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domingo, 13 de abril de 2014

Las patas de la mentira

Las patas de la mentira

Con otra deplorable manipulación estadística, el Gobierno no sólo ha estafado a los acreedores de bonos vinculados al PBI, sino al erario


 En 2005, cuando la Argentina reestructuró su deuda, que permanecía impaga desde el default de 2001, las autoridades impusieron a los bonistas fuertes quitas en sus acreencias bajo la premisa de que ésa era la única vía consistente con la recuperación de la solvencia del fisco de la Nación. Así, los bonistas que ingresaron en el canje sufrieron quitas cercanas al 65 por ciento. Como forma de morigerar la pérdida de valor impuesta a los acreedores, las autoridades argentinas agregaron a la oferta de canje un bono conocido como Cupón de PBI (por Producto Bruto Interno), que les permitiría recuperar a los inversores hasta 48 dólares por cada 100 de sus tenencias de deuda originales. Los pagos se efectuarían sobre la base del cálculo del 5% del exceso de crecimiento que el país obtuviese respecto a una trayectoria prefijada de tasas de crecimiento anuales cercanas al 3,2%, y siempre que la economía hubiera mostrado, además durante el año previo al pago del cupón, un crecimiento superior al 3,2 por ciento.
La inclusión de ese instrumento no resultó suficiente para que el canje fuera exitoso. En 2005, sólo el 76% de los tenedores de deuda argentina aceptó los términos del canje, cifra que se compara muy negativamente con el 97% de aceptación lograda, por ejemplo, por Uruguay tres años antes. La inclusión del cupón de PBI pasó inadvertida para los acreedores, quienes le otorgaron un valor inicial de apenas 2 dólares por cada 100 bonos canjeados, lo que no alcanzaba para torcer la sensación de éstos de que la Argentina estaba imponiendo una quita desmedida a quienes habían confiado sus ahorros al país.
Finalmente, con el paso del tiempo, el cupón de PBI comenzó a ganar valor a la vez que se convirtió en una pesada carga para el erario: entre 2006 y 2012, la Argentina pagó unos 14.000 millones de dólares para atender los pagos vinculados a este instrumento. Si la Argentina hubiera incluido en el canje de 2005 pagos ciertos por 14.000 millones de dólares a vencer hasta 2012, la quita percibida por los acreedores hubiera caído desde 65% a niveles cercanos al 50%, de modo tal que la aceptación de los tenedores de deuda del canje hubiera sido mucho más elevada y se habrían evitado el pago de los más de 24.000 millones de dólares que aún resta pagar por este instrumento.
Que los cupones vinculados al PBI hayan sido diseñados de una manera deficiente para lograr una elevada aceptación del canje y para aliviar la carga financiera de la Argentina no implica que éstos no deban ser pagados o que sus pagos deban ser calculados de manera dudosa o discrecional. Sin embargo, a partir de 2007 cuando el Gobierno intervino el Indec y la elaboración de las estadísticas públicas, ello fue lo que ocurrió. Si bien aparentemente la intervención oficial podría haber inflado los pagos de los cupones del PBI al sobreestimarse el crecimiento de este último, los tenedores de cupones vieron a su vez disminuidos sus pagos debido a que el Gobierno subestimó abruptamente el aumento de los precios implícitos para la elaboración del PBI nominal. Y, como el exceso de crecimiento para el pago luego se efectuaba en función del PBI nominal, es probable que los tenedores de cupones hayan sido perjudicados, ya que la subestimación de la inflación habría superado a la sobreestimación del crecimiento en el cálculo de los pagos. Sea como fuese, recibiendo pagos de más o siendo compensados con menos dinero, los inversores fueron estafados y también lo fue el erario. Unos recibieron fondos de más o de menos, otros pagando de más o de menos, simplemente por el capricho de Guillermo Moreno, avalado por la Presidenta y ayudado por el grupo de barrabravas al que Moreno puso en el Indec para elaborar la contabilidad nacional de la Argentina.
El último y triste capítulo de esta saga se produjo el 27 del mes pasado, cuando en ocasión de anunciarse las cifras de crecimiento de 2013, el Gobierno comunicó que el PBI había crecido 3%, luego de que pocos días antes hubiera afirmado que la expansión había alcanzado el 4,9%, según las cifras del Estimador Mensual de Actividad Económica. Adujo el ministro Kicillof que la reducción de 4,9 a 3% se debía al cambio de base utilizado para la elaboración de las cuentas nacionales, las que pasaron a considerarse en base 2004 en vez de la base anterior, de 1993. Todo el mundo sabía en la Argentina que en 2013 el país no había crecido 4,9%. El mucho más profesional, serio y creíble Índice General de Actividad que elabora Orlando J. Ferreres & Asociados mostró, de hecho, un incremento del PBI del 3% para 2013. Pero esa tasa de crecimiento menor al 4,9% que venía reportando el Gobierno no surgía de un cambio de base de 1993 a 2004. Simplemente, provenía de elaborar las cifras sin mentiras ni barras bravas.
Al justificar el cambio en el crecimiento de 2013, desde 4,9% hasta 3% mediante el cambio de base, el Gobierno intenta evitar reconocer que simplemente ha decidido bajar la tasa de crecimiento hasta 3% para evitar el pago del cupón de PBI. Y que esa cifra de 3% coincida con la reportada por el sector privado no lo convierte en alguien que dice la verdad, sino en alguien que dice una mentira que se parece a la verdad.
El pago del cupón de PBI correspondiente al crecimiento de 2013, previsto para diciembre próximo, no debería ser objeto de una decisión discrecional o mentirosa. Muy probablemente, una revisión de las cifras de crecimiento desde 2007 hasta hoy, elaborada de manera profesional e independiente, resultaría en un no pago del cupón de PBI correspondiente al año 2013. Pero la forma que ha adoptado el Gobierno para llegar a ese resultado lo pone bajo sospecha de utilizar métodos similares a los que usaba el infame señor Moreno, aunque éstos se apliquen ahora de manera más civilizada. Mentir es estafar. Resulte esa estafa a favor o en contra de los bonistas..

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