sábado, 11 de marzo de 2017

En este país todo es culpa de los fotógrafos, por Carlos M. Reymundo Roberts

De no creer..

En este país todo es culpa de los fotógrafos

por Carlos M. Reymundo Roberts
Carlos M. Reymundo Roberts

Ahora lo tengo claro: el problema de la Argentina son los fotógrafos. Sí, reporteros gráficos, fotoperiodistas, foteros o como se hagan llamar. Esa manía de retratar hechos y personas, de atrapar la realidad y perpetuar un instante. Lo descubrí ayer cuando vi en LA NACION la foto de la reunión de gabinete. Por Dios, qué caripelas. El gesto de Macri -adusto, sombrío- y de toda la mesa mete miedo: daría la impresión de que están en problemas, que pasaron una mala semana, que se enteraron de los últimos sondeos. Es una foto que distribuyó la propia Presidencia. ¡Avivate, Marquitos Peña! Los K les dejaron un paparazzi infiltrado y ustedes duermen.

A los foteros los conozco bien porque trabajo con ellos desde hace décadas. Son tipos que aman el escrache y odian las buenas noticias. Se paran en las esquinas a esperar un choque, y si no lo consiguen vuelven a sus casas amargados. Además son muy sumisos. El jefe les dice que vayan a cubrir la llegada de Cristina, Máximo Descanso y Florencia a los tribunales, para declarar en causas por enriquecimiento, lavado de dinero, cohecho y varias cosas más, y ellos se ponen esos chalecos llenos de bolsillos, agarran su camarita y van y disparan. No se dan cuenta de que así contribuyen a difundir la idea de que los Kirchner más que una familia son una asociación ilícita.

Por supuesto, con la movilización de la CGT se hicieron un picnic. Las tomas que muestran la salida un tanto apurada del palco de los tres jefes de la CGT son una burda distorsión de la realidad. Parece que estuvieran rajando, asustados por el zurdaje que rugía. En realidad querían ir a ver Real Madrid-Napoli por la Champions. Lo mismo con la llegada de militantes de La Cámpora al escenario. Las imágenes los hacen aparecer como una banda violenta que buscaba romper el acto y sembrar el caos. Una registra el momento en que se llevan el atril como recuerdo, pero por el ángulo deja la impresión de que se lo están afanando.

¿Otro festín? La imponente marcha de las mujeres. Aburridos de ver pasar ordenadamente a tantas chicas y señoras pacíficas con sus cartelitos, sus banderas, su reivindicación en la piel, corrieron a captar el momento en que un grupo arremetió contra la Catedral al grito de "Macri, basura, vos sos la dictadura". OK, era parte de la noticia, pero deberían haber sido más comprensivos. Ayudar a que el árbol de esas inadaptadas no tapara el bosque de la multitud.

Hay veces en que la mala intención de este gremio resulta por demás evidente. Un ejemplo es lo que hacen con Baradel: siempre buscan la forma de retratarlo como un piquetero y no como un docente. Se han encarnizado tanto con él que, para compensar, sacan fotos de aulas vacías, lo que demostraría el éxito del paro, y nos ocultan los miles de colegios privados en los que sí hay clases. Si los mostraran, Baradel quedaría como el principal enemigo de la escuela pública.

Otra víctima es Chiqui Tapia, cuñado de Hugo Moyano y presidente de Barracas Central (él pide ser presentado en ese orden), que va a presidir la AFA acompañado por Angelici, binguero, presidente de Boca y amigo de Macri (me parece que el orden que prefiere es el inverso). Al pobre Chiqui, un admirador de don Julio Grondona llamado a limpiar el fútbol argentino, los crueles chasiretes lo hacen aparecer como un barrabrava.

En el fondo, las encuestas, el índice de inflación y el informe del Observatorio de la UCA que habla de 1,5 millones de nuevos pobres y de 600.000 nuevos indigentes no dejan de ser fotos: fotos de la cruel realidad. Salvia, director del Observatorio, también andaba con su cámara lista cuando Cristina conseguía llegar a 30 millones de pobres, con lo cual no podemos hablar de segundas intenciones. Ni siquiera a sabiendas de que el material que captura alguna vez fue editado en Santa Marta. A propósito: de las recientes entrevistas de Francisco con Randazzo y con la Vidal no hay registro gráfico. Nada grave. En tiempos de Cris, un periodista con justa fama de opositor feroz visitó al Papa, charlaron y se dieron un abrazo. Guarda como un tesoro el álbum fotográfico de aquel encuentro. Pero no del abrazo. En la secuencia que le ofrecieron, la única foto que no estaba era ésa.

Lo que pasa es que a veces los reporteros no están donde tienen que estar. Anteayer Macri se reunió con Peña, Rodríguez Larreta, Vidal y Durán Barba. De ahí surgió la idea de atenuar la suba de tarifas y el recorte del gasto público. ¿Cuántas imágenes vimos de ese cónclave fundamental? ¡Ni una! Cuando hay good news, los fotógrafos huyen. Otra explicación es que, escépticos como son, no se terminen de creer que en estos momentos el Gobierno puede dar buenas noticias.

Mi última advertencia al gremio: no sean tan omnipotentes. Se cansaron de hacer maliciosos primeros planos del jopo de Trump y ahí lo tenemos, gran protagonista de la nueva temporada de House of Cards. A Maduro lo ridiculizaron de mil formas y él va y designa a su hijo para que investigue la corrupción de su gobierno.

Hagan una cosa, muchachos: retírense, cuelguen el chaleco, apaguen sus cámaras. Basta de fotos. Basta de mostrarnos lo que pasa. Hay tiempos en los que preferimos no ver nada.

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