El medio es el mensaje
CFK y la santísima trinidad patria
Anteayer al mediodía, cuando periodistas y otros invitados accedimos a la magnífica Ballena Azul -la enorme sala, nueva joya del ex Correo Central-, la Orquesta Sinfónica Nacional ensayaba Fuga y misterio, de Astor Piazzolla. Un cuchicheo insidioso hizo notar que podía tratarse de una alegoría musical por los escasos seis meses de vida que le restan al actual gobierno y por la incógnita de cómo será ese desenlace.
El Centro Cultural Kirchner es el de mayor dimensión de América latina (y uno de los tres más grandes del mundo). Sorpresivamente perdió el nombre y lleva sólo el apellido de un ex presidente que miró a la cultura más bien con indiferencia. Tal vez en el Kirchner a secas se quiera resumir a una dinastía, como se constata en la muestra "Experiencia NK", que incluye fotos de los parientes directos del finado dirigente austral. A pesar de tener una programación incipiente, carente de una organicidad curatorial , el eslogan oficial lo acaba de definir como el "corazón de la cultura".
La Presidenta recordó que el padre de Néstor fue cartero, y llegó a ser tesorero del correo de Santa Cruz. Cuando venían a Buenos Aires recorrían el colosal palacio postal que hoy lleva su nombre. Débil argumentación para bautizar un centro cultural en una república de verdad, pero más que suficiente para el país en el que lo personal y autorreferencial es política de Estado.
El grandilocuente despliegue diario que ha venido realizando Cristina Kirchner en estos días, y que tendrá su punto culminante mañana, en coincidencia con un nuevo aniversario de la Revolución de Mayo, podría suponerse como el comienzo de una larga despedida.
Pero a no engañarse: la mandataria no piensa en la proximidad de la extinción de su poder formal. No sería raro que, en caso de ganar las elecciones el candidato definitivo del Frente para la Victoria, se reservara para sí misma un papel protagónico en las celebraciones del 10 de diciembre en la Plaza de Mayo, aun después de haberle transmitido el mando al presidente/vicario, como una manera poco sutil de marcarle la cancha de movida.
La permanente reinvención de la historia, piedra filosofal del relato K, tiene su máxima expresión cada 25 de Mayo, donde se fusiona la fecha patria con el del comienzo del kirchnerismo, porque hace doce años, en esa fecha, asumió la presidencia de la Nación Néstor Kirchner. Pero tras el conflicto con el campo, en 2008 -"gesta" que le permitió al oficialismo percibirse por primera vez con cierto mesianismo teatral-, fue en otro 25 de Mayo, el de 2010, en coincidencia con el Bicentenario de la asunción del primer gobierno patrio, que los patagónicos se tonificaron con una megapuesta callejera exitosa y popular que terminó de forjar su histriónica identidad. Lo que les permitió reconocerse masivamente en mayo de 2010 de manera festiva, se repitió cinco meses después, pero en su faz dolorosa, cuando murió Kirchner. Javier Grosman, el Walt Disney del kirchnerismo, plasma con mappings, colorinches luces LED, fuegos artificiales, artistas y variadas fuerzas brutas la estética de un gobierno que quiere erigirse en religión de Estado.
Desde entonces, la Presidenta busca llenar de enfáticas simbologías sus discursos, inauguraciones y promesas.
Pero nunca antes, como en estas jornadas, con el eslogan "El mismo sol, la misma patria", concentró tantas resignificaciones de hechos del pasado, y los "versionó" en modo K en tan pocas horas: el martes inauguró otro museo más en la ESMA y se volvió a repetir el disparate de afirmar que los Kirchner abrieron en la Argentina el capítulo de los derechos humanos; el miércoles la acción se trasladó a la estación Retiro para recrear la "épica" del ferrocarril y reforzar la precandidatura de Florencio Randazzo, desde -fino detalle- los andenes 6, 7 y 8 (el programa homónimo se refirió a todas estas actividades como "los impresionantes festejos en la Semana de Mayo"); el jueves inauguró el mencionado Centro Cultural Kirchner y dijo que el edificio fue "refuncionalizado", aunque evitó recordar que había sido construido por gobiernos conservadores y radicales.
Desde anteayer, en avenidas del centro porteño se están viendo muestras, ferias e instalaciones inspiradas en el campo, la industria y la innovación, una suerte de estímulo en tiempo real y en 3D de lo que provocaban aquellos libracos de los planes quinquenales del primer peronismo que recreaban con ilustraciones los ideales justicialistas de "la nueva Argentina".
Si faltaba manosear otro símbolo de la nacionalidad, eso ocurrirá esta mañana con el traslado del sable del general José de San Martín del Regimiento de Granaderos al Museo Histórico Nacional, que incluirá un desfile.
Sigue. Mañana, en el tedeum la Presidenta se asociará con un emblema sensible a la feligresía católica: la Basílica de Luján, que, según ya adelantó, se pudo restaurar gracias a ella. Y a la tarde, en su discurso desde Plaza de Mayo fundirá la gesta de 1810 con la de 2003. Ha nacido una nueva santísima trinidad nacional. Patria, historia y Gobierno se amalgaman en una misma naturaleza: Cristina Kirchner.