sábado, 29 de abril de 2017

Verdades y mentiras de Trump y Macri, por Carlos M. Reymundo Roberts

Verdades y mentiras de Trump y Macri

por Carlos M. Reymundo Roberts
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Carlos M. Reymundo RobertsNunca estaré lo suficientemente agradecido con Macri por haberme invitado a compartir su encuentro con Trump. No fui en condición de periodista. Por los años en que asesoré a Cristina Kirchner, me llevó como experto en mercados cerrados, personalidades vidriosas y presidentes populistas. Mi primer consejo fue que no se tomara a Trump en serio. "Habla hasta por los codos, desconoce los temas, sanatea y tiene un ego casi más grande que su fortuna", le dije. Nervioso y distraído, Mauricio me preguntó si le estaba hablando de Trump o de Cristina. El segundo consejo fue que usara una corbata rojo shocking, que son la debilidad de Trump. Finalmente acordamos que la que iba a ir de ese color era Juliana, sin dudas un polo de atracción más poderoso para el dueño de casa. Y por último le dije que cuando llegara al Salón Oval no pusiera cara de turista deslumbrado. Tenía que mostrar una total naturalidad. Por las dudas, para evitar un eventual sobresalto, le hice ver fotos del descomunal despacho de 300 metros cuadrados que se hizo construir Mariano Recalde cuando era presidente nacional y popular de Aerolíneas Argentinas. Obviamente, al Salón Oval lo salva que es el Salón Oval. Si no, todo el mundo preferiría ir a conocer el despacho de Recalde.

Más allá de mis diferencias con los dos mandatarios, creo que fue un diálogo positivo para Macri, Aquí reproduzco los párrafos salientes. Sí, esto es lo más saliente. No se enojen conmigo.

-Mauricio, viejo amigo, qué gusto recibirte en la Casa Blanca, mi última inversión inmobiliaria.

-Ja ja ja. Pasan los años y seguís siendo un gran bromista, Donald. Para mí también es un gusto este reencuentro. ¡Pero cuántas cosas han cambiado en nuestras vidas!

-Claro que sí. Ya no somos los mismos, ni tenemos las mismas mujeres... Por cierto, felicitaciones por Juliana, gran elección. En cambio, ¡cómo te equivocaste con Hillary! ¿Acaso no confiabas en tu viejo amigo?

-Mirá, soy de los que piensan que en Estados Unidos son más importantes los empresarios que los presidentes. Y creía que este país no podía privarse de un empresario de tus quilates. ¡Sos un hacedor de riqueza!

-¡Y ahora conseguiré que Estados Unidos sea una gran potencia! Hablando de hacedores de riqueza, ¿y la señora de Kirchner?

-No digas nada, pero no está bien. Su gente le inventa graphs de televisión -allá los llamamos zócalos- y ella, pobre, los comenta como si fueran reales. Se ha volcado a las redes, y siempre termina enredada.

-Ahora gobierna la provincia de Santa Cruz, ¿no?

-No, ésa es Alicia, su cuñada. Bueno, en realidad la que decide ahí es Cristina. Y así están, con la provincia quebrada y en llamas. ¡Estos populistas son unos...! Quiero decir, esta gente que se llena la boca hablando del pueblo, lo único que hace es esquilmarlo. Mirá lo de Venezuela.

-Estamos preocupados con Venezuela.

-Claro, por la hambruna, la falta de remedios, la persecución y asesinato de opositores, la censura...

-No, estamos preocupados porque les compramos mucho petróleo. ¿En qué va a terminar eso? Además, no entiendo el papel del Papa. Todo lo que hace es funcional al régimen de Maduro. ¿Me lo podés explicar?

-La verdad, no sé qué decirte. Al Papa lo quiero mucho, pero lo entiendo poco.

-Contame cómo te está yendo y en qué te puedo ayudar.

-Creo que estamos haciendo las cosas bien y las comunicamos mal. Para ser sincero, no tengo tu carisma, tu presencia, tu labia. Ni tu jopo. Ayudame en eso. Cuánto tiempo le dedicás a la estética.

-Mi fórmula es tintura, jopo, humor y decir lo que nadie se anima. Escandalizar. No hablar como un político. ¡La gente se hartó de los discursos vacíos y lo políticamente correcto! Yo gané con mi espontaneidad, mi frescura, y diciendo las cosas que todos quieren escuchar.

-El relato. La famosa posverdad.

-Claro, aunque, en realidad, yo hace rato que estoy en la fase de la posmentira... je.

-Donald, tengo que disculparme porque se nos escapó el embajador que teníamos acá. Pero pronto vamos a poner otro. ¿Alguna preferencia?

-Algún experto en lucha contra el narcotráfico. Oí hablar de un tal Fernández, je.

-¡No perdés el buen humor!

-Ahora vamos a tener una pequeña conferencia de prensa: ¿Qué te gustaría que dijera?

-Bueno, que vamos a profundizar la relación y el intercambio comercial, que van a invertir en la Argentina, que soy un gran presidente, el líder de la región y un referente a nivel mundial, que...

-... OK, Ok, ya entendí. Mucha posverdad. Pero la mentira, Mauricio, es como la sal: lo justo y necesario; no debe faltar ni sobrar.

-¿Y de los limones? ¿Podrías hablar de eso? Hay millones de argentinos que están pendientes de que nos vuelvan a comprar limones.

-Amigo, soy nuevo en esto, pero terminar una cumbre hablando de limones no tiene nada de glamour. Si querés puedo anunciar que pienso visitar la Argentina.

-Donald, esteee..., faltaba más. Con el laburo que tenés acá, sería lo último que te pediría.

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