Los periodistas políticos jugamos muchas veces a analizar qué puede pasar en el futuro como si tal cosa fuera posible, como si los cabos atados fueran más que los elementos sorpresivos e impresvisibles de la vida misma. Hago está aclaración solo para que no se tomen demasiado en serio las línea que vienen. Solo es un juego, una forma de entretenimiento que quizá ayude a percibir algunos rasgos centrales de lo que viene después del 27 de octubre pero con dos condiciones: que no se olvide nunca que es un juego, y que se entienda que decir "lo más probable es que" o "lo más improbable es que" no significa afirmar mucho más que pronunciar el famoso "probabilidades de lluvia" del servicio meteorológico nacional.
Así las cosas, las encuestas de estos días empiezan a reflejar un acortamiento sensible de la distancia entre Sergio Massa y Martín Insaurralde. Hay unanimidad entre los encuestadores en que eso no alcanzará para dar vuelta la elección. Yo creo que eso es lo más probable: que Massa gane. Pero si el FPV consigue, digamos, un porcentaje superior al 35 por ciento en la provincia de Buenos Aires, con un candidato tan débil como Insaurralde, Cristina quedará bastante entera como líder político y como factor muy influyente en las elecciones que vienen.
La pregunta, entonces, es: ¿tiene el kirchnerismo posibilidades de sobrevivir en el poder luego del 2015?. Eso depende de varios factores pero sobre todo de dos.
El primero es que al Gobierno le funcione la nueva estrategia económica de conseguir fondos por vía del endeudamiento y de "arreglar" con los acreedores. Fracasado el blanqueo, el Gobierno decidió recorrer caminos que antes repudiaba. Eso puede darle aire para que la economía mejore las magras perspectivas para los dos próximos años, un poco más de nafta luego de haber gastado tantos recursos en la campaña. El problema es que, cada vez que desde el Ministerio de Economía se impulsaron estos arreglos, tarde o temprano, generaron contradicciones internas dentro del Gobierno y se frenaron. Ese stop-go entre la ideología y el pragmatismo fue un clásico de estos años, un componente del ADN kirchnerista. Superar, aunque sea temporalmente, ese tironeo es uno de los desafíos de los dos años que vienen.
El segundo factor que deben superar es la incapacidad kirchnerista para generar candidatos propios que no se lleven el apellido Kirchner. O sea: lograr que ocurra lo que pasó en Uruguay, donde a Tabaré lo siguió Mujica, o en Brasil, donde Lula logró instalar a Dilma en el poder. El kirchnerismo no logró poner un candidato propio ni siquiera en Santa Cruz. En general, sus relaciones con los candidatos que apoyan no son armónicas y terminan enfrentados aun con sus propios delfines: el caso Santa Cruz, donde se llevaron pésimo con todos los gobernadores, es muy categórico al respecto. Es otro rasgo del ADN. ¿Podrá Cristina cambiar eso a esta altura de la vida y respaldar con generosidad a Uribarri, por ejemplo? Más allá en el tiempo: ¿si esa experiencia es exitosa, sobrevivirá esa relación o un candidato de CFK en la Casa Rosada terminará rompiendo con ella como ella y Nestor lo hicieron con Duhalde?
O sea: si logra nafta para poner en el tanque de la economía y encontrar un candidato propio con el que no se peleen en dos meses, dado el repunte de estos días, el kirchnerismo tiene una posibilidad de continuar en el poder. Será una ruta escarpada pero no imposible.
Cualquiera que siga este blog podrá ver que, desde agosto, aquí se sostiene lo mismo. CFK, aun debilitada, sigue siendo una líder de un importante sector de la población. Esas cosas no desaparecen de un día para el otro, ni de una vez para siempre. Aun fuera del poder --tras un triunfo de Scioli, o Massa, o Cobos, o Macri-- estará expectante. Kirchneristas y antikirchneristas deberán compartir el mismo país durante muchos años. No me parece que esa pelea se defina por Knock Out en el 2015.
Es lo más probable, bah.
No me tomen demasiado en serio.
