sábado, 24 de junio de 2017

El "rey de La Salada", un tipo sin suerte. Por Carlos M. Reymundo Roberts.Diario La Nación

 El "rey de La Salada", un tipo sin suerte.
Carlos M. Reymundo RobertsPor Carlos M. Reymundo Roberts/Diario La Nación






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Jorge Castillo, el "rey de La Salada", tiene una mansión en Luján, 10 cajas fuertes repletas de dólares escondidas en las paredes, se movía en la ilegalidad y lo acusan de lavar plata y liderar un Estado paralelo. Lo que no tiene es suerte. Aunque de origen radical, con esos pergaminos en cualquier momento le daban la credencial de socio vitalicio de Unidad Ciudadana, la agrupación despejotizada que acaba de crear Cristina Kirchner.

Se sabe también que es amigo de Guillermo Moreno, que lo llevó a Angola para exportar la fórmula mágica de talleres clandestinos/explotación de personas/reducción a la esclavitud/ropa barata. El kirchnerismo lo veía como un exitoso entrepreneur, prototipo de burguesía nacional y escudo frente al imperialismo textil. Además, sus dominios estaban en el conurbano más postergado, en el que acaba de sentar sus reales Cristina. La cárcel, de la que intentó zafar a los tiros, le pone fin a un futuro promisorio. Estaba para gran aportante a varias campañas y, por qué no, para candidato en alguna lista. Si alguien merecía (y necesitaba) los fueros era él.


¿Estuvo el benemérito Castillo en el estadio de Arsenal durante el lanzamiento de Unidad de Ciudadanos Procesados, como antes había ido al de Martín Lousteau? Desconozco. Habría que mirar bien las fotos. Me fijé y cerca de Aníbal Fernández no estaba. "Mi límite es Aníbal", solía decir.

Ojalá que haya podido ser testigo de ese día histórico. Cristina nos sorprendió a todos con un acto distinto. Por de pronto, no se vistió de reina ni de dama de la alta sociedad. Tuvo que salir a pedir ropa prestada para poder lucir un outfit casual, más propio del lugar y del momento. Una cosa es el corazón de Recoleta, donde vive cuando nos visita, y otra, sumergirse en las profundidades del conurbano, allí donde el diablo pierde el poncho y las abogadas exitosas, sus carteras Louis Vuitton. Personalmente creo que no le queda mal ese disfraz de ciudadana común. Sólo hay que acostumbrarse a verla con pilcha de calle. También fue llamativo que el escenario estuviese a la altura de la gente. Para ella, toda una experiencia de vida. Me gustaría preguntarle qué sintió al estar tan cerca del pueblo. ¿Turismo de aventura, Cris? Pero ojo con las emociones fuertes, el salto a lo desconocido: en los próximos actos deberían rodear el escenario con extras. Sin entrar en gastos excesivos. Un par de bondis más.

Con maldad manifiesta, muchos han dicho que fue una puesta en escena propia de Durán Barba. La explicación es otra. La señora sabe lo que son duras derrotas electorales del kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires: 2009 (De Narváez), 2013 (Massa) y 2015 (María Eugenia Vidal). Se imponía un cambio. Si para seguir con vida política necesita de los votos, no es mala idea acercarse a los votantes, aligerar su vestuario, hablar menos. Descristinizarse. Y vidalizarse. Yo le hubiese aconsejado exactamente eso. También fue una pegada hacer subir a víctimas del macrismo. Personas a las que les está yendo mal, que perdieron su trabajo o les quitaron subsidios. Tranquilamente pudieron haber subido De Vido, Boudou y media Cámpora. ¿Otros aciertos? Haber dicho que en la lucha que se avecina va a poner "el cuerpo, la cabeza y el corazón". Si incluía el bolsillo, nadie le iba a creer. Y que fijara como gran objetivo de las próximas elecciones ponerle límites a Macri, un dictador que pretende ir por todo.

Por cuestión de minutos Cristina se perdió lo que podría haber sido el boccato di cardinale de su discurso: el banco de inversión Morgan Stanley anunció que no mejorará la categorización financiera del país, que aspiraba a pasar de "mercado de frontera" a "mercado emergente". Digamos, de Guatepeor a Guatemala. Seguimos en la frontera, un golpe terrible para el Gobierno. El banco dio a conocer su dictamen poco después del acto de Cristina. Una interpretación posible es que postergó el anuncio para no regalarle ese boccato. Otra, que terminó de tomar la decisión después de escucharla. O quizá sólo quiso evitarle la siempre engorrosa pronunciación en inglés.

A la multitud congregada en Arsenal se le contrapuso una deshilachada concentración (sin bondis, eso sí) frente a los tribunales de Comodoro Py, para pedirles a los jueces que laburen. En realidad, lo que quieren es que alguno meta a Cristina en cana. Pero era feriado: no había un solo juez. Igual, yo creo que al día siguiente, tocados por el clamor popular, pusieron manos a la obra. En cualquier momento allanan un terreno baldío. Me lo imagino a Tortuga Casanello. Esa noche no debe haber pegado un ojo pensando en cómo recuperar el tiempo perdido. "No seré más Tortuga. ¡Me tendrán que llamar Speedy!", se prometió. Colegas de Comodoro Py ya se ocuparán de hacerlo entrar en razones.

El que obviamente está viviendo horas espantosas es Castillo. Todo el sustento policial y judicial se le vino abajo, y no te digo nada el político. No puede llamarlo a Moreno, ni a Insaurralde (el intendente kirchnerista de Lomas de Zamora), ni a Scioli, ni a Cristina, ni a los amigos radicales o de Cambiemos que le queden. Parece que su fortuna no le está sirviendo de nada, y todo indica que pasará muchos años entre rejas.

Por favor, que alguien se apiade y le acerque su credencial de Unidad Ciudadana.

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