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sábado, 29 de julio de 2017

De Vido, consultor de gobiernos corruptos Por Carlos M. Reymundo Roberts/La Nación

De Vido, consultor de gobiernos corruptos

Por Carlos M. Reymundo Roberts
Carlos M. Reymundo Roberts


Aunque un poco tarde, creo que encontré la solución para el caso De Vido. 

Se me ocurrió el miércoles mientras veía el debate en el que se iba a decidir si lo echaban o no de la Cámara por inmoral. 

Parto de la base de que a este tipo que nació en Buenos Aires, se radicó en Santa Cruz y afanó en todo el país, no lo quiere nadie. 

Hasta los de su propio bloque, después de la votación que les dio el triunfo, dejaron el recinto en silencio, fueron a los baños y se llevaron los dedos a la garganta.

Porque defender a ladrones, ningún problema, ¿pero a De Vido?..

Así y todo, lo que quedó claro durante la larga sesión es que en su especialidad es un monstruo. El mejor. Por eso, mi propuesta es sencilla. Hay que darle una licencia y permitirle que asesore a gobiernos corruptos de América latina, donde goza de una merecida fama. 

Se van a sacar los ojos por contar con sus servicios. En Venezuela le abrirán las puertas de par en par (y de paso van a pedirle que les lleve municiones, papel higiénico y algo para comer). 

En Brasil podría poner en marcha unos Lava Jato bien hechos, menos vulnerables a las pesquisas del juez Moro. 

Si quiere ganar mercados en otros continentes, donde todavía no lo conocen, puede presentar una tarjeta que diga "Julio De Vido, experto en saqueo del Estado", y un CV que acredite que, más allá de 135 causas, 26 imputaciones y cinco procesamientos, se robó medio país y todavía es diputado.

Yo creo que a don Julio le va a gustar este laburo: no pierde los fueros, las consultorías internacionales en temas sensibles se pagan muy bien y hasta puede despuntar el vicio currando a los mismos tipos a los que les enseña a currar. 

Y no pensemos sólo en políticos de su misma naturaleza. También podría asesorar a jueces que combaten la corrupción, a periodistas de investigación, novelistas, policías, narcotraficantes, lavadores de dinero, bancos, paraísos fiscales, empresas, a las Lilita Carrió que seguramente hay en todos los países. 

Convengamos que sabe una bocha de represas, usinas, trenes, colectivos, rutas, petróleo, gas, electricidad, financiamiento de campañas... No hay tanta gente con ese expertise. Se le abrirían unas perspectivas profesionales interesantísimas. Lo convocarían de universidades, foros, organismos internacionales y, claro, también de Santa Marta.

Eso sí, en caso de dedicarse a esto debería evitar esos gritos desafinados que pegó en la sesión. Le recomiendo un perfil más académico. Y lo de haber leído su descargo, un horror. 

Si te dicen en la cara que sos un ladrón abominable, traidor a la patria y responsable de los 52 muertos de Once, no queda bien que contestes: "Esperen un segundo que ahora les voy a leer mi respuesta". ¡Media pila! 

También tiene que aprender a ser agradecido. No tuvo una sola palabra de reconocimiento a Néstor y Cristina, como por ejemplo: "Gracias a la familia Kirchner, jamás me imagine que la iba a levantar con pala. Y gracias por seguir defendiéndome ahora que se descubrió todo". Tampoco fue generoso con los bloques de izquierda, que lo apoyaron convencidos de que la revolución del proletariado puede convivir muy bien con la defensa de un capitalista corrupto.

Es verdad que nosotros, los ciudadanos de a pie, tenemos nuestra propia deuda con De Vido. Consiguió que los diputados fueran a laburar: ¡llenaron el recinto! A uno se le oyó decir: "Está bueno el edificio, eh". Consiguió que tengamos el nombre y la foto de los que lo respaldaron, para saber a quién recurrir cuando se organice una campaña contra la impunidad. Consiguió que en todo este tiempo Cristina no dijera una sola palabra sobre el caso, es decir que se quedara callada. Que tampoco Máximo abriera la boca; si se anotaba en la lista de oradores, el Congreso hubiese vivido una estampida. Que el PJ se haya reagrupado para rechazar la expulsión, porque nada defiende más el peronismo que la obtención de fortunas por medios no convencionales. Que el diputado radical Luis Petri dijera una frase memorable: "De Vido tratando en la Cámara una ley de extensión de dominio [devolución de la plata robada] o de ética pública es como Pablo Escobar opinando sobre una ley contra el narcotráfico". Que en el bloque del Frente para la Victoria esgrimieran el argumento de que la expulsión era una "violación de los derechos humanos"; me imagino que hablan del derecho a enfrentar la Justicia atrincherado en una banca. Y lo más importante que logró De Vido es que ahora lo conozcamos un poquito más.

Todo esto pasa en medio de la campaña electoral. El Gobierno le quiso sacar el máximo provecho posible, pero le recuerdo que la corrupción no está ni primera, ni segunda, ni tercera en la lista de preocupaciones de la gente. Massa, por más Margarita y garra que le ponga, volvió a quedar atrapado en la pelea de los dos grandes y ya no sabe qué avenida tomar. Y Unidad Ciudadana tiene preparado su próximo spot: "Ahora vamos por fueros para Cristina".

Pido que se considere seriamente lo de la consultoría internacional. Pensemos a don Julio como producto exportable, con el valor agregado que le da su flamante ratificación. Ojalá que encuentre un nuevo conchabo y acumule denuncias fuera de casa. Ojalá que no vuelva, y que un día podamos olvidar que la impunidad ganó una batalla histórica en el Congreso.

LA NACION
Opinión
La expulsión de De Vido

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