Repican las campanas por la paz en Medio Oriente y refuerzan la seguridad en Beirut
POR GUSTAVO SIERRA. BEIRUT, ENVIADO ESPECIAL
Cristianos y musulmanes se suman al llamado del papa Francisco de una jornada de ayuno y oración por la paz en Siria.
Las campanas comenzaron a repicar al unísono entre las colinas de Beirut. De inmediato se sumaron los altavoces de los minaretes de varias mezquitas con su “Allaaaaah-u-Akbaaaaaar”. Una sinfonía de dolor y esperanza bajó desde las faldas sembradas de cedros hasta el Mediterráneo. Eran exactamente las doce del mediodía y las iglesias cristianas y las mezquitas musulmanas se sumaban al llamado del papa Francisco por la paz en Siria. Un sonido cargado de simbolismo que se replicó al mismo tiempo por todo Medio Oriente.
Fue apenas el comienzo de una larga jornada de ayuno y reflexión que terminará esta noche en una vigilia que se realizará desde Roma hasta Los Angeles y desde Jerusalén hasta Buenos Aires. Aquí en Beirut toma un tono particular con una convocatoria conjunta de las iglesias sirias junto a la maronita libanesa, la mayor comunidad cristiana de Medio Oriente. El patriarca maronita, Bechara Boutros Rai, conducirá una oración en la basílica de Nuestra Señora de Líbano, en Harissa, al norte de Beirut. En las comunidades musulmanas, el vicepresidente del Alto Consejo shiita, el jeque Abdel Amir Qabalan, también apoya el llamado del papa argentino. "El Islam llama constantemente a la paz y a la concordia y condenamos continuamente las matanzas, el terrorismo y la injerencia extranjera", dijo.
El Líbano vivió 15 años de una guerra salvaje intersectaria y religiosa y teme que un ataque en la vecina Siria traiga nuevamente el conflicto a este lado de la frontera. La población está dividida prácticamente en dos entre los grupos que apoyan a los rebeldes que buscan derrocar al régimen de Damasco y los que siguen teniendo simpatía por el clan del presidente Bashar Al Assad.
Ese temor se trasladó hoy a las calles de Beirut que amanecieron con una movilización militar importante, particularmente en los barrios diplomáticos y en la carretera de 90 kilómetros que lleva al paso fronterizo de Masnaa y a Damasco. El viernes fue evacuada la embajada estadounidense de todo personal no esencial y las delegaciones de Francia y otros países europeos ya comenzaron a reducir considerablemente la cantidad de sus funcionarios.
Mientras tanto, fuentes diplomáticas mencionadas por el diario libanés en inglés Daily Star hablan de reuniones de último momento entre representantes del partido político religioso libanés Hezbollah y los gobiernos de Irán y Siria para coordinar una estrategia en común en caso de un ataque estadounidense. El Hezbollah habría ya llamado a la movilización de miles de sus combatientes y comprometido a crear una resistencia importante. El líder del partido, Sayyed Hasan Nasrallah, ha dicho varias veces que se tomó la decisión de combatir a los grupos “takfiri” (extremistas) a favor de Al Assad porque éste ayudó al Hezbollah durante la guerra con Israel del 2006. Y, por sobre todo, porque responde directamente a las órdenes del líder supremo iraní Ali Khamenei que tiene en el régimen sirio a uno de sus muy pocos aliados.
Y mientras se habla de guerra también hay una intensa actividad político-diplomática para intentar evitar el ataque estadounidense o, al menos hacerlo menos explosivo para la región. La huída del ex ministro de Defensa del régimen assadista, el general Ali Habib Mahmud, la última semana hacia Turquía, habría sido coordinada por un grupo de fuerzas especiales estadounidense y británico. El general, que pertenecía a la minoría allawita (secta shiíta) de los Al Assad y a su círculo más íntimo hasta que en el 2011 expresó su oposición a la matanza de civiles, ahora aparece como una carta posible dentro de una transición si se logra convencer a Al Assad de que podría tener una salida mas o menos honrosa. Todo esto, dentro del contexto de una gran conferencia de paz que se podría celebrar en Ginebra inmediatamente después de un bombardeo estadounidense limitado pero que minara suficientemente el poder militar de Al Assad e hiciera imposible que ganara la guerra.
Huérfanos y sin escuela, los niños sirios buscan sobrevivir
POR GUSTAVO SIERRA
Muchos llegan solos a la frontera con Líbano, donde Unicef intenta brindarles educación.
Campamentos. Según datos de las Naciones Unidas, un 40 por ciento de los chicos sirios de entre 6 y 15 años no tienen escuela debido a la guerra./AP |
FAIDA, VALLE DE BEKAA. ENVIADO ESPECIAL - 07/09/13
Los chicos vienen por el medio del callejón envueltos en una nube de tierra y chocándose entre ellos. Pero no lo hacen como cualquier chico que juega con otros en la calle. Son Rahaf, una niña de once años, Fadi y Ali, dos varoncitos de 9 y 7. Son ciegos de nacimiento y huérfanos de la guerra siria. Llegaron a esta zona del campo de refugiados de Faida, en el valle de Bekaa, en la frontera sirio libanesa, gracias a unos vecinos que los trajeron de un suburbio de Damasco.
Están traumatizados después de vivir durante meses bajo las bombas. Hablan poco y cuentan menos. La trabajadora social Fátima Hellany los contiene mientras esperan que llegue una maestra especializada en Braile que enviará el gobierno desde Beirut.
Mientras tanto, los tres hermanitos tratan de integrarse a esta escuela levantada por UNICEF con carpas y que recibe chicos de nueve campos de refugiados que hay en la zona. “La educación es un derecho de todos los chicos y más de éstos que están en un estado tan vulnerable. Tenemos ya más de 6.000 niños aquí en Bekaa y siguen llegando de a cientos cada día”, comenta Saskia Baar, la portavoz de la organización de las Naciones Unidas para la infancia.
La escuela está constituida por siete carpas amplias de color celeste y blanco en las que los maestros tratan de darles a los chicos herramientas para las circunstancias que están viviendo. Enfatizan, por ejemplo, la enseñanza de inglés por si estas familias terminan refugiadas en algún país que no sea de habla árabe.
“One, two, three…” , repiten los de seis y siete años, mientras los de la tienda de al lado aprenden a conjugar algún verbo. Las clases son de tres horas a la mañana y tres por la tarde. El resto del tiempo, tienen recreaciones y deportes. Por lo menos una tercera parte de los chicos sólo viene por la tarde porque se despiertan muy temprano para levantar la cosecha de papa. “Hay chicos aquí que han sufrido mucho y lo siguen haciendo. Tenemos un 10 o 15% que son huérfanos, llegaron acá porque los trajo algún pariente o los subieron a un camión. Sobreviven como pueden”, explica Mustafá Chejade, coordinador de la escuelita.
Y muchos de estos chicos toman clases por primera vez en sus vidas a pesar de tener más de 7 años. A causa de la guerra, un 40% de los chicos sirios de entre 6 y 15 años, directamente, no tienen escuela.
“Para un país que antes de la guerra estaba a punto de cumplir el objetivo de educación primaria universal, las cifras son devastadoras”, dice el representante de UNICEF, Marixie Mercado. “Permitir que los niños reciban algún tipo de aprendizaje es una tarea colosal”.
Aquí no parece serlo. Se puede percibir una gran alegría y agradecimiento de los chicos por estas horas que los sacan de su dura vida en las calurosas carpas donde viven y su tarea cotidiana de buscar agua o algo para comer en las panaderías del pueblo cercano. Los maestros tratan que los chicos reciban una educación lo más cercana a la que hubieran tenido en Siria. Y eso es lo que hace un grupo mixto de unos 10 años. Jameele, una trigueña de ojos almendrados, que lleva una corona de cartón plateado en la cabeza, hace las veces de “Madre Suría” (madre siria) y los otros son las regiones que se le van acoplando. Al final todos cantan una canción patriótica. A un costado de las carpas ya se está preparando un partido de voley. Los chicos van por la pelota, todos desordenados. Detrás de ellos corren también Rahaf, Fadi y Ali. La ceguera no les impide nada. Muestran un valor extraordinario para todo. Tienen ambición y, ahora, educación. Están preparándose para sobrevivir a la guerra.