El medio es el mensaje
El huracán Lilita, en su máxima potencia
Los números no mienten: ni Pro está en condiciones de ganar en soledad laspresidenciales de 2015. Ni los de UNEN solos, mucho menos.
Elisa Carrió está fanatizada en volver a la República del 83 y, para que eso suceda, predica convencida que el peronismo, en cualquiera de sus formas (se llame Scioli o Massa), debe ser derrotado. Cree que hay una sola manera de lograrlo: Pro + UNEN.
En las huestes de Mauricio Macri se observan sus movimientos con silenciosa complacencia y aguardan que la situación decante. En el frente progresista, en cambio, funciona como un fuerte revulsivo que parece colocarlo al borde de la disolución y de la diáspora (a la que ya contribuyen con intensidad los radicales con sus zurcidos territoriales). Además, el juego de las fotos políticamente incorrectas (Gerardo Morales y Sergio Massa, en Jujuy; el abrazo de Carrió y Michetti) pone los pelos de punta a los más atildados dirigentes de ese sector.
La encuesta de Poliarquía, publicada el domingo último en LA NACION, confirma que ya hay tres candidatos en carrera bien posicionados y bastante parejos: Massa, Scioli y Macri.
Para parte del electorado no son tan distintos. Para Zulemita Menem, tampoco: "Macri, Scioli y Massa salieron de la formación de papá", dijo por Radio Del Plata. La hija del presidente que más gobernó la Argentina de manera continuada (diez años y medio) analiza si se mete o no en la política.
El sondeo de Poliarquía evidenció la dispersión del voto en precandidatos de UNEN en ínfimos porcentajes. Esperar a las PASO de agosto para definir la fórmula presidencial de ese frente es regalarles demasiado terreno a los candidatos (¿neomenemistas?) ya en carrera. Algo debería pasar, y pronto, para que los de UNEN tengan alguna chance de subir al podio de los triunfadores, al menos en una eventual segunda vuelta.
Como Carrió cree que no prestan debida atención a la advertencia que viene haciendo (que Scioli y Massa disputarán la segunda vuelta y los no peronistas quedarán afuera), últimamente va por la vida tirando a su paso bombas de estruendo. Lejos de oírla, algunos se ponen cada vez más sordos y otros directamente la quieren botar, más que votar. Insiste en que la fusión de UNEN con Pro es inevitable si ambas agrupaciones quieren tener chances reales de llegar el 10 de diciembre de 2015 a la Casa Rosada. Y piensa que hay que apurarse antes de que el canto de sirena de alguna facción peronista intente tentar a Macri con aportarle votos.
La tromba Lilita avanza como elefante en un bazar: rompe todo y no se anda con chiquitas. A Massa lo rotula de narco, a algunos de sus compañeros los acusa de imbéciles y de Lorenzetti sigue hablando pestes. A los radicales los culpa de querer "ser segundos" y a Pino Solanas, al que no para de refregarle que lo hizo senador, ahora lo corre con qué más quiere a los 80 años (tiene 78). Letal.
Elisa Carrió es a la política lo que Jorge Lanata al periodismo. Parecidos por dentro y por fuera, ambos son hipermediáticos, lúdicos y esencialmente disruptivos con respecto a sus propias corporaciones. Se aburren de lo que hay y por eso no se cansan de aplicarle a la realidad constantes electroshocks de coraje intuitivo y de locura histriónica. No por casualidad se llevan tan bien y hasta cierta vez ella le ofreció una candidatura que él desechó. Son talentosos armadores de equipos, pero incapaces de permanecer mucho tiempo en ellos. Se cansan, los dinamitan y se marchan a inventar otra cosa.
La líder de la Coalición Cívica es como un mamut que topa el árbol para acelerar la caída de los frutos, y la tiene sin cuidado si también se cae el árbol. Juega a todo o nada porque sabe que esta vez no hay términos medios. Está en las antípodas de la soporífera bonhomía orgánica de los socialistas que se conforman con esperar el turno de 2019 (o, quién sabe, el de 2023) si no se da el de 2015. Y también, en el otro extremo de los radicales pragmáticos, con tendencia a pactar con quien sea con tal de poner su banderita en distintos distritos provinciales.
Es una articuladora de modales bruscos, antítesis perfecta de los operadores silenciosos y discretos que bordan en las sombras de los grandes partidos. Atrae naturalmente a los medios porque no se calla nada y dice una inconveniencia tras otra.
No está loca, pero es un tiro al aire. Los que la conocen más íntimamente aseguran que la impronta traviesa, alegre e imprevisible le viene por parte del padre y que, como aconseja el Papa (con el que mantiene ciertas diferencias políticas), le gusta "hacer lío".
Ella dice que no tiene ideología, sino principios. Es una activa tuitera, aunque sólo dicta lo que aparece en su cuenta @elisacarrio. También planifica las fotos más delirantes que allí publica (como cuando se tiró debajo de una camioneta para "esconderse" de Aníbal Fernández o se abrazó a la "republiquita", en forma de muñeca, como guiño a un sketch de Periodismo para todos).
En la viñeta que ilustra su Twitter hay una figurita con una banda presidencial cruzada que recrea su inconfundible porte. Promete que si llega a lo más alto del poder pondrá presos a muchos corruptos. Y que no estará más de un período.
Todo es posible en la dimensión Lilita..