Los 12 apóstoles de Moreno
debutan hoy para controlar al dólar paralelo
Una lista, 12 nombres, una
misión: controlar al dólar paralelo Si es que la realidad supera a la ficción,
los próximos días serán una prueba ineludible de ello Como si se tratara de una
ley que no puede infringirse en las últimas horas circuló con una celeridad
asombrosa una lista con 12 nombres cuyo común denominador es que se trata de
hombres que han sido seleccionados por el inefable secretario de Comercio
Interior Guillermo Moreno con dos fines: amedrentar a los cambistas y controlar
las operaciones del mercado paralelo del dólar.
Con el primer objetivo ya
cumplido -hay miedo y cautela en el sector- urge decir que contra lo que muchos
piensan, la segunda finalidad del hombre más poderoso del momento no sería
cancelar permanentemente la operatoria de esta plaza ilegal del dólar, sino
controlar que los negocios respeten un techo de $ 4,50 en el valor del billete.
Esos 12 nombres, que fueron
enviados en un mail tienen desde hoy el permiso explícito de Guillermo Moreno
para hacer y deshacer. En la traducción, esto implica que cualquiera de ellos
puede vulnerar la seguridad privada de las casas de cambio y oficinas dedicadas
al negocio de las divisas, apersonarse hasta las sinuosidades y recónditos
parajes donde siempre está ubicada la mesa de dinero de cualquier entidad, y
“requerir” la información que consideren necesaria. “Nadie puede impedirlo,
tienen el poder de un juez”, señalan que le dijo Moreno al banquero.
La lista ha sido redistribuida en dos
reuniones que tuvieron los cambistas y banqueros el jueves y viernes último.
También el mail fue reenviado a aquellos que no pudieron asistir. Algunos
cambistas incluso se han tomado el trabajo de investigar a los apóstoles del
secretario de Comercio Interior: dicen que algunos de ellos vienen del Central
(no del Banco, sino del Mercado).
El argumento que recorre toda
esta secuencia resulta obvio: en Comercio Interior no quieren que la brecha
entre el dólar oficial y el paralelo agrande las expectativas inflacionarias y
que los precios de la economía comiencen a descontar un alza por encima de la
consensuada. La intensidad con la que ha irrumpido Moreno en la plaza tiene su
génesis en un dato poco difundido: cuando el dólar informal tocó los $ 5,
algunos precios básicos de materiales del sector de la construcción y otros
precios de la economía ajustaron 15% extra, cuando ya llevaban otro 20% este
año.
Esto fue lo que habría llevado a Moreno a
enviar la lista por mail a uno de los banqueros más castigados por el Gobierno,
para que éste se encargue de distribuirla. Las reacciones han sido disímiles.
Mientras algunos cambistas han “limpiado” sus discos rígidos, y renovado el
stock informático y otros han colocado personal de seguridad en las puertas,
algunos han retirado las escoltas para no “confrontar” con los futuros
visitantes. Eso sí: nadie realizó operaciones bajo la modalidad que solían
hacerlo en las últimas semanas.
Como fuere, la paradoja es que si el mercado
paralelo del dólar siempre ha sido esquivo a los controles -en rigor cerró la
semana en $ 4,75, no en $ 4,50 como quería Moreno-, a partir de ahora, y en
opinión de los propios protagonistas, resultará más esquivo que nunca. Si bien
el mensaje que “bajan” los cambistas y banqueros es que “vamos a cooperar, no
queremos problemas, hace décadas que estamos acá y no nos vamos a ir”, en la
práctica esto significó no operar dólar informal en los últimos días, salvo en
contadas excepciones y para “clientes de toda la vida”.
Sin embargo, esto podría poner en
apuros al propio Gobierno, que comenzará a depender cada vez más del
funcionamiento del mercado informal si es que los negocios en el mercado
oficial del dólar los hace sólo el Banco Central.
En la city, señalan que la suposición del
Gobierno acerca de que la operatoria del dólar informal tiene un sistema de
comercialización similar a la de las materias primas es erróneo. Dicen que en
este mercado monetario “los banqueros y cambistas no son los dueños de la
mercadería ni toman decisiones” y que en algunos casos, sólo vinculan al
comprador y el vendedor de dólares, cobrando una comisión, pero acatando los
precios que impone la oferta y demanda. En rigor, sostienen que esta operatoria
“no necesita de lugar físico, basta tener registrado al cliente de alguna vez
anterior, un teléfono celular y un punto de encuentro donde hacer el delivery”.

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