UNA GRAN ENCUESTA NACIONAL
Hoy se toma la temperatura a Cristina, inicio de la campaña hacia octubre
Enorme expectativa por conocer la fortaleza electoral de Cristina Fernández de Kirchner y su Frente para la Victoria: eso es lo que, por ejemplo, permitirán conocer las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias que se realizan hoy (domingo 11/08). Para la ocasión, el autor, Claudio Chiaruttini, tuvo la bondad de compartir, por anticipado, su editorial del programa dominical por Radio El Mundo:
La Jueza Federal con competencia electoral, María Romilda Servini de Cubría, dijo el viernes 09/08 que, en la capital federal, es imposible el fraude. Puede ser verdad. Pero la Argentina tiene otros 23 distritos donde nadie puede hablar con tanta seguridad. Desde la Formosa de los Qom hasta los rincones insondables del 3er. cordón del Gran Buenos Aires son terreno fértil para que los aparatos políticos oficialistas impongan sus poderes y “diseñen” los resultados de la votación antes de comenzarla.
por CLAUDIO M. CHIARUTTINI
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Sin Saco y Sin Corbata). Casi 30.600.000 personas tienen posibilidades hoy de participar de las segundas elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias de la historia electoral argentina. Sin duda, sería un hecho histórico si no fuera porque las PASO han sido descalificadas por políticos, periodistas, sociólogos y politólogos, sin alcanzar a medir el efecto que tendrán para los próximos 10 años de la Argentina.
“Megaencuesta”, “elección inútil” y “despilfarro de fondos públicos” han sido algunas de las descalificaciones que han recibido las PASO sin tener en cuenta que sirven para posicionar candidatos, ponderar las fuerzas políticas que participan de la elección, revelan debilidades y fortalezas, cristaliza postulaciones, crea clima, marca limites y depura postulaciones. Que en la Argentina sea un proceso incompleto, reduce sus ventajas y potencia sus facetas más negativas.
Se ha acusado a las PASO de ser un festival de listas únicas. No es un problema de las primarias abiertas que el sistema de partidos políticos esté descompuesto, que los liderazgos sean personalistas y que el “dedo” sea el instrumento ordenador de las internas y las listas partidarias. Pero, al contrario de lo que se diga, en 2013 se votarán menos listas que en 2011: 177 este domingo contra 203 de hace 2 años.
También las PASO han impulsado un proceso de creación de alianzas para poder tener la fuerza suficientes para enfrentar sus los enemigos políticos. Este domingo hay 89 alianzas participando de la elección (conformadas por 397 partidos) y 86 partidos que lo hacen individualmente. Quizás, sea un aliciente en medio de la atomización política que había hace un lustro, donde había más de 780 partidos participando de una elección.
Pese al “dedazo” y las alianzas, habrá 44 internas partidarias, 20 más que en 2011, que se realizarán en 21 provincias. La Unión Cívica Radical lo hará en 17 distritos, el Partido Socialista y el Frente para la Victoria lo harán en 9 y el PRO en 7. Sin duda, son el comienzo de un proceso que deberemos ver en qué termina dentro de 3 o 4 elecciones.
Por ejemplo, los hermanos Rodríguez Saá han propuesto que el Partido Justicialista use las PASO como lo hacen hoy el UNEN en Capital Federal. Dado que desde 2003 el país se somete a una interna peronistas que se decide con todos los argentinos participando, derivarlas hacia las primarias, abiertas y obligatorias unificaría las fuerzas que hoy tiene al peronismo dividió en cinco listas diferentes.
Se ha dicho que las PASO implican la estatización de las internas partidarias. No deja de ser una media verdad. Sin embargo, fueron los procesos poco prístinos en los partidos políticos en sus respectivas internas las que causaron la mayoría de las grandes rupturas que llevaron a la atomización del sistema. Que el Estado tome el control, no es una solución, pero si fuera un instituto autárquico y autónomo, con funciones electorales podría, también, colaborar a reconstruir el sistema de partidos.
Las PASO permiten, además, ver los errores estratégicos que cometen en el armado electoral algunos candidatos y algunas fuerzas. Los partidos menores se quejan del límite de 1,5% de los votos del distrito en donde participan que tienen que superar en las PASO para poder participar de las elecciones de Octubre. Sin embargo, el objetivo es reducir paulatinamente las atomizaciones políticas que han desmembrado el sistema.
En ese sentido, en 2011, de las 203 agrupaciones que participaron en las PASO, 156 fueron al turno de Octubre, es decir, quedaron en el camino 47 que no lograron alcanzar 1,5% de los votos del distrito. Es cierto que muchos protestaron, pero deberían reconocer que si bien sus ideas son respetables, no logran la adhesión del electorado. Es allí donde deberían canalizar sus preocupaciones: ¿por qué la gente no los entiende?
Antes de las PASO hemos visto un solo caso de un candidato que ha bajado su lista para apoyar a otro postulante (fue Eduardo Amadeo a favor de Sergio Massa). Esto se logró sólo con los escenarios que presentaban las encuestas. Ahora, con la votación real, es de esperar que todos aquellos postulantes que tomen tajadas menores del electorado hagan lo mismo. En el fondo, este proceso debería llevar hacia una concentración de las preferencias, como ocurre en los sistemas electorales más desarrollados.
Quizás el argumento más fuerte contra las PASO sea que, en la desesperación de muchos candidatos por figurar, surgen fisuras por donde pueden filtrarse agrupaciones antisistemas, como es el caso de grupos cercanos al nazismo que, pese a las prohibiciones judiciales, encontraron una vía para participar de la votación. Veremos el apoyo que logran en las urnas.
La Justicia Electoral ha intentado sumar transparencia en las últimas elecciones, pero este año, puede ser un verdadero galimatías el momento de votar. Facilitar el sufragio con todo tipo de documento, el uso del troquel para acelerar los tiempos, la introducción de la foto para casi 9 de los 30 millones de electores son pasos importantes, pero dejan abierta muchas puertas a las maniobras fraudulentas de los aparatos políticos. La fiscalización, en ese sentido, se torna clave para evitarlos.