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domingo, 17 de febrero de 2013

“Le sacaron la pensión a mi hijo” POR OSVALDO PEPE

“Le sacaron la pensión a mi hijo”

POR OSVALDO PEPE

 

 17/02/13 - 00:47


Dispuesto a escuchar

 
“Le sacaron la pensión a mi hijo”


Todos los días, desde el Gobierno de la Nación, escucho palabras tales como, entre otras, “integración, inclusión, desarrollo humano, igualdad de oportunidades, inserción laboral”, etc. etc. Pero son sólo palabras vacías de contenido, serviles para discursos preestablecidos que no tienen nada que ver con los hechos, que no se concretan en realidades.
Soy mamá de un joven de 26 años con una discapacidad motriz congénita. Esta patología alteró la función de sus extremidades inferiores. Desde los tres años de edad recibía una Pensión No Contributiva Nacional, precisamente debido a su discapacidad y por lo tanto por un derecho adquirido por Ley. Su patología no le impidió, gracias a su esfuerzo, ganarse un lugar en la sociedad, aun con un sistema perverso que intentó prohibirle (fallo de juez mediante) la asistencia a la escuela común como cualquier otro niño. Un sistema perverso que le impide hoy por hoy, acceder al transporte público de pasajeros (corta, media y larga distancia), porque acá en Mendoza, la Ley 24.314 de ”Accesibilidad de personas con Movilidad Reducida” no se cumple y eso el Gobierno Nacional, lo sabe.
También debe afrontar barreras institucionales. Por ejemplo, la mencionada pensión le fue suspendida porque, y cito textuales palabras del Director de la Comisión Nacional de Pensiones, porque “realiza usted una actividad laboral”. Afirmación que, por su ambigüedad, adopta un alto grado de prejuicio ya que este señor no sabía qué trabajo hacía mi hijo, hasta que le presentamos documentación probatoria, a él y a la ministra Alicia Kirchner y jamás obtuvimos respuesta.
El lo hace con contrato de prestación de servicios en la Municipalidad, sin relación de dependencia y sin recibo de haberes. Comúnmente se llama a eso “trabajo en negro”.
Por otro lado, lo hace porque tiene la capacidad y el derecho de hacerlo, porque el trabajo dignifica y es una herramienta fundamental para su desarrollo y porque la pensión que recibía posee la característica de derecho, en contraposición a la de un simple beneficio, (no lo digo yo, lo dice el propio Ministerio de Desarrollo Social de la Nación) y tiende a complementar los ingresos de su difícil situación económica. Cabe destacar que la pensión le fue otorgada mucho antes (9 años) de que se dictara el decreto reglamentario 432/97, que el Director mencionado utiliza en forma selectiva, evadiendo sus generalidades, porque el mismo establece, en su Art. 10, entre otras cosas, que “las pensiones se mantienen mientras subsistan las causas que las originaron”. En el caso de mi hijo, es redundante decirlo, las causas no desaparecerán jamás. Este decreto, además de ser inconstitucional, posee un grave mensaje extorsivo. (O cedés al clientelismo político, o cercenamos tus derechos constitucionales). Tendría mucho más para decirles, señores del Gobierno. Pero sepan que no son ustedes más importantes que ninguno de nosotros; y que si están ocupando un sillón es porque el pueblo los puso ahí. Ergo: son nuestros empleados y bien pagos están. Ya es obsoleto el concepto de que los que están en el poder son intocables, inalcanzables para nosotros, los del llano, los que nos sentimos insultados cuando pretenden subestimar nuestra inteligencia y pisotear nuestros derechos constitucionales.
María Cristina Esnaola
mcesnaola@yahoo.com.ar/LA CONSULTA, SAN CARLOS, MENDOZA

El comentario
Funcionarios que no entienden
Cuando no es manejada por personal idóneo o con sentimientos, la burocracia pública puede llegar a ser muy tóxica. El enojo de la lectora, madre de un joven con discapacidad motriz, parece justificado. De su bronca, sobresale algo que los argentinos comprobamos a diario. Nuestros funcionarios parecen no entender que su trabajo es servir al ciudadano y no servirse de ellos.

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Ida y vuelta
La carta de un hombre violento y arrepentido
Se publicó el domingo en este espacio y motivó a otros lectores.

Señores de Clarín, escribo por la nota del lector Miguel Angel Cotic sobre la violencia de género, publicada en esta página el domingo anterior bajo el título “Sé que le hice daño a mi pareja”. Debo confesar que yo soy un hombre violento. No sólo de forma verbal, sino también física. La violencia es siempre la misma y se ejerce contra el más débil. Nadie nace violento, se aprende a serlo.
Recuerdo que yo llegué, incluso, a levantarle la mano a mi madre. Crecí en una familia donde mi padre alcohólico golpeaba a mi mamá y me agredía a mí por defenderla. Luego mi mamá me golpeaba y humillaba todo el tiempo por su frustración ante la situación que vivía. Tengo cicatrices en mi cuerpo que hablan de esos tiempos. Esta conducta se aprende y hace mucho daño a todos.
Hace pocos meses, encontré un lugar un programa liderado por el licenciado Matiossi, que depende del Ministerio de Salud de la Ciudad. Se denomina “Programa para hombres violentos” y hace 15 años que lo conduce el licenciado Matiossi. Yo puedo dar fe que es algo de mucha ayuda. Se encuentra en la zona de Once a metros de la facultad de Psicología. No cobran nada y fue en el único lugar donde me dijeron que querían y podían ayudarme. Yo me presenté de forma espontánea, no tengo ninguna causa judicial. Sólo que no quiero seguir haciendo más daño a nadie.
Hace un par de meses se habló de cerrar el programa por las trabas que está poniendo el Gobierno de la Ciudad. Si no se trata a los que ejercen violencia, siempre habrá personas, hombres, mujeres y niños violentados, acaso muertes que lamentar. Por favor pido, háganse eco de esto porque es la raíz del problema. Yo no quiero seguir siendo violento, lo sufrí y lo aprendí. Quiero aprender a expresar amor. Por favor, yo necesito ayuda. Tengo 41 años y vivo en Tres de Febrero.
Víctor Espinoza
victorespinoza760@hotmail.com

Hola Miguel, leí tu carta el último domingo en Clarín. La leí y la sigo releyendo. Lo primero es agradecerte por cada párrafo. Me sentí reflejado en muchos instantes y hoy, ya fuera de casa, me doy cuenta del daño que hice a la persona que conocí hace 20 años y con la cual tenemos mil momentos buenos y algunos muy malos, llenos de agresiones verbales y físicas, de cada una de esas situaciones me avergüenza, me arrepiento. “Nadie merece ser infeliz en una relación”, recuerdo el párrafo de la carta del lector Cotic que mucho me impactó. Hoy, con ayuda profesional, a los 43 años, me pregunto ¿quién soy? ¿Qué quiero realmente? ¿A quién quiero? Sólo en un departamento estas preguntas no tienen respuestas, pero no estoy dispuesto a seguir dañando y dañándome
Veo que no es fácil reconocer esto, y que no todo el mundo te entiende, la vida es una película y no una foto instantánea.
Diego Fernández
dfernandez@ulmapackaging.com.ar

Reflexión por el apoyo de un lector a Clarín
Escribo por la carta de Juan José Castellón, publicada en Lectores del domingo 3 de febrero, dentro de un lote de otras cartas que manifestaban su apoyo a Clarín. Y quiero decirle al señor Castellón que apoyo su postura y creo que gracias a Clarín podemos expresar nuestros pensamientos y decir lo que sentimos. Los argentinos estamos acostumbrados a los golpes que nos da la vida y a ser maltratados por las personas que nos gobiernan. Son las mismas personas que ayudamos a llegar a la cima, aun quedando nosotros en el fondo del abismo. Estos, una vez en la cima, se creen consagrados y con derecho a usarte como esclavo. Ya no te conocen. Están del otro lado y se nos cagan de risa en la cara diciendo ¡yo no dije eso que dicen! Y entonces tenemos que masticar bronca, seguir trabajando y aportando para que los señores anden de paseo y de fiesta con la plata de los jubilados.
Los que gobiernan son como un tonado: vienen y se llevan todo lo que encuentran a su paso, dejando al pobre sin casa sin techo y sin trabajo. Y no le queda otra que seguir mendigando. Siempre nos enseñaron que la Justicia existe, sin embargo hoy vemos que la Justicia de los hombres se maneja para donde quieras. Pero la justicia divina es perfecta. Pueden quitarnos todo lo que tenemos, disfrutar de lo muestro y robar y mentir sin descaro. Pero estén bien seguros que cuando los vengan a buscar se van a ir como vinieron: ¡en pelotas!
Rubén Rubilar
rubenhipo@live.com

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Una carta...
Yoli se fue antes de tiempo. Teníamos vinito y empanadas para compartir, un sobrino nieto por conocer y partidas de la loba para jugar. Y esas larguísimas charlas que tanto nos gustaban. Ya no podrá ser, se nos fue el 7 de septiembre. Esta carta es para decirle que la extrañamos.
Mariana Colotta
mcolotta@hotmail.com

Una historia...Yoli se fue antes de tiempo. Teníamos vinito y empanadas para compartir, un sobrino nieto por conocer y partidas de la loba para jugar. Y esas larguísimas charlas que tanto nos gustaban. Ya no podrá ser, se nos fue el 7 de septiembre. Esta carta es para decirle que la extrañamos.
Mariana Colotta
mcolotta@hotmail.com

Una historia...
Pedro y Julia tuvieron cinco hijos; la Yoly fue la tercera hija mujer. Si bien su tierra de origen fue la Colonia Jaime, en Santiago del Estero, su vida, sus empanadas, sus cartas y sus tejidos se asentaron varios años en Zárate, Los Polvorines, San Martín, Mendoza, Seres y La Banda.
Ella tuvo un solo hijo biológico y tres nietas, pero ese número se multiplicó con los sobrinos hijos, los hijos del corazón y los nietos y bisnietos propios y adoptados, que hicieron que la Yoly los siguiera mimando y protegiendo con sus comidas, sus brazos que seguían sosteniendo bebés hasta sus últimos días.
Esta maravillosa mujer santiagueña jamás perdió el humor, sus ganas de vivir y su altruismo, aún en los momentos más difíciles, en los que siempre estuvo, no solo por lealtad y hermandad sino acompañando a los que quedaban, que es sin duda una de las tareas más nobles.
El Pancho fue su gran amor, al que conoció de adolescente y al que “mandoneó y peleó” durante ese sólido matrimonio, y el que quedó sin su brújula al asumir la viudez. A Yoly no le decimos adiós, porque seres como ella, siguen entre nosotros en los recuerdos, en las anécdotas y en nuestro corazón. La imaginamos en una partida de loba con su querida hermana Teresa, con quien cariñosamente siempre competía y, seguramente, extrañaba a mares, y con su otra hermana Olga, su debilidad y su protegida. “Seguro que en una estrella están las tres juntas riéndose e iluminándonos a los que todavía estamos acá.”, dice Mariana para concluir.

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