sábado, 6 de mayo de 2017

¿Macri, Vidal o Peña?, por Jorge Lanata

La columna de Lanata en el diario Clarín

¿Macri, Vidal o Peña?

  por Jorge Lanata
¿Ocho años? Nunca antes Macri había hablado de ocho años, dándolo por descontado. ¿Macri 2019?¿Vidal 2019? O, como mucho juran en secreto, el candidato presidencial sera ¿Peña 2019?
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Hace unos seis meses, en medio de una bucólica conversación de fin de semana en Los Abrojos, Macri dijo: ---Porque nosotros, en estos ocho años…- y siguió la frase.

Ocho años. Nunca antes había hablado de los ocho años y ahora lo decía, así, casual, dándolo por descontado, obvio.

El primero de mayo, en el acto pop peronista de Macri, el Momo, las 62 y el Tula, un par de carteles de Macri 2019 asomaron a los costados.

Unos días antes en el Sur, en la diagonal de la escena, una reunión privada de los empresarios más ricos de la Argentina en el hotel Llao Llao de Bariloche había llevado los carteles a la discusion, agregando otro nombre: Vidal 2019. Fue la periodista Florencia Donovan quien dio detalles del meeting organizado por Eduardo Elsztain, del grupo IRSA, que reúne a los dueños de las empresas y a sus herederos (esto es, a quienes hicieron el dinero y a los que van a gastarlo).

“La dama de rojo obnubiló a todos con su presentación” –dijo uno de los empresarios a La Nación “Todos felices con Vidal, algunos ya la quieren de candidata en el 2019” coincidió otro, que no quiso ser identificado.

La discusión 2019 no sólo se arraiga en la costumbre bien argentina de repartir el oso antes de cazarlo, sino que el gobierno aún respira los efluvios de la marcha por la democracia, mucho más importante en su impacto en la opinión publica que en los números reales.

Una digresión sobre las reelecciones: la única manera de que la política sea, en verdad, un servicio público, es prohibirlas. El eterno argumento de los imprescindibles habla, en verdad, de errores del sistema. Si construimos sistemas con imprescindibles, es el sistema el que falló. Salir de casa, ir al gobierno, volver a la vida real. Tal vez sería esa la manera de que los políticos trabajaran en la vida real: la mayoría de ellos viven entre militancias rentadas y empleos estatales. ¿Es poco cuatro años? Volvamos a la Constitución de seis, pero sin reelección para ningún cargo. Luego de este párrafo que me habrá hecho aumentar notablemente mi cantidad de amigos, prosigo.

Tenemos un país que fracasa casi todo el tiempo en el corto plazo pero se la pasa pensando en el largo plazo: ¿habrá notado el lector que para que Macri 2019 o Vidal 2019 sucedan debería antes, el gobierno, imponerse en la elección de octubre?.

Si el gobierno gana en octubre por el 0,00001 por ciento, Macri se enfrentará a una asignatura pendiente: acelerar las condiciones del cambio cultural; esto es lo que resignó hacer después de sus primeros meses. Con el dólar bajo, los pequeños brotes aleatorios de la reactivación (son tan pequeños que parecen pertenecer más a la física cuántica que a la botánica) la inflación renuente y la expansión del gasto, ningún número cierra en la Argentina.

¿Podrá encarar finalmente el presidente estos cambios?

A los tres meses de iniciado su gobierno sugerimos desde esta columna que la única manera de hacerlo es consensuando las medidas, y no sólo con los partidos, sino también con los gremios, la Iglesia, etc. Es necesaria una mesa en la que todos acuerden perder un poco. La implementación de ese plan –y su eventual éxito o fracaso- terminará marcando la realidad de los carteles: ¿Macri 2019? ¿Vidal 2019? O, para los que juran en secreto que el candidato presidencial es otro: ¿Peña 2019?

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