domingo, 17 de septiembre de 2017

Algo peligroso fermenta en la Argentina, Por: Jorge Fernández Díaz/La Nación

Algo peligroso fermenta en la Argentina

Por: Jorge Fernández Díaz/La Nación
Jorge Fernández Díaz
Éramos unos imbéciles. Habíamos devorado toda la literatura setentista, teníamos nostalgia de lo que no habíamos vivido y estábamos deseosos de formar parte de aquella "épica patriótica". 
Rondábamos los veinte y pico, pertenecíamos a la generación de Malvinas y participábamos de algo preciso pero inarticulado: un cierto nacionalismo de izquierdas que acompañaba al proletariado hacia su futuro de gloria. 

Cuando en 1983 el "pueblo" fue derrotado en las urnas, no salíamos de nuestra perplejidad: aquel resultado tenía que ser el fruto del lavado de cerebro de los militares y de los medios, y aquel vencedor debía forzosamente ser el heredero del Proceso y el candidato de las multinacionales. 
Dios mío: Alfonsín era la derecha. 

¡La derecha! Y ese malentendido nos habilitaba a plegarnos a marchas y a huelgas, y a luchar para erosionarlo y para que esa "aberración histórica" fuera urgentemente reparada. De esa imbecilidad juvenil muchos nos fuimos con rapidez y para siempre; otros regresaron a ella con el fenómeno kirchnerista.

El testimonio personal, que aún hoy me resulta doloroso, sólo vale para probar que la historia argentina se mueve en círculos.

Ahora melancólicos de los setenta y ex comunistas reconvertidos en súbitos peronistas de Palermo Fashion han recibido una transfusión de juventud: nuevas camadas surgidas de los doce años de adoctrinamiento del Estado y de la irresponsable glorificación montonera operada por el Frente para la Victoria en escuelas y medios públicos. 

Hoy todos juntos, jóvenes y veteranos, parecen deseosos de embarcarse en esta flamante gesta romántica que no tiene costos: luchar valientemente contra el nuevo heredero de Videla y el gran personero de las multinacionales (producto también del lavado de cerebro) y lograr por supuesto que esta nueva "aberración histórica" sea urgentemente subsanada. 

Que regrese el partido único, la Patria, y que muera el neoliberalismo. Dicho sea de paso: el vocablo "neoliberal" contiene muchas acepciones teóricas, pero en boca de los kirchneristas ya es sinónimo directo de capitalismo. La idea de fondo es que cualquier democracia republicana es sólo una triste democracia formal y que cualquier capitalismo, incluso el que haya desarrollado un robusto Estado de Bienestar, resulta nefasto, con lo que Occidente por entero es una ficción completa, los exitosos emergentes de Asia y África están ciegos y van al fracaso, el PC chino traiciona a Mao al defender la globalización y prácticamente no hay nación sobre la Tierra que no esté contaminada de este virus destructivo. Salvo tal vez la próspera Cuba, donde reinan el ascenso social y el pluralismo; la tranquila y ejemplar Corea del Norte, o quizá Venezuela, pero no conviene menear este último punto cardinal: los chavistas están regalando conejos para mitigar el hambre, en lo que constituye una muestra palmaria de la modernización y la prosperidad del modelo bolivariano.


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