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lunes, 1 de agosto de 2011

La certeza: ganó Macri. La duda: ¿CFK es o se hace…?



El oficialismo acumula derrotas electorales en lo que va del año, así como varios escándalos que lo rozan de cerca.
Es cierto, y suena lindo: “un domingo electoral es una fiesta democrática”. ¿Por qué no decirlo, entonces? Sin embargo, que ésa haya sido la premisa más oída durante más de la mitad del día no parece servir de base para analizar un balotaje.

Son vastos los interrogantes que agitan el clima preelectoral, casi tantos como los silencios que emanan de Balcarce 50, donde no se buscan respuestas sino negaciones de la realidad y, en todo caso, culpables pero afuera.

En las espaldas de Cristina Kirchner descansan ya 14 muertos (mencionando solamente a las víctimas de desbordes sociales). Nadie se atreve, encima, a garantizar que no aumentará la lista de aquí en más. Son pobres y por esa “categoría” que les otorga un gobierno autodeclarado “nacional y popular”, amén de “progresista” (valgan las comillas), ni siquiera se conocen sus nombres. Forman parte de hechos que “otros” han provocado para desestabilizar, denuncian o denunciarán desde los despachos oficiales.

En ese mismo ámbito, buscan menguar el efecto de una derrota anunciada. El balotaje, con los guarismos de la primera vuelta, era una porfía supina. Millones de pesos sólo para pagar otro paso de baile de Mauricio Macri e inmolar al senador que, posiblemente, si se siguen las generales de la ley, deberá abandonar las huestes cristinistas. Los “fracasados” no tienen cabida en ese espacio, aun cuando al cadalso los haya empujado ella misma.

No hay pues, en este aspecto, grandes novedades. Una ratificación del electorado que ya se había manifestado, y en un territorio donde, al mismo tiempo, los resultados eran previsibles de antemano. La pregunta que quizás pueda hacerse es si esta situación realmente afecta a la Presidenta. La respuesta debería ser afirmativa, pero acordemos que lo razonable no es lo que prima.

Nuevamente vuelve o volverá, en breve, a minimizarse el tema, como si los porteños fueran, además de un “asco”, parte de otra geografía. Una sinergia perdida, no dispuesta a comprar a ciegas apenas un tráiler de la película. La Capital –piensan en el Gobierno– no votará a la Jefa de Estado. Habrá casos aislados, pero es un microclima muy afectado por aumentos de precios y maltratos que no termina de expandir la indignación hacia otros costados.

Para el Ejecutivo, en ese reducto de insensatos está la llamada “clase media”, un binomio que a esta altura no aclara demasiado. En definitiva, ¿qué puede importar lo que haga o deje de hacer un ghetto urbano? En algún momento, tal vez, algo preocupaba pues todavía tenía ánimo de reclamo, blandía cacerolas, y hasta fue tan osado de acompañar la protesta de los “oligarcas-piqueteros de la abundancia”. Hoy, apenas protesta en sobremesas. Y se ve que las urnas son mudas para Cristina.

En consecuencia, esa franja social le es materia de descarte. No debe creer en el refrán español según el cual “un grano no hace un granero, pero ayuda al compañero”. Los votos, en definitiva, se suman por unidades. No vienen en combo. La “Cajita Feliz” que ofrece el Estado pierde demanda. Después de 8 años, los juguetitos que trae no distraen…

En rigor de verdad, la suerte de Cristina Fernández no depende cabalmente de la ciudad de Buenos Aires, aunque se viva en este hábitat otro fracaso “huérfano”, o vástago únicamente del Filmus-candidato (pese a haber sido parido por la Señora, en Olivos)

El distrito en el cual debe centrar su atención el kirchnerismo, si no quiere verse vencido por esa extraña ramificación de otros peronismos (las diferencias merecen un análisis extra para explicarse si es que puede hacérselo), es La Matanza. Esa franja del conurbano sí tiene importancia. Equivale -en el padrón electoral- a cinco comarcas nacionales.

Allí, huestes de la Presidente y otras con un pie de cada lado por si acaso hacen honor al nombre: se matan como animales. Con excesiva impunidad, se van sumando heridos de bala y choques entre bandas. Marcan territorio en la estructura que antaño dominó Alberto Balestrini. ¿Quién hubiera dicho que se lo extrañaría tanto como a Néstor Kirchner, si bien muchos prefieren guardar ese secreto? De confesarlo, el precio a pagar es caro.

A Daniel Scioli le han de encomendar (a medias nada más) que mantenga la paz, en esa área en la que el clientelismo y los punteros políticos no son precisamente ficticios como los del programa televisivo…

En medio de esas atrocidades, con sangre derramada, derrotas electorales (acumulan cinco en lo que va del año), jueces cuestionados no precisamente por nimiedades, fondos millonarios para un fútbol devaluado, Madres de Plaza de Mayo que intentan pasar desapercibidas mientras Schoklender da muestras palpables de sus complicidades, e internas y pactos espurios que soslayan pérdidas y evitan futuras, se continúa transitando con certezas escasas y difusas.

Por otra parte, la agitación social aumenta siempre en épocas electorales. Aguardan, pues, mayores inconvenientes para transitar libremente, ocupaciones de tierras, avances de pueblos originarios y movimientos sociales que aprovecharán el instante para sus reclamos.

Es probable que veamos también intentos por modificar el maquillaje. El traje negro destiñó hace tiempo: mala calidad del género y la tristeza por la viudez dejó de convencer. De todas maneras, nadie cambia su esencia, aunque esta vez hubo llamado telefónico al ganador y felicitación de parte del perdedor. Gestos loables, pero tampoco para engañarse…

En breve, Estados Unidos y Europa, con sus respectivas crisis económicas, serán usufructuados con desmesura. Cristina Kirchner y Amado Boudou se ocuparán de hacer ver que el caos les llegó por no copiar el modelo que Él empezó y ella profundiza. Sostendrá su afán en los números del INDEC que muestran un país pujante, en pleno progreso. Todos contentos. Felices como Román. En definitiva, es así para ellos. Sus patrimonios aumentaron más de un 150%...

Los jubilados serán, otra vez, también una herramienta proselitista. Recibirán aumento por lo ya acordado y no por un nuevo acto con aplaudidores en el Salón Blanco, como han de venderlo sin embargo. Así las cosas, nada cambiará sustancialmente porque se acerquen las elecciones. Los Kirchner encararon el gobierno como una eterna campaña desde el vamos.

Posiblemente, la mayor incógnita a resolver apunte a descifrar si la Presidenta es o se hace… Es o se hace pasar por Jefa de Estado, claro.

Si se cree a pie juntillas su relato, quizás el problema sea más complicado.

Si acaso es consciente de estar vendiendo blanco por negro, es probable que todo cuanto se le está destapando le ponga algunos obstáculos insalvables, hasta el día en que los almanaques marquen la llegada de las presidenciales y el destino de Cristina y del resto de los argentinos, en el mejor de los escenarios, se torne inexorablemente distinto.

Hoy por hoy, sólo se sabe a ciencia cierta que Macri ganó. Arrasó, ¿por qué atenuar realidades? A pesar de ello, los votos tienen remitente fijo, pero variables destinatarios. Conviene no olvidarlo.

Hay aire esperanzador, y es bueno respirarlo.

Mientras, algunos kirchneristas –hasta hace un rato obsecuentes y “leales”– se detienen a pensar dos veces dónde han de ubicarse. ¿Para qué negarlo? Es la dinámica de estos tiempos, en los cuales el oportunismo gana más allá de todo comicio.
Gabriela Pousa © www.economiaparatodos.com.ar

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