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jueves, 23 de agosto de 2012

La masacre de 34 mineros





La masacre de 34 mineros en Sudáfrica evoca la violencia del 'apartheid'

Es la intervención policial más sangrienta que tiene lugar en el país desde 1994, cuando acabó el régimen de segregación racial. La policía defiende su actuación contra los manifestantes.
La muerte este jueves de 34 mineros por disparos de la policía sacudió a la sociedad surafricana, que ha vuelto a recordar los momentos más duros del antiguo régimen de segregación racial del apartheid. La comisaria general de la Policía surafricana, Riah Phiyega, confirmó las muertes, ocurridas durante unas protestas en la mina de platino de la empresa Lonmin en Marikana, a unos 100 kilómetros de Johannesburgo, donde hubo también 78 heridos.

Es la intervención policial más sangrienta que tiene lugar en Sudáfrica desde 1994, cuando acabó el apartheid, el régimen impuesto por la minoría blanca surafricana desde 1949. Además, un total de 259 personas fueron detenidas por los altercados de Marikana, precisó Phiyega en una rueda de prensa. La jefa policial subrayó que los agentes tuvieron que "usar la fuerza para protegerse" cuando los mineros, algunos ellos provistos de machetes y armas de fuego, rebasaron un cordón de seguridad. La comisaria, que dio la orden para usar la fuerza, mostró vídeos grabados por la Policía en los que supuestamente se ve cómo los manifestantes abrían fuego contra los agentes.

Cerca de 3.000 trabajadores en huelga desde el pasado viernes se habían hecho fuertes en una colina, armados con lanzas, machetes y armas de fuego, junto a la mina de Marikana. La situación en Marikana era tensa un día después, con un fuerte dispositivo policial para contener una posible repetición de los disturbios. En el hospital del complejo minero, decenas de personas aguardaban para conocer el estado de los heridos: "Aún no sabemos quién está herido o no. La gente no sabe qué ha sido de sus familiares", dijo un minero. "La Policía tenía instrucciones de disparar contra nosotros. Había algunas personas armadas, pero la mayoría sólo llevábamos palos", relató otro de los trabajadores de la mina.

La violencia en la mina de platino se había cobrado ya diez víctimas mortales antes de la matanza del jueves, entre ellas dos policías, dos guardias de seguridad y seis mineros, tanto en choques contra la Policía como entre sindicatos rivales. La Asociación de Trabajadores de la Minería y la Construcción (AMCU), que convocó la huelga en Lonmin para exigir mejoras salariales, pugna con la Unión Nacional de Mineros (NUM), sindicato mayoritario, por atraer más afiliados que su rival en el país. "Estamos muy tristes por esta pérdida de vidas que podría haberse evitado", indicó el secretario general de la NUM, Frans Baleni.

La gravedad de los disturbios forzó al presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma, a abandonar Maputo, donde debía asistir a la cumbre de la Comunidad para el Desarrollo del África Meridional (SADC), para regresar a su país y hacerse cargo de la crisis. En un comunicado oficial, Zuma se declaró "conmocionado y consternado por esta violencia sin sentido", y abogó por "el orden democrático para resolver cualquier disputa mediante el diálogo sin violencia y sin incumplir la ley".

La respuesta policial desató las críticas de partidos políticos y asociaciones civiles, que reclamaron una investigación del suceso, así como comparaciones con masacres similares del apartheid. El Congreso Nacional Africano (CNA), al que es afín la NUM y que lleva en el poder desde que Nelson Mandela lo llevara a la Presidencia en 1994, reclamó una "investigación exhaustiva" y mostró su consternación por la tragedia. La Alianza Democrática (DA), principal partido de la oposición, pidió a los sindicatos y la Policía que rebajen la tensión, y subrayó que "las familias de la víctimas y toda la nación tienen derecho a saber que pasó y por qué ocurrió este baño de sangre". Por su parte, Lonmin, cuyas acciones llegaron a caer hasta un ocho por ciento tras la masacre, lamentó "profundamente" el suceso, pero puntualizó que "es claramente un asunto de orden público más que de relaciones laborales".

La muerte de los 34 mineros ha reavivado en Sudáfrica el fantasma de la violencia del apartheid y el recuerdo de la matanza de Shaperville de 1960, en la que fallecieron 69 trabajadores por disparos de los agentes del régimen segregacionista. El diario local Times afirmó que las imágenes de Marikana "son horriblemente familiares" y "parecen venir de aquel pasado de Sudáfrica en que los choques entre la Policía y la población civil eran habituales, pero ésta ya no es la época del apartheid". Dieciocho años después del fin del apartheid, la situación política en Sudáfrica es distinta, pero muchos trabajadores negros, como los mineros, siguen excluidos de los beneficios de la primera economía emergente de África y viven en precariedad. Para el periódico local The Sowetan, la masacre de Marikana deja al descubierto "una bomba de relojería que ha dejado de hacer tic-tac y ha explotado", en referencia al malestar de los sectores más desfavorecidos de la sociedad surafricana.


Sudáfrica lloró a los 34 mineros masacrados por la policía

Miles de personas asistieron hoy para despedir a los trabajadores asesinados en el campamento minero de Marikana.

Sudáfrica, matanza de mineros - 23/08/12 - 13:34

Una multitud acudió hoy a una emotiva ceremonia de despedida de los 34 mineros muertos en la masacre de la mina de Marikana, donde resultaron muertos por disparos de la policía durante una huelga hace una semana. Es considerado el episodio más sangriento ocurrido en ese país desde el fin del régimen segregación racial.

Miles de personas estuvieron en el servicio religioso celebrado en el campamento minero de Marikana, a escasamente un centenar de metros del lugar de la matanza, en un acto marcado por el dolor de las familias y la indignación de los compañeros de las víctimas, que continúan en huelga por trigésimo día consecutivo.

"Mi corazón está roto, como el de las familias. La policía nos está matando", afirmó Benet Maganisa, minero en la explotación de platino de Marikana, que gestiona la empresa Lonmin y está a unos cien kilómetros de Johannesburgo.

"Es muy triste que nuestros compañeros hayan muerto en vano", sostuvo Aubrey Ziza, otro trabajador de la misma mina. La emoción por el recuerdo de la masacre y un calor asfixiante hicieron que un gran número de familiares de los fallecidos perdiera el conocimiento, y tuviera que ser atendido por los servicios sanitarios.

Además, líderes de distintas congregaciones cristianas oficiaron los diferentes actos de conmemoración que tuvieron lugar en diversas minas y ciudades del país, en los que se mezcló el duelo con los mensajes políticos.

"Nosotros trabajamos duro y los extranjeros (las compañías mineras) se llevan los beneficios", llegó a decir un sacerdote desde el escenario en Marikana. "Señor, te pedimos que guíes a nuestro Gobierno para que no hagan cosas impropias y se rodee de la gente adecuada", agregó.

Pese a las llamadas de los líderes religiosos a no politizar la muerte de los mineros, la tragedia se ha convertido en un juego político, con el Gobierno de Sudáfrica tratando de lavar la imagen y sus adversarios resaltando la crisis social que ha desencadenado la huelga en Marikana.

La huelga en la mina ha puesto de manifiesto la fractura de un país que atesora enormes recursos, pero que apenas ha logrado reducir las diferencias sociales heredadas del "apartheid", el régimen de segregación racial impuesto por la minoría blanca hasta 1994.

La mina de Marikana, donde la gran mayoría de los empleados secundan una huelga desde el pasado 10 de agosto, permaneció parada hoy en memoria de los fallecidos y para permitir que sus 28.000 trabajadores acudan a la conmemoración.

Pese a la "tregua" declarada entre las partes en conflicto debido a la conmemoración de la tragedia, la situación continúa siendo tensa en la explotación, al tiempo que el conflicto se extiende a otras minas de la zona.

El presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma, que no acudió a las celebraciones en el poblado minero, anunció hoy la composición de la comisión judicial de investigación que deberá esclarecer los acontecimientos de la matanza, y la muerte de otras diez personas, entre ellos dos policías, al inicio de la huelga.

La mina surafricana en la que murieron 44 personas amenaza a los huelguistas con echarlos

La semana pasada la policía disparó indiscriminadamente contra los manifestantes. La empresa les exige que vuelvan cuanto antes a sus puestos de trabajo.

Los dueños de la mina de platino de Lonmin en Sudáfrica dieron un ultimátum a sus trabajadores en el que los conminan a volver a sus puestos de inmediato o arriesgarse a ser despedidos, después de que 44 personas murieran en un enfrentamiento con la policía la semana pasada. En la mina al oeste de Pretoria se produjeron en los últimos diez días sangrientos choques entre los manifestantes y la policía, en los que murieron 44 personas, dos de ellas agentes. Los hechos son los más graves registrados por motivos laborales desde el final del régimen del apartheid en 1994.

Desde los enfrentamientos volvieron a sus puestos de trabajo tan sólo un tercio de los 28.000 trabajadores, según informó la empresa minera. La mayor parte de esos trabajadores son Thembu y su rey, Buyelekhaya Dalindyebo, visitó la mina y les instó a negociar con Lonmin.

Mientras tanto, este lunes se inició la semana de duelo decretada por el presidente Jacob Zuma en memoria de las víctimas. La situación escaló el pasado jueves, cuando la policía disparó de manera indiscriminada contra los mineros y mató a 34 trabajadores. Los agentes aseguran haberse defendido de disparos por parte de la multitud. Otras diez personas habían muerto ya en anteriores escaramuzas.

Los mineros exigen un aumento del sueldo de los 4.500 rand (440 euros) actuales a 12.500 rand (1.200 euros). Un comité gubernamental formado por varios ministros se encuentra en la mina para rebajar la tensión y ayudar a las familias. Zuma ordenó además la creación de una comisión de investigación para determinar cómo se llegó al baño de sangre. "Debemos asegurarnos de que el derecho a manifestarse prevalezca y sea defendido, pero también debemos ocuparnos de que no derive en acciones ilegales", dijo el portavoz presidencial Mac Maharaj.

También comienzan este lunes los juicios contra 250 trabajadores que fueron detenidos en el marco de los disturbios. La empresa británico-surafricana Lonmin extrae en torno al diez por ciento de la demanda mundial de platino. En Sudáfrica está el 80 por ciento de las reservas globales del metal, que se usa para fabricar entre otros catalizadores, equipos de laboratorio y joyas.


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