sábado, 30 de abril de 2016

¡Escrachados del mundo, unámonos! Por Carlos M. Reymundo Roberts

¡Escrachados del mundo, unámonos!

Por Carlos M. Reymundo Roberts
Carlos M. Reymundo Roberts

Esto de los escraches me está poniendo de pésimo humor. Tipos honestos y trabajadores como el Chino Zannini teniendo que pasar las de Caín, primero en la cancha de Boca y después arriba de un avión. Pensar que el pobre quemó todos sus ahorros y sacó pasaje en clase ejecutiva para no molestar a nadie, y los malditos lo persiguieron hasta ahí. No es justo. Y sospecho que la cosa recién empieza. No me extrañaría que viniera una ola de escraches, y que ya ninguno de los nuestros pueda salir a la calle sin el temor a ser señalado por el gorilaje. Sueño que un día Cristina se despierta con una multitud de militantes frente a la puerta de su casa, y entonces, emocionada ante la demostración de cariño, se pinta, se peina, se pone pilcha nueva, reloj de oro y collar de perlas, y sale al balcón y baila, y sonríe, y habla, y promete que va a volver. ¡Pero no, qué horror, son escrachadores! ¡Fueron por ella!

Horrible escena. Horrible también lo de Zannini: triste final para su saga de infortunios. Es maoísta y su hija Paula se quedó trabajando para Macri como diplomática en Washington. Doble traición: que esté al servicio de este gobierno buitre y que viva en la capital del imperio. Y aunque le resulta intolerable, hace de tripas corazón y va a visitarla. Elige un vuelo de American Airlines y no de Aerolíneas Argentinas porque dice que se confundió AA con AA. Espera en la sala VIP y después va discretamente al avión, se sienta, y ¡zaz!, igual que en la Bombonera, alguien lo descubre, empieza el tumulto, crecen los insultos y agresiones. Estoicamente, el Chino calla. Le gustaría gritarles "¡oligarcas, viva la revolución socialista!", pero se da cuenta de que ahí sentado, yendo donde está yendo y con dólares en los bosillos, es como que no da. Todo muy cruel. Parece mentira que la gente no valore a alguien que, en la cumbre de su sacrificio por la patria, estuvo dispuesto a lograr una síntesis entre Mao y Scioli.

Por cierto, lo de Zannini no fue lo más grave. El peor escrache de la semana lo sufrió Lázaro Báez. Le escracharon edificios, casas, departamentos, quintas, estancias, autos. Él y sus hijos tienen más de 150 inmuebles; se calcula que podrían ser 300. En Santa Cruz funcionan dos registros de la propiedad: uno para los Báez y otro para el resto de la población. Una impudicia. No que los Báez tengan tanto, sino que nos los dejen vivir tranquilos. Que hayan ido a meter las narices y las cámaras de TV, con lo cuidadosos que son ellos de su intimidad y sus bóvedas.

Lázaro no puede creerlo: hizo todo lo que Néstor siempre le dijo, y ahora viene este juez Casanello, que fue puesto por La Cámpora, que es la agrupación fundada por Máximo, que es el hijo de Néstor, y le cuenta hasta los calzoncillos. Esa voltereta del destino lo vuelve loco. Pero tampoco Casanello puede creerlo: cómo es posible que Lázaro se enoje si lo viene cuidando desde hace tres años. "Por esa protección -se lamenta el juez, al borde del llanto- me gané un tirón de orejas de la Cámara. Y algo mucho peor: por esa protección me gané el mote de Tortuga, un karma que me acompañará hasta el último de mis días. ¿Acaso Báez sabe lo que es ir por la calle y que te digan «tranqui, Tortuga, no te agites», «qué acelga, Tortugueli», «hola Manuelita»?"

Algunos compañeros me dicen que no tengo que darles tanta importancia a los allanamientos; que bastaba verlo a Marijuan con sonrisa permanente y caminando con las manos en los bolsillos para darse cuenta de que era más un show que otra cosa. No sé si es tan así. Creo que Marijuan estaba muy enfocado, y no me refiero sólo a las cámaras. En una llamada le comentó a Casanello que no tenía sentido buscar billetes debajo de la tierra. "Acá la guita está a la vista: en las casas, que son verdaderas mansiones, en los campos interminables y con calles internas asfaltadas, en los autos, en el lujo con que vive esta gente. ¡Creéme, esto es el paraíso, Tortu!" Casanello le cortó.

Insisto: es peligrosa (y contagiosa) esta moda de los escraches. De hecho, la movilización sindical de ayer fue básicamente un escrache contra las políticas neoliberales de Macri. En las redes sociales circuló la teoría -mejor dicho, la amenaza- de que "lo que no hagan los jueces lo harán los escraches". ¿Justicia por mano propia? ¿Tribunales populares como el de la Plaza de Mayo que tanto le criticaron a Hebe? ¿Por qué no escrachan a los jueces, eh? No puede ser que ya no podamos viajar ni en business.

Esta vez fueron Zannini y Lázaro, y mañana serán otros abnegados patriotas como Aníbal, Boudou, De Vido, Echegaray, Capitanich, Cristóbal López. Muchos de los nuestros van a preferir ir a la cárcel que quedar a merced de las hordas pagadas por los poderes concentrados. No van a ir tras las rejas por delincuentes, sino para huir de los salvajes. Otros buscarán refugio en las torres más custodiadas de Puerto Madero (Cris tiene ahí unos cuantos departamentos). Otros, en los campos de los Báez. Otros, en los hoteles de los Kirchner. Otros, en Panamá, en las Islas Caimán o en Suiza. Y seguramente muchos optarán por el Congreso.

Argentinos, hay que elegir: un país donde se respeta al que piensa distinto o un país sin kirchneristas.

Pero bueno, tampoco es cuestión de tomar decisiones apresuradas.

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