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viernes, 2 de diciembre de 2011

Nazismo en la Argentina: El destino del Oro Judio

Los nazis en la argentina: El Destino del Oro Judio



Antes que nada esto es una investigación, la cual refleja una verdad pero no la absoluta verdad.


Vamos a remontarnos a principios de los años 30 – la famosa década infame- donde la inmigración por parte de la comunidad alemana ya era bastante importante (desde 1850 data su llegada a la argentina).


De 1933 a 1945, hubo una “inmigración involuntaria”, que se caracterizó por su elevado nivel cultural; en efecto, la mayoría de ellos eran profesionales y comerciantes, que debieron aprender labores rurales, ya en Alemania, para procurarse la subsistencia en la nueva tierra. Muchos de estos alemanes escaparon de su patria con pasaje de primera clase, como turistas, ya que a veces era imposible hacerlo de otro modo.


En Argentina se plantea un problema: los emigrantes se dividen en dos grupos, aunque de diferente magnitud. Algunos de ellos desean trabajar por sus ideales, opuestos al nazismo; otros, en cambio, son fervorosos seguidores de esa corriente en el extranjero. Esta divergencia se traslada, como era de esperar, a los medios de comunicación masiva y a la educación.


Así como aparecieron diarios oficialistas y opositores, también encontramos colegios en los que se inculcaba el nazismo y otros que rechazaban esta influencia. La diferencia que no podía existir en el país europeo se verificaba allende el mar.


A pesar de las restricciones inmigratorias, aproximadamente 30.000 alemanes, judíos y no-judíos que huían del nazismo ingresaron en Argentina . Paradójicamente al llegar al país, estos alemanes descubrieron que la comunidad de su mismo origen nacional, estaba bajo la influencia de grupos nacionalsocialistas, y que desde las asociaciones tradicionales hasta las escuelas alemanas respondían a las directivas de la Auslandsorganisation del NSDAP en Alemania.


La forma en que organizaron su existencia; sus organizaciones de ayudas, sus escuelas y su expresión política, a través de "La Otra Alemania", ha sido bosquejada en este trabajo.


La actividad del nacionalsocialismo en la Argentina gozó de total impunidad durante los primeros años. Los primeros ataques surgieron desde la prensa.


Con la llegada al poder del presidente Ortiz -al mismo tiempo que se cerraban las posibilidades de ingreso al país de las víctimas del nazismo- se limitaban, a través de distintas medidas que tomó el Poder Ejecutivo, las actividades de los grupos nazis.


El radicalismo y el socialismo, a través de los diputados Damonte Taborda y Dickmann respectivamente, logran imponer un proyecto de resolución para encarar una investigación destinada a mostrar el grado de infiltración de los activistas nazis, en distintas organizaciones alemanas.


Todas estas medidas repercuten sobre la estrategia de la AO (Auslandsorganisation)  para Argentina, como para otros países sudamericanos.


Como el imperativo era lograr mantener la neutralidad de estos países en caso de una guerra que era cada vez más inminente, en la lucha sorda entre el Ministerio de Asuntos Extranjeros del Reich y la Auslandsorganisation, triunfó: V. Ribbentrop sobre Bohle. Sin embargo la influencia nacionalsocialista, ahora de manera menos visible, sobre la comunidad alemana continuó hasta finalizar la guerra.


Mientras tanto los judíos alemanes se habían instalado en Argentina y si alguno pensó en volver a Alemania finalizada la guerra, el conocimiento del holocausto cortó de raíz esa posibilidad. Los opositores políticos del nacionalsocialismo, en cambio, regresaron a Alemania, por lo menos los que actuaron desde aquí en alguna organización política como por ejemplo, «La Otra Alemania".


El regreso de aquellos que nunca cortaron los lazos con Alemania y por eso quisieron prestar testimonio de la existencia de "otra Alemania" no nacionalsocialista, comenzó a producirse a partir de 1949, es decir cuando Alemania volvía a organizarse desde sus ruinas por carriles democráticos.


A partir de 1949, nuevamente comienzan a llegar a la Argentina alemanes que ya no tenían lugar en Alemania.


Esta vez se trataba de dirigentes nacionalsocialistas de distintas jerarquías y profesionales alemanes comprometidos con el III Reich.


El gobierno de Perón les dio albergue en universidades, en empresas, y se creó una organización especial para ubicar a los ahora ex nazis en Argentina.


Con la caída de Perón en 1955, muchos emigraron hacia Colombia y actualmente algunos viven en Alemania”.


Trajeron su religión y sus costumbres; fundaron sus periódicos, influyeron en la enseñanza y en la alimentación. Se los evoca en testimonios, memorias, biografías, obras literarias y filmes, que evidencian la importancia de esta colectividad en la sociedad argentina.



Acto Nazi en el luna park - 1939


El Luna es el centro cultural más importante de nuestro país. Los más relevantes acontecimientos de los últimos 70 años pueden contarse repasando la historia de esta sala, actos religiosos, políticos, artísticos, deportivos y sociales forjaron su trayectoria.


Luego de la anexión de Austria por parte de los hitleristas, los nazis locales -austriacos y alemanes- organizaron un gran festejo en el Club Alemán al que asistieron unas 3500 personas. El "Landesgruppe", la organización nazi encargada de estrechar los vínculos entre el Tercer Reich y los alemanes de ultramar, in-tentó en marzo sumar a los germanos de Argentina al plebiscito organizado por Hitler para avalar el "anschluss" (anexión) de Austria a Alemania, pero fracasaron ante la decidida acción de los sectores antifascistas.


En cambio tuvieron éxito el 10 de abril al realizar un gigantesco acto en el Luna Park de adhesión al nazismo, donde concurrieron más de 20000 personas con gran despliegue de banderas con la cruz esvástica y una abundante vocinglería contra los judíos, los comunistas y la francmasonería.


A ese acto asistió nada menos que el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Manuel A. Fresco, acompañado por su ministro de Gobierno, Roberto J. Noble, el mismo personaje que siete años después, en 1945, fundaría el diario "Clarín". Ambos Fresco y Noble no ocultaban sus simpatías por las potencias del Eje; y ambos, el año anterior, en 1937, habían producido la clausura de las escuelas obreras judías que existían en algunos lugares de la campaña bonaerense, apoyando además a los grupos de choque fascistas que realizaban tropelías en los barrios de la Capital densamente poblados por judíos.

























De este acto existe una filmación. La tiene Estados Unidos en el F.B.I. y está desclasificado.

¿Cómo llegó esa filmación a Washington? “Hay que saber que fue filmada por alemanes, que se realizó con el objetivo de promocionar a Argentina como país amigo y que, luego de la invasión de EEUU a Berlín, el material debió ser copiado y guardado”.



Otra prueba más de la Argentina pro nazi.


Existió una circular de la cancillería argentina --anterior al gobierno de Perón-- ”que estaba destinada a que ninguno de los judíos que huían de Adolf Hitler llegaran al país y, por tanto, se confirma de que la cancelación de permisos de entrada por parte de países extranjeros había demostrado que la emigración no era una solución viable para la cuestión judía”.


En cuanto a la neutralidad de Argentina en la 2º guerra mundial fue una conveniencia.


Dos días después de que el ejército nazi ingresara a Varsovia para iniciar la Segunda Guerra Mundial, Argentina declaraba su neutralidad. El presidente Roberto Ortiz repetía la estrategia que había seguido el país durante la Primera Guerra Mundial, pero entonces su decisión iba a costar muy caro.


Hasta el ataque japonés a Pearl Harbor, el continente americano se había mostrado indiferente a la contienda “europea”. Pero tras el bombardeo del 7 de diciembre de 1941 a la base estadounidense, Washington convocó a una reunión para sumar a los países americanos en su cruzada. La Conferencia de Río de Janeiro se realizó en enero de 1942 y marcó un punto de inflexión para Argentina.


Washington propuso que América Latina rompiera relaciones con el Eje pero el canciller argentino Enrique Ruiz Guiñazú medió para lograr libertad de conciencia y sólo Chile y Argentina se mantuvieron neutrales.


Estados Unidos nunca olvidaría la actitud argentina y, por el contrario, siempre recordaría que Brasil había dado claras señales de respaldo a su pedido.


Argentina, hay que decirlo, estaba siguiendo la línea trazada por Gran Bretaña.


Un importante sector del Foreing Office insistía en que era más conveniente que Buenos Aires permaneciera imparcial para que sus barcos transportaran sin temor a ser bombardeados los granos que alimentarían a los aliados europeos. De hecho, casi la mitad de las importaciones que llegaban a la isla británica tenían origen argentino.


Para entonces, Juan Domingo Perón iba cobrando poder dentro del Grupo de Oficiales Unidos (GOU), una logia nacionalista del ejército que se oponía al ingreso en la guerra detrás del liderazgo de Estados Unidos. De la mano de Edelmiro Farrell, el GOU realizará un golpe de Estado en 1944.


Un año más tarde, Argentina declara la guerra el 27 de marzo de 1945.Fue sólo un mes antes de que Adolf Hitler se suicidara en su búnker y cuando el enfrentamiento estaba decidido, porque de lo contrario Buenos Aires no podría formar parte de los organismos internacionales de la posguerra.


Perón llegaría al poder al año siguiente. Su campaña fue estructurada bajo el lema “Braden o Perón”.


Spruille Braden era el embajador estadounidense que denunció los vínculos entre el peronismo y el fascismo.


Estados Unidos empezaba su revancha: había surgido como la potencia más importante de occidente y nunca olvidaría sus disputas con Argentina. Ya tendría tiempo de cobrar otras facturas.



La pista del tesoro nazi en la Argentina


Hipótesis: Shimon Samuels, investigador del Centro Wiesenthal, cree que el oro y las divisas llegaron al país a través de bancos y empresas europeas.


La comunidad judía internacional mira en estos días con atención a la Argentina, país donde, afirma,

habría ido a parar gran parte del tesoro robado por los nazis a los hijos de Israel durante la Segunda Guerra Mundial, fortuna valuada por algunos en 40.000 millones de dólares.


Después de rechazar una gestión del Congreso Judío Mundial, el Banco Central de la República Argentina abrió sus archivos correspondientes a la década que va de 1949 a 1959 a Shimon Samuels, director de Relaciones Exteriores del Centro Simon Wiesenthal, de Viena.


La hipótesis de Samuels es que bajo el amparo del régimen de Juan Domingo Perón, los jerarcas de la Alemania nazi triangularon los envíos de importantes remesas de oro y divisas a la Argentina a través de bancos y empresas de España, Suiza y Portugal, entre otras naciones.


El investigador del Centro Wiesenthal se basa en abundante bibliografía de la época. Entre ésta sobresale un libro de Silvano Santander sobre la actividad nazi en el Río de la Plata. Allí, el político radical afirma que el tesoro del III Reich habría servido, inclusive, para financiar la campaña política del fundador del Partido Justicialista.

Actualmente, el interés de las organizaciones judías se extiende a Brasil, donde la Congregación Israelita Brasileña consiguió la promesa del gobierno de Henrique Fernando Cardoso de que hará "hasta lo imposible" para establecer el paradero del oro judío confiscado por los nazis.



El Banco Central ya aportó datos


Revelación: por primera vez, la entidad bancaria abrió sus registros a Shimon Samuels, número dos del Centro Wiesenthal quien investiga el destino que tuvo el oro nazi en el Río de la Plata.


Shimon Samuels, el número dos del Centro Simón Wiesenthal en el mundo y que vino a la Argentina a pedirle al Banco Central que abriera los archivos de depósitos de oro y divisas de la década de los 40, no se fue con las manos vacías, aunque todos los que participaron en la reunión intentaron mantener un hermético silencio.



Papeles sobre la mesa


Cinco tomos, en letra manuscrita, con pluma y tinta china -como se usaba en esa época- fueron puestos sobre el escritorio del Martín Lagos, vice presidente del Banco, para que Samuels chequeara la información sobre el tráfico de bienes mal habidos.


En esas hojas, amarillentas y gastadas, en muchos casos ilegibles por el paso del tiempo, está el registro y, en algunos pocos casos, la procedencia de los lingotes de oro que pasaron por esa entidad bancaria desde el año 1939 hasta entrada la década de los 50.


Samuels, quien mientras estuvo en la Argentina negó que la entidad bancaria oficial le hubiera dado informes, partió con los tomos caratulados como "Caracoles", "Gran Tesoro", "Oro en Custodia", "Barras de Oro" y "Sobrantes de oro en Bancos".


Los datos que contienen esos archivos serán cruzados con la información que el Congreso Judío Mundial, (CJM), tiene en la ciudad de Nueva York y donde se concentra toda la información del botín que los jerarcas nazis sacaron de Alemania cuando los aliados avanzaban hacia el centro de Europa. Los especialistas del CJM calculan que los seguidores de Adolfo Hitler transformaron en lingotes el equivalente a 7000 millones de dólares que nunca fueron encontrados desde entonces.


Este material salió de los objetos rituales, las joyas expropiadas y los dientes arrancados a los judíos en los campos de concentración, donde la mayoría encontró la más espantosas de las muertes. Un robo en gran escala


Una maquinaria que formaba parte del Gran Exterminio, se encargó de transformar en lingotes todos estos artículos, de desengarzar las piedras preciosas, de desmontar de los bastidores las obras pictóricas, de embalar la cristalería y las esculturas con sumo cuidado y hasta llevaron para tan mentada winter campagne (campaña del invierno) a las ciudades germanas, los tapados de piel robados a los condenados a muerte.


Esas pieles abrigaron a miles de mujeres alemanas que jamás preguntaron la procedencia. Tampoco lo hicieron los bancos donde el dinero y las divisas fueron depositados. En un mundo convulsionado por el fin de la guerra, todos prefirieron mirar para otro lado y no interrogar a nadie sobre nada molesto.



Contradicciones


La búsqueda del oro nazi comenzó cuando el CJM empezó a rastrear en todo el mundo los movimientos bancarios hechos por los alemanes en países neutrales como Suiza, Portugal y España, entre otros.

A mediados de 1996, el CJM solicitó a la Argentina que abriera sus archivos. Desde el Banco Central respondieron que no existían tales carpetas porque se habían quemado. Sin embargo y casi mágicamente, los documentos aparecieron.


No fue obra de la casualidad: sucede que todos los países están bajo sospecha y la Argentina no escapa a las generales de la ley, especialmente con el ingrediente adicional de que fue Juan Domingo Perón quien permitió a los jerarcas nazis que huían de una muerte segura, ingresar al país.



Sin chance para ocultar

A esto se suma ahora que Samuels, según indicaron a el diario La Nación, fuentes inobjetables, no le habría dejado a las autoridades del Banco Central la menor chance para esconder los documentos.


Vino con una carta infalible: los nombres de algunas empresas españolas y portuguesas que habrían triangulado el oro hacia la Argentina.


La Nación intentó hablar con el senador Antonio Cafiero, ministro de Economía del gobierno de Perón, pero no obtuvo ninguna respuesta. Guillermo Patricio Kelly, ex militante de la Alianza Libertadora Nacional y luego acusado de colaborar con los servicios secretos israelíes, jura que es el empresario Jorge Antonio ,es el que sabe intimidades de esas transacciones. Pero no habla....



La pista Evita


Algunos hombres de la comunidad consultados por este diario explicaron que "no hay que despreciar la pista Evita, es decir, los viajes de la mujer de Perón a Suiza".


José Jakuvovich, sobreviviente del campo de concentración de Dachau fue directo cuando La Nación lo entrevistó: "en el libro sobre el juicio de Nüremberg hay un documento importantísimo. Es una carta de un jerarca nazi a otro, escrita antes del fin de la guerra, y en la que le dice: "Perón tiene una amiga que nos va a ser de gran utilidad. Se llama Eva`. Ella todavía no se había convertido en su esposa".


Jakuvovich dice más: "Perón le declaró heroicamente la guerra a Alemania por un acuerdo previo. Los norteamericanos pretendieron entonces atrapar al agregado alemán en Buenos Aires. Evita lo protegió, lo abrigó con el tapado militar de Perón y lo llevó hasta la frontera con el Brasil."


¿Quiere más datos? Mi mujer es de la zona de Dolores y recuerda cuando en Madariaga bajaban alemanes con cofres", dice este sobreviviente.



La maniobra contó con la complicidad de grandes empresas


Lavado: cuando la guerra empezó a definirse a favor de los aliados, en la Argentina crecieron inusualmente las inversiones alemanas: una cuenta en Suiza a nombre del hermano de Eva Perón reavivó las sospechas.


La parte del tesoro nazi que llegó a la Argentina nunca fue, como muchos han querido imaginarla, una gigantesca montaña de lingotes de oro al estilo Alí Babá. El oro llegado a estas playas fue sólo una parte ínfima de los valores transferidos, y a lo largo de medio siglo hubo sobradas oportunidades de reciclarlo y convertirlo en bienes más negociables y menos sospechosos.


La pista seria para rastrear esta fortuna no pasa por el oro -que lo hubo- sino por las empresas de capitales alemanes radicadas en el país entre 1942 y 1944. Un informe del Departamento de Finanzas de los Estados Unidos, fechado en 1946, da cuenta del establecimiento de 98 firmas durante ese período, constituidas mediante transferencias giradas desde Berlín a Buenos Aires. Los giros llegaban al Banco Central, y desde allí se derivaban a las sucursales locales del Deutsche Bank, del Banco Alemán Transatlántico, y del Banco Germánico del Río de la Plata.


Esta ola de inversiones se produjo en el momento mismo en que el curso de la guerra empezaba a definirse en favor de los Aliados, y representó un crecimiento inusual: Entre 1900 y 1942 se habían establecido en la Argentina 202 firmas de origen alemán, y sólo en los dos años siguientes se establecieron las otras 98.


El investigador francés Philippe Aziz va un poco más allá y asegura que en 1942 Joseph Goebbels, el ministro de propaganda nazi y hombre de confianza de Adolf Hitler, habías depositado en un banco de Buenos Aires, bajo nombre falso, la suma de 1.850.000 dólares.


En marzo de 1945, tras la tardía declaración argentina de guerra al Eje, muchas de aquellas empresas fueron nacionalizadas y puestas bajo la órbita de una llamada Junta de Vigilancia de la Propiedad enemiga. Otras nunca fueron vigiladas y un año más tarde, en 1946, hasta fueron contratadas por el Estado peronista para trabajar en órbitas públicas como el aeropuerto de Ezeiza.



Las otras pistas


Además de estas empresas -cuyo capital sumado es incalculable- hay por lo menos dos puntos de aproximación a la pista argentina del tesoro. Uno es el de las obras de arte robadas en Europa por las bandas de Hermann Goering, y el otro el de los submarinos nazis desembarcados clandestinamente en playas patagónicas entre febrero y julio de 1945.


Dos precisiones sobre las obras de arte:


*A fines de los sesenta fue encontrada en Buenos Aires una pintura del maestro veneciano Francesco Guardi que había pertenecido a los Hatvany, una familia húngara emparentada con la nobleza. Los nazis la habían robado en un castillo de los Cárpatos.


*Otros Guardi, más Canalettos y algunas Braque confiscado en Francia a familias judías, también pasaron por la Argentina a través de la galería Wildenstein, fundada en 1941 y ya desaparecida.


El otro punto, el de los submarinos llegados clandestinamente a la Argentina, ya no es una historia tan secreta y se sabe que al menos dos entre una docena de naves trajeron valores: una a San Clemente del Tuyú, el 7 de febrero de 1945, y la otra a Quequén, el 27 de julio del mismo año.


La gran pregunta, en todo caso, es si una parte de esos valores en acciones, obras de arte, joyas y dinero efectivo, fueron pagados a alguien en la Argentina a cambio de protección. El mítico viaje de Eva Perón a Europa, entre junio y agosto de 1947, puso al rojo esa sospecha.



El viaje de Eva


En España, Eva estuvo reunida con Hjamar Schacht -mago de las finanzas hitlerianas y posteriormente asesor en el Banco Central argentino-; en Italia amadrinó el viaje a Buenos Aires de Ante Pavelic y su horda de nazis croatas; en Portugal dedicó fotografías al mariscal fascista Rodolfo Graziani, y en Suiza hizo los movimientos más secretos que hicieron pensar que había llegado hasta allí para depositar aquellos fondos.

El velo recién comenzó a correrse a principios de los años sesenta cuando Perón -que estaba convencido de que su esposa había abierto en Suiza cuentas cifradas- envió cuatro misiones a Berna para develar el misterio. De los cuatro enviados (Jorge Antonio, Vicente Saadi, Isabel Martínez y Américo Barrios) sólo el viaje de Antonio dio resultado: en la Societé de Cret Suisse, el financista encontró una caja de seguridad vencida a nombre de Juan Duarte, quien había integrado la comitiva oficial de su hermana durante el viaje.

Lo último encontrado sobre el tema es un documento de la CJM fechado el 23 de marzo de 1972 pero exhumado hace un mes (noviembre de 1996), donde se dice que "Eva Perón pudo haber concretado un depósito por millones de dólares en un banco suizo durante su viaje a Europa en 1947".


El tesoro nazi ya ha dejado de ser una leyenda. La sospecha que hoy ronda sobre él no es qué parte llegó a estas playas, sino que se haya reciclado en fuertes holdings multinacionales que medio siglo después de fundados continúen operando con volúmenes, ramificaciones y socios impensados.



La relación entre Perón y el tesoro nazi


La posibilidad de que el oro robado a los judíos por los nazis durante la Segunda Guerra, haya servido a los fines políticos de Juan Perón es aún hoy un misterio difícil de aclarar.


Las versiones sobre la existencia del tesoro del Tercer Reich en la Argentina, se originaron en 1946, cuando los EE.UU. publicaron el Libro Azul, que vinculaba directamente al gobierno militar y a Perón, con la ayuda y protección a los nazis en el hemisferio.


Caído Perón, en 1955, Sivano Santander, publicó una obra clave al respecto, titulada: "Técnica de una Traición. Juan D. Perón y Eva Duarte. Agentes del nazismo en la Argentina".


En ese libro, Santander afirmaba que el embajador alemán en la Argentina, von Thermann, había consignado la entrega de cheques de 33.600 pesos a Eva Duarte, y de 200.000 al mismo coronel Juan Domingo Perón. Supuestamente, este dinero, se había entregado a cambios de servicios prestados al régimen nazi. Según este autor, el dinero nazi llegó en gran parte al país desde 1938, superando los tres mil millones de pesos en esa fecha.


En plena derrota del nazismo los fondos continuaron llegando, por valijas diplomáticas, aviones y submarinos.


Llegaban en forma de oro, de platino, de dinero, o títulos y acciones. Para fines del período, Santander contabilizaba que los capitales nazis en el país superaban los 35 mil millones de pesos.


En su opinión, el control del dinero, a comienzos de la década del cincuenta, pasaba por las manos de Ricardo Leute, Ludwing Freude (muy vinculado a Perón) y Ricardo Staud. El dinero habría servido para solventar la campaña política de Perón.


Más tarde el control del tesoro habría sido motivo de enfrentamiento entre los magnates alemanes y Perón, que pretendió que la suma depositada en cajas fuertes del Banco Oficial de Suiza por Eva Perón, no podía ser retirada por la muerte de ésta. Santander relacionó estos hechos con la misteriosa muerte de Juan Duarte...



Evita, los nazis y los suizos


El 6 de junio de 1947, la primera Dama de Argentina Eva Perón partió a un viaje brillante por Europa.


La encantadora ex actriz fue agasajada en España, besó el anillo del Papa Pío XII en el Vaticano y se codeó con los ricos y famosos en las montañas de Suiza.


Eva Perón, conocida como "Evita" por sus seguidores que la adoraban, fue aparentemente a un viaje para reforzar lazos diplomáticos, de negocio y culturales entre Argentina y los líderes importantes de Europa.


Pero había una misión paralela detrás del viaje prominente, una que ha contribuido a un medio siglo de extremismo violento en América Latina


Según registros que ahora surgen de archivos suizos y las investigaciones de cazadores de Nazis, un lado no publicado de la gira mundial de Evita era coordinar la red para ayudar a los Nazis a reubicarse en Argentina.


Esta nueva evidencia de los lazos acogedores de Evita con los Nazis prominentes corrobora la sospecha hace mucho sostenida de que ella y su marido, el Gral. Juan Perón, pusieron el trabajo preliminar para un resurgimiento sangriento del fascismo a través de América Latina en los años 1970 a 1980.


Además de manchar la leyenda de Evita la evidencia amenaza con infligir más daño a la imagen de Suiza de neutralidad valerosa. El centro internacional bancario todavía se tambalea por los descubrimientos sobre su colaboración en la guerra con Adolf Hitler y la usura suiza a sus víctimas judías.


Los registros de archivo indican que la ayuda de Suiza a los cómplices de Hitler no se detuvo con el derrumbamiento del Tercer Reich.


Y la vieja conexión Suizo-Argentina-Nazi alcanza al presente de otro modo. "El súper juez" español Baltasar Garzón procura abrir otros registros suizos sobre cuentas bancarias controladas por oficiales militares argentinos que condujeron la llamada " Guerra Sucia " que mató "y desapareció" a decenas de miles de Argentinos entre 1976-83.


Durante la Segunda guerra mundial el Gral. Perón un líder militar populista - no oculto su simpatía por la Italia de Mussolini y la Alemania de Hitler.


Aun cuando el Tercer Reich se desmorono en la primavera de 1945, Perón permaneció pro fascista leal, haciendo disponibles más de 1,000 pasaportes en blanco para colaboradores Nazis que escapan Europa.


Con Europa en el caos y los Aliados cerca de la victoria, decenas de miles de jerarcas Nazis salieron de la vista, intentaron mezclarse con refugiados comunes y comenzaron a conspirar escapes de Europa a Argentina a través de "ratlines" clandestino.


En el final argentino de aquel viaje estaba Rodolfo Freude. Él también era el secretario privado de Juan Perón, uno de los benefactores principales de Evita y el jefe de seguridad interna argentina.


El padre de Freude, Ludwig, jugó otro papel clave. Como director administrativo del Banco Alemán Transatlántico en Buenos Aires, él condujo a la comunidad pro Nazi Alemana en Argentina y actuó como el fideicomisario para cientos de millones de símbolos del Reichs Alemanes que a los ayudantes superiores del Fuehrer enviaron a Argentina cerca del final de la guerra.


Hacia 1946, la primera ola de fascistas derrotados se ubicaba en nuevas casas argentinas. El país también era inundado con rumores de los Nazis agradecidos habían comenzado a reembolsar a Perón financiando su campaña para la presidencia, la que él ganó con su sorprendente esposa a su lado.


En 1947, Perón vivía en el palacio presidencial de Argentina y oía súplicas de miles de otros Nazis desesperados por escapar de Europa. El escenario estaba puesto para uno de los más perturbadores levantamientos de barcos en la historia humana.


Los registros de archivo revelan que Eva Perón dio un paso adelante para servir como emisario personal del Gral. Perón a este secreto Nazi. Ya, Evita era una leyenda argentina.


Los registros de archivo revelan que Eva Perón dio un paso adelante para servircomo emisario personal del Gral. Perón a este secreto Nazi. Ya, Evita era unaleyenda argentina


Nacida en 1919 como niña ilegítima ella se hizo prostituta para sobrevivir yconseguir papeles protagónicos. Como ella subió en la escala social amante por amante, ella aumentó resentimientos profundos hacia las elites tradicionales.


Como amante de otros oficiales del ejército, ella llamo la atención del hermoso hombre fuerte militar Juan Perón. Después de un amorío público, ellos se casaron en 1945.


Como la segunda esposa de Perón, Evita se formó como " la reina de los pobres, " protectora de aquellos que ella llamó " mis descamisados”.


Ella creó una fundación para ayudar a los pobres a compra artículos desde juguetes hasta casas.


Pero su caridad se extendió, también, a los aliados Nazis de su marido. En junio de 1947, Evita fue a la Europa de posguerra. Un objetivo secreto de su primer gran viaje de ultramar al parecer reunía muchos cabos sueltos de la relocalización Nazi.


La primera parada de Evita en su viaje europeo era España, donde el Generalísimo Francisco Franco - el modelo y el mentor de su marido - la saludó por todo el protocolo solemne de un jefe de estado.


Un fascista que favoreció los poderes de Eje, pero mantuvo la neutralidad oficial en la guerra, Franco había sobrevivido el proveer un asilo para los desposeídos del Tercer Reich. La España de Franco era un importante escondite temprano para los Nazis que se escurrían del asimiento de los Aliados y necesitaban un lugar para quedarse antes seguir a casas más permanentes en América Latina o Medio Oriente.


Mientras en España, Evita según se informa se encontró en secreto con los Nazis que eran parte del séquito de Otto Skorzeny, el líder de comandos Austriacos de choque conocido como Scarface debido a una cicatriz de duelo a través de su mejilla izquierda.


Aunque bajo la detención Aliada en 1947, Skorzeny ya era el líder pretendido de la organización clandestina, Die Spinne o la Araña, que usaba millones de dólares saqueados del Reichsbank para pasar de contrabando a Nazis de Europa a Argentina.


Después de la escapatoria en 1948, Skorzeny establece la legendaria organización ODESSA que dio un toque en otros fondos Nazis ocultos para ayudar a hombres Ex-SS a reconstruir sus vidas - y el movimiento fascista - en Sudamérica.


La siguiente parada de Evita fue igualmente adecuada. La belleza carismática viajó a Roma para una audiencia con el Papa Pío XII, un encuentro Vaticano que duró más que el beso habitual sobre el anillo.


Entonces, el Vaticano actuaba como una estación en un camino crucial repartiendo documentos falsificados para fugitivos fascistas. El Papa Pío fue considerado simpatizante con el anti-comunismo resistente de los fascistas aunque él había mantenido una discreta distancia pública de Hitler.


Un informe de Ministerio de Asuntos Exteriores sumamente secreto de Mayo de 1947 - un mes antes del viaje de Evita - había llamado al Vaticano "la organización más grande complicada en el movimiento ilegal de emigrantes, incluyendo a muchos Nazis. Jerarcas ex Nazis más tarde públicamente agradecieron al Vaticano por su ayuda vital.


En cuanto a la audiencia Evita-Pío, el anterior Cazador nazi del Ministerio de justicia John Loftus ha imputado que la Primera Dama de las Pampas y Su Santidad discutieron el cuidado y la alimentación de los Nazis fieles en Argentina.


Después de sus vacaciones romanas, Evita esperaba encontrar a la Reina Isabel de Gran Bretaña. Pero el gobierno británico se negó por miedo a que la presencia de la esposa de Perón podría provocar un debate embarazoso sobre las inclinaciones pro nazis de Argentina y el abrigo a Hitler en la pre guerra de la misma familia real. En cambio Evita se desvío a Rapallo, una ciudad cerca de Génova en la Rivera italiana.


Allí, ella fue invitada de Alberto Dodero, dueño de una flota de barcos Argentina conocida por transportar algunas de las cargas más desagradables del mundo.


El 19 de junio de 1947, en medio del viaje de Evita, el primero de los barcos de Dodero, el Santa Fe. Llegado a Buenos Aires y descargo cientos de Nazis en el puerto de su nuevo país. Durante los pocos años siguientes, los barcos de Dodero llevarían miles de Nazis a Sudamérica incluyendo a algunos de los criminales de guerra de Hitler, más viles como Mengele y Eichmann, según el historiador argentino Jorge Camarasa.

El 4 de agosto de 1947, Evita y su séquito se dirigieron al norte ala majestuosa ciudad de Ginebra un centro de finanzas internacionales. Allí, ella participó de más reuniones con protagonistas del aparato de fuga Nazi.


Un diplomático suizo llamado Jacques Albert Cuttat dio la bienvenida a la antigua cantante romántica. El encuentro fue una reunión de mala muerte, ya que Evita había conocido a Cuttat cuando él trabajó en la Legación suiza en Argentina desde 1938 hasta 1946.


Los documentos recién liberados del Banco central de Argentina mostraron que durante la guerra, el Banco central suizo y una docena de bancos suizos privados mantenían sospechosas cuentas de oro en Argentina. Entre los titulares de cuentas estaba Jacques Albert Cuttat. Los archivos suizos acusaron A Cuttat de conducir negocios privados no autorizados y de mantener cuestionables contactos de guerra con conocidos Nazis. A pesar de aquellas alegaciones, el gobierno suizo promovió A Cuttat como jefe de protocolo del Servicio extranjero suizo, después de su vuelta de Argentina a Suiza.


En aquella capacidad, Cuttat escoltó a Eva Perón a reuniones con funcionarios mayores suizos. El par fue a ver al ministro de Asuntos Exteriores Max Petitpierre y a Philipp Etter, el presidente suizo.


Etter le dio una cálida bienvenida A Evita hasta acompañándola al día siguiente en una visita a la ciudad de Lucerna, "la entrada a los Alpes suizos."


Después de que sus deberes "oficiales" habían terminado, Evita desapareció de la vista pública. Supuestamente, ella se unió a algunos amigos para descansar y distraerse en las montañas de S. Moritz.


Pero los documentos que relatan su viaje suizo revelaron que ella siguió haciendo contactos de negocio que promoverían tanto el comercio argentino como la relocalización de los cómplices de Hitler.


Ella fue invitada del "Instituto Suizo-Argentino" en una recepción privada en el Hotel "Baur au Lac" en Zurich, la capital bancaria del sector de habla alemana de Suiza. Allí, el Profesor William Dunkel, presidente del Instituto, dirigió una audiencia de más de 200 banqueros suizos y hombres de negocio - más Eva Perón - sobre las maravillosas oportunidades en Argentina.


Documentos de archivo suizos Recientemente liberados explicaron que había detrás del entusiasmo. El embajador de Perón en Suiza, Benito Llambi, había emprendido una misión secreta para crear una especie de servicio de emigración para coordinar la fuga de los Nazis, en particular aquellos con habilidades científicas. Llambi ya había conducido conversaciones secretas con Henry Guisan junior, un agente suizo cuyos clientes incluyeron a un ingeniero alemán que había trabajado para el equipo de misiles de Wernher von Braun. Guisan ofreció a Llambi los cianóticos los cohetes alemanes "V2" y "V3".


Guisan mismo emigró a Argentina donde él estableció varias firmas que se especializaron en la consecución de material de guerra.


Los archivos de inteligencia del Departamento de Policía de Berna muestran que la oficina de emigración secreta Nazi estaba localizada en Marktgasse 49 en el centro Berna, la capital suiza. La operación era dirigida por tres Argentinos- Carlos Fuldner, Herbert Helfferich y el Doctor Georg Weiss. Un informe de la policía los describió como " Nazis 110 por ciento.


El líder del equipo, Carlos Fuldner, era hijo de inmigrantes alemanes a Argentina quien había vuelto a Alemania para estudiar. En 1931, Fuldner se unió a la SS y más tarde fue reclutado en la inteligencia alemana extranjera. En el final de la guerra, Fuldner escapó a Madrid con un avión cargado de arte robado, según un informe del Ministerio de Asuntos Exteriores estadounidense. Entonces se mudó a Berna donde él se hizo pasar por a un representante de la Autoridad de Transporte aéreo Civil Argentino. Fuldner estaba en el lugar para asistir a la primera ola de emigrados Nazis.


Uno de los primeros Nazis en llegar a Buenos Aires vía "ratlines" fue Erich Priebke, un oficial SS acusado de una ejecución en masa de civiles italianos. Otro fue el líder croata Ustashi ante Pavefic.


Ellos fueron seguidos por el comandante de campo de concentración Joseph Schwamberger y el sádico doctor de Auschwitz, Joseph Mengele.

Más tarde, el 14 de junio de 1951, el barco de emigrante, " Giovanna C, " llevó al arquitecto del Holocausto Adolf Eichmann a Argentina donde él se hizo pasar por un técnico bajo un nombre falso. Fuldner encontró para Eichmann un trabajo en Mercedes Benz.


Aunque el papel exacto de Evita en la organización de los "ratlines" Nazis permanece un poco borrosos, su viaje europeo conectó los puntos de los protagonistas en la red de fuga. Ella también ayudó a limpiar el camino para arreglos más formales en la colaboración Suizo-Argentina-Nazi.


Hay evidencia adicional contenida en la correspondencia diplomática de la posguerra entre Suiza y Argentina. Los documentos revelan que el jefe de la Policía Federal suiza, Heinrich Rothmund, y el anterior oficial de inteligencia suizo Paul Schaufelberger participaron en las actividades del servicio Argentino de emigración ilegal en Berna.


Por ejemplo, un telegrama urgente de Berna a la Legación suiza en Roma decía: " el Departamento (suizo) De policía quiere enviar a 16 refugiados a Argentina con el barco de emigración que deja Génova el 26 de marzo [1948]. Punto. Todos ellos llevan carnets de identidad suizos y tienen el visado de vuelta. Stop. "Además de simpatías políticas, el gobierno de Perón vio un provecho económico en el contrabando de científicos alemanes para trabajar en fábricas argentinas y plantas de armamentos.


El primer avión de motor de combate introducido en Sudamérica - el "Pulqui" - fue construido en Argentina por el diseñador de aviones alemán Kurt Tank de la firma, Focke-Wulf. Sus ingenieros y pilotos de pruebas llegaron vía el servicio de emigración ilegal en Berna.


Pero otros científicos Nazis que alcanzaron las orillas protegidas de Argentina eran simplemente sádicos. Un médico, El Doctor Carl Vaernet, había conducido experimentos quirúrgicos sobre homosexuales en el campo de concentración Buchenwald. Vaernet castraba a los hombres y luego insertaba glándulas sexuales metálicas que infligían muertes atormentadoras a algunos sus pacientes.


Para los suizos, los motivos para sus acogedoras relaciones nazis argentinas eran políticos y financieros, tanto durante como después de la guerra.


Una investigación sobre la colaboración nazi argentina, supone que el negocio de tiempo de guerra entre Alemania nazi y Argentina fue manejado rutinariamente por fiduciarios suizos. Aquella sospecha ha sido confirmada por archivos suizos liberados al Senado estadounidense así como por papeles de la Oficina suiza de Compensación y la correspondencia entre el Ministerio de Asuntos Exteriores suizo y la legación suiza en Buenos Aires.


Un objetivo de la investigación de la comisión es Johann Wehrli, un banquero privado de Zurich. Durante la segunda Guerra Mundial, uno de los hijos de Wehrfi abrió una sucursal en Buenos Aires que, sospechan los investigadores, fue usada para canalizar el capital Nazi en Argentina.


El dinero según se dice, incluía botín de los judíos y otras víctimas Nazis. (Más tarde, el gigantesco Unión Bank de Suiza absorbió el banco de Wehrli.)


Los Defensores suizos discuten que la diminuta Suiza tenía poca opción, sino trabajar con los poderosos gobiernos fascistas sobre sus fronteras durante la guerra. Pero la ayuda de la posguerra parece más difícil de justificar, cuando el motivo más obvio era el dinero.


Según un informe secreto escrito por un comandante de ejército estadounidense en 1948, el gobierno suizo sacó un fuerte beneficio proporcionando a los alemanes los documentos falsos necesarios para escapar a Argentina. La nota de una página citaba a un informador confidencial con contactos en los gobiernos suizo y holandés como diciendo, "el gobierno suizo estaba no sólo deseoso de deshacerse de ciudadanos alemanes, legal o ilegalmente dentro de sus fronteras, sino además que ellos sacaron un beneficio considerable en deshacerse de ellos.”


El informador dijo que los ciudadanos Alemanes pagaron a funcionarios suizos tanto como 200,000 francos suizos por documentos de residencia temporal necesarios para abordar vuelos de Suiza. Además, aquella nota y otros documentos sugieren que las Líneas aéreas Reales holandesas KLM podían haber llevado ilegalmente a Nazis sospechosos a la seguridad en Argentina, mientras que Swissair actuó como un agente de reserva.


De vuelta en Argentina, las críticas muy favorables para el viaje europeo de Evita cimentaron su reputación como superestrella. Esto también le trajo inmensa riqueza prodigada a ella por Nazis agradecidos. Su marido fue reelegido presidente en 1951, por cuyo tiempo grandes números de Nazis estaban firmemente instalados en el aparato militar industrial de Argentina.


Evita Perón murió de cáncer en 1952, provocando desesperación entre sus seguidores. Los militares temerosos la enterraron en secreto en un lugar secreto para impedir que su tumba se convirtiera en un lugar nacional santo.


Mientras tanto, una caza febril comenzó para su fortuna personal. El hermano de Evita y guardián de su imagen, Juan Duarte, viajó a Suiza en búsqueda de su capital oculto. Después de su vuelta a Argentina, Duarte fue encontrado muerto en su apartamento. A pesar del control de su marido de la policía - o tal vez debido a ello - las autoridades nunca establecieron si Duarte fue asesinado o se había suicidado.


En 1955, Juan Perón fue derrocado y escapo al exilio en España donde él vivió como un invitado de Franco. Perón al parecer tuvo acceso sobre algunas de las cuentas secretas suizas de Evita porque él sostuvo un modo lujoso de vivir. El dinero también puede haber lubricado el breve regreso de Perón al Poder en 1973. Perón murió en 1974, dejando atrás el misterio de la fortuna Nazi de Evita. En 1976, el ejército derrocó al vicepresidente de Perón, su última esposa, Isabel.


Paradójicamente, el culto de Evita todavía prosperó. La idolatría cegó a sus seguidores a las consecuencias de su flirt con los Nazis.


Aquellos fascistas envejecidos lograron mucho más de lo que los estrategas de ODESSA habían esperado. Los Nazis en Argentina mantuvieron la antorcha de Hitler, encendida, obtuvieron nuevos convertidos en los militares de la región y pasaron a la ciencia avanzada de tortura y operativos "de brigada de muerte”.


Cientos de estudiantes Peronistas de izquierda y sindicalistas estaban entre las víctimas de la junta neofascista argentina que lanzó la Guerra Sucia en 1976.


Cuando la junta comenzó su "guerra sin fronteras" contra la izquierda en otras partes de América Latina, usó a Nazis como soldados de tropas de asalto. Entre ellos estaba Klaus Barbie, el Carnicero de Lyon de la Gestapo quien se había instalado en Bolivia con la ayuda de la red de "ratline". Barbie buscó ayuda de la inteligencia argentina. Uno de los primeros oficiales argentinos en llegar, el Teniente Alfred Mario Mingolla, más tarde describió el papel de Barbie al periodista alemán Kai Hermann.


Antes de nuestra salida, recibimos un expediente sobre [Barbie]," dijo Mingolla. " Allí decía que él era de gran empleo para la Argentina porque él jugó un papel importante en toda América Latina en la lucha contra el comunismo. "


Justo como en los buenos viejos días, el Carnicero de Lyon trabajó con una generación mas joven de neofascista italianos. Barbie comenzó una logia secreta llamada "Thule", donde él sermoneó a sus seguidores debajo de esvásticas a la luz de las velas.


El 17 de julio de 1980, Barbie, sus oficiales neofascistas y derechistas del ejército boliviano expulsaron al gobierno de centro izquierda. El equipo de Barbie persiguió y mató a funcionarios del gobierno y líderes del trabajo, mientras los especialistas argentinos volaron a demostrar las últimas técnicas de tortura. Como el golpe de estado dio a los cabecillas de la droga boliviana el reinado libre del país, la operación se conoció como el Golpe de Cocaína. Con la ayuda de Barbie y sus neofascistas, Bolivia se hizo una fuente protegida de cocaína para el surgiente cártel de Medellín.


Dos años más tarde, Barbie fue capturado y extraditado a Francia donde murió en la prisión.


La mayor parte de los otros viejos Nazis están muertos, también. Pero el extremismo violento que los Perón trasplantaron en Sudamérica en los años 1940 todavía, a fines de los 90s, atormenta la región.


En los años 1980, los militares argentinos ampliaron sus operaciones a América Central donde colaboraron con la CIA de Ronald Reagan en la organización de fuerzas paramilitares, como los contras nicaragüenses y las " brigadas de muerte " hondureñas.


Hasta hoy, como dictadores de la derecha en América Latina son llamados para rendir cuentas sobre atrocidades pasadas, las nuevas democracias deben moverse cautelosamente y mantener la cautela sobre los derechistas en los militares potentes de la región.


Los fantasmas de los Nazis de Evita nunca están lejos.





Conclusiones: luego de recorrer la historia argentina para la cual se realizó esta investigación; uno se da cuenta que el país aun carga con problemas del pasado que no han sido resueltas. Todavía no se han cerrado las heridas que fueran provocadas por los gobernantes de turno. Todos, sin excepción, usaron al pueblo para beneficios individuales provocando enfrentamientos, persecuciones , sufrimiento innecesario, derramamientos de sangre al por mayor. Usando repetitivamente el eslogan “ todo por el bien del pueblo” . Sean políticos y/o militares, ninguno estuvo a la altura de las circunstancias, la historia ha demostrado y probado que se equivocaron.

Son alrededor de 80 años de puras equivocaciones y sin reconocimiento de algunas de ellas. Ya deberia ser el momento de ir cerrando esos capitulos y que sirvan de leccion para no cometer los mismos errores. " tendremos presente y el futuro solo si afianzamos el pasado"


Ideas Claras - 2/12/2011 

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