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domingo, 27 de abril de 2014

Frenteamplismo, Igual que antes y Expectativas problemáticas Por Pepe Eliaschev

Frenteamplismo

Sólo la inmensa pereza de los medios locales y la proverbial y despreciativa ignorancia argentina por lo que sucede junto a sus fronteras permitieron comparar la presentación esta semana del neonato Frente Amplio Unen con el poderoso Frente Amplio de Uruguay. Análisis, columnas y conjeturas intentaron establecer similitudes inverosímiles. En todo caso, son comparaciones muy fallidas porque se trata de dos ideas y prácticas muy diversas.
El Frente Amplio de Uruguay nació hace ya 43 años, el 5 de febrero de 1971, como coalición de fuerzas de izquierda uruguaya tras numerosos intentos previos de unificación y experiencias unitarias sindicales. El FA uruguayo es la izquierda uruguaya, el producto de un extenso y singular proceso de acumulación política desde los años 30.
El 7 de octubre de 1970, un llamamiento convoca a “todas las fuerzas políticas del país que se opongan a la conducta antipopular y antinacional del actual gobierno, con vistas a establecer un programa destinado a superar la crisis estructural que el país padece, restituirle su destino de nación independiente y reintegrar al pueblo la plenitud del ejercicio de las libertades individuales y sindicales.” En febrero de 1971, firman la declaración constitutiva del FA los partidos Socialista, Comunista, Demócrata Cristiano y Obrero Revolucionario, junto a grupos escindidos de los tradicionales partidos Blanco y Colorado, e independientes, como el general Líber Seregni, quien será su primer presidente y candidato presidencial. El 26 de marzo de 1971, Seregni asegura que “un pueblo unido, jamás será vencido”. El 25 de agosto de 1971, el FA le plantea al país la reforma agraria, la nacionalización de la banca privada, los principales rubros del comercio exterior y la industria frigorífica, además de una enérgica acción industrial del Estado. En las elecciones de ese año, la fórmula presidencial encabezada por Seregni logra el 18,6% de los votos emitidos. Tras la dictadura instaurada en 1973, y con Seregni aún proscripto (estuvo detenido durante once años), en las presidenciales de 1984 el FA obtiene, con la candidatura de Juan J. Crottogini, el 22,1%, pero las elecciones las gana el colorado Julio María Sanguinetti. Ya en democracia, el Frente Amplio, con Seregni y Danilo Astori, obtiene casi lo mismo que en 1989, 23%. Tabaré Vázquez, candidato del FA a la intendencia municipal de Montevideo, triunfa, en cambio, con el 34%.
En 1994, el FA presenta a Vázquez para las presidenciales y logra llegar en todo el país al 31,8%. Aunque la fórmula presidencial del FA es la más votada, la acumulación de candidaturas en un mismo partido, permitida por la ley, posibilita un nuevo triunfo de Sanguinetti. En Montevideo, el FA consolida su mayoría y Mariano Arana es elegido intendente con el 44%. En 1999, Vázquez obtiene en primera vuelta el 40% (la mayor fuerza política del país, con 40 diputados y 12 senadores), pero en el ballottage colorados y blancos respaldan y consagran presidente a Jorge Batlle.
Montevideo plebiscita al frenteamplismo en 2000, reeligiendo a Arana con el 52%. Finalmente, en 2004, el FA gana por primera vez las presidenciales, con el 50,45% en primera vuelta. Nuevo triunfo en 2009: José Mujica, acompañado de Astori, logra en primera vuelta el 47,95% y supera en el ballottage a Luis Alberto Lacalle, candidato del Partido Nacional apoyado por los colorados, al que vence con 53,39%. Es un quinquenio de mayoría parlamentaria para el FA: 17 de los 31 senadores y 50 de los 99 representantes (diputados).
En la actual Cámara de Diputados, el FA es mayoría, con cincuenta representantes. Oficialismo con matices: 25 del Espacio 609 (derivación de los ex Tupamaros), nueve socialistas, seis de la socialdemócrata Asamblea Uruguay de Astori, tres del Nuevo Espacio de Rafael Michelini, dos ex tupamaros autónomos, uno cada uno de la más moderada Alianza Progresista, Vertiente Artiguista (cuya figura es Mariano Arana), Liga Federal Frenteamplista y Lista 1001, además de un independiente. También están adentro el Partido por la Victoria del Pueblo, marxista heterodoxo, surgido en los 70, mezcla de guevarismo y anarquismo, bajo la inspiración del ya fallecido Hugo Cores, y el POR trotskista.
El candidato presidencial del FA para las elecciones del 26 de octubre surgirá de una minuciosa y exigente elección primaria este 1º de junio, a la que se presentan una profesora de Filosofía y politóloga, Constancia Moreira, de 54 años, y Vázquez, que tiene 74. Fuerte perfil ideológico de izquierda, con fuerzas que postulan la supresión del capitalismo, admiran al chavismo venezolano y ni sueñan con criticar nada de Cuba, hacen del FA de Uruguay un modelo que poco tiene que ver con el argentino y recién conformado FAU. Además, sin personalismos, el frenteamplismo es muy orgánico y basista. Finalmente, lo más importante: sin un peronismo eterno que cambia de piel cada cuatro años, los rivales del FA son dos partidos, blancos y colorados, muy uruguayos, previsibles, tradicionales y democráticos.


Igual que antes

El incremento estadístico en la cantidad de denuncias de delitos no preocupa al Gobierno, que se conforma con estar igual que hace veinte años. 

Los números son, en definitiva, fríos, y muy poco expresivos, cuando se trata de asumir en su cabal dimensión la tragedia de la criminalidad. Es falso que en la Argentina haya un problema de “seguridad”. Ésa es una de las tantas frases hechas de las que hacen uso y abuso los medios de comunicación y, consecuentemente, la clase política. El problema argentino y metropolitano no es una cuestión de “inseguridad”: hay un superávit de criminalidad, que es otro cantar.
La vieja tradición nacional de aludir con semi verdades o semi falsedades a los problemas más acuciantes, nos impide mirar en la cara a la verdadera naturaleza del problema.
La Procuración de la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires acaba de divulgar un estudio según el cual los delitos cometidos en la mayor provincia argentina se incrementaron, el año pasado, respecto de 2012, en un 5,28%: hubo 694.246 casos de episodios delictivos. El crecimiento de los robos agravados por el uso de armas ya representa el 8.45% del total de las denuncias. Estos números son pálidos reflejos. A quienes han vivido la angustia enorme de un episodio delictivo aun sin que haya mediado violencia, estos números poco les dicen. A los que no los han vivido, les transmiten de manera muy genérica y vaporosa la verdadera entidad del problema. La violencia delictiva ha aumentado, claramente, de un año al otro, en una secuela que no parece tener fin. Hay, además, un incremento en los secuestros extorsivos, secuestros de personas para canjearlas por dinero. Lo que es mucho más abominable y terrible, han aumentado los delitos contra la integridad sexual.
Mientras que en 2012 en la provincia de Buenos Aires se registraron 1043 homicidios, para 2013, la cifra de homicidios había ascendido a 1119. Esto da un promedio de tres asesinatos por día, todos los días, los 365 días del año, cada día de 24 horas: un asesinato cada 8 horas.
Los secuestros extorsivos, que parecía que habían disminuido y que tienen una matriz vinculada a bandas que gozan de protección o de omisión policial, también han aumentado. Mientras que en 2012 hubo en la provincia de Buenos Aires 31 secuestros extorsivos, el año pasado la cifra subió a 51. También advierte la Procuración una proliferación de armas en manos de la gente, que son utilizadas para delinquir, robar y matar. Mientras que en 2012 se produjeron 47.914 delitos con uso de armas de fuego, en 2013, los delitos con uso de armas de fuego fueron de 58.651. Más de 10 mil más.
Los delitos contra la integridad sexual no son un solo un fantasma ominoso. Son una realidad para todas las mujeres y las familias. Aumentaron en 2013 respecto de 2012: hubo 9.257 denuncias (admitiendo que se trata de un delito que en muchas ocasiones las mujeres no denuncian por pudor, vergüenza, o miedo), contra 8.562 el año anterior.
¿Qué dice a todo esto el poder? ¿Qué dice la política de esta situación que no admite eufemismos, titubeos, ni “sarasa” ideológica? Dice la presidente que “el delito no comenzó hace dos años”. Revela, una vez más, su aproximación frívola, distante, gélida y negligente ante una tragedia nacional. Esta presidente, que dice serlo de “los cuarenta millones de argentinos y de argentinas”, sostuvo esta semana que “en 1993 el problema del delito también era importante para los argentinos”. Es una de esas afirmaciones tan colosales que uno se tienta de decir “a confesión de parte, relevo de prueba”. Esa frase de la técnica procesal se traduce de manera muy simple: si el acusado confiesa haber cometido un crimen, la fiscalía queda eximida de tener que acreditar pruebas.
Si la propia presidente dice que, 11 años después de estar gobernando el país su marido y ella, estamos igual que hace 21 años, quiere decir que la década “ganada” no solamente fue una pésima invención publicitaria, sino además una aviesa estafa moral a los argentinos.
Uno de los logros que se podrían haber exhibido como producto de la redistribución de la riqueza, del efecto “derrame” (a su vez consecuencia del crecimiento formidable de la economía argentina a tasas que llamaban “asiáticas”), es precisamente ese: como los argentinos estamos mejor porque se ha distribuido más la riqueza, hemos salido del abismo, hemos abandonado el infierno del que hablaba su marido, ahora estamos en una situación en la que no se advierte esta caída, que -y eso es lo más grave- este mismo gobierno, con ella a la cabeza, se ocupó de negar, travestir, maquillar y ocultar durante años.
La idea oficial de que la criminalidad era una “sensación” térmica, producto de los aviesos medios de comunicación concentrados, es trágica, además de tragicómica.
El Gobierno se siente satisfecho con decir que el país está igual que en 1993, cuando era presidente Carlos Menem, un presidente que tanto Néstor Kirchner como Cristina Kirchner apoyaron en su primera elección y en su reelección en 1995. Al inaugurar ahora nuevos vagones ferroviarios, la presidente pretende que olvidemos que ella y su marido apoyaron firmemente a ese gobierno, que fue el responsable de las privatizaciones corruptas del sistema ferroviario.
Las estadísticas oficiales revelan que en la mayor provincia argentina han crecido, de manera notoria y escandalosa, los asaltos y los homicidios. ¿Puede tener el rostro tan duro y tan estólido el Gobierno como para decirle a nuestro pueblo que no hay de qué preocuparse, porque lo mismo pasaba hace 20 años?


Expectativas problemáticas

Un análisis del emergente Frente Amplio UNEN. 

Foto: DyN
Foto: DyN |
Casi tres lustros después de que apresurados teóricos dijeran que el sistema de partidos políticos estaba obsoleto y era esencialmente impotente e incapaz de representar los intereses y las aspiraciones de la sociedad, la Argentina se sigue debatiendo, una vez más, un problema que no ofrece, por ahora, una rápida solución. La Argentinaes un país sub-representado. Podría decirse, en todo caso, como atenuante, que la representación formal que hoy está en vigencia, la que estipula la Constitución Nacional, se cumple a grandes trazos, pero no termina de generar satisfacción ni eficiencia civil.
No faltará quien diga -con razón- que en muchos otros países del mundo la problemática es parecida. Incluso en experiencias exitosas (para no ir muy lejos, la que ha vivido Perú en los últimos 15 años), la economía se ha desarrollado virtuosamente, pero la política sigue estando muy por debajo de lo que esa economía ha conseguido. Marcaba recientemente el semanario británico The Economist, la innegable y formidable evolución que ha tenido la economía peruana, más allá que en muchos sectores se advierten síntomas de corrupción estructural, pero lo que complica y torna el panorama mucho menos optimista. Al mencionar a Perú, la revista sostiene que la política de esa nación sudamericana no está a la altura de las necesidades de representación de la sociedad, y en consecuencia, cuando el ciclo positivo de la economía termine, la política quizás no pueda manejar eficazmente la crisis. Esto pasó con la Argentina en 2001: la política no encontró una solución y el país colapsó.
La presentación del Frente Amplio Unen este martes 22 de abril viene a poner negro sobre blanco, en el primerísimo nivel de la agenda social, la cuestión de la alternancia. ¿La Argentina va a ser una sociedad resignada a ser gobernada eternamente, de manera vitalicia, por los diferentes tipos de peronismo? Para que esto no suceda y aparezca la posibilidad verdadera y fehaciente de una alternancia, ¿qué debería suceder?
La perpetuación del peronismo (o de “los” peronismos) es un dato estructural de la Argentina, desde hace ya muchos años. Las elecciones de 2003 que de una manera impensada llevaron a la Casa Rosada a Néstor Kirchner, fueron, de hecho, una interna abierta, porque el peronismo fue con tres candidatos, y Néstor Kirchner, que llegó segundo, sacó menos del 23%, mientras que el que más votos tuvo fue Carlos Menem en primera y única vuelta, que luego renuncio al ballotage, habiendo obtenido inicialmente el 25%. Fue la expresión de una desesperación, un fracaso político, una impotencia estructural: un país que no logró configurar formaciones políticas con personalidad, perfil e integridad. Todo lo contrario de lo que sucede con el Frente Amplio del Uruguay, al que tanto y con tanta ignorancia se menciona en Argentina.
El Frente Amplio uruguayo se fundó en 1971, y no en 1980, como se dijo hoy en algún medio gráfico. Vale decir que se acerca rápidamente al medio siglo de vida. Transitó el desierto y la penuria hasta llegar a la posibilidad de que Tabaré Vázquez fuera el primer presidente frenteamplista, o sea no integrante de los partidos tradicionales del Uruguay.
El caso argentino es muy diferente, no solo porque el Frente Amplio Unen es una configuración flamante, recién aparecida, sino porque en su integración se advierte la presencia de fuerzas políticas que de ninguna manera pueden equipararse con los Tupamaros, los comunistas o los socialistas uruguayos. El Frente Amplio es positivamente una coalición de izquierda y centro izquierda, denominación que no parece caberle íntegramente al Frente Amplio Unen.
Pero más allá de estas preocupaciones que pudieran parecer ideológicas o irrelevantes para muchos, lo que me parece oportuno subrayar es el problema de la representatividad. El hecho de que el principal rival político en el horizonte del kirchnerismo sea Sergio Massa y su llamado Frente “Renovador”, es muy sintomático de una esterilización de las potencialidades de la política para cambiar un país. Porque el caso Massa, más allá de las perspectivas que pueda tener, aparentemente grandes, revela que los principales enemigos de los gobiernos peronistas provienen siempre desde el interior del peronismo.Por eso, el surgimiento del Frente Amplio Unen enciende, como mínimo, una débil luz de esperanza y una expectativa promisoria en lo referente a darle a la gente alternativas y posibilidades.
La insistencia de la formidable máquina mediática del Gobierno en querer comparar al Frente Amplio Unen con la Alianza de 1999-2001 es comprensible. Lo curioso es queeste kirchnerismo jamás parece hacerse cargo de que la casi totalidad de la pata frepasista en la Alianza se pasó con armas y bagajes al kirchnerismo cuando vino la intemperie de 2002. Ahí siguen todavía: embajadores, ministros, asesores y legisladores que fueron pasando a lo largo de los años bajo los diferentes soles que los alumbraban.
Por eso, recordar el fin de la Alianza, es para ellos algo gratuito, como si no tuviesen nada que ver. Convendría recordarles que Alianza fueron también ellos: Alianza fue Débora Giorgi, por ejemplo, ministra de la presidente Cristina Kirchner, y muchos más cuyos nombres me privaré ahora– por una cuestión de buen gusto – de pronunciar. Muchos de ellos permanecen hoy día abroquelados en el servicio exterior, cuyas remuneraciones son en dólares, y cuyo paradigma es sin dudas Carlos “Chacho” Álvarez, exiliado en Montevideo hace largos años, como representante “ñoqui” del kirchnerismo, hombre que abandonó la vicepresidencia de la Nación y a todos sus compañeros y compañeras en 2000.
La emergencia del Frente Amplio Unen es, en todo caso, una apuesta atendible, pero que por ahora dista mucho de ser una realidad. El ejemplo uruguayo, como el ejemplo chileno con la Concertación Democrática, revelan que este tipo de construcciones políticas requieren de años y de paciencia.Para 2015 y después, el Frente Amplio Unen deberá haber configurado una personalidad muy definida, aunque le toque perder; si no, deberá asumir que si el gran peligro, la opción más negativa, fuese la perpetuación del kirchnerismo, lo oportuno sería coaligarse con fuerzas muy diversas para asegurar un cambio y una alternancia.
Debe ser 2015 el año de algún tipo de alternancia verdadera, porque si la salida del kirchnerismo la van a protagonizar con quienes condujeron al país durante estos 11 últimos años, me parece que no es salida, sino repetición de lo mismo.

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