Democracia sin partidos por Alfredo Leuco
Democracia sin partidos por Alfredo Leuco
Mañana, el jueves y el viernes le voy a dedicar esta columna a lo más concreto de las elecciones del domingo. A las transformaciones que se pueden producir con el voto. A la especulación acerca de los resultados y sus consecuencias. Pero déjeme que hoy le hable de algo más conceptual y profundo que lo meramente aritmético. Si me permite, quiero tratar de definir cual es la etapa por la que estamos atravesando en política. Hay muchas maneras de encararlo. Una me la despertó una reflexión brillante del ex canciller Dante Caputo que habla de la inexistencia de los partidos políticos que, tal vez, sea el principal déficit que tenemos.
¿Que dice básicamente Caputo?. Que estamos en problemas porque han desaparecido los partidos políticos y transitamos una democracia de candidatos, de nombres, de caudillos. Con humor dice que estamos en un momento político de fulanistas o menganistas. Es verdad. Hoy la gente sigue más una persona que un partido. Por eso esas corrientes llevan sus nombres o apellidos. Cristinismo, Macrismo, Massismo, Sciolismo, entre otros. Son corrientes políticas que corren serio riesgo de extinguirse si por algún motivo desaparece esa persona. Eso hace a sus militantes totalmente dependientes de las decisiones y las órdenes de ese conductor y todo se hace mucho más verticalista y el debate desaparece para no incomodar al jefe que es como un dueño de la franquicia.
Eso no es bueno. Los partidos políticos son los pilares de la democracia. Hay que modernizarlos, desburocratizarlos, renovarlos, por supuesto. Pero es allí donde surgirán los nuevos cuadros, donde aparecerán polémicas creativas y donde se generaran lealtades a las ideas y no a las personas. Dice Caputo que los dos grandes partidos históricos no existen más. El radicalismo porque se achicó tanto y se fueron tantos dirigentes que es una expresión muy minoritaria.
Y el peronismo, por lo contrario, se agrandó tanto, con su pragmatismo, ocupó tantos espacios que tiene varias corrientes internas que discuten supremacías en el seno de la sociedad y se han convertido casi en un sistema político en si mismo. El Partido Justicialista no existe, está congelado pero cerca del 70% de los bonaerenses podrían llegar a votar candidatos autotitulados peronistas. Está claro que la gran tarea es refundar los partidos. Incorporar nuevas formas y nuevas tecnologías. Mejorar ese instrumento esencial pero no reemplazarlo por individuos que tienen más posibilidades de equivocarse, enloquecer o querer eternizarse en el poder que las estructuras colectivas y colegiadas. Se puede lograr. En Chile la Concertación gobernó 20 años, con distintos presidentes y ahora está por volver al poder. Tuvo grandes dirigentes como Ricardo Lagos o Michelle Bachellet. Pero no existe el “Laguismo” o el “Bachelletismo”, existe el Partido Socialista o la Democracia Cristiana. En Uruguay pasa algo parecido.
No hay “Mujiquismo” o Tabarevazquismo”, es el Frente Amplio que se ganó las presidencias y que tiene el funcionamiento interno disciplinado pero a su vez abierto que permite que el Pepe Mujica o Tabare Vazquez, tan iguales y tan distintos lleguen al poder en forma democrática y hagan buenas gestiones. Le pongo un ejemplo contrario que es doloroso. Considero a Luis Juez y a Margarita Stolbizer dirigentes muy valiosos, honrados, valientes y capaces. Sin embargo cada uno tiene un partido casi unipersonal. En Córdoba el juecismo va a hacer un papelón electoral solo porque Luis Juez no es candidato. Su partido no tiene otra figura taquillera. Es una lástima, pero de estas cosas hay que aprender.
Con Margarita pasa algo parecido. Si ella decidiera dejar la política por cuestiones personales su agrupación debería diluirse en otro partido. Creo en los grandes partidos con fuertes corrientes internas. ¿Se imagina a Juez y Margarita, por ejemplo, como líneas internas del socialismo de Hermes Binner con el que tienen tantas coincidencias? ¿No serían los partidos más fuertes que las personas o los candidatos circunstanciales? ¿Cuáles son las terribles e insalvables diferencias que tienen con la plataforma, la trayectoria y los dirigentes del socialismo? Lo pongo solo como un ejemplo pero hay infinidad de situaciones similares. Creo profundamente en la democracia porque es el sistema menos malo que conozco.
Creo que los partidos políticos como polea de transmisión de las demandas sociales y como escuela de cuadros para el gobierno. Siempre es importante contar con los liderazgos más carismáticos y populares. Siempre ayuda que sean personas de bien, con formación intelectual y experiencia y que apuesten a la ética y desprecien a los autoritarios y a los corruptos. Adentro de los partidos, todo; afuera de los partidos, nada. Los partidos deben facilitar que lleguen los de abajo y dificultar que se queden los de arriba. Para que la democracia fluya y no se estanque.