El "Negro" (siempre había un "negro" entre la barra de pibes),
Había aprendido a rascar un poco la guitarra
y jugaba a que era Medina imitándole la voz
y ese gorjeo entre triste y quejoso emulador del blues afroamericano.
Había en el Negro, como en el caso de Medina,
la adición rioplatense provista de melancolía autóctona y,
como si esto no bastara, sumaba el condimento nostálgico
del barrio de San Andrés durante los domingos atardecidos.
Nosotros, muy jóvenes, le seguíamos el juego por las cosas de esa edad tan dispuesta al contento exaltado como a la tristeza súbita.
(Quizás,la alegría y la desdicha han merecido siempre un ensayo).
Lo cierto es que Manal reviste, hoy, para el Negro, para aquella barra
ya dispersa en la vida imprevisible y para mi evocación,
un paisaje de plaza con sueños antiguos que habita, todavía,
alguna morada del corazón.
Este suele ser el sino de la música y de sus intérpretes.


