El medio es el mensaje
Suar vs. los artistas que sobreactúan
Si hubiese trascendido una foto de los años 90 donde se viese al director de programación de El Trece, Adrián Suar, demasiado cerca de Zulemita Menem ya la maquinaria de propaganda K la habría mostrado hasta la extenuación, con tal de pegotearlo a épocas y personajes que el actual oficialismo rechaza. Pero esa foto no existe.
De todos modos, el Estado Mayor de la comunicación oficial - 6,7,8 ; TVR , Duro de domar ,Víctor Hugo Morales - lo viene masacrando al descontextualizar declaraciones que el dueño de Pol-ka hizo sobre el ultraoficialismo militante de sus colegas.
El Gobierno se obsesiona cada vez más por disciplinar el relato y multiplica medidas en esa dirección (creación del Ministerio de Cultura y de la Secretaría del Pensamiento, implementación de un rating oficial y de un canje de deudas de medios con la AFIP a cambio de publicidad oficial).
Como si fuese parte de esa misma cruzada -¿lo es?-, la Asociación Argentina de Actores emitió un duro comunicado en el que acusó a Suar de "amedrentamiento" y hasta llegó a vincularlo con la Triple A, la dictadura y los "28 compañeros detenidos desaparecidos".
Esta otra "triple A" (las mismas tres iniciales de la entidad) es presidida por Alejandra Darín, quien en su afán revisionista no incluye, por cierto, sus propias fotos, durante el menemismo, en las que aparece muy cerca del malogrado Carlos Menem Jr. "Según parece, la joven es una asidua visitante de la quinta presidencial de Olivos", indicó la revista Noticias, en su edición del 10 de diciembre de 1989.
¿Cuál es su importancia política actual? Seguramente que ninguna, aunque no deja de demostrar que el peronismo cambia su piel (de menemista a kirchnerista), pero no las mañas. Su poder de fascinación, más allá de sus ciclotimias ideológicas, inviste a sus admiradores de ocasión de una fatuidad obsecuente y enceguecida que los hacer perder contacto con la realidad. Este fanatismo actual también pasará. Y vendrá otro. Pero, como se vio el jueves último, por ahora los artistas se muestran a gusto como efusivo decorado aplaudidor de Cristina Kirchner.
Suar respondió al Exocet de la AAA con igual dureza en una carta en la que acusa a la entidad gremial de incurrir en una "canallada inaceptable" por haberlo ligado con las peores calamidades del pasado. "No los he visto salir -demandó a su vez- en defensa de aquellos artistas que han sido víctimas de ataques por parte de la maquinaria oficial, de la cual ahora ustedes son cómplices."
Tal vez recordaba la intemperante respuesta que el año pasado le dio por Facebook la Presidenta a Ricardo Darín por haber osado hablar en una entrevista del "crecimiento patrimonial de los Kirchner". Áspera, Cristina le refrescó que él mismo había sido acusado y detenido en 1991 "por el delito de contrabando de una camioneta que ingresó al país con una franquicia especial para discapacitados", una causa en la que el actor fue sobreseído. El sindicato actoral enmudeció y su titular, Alejandra Darín, para colmo hermana del actor agredido, consideró que no había habido ataque de nadie. "Mi hermano y la Presidenta están del mismo lado", sentenció, y dio vuelta la página.
No es casual la falta de reacción ante acontecimientos tan groseros: hay artistas que han preferido meter violín en bolsa con tal de no ser destripados por la misma picadora de carne oficial que molió a Ricardo Darín, Juan José Campanella y ahora a Suar.
Resulta llamativo, por ejemplo, que un artista como Enrique Pinti, que siempre se caracterizó por ser un cáustico y desopilante observador de la política argentina, haya bajado la guardia hasta el punto de transformarse en un sobrio analista que camina con evidente cautela para no pisar ninguna mina que lo haga saltar por los aires.
Suar reclama que los artistas utilicen la "mirada crítica" aun cuando adhieran,"a no perder la capacidad de distinguir aciertos de errores" y " a no a actuar de forma dogmática". De hecho, el actor y productor no lo hace al armar sus elencos. Sobran en sus tiras figuras que son devotos feligreses del culto kirchnerista. Así debe ser. Torpemente, no lo tuvo en cuenta el relator charrúa al soltar por radio que "los actores que trabajan para Magnetto cobran plata de la mafia".
En cambio, a Suar, por disentir, se lo enchastra con la venia de sus colegas que o callan o se suman con gusto al escrache. La consigna es mostrar un bloque monolítico y sin fisuras entre los artistas y el poder. A los que se opongan, los espera el linchamiento mediático.
Hace unos días, Mauricio Macri visitó la Sociedad Argentina de Gestión de Actores Intérpretes (Sagai). No era la primera vez que iba, pero esta vez se animaron a la foto, quizás en virtud del buen momento por el que pasan las relaciones entre Cristina Kirchner y el jefe de gobierno porteño. Posaron junto al líder de Pro 24 conocidas figuras que sonrieron a cara descubierta. Sólo Pablo Echarri, quien el jueves aplaudió a rabiar a la Presidenta al anunciar el rating oficial, aun siendo miembro de la comisión directiva de Sagai, prefirió estar bien atrás y semiescondido. Tal vez sufrió pánico escénico..