Reproductor solumedia

Tu radio en Internet Netyco Argentina

domingo, 3 de febrero de 2013

Plataformas y candidatos Por Enrique Pinti

Cambalache

Plataformas y candidatos

 | Para LA NACION
 
Hace un tiempo escuché a una legisladora hispana del partido Republicano de los Estados Unidos aseverar que las plataformas electorales son de relativa importancia, ya que la mayoría de los votantes presta mayor atención a la personalidad del candidato y a la tradición histórica del partido que a las propuestas concretas que se enumeran en los discursos preelectorales. O sea que el famoso y tan criticado culto a la personalidad parecería ser, según esa señora, la mejor manera de ganar (o perder, según mi modesta opinión) votos favorables.
Y entonces me pregunto: ¿para qué tanto debate por televisión, tanto Twitter propagandístico y tanta parafernalia bullanguera?
¿El valor de las ideas está tan devaluado como para pensar que sólo se vota a individuos carismáticos, más que a personas con vocación de servicio y ganas de propiciar formas de vida más solidarias, justas y beneficiosas para la mayor cantidad posible de ciudadanos? Es claro que se trata de una opinión individual y que no debe ser tomada como una verdad única y universal, pero no deja de ser sorprendente escuchar de una profesional de la política semejante simplificación de la realidad.
Nadie lo duda: las características personales de los candidatos son un factor importante a la hora de inclinar la balanza a favor o en contra. Y vemos cómo los políticos sonríen forzadamente, se emocionan, sobreactúan y sollozan con fervor cada vez que la bandera nacional flamea al viento en los actos públicos.
Todos hemos visto en todo el mundo esas fotos repetidas de políticos alzando a niños en sus brazos, jugando con sus mascotas (los golden y los labradores llevan alguna ventaja sobre los ovejeros y dóberman), sin desdeñar alguna pose junto a abuelitos, abuelitas, veteranos del ejército y representantes de minorías étnicas postergadas por siglos y reivindicadas a los efectos de la campaña proselitista de turno.
Todo eso está bien y puede arrancar aplausos y adhesiones momentáneas, pero las decisiones de una ciudadanía en temas tan importantes no deberían tomarse con un método tan superficial y, por lo tanto, engañoso. Brillantes oradores pueden ganar un debate mediático, pero no por eso deben ser tomados como salvadores de la patria.
Nadie se convence del todo escuchando que uno dice blanco, el otro, negro y un tercero, rojo haciendo esgrimas verbales que incluyen chistes, tomaduras de pelo y rescate de frases desafortunadas en el pasado más o menos reciente de alguno de los contrincantes. Mucha gente ya tiene en mente a quién quiere votar, pero otra gran cantidad de personas está a la deriva, quejándose de todo sin saber a ciencia cierta qué quieren y, lo más importante, cómo lo quieren lograr. Y ahí avanzan las estrategias más diversas.
El miedo sigue siendo el mayor anzuelo. Miedo al futuro, hipótesis de enemigos permanentes, miedo a perder ahorros, miedo al terrorismo, miedo a perder privilegios, miedo a los extranjeros, miedo al desbarajuste social y económico. y siguen las firmas.
Aquella frase del rey Luis XV: "Después de mí el diluvio", como prólogo profético de lo que fue la caída de la monarquía por la Revolución Francesa de 1789, ha servido y sigue sirviendo a todos los candidatos del mundo.


Es por eso que el culto a la personalidad sigue siendo un recurso peligroso, pero siempre funcional al apetito del poder.

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Buscar este blog