De no creer
El Papa, Cristina y, en el medio, yo
Todavía me siento en una nube: la semana pasada estuve con el Papa en Santa Marta. Yo había imaginado un contacto más bien protocolar, como enviado de Cristina a preparar los detalles de su próxima visita al Vaticano, el 7 de junio, pero él le dio otro sentido. Terminé siendo un enviado de Francisco a Olivos, para llevar una carta de gran calidez, significado político y trascendencia institucional. Después de entregársela a la señora, les pedí permiso a ambos para compartirla con los lectores de esta columna. El Papa dejó que lo decidiera la Presidenta. La Presidenta dejó que lo decidiera yo. Y yo me debo a mi público. Aquí va ese documento histórico.
Estimada Cristina, le agradezco sus deseos de venir nuevamente a conversar conmigo. Cómo olvidar su última visita, cuando llegó acompañada de los alegres muchachos de La Cámpora, que pusieron calor y color tan típicamente argentinos a los fríos salones vaticanos. Se comentó por allí que me había disgustado con esa presencia. Nada más alejado de la realidad. Es cierto que no la esperaba, pero si algo aprecio de usted es su capacidad para sorprenderme. Un burocrático encuentro entre dos jefes de Estado se convirtió en una divertida estudiantina, pletórica de espontaneidad. Ahora entiendo por qué se ha rodeado de esos chicos. Como diríamos allí, "no le hacen asco a nada". Ciertos prelados no asimilaban lo que habían visto y se escandalizaron. No entienden el fenómeno. Les expliqué que el kirchnerismo, como nuestra fe, tiene raíz en lo absoluto y vocación de eternidad. Se quedaron más tranquilos.
He oído también que no tuve más remedio que aceptar su pedido de una nueva reunión. Otra fantasía. La paso muy bien conversando con usted. Habrá notado que casi no abro la boca: me gusta escucharla y aprendo muchísimo, incluso cuando me explica cosas de la Iglesia y hasta cuestiones teológicas. Qué buen verso tiene, señora. Quiero decir, qué versada es en tantos temas. Es un honor tener una cadena nacional para mí solo.
A propósito, me dicen que está hablando cada vez más seguido. Bien hecho. Yo acá tengo una homilía todas las mañanas, en la misa de las 7, y mi gente la distribuye enseguida a la prensa. Y a esperar que se dignen publicarlo. Usted lo pensó mejor. Clava una cadena en el prime time y entonces se asegura que la escuchen. Además tiene sus propios diarios, canales, radios... Yo, L'Osservatore Romano y poco más. ¡Lo que no daría por un Cristóbal López que compre todos los medios y los ponga a mi disposición! A mí me cuesta organizar el relato. En fin, hablaremos de esos temas cuando venga. Siempre respetando nuestros códigos: yo no digo nada y después usted, que me conoce bien, filtra lo que quiere a los periodistas. ¡Me hace decir de todo, picarona!
Aprovecho para felicitarla por el premio que le dará aquí la FAO por su lucha contra el hambre. Qué justo reconocimiento a la madre del fundador de La Cámpora, que ha rescatado a tantos muchachitos desvalidos y los ha llevado a la cumbre del consumo. Y qué buena idea que venga a recibirlo con chicos desnutridos de Chaco, Formosa, Tucumán y otras provincias, para que quede a la vista que no alcanza con el esfuerzo de un gobierno. Por cierto, el premio está muy bien pensado. Premia la lucha. Si premiara los éxitos resultaría más complicado ganarlo.
También la felicito por la campaña de su gobierno para que una persona como Fayt, de 97 años, tenga por fin su merecido descanso. Usted se dio cuenta antes que nadie de que a ese buen hombre le ha llegado la hora de quedarse en su casa. Usted es la única que se ha preocupado por su salud. Es la única que, con amor de madre, o de hija, o de nieta, le recuerda su edad y sus límites. La única que lo enfrenta y le cuestiona su idoneidad. La única dispuesta a torcerle el brazo. La única que no les teme al Inadi, ni a los convencionalismos, ni al qué dirán. La única dispuesta a todo con tal de que Fayt no vuelva a pisar la Corte. Créame, señora: usted es única.
Quiero pedirle un favor. Llévele mis saludos y respetos a Verbitsky, al que ahora la prensa hegemónica está atacando por sus contribuciones a la Fuerza Aérea durante la dictadura. Mi querido amigo se infiltró en el seno de esa fuerza, escribió su historia y les hizo discursos a sus comandantes, todo para convertirla en un instrumento de la lucha de clases y la revolución socialista, y se lo pagan de esa forma. Me imagino lo que estará viviendo. Así como "el Panadero" del ataque en La Bombonera dijo que "no sabía que había cámaras", Horacio no podía saber que el buen contrato que firmó con la Fuerza Aérea un día iba a salir a la luz. Por suerte, sé que el martes estuvo en la primera fila del acto en la ex ESMA que usted presidió. Qué bien hizo en ubicarlo allí. Con lo mal que la debe haber pasado trabajando para los represores, se merecía un baño de derechos humanos.
Lo último: celebro que se haya sumado a las críticas de la Iglesia a la farandulización de la política. Ver a los tres candidatos en lo de Tinelli fue muy triste. Porque una cosa es el Tinelli frívolo y mundano de la TV, y otra, muy distinta, el que se reúne con Máximo en la quinta de Olivos.
Mi estimada, no la distraigo más. Empieza la cuenta regresiva hasta el 7 de junio. Vayan también para usted mis saludos y respetos.
La despedida de Francisco cuando dejé Santa Marta fue súper amable. Me dio el sobre para Cristina, me tomó de los hombros y dijo: "Rece por mí, rece por mí"..