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domingo, 2 de junio de 2013

Son ladriprogres... "¡Co-rrup-ción-Co-rrup-ción...!" Carlos Salvador La Rosa

ESTOS INTELECTUALES K...

Son ladriprogres... "¡Co-rrup-ción-Co-rrup-ción...!"

La Gran Contradicción se encuentra al desnudo: ¿cómo conciliar al empresario K Lázaro Báez y el ex preso político torturado Juan Carlos Dante Gullo? ¿Dónde compatibilizan Jorge Leonardo Fariña y Eduardo de Pedro? En verdad, ya era evidente en 2003, cuando a Néstor Kirchner lo acompañaban Rudy Fernando Ulloa Igor y Miguel Bonasso, pero ahora es más cruel para los K porque la corrupción siempre existió en ellos, ahora viene con declinación política. El ladriprogresismo tiene problemas evidentes... Acerca del tema escribió Carlos Salvador La Rosa en el Los Andes, de Mendoza:
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Horacio Quiroga al frente y detrás otros de sus colegas de Carta Abierta, o sea los intelectuales K.
por CARLOS SALVADOR LA ROSA
 
CIUDAD DE MENDOZA (Los Andes). Néstor Kirchner y Cristina Fernández jamás tuvieron entre ellos ninguna diferencia política sustancial, excepto -quizá- una de estilo. Ambos fueron constructores permanentes de poder, y eso los unifica, pero para Néstor el poder político era tributario, en primer término, del poder económico, mientras que para Cristina existe una correlación más directa entre el poder político y el ideológico. 
 
No es que minimice al dinero, sino que no lo jerarquiza en la misma escala que su marido. Posiblemente lo haga para contrarrestar el exceso cometido por éste, quien estaba absolutamente convencido de que era imposible ser el hombre políticamente más poderoso del país si no se lo era también económicamente. 
 
Lo que lo llevó al delirio (que recién ahora comienza a visualizarse en toda su magnitud) de querer lograr ambos posicionamientos.
 
Cristina, cuando se quedó sola, desde el primer momento vislumbró esa imposibilidad de querer transformarse desde el Estado en la persona más poderosa, tanto a nivel político como económico. Por eso su primer intento fue borrar la contradicción de su marido, pero no criticándolo, sino haciéndolo trascender, mitificarlo. Pasarlo de la categoría de hombre a mito. 
 
Con el mito se buscaba enterrar al Néstor que quiso ser el hombre más rico de la Argentina y elevar a la trascendencia heroica al Néstor que buscó ser el hombre más poderoso de la Nación. 
 
Gracias al mito (y al dinero que ya dejaba de buscarse tanto como con Néstor vivo porque ya había habido suficiente -quizá demasiado- para seguir consolidando el poder político) de ahora en más todo debía ser explicado ideológicamente, del siguiente modo: Si alguna vez se buscó dinero, jamás se lo buscó por sí mismo sino para combatir con igual poder económico a los poderes económicos mucho más poderosos que habían confiscado la política. 
 
La historia anterior del país demostraría -según la concepción K- que combatir al “capital” sólo desde el poder del Estado y la política, era una batalla perdida de antemano. Por ende, además de tener el Estado había que tener el “capital” para terminar con el capital. 
 
Así, Cristina, al explicar a su marido como el fundador de una gesta revolucionaria, lo limpiaba de sus pecados no mediante el perdón y la penitencia, sino vía la elevación de los pecados a la categoría de virtudes revolucionarias sin las cuales nada hubiera sido posible.
 
Como decían en los años ’70 los guerrilleros que asaltaban un banco o cobraban un secuestro: no era un asalto ni un robo, sino una expropiación, una confiscación a la burguesía, una devolución al pueblo de los dineros robados al pueblo vía la intermediación revolucionaria de las vanguardias armadas. 
 
Con el gestar del mito, los defectos de Néstor fueron transformados en gloriosas virtudes, a los cuales ya no se los explicaba con el cinismo típicamente pragmático de que para poder tener poder antes hay que tener guita, que es como en verdad comenzó todo. 
 
Ahora se lo explicaba diciendo que hacer plata era parte de un plan revolucionario del “Nestornauta”, que primero construyó poder económico, luego poder político y ahora, con Cristina y los camporistas, poder ideológico. Tres etapas de una misma revolución.
 
Mientras duró el mito de Néstor todo eso era posible de explicar, pero ocurre que con la transparencia televisiva, cuando se empezó a mostrar el modo concreto en que Kirchner fue construyendo su poder económico, el mito desapareció y retornó el hombre de carne y hueso. 
 
Néstor se reencarnó en una figura mucho menos grata que aquella en la que los suyos intentaron descarnarlo para que su viuda pudiera recuperar de él lo que le convenía recuperar y tapar lo que le convenía tapar.
 
Con la televisión se destapó todo y la desnudez no fue bella.

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