sábado, 4 de marzo de 2017

Mauricio vs. Macri, segunda parte, por Carlos M. Reymundo Roberts

Mauricio vs. Macri, segunda parte

por Carlos M. Reymundo Roberts
Carlos M. Reymundo Roberts


-Hola, cómo va. ¿Sorprendido con el llamado? Quería preguntarte qué te pareció el discurso. Siguiendo con esa teoría absurda que tiraste de que tengo una doble personalidad, Mauricio el bueno y Macri el malo, a ver, decime: 

¿cuál de los dos habló en el Congreso?

-Los dos, señor Presidente. Los dos. Otra vez fue un duelo tremendo. Mauricio hablo más, mucho más, pero a su otro yo, Macri, le alcanzaron unas pocas frases para dejar su impronta. No me pida que le diga quién ganó. Tuvieron sus momentos, y además un discurso es un discurso. A la gente le interesa más los hechos que las palabras. Por suerte. Si no, todavía estaríamos bajo el reinado de la multinacional Kirchner Company. Fíjese que usted es más bien discreto frente al micrófono, y con una campaña en la que no dijo muchas cosas, ni muy brillantes, logró un triunfo histórico. Para que se entienda: lo importante no es cuál de los dos ganó en el Congreso, sino cuál va a ganar en la Casa Rosada.

Perdón, señor, ¿me sigue escuchando?

-Sigo -balbuceó, no muy convencido, uno de los dos. No lo pude identificar.

-Con su permiso, quisiera ponerle algunos ejemplos. Mauricio hizo muy bien en volver a ubicar la lucha contra la pobreza como el norte de su gobierno. Excelente, porque todavía andamos por el Sur. Yo les tengo fe, pero hoy, con todo respeto se lo digo, más que "pobreza cero" deberíamos hablar de "en pobreza, cero". Me gustó también cuando se refirió a la independencia de la Justicia (en ese tramo los del bloque del Frente para la Victoria del Golpe pidieron traducción simultánea), a la necesidad de "revolucionar la educación" (no dejaría de contar con el apoyo de Baradel, que, ahora se supo, es preceptor, función indispensable en cualquier organización escolar), a la transparencia de las estadísticas (divinas las caritas que ponía Kicillof, tan poco familiarizado con esa costumbre neoliberal y estigmatizante de tener datos certeros), al respeto a todos los que piensan distinto (volvieron a necesitar traducción simultánea), a la normalización del sector energético después de "una década de despilfarro y corrupción" (De Vido pidió ir al baño) y al fin del aislamiento internacional (concepto algo exagerado, porque nos veníamos llevando bárbaro con Venezuela e Irán). Mauricio también acertó al elogiar el trabajo "colaborativo y responsable" del Congreso el año pasado. Palmas para Máximo, que, una lástima, no estaba.

Señor, la verdad es que todo venía bastante bien, incluido ese comprensible y tolerable tonito electoral, hasta que apareció Macri para meter la cuchara. No me refiero a que haya hablado de crecimiento y de inflación en baja. También él está en campaña. Lo que no se puede justificar es que presentara con poquísimo entusiasmo y detalle algo tan importante como los proyectos para penalizar a empresas corruptas y prevenir conflictos de intereses. Son dos buenas cosas, che: requería un poquito más de onda. ¿Vio lo que pasó? La kirchnerista Mayra Mendoza se dio cuenta de que Mauricio había sido desplazado del micrófono y gritó desde su banca: "Sos un cínico, Macri". ¡Era obvio! Cómo iban a desaprovechar la oportunidad de enrostrarle lo del Correo al ideólogo de ese acuerdo impresentable, ese acuerdo macriavélico.

Lo mismo cuando se trenzó con Depetri por Baradel. ¡Baradel! A ver si nos entendemos: un tipo que apenas si tiene 10 minutos de fama durante las discusiones salariales con los docentes, de pronto ascendió a la cumbre de una Asamblea Legislativa y de un discurso presidencial. Si lo convocan del Bailando ya sabemos quién es el culpable.

¿Me sigue escuchando, señor?

-Termine de una buena vez -contestó. ¿Cuál de los dos? Otra vez la duda.

-OK, voy terminando. Le iba a decir que gracias a Dios Mauricio retomó el discurso para condenar a la oposición por no haber aprobado la reforma electoral; básicamente, el voto electrónico. Lo hizo con mucho énfasis porque no tolera que hayan rechazado un instrumento tan eficaz en la lucha contra el fraude. Macri tampoco lo tolera, pero es más comprensivo. Como que conoce más, y lo escandaliza menos, la esencia irregular del peronismo. Es el más peronista de los dos.

Finalmente déjeme decirle que el discurso pasó, el viaje a España pasó, las vacaciones pasaron. Se viene un año terrible. Si el que me está escuchando es Mauricio, mi consejo es que se afirme en lo suyo. Usted resulta creíble cuando promete el mayor plan de obras públicas, cuando habla de una sociedad abierta, pluralista y enfocada a la economía del conocimiento, y cuando se muestra como el hombre que cumplirá con su misión histórica: hacernos olvidar los horrores de la década ultrajada. Y si estoy hablando con Macri, seré muy sincero: como ya se habrá dado cuenta, no me cae bien. Lo veo atentar contra Mauricio y me cuesta entenderlo. Hágase a un lado. Olvídese del Correo, de Avianca, de Calcaterra, Nicky Caputo, Angelici, Arribas...

Cuando ya había terminado mi sermón y esperaba lo peor (creo que me zarpé con mi honestidad brutal), apareció la que podría ser la tercera personalidad del Presidente, que no sé si es fugaz o permanente: el reflexivo, el zen. Lo descubrí cuando se despidió. 

"Muchas gracias", me dijo.



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