Cambalache
Dudar para estar seguros
Cambiar, dudar, repensar y evolucionar. Son procesos muy positivos que permiten avanzar en la vida aprovechando la enorme ventaja de usar nuestro cerebro para superar situaciones desfavorables. Tener principios inmutables también es una forma de mantener la integridad moral y la credibilidad social. La sabia combinación de ambos procesos permite vivir una existencia rica en matices y por lo tanto interesante.
La rigidez excesiva perjudica la visión medianamente equilibrada de la realidad que nos incluye. Temas tan importantes como la justicia presentan a cada momento la relatividad de principios aparentemente inalterables. Cada juzgado interpreta la ley en forma diferente y, quizá por una excesiva mediatización de casos resonantes, se producen fallos muy disímiles en la solución de casos similares. Cada abogado desarrolla una estrategia diferente y la balanza puede inclinarse para el lado menos pensado por la opinión pública, que da sus veredictos muchas veces sin conocer detalles importantes.
¿Y qué decir de los miles de sucesos que no salen a la luz de una notoriedad masiva? En esas situaciones pueden aplicarse muy distintos criterios para juzgar delitos. Está muy claro de todas maneras que los principios básicos existen y que, más tarde o más temprano, en sociedades relativamente democráticas todo puede ser revisado y corregido si es que hubo algún error u horror garrafal. Pero todo esto muestra muy claramente la falibilidad humana que no está, ni mucho menos, exenta de faltar a la verdad que el honor exige.
Esto acontece en todos los órdenes de nuestra vida. Nada es lo que parece a simple vista y muchas veces lo que creemos obvio y claro no es más que un espejismo o un cuentito bien relatado. Casos de violencia familiar con víctimas que resultan ser victimarios y viceversa nos asombran cada tanto y hacen tambalear creencias muy profundas.
Padres maltratadores, viejos maltratados, adolescentes abusados y jóvenes abusadores, caras de malo que ocultan almas nobles y caritas de ángel que esconden demonios son sólo algunos aspectos que debemos tener en cuenta cuando evaluamos situaciones en nuestro entorno.
Nadie dice que es fácil detectar la verdad, pero en la medida que no seamos sectarios y prejuiciosos a niveles extremos y usemos nuestro poder de observación en forma adecuada la búsqueda de una relativa claridad será mucho más posible de alcanzar.
Para eso hay que partir de los principios básicos y evolucionar hacia diferentes puntos de vista, dejando de lado preconceptos y apariencias engañosas. La vida bien vivida en las buenas y en las malas enseña esas cosas. Ahora bien, si se envejece sólo para tener arrugas, reumas y achaques, no se madura y se siguen juzgando las cosas que suceden con la mentalidad de un jovencito calenturiento, entonces nos convertimos en chatarra sin cerebro y cuando nos digan viejos chotos lo tendremos bien merecido.
Desde luego no se trata de renunciar a formas de vida que hemos practicado desde la racionalidad y el respeto a los demás, sino de no cerrar la puerta a la beneficiosa duda, a la bienvenida reflexión que nos permita profundizar nuestros análisis vitales. Y tampoco es el caso de ser un panqueque inmoral que diga lo que algún genial humorista ironizó: Yo tengo mis principios, pero si a usted no le gustan y eso puede acarrearme algún problema, puedo tener otros. A eso ya estamos acostumbrados pero es una mala costumbre.