El medio es el mensaje
Las vacaciones que Cristina nos legó
La temporada veraniega marplatense en la que más entradas se vendieron (760.000) fue la de 1987, gobierno de Raúl Alfonsín . Uno de los veranos que más gente movieron fue el de 2001, gobierno de Fernando de la Rúa . No hace falta recordar cómo terminaron ambos. Vincular playas atestadas con la buena marcha de un país puede resultar una simplificación frívola o, en el mejor de los casos, insuficiente.
El año será nuevo, pero las viejas mañas se repiten. En cada fin de semana largo y, en particular cuando, como ahora, transitamos el verano, el Gobierno se proclama factótum de las vacaciones de los argentinos. A Jorge Capitanich no se le ocurrió mejor idea que argumentar que la grave denuncia del fiscal Alberto Nisman contra la Presidenta fue para tapar que hay mucha gente en Mar del Plata, como, según él, no se registraba desde 1993, gobierno de Carlos Menem.
Pero desde que tenemos uso de memoria, el periodismo ha trillado la remanida consigna "éxodo a la costa" y los noticieros se han solazado mostrando rutas atascadas, el consabido primer turista del año que llega a Mar del Plata y los vaivenes del Operativo Sol. El kirchnerismo pretende imprimirles a estas escenas que se repiten desde siempre durante los veranos una épica desopilante. Aspira a que se le reconozca propiedad intelectual exclusiva sobre el fenómeno, como si el Big Bang de las vacaciones hubiese estallado sólo a partir de 2003.
Para apuntalar el soberano disparate, enfatizan su fanatismo jihadista medios y periodistas adictos que pretenden convencernos de que el descanso fuera de casa entre diciembre y marzo es un regalo originalísimo de pura cepa K. Acabamos de entrar en la segunda quincena de enero -históricamente, el pico del movimiento turístico en la costa atlántica- y esto pondrá aún en estado de mayor éxtasis a los comentaristas más obsecuentes. Ríos de notas brotan en todos los soportes para sostener la peregrina teoría. Bombardean, particularmente, con el tema Víctor Hugo, 6,7,8 y hasta la mismísima Presidenta desde su Twitter. No sólo los argentinos no paramos de ir de un lugar al otro, sino que figuramos entre los que más vamos a Miami, en tanto que llegan cada vez más turistas desde el exterior. La magia de las vacaciones ideales atraviesa ahora su máxima expresión.
Por supuesto que la mayor cantidad de fines de semana largos en la presente temporada y el plan de pagos en doce cuotas de jueves a domingos ayudan a sostener e incentivar un fenómeno que, de todos modos, es estacional y preexistente a este gobierno y que, seguramente, continuará el verano próximo, cuando ya se haya ido. Contribuyen a acentuarlo, además, los mejores caminos y vehículos, y una más diversificada oferta turística respecto de décadas anteriores, lo que ensancha las posibilidades de ese mercado.
Igual, el actual movimiento masivo estival sigue estando protagonizado esencialmente por dos clases: la media y la alta. Pero por mucho que la propaganda oficial bata el parche, en algunos países cercanos el porcentaje de viajeros es mayor y no hacen tanto lío.
En esta temporada, a diferencia de la anterior, no hubo devaluación que asustara el consumo ni tantos paquetes de viajes al exterior comprados previamente. Era esperable, entonces, un repunte del turismo local.
Para los que se quedan en casa, la TV trata de sublimar la frustración con imágenes playeras y entrevistas a integrantes de los principales elencos marplatenses, algo que cultivan con fruición los programas chimenteros, que suman a Villa Carlos Paz, y los almuerzos y cenas de Mirtha Legrand.
Mientras tanto, en Mar del Plata, la capital del verano por excelencia, los políticos que aspiran a suceder a Cristina Kirchner en poco más de diez meses tratan de dar desde allí una imagen más descontracturada que, suponen, seducirá a sus eventuales electorados.
Quien tiene más copada la parada, y marca territorio, es Daniel Scioli, que aquilata antecedentes en la materia como el indiscutible anfitrión N° 1 de la Ciudad Feliz.
Ahora juega fuerte sus fichas para teñir todo de naranja y para que la firma "Gobernación Daniel Scioli" domine la postal veraniega. Sumó, además, el parque de juegos DiverMar, en el Paseo Hermitage, gratuito y con atracciones que convocan a miles de personas. Como el gobierno nacional no quiere ser menos, también ofrece un abanico amplio de propuestas populares, pero en la base naval, al lado del puerto.
La gratuidad a mansalva, sostenida por millonarios presupuestos públicos que operan sobre propuestas pasatistas y con calidades disímiles sin planificación a futuro reconoce al menos dos excepciones notables: el museo MAR, valiosa incorporación al acervo de la ciudad, y también es una buena noticia que el complejo oficial Auditorium haya elevado la puntería de su cartelera, con entradas más económicas y propuestas menos comerciales.
A pesar de esa competencia despareja y aluvional, los teatristas privados no se quejan: arrancaron con pie firme y ya están 50% arriba en la venta de entradas respecto de la temporada anterior. Para el balance definitivo habrá que esperar a marzo.