sábado, 10 de diciembre de 2016

Massa, Maxi y Perón, un solo corazón, por Carlos M. Reymundo Roberts

Massa, Maxi y Perón, un solo corazón

 por Carlos M. Reymundo Roberts
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Carlos M. Reymundo RobertsAllá por junio me pregunté en esta columna cuál sería la foto final del kirchnerismo, esa imagen que ilustrara su paso al más allá. ¿El baúl del auto de José López desbordado de dólares? ¿Los bolsos en el convento? ¿El obsceno arqueo en La Rosadita? ¿Alguna del álbum de las más de 300 propiedades de la multinacional Kirchner & Báez Sociedad del Estado? La verdad, son todas buenas, y además aparecerán otras, porque la agonía de lo que fue un movimiento popular de masas es una fuente inagotable de escenas que van de lo ridículo a lo trágico. Tipo Scioli, que para mitigar su preocupación por los índices de pobreza en la Argentina se fue con una rubia a Punta Cana. Por lo tanto, la pregunta sigue en pie. En cambio, podemos estar seguros de que ya tenemos la foto del renacimiento del PJ. Es el histórico retrato familiar del martes en el Congreso, durante el anuncio del proyecto de la oposición para modificar el impuesto a las ganancias. Fue un momento grandioso, aunque no sorpresivo. Entre los soldados de Perón puede haber muchas diferencias y hasta enfrentamientos que terminen a los tiros, pero si algo los une y los iguala son las ganancias.

La foto del martes es como esos cuadros que resultan extraordinarios tanto por lo que muestran como por lo que sugieren. El arte siempre ha celebrado la comunión entre lo explícito y lo implícito, el proceso mágico y misterioso de una obra que se completa con lo que no tiene o apenas se vislumbra. Todavía nos preguntamos qué expresa la mueca de La Mona Lisa. En la foto vemos, sentaditos (y perdón por saltar de La Gioconda al Apocalipsis) a Oscar Romero (del peronismo peronista), a Héctor Recalde (peronismo kirchnerista) y a Graciela Camaño (peronismo massista). También había un par de extras, invitados a ver el espectáculo desde el escenario. Y, paraditos, a Kicillof y Marco Lavagna. Mucha tela para cortar. Donde leemos Romero-Recalde-Camaño podríamos leer Menem-Duhalde-Scioli, o De la Sota-Moyano-Rodríguez Saá, o Felipe Solá-Capitanich-Aníbal Fernández. Todos los peronismos. Un solo peronismo. El de antes, el de ahora, el de mañana. El de siempre. El PJ que no modifica Ganancias en sus 14 años de gobierno y seis presidentes consecutivos (Puerta, Rodríguez Saá, Camaño, Duhalde, Néstor y Cristina), sino cuando es oposición. Digamos, no cuando tiene el poder, sino cuando le molesta que lo tenga otro. La foto es arbitraria, fruto de un momento. Ahí no se ven, pero están, Gioja y Barrionuevo, Caballo Suárez y Alperovich, Alberto Fernández e Insfrán, Randazzo y Curto. Todos quieren dar el presente y gritar que si se necesita poner una piedra en el camino, cuenten con ellos. No hay nada que hacer: los tipos son laburadores.

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Les decía que de pie aparecen Kicillof y el hijo de Lavagna, juntos y cómplices. Se hablan al oído, se sonríen. Otra vez: miremos más allá de lo que está a la vista. Kichi es como decir Cristina, y Lavagnita es como decir Roberto Lavagna. Qué bueno que los hijos enmienden la guerra de sus padres, que las nuevas generaciones unan lo que parecía irreconciliable. Kichi también es Máximo Kirchner, y Lavagnita también es Massa. Maxi y Massa vuelven a abrazarse. El tiempo cura las heridas. Re dulce. Ellos son las cabezas del acuerdo urdido como para que Macri vaya sabiendo lo que le espera de aquí a las elecciones del año próximo. El Frente Comodoro Py y el Frente Renovador, aliados en pos de un fin superior. Ir al frente. Destruir al que se les ponga enfrente.

En el macrismo no están muy preocupados. No olvidemos que acaban de llegar del retiro espiritual de Chapadmalal, y de los retiros uno siempre sale optimista y con buenos propósitos. Un ministro me dijo que ya disfruta pensando en otras fotos que podrían empezar a verse a partir del histórico acuerdo Mamá (Massa-Máximo, bendecido por mamá Cristina). ¿Le pedirá Sergio a Margarita que vaya a visitar a Milagro Sala? ¿Se volverá a reunir con Scioli -acá o en Punta Cana- para cerrar lo que dejaron abierto en 2013? Ese ministro cree que Massa se equivocó abrazando al kirchnerismo justo la semana en que se supo que durante la década truchada también trucharon los resultados de las pruebas PISA. Educadores que mienten. Qué maleducados. Y justo la semana en que agrupaciones de base, varias de extracción kirchnerista, festejaron con piquetes las conquistas que le arrancaron a Macri con la emergencia económica, convirtiendo la ciudad en un caos. Los bocinazos de los autos se sumaron así a la celebración. Y agrego yo: justo días después de que el peronismo frustrara las reformas que impulsaba el Gobierno para terminar con el fraude electoral. Adujeron que la reforma era fraudulenta. Me inclino con respeto. Son geniales.

Vuelve al primer plano lo que dijo hace días Monzó, el peronista rubio y de ojos celestes importado por Macri: o Cambiemos llega a un acuerdo con el peronismo o no va a poder cambiar nada; como que con los radicales y con Lilita no alcanza. OK, Emilio, me convenciste, y seguro que por estas horas, sobre todo después de lo de Ganancias, habrás convencido también a unos cuantos de los tuyos. OK. Hay que arreglar con el PJ. Pero te pregunto: ¿y al PJ quién lo arregla?



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