“Los campeones no se hacen en gimnasios, están hechos de algo inmaterial que tienen muy dentro de ellos. Es un deseo, un sueño, una visión”.
Autor: Muhammad Ali. El deporte siempre ha sido origen de gestas y actos valientes repletos de coraje y capaces de inspirar la vida de muchos.
Los deportistas son equiparables a los héroes de otro tiempo en el que
las supremacías se dirimían a golpe de espada en el campo de batalla y
acababan, no solo con la derrota del adversario, sino también con su
aniquilamiento. Afortunadamente, la civilización ya ha avanzado
suficiente en este aspecto, aunque, concluyamos, que no tanto como para
dejar de temblar con lo que el ser humano es capaz de hacer todavía en
sus peores momentos.
Del deporte podemos extraer múltiples ejemplos o lecciones de superación y de motivación.
Desde deportistas que aún siendo netamente inferiores a sus rivales
consiguen triunfar ,finalmente, gracias a su esfuerzo, hasta equipos
unidos en torno a una idea de victoria, capaces de abatir, a fuerza de
confianza y de ilusión, la resistencia de otros grupos mejor preparados.
El
manual del campeón en cualquier especialidad exige poseer unas
cualidades innatas y una competencia suprema, pero también, y esa es la
parte que no se ve nunca, ser capaz de asumir sacrificios sin fin hasta
llegar al objetivo. Y más allá aún: una disposición casi sobrehumana
para superar los momentos en los que la moral queda destruida al
perder, por ejemplo, lo que ya casi tenías ganado.
En este punto recuerdo una frase del jugador de golf David Feherty: "Es la manera cómo tratas tus fracasos lo que determina la manera en cómo consigues tus éxitos".
Ni más, ni menos. Si cualquier deportista baja los brazos ante el
infortunio, jamás accederá al sabor de la victoria. Hay que decidir que
“nuestro deseo, nuestro sueño, nuestra visión”, no merece morir, de mala
manera, en mitad de una adversidad o contratiempo, por dura que
resulte. Un campeón podrá ser muchas cosas, pero jamás un conformista.
Reflexión
final: y nunca olvides que si algún día pretendes ser el campeón en
algo, tendrás que arriesgar. La diferencia entre jugar a ganar y jugar a
no perder, es, a menudo, la diferencia entre el éxito y la
mediocridad... y no hay campeones de nada mediocres, ¿no es cierto?

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