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domingo, 28 de junio de 2015

REPORTAJE A SERGIO BERENSZTEIN “En Argentina no hay diálogo ni planificación estratégica”

REPORTAJE A SERGIO BERENSZTEIN

“En Argentina no hay diálogo ni planificación estratégica”

El analista político analiza el fin del ciclo kirchnerista. Y plantea el nuevo escenario que se inicia con el cambio de gestión. Reconoce la reconstrucción del rol del Estado en los últimos años, pero advierte sobre los peligros de la polarización. El problema de no reconocer los índices de inflación y su relación con la pobreza.

Argentinos. “Necesitamos ser una sociedad con mecanismos de movilidad social ascendente, que asegure la subsistencia para la gente sin posibilidad de insertarse en el mercado laboral.”
Argentinos. “Necesitamos ser una sociedad con mecanismos de movilidad social ascendente, que asegure la subsistencia para la gente sin posibilidad de insertarse en el mercado laboral.” | Foto: Juan Obregon
En el transcurso de una fría y larga tarde de invierno conversamos largamente con Sergio Berensztein (profesor en la Universidad Torcuato Di Tella y doctorado en Historia de la UBA y de la Universidad de North Carolina, USA) quien, luego de consagrarse en la exitosa consultora Poliarquía, hoy preside la empresa que lleva su nombre.
—Tengo un grupo de jóvenes brillantes que me nutren permanentemente como para poder entender esta nueva realidad, que es muy desafiante –explica Berensztein–. Justamente por eso hace falta gente de diferentes profesiones, con mucha formación para poder lograr una visión objetiva, analítica y de conjunto sin, obviamente, perder la perspectiva sobre lo nacional y lo internacional. Somos en total ocho personas y enfocamos todo nuestro esfuerzo para brindarle insumos estratégicos a gente que toma decisiones (fundamentalmente en el sector privado) para poder navegar por esta incertidumbre con la posibilidad de que cumplan sus objetivos.
—Sin duda un grupo de mucha responsabilidad justamente porque, como usted señala, marca una ruta a centros importantes de decisión y de poder.
—En general son empresas que deben tomar decisiones de inversión, decisiones de mediano y largo plazo y que ven a la Argentina con un enorme potencial pero también con dudas e interrogantes sobre qué va a pasar, cómo van a transcurrir los tiempos y las secuencias. Lo que intentamos, entonces, es poner a Argentina en términos comparados para que (sobre todo en el caso de empresas multinacionales) puedan entender las similitudes y las diferencias respecto de otros países donde ya han adquirido mayor experiencia. A veces la gente no tiene tiempo para entender estas cuestiones no puntuales, más idiosincrásicas. Por ejemplo, era muy común que la Argentina fuera vista, dentro de los mercados financieros, como si fuera Venezuela. Obviamente hay elementos comunes…
—Es una mirada que no nos favorece.
—Bueno pero la verdad es que mirando desde afuera, desde un escritorio en el que se hacen inversiones financieras, la similitud es importante. Fíjese: control de capitales, liderazgos en regiones donde hay llegada a los gobiernos de manera democrática pero en las que, luego, se gobierna en forma bastante autoritaria. Entonces, ven eso y también cosas en común y la verdad es que, muchas veces, lo rico está en los detalles y las diferencias son significativas. Por ejemplo, a pesar de todos los excesos que hemos sufrido, en la Argentina sigue habiendo más libertad de prensa que en Venezuela. No hay persecución a los opositores. Sigue habiendo, todavía, un partido político que le impone restricciones a la Presidenta. Me refiero al peronismo. También sigue existiendo un tejido sindical que genera restricciones indudables para poder desarrollar algunas decisiones políticas. Pero la diferencia más importante es que el gobierno venezolano es el dueño del petróleo y esto resultó en una fuente de recursos muy importantes.
—¿Sigue exportando un millón de barriles diarios a Estados Unidos?
—Efectivamente. Pero la demanda de Estados Unidos está bajando porque ellos han hecho un esfuerzo muy significativo en la producción de energía no convencional parecida a la de Vaca Muerta. Por esto, Estados Unidos se está convirtiendo también en exportador de esa energía, de la cual una gran parte es gas. O sea que sigue importando petróleo, pero también exporta gas. Y esto ha cambiado la geopolítica internacional. De hecho, Estados Unidos tiene hoy reindustrialización gracias a los bajos costos de energía. Este es el tipo de cosas que nosotros queremos agregar al proceso de toma de decisiones. Brindarles a los empresarios (y también a otros líderes) un tablero bien completo para entender las oportunidades y los riesgos; cómo comparar a Argentina con otros países en cuanto a sus ventajas y desventajas en términos de capital humano.
—¿Por ejemplo?
—Bueno, regulación, clima de inversión. Eso requiere, claro, mucho tiempo de preparación y es imposible apoyarse sobre un solo equipo.
—Son tiempos muy particulares: a la altura de la civilización en la que estamos, esta mañana, por ejemplo, todas las tapas de los principales diarios hablaban del frío y de la crisis energética que priva de luz y gas a numerosos barrios de la Capital Federal. Como observador, a pocos meses de las elecciones, ¿cómo definiría nuestra situación?
—Esto es resultado de la falta de planificación estratégica. Lamentablemente, en Argentina no tenemos (sobre todo en la política) el hábito de entender que las decisiones de corto plazo tienen impactos negativos en el mediano y largo plazo. En los últimos años hubo una política energética orientada a alimentar el consumo al no permitir que los precios orientaran los hábitos de consumo y la inversión. ¡La gente imaginó que la energía no costaba nada! Hubo entonces una mala utilización de recursos escasos y, obviamente, ¡nos quedamos sin energía! Yo me crié en una casa en la que mi mamá nos obligaba a apagar la luz que no usábamos. ¡Y lo bien que hacía! –termina, riendo–. Hoy sufrimos entonces, lamentablemente, el haber creído que estos atajos eran útiles. Por el contrario, son contraproducentes.
—Hace algunos días, sin embargo, por cadena oficial la Presidenta señaló que, por suerte, en los hogares argentinos había muchos elementos hogareños “para enchufar”.
—¡Y hoy falta energía para que funcionen! La verdad es que tenemos una comunidad de expertos que alertaron que en algún momento esto iba a pasar: me refiero a los ex secretarios de Energía. Esto es interesante. En la Argentina no hay diálogo ni planificación estratégica. Cuando recibe una crítica, el Gobierno reacciona como si eso no tuviera validez. En una sociedad democrática (con intercambio entre el mundo público y el mundo privado), donde se permite y alimenta la crítica, esto se hubiera evitado. Creo, incluso, que es un buen ejemplo de los desfuncionamientos más importantes de la Argentina en términos de cómo funcionamos socialmente y cómo se toman decisiones públicas. Falta planificación, falta diálogo e interacción entre el mundo público y el mundo privado para, justamente, alimentar la toma de decisiones. Esto ha ocurrido con otros gobiernos. Es algo bastante común. ¡Esperemos que se corrija en el próximo gobierno!
—Entonces, su mirada sobre la sociedad argentina…
—La veo dispuesta a un cambio. No es un cambio radicalizado ni súbito. Es un cambio que tiene algunos matices. Por ejemplo, la gente ya hace mucho tiempo que se manifiesta muy preocupada por la inseguridad. Curiosamente, ahora ocurren cosas que ya no alarman tanto porque nos acostumbramos a que es un hecho real que a uno lo asalten mientras piensa dónde estacionar o si puede ir al cine de noche. Si los chicos, cuando salen, van a llegar o no… Esas preocupaciones cotidianas ahora forman parte de nuestros hábitos y tiene que ocurrir algo realmente muy fuerte para que nos sorprenda. ¡Hemos incorporado estos hechos como parte de la realidad! Sin embargo, el reclamo por inseguridad se ha generalizado a nivel provincial y nacional. Tenemos que hacer algo al respecto porque, de no hacerlo, el costo es cada vez más alto por el desarrollo de las redes que, fundamentalmente, ha organizado el narcotráfico.
—Incluso, usted escribió un libro sobre el narcotráfico, ¿no es cierto?
—Sí, El poder narco. Es una investigación muy larga que publicamos el año pasado con Eugenio Burzaco. Yo no sabía nada del tema. Burzaco, en cambio, fue jefe de la Policía Metropolitana. Hablamos largamente sobre esto y Burzaco expuso toda su experiencia. Yo tomé la parte más política, la opinión pública, por ejemplo. Fue un libro muy difícil de escribir. Nos angustiaba mucho comprender la profundidad del tema. En la década del 90 viví unos años en México y había observado un fenómeno muy similar: la sociedad mexicana negaba la evidencia de una mayor violencia. ¡Hechos muy significativos que la sociedad mexicana negaba! Hasta que fue demasiado tarde. Cuando uno advierte la profundidad del fenómeno es muy difícil controlarlo y reducirlo. Estas son cuestiones que están muy instaladas en la sociedad como preocupación y me parece que el próximo gobierno va a tener que adoptar una postura más comprometida frente a esa agenda de seguridad.
—¿Y la inflación?
—Ocurre lo mismo: Argentina convivió mucho tiempo con una inflación de magnitud: 20% o 25% anual. Por ejemplo, la década del 60 tuvo una inflación parecida a la que tenemos ahora. Era un mundo inflacionario y no había una demanda muy clara de la sociedad como para reducir la inflación. La gente reaccionó con episodios como el Rodrigazo. O la hiperinflación de 1989 cuando “entendimos” que ¡aquello era un horror!
—Desgraciadamente estos fenómenos hoy no parecen tan alejados.
—Volvemos entonces a convivir con esta inflación alta y, obviamente, las consecuencias hacen que éste sea un país en el que observamos restricciones como el cepo, la inseguridad jurídica (que se ha profundizado en todo este tiempo) y vemos que es un país que no está creciendo, que no genera empleo, que tiene dificultades en “soltarse” ¡y volver a crecer! Entonces yo creo que también ahí existe la demanda de una política económica más normal. Más semejante a cómo se gobierna, en general, en países más parecidos a la Argentina: Uruguay, Chile, Brasil… Todo el mundo tiene problemas. Aun los países que están bien objetivamente tienen muchos problemas.
—Sí, pero Uruguay exporta más carne que nosotros…
—Por supuesto. Hemos perdido mercados como consecuencia de este hiper-estatismo, de estos controles excesivos que han desalentado inversiones como, por ejemplo, en el sector agroindustrial. No solamente se trata de la carne sino que los productores de soja o de maíz (¡de trigo ni hablar!) tienen problemas. Seguramente, ahí el horizonte será muy positivo porque, quien sea que gane las elecciones, va a tener (supongo) una política más razonable incentivando al productor para que vuelva a producir. Sin embargo, pienso que en la década del 90 existía la sensación de que había un camino claro que aseguraba el crecimiento. Y que la democracia en el mercado era inevitable. Mire, cuando Francis Fukuyama escribió el famoso libro El fin de la historia aquello era un paradigma muy duro. Hoy , por suerte, somos mucho más humildes: sabemos que hay mecanismos que deberían funcionar mejor en una democracia pero también que nadie es dueño de la verdad y que aun los países más desarrollados, con las democracias más plenas, sufren situaciones muy problemáticas. Incluso, reversiones desde el punto de vista cultural. Por ejemplo, en Europa hay una ola de racismo y de antisemitismo muy fuertes. Hay problemas de empleo en los países más desarrollados…
—Perdón... y lo que es peor: los pobres africanos que huyen de su continente para no morirse de hambre y a los que Europa les ha cerrado las puertas.
—Esta es una alarma. Y uno de los pocos que la denuncia ¡es el Papa! Al mismo tiempo existe una ciudadanía acostumbrada a cierta seguridad o a cierto nivel de vida que es difícil de sostener. Porque éramos el “Estado de bienestar” tan asentado en la década del 70 y es muy difícil mantener a gente que, por ahí, se retira a los 60 años y que pensaba vivir (después de trabajar durante otros 35 años de aportes) en descanso. Probablemente esto ya no sea posible. Así es que estamos en un momento en el que “las grandes verdades reveladas” ya no lo son tanto y, me parece, hace falta tener una actitud más humilde, autocrítica y abierta para entender que, entre esta idea de que el Estado es la solución para todo o que el mercado resuelve cada problema hay que buscar el justo medio, lo cual es muy difícil.
—¿Usted cree, luego de estas elecciones, que aun con kirchneristas en el poder viene otra cosa? ¿Algo que ya no es la era K?
—Por un momento, miremos el mundo. La verdad es que uno ve reacciones contrarias al mercado y justamente reactivas a promesas incumplidas de la democracia: argentinicemos el fenómeno y lo que uno ve (por ejemplo surgieron movimientos reactivos a la globalización en diferentes partes del mundo) son consecuencias típicas de cambios importantes en la forma de vida, de empleo, de inseguridad laboral (que implica estar sometido a cambios de la economía de mercado). Han surgido entonces, como le decía, movimientos populistas o neopopulistas en la región y en el mundo. Por ejemplo, el proceso en Bolivia, en Ecuador, también el chavismo… ¡Miramos lo que no ocurrió pero pudo haber ocurrido! López Obrador en México… También en Europa… Y esto ocurre en la izquierda y en la derecha. Miremos a España, el fenómeno griego… Hungría con un fenómeno muy populista que cierra la economía… Son movimientos nacionalistas que reaccionan a la globalización, que expresan el enorme malestar de las sociedades como en Europa en 2008 y 2009. También esto ha ocurrido en Estados Unidos. Dentro del Partido Republicano encontramos una reacción de derecha con el Tea Party… También en la izquierda demócrata hay un movimiento que se opone al libre comercio, pero el presidente Obama está tratando de firmar acuerdos de Comercio con el Pacífico mientras que los sindicatos y otros grupos se oponen… entonces, me parece que si uno trata de mirar el kirchnerismo de una manera un poco más general se da cuenta de que nosotros tuvimos una crisis muy profunda en 2001 en la que había mucha gente que venía acumulando resentimiento e insatisfacción por la apertura de la economía. Gente que se quedó sin trabajo y no pudo reinsertarse por falta de entrenamiento para entender la nueva dinámica… por todo ello el kirchnerismo es un mecanismo muy complejo, conocemos algunas de sus manifestaciones más evidentes con liderazgos muy fuertes: primero de Néstor y luego de Cristina. La idea de concentrar mucho el poder, tratar de evitar que la división de poderes funcione correctamente… Estos son elementos típicos de este proceso, pero también creo que vale la pena valorar y entender todo el componente de reacción y de malestar frente a la globalización y esta transición hacia la economía de mercado que se intentó durante la presidencia del doctor Menem que logró algunos beneficios (modernización para un conjunto importante de la sociedad) pero que también dejó afuera a un sector importante. Creo entonces que uno puede aprender de estos hechos y entender que el kirchnerismo tiene un fenómeno también (más allá de los años 70 que son más complejos) en el que se piensa que es importante tener un Estado que proteja y que, en la medida que los mecanismos de mercado puedan crear desigualdad, la Argentina es un país que desde su concepción prioriza un umbral de igualdad (que ya encontramos en el Himno Nacional) y que tiene un piso simbólico de igualitarismo que rechaza la pobreza. No puede verse a sí mismo en estas condiciones… Creo que lo interesante de esta polémica sobre el 5% de pobreza es que ¡tampoco la Presidenta lo puede admitir! Efectivamente, admitir que la Argentina es un país tan injusto no sólo contradice el famoso “relato” sino que se opone a algo que se parece a un acuerdo (no formal pero muy fuerte) que tenemos los argentinos: necesitamos ser una sociedad con mecanismos de movilidad social ascendente que, por lo menos, asegure un piso mínimo de subsistencia para la gente que no tiene la posibilidad de insertarse exitosamente en el mercado de trabajo.
—Por eso, a fines del siglo XIX y principios del XX tuvimos un aluvión de inmigrantes que venían a una tierra de igualdad.
  Berensztein sonríe con luz en la mirada:
—Y yo estoy aquí, en este país, justamente por eso.

domingo, 21 de junio de 2015

“Hay que subsanar las dificultades entre el Gobierno y la Justicia”

REPORTAJE A CLAUDIA LEVIN

“Hay que subsanar las dificultades entre el Gobierno y la Justicia”

Como secretaria de la Corte Suprema, tiene a su cargo la formación de los jueces y siente en primera mano los efectos de la tensión del Poder Judicial con el Ejecutivo y el oficialismo en general. El caso Piombo y la preocupación por la discriminación en situaciones de abuso sexual en menores. La capacitación como herramienta para mejorar a la magistratura.

Influencia. Claudia Levin es funcionaria del Poder Judicial y trabaja en contacto directo con miembros de la Corte, como su presidente, el juez Ricardo Lorenzetti.
Influencia. Claudia Levin es funcionaria del Poder Judicial y trabaja en contacto directo con miembros de la Corte, como su presidente, el juez Ricardo Lorenzetti. | Foto: Néstor Grassi
La doctora Claudia Levin, abreviando, es secretaria de la Corte Suprema de Justicia. Si ampliamos las implicancias de su cargo podemos añadir que es secretaria académica de la Escuela de Jueces del Poder Judicial y también miembro del Comité de Relaciones Internacionales del Poder Judicial.
—Tenemos entendido, doctora Levin, que es el cargo más alto dentro de la escala de funcionarios judiciales, ¿no es cierto?
—Efectivamente, pero también he sido designada por el Poder Judicial de España como evaluadora externa de la capacitación de sus jueces. Además, en todas las escuelas de Iberoamérica me desempeño como
evaluadora de calidad.
—Usted, al mismo tiempo, ha sido directora del proyecto de diversidad sexual de la universidad. Si no recuerdo mal, éste es el antecedente (apoyado por todos los bloques del Senado) de la Ley de Identidad de Género.
—Sí. Lo trabajamos y se aprobó antes que la Ley de Género.
—Siendo una persona joven, doctora Levin, le ha tocado un momento difícil. ¿Cuál es su mirada sobre la situación de la Justicia, tan atacada en este momento del país?
—Yo creo que, justamente, éste es el punto en el que tenemos que trabajar. Observo esta situación desde lo que conozco y desde lo que hago. Es decir, de la capacitación. Aquí tenemos una herramienta de cambio. También, la concientización. Nosotros (los que trabajamos en capacitación) partimos de la idea, cuando se creó por ley la Escuela Judicial, de que hasta ese momento existía la concepción (dentro de la Justicia) de que los jueces tienen que aprender, tienen que ser evaluados… ¡Los jueces ya saben lo necesario cuando llegan a este punto! Esta era, más o menos, la concepción. La democracia ha hecho lo suyo en nuestras cabezas, y hoy hemos avanzado y damos por sentado que es obvio que tenemos que capacitarnos, que la capacitación es permanente, ¡que tenemos que estar preocupados por mejorar el Poder Judicial! Y… bueno, una herramienta para lograrlo es ésta. Repito: una herramienta.
—Pero, doctora, vuelvo a lo que le decía: nunca imaginamos que, en democracia, iba a producirse un antagonismo tan fuerte entre el gobierno nacional y la Justicia…
—Sí, hay momentos de conflicto, de distintas opiniones, de dificultades, de tensiones. Y esto, en una democracia, tiene que ser subsanado. Hay que subsanar las dificultades entre el Gobierno y la Justicia. Tiene que ser zanjado con debates, con discusiones y con respeto. Respeto hacia los poderes, respeto a la independencia. Debemos repensar ciertas cosas y, si queremos mejorar de verdad el Poder Judicial, tenemos que abordar estos puntos. Hacernos cargo de que es necesario trabajar desde distintas áreas. Una de las áreas es capacitar a los jueces. Capacitarnos todos. Y comprender que la capacitación no es un lugar que ya está establecido sino un lugar al que se llega. Es un trayecto que no hay que abandonar.
—Usted, doctora, ¿se refiere a la capacitación en todas las áreas?
—Absolutamente. Mi responsabilidad, y en lo que trabajo en el Poder Judicial, reitero, es la capacitación de los jueces. Pero creo, también, que la capacitación tiene que ser internalizada como una necesidad permanente porque es la manera que tenemos para repensar todo lo que estamos haciendo, autocriticarnos, autoevaluarnos… En una palabra, mejorar y avanzar.
—Los periodistas que cubrimos muchas veces información nacional sobre educación no podemos dejar de pensar que la educación también ofrece un panorama preocupante. Ni hablar de los chicos que, lamentablemente, dejan la escuela…
—Desde ya. No soy especialista en educación inicial pero es así. Claramente hay un problema de abordaje, pero lo que a mí me preocupa es cómo hacer para mejorar el Poder Judicial porque claramente tenemos dificultades (también surgen dificultades en otras áreas de la vida y de la sociedad). Como le decía, a mí me toca la problemática del Poder Judicial y, claramente, tenemos algunos problemas. Por lo tanto, debemos buscar, con creatividad, todas las formas de mejorar este servicio de justicia.
—¿Y cuáles serían, entonces, a su entender, los principales problemas?
—Bueno… al día de hoy me preocupa muchísimo (después de lo ocurrido en el caso Piombo) el tema de la discriminación. Este caso, recordemos, de un niño abusado mostraba, para el doctor Piombo, una cierta orientación sexual del niño por haber sido también abusado anteriormente. Parecía que no era un agravante sino un atenuante en la violación. No se suministra el nombre del chiquito, pero es un niño de 6 años.
—Recordemos que, a pedido de los alumnos indignados, el doctor Piombo debió renunciar a su cátedra en la universidad.
—Para mí –señala la doctora Levin– el de este niño es un caso extremo de discriminación, pero también aclaro que el doctor Piombo no era un juez federal sino un juez de la provincia de Buenos Aires, con lo cual el organismo competente era el Consejo de la Magistratura provincial y no el nacional. Esto, es cierto, nos abre un panorama… Yo creo que en la problemática de la discriminación “dentro” de la Justicia tenemos que diferenciar los casos que necesitan abordajes jurídicos diferentes. Para quienes discriminan sabiendo que, a través de una decisión, están discriminando ésta sería, ideológicamente, su definición. Pero la gran mayoría que comete pequeños actos de discriminación no sabe que está discriminando. No sabe que el impacto es, justamente, la discriminación. Discrimina sin saber: discrimina con el lenguaje, con los gestos, con el trato y, en el caso de la Justicia es mucho más grave. Creo que es una minoría, dentro de la Justicia, la que discrimina como decisión. Afortunadamente, para esto ya tenemos la solución: me refiero a la acusación y a la destitución. Hay un camino jurídico. El problema está en el ámbito mucho más amplio de personas que están en el Poder Judicial (como también están en otras áreas) porque provienen, son emergentes, de esta misma sociedad. Y lo mismo sucede en cualquier otra área.
Discriminan porque no se visibiliza la problemática de la discriminación, no advierten que están discriminando. Entonces, me parece que
el desafío, dentro de la capacitación, es llegar a… en fin... ya vemos que en lo judicial a quien discrimina hay que acusarlo y destituirlo. Pero ¿qué hacemos con todo este espectro mucho más amplio que discrimina con pequeños actos (aun con el lenguaje) sin saber que el impacto es discriminatorio. Aquí es donde, para mí, es necesario revalorizar la capacitación. Es importante también deshacerse de los prejuicios que tenemos y que nos llevan a discriminar. En esto es donde hay que trabajar.
—Pero, por ejemplo, ¿qué ocurre con los seminarios que se hacen sobre el tema?
—Los seminarios son voluntarios y, en la mayoría de los casos, terminan asistiendo quienes están más sensibilizados. Con lo cual, ¡nos encontramos siempre los mismos! Lo que tenemos que ver, entonces, es cómo llegamos a “todo” el espectro que produce estos resultados. Allí estamos trabajando en distintas propuestas viendo cómo lo abordamos desde el Poder Judicial. Actualmente estoy trabajando mucho en la universidad en una cátedra abierta sobre la discriminación y la Justicia. Y hablo de la Justicia “para adentro” hacia los funcionarios, los jueces, los empleados.
—Pero, volviendo a lo que señalábamos antes, esta problemática seguramente debe venir desde la educación en la infancia y la adolescencia.
—Sí, viene desde la educación inicial en las escuelas y en cada hogar.
—¿ Y esta capacitación es obligatoria para los jueces?
—Hoy, en Argentina, no es obligatoria para los jueces, pero está en la agenda de la Corte desde que comenzó con las conferencias nacionales de jueces. La primera fue en Santa Fe ocho años atrás por iniciativa de la Corte, y también fue el primer ámbito en el que se reunieron todos los jueces cada dos años con la intención de mejorar el Poder Judicial.
—¿Cuáles son los principales temas que se tocan allí?
—Bueno, uno es la comunicación. Muchas propuestas son difíciles. Por ejemplo, la Oficina de la Mujer. Muchas son propuestas que, en su mayoría, han salido de las conferencias nacionales de jueces. Son propuestas que se plasmaron en logros y en trabajos concretos que se van abordando y continuando. Volviendo al tema, ¿por qué me preocupa la discriminación? Pues porque las grandes catástrofes de la Historia en términos de discriminación no empezaron con hechos sobresalientes. La Alemania nazi empezó, por ejemplo, con “La noche de los cristales rotos”; conductas inaceptables pero que la sociedad fue tolerando, internalizando, y así se fue avanzando hasta llegar a extremos que, vistos hoy, ¡parecen increíbles! Por eso creo que tenemos que estar particularmente atentos ante cualquier episodio relacionado con la discriminación. En ese sentido no podemos dejar pasar el más mínimo gesto discriminatorio.
—Por ejemplo, en la carrera judicial, ¿la discriminación es mayor hacia las mujeres?
—No en forma explícita, porque sería políticamente incorrecto. Pero, obviamente, muchas veces las mujeres son las que más trabajan, las que hacen más carrera judicial, y esto no se refleja necesariamente en los cargos de conducción. Lo mismo ha sucedido en la universidad. Recuerdo que en Santa Fe, cuando era secretaria general de la Facultad de Derecho, la mayoría de las docentes eran mujeres y secretaria de la universidad era ¡yo sola! ¿Qué ocurría que esto no se trasladaba a los ámbitos de conducción?
—¿Cómo se reflejan en la Justicia los casamientos con igualdad de género?
—En un principio (como en el resto de la sociedad) cuesta aceptarlo, internalizarlo. No conozco casos de jueces y juezas casados en un matrimonio igualitario pero ojalá que, algún día, no importe que el hecho exista o no. Todavía cuesta aceptarlo porque la Justicia participa de la
misma problemática que el resto de la sociedad. Igual, hoy, afortunadamente, esto ya ni siquiera se puede verbalizar. Ya es como vergonzante señalarlo. Todo el mundo se cuida para que no se note.
—Hay un reclamo muy fuerte de la sociedad hacia el garantismo que se aplica a veces a los protagonistas de la inseguridad o el maltrato. Esto se vio claramente en la marcha del 3 de junio. El clamor es muy fuerte contra las condenas cortas con las que se suele sancionar a los maltratadores…
—Yo no soy penalista, pero sí creo que mi mirada sobre la inseguridad requiere un abordaje más completo. No se trata solamente de la Justicia. La problemática de la delincuencia no empieza con la Justicia.
Comienza antes, y creo que debe ser abordada más en conjunto. Quizás la Justicia aparece como el final del trayecto del proceso delictivo. Igualmente (¡y reitero que no soy penalista!) me parece que hay que abordarlo más globalmente. Creo que debe primar el sentido común…
—Sí, pero fíjese que la mayoría de las mujeres que acuden a la prensa denuncian, una vez que han ocurrido los hechos de violencia, que, por ejemplo, muchas veces incluyen una orden de “alejamiento” del agresor. Nadie se preocupa por hacer cumplir estos “alejamientos” y los maltratadores vuelven a golpear a sus víctimas…
—Es verdad. Tampoco se supone que los jueces vayan a ubicarse en la puerta de la casa de las víctimas.
 —Sí, pero ¿hasta qué punto la orden judicial obliga a las fuerzas de seguridad a cumplir con la protección de la víctima?
—Por supuesto que la orden judicial obliga. Que se cumpla o no es otra cuestión. A veces hay tal laxitud con el tema del cumplimiento de las normas jurídicas que ésta es una de las cosas que nosotros deseamos cambiar como sociedad. Es fundamental que se respeten las normas. Del mismo modo los fallos judiciales.
—¿Y el garantismo que llega hasta el punto de afirmar que una violación no es tan grave porque la luz estaba apagada? Esto es inaceptable para la sociedad.
—El garantismo escapa absolutamente al sentido común. Por ejemplo, buscar atenuantes (en el caso Piombo era un caso de discriminación) termina en el prejuicio de que si el sujeto ya había sido violado o si parecía con una orientación sexual “distinta” esto ¡podía ser considerado un atenuante! Lo cual, reitero, es un prejuicio claro. No es garantismo. Pero, vuelvo a reiterar, hay cosas que tienen que ver con la falta de sentido común.
—Por eso el ciudadano común se siente muy desprotegido…
—Sí, éste es un reclamo lógico de la sociedad. No sé cuál es la solución (porque no es un tema que yo haya trabajado), pero sí creo que el delito muchas veces llega al juez cuando ya es tarde…

domingo, 7 de junio de 2015

“Cristina le deja los ajustes al próximo gobierno, aunque sea el de Scioli”

REPORTAJE A JAVIER GONZÁLEZ FRAGA

“Cristina le deja los ajustes al próximo gobierno, aunque sea el de Scioli”

El economista analiza la difícil situación del país, que se refleja en el atraso del campo. Reclama medidas de competitividad, como bajar retenciones o el impuesto a las Ganancias. Pero advierte que el mayor déficit que deja el kirchnerismo es de índole institucional y destaca las presiones a la Justicia o la manipulación al Indec y al Banco Central.

Herencia. “El Gobierno ha dilapidado reservas en dólares, de ganadería y energéticas”.
Herencia. “El Gobierno ha dilapidado reservas en dólares, de ganadería y energéticas”. | Foto: Néstor Grassi
Esta semana tuvieron amplia repercusión, a raíz de la reunión que tuvo lugar en la Unión Industrial con representantes de todo el ámbito nacional, los conceptos de Javier González Fraga no solamente como economista, x presidente del Banco Central, sino también como ex candidato a vicepresidente por la UCR en el año 2011.
—En este momento veo al país casi anestesiado ante la perspectiva de lo que va a ocurrir en lo político… –explica González Fraga mientras tomamos un café tardío–. Por lo tanto, ni creo que la situación vaya a explotar (porque hay una visión optimista con respecto a lo que viene) ni tampoco creo que se vayan a mejorar las cosas porque la política de Cristina, en este aspecto, es dejarle todos los ajustes al próximo gobierno, aunque sea de Scioli. A ella no le importa mucho si es Scioli o Macri o algún otro, pero lo que quiere es irse sin haber pagado el precio político por hacer un acuerdo con los acreedores; sin pagar el precio político del ajuste fiscal, de eliminar los subsidios, de bajar la inflación, de reducir el atraso cambiario… Son todas tareas que le van a quedar al próximo gobierno, y por lo tanto no corresponde esperar ninguna corrección en ese aspecto. Tampoco ninguna explosión porque, como todo el mundo piensa que el próximo gobierno va a ser mejor que éste en el aspecto económico, nadie está apostando en contra. Y eso se nota en el mercado del dólar, en la reducción de la inflación. Estamos ante una recesión suave que puede dar lugar a una recuperación también muy suave en los próximos meses.
—Pero las reservas retrocedieron en este mes de mayo por primera vez en ocho meses desde que Alejandro Vanoli se hizo cargo del Banco Central.
—Esto fue porque se canceló una deuda. Entonces esto es una disminución del activo y del pasivo. No está mal que esto suceda pero, más allá de estas cuestiones, las reservas están subiendo desde un piso de 26 mil millones que dejó Fábrega hasta 33 mil millones, que ahora han bajado un poco porque se pagó una cuota a España y al Club de París.
—¿Es correcta la información de que, para compensar la caída de precios, el Gobierno autoriza que se aumente la exportación de granos, que estaba muy parada?
—Esto ocurre porque, lamentablemente, el Gobierno manipula la exportación. Hay una especie de permisos de exportación que han sido más dañinos para el productor que las propias retenciones. La caída de precios, por estar la exportación en pocas manos, ha significado, especialmente para el productor de trigo, un quebranto enorme. Lo van flexibilizando porque están viendo que ya, sumada esta distorsión a la caída de los precios internacionales y a la retención, el productor no piensa en sembrar para la próxima cosecha. Se acerca julio, que es el momento de la siembra del trigo, y los productores han perdido un promedio de 200 dólares por hectárea sembrada y cosechada el año pasado. O sea que nadie va a querer volver a hacerlo. Entonces el Gobierno, de aquí a julio, tiene que mandar buenas señales porque si no, no hay cosecha de trigo el año que viene.
—¿Y la soja?
—La soja también está floja en los mercados internacionales. Los costos han subido mucho, o sea que hoy, el comentario es que si no se sacan 4 mil kilos por hectárea no se recupera la plata que costó la soja, que, dentro de todo, es un cultivo barato. En el caso del maíz existe la misma incertidumbre, pero el maíz es muy caro como cultivo. Entonces, la gente no va a querer sembrar maíz. Por lo tanto, viene un panorama complicado para nuestra agricultura, que tendría un lado positivo para la ganadería: como los campos quedan sin agricultura, muchos de ellos se van a poblar con ganado, y esto puede significar algún repunte en los precios y alguna escasez de terneras o de vaquillonas el año que viene.
—Por el momento, Uruguay exporta más carne que nosotros.
—Por supuesto. Acá hay una política de limitar la exportación de carne. Es cierto: estamos exportando la mitad de lo que exporta Uruguay a pesar de que Uruguay tiene la quinta parte de nuestro rodeo. O sea que, con 10 millones de cabezas, exporta ¡el doble que Argentina!, con más de 50 millones de cabezas. Esta es una decisión del Gobierno: ¡no permite la exportación, pero tampoco evitó que la carne estuviera en los precios que está! O sea que no ha bajado tanto el precio de la carne. Hasta hace tres años teníamos una carne carísima (a pesar de todas estas restricciones). Entre los stocks que nos hemos comido en estos años (además de habernos comido un stock enorme de reservas internacionales) nos hemos comido un stock de carne y también ¡un stock de energía! O sea que este gobierno ha dilapidado no solamente reservas medidas en oro o en dólares, sino reservas de ganadería y reservas energéticas.
—Hasta ahora éramos uno de los proveedores de alimentos más importantes en las importaciones de China. ¿Esto se mantiene si nos comparamos, por ejemplo, con Brasil?
—No sólo Brasil. También Estados Unidos. Son fuertes proveedores de soja. A China le venden soja procesada. O sea, pollos y cerdos. Algo que la Argentina no ha logrado. Nosotros somos, más bien, un exportador primario a China, que nos ha impuesto condiciones desventajosas con respecto a las que han logrado Brasil y Estados Unidos, que le venden, en cambio, una gran cantidad de alimentos procesados.
—¿Cómo piensa que será el futuro para el próximo gobierno?
—Creo que para el próximo gobierno la peor herencia no es la económica, sino la institucional. El problema más grave está en el debilitamiento de las instituciones. Lo vemos constantemente en el caso de la Justicia. Pero no es solamente esto, sino el deterioro en el Indec, en el Banco Central, en la Comisión de Valores… en fin, todos los organismos públicos que están infiltrados de militantes en vez de estar llenos de profesionales ¡que sepan lo que deben hacer! También está mal la cultura del trabajo que nos dejan: después de diez años de planes, cuesta inculcar en la ciudadanía el concepto de que hay que volver a trabajar para recuperar la dignidad y recuperar el ingreso. Entonces éstos son los problemas. Desde el punto de vista económico, no son problemas menores, pero tienen posibilidad de arreglo. Por suerte nos dejan un nivel muy bajo de endeudamiento. Esto ha sido parte del “relato”: el desendeudamiento es algo positivo para el que viene, porque tiene una enorme capacidad de recuperar tanto el endeudamiento público como el privado y esto puede financiar un proceso de crecimiento, pero… va a ser necesario ajustar el tema de la inflación. No podemos seguir con una inflación que está entre el 25% o 30%; no podemos seguir con un déficit fiscal que ya supera el 6% del producto, tenemos que pensar que habrá que hacer algo en materia cambiaria. No estoy a favor de una devaluación. Creo que no se puede devaluar en un contexto de déficit fiscal y de alta inflación ¡porque puede parecerse mucho a un Rodrigazo! Y esto es sumamente peligroso para un gobierno de la oposición o que tenga sindicalistas en la oposición. Me atrevo a adivinar qué es lo que Cristina querría que hagamos: un cierto “devaluar” y tirarnos todos los sindicatos en contra, ¡lo cual debilitaría al nuevo gobierno en el primer año de su mandato! Creo que hay que pensar en medidas (no cambiarias) para recuperar la competitividad. Bajar retenciones es la más obvia. Pagar reintegros automáticamente. La devolución del IVA en forma automática sería sumamente importante… Creo que éstas son las medidas que hay que tomar. Además, habría que desgravar la reinversión de utilidades en las pymes; habría que reducir la carga impositiva en el pago de los salarios. O sea, por ese lado, muchas cosas, y financiar este déficit mayor que se va a generar con endeudamiento externo e interno. Pero, sin ninguna duda, queda para más adelante la recuperación de la paridad cambiaria. Esto tendrá que ir de la mano de la reducción de la inflación y la reducción del gasto público. Son tres cosas que no pueden hacerse de “shock”, porque eso significaría bajar el salario real y yo estoy entre los que creen que la Argentina tiene que tratar de provocar el retorno a los equilibrios macroeconómicos sin reducir el salario real. En el pasado, tanto en 2002 como en 1989 o en 1976, los “shocks” se basaron en bajar el salario real, y yo creo que esto es éticamente injusto. Me parece que esta “fiesta” no la tienen que pagar los que menos tienen y creo que, esta vez, hay muchas cosas que se pueden hacer para evitar ese camino. Por supuesto que esto implica ofrecerles a los industriales, como lo he dicho esta semana en la UIA, posibilidades de inversión para recuperar con competitividad y aumento de productividad lo que no van a lograr por reducción del salario real. Hoy el salario real de Argentina está entre el de Portugal y el de Grecia. En las últimas décadas nos hemos llenado la boca diciendo que la Argentina podría parecerse a Europa… Bueno, ¡Portugal y Grecia están a la cola de Europa! Si no podemos soportar tener un salario como el que se paga en Portugal y en Grecia, estamos engañados. Creo que sí. Que se podría pagar. Tenemos la educación de nuestra mano de obra y la capacidad empresarial como para dar ese salario. Es todo un desafío. No tenemos por qué llegar al salario de Brasil o el de México, que hoy en día son menores que el nuestro.
—A raíz de lo que usted mencionaba de su reunión con la UIA creo recordar que Scioli textualmente dijo, en una reunión semejante, que “Argentina no necesita política de ajustes”.
—Yo coincido con esa frase. Creo que necesitamos un “shock” de otro tipo. Si se llama “ajuste” a una megadevaluación para que caiga el salario real, yo también estoy en contra. Creo que hay que hacer otra clase de modificaciones para compensar ese “no ajuste” del salario. Habrá que reducir el gasto público bajando los subsidios que benefician al 20% más rico del país. En la ciudad de Buenos Aires, el 60% de los subsidios en energía (gas, electricidad y transporte) va a parar al 10% más rico. Es decir que nos va a doler a Recoleta, Barrio Norte, Palermo. Habrá que pagar las tarifas que hay que pagar, pero eso ¡no se llama ajuste! No es la clase de ajuste al que debemos tenerle miedo: esto es volver a la realidad del mundo. Los chilenos, los uruguayos y los brasileños lo pagan. ¿Por qué nosotros no vamos a pagar lo que valen el gas y la electricidad? Hablo de la mitad más rica de la población. Pero también en Tucumán el boleto mínimo cuesta el doble que en Buenos Aires. No hay ninguna lógica. Si esto es ajuste, yo estoy de acuerdo con la eliminación de los subsidios que hoy, repito, benefician al 20% más rico. Por supuesto que también hay que eliminar la corrupción y el clientelismo. Ese ajuste sí hay que hacerlo.
—¿Y el impuesto a las ganancias?
—El problema que tiene el impuesto a las ganancias es que se han desactualizado las tasas. No estoy en contra de que los sueldos paguen impuestos cuando son altos. No creo en eso de que “el salario no es ganancia”. En todos los idiomas, en vez de “ganancia” se dice “ingresos”. Son impuestos a los ingresos, income tax en Estados Unidos. Por supuesto que no me parece bien que un sueldo de 15 mil pesos tenga que pagar. Pero también creo que habría que modificar otras cosas también urgentes: me parece que la Argentina no merece un IVA del 21%; que una familia de bajísimos ingresos que gasta todo su sueldo en comida, en viajar y en un poco en ropa pague el 21% en impuestos creo que es una enorme injusticia frente a otra familia pero rica donde, a lo mejor, el consumo es sólo el 20% del total del ingreso, lo que significa un impuesto mucho menor. O sea que hay muchas cosas injustas que habría que revisar en la Argentina tributaria de hoy. También habría que aumentar, a lo mejor, la tasa de impuesto a las ganancias en las empresas. Habría que eliminar la desgravación que tienen las rentas financieras de los individuos, y no me refiero a la tasa de interés del plazo fijo sino a la compraventa de acciones, que hoy está totalmente desgravada. ¡También están desgravadas las ganancias del juego! Hay una cantidad de sectores protegidos que es necesario revisar. Creo que ésta es la urgencia de estas horas. Con ese ajuste estoy de acuerdo, pero también pienso que más que en un ajuste hay que pensar en un “shock” de optimismo para que se produzca una ola de inversión. La década que viene es la década de la inversión.
—En fin, cuando vemos lo que ha aparecido a través de la corrupción en el fútbol, con tres prófugos argentinos, cuesta ser optimista.
—Sí, por supuesto. Por eso, en la reunión de la UIA dije que la peor herencia que nos deja este gobierno es justamente el deterioro institucional de la Justicia. Nada de lo que hagamos en economía alcanza si no mejoramos las instituciones y recuperamos un mínimo de honestidad. En este tema tengo una posición que mucha gente considera “antipática”: creo que la corrupción sobre la que hay que actuar es la corrupción de los privados, sin soslayar la corrupción de los funcionarios públicos. Me parece que, si se comprueba que el señor Nicolás Ciccone golpeó la puerta de un ministro de Economía para salvar su empresa, el señor Ciccone debería ir preso.
—¿No le parece también que un vicepresidente de la Nación, como es el señor Boudou, encarna un caso particularmente escandaloso?
—Por supuesto que es escandaloso y estoy totalmente de acuerdo con que vaya preso, pero eso no va a cambiar la vida cotidiana de los argentinos. En cambio, si un empresario va a golpear la puerta de un ministro de Economía… creo que esto, fundamentalmente, debe cambiar.

domingo, 31 de mayo de 2015

REPORTAJE A VICTORIA DONDA “Cada treinta horas muere una mujer por femicidio en la Argentina”

REPORTAJE A VICTORIA DONDA

“Cada treinta horas muere una mujer por femicidio en la Argentina”

La diputada de Libres del Sur advierte sobre el abandono que sufren las víctimas de género en la Argentina. También critica la ausencia del Estado para dar respuesta a la gravedad del problema y a la falta de recursos que se disponen para solucionar el conflicto. Por qué los derechos humanos de las mujeres no se respetan.

“Diría que la violencia física es el último eslabón de una cadena de cómo se destruye la imagen de la mujer en la sociedad.”
“Diría que la violencia física es el último eslabón de una cadena de cómo se destruye la imagen de la mujer en la sociedad.” | Foto: Marcelo Aballay
El 3 de junio se va a realizar en todo el país una marcha cuyo lema, “Ni una menos”, habla a las claras del tendal de víctimas que deja en nuestro país el horror del femicidio.
Sin embargo, hace ya dos años que se ha elaborado un proyecto, presentado dos meses atrás y, esta semana, lo recuerda una nota al presidente de la Cámara de Diputados para que este proyecto se trate en emergencia. El tema: la violencia hacia la mujer.

—¿Por qué decimos que hay emergencia? –pregunta la diputada Victoria Donda (Libres del Sur)–. Pues porque, durante estos últimos siete años, cada treinta horas muere una mujer por femicidio en la Argentina. Se calcula que 1.808 mujeres han sido muertas por violencia y creemos que es fundamental que se aplique la ley que se sancionó en el año 2009 y aún no se aplica por “falta de presupuesto”. Yo diría, también, por falta de decisión política del gobierno de la Nación. Me parece que esta Ley de Prevención de la Violencia hacia la Mujer es una ley realmente de avanzada en América Latina y estoy muy orgullosa de haber sido parte de un Congreso que, justamente, votó esa ley.
—Pero… cuando se habla de “falta de presupuesto”, ¿cuál es el gran gasto que implica la aplicación de una ley como ésta?
—El problema es que implica salvar la vida de muchas mujeres. Hoy, el Consejo Nacional de la Mujer destina para salvar la vida de una mujer la suma de ochenta centavos por persona. ¡Es una verdadera vergüenza que en una sociedad como la nuestra, donde queda demostrado que hay niveles de violencia que van en aumento, no se adviertan estas situaciones! ¿Cuántas víctimas más vamos a tener que lamentar para que se decida implementar lo que la ley exige al Estado nacional? Por ejemplo: asesorías jurídicas gratuitas para las mujeres que son víctimas de violencia. ¿Cuántas mujeres más tendrán que morir para que alguien entienda que hacen falta albergues que otorguen protección a las que deben huir de su casa con los hijos por la violencia de sus parejas? ¿Cuántas víctimas necesitamos para que el Estado capacite y haga que las fuerzas de seguridad (cosa que hasta ahora no ocurre) tomen estas terribles denuncias? Por eso, nosotros hemos presentado este y otros varios proyectos que se relacionan con resguardar la seguridad de las mujeres.
— Libres del Sur también está trabajando con Margarita Stolbizer, ¿no es cierto?
—Sí. Con el Partido Socialista tenemos un interbloque. Como te decía, hemos presentado varios proyectos. Entre ellos, por ejemplo, que se aumente la pena privativa de libertad a los hombres que violan las órdenes de restricción. El 30% de las mujeres víctimas de femicidios son mujeres que tenían ya una orden de restricción a su favor. Luego, ocurren los hechos de violencia que violan esa disposición, esa sentencia, del juez correspondiente. Pero esos hombres igual las matan. ¿Por qué? Bueno, en última instancia, lo que tenés para defenderte es sólo un papel en la mano.  Llamás a la comisaría o apretás el botón antipánico y no viene nadie.
—¿Cómo puede ser que la restricción no implique, por ejemplo, que haya  un policía en la puerta de la casa de la mujer amenazada o, por lo menos, un agente que se ubique en esa cuadra?
Victoria Donda eleva el tono:
—¡Porque no hay presupuesto para eso! Lo que te responden los policías es que “para eso” no tienen efectivos, no tienen presupuesto… Entonces, lo que hay que hacer es poner plata y actuar como corresponde, ¡para garantizar nuestro derecho a la vida! Nos están cercenando un derecho básico como es conservar la vida.
—Cuando filmamos, en Canadá, un documental sobre este tema, pudimos comprobar que las mujeres amenazadas y sus chicos tienen la posibilidad de refugiarse en una casa (incluso con rejas en las ventanas) durante el tiempo que el juez determine.
—Aquí no hay refugios. Algunos están ubicados en la provincia de Buenos Aires pero son lugares privados… Nosotros hicimos un informe desde el Movimiento de Mujeres Latinoamericanas donde se pudo monitorear e investigar, en diez provincias de nuestro país, la aplicación de la Ley de Prevención de la Violencia y, lamentablemente, ése es uno de los déficits más grandes: ¡las mujeres que son víctimas de la violencia no tienen adónde ir! Comparten el hogar con su golpeador… Además, los factores psicológicos son muy importantes porque tienen que ver con modificaciones culturales.  En fin… modificaciones culturales de las cuales el Estado también se tiene que hacer cargo porque la cultura se construye desde políticas públicas, y también hemos presentado proyectos y trabajado en esto porque hace falta un real acompañamiento a las mujeres víctimas de la violencia. Además del trabajo que hago en la Cámara, me estoy especializando en problemáticas comunes a todas las mujeres y por eso, desde un estudio jurídico, estamos fortaleciendo a las que se nos acercan.
—Seguramente (y por desgracia) deben ser muchas, ¿no es cierto?
—Todos los días recibo denuncias de mujeres que vienen a mi despacho y me cuentan cuál es su problema. Las acompañamos entonces a hablar con los jueces porque también, muchas veces, la Justicia tampoco les está dando las respuestas  que requieren. Es necesario dárselas porque, en estos casos, la intervención tiene que ser multidisciplinaria y no hay capacitación ni siquiera entre los inspectores de Salud. Hace diez días estuve con la mamá de Suheme, una chica que murió víctima de la violencia. Su novio (su conviviente, como dicen los expedientes) la golpeó tanto que, primero fue al hospital y, como cuando llega una mujer golpeada hay que hacer la denuncia, le dijeron que no tenía nada y la mandaron de vuelta a su casa con una aspirina.
—Parece imposible tanta indiferencia.
—Por supuesto, luego hizo la denuncia pero como tenía muchos golpes en la cabeza volvió al hospital. En los análisis que le hicieron, observaron que tenía tres coágulos producto de los golpes que había recibido de la mano de su “conviviente” y, lamentablemente, la chica murió hace alrededor de un mes por un ACV a consecuencia de tanto maltrato.
—Da la sensación, a través de la información, de que los casos se multiplican pero ¡quizá también se ha levantado una cortina espantosa que tapaba justamente estos abusos! ¿Cuál es la información que tienen ustedes?
—Los casos van en aumento, y esto ocurre porque hay un Estado ausente. Cuando hay impunidad y un Estado ausente, la estadística sube. Hace algunos años moría una mujer cada 36 horas, y hoy muere una mujer cada 30 horas…Esto significa casi una muerte por día por causas violentas.
—En muchos casos, son los vecinos los que denuncian.
—Justamente en el caso de Suheme fueron los vecinos los que efectuaron la denuncia y detuvieron al golpeador en el momento en el que se estaba ensañando contra ella… Llamaron a la policía pero, lamentablemente, era tarde y la chica muere un tiempo después como consecuencia de los golpes recibidos de mano de su pareja.
—¿Justamente hoy has presentado dos proyectos sobre estos dramas?
—Sí y las organizaciones que me los hicieron llegar son Aluba (una asociación de lucha contra la anorexia y la bulimia) y APA (Asociación de Psicología Argentina). También se acercó el doctor Alberto Cormillot. Se trata de dos proyectos de ley: uno prohíbe (en los desfiles de modelos) la utilización de modelos femeninas cuya masa corporal  sea inferior a lo que establece la Organización Mundial de la Salud (OMS), y el otro proyecto de ley está destinado a reglamentar el uso de los programas digitales que modifican la imagen humana. Dentro de estos programas, el más conocido es el Photoshop. No lo prohibimos. Lo queremos reglamentar y pedimos que, en toda publicidad gráfica, estática, en revistas y medios públicos, no aparezcan mujeres que  tienen una masa corporal no saludable. En los desfiles de modas y en los medios masivos de comunicación existe la construcción de un estereotipo femenino que es poco saludable para las mujeres. Incluso te diré que el término “poco saludable” suena liviano pero en realidad es enfermizo y daña la imagen que debe construir una mujer.
—Incluso, resulta un motivo de desesperación para muchas chicas.
—Si tomamos una revista de modas, muchas veces las fotografías terminan convirtiendo a las modelos en un dibujo, y esto produce situaciones que son sumamente violentas. Sobre todo para las mujeres más jóvenes y también para los hombres. ¡En las mujeres más jóvenes genera un condicionamiento social que enferma! Nos parece que esto hay que ponerlo en discusión.
—Además, en el caso de una chica sin experiencia, es llevarla por el camino de la anorexia.
—Absolutamente. Por eso fue muy importante, en su momento, la iniciativa de Jorge Ibáñez como diseñador de moda cuando, junto con Aluba, comenzaron a controlar el peso de las modelos que participaban en los desfiles de Ibáñez y cuando pesaban menos de lo saludable no participaban de los desfiles y, en cambio, se les asignaban tareas informativas. Y, aun cuando parezca arbitrario, lo que hay que entender es que desde esos espacios se divulga masivamente una imagen que es nociva para el bien público. ¡No se puede aceptar que una revista nos venda como real la imagen de una mujer “irreal” y que termina siendo un plástico! Nosotros, finalmente, los consideramos cuerpos perfectos y en realidad no estamos viendo el cuerpo sino algo que no existe. Sin duda, es una nueva forma de esclavitud porque incita a perseguir un ideal al que nunca se va a llegar. Hay que reivindicar entonces la belleza real y la industria debe comenzar a darse cuenta de que existen determinados temas que tiene que respetar. Hoy lo hablábamos con Cormillot y con la gente de Aluba. Hay leyes que realmente son buenas, como la Ley de Talles y la Ley de la Obesidad, puesto que obliga a las prepagas y a las obras sociales a tratar a la obesidad como una enfermedad y, por lo tanto, cubrirla con planes de prevención. Y estas leyes no se cumplen por presión  de las grandes industrias. En el caso de la Ley de Talles, ni siquiera se trata de grandes industrias sino que son empresas que deciden no confeccionar ropa para determinados cuerpos. Sus prendas tienen que amoldarse a sus parámetros de belleza. Por eso, reitero, presentamos estos dos proyectos de ley: regularizar el uso del Photoshop y exigir que las modelos con masa corporal inferior a lo que indica la OMS no puedan participar en los desfiles. En ambos casos, pedimos multas cuando se transgrede la ley. Esto debe quedar claro. Tiene que haber sanciones para los transgresores.
Victoria vive intensamente estos temas y explica: “... yo no estoy en la Cámara de Diputados solamente para hacer  declaraciones de principios sino para construir leyes que mejoren a nuestra sociedad.
—Más allá de la discriminación estética, si volvemos al tema de la violencia me parece que es importante subrayar que el femicidio ha dejado de ser una excepción. Es una realidad cotidiana.
—También porque se visibiliza a través de los medios de comunicación, y te diría que la violencia física es el último eslabón de una cadena de cómo se destruye la imagen de la mujer en la sociedad. ¿Por qué? Bueno, se ha construido una imagen cosificada en la cual la mujer se convierte en un objeto de la casa familiar (ocuparse de los hijos y de las tareas hogareñas) y toda la publicidad está orientada hacia esto. También se la ha convertido en un objeto de consumo para satisfacer el placer sexual del hombre. Y esto es lo que debemos cambiar del imaginario público.
—En los últimos días nos han espantado fallos judiciales que minimizan el abuso sexual en los chicos, pero también es importante recordar que en muchos casos la mujer también es sometida y en esa familia nadie lo sabe.
—Por supuesto. Esto ocurre en muchos casos. Además, hay conductas que no se consideran abuso sexual y que realmente lo son. Una mujer siempre debe tener el derecho a decir que “no” aunque esté casada pero no desee tener relaciones sexuales con su marido. Esto también tenemos que tenerlo claro: las mujeres muchas veces no sabemos cuáles son las cosas que podemos denunciar y a las que podemos negarnos. Si nos obligan, también es violación aun cuando, repetimos, el hombre sea el marido o la pareja habitual de la mujer.
—Ustedes se han ocupado también de las leyes de trabajo.
—Sí. Hace ya dos años hemos presentado dos proyectos: la modificación de la Ley de Contrato de Trabajo que evita la discriminación en el ámbito laboral y también el acoso sexual dentro del ámbito laboral. Fijate que las mujeres recibimos como paga el 80% menos que los hombres por una misma tarea, y esto es una realidad en nuestro país. En muchos trabajos directamente no se contrata a mujeres en edad de fertilidad porque existe la posibilidad de tener hijos. Y este problema tiene dos caras: por un lado, los empresarios de medianas y grandes empresas no tienen un servicio de guardería para las empleadas, y la otra cara es que la carga social de cuidar a los hijos siempre cae bajo la responsabilidad de la mujer y nunca del hombre. Cuando en una fábrica se habla de una guardería, no se menciona a los hombres. En la sociedad que yo sueño –explica Victoria–la carga de los hijos tiene que estar repartida. Sueño con una sociedad de iguales. Para los de afuera, la Argentina tiene un discurso de respeto a los derechos humanos pero si observamos lo que ocurre en nuestro país, esto no es así: los derechos de las mujeres son pisoteados constantemente. Por ejemplo, si nos fijamos en los índices de analfabetismo, veremos que la mayoría está compuesta por mujeres. Y la cifra es triste: el 70% de la población analfabeta es femenina…

domingo, 24 de mayo de 2015

REPORTAJE: ENRIQUE PINTI “Doce años es mucho tiempo en el poder”

REPORTAJE: ENRIQUE PINTI  

“Doce años es mucho tiempo en el poder”

Deslumbra en el escenario con sus ironías contra los políticos. Críticas a los que buscan inhabilitar a un funcionario por su edad. Y depresión en democracia, algo que sólo sufría en dictaduras.

Grieta. “Yo digo ‘no se peleen’, porque si no se cruza un límite y no les importa nada.”
Grieta. “Yo digo ‘no se peleen’, porque si no se cruza un límite y no les importa nada.” | Foto: Marcelo Aballay
Efectivamente: han pasado treinta años y, como por arte de magia y talento, Enrique Pinti ilumina el escenario del espléndido Teatro Liceo con la Historia (y no con el “relato”) de muchas cosas que nos han ocurrido a los argentinos en estos tiempos turbulentos.
Mucho más delgado, con un magnífico vestuario de Renata Schussheim y la coreografía de Elizabeth de Chapeaurouge, Pinti deslumbra siempre con su locuacidad y su memoria implacables.
—Yo estrené este espectáculo en 1985 y dejé de hacerlo en 1994, después de diez años en cartel, y te diré que cuando lo escribí, en 1984, fue como una especie de grito de libertad. Veníamos de la dictadura, pero todavía, en el escenario, no se había hablado con humor no solamente de lo que había pasado durante la dictadura sino de lo que había pasado en la historia del país. Había, sí, una historia oficial, medio alambicada… Bueno (y aquí no puede menos que reírse), ahora no se enseña ninguna. ¡Ni alambicada ni nada! Ahora es “el relato”, aunque la verdad es que toda la vida nos han encajado “el relato” no solamente a nosotros.         
Es tan fascinante charlar en el camarín de Enrique como si te hubieran designado la mejor platea. Al mismo tiempo, mientras trabaja el fotógrafo, Pinti confiesa: “¡Hay momentos en los que la realidad es muy inoportuna! ¡Golpea a la puerta y te dice ‘aquí estoy, ¿viste?!’ Entonces ahí el ‘relato’ se desbarajusta”.
—Además, de pronto ahora, como bien decís, surgen cosas como que ser viejo equivale a estar muerto. Por lo cual el doctor Fayt no puede ser miembro de la Corte.
—Pero ¡por supuesto! Vos sabés que la vejez siempre ha sido un problema enorme para los demás. Generalmente nos convencen a los viejos, y eso también me ha pasado en mi familia, de que, por ejemplo, en una época, después de los 60 años ya estabas muerto. Ahora, como la medicina mejoró, después de los 70 ya te empiezan a mirar con sospecha. Pero si superás los 80, y gracias a Dios es muchísima la gente que los supera, sos todavía más sospechoso. Entonces te empiezan a tirar cosas como “estás viejo” o “¡qué te puede pasar!”. ¡Y son cosas que también pueden pasarles a ellos! Además, realmente, gobernantes en “edad correcta” (de un modo escolar entre los 40 y los 60) son los que están manejando el mundo y la verdad es que ¡no lo manejan demasiado bien! A veces parecería que tienen Alzheimer o artrosis… Entonces, ¡eso de poner la edad como excusa para inhabilitar a una persona es absurdo! Lo único que puede inhabilitar a las personas son sus actos y lo único que puede inhabilitar a los jueces son sus fallos. Hay mucha gente que donde hay rojo ve verde y tiene 45 años. Y esos jueces, por ejemplo, fallan como creen o como les conviene ¡y como les dijeron!
—Sí, hay distorsiones que llaman la atención. Por ejemplo, para la Presidenta ser joven es fantástico. Mirá a Boudou, fijate en los muchachos de La Cámpora… Ser joven es todo un éxito.
—Bueno, es como cuando, por ejemplo, decían “los ricos no roban”. ¡Entonces mejor votar a un candidato rico porque no va a robar! Y como venimos comprobando desde hace mucho, ése es un disparate total y, te repito, lo venimos comprobando con un montón de ejemplos típicos de gente que era rica y ¡robó igual! Porque el dinero es poder. Es muy sensual. Y el poder es muy tentador y nunca te conforma. Es insaciable. Entonces, ese dinero que se consigue en forma irregular (por decirlo de una manera elegante) significa poder. Tener cosas. Por lo tanto, eso de que “el rico no roba” o “el viejo se equivoca” es una hijaputez… En España, el jefe de Ciudadanos, que es una agrupación de centroderecha con un líder muy joven, acaba de decir la barbaridad de que ¡el poder tiene que estar en manos de gente que nació después de la Constitución de 1978! Ellos son los que deberían gobernar el país porque la tienen clara. Nacieron en democracia. En cambio, los otros vienen arrastrando todo el franquismo y qué sé yo, no están habilitados. Por supuesto que se le tiraron todos encima y le dijeron de todo. Por eso digo que “el mal corre”, y esto es internacional. El jefe de Ciudadanos no llegó al poder todavía y ya quiere eliminar a los viejos. Después se disculpó en cinco idiomas, dijo que lo que quería decir era que “preferiblemente” se refería un poco a su generación y que quería renovar la política. Son mentiras y metidas de pata o malas intenciones que anidan en un montón de gente, así como en nuestra época, ¡cuando éramos jóvenes!, y los dinosaurios danzaban en el planeta Tierra todo era al revés. Los viejos eran los más respetados y los jóvenes no servíamos para nada. Y no se puede ir de un lado al otro de la escala.
—Claro, los jóvenes no sabían nada y los viejos resultaban los depositarios de la sabiduría… Fijate, sin embargo, qué curioso que hoy tenemos, por ejemplo, a una presidenta que tiene una obsesión por la juventud. Mirá la edad de Kicillof y de quienes lo rodean.
— Esos son, digamos, “apoyos” de una juventud que tanto desde la oposición como desde el Gobierno se metió en política. En principio, eso a mí me parece muy positivo. La generación anterior, los “ni ni”, que no sabían nada y no les importaba nada, a mí no me interesaba. Prefiero a estos que meten la pata, que se enroscan tanto desde la Juventud Radical como desde La Cámpora. Lo que sea. A mí, la juventud que se mete en política me gusta. Lo que pasa es que no hay que sobrevaluarla, porque en cuanto la sobrevalorizás ¡los jóvenes se la creen! Y al creérselo se forma una patota. Y eso no sirve. La patota es algo peligroso y siempre prende en la juventud. Así como los buenos también quieren meterse existe la posibilidad patoteril adolescente que es algo muy diferente.
—Bueno, anoche, en la función, me fijé que el público seguía muy atentamente todo lo que vos decías con respecto a “la grieta”, que es algo real y que está dividiendo el país.
—Es cierto, pero tiene historia. Siempre existió, y a veces fue todavía más terrible que ahora. Esto se va a calmar y va a pasar. Las otras grietas dejaron heridas muy fuertes, peores que ésta. Por eso yo les digo “no se peleen”, porque después se cruza cualquier límite y no les importa nada. Esto no quiere decir desvalorizar la política. Quiero que esto quede bien claro, ¿eh? Porque si no parecería como que uno, de viejo, se vuelve un poco anarco y entonces dice “nadie sirve para nada”. Y no es eso. La política es absolutamente necesaria (y lo digo y lo repito en el espectáculo). Si no, no se puede vivir. Pero no tienen demasiada seriedad. Ni acá ni en ninguna otra parte del mundo. Hace más de cuarenta años que voy a distintos países y ¡no voy al shopping! No me conformo con Bal Harbour y con decir “¡Qué lindo está Miami!”, “¡Qué bonita es Nueva York!” “¡Qué cultura tiene este país!”. Conozco a montones de personas que viven allí desde hace treinta años y tienen cualquier cantidad de contradicciones y de barbaridades que han tenido que hacer. Justamente lo digo en el espectáculo porque si uno exagera y no contextualiza los males y cree que sólo le pasan a uno… bueno, es muy natural y muy normal que uno diga “¡No me importa! Me interesa lo que pasa aquí! Lo que pasa afuera, no!”.
—Pero, por ejemplo, hoy estamos presenciando una ofensiva para cambiar la Corte Suprema de Justicia.
—Justamente porque ¡el poder es así! Mientras vos tenés el poder, abusás de él. En el espectáculo yo lo muestro en el cuadro de Isabel la Católica y Cristóbal Colón –entre paréntesis, una reina fantástica, vestida de lamé dorado frente a un Colón obsecuente y habilísimo, ¡algo imperdible!–, y lo veo con todos. ¡Cuanto más tenés, más querés! Entonces aparece una cosa de omnipotencia, de querer agarrar todo, y esto no es nuevo. Ni en la República Argentina ni en ninguna parte. Vos fijate que la Corte Suprema de los Estados Unidos está formada por viejos, ultraviejos conservadores, mayoritariamente de la derecha. Y John Wayne es Rosa de Luxemburgo al lado de la gente que ha estado en la Corte de los Estados Unidos. Cualquier causa progresista se daba contra la pared porque había cuatro señores, y ninguna mujer, absolutamente machistas y ultra-neoconservadores de cuarta. ¿Entendés? Entonces al pobre siempre le parece que, cuanto más reaccionaria sea la cúpula del poder, militar o de seguridad, más van a engrandecerse ellos mismos haciendo siempre gala de su omnipotencia.
—Pero volviendo al caso argentino, esta Corte Suprema era uno de los grandes logros de Néstor Kirchner.
—Sí, claro que sí. Pero en cuanto se logra algo… una cosa es el logro y otra los resultados. Vos podés creer que eso está bien y qué sé yo… pero después ¡cambian! Es todo los mismo: Lilita Carrió decía que su límite era Macri y no fue su límite Macri. El señor De Narváez dijo “Massa, massismo, más de lo mismo…”, y ahora es el delfín de Massa. Y entonces hay una especie de “te lo digo” pero después decís lo que se te da la gana. Acordate de Menem cuando dijo: “¡Si les decía la verdad, no me votaban!” –y por supuesto para esta frase Pinti adquiere el más puro acento riojano–. Decirle al pueblo en la cara “te engañé para que me votes” ya es haberse sacado todas las caretas, como decía Florencia de la V. Por supuesto que los K consiguieron muchos logros. No solamente el de la Corte Suprema en el comienzo. Tuvieron una serie de logros importantes que en parte no están desvirtuados pero en otra parte sí. Entonces, querés achicar la Corte porque no te conviene. Se nota mucho el maquillaje, ¿te das cuenta? Pero para no deprimirme tanto, cosa que me viene pasando desde hace un montón de tiempo, ¡en las dictaduras ni hablar!, pero en democracia no venía pasando tan fuertemente… Claro, antes nadie estuvo tres períodos, ¿entendés? El problema es ése. Seis años, bueno… ¡pobre Alfonsín! Ni siquiera los pudo terminar. El otro, vivo, se acomodó y cuando vino –con acento riojano– el asunto de la “re, re, re…” y se dio cuenta de que se le caía el mundo encima rajó, se borró… Hay una parte del kirchnerismo que es una nueva forma de peronismo también y, como decíamos, está tres períodos seguidos. Doce años es mucho tiempo en el poder, y cuando vos estás mucho tiempo en el poder… Fijate lo que son las cosas: Bolívar, que es el germen del bolivariano, etc., etc., si no recuerdo mal en la época del colegio nos decían que una de las cosas peores que podía pasarle a la democracia latinoamericana era la eternización en el poder. Y Bolívar lo decía por él mismo, porque tanto él como San Martín dijeron: “No, no, nosotros nos retiramos. Ya hicimos lo que teníamos que hacer ¡y no nos vamos a quedar eternamente!”. Tuvieron esa grandeza, muy del siglo XIX; entonces, ahora, ¡esgrimiendo cosas bolivarianas se quedan a vivir! Ojo: se quedan a vivir con el voto de la gente, pero yo no me conformo con eso del fraude porque a mí la clase política argentina me decepciona mucho. Cuando ganan dicen “el pueblo supo votar”, y cuando pierden dicen “hubo fraude”. ¡Nos están tratando como retardados mentales! ¿Hubo fraude o no hubo fraude? Vuelven a hacer el escrutinio y entonces “no, no hubo fraude. ¡Mirá vos cómo gané!” Es algo tan absurdo que cuando escuchás a los candidatos preconizar “el bastonazo o el cinturonazo”, como Miguel del Sel o Macri, que dice “vamos a bajar los impuestos”, cuando son los más altos de la Ciudad de Buenos Aires. Y cuando escuchás a Massa, ¡que fue jefe de Gabinete anteayer!, termina diciendo que está todo mal. Bueno, entonces aparece la doctrina Scioli: “Quedo bien con todo el mundo. No digo nada…”, cuando el conurbano bonaerense es un desastre con un montón de villas miseria que no han podido sacar, y de cloacas ni hablar.
Y mientras el público aplaude calurosamente pensamos que, sin duda, esta nueva Salsa criolla está bien condimentada.

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