sábado, 21 de mayo de 2016

No va más, Cristóbal. por Ricardo Roa

Del editor al lector

Hay en preparación un no va más no para el juego sino para los negocios sucios del juego. El juego que sirve para lavar dinero y no pagar o eludir impuestos.
El Gobierno lanzará a la Unidad de Información Financiera a controlar los casinos, hasta ahora una zona liberada pese a que todo el mundo sabe que es una ruta del lavado. Y pese a que la ley ordena a la UIF vigilarlos igual que a bancos, casas de cambio y compañías de seguro y de transporte de caudales.
A todos se los considera “sujetos obligados”. En otras palabras: obligados a reportar cualquier operación que se considere sospechosa. Y operaciones sospechosas abundan en las salas de juego.
Según fuentes oficiales, la UIF jamás intervino en el casino flotante de Puerto Madero ni en el Hipódromo de Palermo, los mega establecimientos del rey de las tragamonedas Cristóbal López.
El kirchnerismo encontró la fórmula perfecta para ganar siempre. El Zar del Juego estuvo más allá de los controles, más allá de los impuestos, más allá de todo.
El primer blindaje a López fue político y se lo dio el matrimonio Kirchner, que también le dio la explotación de la timba en la Ciudad. Un privilegio que, se entiende, no sólo a él hizo millonario.
La lotería kircherista no dejó nada al azar y otro escudo para López fue el de la Lotería Nacional que debía controlarlo y que para no hacerlo se puso en manos de otro pingüino con quien Cristóbal comparte apellido y un pasado común.
Se trata de Roberto López, liquidador junto a Lázaro Báez del Banco de Santa Cruz. López estuvo en Lotería durante toda la década ganada. Y acá no hay ironía: la década ganada para el juego.
Tampoco hubo límites para proteger a López en la Justicia. Es una historia que no puede ser contada dentro de los límites de esta columna. Un capítulo clave lo protagonizan el ahora camarista Sergio Fernández, hermano de Javier, operador también clave de los Kirchner en Comodoro Py. Sergio falló a favor de López tantas veces como fue necesario, primero como juez y después como camarista.
También lo hizo Luis María Márquez, al que Sergio hizo nombrar en el mismo fuero Contencioso Administrativo Federal. Hasta integró el Jurado que lo aprobó como camarista. Amigos son los amigos.
El problema de Cristóbal es que está en problemas. Hizo saltar la banca pero en el juego también él puede perder. No tiene protección política y tiene menos protección judicial. La Corte debe resolver si se le permite seguir sin pagar impuestos a la Ciudad. Y se le viene encima la UIF y ya no es más la UIF kirchnerista.

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