domingo, 12 de abril de 2015

Sarlo: "Cristina debe definir si quiere perder con Randazzo o ganar con Scioli"

"Cristina debe definir si quiere perder con Randazzo o ganar con Scioli"

Elecciones 2014
La filósofa Beatriz Sarlo analizó hoy los úlitmos meses de gobierno de CFK.
La ensayista y filósofa, Beatriz Sarlo, en un análisis sobre los últimos meses de Cristina Kirchner como Presidenta disparó: “El primer problema que tiene es definir si ella quiere perder con Randazzo o ganar con Scioli. Me parece que en los últimos días ha decidido ganar con Scioli”.
Esta mañana, en diálogo con Radio Mitre, Sarlo opinó: “Yo creo que ella vacila entre volver a la rasada y dedicarse a comprar en algún centro de negocios internacional con su tarjeta argenta de jubilados, que supongo es la que va a usar de aquí en más cuando termine su período, o mantener el poder. Eso es muy difícil fuera del poder, lo han demostrado todos los grandes líderes”, y agregó: “Por más que ella piensa que es la que rompe el tomate, y la reina de todo, sabe que es difícil mantener el poder fuera del poder”. 
Por otra parte, apoyó la candidatura de Margarita Stolbizer: “Es una alternativa de mediano plazo, de construcción. Ella es una política tenaz, decente, una mujer muy inteligente y preparada”.

sábado, 11 de abril de 2015

Nuestra Señora de la Argenta Por Beatriz Sarlo

MARKETING K  

Nuestra Señora de la Argenta

A través de la cadena nacional, Cristina Kirchner vuelve a apelar más a los consumidores que a los ciudadanos. Máximo déjà-vu.

¡ACADE...!  Máximo Kirchner
¡ACADE...! Máximo Kirchner | Foto: Pablo Temes
El afiche “Máximo al gobierno / Cristina al poder” y la cadena nacional de la Presidenta fueron las novedades de esta semana. No es posible disminuir la importancia del afiche, como habría sido equivocado tomar en solfa el deseo que Diana Conti expresó con la lúcida frase “Cristina eterna”.
La cadena nacional del martes pasado debería haberse titulado: “Palabras de Nuestra Señora de la Argenta”. La Presidenta es una tenaz practicante del consumo de objetos y por eso sabe de qué está hablando. Un populista más tradicional habría subrayado “bienestar” y “derechos para todos”. Cristina, en cambio, dice “pararse frente a una vidriera”. Perfectamente a tono con la época, su discurso no se dirige a ciudadanos cuyos derechos se amplían sino a potenciales compradores de mercancías, cuyo voto ella necesita fidelizar (los términos de mercadotecnia corren por cuenta de la ideología del discurso presidencial). Por eso, durante un largo segmento de la última cadena nacional habló como la promotora de una tarjeta de compras.
Cristina, maniática coleccionista de joyas según últimas denuncias, se comportó de acuerdo con su sensibilidad.
Es una puesta al día del discurso populista. La “gente”, que mencionan otros políticos, valora la identidad de consumidora y tiene motivos de sobra para no aceptar la exclusión, cuando comprueba que muchos otros están incluidos en el mercado, para empezar los amigos de la Presidenta (y no sólo los dueños de diarios a los que ella insulta).
En el pasado, el discurso populista interpelaba al pueblo bajo diversos nombres: los clásicos vocativos argentinos fueron “descamisados” o “trabajadores”. Cristina demuestra la obsolescencia de ese lenguaje. Interpela sin eufemismos a consumidores reales, potenciales o imaginarios. A la república de la “gente” le contrapone el régimen de los consumidores y ella se constituye en Nuestra Señora de la Argenta. Los excluidos de ese reino del consumo no figuran en los discursos, por motivos que ya explicó Kicillof.
Providencia. Es incuestionable el derecho a una jubilación por parte de quienes no pudieron probar treinta años de aportes en un país habituado a la irregularidad laboral. Sólo los muy reaccionarios pueden oponerse. Pero la cuestión no es ésta, sino el carácter providencial que la Presidenta atribuye a su acción de gobierno junto con la amenaza de que todo va a caer si ganan “los otros”. En un plano imaginario, Nuestra Señora transfiere al modelo consumidor a esos cientos de miles de jubilados que siguen siendo, en el mejor de los casos, humildes consumidores, si se juzgan los haberes que reciben con los que deberán pagar sus cuotas de los bienes adquiridos con la Argenta.
Esta puede ser una solución si no se encuentra otra mejor. Pero más vale no celebrarla como una política social progresista. Es simplemente una política mercado-internista, un rasgo que posiblemente sea el más estable de los que caracterizan al gobierno de Cristina Kirchner: mercado interno más un discurso industrialista que no coincide con los fríos y renuentes números de las inversiones.
Vencido. O sea que el Proyecto Kámpora es una especie de desarrollismo pasado de fecha, en lugar de la refulgente innovación que expone la Presidenta. Puede irse tranquila en este aspecto: ni la derecha más mercadocrática le quitará la jubilación no contributiva a nadie. Su monto no alcanza a cubrir lo que el defensor de la tercera edad Eugenio Semino estima como el costo de una canasta de bienes y servicios para un jubilado: en noviembre pasado, 6.720 pesos, es decir casi el doble de una jubilación mínima de 3.821 pesos en bruto (no queda mucho resto para mirar vidrieras y comprar alguna menudencia).
Para mantener ese capítulo del Proyecto no es necesario el autoritarismo presidencial, ni las cadenas nacionales, ni el discurso prepotente ni el hiperpersonalismo envilecido. Pero sería bueno, en cambio, que la Presidenta explicara el aumento de su patrimonio, que le permite mirar vidrieras sin angustia, y la oscura sociedad de su hijo con Lázaro Báez. Su audiencia, además de agradecerle la extensión de derechos, estaría en condiciones de reclamar sobre las cuentas poco claras de quien se los concede.
En una típica denegación, Cristina Kirchner también afirmó que ojalá no le tocara volver a la Rosada en 2019. Cualquiera podría leer la frase suprimiendo el adverbio negativo. El afiche mencionado al comienzo proclama: “Máximo al gobierno / Cristina al poder”. Lo que olvida es el carácter fúnebre que tuvo esa consigna, cuando fue “Cámpora al gobierno / Perón al poder”. A los 49 días de asumir, Cámpora se vio obligado a renunciar; lo sucedió Raúl Lastiri, yerno de López Rega, como presidente provisional; se llamó a nuevas elecciones, que ganó Perón acompañado por Isabel en la vicepresidencia. Meses después Perón murió y la Argentina empezó a recorrer un camino que terminó en el golpe de 1976.
Edgardo Depetri, uno de los que imaginaron el afiche, debería tomar un tónico para la memoria, ya que es lo bastante grandecito como para saber estas cosas y no evocarlas como himno triunfal, porque son combustible para una aventura destructiva. Además, y por si alguien lo olvidó, la Constitución prohíbe que se ocupe por tercera vez la Presidencia si no ha transcurrido “un período”. Un “período” son cuatro años. Es deseable que a ningún luchador del Proyecto y paladín de la obsecuencia se le ocurra confundirse, imaginar una renuncia como la de Cámpora y entronizar nuevamente a Nuestra Señora.

sábado, 28 de marzo de 2015

Encuestas electorales - Dice la gente por Beatriz Sarlo

ENCUESTAS ELECTORALES  

Dice la gente

Qué quieren decir los actuales estudios de opinión pública. Candidatos y símbolos.

ANSIADO BOCADO Macri, Scioli, Massa
ANSIADO BOCADO Macri, Scioli, Massa | Foto: Pablo Temes
Beatriz SarloSegún la encuesta electoral de la consultora González y Valladares, publicada el domingo pasado en este diario, si las elecciones fueran hoy, Scioli le ganaría a Macri por tres puntos y a Massa por seis. Hace un año, Massa estaba arriba de todo el mundo y casi duplicaba a Macri. Scioli, en ese mismo momento, quedaba en el medio. En realidad, los números importan menos que los desplazamientos.
Al parecer, “la gente” sigue bastante poco la actividad de los políticos y, por supuesto, conoce mucho menos a los que no tienen gestión ejecutiva ni presupuesto para pintar y empapelar todas las paredes. Sanz (que alcanzaría 4 puntos en las PASO) y Margarita Stolbizer (que tocaría los 8) son borrosos para la mayoría tripartita que elige a Scioli, Macri o Massa. Carrió (con menos de 3 puntos), tan conocida como los integrantes de las grandes ligas televisivas a lo Tinelli y Mirta, es una excepción que hay que evaluar por su alta performance en los medios, su dramatismo del Yo, su emocionalidad y su lenguaje colorido pero culto. 
Es obvio que el Ejecutivo es más conocido que el Legislativo; que los partidos están bajo sospecha; y, sobre todo, que sus actividades resultan poco atractivas para quienes no siguen el día a día de la política. La “gente” mantiene una distancia desinteresada o precavida respecto del discurso político. Los Sanz y otros tácticos de la alianza con Macri declararon que eso era lo que les pedía “la gente”. Sin embargo, la encuesta de González y Valladares ilustra que el 47% de tales hipotéticos peticionantes considera esa confluencia como “un rejunte”.  Sobre este tema, la opinión encuestada se manifiesta dividida en partes casi iguales.
Esa “gente” de las encuestas y de los políticos se mueve por muchos motivos. En un plano simbólico la unión siempre parece una consigna buena, bella y justa. ¿Quién sería tan desalmado para oponerse a la unión de los argentinos que quieren mejorar las cosas? Pero están los que, movidos por la desconfianza, piensan que toda unión tiene una parte maldita porque encubre el secreto de sus pactos. La idea de la división asusta. Pero si la unión se concreta, evoca el contubernio. A favor o en contra, para argumentar hay que poner en juego lógicas complejas y enrevesadas. Los encuestados desconfían, en primer lugar, porque los sujetos de la política son políticos (un círculo tautológico del que sólo podría salirse con la energía de una ampliación democrática sustancial). Cuanto menos un político parezca un político, más cerca estaría de la “gente”.
Según la última encuesta de Mariel Fornoni realizada del 14 al 21 de marzo, Scioli tiene dos tareas que lo conducen por dos vías diferentes, aunque puedan correr en paralelo: conservar a quienes aprueban al Gobierno y no perder ese 7% que lo aprueba a él pero está enojado con Cristina. Macri no tiene los mismos problemas, porque probablemente una parte de esos a quienes les cae muy mal se resigne a votarlo porque peor les cae el justicialismo.
La opción de perder. Salvo que Cristina Kirchner decida que a ella le conviene que las elecciones las gane la oposición y, a tal fin, provoque un desbarajuste en los meses que faltan, Scioli (o Randazzo) están parados sobre un piso muy alto, más del 30% que valora positivamente la gestión del Gobierno, según la misma encuesta de Fornoni. Ese piso tiene una estabilidad social fuerte porque se forma con capas de temporalidades muy diferentes: los votantes históricos del justicialismo desde 1983 hasta hoy; los nuevos votantes jóvenes del kirchnerismo; los votantes más pobres, fidelizados por políticas sociales de la última etapa, por la imagen de la Presidenta y por las organizaciones distritales del PJ y de la nueva militancia camporista. Ese piso, construido a lo largo de varias décadas y hasta hoy, ha sido la clave electoral del justicialismo en sucesivas elecciones. Con ese piso se puede perder o ganar, pero es más fácil ganar que perder, salvo cuando una cuña del mismo palo, tipo Massa, en 2013 le saca al justicialismo bonaerense 12 puntos de ventaja. Pero ahora Massa está declinando, como si no hubiera lugar para candidatos tan parecidos.
Piso y techo. No sabemos dónde está la piedra basal de los votantes de Macri (excepto los que tiene en la Ciudad de Buenos Aires). Tampoco sabemos a qué altura estará su techo, ni cuánto le agregarán aquellos radicales que lo voten en primera vuelta (porque seguramente habrá votantes radicales de centroizquierda que se desplacen hacia Stolbizer), ni cuánto le suman Del Sel y la segunda línea del casting deportivo (aclaración: después de más de veinte años en política, no se incluye al mudo y cauteloso Reutemann en ese rubro).
No sabemos, finalmente, cuánto pesará el vale todo de las alianzas hechas para ganar elecciones distritales, una nueva forma del federalismo, probablemente la más prescindente de programa y de ideología. Pero no importa eso de la ideología. Gabriela Michetti, una política de “la gente”, nos instruye que la ideología sólo sirve para cuadricular la cabeza, afirmación tan risueña como la que sostendría que el deporte sólo sirve para mortificar el cuerpo con lesiones.
En vez de recusar lo que se considera un alineamiento improductivo, sería pedagógico que los candidatos discutieran sobre Estado y mercado (uso de la tierra urbana, por ejemplo). En ese punto se diferencia lo que, a falta de otro nombre más nuevo, en casi todas partes se llama izquierda y derecha.

sábado, 14 de marzo de 2015

Rusia, camino del pueblo argentino.. por Beatriz Sarlo

DE PUTIN A KIRCHNER  

Rusia, camino del pueblo argentino

Las revelaciones sobre los nuevos ricos rusos y sus semejanzas con la viveza criolla K. Escala país y acumulación de capital.

NESTOR KIRCHNER
NESTOR KIRCHNER | Foto: Pablo Temes
La revista de libros de The New York Times ha reconocido la originalidad delictiva de la acumulación de capital en manos de la banda de Putin y sus capitalistas amigos. La nota nos ignora y no hace mención alguna a las inteligentes maniobras de acumulación de capital en manos de argentinos que, poco antes, no tenían ni un peso o sólo poseían una fortunita mediocre consistente en dos o tres departamentos y casitas en una pequeña ciudad austral. ¿Los especialistas de New York Times Review of Books desconocen los  trabajos de  sus colegas criollos sobre la acumulación de dinero en manos de los amigos de Néstor? ¿Por qué nos pasan por alto? ¿Simplemente porque la Argentina no es un país importante? Pero temas como el del juego, bien investigado por Federico Poore y Ramón Indart, también merecen una nota en la prensa internacional. O los más extensos El pacto Menem-Kirchner y Las bóvedas suizas del kirchnerismo, de Juan Gasparini. Más las denuncias de Lanata y Wiñazki. ¿Están celosos de Emilia Delfino de Perfil o de la investigación premiada de Hugo Alconada Mon y Mariela Arias, de La Nación? Ni unas pocas líneas sobre la presentación de Margarita Stolbizer que apunta a facturas falsas emitidas por Lázaro Báez con el noble fin de poner en blanco dinero negro y aliviar así la contabilidad de Hotesur. Aunque sea para quitarles crédito, deberían tenerlos en cuenta.
No nos hagan sentir tan periféricos, por favor.
“Con la ayuda de una inescrupulosa banca offshore, Putin y su banda se apoderaron del dinero que pertenecía al Estado ruso, lo depositaron en el exterior; después, lo reintrodujeron e invirtieron en Rusia; así, bocado a bocado, fueron capturando recursos públicos”, escribe Anne Applebaum en su reseña del libro de Karen Dawisha, que porta el estruendoso título La cleptocracia de Putin. Dawisha describe el camino seguido por una megaacumulación de capital público que pasó a manos de una nueva “clase”.
Ya en 1991, más de 4 mil millones de dólares de origen estatal fueron entregados a compañías o depositados en bancos gerenciados por amigos de Putin. Así comenzaba una gigantesca acumulación capitalista de nuevo tipo, cuyo origen era la apropiación de fondos públicos. Un banco importante, el Rossiya de San Petersburgo, se especializó en negocios entre la  nueva burguesía y el crimen organizado. Anoten: servicios de inteligencia, fondos públicos, nueva burguesía, crimen organizado.
La acumulación fue inmensa, a la medida de un país rico en petróleo y gas. Pero lo que hiela el corazón de los argentinos es que el método de esta acumulación nos resulta  conocido: privatizar recursos del Estado, derivarlos a cuevas financieras internacionales, repatriarlos para realizar inversiones locales.
Lo que le ató las manos a Néstor no fueron vacuos prejuicios morales, sino que su capitalito inicial era más bien restringido. La KGB, cuyas cuentas manejaba Putin, controlaba miles de millones de dólares. Nuestro Néstor tuvo que comenzar su camino con los reducidos, pero famosos, quinientos millones (¿o más?) de Santa Cruz. ¿A dónde habría llegado Kirchner en un escenario digno de su iniciativa y su audacia?
El ascenso de Lázaro Báez pudo haber comenzado con esos 500 millones patagónicos. Todavía hoy no se sabe bien dónde está parte de ese dinero, que Kirchner depositó en la banca extranjera.
Provenía de las regalías petroleras que el gobierno nacional le pagó a la provincia cuando Kirchner era gobernador. Néstor los salvó de la crisis argentina, pero nunca presentó una contabilidad clara. Se dijo que habían sido usados para cubrir los déficits del distrito, sin más datos; Cristina afirmó que también se invirtieron en obra pública, sin dar detalles (a ella no se le puede repreguntar, dado que tampoco se le puede preguntar).
Randazzo también dijo, en 2009, que se gastaron en obra pública. Pero agregó que el objetivo de quienes preguntaban era “desgastar al gobierno con falsedades”.
Lázaro Báez, fiel camarada de los Kirchner y consejero de su hijo en finanzas, está para indagatoria. Se lo imputa de haber comprado por medio de un testaferro un campo de cinco millones verdes. Todo falso: un ciudadano honorable como Leonardo Fariña acaba de  desmentirlo ante el juez Casanello. Pero los billetes que vuelan alrededor de Lázaro siguen siendo objeto de curiosidad judicial acá y en sede extranjera.
Volvamos a Putin, un vivaracho fuera de serie a quien no se le escapa el destino de cinco rublos. Con la acelerada acumulación de capital robado al Partido Comunista primero y al Estado más tarde, fundó un imperio económico que incluye a la gigantesca Gazprom, de donde sacó fondos para otras múltiples inversiones. Un jefe de la KGB, como fue Putin, es un cuadro de primera línea, ya sea para servir a su país como para delinquir.
La viveza criolla produjo millonarios de la noche a la mañana, como en el caso de Lázaro, nuestro conmovedor self-made man. Por eso, no deberían ningunearnos en la revista de libros de The New York Times. Menos mal que podemos ver el canal digital Rusia Hoy, que la Presidenta celebró como ruptura del monopolio de las noticias. El canal ruso  en cualquier momento hace una miniserie sobre el tema para competir con la telenovela turca. Tengo el título: Game of Thieves

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