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sábado, 10 de diciembre de 2011

“Los campeones no se hacen en gimnasios, están hechos de algo inmaterial que tienen muy dentro de ellos. Es un deseo, un sueño, una visión”.

“Los campeones no se hacen en gimnasios, están hechos de algo inmaterial que tienen muy dentro de ellos. Es un deseo, un sueño, una visión”.

Autor: Muhammad Ali. El deporte siempre ha sido origen de gestas y actos valientes repletos de coraje y capaces de inspirar la vida de muchos. Los deportistas son equiparables a los héroes de otro tiempo en el que las supremacías se dirimían a golpe de espada en el campo de batalla y acababan, no solo con la derrota del adversario, sino también con su aniquilamiento. Afortunadamente, la civilización ya ha avanzado suficiente en este aspecto, aunque, concluyamos, que no tanto como para dejar de temblar con lo que el ser humano es capaz de hacer todavía en sus peores momentos.

Del deporte podemos extraer múltiples ejemplos o lecciones de superación y de motivación. Desde deportistas que aún siendo netamente inferiores a sus rivales consiguen triunfar ,finalmente, gracias a su esfuerzo, hasta equipos unidos en torno a una idea de victoria, capaces de abatir, a fuerza de confianza y de ilusión, la resistencia de otros grupos mejor preparados.
El manual del campeón en cualquier especialidad exige poseer unas cualidades innatas y una competencia suprema, pero también, y esa es la parte que no se ve nunca, ser capaz de asumir sacrificios sin fin hasta llegar al objetivo. Y más allá aún: una disposición casi sobrehumana para superar los momentos en los que la moral queda destruida al perder, por ejemplo, lo que ya casi tenías ganado.

En este punto recuerdo una frase del jugador de golf David Feherty: "Es la manera cómo tratas tus fracasos lo que determina la manera en cómo consigues tus éxitos". Ni más, ni menos. Si cualquier deportista baja los brazos ante el infortunio, jamás accederá al sabor de la victoria. Hay que decidir que “nuestro deseo, nuestro sueño, nuestra visión”, no merece morir, de mala manera, en mitad de una adversidad o contratiempo,  por dura que resulte. Un campeón podrá ser muchas cosas, pero jamás un conformista.

Reflexión final: y nunca olvides que si algún día pretendes ser el campeón en algo, tendrás que arriesgar. La diferencia entre jugar a ganar y jugar a no perder, es, a menudo, la diferencia entre el éxito y la mediocridad... y no hay campeones de nada mediocres, ¿no es cierto?

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