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sábado, 27 de febrero de 2016

El rosario que a Macri le quema las manos, por Carlos M. Reymundo Roberts

El rosario que a Macri le quema las manos


por Carlos M. Reymundo Roberts


¡Basta de visitas! Ya le tomé aversión a esa palabreja maldita. Nos visitaron Renzi y Hollande, y el mes que viene nos visita Obama; Estela de Carlotto visitó a Macri en la residencia de Olivos, y después participó oficialmente de la visita de Hollande, y después dijo que le parecía bien la visita de Obama: ¡vade retro, Estela! Varios intelectuales de distintas extracciones visitaron a Macri, que hoy visita al Papa, y funcionarios del Gobierno visitaron a Massa en su casa de Tigre como si fuera lo más natural del mundo. Hay más visitas, muchas más, pero no quiero flagelarme. ¿Cuál es mi problema? Que esta visitocracia se va pareciendo a una democracia y empieza a quedar un poco en evidencia que durante 12 años, especialmente los últimos ocho, el circuito de visitas era algo más estrecho: Cristina visitaba a Máximo, Máximo a Cristina, Parrilli a Zannini, Aníbal a Cristina, unos narcos a la Morsa, a Capitanich le tenían prohibidas las visitas, Boudou se acostumbró a visitar juzgados, el general Milani era una visita frecuente en el despacho presidencial, la SIDE hacía visitas telefónicas, a Kicillof no lo visitaban inversores sino chicos de La Cámpora, y los chicos de La Cámpora disfrutaban visitándose en sus departamentos de Puerto Madero.
El mundo es cruel. Cuando reinaba Cristina no venía nadie -en ocho años, fuera de nuestros vecinos, apenas aparecieron dos presidentes sin excesivas credenciales democráticas: los de Rusia y China-, y ahora a este ajustador serial en poco más de un mes le caen tres tipos muy grosos. Nosotros valorábamos un montón cuando nos visitaba Chávez: era un buen amigo, maltrataba a Bush y clavaba discursos de tres horas que encendían a los pibes para la liberación. Además, solía darnos grandes ideas geopolíticas y geoestratégicas, como la de sacar la estatua de Colón, y era pícaro y rápido para proponer negocios. Negocios personales, digo; de los negocios bilaterales se ocupaba otra gente. Es una lástima que, como Néstor, Hugo haya muerto tan joven, sin poder sacarle jugo al colchoncito de plata que se había hecho.
Me pregunto por qué vienen Renzi, Hollande, Obama y tantos otros que empezarán a desfilar por aquí. Qué tiene Mauricio que no tuviera la señora. Por qué resulta más atractivo y prometedor el eje Buenos Aires-Washington-París-Roma que el eje Buenos Aires-Caracas-Teherán-Moscú. Sigo haciéndome preguntas: si el nuestro era el gobierno de los derechos humanos, por qué nos entendíamos mejor con Maduro que con Hollande, con Putin que con Obama. Y no puede decirse que la señora haya desdeñado las relaciones exteriores. De hecho, las puso en manos de Héctor Timerman.
Por supuesto, tengo mis sospechas. Renzi vino porque la pizza es mucho más rica acá que en Italia. Hollande está bajísimo en las encuestas y necesitaba desesperadamente ir a un lugar donde alguien lo aplaudiera, y Obama, ya en el tramo final de su mandato, quiere pasar a la posteridad con un viaje histórico y ecuménico que irá de la Cuba comunista de los Castro a la Argentina fascista de Macri.
Lo que me espanta es la agenda de visitas de los próximos meses. No me extrañaría que en cualquier momento apareciera Dilma, que se llevaba fatal con Cristina (de puro envidiosa, claro) y que está deseando declarar que "ahora sí se puede negociar con el gobierno argentino". Después, cuando arreglen quién manda ahí, caerá alguien de España. También veremos un abrazo del Río de la Plata, con Tabaré, y uno de la Cordillera, con la Bachelet, dos presidentes que, muy estructurados, nunca pudieron adaptarse al estilo de la señora. Y el remate será espantoso: en el mismo avión aterrizarán un día, para desgracia del gran pueblo latinoamericano y de la justicia universal, los buitres Paul Singer y Thomas Griesa. ¿A qué van a venir? A cobrar, obvio.
Respecto de la visita de Macri al Papa, reconozco que es muy marketinera, pero no dejen que les vendan humo. En el Año de la Misericordia, que él instituyó, Francisco predica con el ejemplo y recibe a cualquiera. Casi que ni pregunta. Mauricio también se quiere hacer el democrático y el misericordioso y llevó en la delegación a Juan Manuel Urtubey y a Rosana Bertone, dos gobernadores peronistas que supieron ser del Frente para la Victoria y hoy no saben nada.
Algunos hablan de cumbre. Por favor, no me hagan reír. Si el Papa ni siquiera mandó un saludo protocolar cuando asumió el nuevo gobierno. Y eso que un telegrama es como un cigarrillo: no se le niega a nadie. Macri estaba como loco por ir a verlo y Francisco lo puso en la fila de espera. En el encuentro de hoy, los términos de intercambio serán totalmente desparejos. Francisco le va a cantar las cuarenta y Mauricio apenas podrá abrir la boca para balbucear "claro que sí, Santo Padre", "tiene usted razón", "le ruego me disculpe", "no lo haré más", "quedo a su total disposición", "un servidor", "amén". Y el broche que tiene pensada la cabeza jesuita de Bergoglio es una joyita. Le va a regalar cuatro rosarios: uno para él, otro para Juliana y otro para Antonia. ¿Y el cuarto?
"Para Cristina. Lo va a necesitar", le dirá Francisco.

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