Cambalache
Valores eternos
El mal de muchos suele ser el consuelo para tontos, como dice el refrán. Pero muchas veces es bueno reflexionar acerca de algunos temas que pueden clarificar nuestras mentes estresadas por tanto desastre y desolación, por tanto disloque y contradicción y por tanta arbitrariedad e injusticia.
Es muy normal que ante los momentos difíciles uno crea que vive en el peor lugar y la peor época. Es muy lógico afligirse por el aquí y el ahora, pero no está de más pensar también en todo lo bueno y rescatable que nos rodea. No se trata de la cursilería de ver el cielo azul, los pajaritos cantores y las cabriolas de alguna encantadora mascota, mirar el horizonte, poner los ojos en blanco y exclamar: "¡Qué bello es vivir!" Se trata de ver los verdaderos valores que poseemos y a los que muchas veces no les damos la importancia que se merecen. Los afectos, nuestros seres queridos, nuestros logros por pequeños que sean y nuestra capacidad de lucha para enfrentar los inconvenientes que nuestra agitada existencia nos depara, son algunos de los aspectos que deberíamos ponderar a la hora del bajón depresivo. Hay mucha gente que no tiene esa suerte y se ha quedado sola, desamparada, enferma y sin amigos, esos sí tienen real motivo de queja aunque vivan en el mejor país y en la mejor época. Cuando vemos a tantas personas deambular por calles y plazas, mal entrazadas y con signos evidentes de alteraciones mentales o depresiones profundas, cuando nos cruzamos con gente que padece las consecuencias de enfermedades neurológicas graves y apenas pueden movilizarse, cuando miramos a niños abandonados a su suerte sin la menor protección ni la más mínima contención familiar, arriesgando sus vidas por una limosna, ahí se nos presenta en cuerpo entero lo que es la verdadera desgracia, esa que depende también de países y épocas, pero que es básicamente parte integrante de la mala vida de cualquier lugar y cualquier período histórico.
Maldecimos a nuestros tiempos y añoramos pasados más respetuosos de las reglas de conducta social, pero no nos detenemos a pensar todos los avances que la ciencia ha hecho y sigue haciendo en las investigaciones sobre enfermedades consideradas incurables en aquellos gloriosos tiempos pretéritos, nos parecen normales cosas que otrora eran excepcionales, y vivimos sin recordar todo lo que hoy podemos hacer para tener mejor calidad de vida.
Es muy cierto también, y todo hay que decirlo, que la desigualdad intolerable que aqueja a grandes sectores de nuestra sociedad, aquí y en la mayor parte del planeta, hace que muchos de esos adelantos no estén al alcance de millones de seres humanos, pero antes nadie ni rico ni pobre podía acceder a ellos.
A pesar de los denodados esfuerzos de pueblos, gobiernos, ejércitos y turbios intereses económicos para destruir a nuestro atribulado mundo, muchos anticuerpos y antídotos producidos también por seres humanos tratan de contrarrestar tanta depredación, que va desde las agresiones a la ecología hasta la impiedad de superestructuras de todo tipo de poder.
Los bancos colapsan, piden auxilio se lo dan con total prioridad mientras millones de seres quedan en la calle con el único derecho al que acceden: el derecho al pataleo, que la mayoría de las veces es reprimido a golpes y bombas de gases lacrimógenos disparados por guardias mal pagos que cuando protesten serán golpeados por los cuadros superiores.
Es muy difícil escapar a tanta barbaridad, pero no es imposible revalorizar todo lo que cada uno tiene y defenderlo con toda el alma. La vida deja de tener sentido real cuando nuestros valores se adulteran y desaparecen. La violencia no arregla nada, la inercia tampoco. La única que puede hacer algo es la sensatez..
