Moreno, el fascista
POR WALTER CURIA
| El secretario de Comercio Interior protagonizó un nuevo incidente público. Fue en la residencia del embajador de los Estados Unidos en ocasión de una nueva celebración de la Independencia de ese país. Ocurrió cuando la periodista Silvia Naishtat quiso consultarlo por la clausura de cuatro supermercados ante el supuesto incumplimiento del acuerdo de precios, clausuras dispuestas por Guillermo Moreno. Moreno primero se perturbó ante la consulta, pero de inmediato comenzó a recriminarle a la periodista haberlo interrumpido. El funcionario elevó el tono para capturar la atención; la periodista se disculpó, pero no alcanzó: Moreno había comenzado a increparla por el diario en el que desempeña su trabajo: Clarín. Parecía un trabajo bien hecho: ya nadie se acordaba de la cuestión de las clausuras. La cuestión se desmadró cuando un segundo periodista de este diario le pidió al secretario que no le faltara el respeto a su colega, una periodista especializada en cuestiones económicas, de reconocido prestigio y capacitada para consultarlo sobre el tema precios. Su consulta era absolutamente pertinente. Moreno perdió cualquier posibilidad de autocontrol. A los gritos, escupiendo saliva -es literal- el funcionario dijo que jamás hablaría con periodistas de este diario y los acusó de tener las "manos manchadas con sangre". "¡Decile a la embajadora!", reclamaba Moreno como quien da instrucciones a un periodista de un canal de cable, en el pasado jefe de redacción de la agencia oficial Télam, que lo miraba azorado. Es oportuno ver que lo que hizo Moreno, contra lo que se cree, no fue únicamente representar un personaje intimidatorio, en busca de un fin político definido, en este caso, desprestigiar a un medio no alineado con el gobierno nacional. Moreno actuó como una persona emocionalmente desequilibrada que intentó degradar a las personas que se dirigieron a él. Los médicos podrían cuestionar que se emplee el término psicópata para describir la conducta de Moreno. Entonces, vayamos al terreno que conocemos. Moreno actuó como un fascista auténtico. |
Nuevo papelón de Moreno: les gritó a periodistas de Clarín en la embajada de EE.UU.
POR NATASHA NIEBIESKIKWIAT
El polémico secretario de Comercio estalló ante una consulta sobre el acuerdo de precios. Empezó a levantar la voz y generó una escena de tensión. Qué les dijo.
Guillermo Moreno y su esposa Marta Cascales junto a la embajadora de Estados Unidos, Vilma Martínez. (Embajada de EE.UU) |
Es evidente que Guillermo Moreno parece disfrutar su papel de malvado. Hoy volvió a protagonizar otro escándalo del que inclusive pareció avergonzarse su propia mujer, la escribana Marta Cascales, de íntima confianza de la presidente Cristina Kirchner. El secretario de Comercio Interior increpó a gritos a periodistas del diario Clarín, durante los festejos por el día de la independencia en la embajada de los Estados Unidos, de la que se hizo habitué en el último año.
Moreno es el único funcionario kirchnerista que asistió a la embajada. Lo hace regularmente desde los dos viajes que hizo el año pasado a Estados Unidos y que lo entronaron como el hombre que maneja la relación comercial con la administración de Barack Obama. Hoy también apareció contento para el cóctel de festejos del 4 de julio, que coincidieron con la despedida de la embajadora Vilma Martínez. Llegó de la mano de Cascales, de las que no se separó hasta que estalló el escándalo.
Todo comenzó cuando la editora de Economía del diario Clarín, Silvia Naishtat, le preguntó sobre la política de precios y el desabastecimiento. Moreno primero reaccionó tranquilo pero no quiso hablar. Naishtat intentó varias veces obtener una respuesta profesional y objetiva. Para entonces, varios periodistas habían seguido a Moreno, entre ellos el jefe de la sección El País de Clarín, Walter Curia.
Moreno dijo "basta" con la mano trenzada a la de Cascales, que ya sonreía incómoda. También la periodista Naishtat, quien no hizo otra cosa que insistir con una pregunta objetiva a un funcionario dificil de encontrar. Su presencia en la embajada, era una oportunidad para hacer preguntas que el Gobierno no suele contestar. “Vos deberías pedirme permiso y decirme... señor secretario, ¿usted quiere hablar conmigo?", la increpó él cambiando inesperadamente de estado de ánimo, como enloquecido. Hasta parecía actuar el papel de villano. Primero hubo risas incrédulas de los periodistas. Pero empezó a gritar, tras lo cual Curia reaccionó pidiendole que no le levantara “la voz a la señora”. Moreno cambió el foco y le preguntó al editor “¿Y vos quién sos? Preséntese”.
“Soy Walter Curia, del diario Clarín, defiendo a la señora porque es mi compañera”. Entonces, ahí Moreno siguió con su furia. Cascales, se hizo a un costado, miró a un hombre que parecía un custodio y se escabulló. El ánimo de Moreno empeoró. “¡Vos no sos una señora. Vos sos periodista de Magnetto! ¿Saben lo que son ustedes? Son empleados de Magnetto. Ustedes tienen las manos manchadas de sangre. Los periodistas de Magnetto tienen las manos manchadas de sangre”, gritaba mientras los invitados estaban estupefactos, porque además en otro salón la embajadora Martínez ya había empezado su discurso. Algunos miraban desde allí confundidos por los gritos.
Marina Aizen, periodista de la revista Viva, tuvo una reacción instintiva: le exhibió las manos a Moreno para mostrarle que no tenían sangre. Y que tampoco la tienen ninguno de los compañeros de Naishtat, de Curia, y de todo el diario Clarín. En tanto, Curia se limpió la barbilla y le dijo "bueno, Moreno, pero me está escupiendo". Pero el Secretario siguió. Y le dijo a otro periodista que era testigo, siempre a gritos: “¡Le voy a decir a la embajadora. Le voy a decir a la embajadora! ¡Vos, decile a la embajadora”, insinuando que pidiera no invitar más a los periodistas de Clarín al cóctel.
Después entró a otro salón donde había periodistas de medios oficialistas y con los que, ya terminado el trance, decidió hacerse el simpático. Se sacó fotos, y repartió besos. A la periodista Cristina Pérez, de Telefé, le preguntó primero desconfiado por qué le sacaba fotos (con el celular) y ella objetiva y respetuosamente, le dijo que “para informar”. Según contó Perez en su twitter, le preguntó al secretario por qué había discutido con colegas. “Me dijo q si eran de Clarin tenian las manos manchadas con sangre. Le dije que tal vez pensaban distinto. Me dijo que eran casi complices” tuiteó la periodista.