“Los órganos no van al Cielo”
POR OSVALDO PEPE
La lección que nos deja Renzo |
“Los órganos no van al Cielo”
Renzo, Capitán, Leoncito, Súper Peque, Correntinito, Chanchi .... “mi Chanchi”, me duele el alma, siento tanto dolor en mi pecho y tantas preguntas a las que no encuentro respuestas. En todos estos meses, mi amor, conocí muchas personas, entre ellas tres muy especiales que seguro conocés: Silvana Rodríguez, amiga de tristezas y alegrías con la que compartí mañanas y noches, a quien quiero mucho. También a Claudio Rizzuto, un ser especial, con tanta paciencia y amor por los niños, que contenía y escuchaba a todas estas enamoradas de vos. Y a tu abuelito, Jorge Ramos, que se convirtió en mi abuelo del corazón, un ser maravilloso, una persona angelada (como toda tu familia) que siempre me trató con tanto amor y me enseñó algo, que una vez me dijo y siempre voy a llevar conmigo: no hace falta conocer a las personas para amarlas. Y era verdad, porque yo te amo, “Chanchi”, te amo mucho.
Hace un tiempito, cuando se fue tu amiga Juli, también internada en el Garrahan, le dije algo que ahora te tengo que decir a vos: perdón mi amor, perdón por esta sociedad que todavía no entiende que los órganos no van al Cielo. Luchaste como un león, siendo tan pequeñito nos diste un ejemplo de vida. Te pido un último favor, donde estés cuidá a tus papis, a tu hermanito y abuelo. Aliviá el dolor de sus corazones. Me llevo tu carita, tus cachetes y esa hermosa sonrisa para guardarlos en lo más profundo de mi alma. Abrí tus alitas mi amor ... ya no duele. ¡Te amo, Chanchis!
Mariana D´Anna
MAESTRA JARDINERA
floresdepapel@fibertel.com.ar
Hace un tiempito, cuando se fue tu amiga Juli, también internada en el Garrahan, le dije algo que ahora te tengo que decir a vos: perdón mi amor, perdón por esta sociedad que todavía no entiende que los órganos no van al Cielo. Luchaste como un león, siendo tan pequeñito nos diste un ejemplo de vida. Te pido un último favor, donde estés cuidá a tus papis, a tu hermanito y abuelo. Aliviá el dolor de sus corazones. Me llevo tu carita, tus cachetes y esa hermosa sonrisa para guardarlos en lo más profundo de mi alma. Abrí tus alitas mi amor ... ya no duele. ¡Te amo, Chanchis!
Mariana D´Anna
MAESTRA JARDINERA
floresdepapel@fibertel.com.ar
El comentario
La lección que nos deja Renzo
Todos estamos entristecidos desde que el viernes supimos que Renzo había bajado sus bracitos en la pelea por la vida. Ese dolor y esa angustia no servirían de mucho si no se transformaran en una nueva lección en el camino de un aprendizaje aún inconcluso. Las lágrimas están bien, son necesarias. La solidaridad alrededor de Renzo y su familia en estos dos años de batalla entre médicos y hospitales fue bienvenida, pero ni una ni otra, con lo valiosas que han sido, alcanzan todavía. Nadie podría decir que el trasplante de Renzo llegó tarde, tras siete meses de espera. Seguramente nadie sería capaz de negarlo. Lágrimas y solidaridad sin una cultura de la donación de órganos, son insuficientes. Ahora mismo, mientras releemos la carta de hoy, la lista oficial del Incucai nos dice que hay 7.466 pacientes en lista de espera. Muchos son personitas como Renzo. La lectora nos contó de dos: Franco, de 5 años, y Sebastián, de 8, en este caso con un año y medio de espera y de angustia.
Un párrafo de la carta de Mariana es tan rotundo que no merece el destino de olvido. Ella le pide perdón a Renzo “por esta sociedad que todavía no entiende que los órganos no van al Cielo”. Su sensibilidad no se queda en las emociones de circunstancia: ella nos interpela a todos y cada uno en su adiós a Renzo. Por eso menciona a Silvana Rodríguez, quien desde Facebook activó la campaña “Un corazón para Renzo” y a Claudio Rizzuto, motor de movidas solidarias en el Garrahan. Ahora mismo, para el Día del Niño, Claudio pide “un juguete nuevo para una vida nueva”, para chicos trasplantados o en vías de serlo. Son gente con compromiso, como la propia Mariana. Ella es maestra jardinera en la Villa 31, donde hay que poner cuerpo y alma para educar y enseñar, porque sólo a través de la educación esos chicos quizá algún día puedan alcanzar el derecho constitucional de la igualdad de oportunidades en la carrera de la vida.
Renzo partió y nos dejó tarea. Todos tenemos que hacer los deberes. La propia familia del “titancito correntino”, aún transida por tanto dolor, levanta esa bandera para que otros Renzo puedan vivir. Donar órganos es un compromiso con la vida y un consuelo que acaso atenúe la congoja inmensa de afrontar la muerte de un ser amado.
Un párrafo de la carta de Mariana es tan rotundo que no merece el destino de olvido. Ella le pide perdón a Renzo “por esta sociedad que todavía no entiende que los órganos no van al Cielo”. Su sensibilidad no se queda en las emociones de circunstancia: ella nos interpela a todos y cada uno en su adiós a Renzo. Por eso menciona a Silvana Rodríguez, quien desde Facebook activó la campaña “Un corazón para Renzo” y a Claudio Rizzuto, motor de movidas solidarias en el Garrahan. Ahora mismo, para el Día del Niño, Claudio pide “un juguete nuevo para una vida nueva”, para chicos trasplantados o en vías de serlo. Son gente con compromiso, como la propia Mariana. Ella es maestra jardinera en la Villa 31, donde hay que poner cuerpo y alma para educar y enseñar, porque sólo a través de la educación esos chicos quizá algún día puedan alcanzar el derecho constitucional de la igualdad de oportunidades en la carrera de la vida.
Renzo partió y nos dejó tarea. Todos tenemos que hacer los deberes. La propia familia del “titancito correntino”, aún transida por tanto dolor, levanta esa bandera para que otros Renzo puedan vivir. Donar órganos es un compromiso con la vida y un consuelo que acaso atenúe la congoja inmensa de afrontar la muerte de un ser amado.
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